Andrei Biely: "Петербург" (Petersburgo) (1913). Una de las mejores novelas del siglo XX. Empezando la lectura: Prólogo. Un traductor sectario. Francisco Huertas Hernández
Санкт-Петербурге: "Невский проспект"
San Petersburgo: "Avenida Nevsky". Principios del siglo XX
Andrei Biely: "Петербург" (Petersburgo) (1913). El secuestro ideológico de un clásico: crónica de un traductor sectario. Por Francisco Huertas Hernández
El lector actual tiene muchos enemigos que le acechan: en primer lugar, la creciente distancia entre los textos clásicos y su existencia "onlife", una hiperconectividad alienante que ha reducido nuestro vocabulario, atención y gozo estético; en segundo término, y de manera subrepticia, aparece el sesgo ideológico que pasa de las noticias políticas a las traducciones de clásicos de la literatura. Los traductores actúan así como quintacolumnistas de la ideología dominante. Las traducciones corrigen el estilo del autor, lo modernizan, suavizan y simplifican: primera traición. Y luego, se añaden introducciones y notas a pie de página donde se contradice al escritor expresando la ideología del mediador. El secuestro del contexto original, el revisionismo y la "ruptura del pacto de lectura" por parte de este mediador que es el traductor acaba creando en el lector una disociación esquizofrénica entre el texto de la obra y el subtexto explicativo.
Volveremos sobre esta cuestión después.
La magna novela experimental "Petersburgo" escrita por Andrei Biely entre 1911 y 1913 sobre la Revolución de 1905 es una cumbre no sólo de la literatura rusa sino de las letras universales. Más allá de destacar su estructura, donde la descripción sensorial de la urbe se filtra a través de pensamientos obsesivos y alucinaciones cenestésicas, o la mezcla del monólogo entrecortado, el caos de las conversaciones callejeras y una trama perfectamente construida y narrada, que ha llevado a los críticos a ver en la obra maestra de Biely -escrita entre 1911 y 1913- un adelanto del "Ulysses" (1918) de James Joyce.
La prosa rítmica de Biely tiene la influencia de la música, cuyo amor fue trasmitido por su madre, y que encontró en la lectura de Schopenhauer y Nietzsche. El monólogo interior quasi patológico del personaje principal, el Consejero Titular Ableujov, es la "corriente de conciencia" en que se fractura la realidad percibida, recordada y pensada. Y un poderoso y original tratamiento del espacio como personaje: la ciudad. Ableujov, siguiendo a Biely, que habla en el Prólogo del que ahora nos ocuparemos, siente la ciudad como un organismo vivo, dotado de esqueleto geométrico. La alucinación geométrica compuesta por líneas, cuadrados, cubos, tiene, al mismo tiempo, belleza lírica -extraña, sí-, precisión matemática y delirio psicótico. Un lector del realismo ruso ya conoce a Gógol y a Dostoyevsky y sabe que la realidad es un espejo, y el espejo proyecta imágenes en superficies curvas. Sabe que lo absurdo, lo monstruoso, lo grotesco, son también reales.
Borís Nikoláyevich Bugáyev (1880-1934), conocido por el seudónimo de Andrei Biely, nació en Moscú, en una familia de profesores. Su padre era un famoso matemático, Nikolái Vasilyevich. Su madre, Aleksandra Dmitrievna, profesora de música. El escritor vivió en la calle Arbat, en pleno centro de la ciudad, hasta su juventud. La fealdad física de su padre se compensaba con su talento, siendo la madre, una mujer hermosa, sensual y artística, totalmente opuesta, lo que generaba terribles discusiones, tal como recuerda el biógrafo de Biely, Vladislav Jodásyevich. El joven escritor se sintió interesado por lo esotérico: el budismo, el ocultismo, y recibió la gran influencia de Ibsen, Dostoyevsky y Nietzsche. Vladímir Soloviov sintetizó toda esa espiritualidad y le propuso adoptar el seudónimo de Biely. Se introdujo en el círculo simbolista y se hizo amigo del poeta Aleksandr Blok. La producción poética de Biely fue tan admirada como la de Blok: "Золото в лазури" (Oro en el azul celeste) (1904), "Пепел" (Cenizas) (1909) y "Урна" (Urna) (1909). Biely se enamoró de la esposa de Blok y se distanciaron. Quedó muy afectado por la Revolución de 1905 -marco histórico de su novela "Petersburgo"- dándose esa necesidad de síntesis de misticismo de Soloviov y espíritu científico.
