Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (5). Quinto artículo de "Leyli y Majnún". La traición de Naufel, la boda con Ibn Salam, el misticismo de Majnún con los animales y la unión eterna de los amantes. Por Francisco Huertas Hernández
Prólogo. El acto de amor de la escritura
El poema lírico persa "Leyli y Majnún" escrito por Hakim Nezamí Ganjaví hacia 1188 es la historia del amor imposible y la locura de un joven noble árabe. El amor vuela a través del aire en forma de gazales (forma poética) que escribe el amante y se esparcen a través de los niños y los viajantes hasta los oídos de Leyli, apartada por sus padres del loco (majnún). El canto poético no sólo es una forma de expresión y consuelo sino una afirmación de trascendencia y fatalismo. Escrito en persa (farsi), con notable influencia de la lengua y la cultura árabe, este poema es una de las cimas de la literatura persa o iraní.
Decíamos en el artículo anterior que la transformación del amor en canto poético nos hace reflexionar sobre "este acto de amor que es escribir, que no se ha valorado en su justa medida. Amor lejano a los lectores no nacidos. Amor a la belleza que tiene el poder de hacer bueno a quien su verdad despliega en el pasar de las hojas del libro amado. ¡Cuánto hay de anhelo eterno y de desesperado grito de soledad en el escribir para el viento de los tiempos! Majnún sólo acaricia a Leyli en los gazales que los niños escucharon en el bazar y transmitieron de uno a otra como el canto del ruiseñor, mensajeros involuntarios del amor".
Ibn Salam. La boda de Leyli
Un hombre rico, Ibn Salam, pidió la mano de la triste Leyli a sus padres, y éstos aceptaron. "Haciendo su camino un joven de la tribu de Asad / la divisó como el brote en el país de las flores... / Pidió ayuda y envió a sus mediadores / para alcanzar a aquel ángel, / para pedir la mano de Leyli / y subirla a la montura de su propio caballo". Los padres de ella consideraron que la boda sería beneficiosa, aunque habría que esperar a que la muchacha se repusiera.
Promesa y traición de Naufel a Majnún
Majnún, apartado de la sociedad, "iba de un lado a otro. / Sin causa echaba a correr / con los caballos salvajes de las llanuras", cuando un día "un fuerte hombre llamado Naufel, / que reinaba en otro territorio" dio en pasar por aquellos lares, y preguntó por aquel solitario hombre, "y le respondieron contándole en qué estado se hallaba. / Que por amor de una mujer a esto había llegado; / que loco se había vuelto, tal y como lo veían; / que vueltas daba noche y día recitando versos, / y que con alboroto le pedía al viento nuevas de ella. / Que para él toda brisa trae su olor. / Que cien versos y gazales para ella recita". Naufel se solidariza con el desdichado y decide en que alcance sus deseos. Y a continuación una rara aventura une a estos dos hombres con un final amargamente inesperado para Majnún tras las promesas bienaventuradas de Naufel, que proclamó: "que yo a ella, con oro y con mi fuerza, / la pondré en una misma balanza contigo... / Hasta que esa luna no sea tu esposa / yo no aflojaré mi lazo". Majnún no creía en tales promesas desusadas y lloraba, y Naufel reiteró su intención y pidió a su nuevo amigo que en su Amor dejara de comportarse así: "tú calma el fuego de tu corazón, / que yo te abriré todas las puertas". Tras una discusión por el paso del tiempo y la inacción de Naufel, éste emprendió la guerra contra la tribu de Leyli.
La cruenta batalla se repitió con más intensidad una segunda vez. La tribu de Leyli fue derrotada, y el padre de ésta, como un Príamo, anciano rey de Troya, arrodillado ante Aquiles, aquí Naufel, suplica: "estoy herido, soy viejo y mi corazón está roto. / Lejos de ella todos mis días serán malos... / Aún así no daré al loco mi descendencia. / El loco atado está mejor que libre. / El delirio y la luz juntos, ¿cómo pueden estar bien? / El fuego, ¿cómo puede proteger a la hoja?" y acusa a Majnún de haber ensuciado el nombre de su hija con sus versos al viento. Y entonces Naufel y sus acompañantes estuvieron de acuerdo con el viejo, y que el recuerdo amoroso de Majnún era un capricho: "si este matrimonio llega a consumarse, / el destino sólo traerá tristeza". Majnún fue traicionado por Naufel, cuyas promesas fueron vanas, a pesar de haber vencido a la tribu de Leyli.
