Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (3). Majnún, loco de amor, y los consejos de su padre. Misticismo vs. mindfulness. Un clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández
Hemos dejado a Majnún (Qeis), un noble árabe, apuesto e inteligente, con el juicio absorbido por Leyli (Layla), amada-luna lejana, cuyos padres niegan al loco amante la mano. Éste abandona su hogar y huye a la naturaleza, donde entre llanto y recuerdo, compone versos (ghazales) en honor de su amor imposible. El padre de Majnún lo busca para llevarle a La Meca, porque "como el pensamiento que se adueña de todo, / tornose el pensamiento de Leyli una nube que lo cubría todo. / Cada vez más encorvado iba / y en el Amor más se perfeccionaba. / Cada batalla en la que vence el Amor / corta las cadenas del tormento". La buena suerte había huido de su corazón y el pobre padre no sabía ya qué hacer. Y los allegados convinieron en un único remedio: peregrinar a La Meca, donde se abriría esta puerta. Fueron padre e hijo en camello, derramando riquezas por el camino, distribuyendo limosnas entre la multitud. Pidió el padre que tocara el hijo con la mano los santos lugares, "que del mal te liberarás", que el progenitor así pedía a su vástago que dijera: "¡Dios, líbrame de esta idiotez, / del error llévame al camino recto! / ¡Sé misericordioso y a tu abrigo tenme, / y de este Amor devuélveme al camino recto!". Majnún al oír hablar de amor, lloró y luego sonrió, y con sus manos agarró la Ka'aba sagrada. En las palabras del joven hay una contumacia desafiante: "me dicen que me separe del Amor, / es el consejo de mis amigos. / Yo me nutro del Amor. / Si se muere el Amor, ¡muera yo con él! / Ser esclavo del Amor era mi destino, / mi destino no es otro que Amor" Así, Majnún no tiene en cuenta el deseo del padre, pues una Ley superior le mueve: "¡De la fuente del Amor dame la luz / y este brillo no tengas lejos de mi vista! / Si del vino del Amor estoy ebrio, / ¡hazme más amante de lo que soy!". Y suplica a Dios que multiplique su Amor, y que le arranque su tiempo de vida para agregárselo a Leyli: "¡sin la ebriedad de ella no tenga yo copa! / ¡que mis monedas lleven su perfil!". Y hasta que le sea lícito beber su sangre.
"El padre ponía el oído a sus palabras / y cuando le hubo escuchado permaneció en silencio. / Supo que el corazón estaba prisionero, / que este dolor no tenía cura". ¡Ay, mal de amores, que es el bien mayor que el alma goza! ¡Y cómo los poetas en el uso del oxímoron y la antítesis alcanzan la Coincidentia Oppositorum! Porque sin el mal de la ausencia, del abandono y la traición el amor no se fortalece, ni encuentra la resistencia del fatum que a todo impulso ennoblece, ¿qué sería de las voluntades que avanzaran en su deseo sin resistencia? Se desvanecerían en el aire. El amor sólo es fuerte cuando duele en sus cortes, espinas y venenos. No se ama lo que no ofrece oposición. Atracción gravitatoria y entropía. Impulso y desorden. Fuerza y fricción. No es que Leyli no ame a Majnún. Pero ella también pertenece a una familia y una tribu. El acto de amar es el gran desafío, fuerza motriz que choca con la fricción de la resistencia social de familia y costumbre. El amor es Ley divina, por escapar a la razón, que encuentra el muro de la ley humana. Si el hombre tuviese que amar con las leyes de la ciudad, su corazón estaría tan seco como las arenas del desierto. El padre de Majnún quiere que Dios mismo disuelva esa fuerza sobrehumana del amor en su hijo que pena de amor. El padre impone esa ley humana que exige renunciar al deseo. El deseo, transformado en fe y devoción, rompe la ley de la tribu, de la familia. El hijo deja de serlo cuando ama a una extraña a la que entrega su voluntad, para así fundar nueva progenie, nueva familia.
Mientras Leyli lloraba, pues sometida estaba a la ley del padre. Y los de la tribu de Leyli esparcían maledicencia contra el enamorado: "va cada día con la cabeza baja, / desgreñado y perdido por el llano. / De nuestro Dios por el camino de la pena / a veces baila, a veces el suelo besa. / A cada momento compone un nuevo gazal, / es versado en versos y en la recitación. / Así canta, y las gentes memorizan, / a ti y a mí nos desprecian. / En cada gazal que recita / cien velos contra el decoro aparta. / Leyli por la distancia arde viva, / viento que se obsesiona por tu luz". Y los amantes de Verona, repetirían destino aciago cuatrocientos años después. Julieta y Romeo, cual Leyli y Majnún son fuerzas gravitatorias sin elección. Romeo Montesco ama, lucha y se suicida, pero Majnún (Qeis) retirándose al desierto, compone versos, resiste a todos los consejos y plegarias de padres y amigos, se entrega a un amor absoluto, místico, como veremos a continuación. Los Capuleto repetirán la interdicción de amar a su hija como los padres de Leyli.