En 1909 concibió una trilogía narrativa, que no pudo acabar, sobre Rusia, entre Oriente y Occidente (Восток или Запад), de la que se publicaron: "Серебряный голубь" (La paloma de plata) (1910) y "Петербург" (Petersburgo) (1913). Bajo la influencia de Gógol -humor, mística, amor a Rusia-, en la primera de estas novelas domina un gran pesimismo.
Se casó con Asya Turguenieva, sobrina nieta del legendario escritor, y viajó por el Mediterráneo. Conoció a Rudolf Steiner y se acercó a la antroposofía, sintiendo que podía conciliar mística y ciencia.
Se comprometió con la Revolución de Octubre y participó en actividades educativas, siendo destinado a Berlín para dirigir un organismo soviético de filología (Volfila). Regresó a Rusia en 1923 y pasó retirado sus últimos años junto a Klavdya Nikolayevna, escribiendo sus Memorias, poesía y ensayos filológicos sobre Pushkin o Gógol. Murió en Moscú en 1934
En esta primera aproximación me detendré en el Prólogo, en la traducción, aparentemente correcta, de Rafael Cañete Fuillerat, al que ya hemos acusado de sesgo ideológico más arriba.
Andrei Biely escribe esto en ruso:
"Ваши превосходительства, высокородия, благородия, граждане!
………………………
Что есть Русская Империя наша?
Русская Империя наша есть географическое единство, что значит: часть известной планеты. И Русская Империя заключает: во-первых – великую, малую, белую и червонную Русь; во-вторых – грузинское, польское, казанское и астраханское царство; в-третьих, она заключает… Но – прочая, прочая, прочая.
Русская Империя наша состоит из множества городов: столичных, губернских, уездных, заштатных; и далее: – из первопрестольного града и матери градов русских.
Град первопрестольный – Москва; и мать градов русских есть Киев.
Петербург, или Санкт-Петербург, или Питер (что – то же) подлинно принадлежит Российской Империи. А Царьград, Константиноград (или, как говорят, Константинополь), принадлежит по праву наследия. И о нем распространяться не будем.
Распространимся более о Петербурге: есть – Петербург, или Санкт-Петербург, или Питер (что – то же). На основании тех же суждений Невский Проспект есть петербургский Проспект.
Невский Проспект обладает разительным свойством: он состоит из пространства для циркуляции публики; нумерованные дома ограничивают его; нумерация идет в порядке домов – и поиски нужного дома весьма облегчаются. Невский Проспект, как и всякий проспект, есть публичный проспект; то есть: проспект для циркуляции публики (не воздуха, например); образующие его боковые границы дома суть – гм… да: …для публики. Невский Проспект по вечерам освещается электричеством. Днем же Невский Проспект не требует освещения.
Невский Проспект прямолинеен (говоря между нами), потому что он – европейский проспект; всякий же европейский проспект есть не просто проспект, а (как я уже сказал) проспект европейский, потому что… да…
Потому что Невский Проспект – прямолинейный проспект.
Невский Проспект – немаловажный проспект в сем не русском – столичном – граде. Прочие русские города представляют собой деревянную кучу домишек.
И разительно от них всех отличается Петербург.
Если же вы продолжаете утверждать нелепейшую легенду – существование полуторамиллионного московского населения – то придется сознаться, что столицей будет Москва, ибо только в столицах бывает полуторамиллионное население; а в городах же губернских никакого полуторамиллионного населения нет, не бывало, не будет. И согласно нелепой легенде окажется, что столица не Петербург.
Если же Петербург не столица, то – нет Петербурга. Это только кажется, что он существует.
