Andrei Biely: "Петербург" (Petersburgo) (1913).
2º Ensayo. Prosa poética y geométrica. Capítulo: "El coche de caballos voló en la niebla" (Карета пролетела в туман).
Biely: la ciudad y el orden geométrico. Petersburgo kantiano: de la multiplicidad indefinida de lo sensible a la unidad estructurante de la apercepción.
Por Francisco Huertas Hernández
Biely creó personajes kantianos: la geometría ordenadora del caos sensorial urbano
La novela experimental de Andrei Biely "Petersburgo" (Петербург) es un continuo juego de lenguaje -intraducibles significantes- en el que la poesía se eleva desde la ciudad convergiendo con la geometría perceptiva que el personaje impone kantianamente para ordenar, en lo posible, el caos de las sensaciones. Andrei Biely, como su personaje Nikolái Apolónovich, era kantiano, y en Immanuel Kant se dio el descubrimiento copernicano: nuestro conocimiento no depende sólo de los estímulos externos sino de las formas a priori que nuestra mente impone para ordenar y dar significado a ese caos sensorial.
Capítulo "El coche de caballos voló en la niebla" (Карета пролетела в туман)
Escribe Andrei Biely uno de los textos más hermosos del libro "Petersburgo", porque consigue armonizar una estructura kantiana (formas a priori de la sensibilidad: espacio y tiempo) en la geometría ordenadora, y un caos lírico de sensaciones emanando de la urbe bajo la niebla otoñal:
"Изморось поливала улицы и проспекты, тротуары и крыши; низвергалась холодными струйкам с жестяных желобов.
Изморось поливала прохожих: награждала их гриппами; вместе с тонкою пылью дождя инфлуэнцы и гриппы заползали под приподнятый воротник: гимназиста, студента, чиновника, офицера, субъекта; и субъект (так сказать, обыватель) озирался тоскливо; и глядел на проспект стерто-серым лицом; циркулировал он в бесконечность проспектов, преодолевал бесконечность, без всякого ропота – в бесконечном токе таких же, как он, – среди лета, грохота, трепетанья, пролеток, слушая издали мелодичный голос автомобильных рулад и нарастающий гул желто-красных трамваев (гул потом убывающий снова), в непрерывном окрике голосистых газетчиков.
Из одной бесконечности убегал он в другую; и потом спотыкался о набережную; здесь приканчивалось все: мелодичный глас автомобильной рулады, желто-красный трамвай и всевозможный субъект; здесь был и край земли, и конец бесконечностям.
А там-то, там-то: глубина, зеленоватая муть; издалека-далека, будто дальше, чем следует, опустились испуганно и принизились острова; принизились земли; и принизились здания; казалось – опустятся воды и хлынет на них в этот миг: глубина, зеленоватая муть; а над этою зеленоватою мутью в тумане гремел и дрожал, вон туда бегая, черный, черный такой Николаевский Мост"
En traducción de Rafael Cañete Fuillerat, publicado por Ediciones Akal, queda así, no sé si traducido o adaptado:
"La llovizna empapaba las calles y las avenidas, las aceras y los tejados; se precipitaba en pequeños chorros desde los canalones de hojalata..
La llovizna empapaba a los transeúntes y los premiaba con la gripe. Disueltas en el polvo fino de la lluvia, el catarro y la gripe penetraban reptando por los cuellos levantados del escolar, el estudiante, el funcionario, el oficial y, en suma, del sujeto... El sujeto (el habitante, por llamarlo así) miraba a su alrededor con tristeza, contemplando la avenida con su rostro gastado y gris; caminaba hasta el horizonte infinito de las avenidas y lo salvaba sin emitir la mínima queja -inmerso en el interminable torrente que formaban otros igual que él-, entre el revoloteo, el estrépito y la agitación de los coches de punto, escuchando de lejos el gorgoreo melodioso de los automóviles y el creciente zumbido de los tranvías rojos y amarillos (un zumbido que al poco menguaba de nuevo), entre el incesante griterío de los vociferantes vendedores de periódicos...
Caminaba con premura desde un infinito a otro, hasta darse de bruces con el malecón; y allí se acababa todo: los gorgoritos melodiosos de los automóviles, el zumbido del tranvía rojo y amarillo y el griterío de cualquier posible sujeto. El malecón era también el extremo de la Tierra, el fin de los infinitos.