Fue el padre de Qeis en busca de su hijo, cuya vida podía ser arrebatada por los infundios que contra él circulaban. No le encontraban y dieron en pensar que muerto y descuartizado por felino estaba. "Mas él, en un rincón sentado, con la oreja perforada, / como un tesoro en la oreja escondida. / Del mundanal ruido con sus grandes y pequeños problemas / se apartó a un rincón y no prestó atención". "Feliz está por su circular destino", escribe el poeta. ¡Circular destino! ¡Evocación de otro héroe pérsico: Zarathustra de Nietzsche conocedor del eterno retorno, circular destino!
"Majnún, que se había quedado sin su miel, / tragaba trozos de pan como veneno, / Desde que iba por el camino de la indigencia / aumentaban sus asuntos entre el público". Su fama, en los versos que él hacía volar por los vientos, crecía tanto como su pobreza. Leyli iba de boca en boca por los gazales de Qeis, el llamado loco (Majnún), loco poseído por el amor y su lamento.
Un viajero lo vio junto a un espejismo de agua: "estaba solo y era único como sus versos, / con nadie compartía su dolor, aunque sus poemas eran remedio para los demás" "No tiene a nadie a sus espaldas, / sin rima está el hombre solo. / Su cuerpo encorvado parecía un arco / y la fidelidad de ella la flecha. / Excepto su llanto a nadie tenía por compañía, / excepto su sombra nadie compartía sus penas. / Aparte de su llanto no tenía más amistades, / aparte de su sombra no tenía más conversación". Hakim Nezamí Ganjaví, el poeta persa, canta a la soledad y la fe.
Majnún, a ojos de un lector occidental envenenado por la pseudo psicología positiva individualista atea, parecería un caso patológico de no aceptación, de relación "tóxica", falta de autoestima, que necesita "soltar" para encontrar su "mejor versión". La inconmesurabilidad de cosmovisiones es evidente. Majnún es un héroe trágico y místico. Occidente hace siglos que desconoce estas dimensiones. Majnún no busca la paz de la falsa aceptación, de la renuncia a la fuerza del amor, él acepta el sufrimiento como camino a la verdad, el amor. El dolor no debe ser negado o superado, es el fuego que purifica su amor. El "quiérete a ti mismo" de la pseudo psicología positiva antifreudiana y postcapitalista fortalece el "yo", frente a cualquier visión religiosa, especialmente budista, pero también islámica o cristiana. El misticismo de Majnún busca lo contrario: el "fana" (فناء), para el sufismo es la extinción del yo, para convertirse en el amado. Majnún aspira a dejar de existir para donar su existencia a Leyli, para que solo exista Leyli. Es la fusión divina a través del amor. El amor como fuerza todopoderosa que mueve los astros, las voluntades, gravedad, electromagnetismo, impulso, deseo, sed, huracán, abismo, locura, éxtasis, es lo contrario del "mindfulness", esa técnica de relajación para estar en el aquí y en el ahora. Majnún hace lo opuesto: pone su atención absoluta en lo ausente (el allá y lo eterno). El mindfulness es el sucedáneo de religión sin misterio ni eternidad para curar engañosamente la ansiedad de individuos sin horizonte vital, individuos que ya no pueden amar, porque han de producir, ser funcionales y autogestionar su ansiedad. Una sociedad occidental, vacía, inhumana, mercantil, que ha decidido perseguir el amor como patología es incapaz de entender, sentir y valorar formas de poesía y fe tan hondas como la de Leyli y Majnún.
Y volvamos al paraje apartado donde Majnún paraba. "El pobre padre, que de él tuvo noticias, / abandonó tierra y amigos al momento", buscando a su hijo. Y lo halló caído sobre una roca, recitando gazales. Al ver al padre y reconocerlo se arrodilló ante él. Dijo que su padre era su tesoro y el trono de su cabeza, y que aceptara sus disculpas por estar debilitado: "mírame y no preguntes por mi estado, / échale la culpa de mi estado al hado... / Sabes cuál es nuestro estado, / el asunto no está en nuestras manos".