Как бы то ни было, Петербург не только нам кажется, но и оказывается – на картах: в виде двух друг в друге сидящих кружков с черной точкою в центре; и из этой вот математической точки, не имеющей измерения, заявляет он энергично о том, что он – есть: оттуда, из этой вот точки, несется потоком рой отпечатанной книги; несется из этой невидимой точки стремительно циркуляр"
Cañete traduce así el Prólogo:
"¡Excelencias, ilustrísimos, notables, ciudadanos todos!
¿Qué es nuestro Imperio ruso?
Nuestro Imperio ruso es una unidad geográfica, es decir, una parte del planeta conocido. Y el Imperio ruso comprende: primeramente, la Gran Rusia, la Pequeña, la Blanca y la Roja; en segundo lugar, los reinos de Georgia, Polonia, Kazán y Astraján; en tercer lugar, comprende... Lo de siempre: etcétera, etcétera, etcétera...
Nuestro Imperio ruso cuenta con multitud de ciudades: capitales de Estado, de provincia, de distrito, simples villas...; y, sobre todas ellas, la capital primigenia de la corte y la madre de todas las ciudades rusas.
La capital primigenia de la corte es Moscú; y la madre de todas las ciudades rusas, Kiev.
Petersburgo o San Petersburgo o Píter (para el caso, es igual) son productos del Imperio ruso. En cambio, Zargrado o Konstantinogrado (o Constantinopla, como dicen) derivan de una especie de derecho de herencia. Pero no nos vamos a extender en este punto.
Por contra, nos extenderemos más sobre Petersburgo. Existe un Petersburgo, un San Petersburgo, o un Píter (para el caso es igual). Por consiguiente, y basándose en estas consideraciones, la avenida Nevski es una avenida petersburguesa.
La avenida Nevski posee una característica sorprendente: la de ser un espacio destinado a la circulación del público. Y como este espacio está delimitado por casas numeradas y la numeración sigue el orden de las casas, la localización de la casa buscada se simplifica notablemente. La avenida Nevski es -como cualquiera otra avenida- una avenida pública; es decir, una avenida para la circulación del público (no del aire, pongamos por caso); y las casas que la limitan por ambos lados..., ¡ejem!..., sí, bueno..., son para el público. Por la noche la avenida Nevski se ilumina con luz eléctrica. Por el día, la avenida Nevski no necesita alumbrado.
La avenida Nevski, como avenida europea que es (dicho sea entre nosotros), es rectilínea, dado que es una avenida europea; y es que una avenida europea no es una avenida cualquiera, sino (como ya he dicho) una avenida europea, porque..., precisamente...
Y es por eso mismo por lo que la avenida Nevski es una avenida rectilínea.
La avenida Nevski es una avenida bastante importante para esta ciudad rusa no capitalina. Las demás ciudades rusas no son más que un mero montón de casuchas de madera.
Y Petersburgo se diferencia palmariamente de todas ellas.
Si ustedes son de los que sostienen la absurda leyenda de que la población moscovita asciende a millón y medio, entonces tendremos que reconocer que la capital es Moscú, pues tan sólo las capitales cuentan con millón y medio de habitantes: ninguna ciudad de provincia tiene ni tendrá jamás millón y medio de almas. Así que, si damos pábulo a esa estúpida leyenda, tendremos que convenir que Petersburgo no es la capital.
Y si Petersburgo no es la capital, entonces Petersburgo no existe... Parece que existe, pero es mera apariencia.
Sea como fuere, Petersburgo no sólo parece, sino que incluso aparece en los mapas: en forma de dos círculos, uno dentro del otro, con un punto negro en su centro. Y desde ese punto matemático sin dimensión alguna, anuncia enérgicamente que existe: y es desde allí, desde ese punto, de dónde se difunde un torrente, una multitud de libros impresos; es de ese punto invisible de donde emergen imperiosas circulares"
Este prólogo presenta una escritura musical: el ritmo de la repetición de las frases en forma de olas que regresan toma el espacio vital como tema. Un espacio vital bidireccional. En el orden de la escritura, se pasa del Imperio Ruso al punto matemático sin dimensión que representa en el mapa a Petersburgo, que no existe, porque no puede ser la capital, y no puede ser la capital porque no tiene millón y medio de habitantes, como Moscú, y para ser capital hay que tener más población.