Esta es la claudicación de Naufel ante el dilema moral de ser fiel a la amistad y a la palabra dada o destruir la reputación de una familia noble entregando a su hija a un alienado. El padre de Leyli, como Príamo, apela al código de honor de Naufel, el vencedor. Naufel se inclina por este código social, en el que el solitario y contumaz amor loco de Majnún no tienen sitio. Pero, también muestra Naufel una volubilidad inesperada. Si la compasión le hizo prometer la causa de Majnún, ahora un sentimiento superior, la obediencia a la ley social, al sentido común, le hace desdecirse. El tópico de la costumbre en Naufel triunfa frente a la locura del amor absoluto, aniquilante y asocial de Majnún. El poeta no es entendido por sus oyentes, porque la sustancia misma de su canto es el sufrimiento que se abre en la grieta social: "sediento me llevaste junto al Éufrates, / sediente me dejaste con dos heridas... / Al final de tu promesa había un nudo, / ¡mejor no la hubieras hecho y yo buscara otra!". Tras decir esto se alejó con su caballo.
El misticismo de Majnún con los animales
Los hombres no traen el amor, no lo conocen ni lo alaban. Majnún se refugió en los animales. Liberó unas gacelas de los cazadores. Es la ruptura definitiva con el orden humano. Los ojos de las gacelas recuerdan a los de Leyli: "¿no son sus ojos como los de una Amada?... / ¡Líberalos por amor a los ojos del amado / y acarícialos en recuerdo de la fresca primavera!". La sabiduría de Majnún reconoce en la gacela el alma humana, como en la tradición sufí. Majnún será, desde ahora, el Rey del desierto, junto a sus amigos, los animales. El cazador, cuya necesidad expuso, quedose con el caballo de Majnún a cambio de la libertad de las gacelas, a las que besaba, corriendo tras ellas y gritando.
Majnún hablará con el cuervo. Y mientras el padre de Leyli se la entregará a Ibn Salam. La amada ocultará su dolor a los extraños, mas interiormente se consumirá como vela que con su luz ilumina más su cera va apurando. Hizose la boda y partió con el marido, pero Leyli impidió la consumación del matrimonio. Sutiles versos de Nezamí nos lo relatan: "racimo de dátiles era ella, más airado, / y él poner quería su mano sobre el verde dátil. / En la palmera una espina quiso penetrar / y causó tal dolor que una vida estuvo sin dormir. / Le pegó Leyli tal bofetada / que cayó muerto como un hombre inútil. / Y aún le dijo: -"Si vuelves a hacer esto una vez más, / de mí y de mis cosas serás apartado para siempre. / He jurado por mi Creador, / que me hizo él mismo tan perfecta, / que de mí tu deseo no será satisfecho, / aunque tu espada derrame mi sangre". A partir de ese momento, "sólo miradas ya recibió".
Majnún enterose y lamentó la boda de su amada en su retiro. El padre del amante loco partió en busca de su hijo. "La vejez, debilidad y habladurías / le enseñaron el camino de la salvación". Halló un "vagabundo del mundo de los vivos, / perdido en adorar un ídolo... / Sobre la tierra se arrastraba como un perro". El padre acarició el pelo del hijo, aunque éste no lo reconociera al principio, y dio sus consejos: "¡la razón huyó de ti y aún insistes! / ¡El corazón te ardió y aún estás crudo! / ¡Descansa ya de esta carrera / y de galopar con los animales a caballo!". Insiste en que detenga su locura, que "toda pena tiene su fin. / ¡Hasta un perro tiene patria, y tú no tienes lugar! / ¡Tú eres un hombre, y éste no es tu lugar! / ¡Si hombre eres, como los hombres haz!... / Yo soy de tu especie: sé tú mi igual, / sé tú la calma de mi débil corazón... / El canto de mi despedida has oído, / en este callejón yo me derrubó ya".
Majnún responde a su padre con dolor, pero proclamando su muerte y su borrachera de amor. El fatalismo de no poder regresar con los hombres a la cordura, suponiendo que esa cordura del orden social sea algo más que una fachada de apariencia. El padre se despide, y poco después Majnún conoce la noticia de su muerte. Los lamentos del enamorado y huérfano aumentan.