Y allí, allí: los fondos marinos, el légamo verdoso y allá, en la lejanía más lejana, más lejos aún de lo que debieran, las islas, medrosas, se hundían, se humillaban; se humillaba la tierra; se humillaban los edificios... Parecía como si las aguas se hundieran y que, en un momento, los fondos marinos, el légamo verdoso, se posaran en ellas... Y sobre este légamo verdoso, en la niebla, huyendo hacia lo lejos, temblaba y retumbaba el negro, renegro puente Nikoláievski"
Biely: la ciudad y el orden geométrico. De la multiplicidad indefinida de lo sensible a la unidad estructurante del sujeto transcendental
Unas breves palabras sobre este texto: la lluvia es una resistencia dulce al pensamiento por su poder seductor, embriaga la mirada y desata una voluptuosidad escondida. La lluvia en la ciudad puede ser habitual o esporádica. Petersburgo, en el norte báltico, y cruzada por río y canales, es una de las ciudades más nubladas del planeta. Quizás sólo haya sesenta días de sol al año y esta persistente lluvia -nieve en invierno- va acompañada de nieblas y una alta humedad. La vista se emborrona en la niebla. Niebla y noche conducen a la mente humana a la bruma de la fantasía.
Biely, a través de su personaje primero, Apolón Apolónovich Ableújov, alto funcionario cuadriculado y viejo, ve la lluvia disolviendo la ya bastante borrosa masa de transeúntes, a los que teme y rechaza: sólo les ve desde el interior de su coche, su carruaje. La gripe se extiende en ese frío húmedo del otoño. La bella enumeración de clases de personas que pululan por la avenida tiene algo lírico y melancólico: el escolar, el estudiante, el funcionario, el oficial, todos sujetos expuestos al contagio de la gripe.
Pero la mirada quiere cruzar esa niebla y mirar hacia el horizonte infinito de las avenidas. Todavía en estos párrafos no aparecen los cuadrados, paralepípedos y cubos, las líneas, que componen la ciudad geométrica, artificial, kantiana, que Ableújov concibe, más mentalmente, que sensorialmente. Pero cualquier lector de Kant sabe que lo sensorial sólo es conocido cuando se estructura mentalmente por un sujeto trascendental, es decir, una conciencia capaz de formarse representaciones de las cosas.
Lo sensorial es una amenaza antes de ser conocido, cuando sólo es caos, indefinición, choque de estímulos ciegos y estruendosos contra la conciencia. Biely, precisamente, habla del revoloteo, el estrépito y la agitación de los coches, el zumbido de los tranvías (luego, ingeniosamente, rectifica: no había tranvías en Petersburgo aún en 1905), el griterío de los vendedores de diarios... todo es caos en la ciudad, en la masa, en sus artefactos y costumbres...
Un novelista no puede ser filósofo: el arte desborda el espíritu geométrico. El arte piensa más allá de las determinaciones a priori de la filosofía. Y Biely saca a relucir el infinito, que según Kant, no es más que una idea regulativa. Si el sujeto transcendental kantiano, es decir, todo yo que conoce, organiza la "multiplicidad de lo sensible" a través del espacio y el tiempo, pero nunca puede terminar de sumar o sintetizar el infinito en una sola intuición. Y Biely escribe, con alta poesía, que nos da un saber metafilosófico:
"caminaba con premura desde un infinito a otro, hasta darse de bruces con el malecón (terraplén)" (Из одной бесконечности убегал он в другую; и потом спотыкался о набережную)
El ser humano es un buscador de infinitos, por eso es artista y creyente. La Belleza y Dios escapan al conocimiento, pero también son sabiduría, la máxima. La poesía, entendida como visión no racional del mundo, mira al infinito, y lo suele hacer desde la finitud indefinida del caos de lo sensible: las masas vocingleras, el estrépito de las máquinas, el incesante tráfago de los quehaceres. Un infinito que cruza lo sensible, no sólo como idea regulativa, sino como salvación humana de lo efímero, múltiple, inane, enervante...
Otro día continuaré. Gracias lectores por vuestra paciencia.
Francisco Huertas Hernández
9 de abril de 2026

Que importante que la filosofía esté presente también en la literatura
ResponderEliminarHola lector. Sí. Se interpelan pero no se anulan
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