Esta negación de la responsabilidad personal en el estado de "caído en el Amor", esta apelación al hado superior e implacable, es la fe. Pues fe es amar lo que no es de uno, lo que uno no ve, lo que uno no es, y, sin lo cual, uno no es nada. Fe es participar del todo, y el todo no es conocimiento, es Amor. En las tradiciones gnósticas ese Absoluto se logra por una sabiduría secreta, iniciática. En las religiones mayoritarias esa fe se revela en los Libros Sagrados que despiertan en el creyente el Amor que se despoja del apego al yo y tiende hacia lo Absolutamente Otro que se vive en el interior como Fuente de Ser. En las prácticas místicas cristianas, como la de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, el ascenso del alma es un estado amoroso idéntico a la pasión humana, y emplea su lenguaje.
¿Qué consejos dio el padre de Qeis a su sufriente hijo? "¡Ay, pétalo torturado, / como pétalo arrancado de la flor! / ¡Ay, enamorado! ¡Cuánta inconstancia! / ¡Ay, ardiente! ¡Cuánta crudeza! / ¿Qué mal de ojo alcanzó tu figura?... / ¿No te has cansado de sufrir / y de oír el veneno de tus enemigos?... / ¡Frena tu antojo de enamorado! / Mi nombre y tu respeto ya se han desgastado. / Ser novio mostrando tal aspecto / error grande de inconstancia es. / Un defecto es mejor tenerlo guardado, / un amigo es el espejo en el que los verás. / El espejo siempre refleja la verdad, / muestra el error para que lo limpies. / El espejo libre está de lo feo y de lo bello, / nuestra imagen viene del barro. / ¡Siéntate y libera tu corazón de este dolor! / Que es mejor que dar golpes al aire. / Creo que no tienes paciencia / para soportar la distancia del Amigo"
Y le propone volver a casa. "Tú te fuiste y le dejaste todo el huerto al viento, / yo permanecí así en la lengua del enemigo. / Mientras entre tú y yo haya honor, / deshazte de las habladurías de la gente. / Tú eres la fuente del Amor y yo de tu falta sufro. / Tú desgarras tus ropas y yo mi alma. / Si Amor despertó un fuego en tu interior, / tú eres el fruto de mis entrañas y me quemas" "¡No desesperes en la búsqueda de una solución, / que de una semilla seca brota un verde árbol!... / En la desesperación mucha esperanza hay, / al final de la negra noche llega el blanco día". Y le invita a regresar con sus allegados que "desatan los nudos", tener paciencia. "El mar cuya apariencia tan grande es / sus columnas las gotas de los arroyos son". Padre sabio, amoroso con su hijo. "Tu corazón por qué a alguien lo has de entregar, / si ella pasados los años no se acoradará de ti. / Ella sin ti es como una flor y tú eres sólo su tierra. / Ella tiene el corazón de piedra / y a ti te apedrean el corazón... / ¡Búscate una ocupación, hijo mío, / hasta que superes esta situación!". Insiste en que Qeis es su vida (recuerde el lector lo muy deseado y difícil que fue su nacimiento): "el loco no hagas, que no podrás romper las cadenas que te acarreará".
La cordura paternal choca con la locura sagrada del amor del hijo. La respuesta de Majnún a su padre alaba a éste, mas "¿qué puedo hacer yo avergonzado? / Desplomado, fuera de mí, estoy sin juicio, / voy por un camino en el que no hallo mi paz. / Lo sabes, no soy dueño de mis actos. / Mis manos están atadas con cadenas. / ¿Por qué atormentarse? Es mi destino" La parte que nos toca, destino, qisma (قسمة). "No es por su voluntad que aparece el reflejo en el lago / ni la luna decidió subirse al cielo... / Si estuviera en manos de los hombres / lo deseado, no se quedaría sin ser concedido" "Si me tiendes una mano en este camino / serías como el reflejo o la luna. / Porque no todo depende de nosotros, / arreglar las cosas no es asunto nuestro... / Si como la luz quiero sonreír, / temo la chispa que me puede hacer arder. / Me dicen que por qué no sonrío: / mis lágrimas muestran el dolor que sufro".
Así respondió Qeis, mal llamado Majnún (loco), pues quien ama nunca es loco. Tan grande sabiduría que rebasa la pequeña copa de la razón humana, que ante el fuego del Amor no puede ni acercar a los labios sus gotas. Las ideas son gotas del mar del amor. En la sabiduría platónica el Amor es el motor del conocimiento, inalcanzable para quien solo mira y piensa sin sentir. Nezamí compone un poema sobre una leyenda árabe, sin duda, vivida por uno y muchos hombres reales, una y muchas mujeres reales, una historia de amor doliente, de fuego que ilumina y consume...
Continuará sdq...
Francisco Huertas Hernández
24 de marzo de 2026

1 comentario:
Qué hermoso
Publicar un comentario