La amistad de Majnún con los pájaros y las fieras tiene resonancias de Zoroastro y de tradiciones místicas en las que el dominio de las "fieras interiores", las pasiones, permite dominar a las fieras exteriores. Friedrich Nietzsche también rodeó a su Zarathustra, apartado en la montaña, de animales -águila, serpiente-. La "fidelidad a la tierra" que predica el Zarathustra nietzscheano ya está presente, de manera dialécticamente inversa en Majnún: el enamorado loco ama la tierra para elevarse al cielo del Amor negado en este mundo. Los animales salvajes se oponen a la sociedad humana, pero no al ámbito divino, donde la pureza es más próxima a la naturaleza que a la sociedad. El amor tendría una primera manifestación en la naturaleza: la afinidad entre Majnún y las fieras, y una suprema manifestación en el amor ungido de locura y anhelo de inmortalidad, ajeno a las convenciones sociales. Un amor irracional y místico. "Para poder soportar la distancia de la Amada / con el león y el ciervo compartía sus palabras, / y al cabo cuanta fiera había en el desierto / a su merced quedó y fue su criado. / De leones, ciervos, lobos y zorros / un ejército había reunido". Majnún "viviendo cual fiera, toda ferocidad ha superado".
Una serie de alabanzas a Venus, Júpiter y Dios antes de la carta de Leyli que llega a Majnún, mientras estaba sentado sobre una montaña, junto a las fieras y los mansos animales. La carta de Leyli es un lamento: "como tu suerte me encuentro lejos de ti, / soy tu mitad, más lejos de ti soy sólo un cuarto... / El tesoro de mi piedra preciosa sigue con la puerta sellada... Si contigo no puedo vivir, / ¿desde entonces mi culpa cuál es?... Yo la luna soy, y tú eres el sol; por tu luz / una mirada te lanzo desde lejos". Quiso escribir una respuesta y el mensajero le prestó papel. Carta triste de amor fue su respuesta.
Otro visitante, Salim Ameri, tío de Majnún, llegó a verlo. Y la misma madre de Majnún fue a despedirse de él, al igual que el padre. Le pidió que volviera a casa. Pero "no hay dominio posible sobre el Amor" y el amante no puede regresar. Se repite la marcha y rápida desaparición de la madre.
La unión eterna de los amantes
Un breve encuentro a cierta distancia tiene lugar entre Leyli y Majnún, que recita sus gazales. Siendo ya famoso Majnún, Salam Bagdadí, vino de esa ciudad a buscar al poeta. En él reconocía al Maestro, y símbolo del Amor, y a ponerse a sus órdenes se dispuso, memorizando cada poema suyo.
Ibn Salam, marido de Leyli, murió. El otoño llegó y Leyli también marchó. Majnún no tardó en seguirla, muriendo sobre la tumba de ella, "en el lecho de la novia se durmió, / el sueño se lo llevó y le cerró los ojos. / Inquietó vivió en este mundo infeliz, / después de morir encontró la quietud. / Caído permaneció allí, / un mes tal vez, aunque oí decir que un año. / Sus fieras en vano daban vueltas / alrededor de él luchando. / Él estaba dormido como un rey en su palacio, / y todos ellos eran sus vigilantes... Su fama recorrió todo el desierto / y se hizo en Arabia esta historia famosa", enterrado junto a su amada, "durmieron en amor hasta el día del Juicio Final, / se apartó de sus caminos la añoranza. / Permanecieron en este mundo por una promesa, / durmieron en ese otro mundo en un lecho" y los amantes peregrinos acudían al santuario del amor.
El amor tributa su dolor. Sólo la pena purifica. La leyenda fue, sin duda, hecho real, y el poeta lo sublimó en versos. Existe en Rajastán, India, un mausoleo de Laila y Majnu (Laila Majnu Ki Mazar), en Binjaur. Según la leyenda local, los famosos amantes Laila y Majnu fallecieron aquí. Una feria anual atrae a cientos de parejas y recién casados como los peregrinos que Nezamí relata: "todo desconocido que allí llegó, o los desconocidos que tristes allí estaban / al punto se alejaban de la tristeza. / Nadie se alejaba de aquel gemir / hasta no ver cumplidas sus esperanzas".
Epílogo
Así termina el poema lírico persa "Leyli y Majnún", en traducción de Mohammad Kangarani, y sigue llenado el alma de gozo la afligida historia de los amantes que nunca pudieron estar juntos en la tierra.
Francisco Huertas Hernández
4 de abril de 2026
Bibliografía:
- Hakim Nezamí Ganjaví: "Leyli y Majnún. Una historia persa de amor". Traducción del persa de Mohammad Kangarani. Ediciones Sígueme. Salamanca. 2011

1 comentario:
Me ha encantado este último episodio de los comentarios. Ana
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