Del Imperio al punto sería una fuerza centrípeta: el Imperio converge, se comprime en el punto matemático. El mapa de Rusia entera queda reducido a esa intersección de coordenadas de la ciudad. Es el orden zarista intentando concentrar todo el poder en la abstracción de una cuadrícula.
Biely estudió matemáticas en la universidad: su padre, Nikolai Vasilyevich Bugayev fue un eminentemente matemático.
La paranoia geométrica, si puede llamarse así, toma también el sentido inverso: del punto geométrico al Imperio. Una fuerza centrífuga. Una vez que el punto (la ciudad) existe, este proyecta sus líneas rectas hacia el infinito. Desde ese centro geométrico, Petersburgo irradia sus vectores sobre el resto de Rusia, intentando cuadricular y ordenar el caos de las estepas. El punto se convierte en el origen de un sistema que pretende dominar el espacio nacional.
No es momento de profundizar en el vacío metafísico de ese punto geométrico o en la psicología de los personajes de una trama que aún no conoce este lector que ahora se inicia en la lectura de este gran libro, escrito por un loco que dispara líneas infinitas sobre los canales de la ciudad, y sufre las alucinaciones cenestésicas de esos cuerpos geométricos tridimensionales, como cuando teníamos fiebre en la infancia y percibíamos confusamente que nos aplastaban cubos, prismas y cilindros, en nuestro interior, en una suerte de metamorfopsia.
La "rusicidad" de estos autores es el gran problema que afecta a los modernos traductores. En el marco de la rusofobia imperante en el mundo occidental se reescribe la historia rusa y se desrusifican autores de siglos pasados para adscribirlos a estados nacionales que nunca existieron. La Wikipedia y Google trabajan en esta reescritura rusófoba de la historia, al modo orwelliano.
Leamos lo que la editorial Akal dice del traductor de "Petersburgo": "Nacido en 1958 en Jauja (Córdoba), es licenciado en Periodismo e Historia Contemporánea. En 1989 realizó un curso de ruso para extranjeros en la Universidad Estatal de Kiev (antes URSS, hoy Ucrania). Trabajó como corresponsal en Moscú de un periódico gallego. Transcurridos ocho años huyó de aquel país. Desde entonces no ha vuelto. Desde entonces traduce ruso".
Nadie firma esto. Y mi experiencia confirma cuántos profesores y traductores se dedican a la enseñanza de la lengua y literatura rusas y a la traducción... odiando al país de cuya lengua viven. Sea este país la URSS o la Federación Rusa.
Por si nos quedaban dudas de la beligerancia rusófoba del tal Cañete leamos esta nota al pie de la página 111: "En la Rusia zarista, Ucrania era la Pequeña Rusia y los ucranianos se denominaban tambien "pequeñorrusos". Los rusos de entonces y de hoy, con cierto matiz de superioridad étnica, les llaman también "jojoles", una expresión despectiva..."
El libro se cierra con otra nota a pie de página afirmando que Grigori Savvich Skovoroda (1722-1794), filósofo, poeta, fabulista y maestro errante ruso, fundador de la filosofía religiosa rusa, y tatarabuelo del filósofo ruso Vladimir Solovyov... era ucraniano.
Leer a Biely y, al mismo tiempo, las notas de Cañete y Akal, más propias de la CNN, que de un investigador riguroso y honesto, nos sitúa en el marco actual. George Orwell acertó: el Ministerio de la Verdad proclamaba en "1984", "quien controla el pasado, controla el futuro". Hoy, el borrado de la historia rusa y la reucranización anacrónica en una proyección retroactiva, los juicios de valor insospechados en contra del pueblo ruso en los comentarios del traductor, y la conversión de éste en un propagandista, nos permite concluir que estamos ante un atentado contra la integridad literaria. Mientras que traductores como Augusto Vidal respetaban la soberanía del autor, Cañete y otros actuales utilizan las notas al pie -el espacio tradicional del rigor- como un boletín de propaganda, convirtiendo una joya literaria en una herramienta de agitación política contra la propia cultura que le da su razón de ser
Francisco Huertas Hernández
7 de abril de 2026

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