domingo, 22 de marzo de 2026

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (2). El que ama canta su pena. Majnún rechazado por el padre de la novia. Clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (2). El que ama canta su pena. Majnún rechazado por el padre de la novia. Clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández

Miniatura del poema narrativo de Nezami. Leyli y Majnún se encuentran por última vez antes de morir. Ambos se han desmayado y el anciano mensajero de Majnún intenta reanimar a Leyli, mientras animales salvajes protegen a la pareja. Ilustración de finales del siglo XVI. Wikipedia


 Majnún "cada noche en la distancia cantaba versos, / y hacia la calle de su amada se dirigía. / Iba hasta besar su puerta, y volvía, / corría para llegar antes, / y volvía poco a poco y triste, / Su ida era alegría momentánea, / y su vuelta sufrimiento eterno". La amada Leyli es apartada por sus padres de tan loco enamorado. Y éste, en su afán de liberarse del dolor de la ausencia, canta, compone versos, que esparce por el aire. Aquí tenemos rasgos de la poesía amorosa ʿudhri con un amor absoluto, aunque casto, y fatal. Esta tribu de la época omeya (siglos VII–VIII) cantó a sus amantes sufrientes que morían de amor no realizado. La imposibilidad de amar, o mejor dicho, la imposibilidad de consumar el amor, es el acicate que encabrita al amante en una obsesión masoquista en la que el deterioro del cuerpo altera el alma hasta hacerla transparente a una dicha celeste. "El sultán del Amor pronto al amanecer / se levantaba derramando ejércitos de lágrimas. / Se perdió a sí mismo en el camino del enamorarse, / encadenado fue y prisionero en el barrio del Amor". Metáfora bélica y política: ejércitos y barrios. Lágrimas que asaltan con orden y rigor, y el amante no es señor (sultán) de sus huestes (ejército), pues está encadenado en un espacio urbano, intrincado, y de obligado paso. La autoridad del Amor impone sus cadenas de lágrimas, suspiros y tormentos en ese estado de sitio interior, del alma, una ciudad con el interminable trasiego de las pasiones. El amor, en este juego metafórico, no es simple estado afectivo, sino soberano, territorio y campaña militar, que toma el alma y la moviliza por entero. Dice el poeta que las habladurías de los comerciantes se cebaron en el amante loco, que acudía "con dos o tres amigos que tenía" al barrio de su Luna (Leyli). Una luna que ilumina con ardor lunático, no como un sol de mediodía. En la poética persa, la amada posee el rostro circular, blanco, luminoso, que impera en la noche. Una belleza lunar inalcanzable, aunque, en la lectura sufí, esta luna-amada tiene la luz reflejada del amante, un resplandor divino, que el amante ha recibido y por él experimente esa nostalgia de lo divino, manifestado en la Amada. Platonismo de amor como ascenso en la escala de la Belleza y el Bien desde el deseo físico a la contemplación o iluminación de lo más puro. Así iba Majnún, ya loco de amor, hablando a quien encontrara únicamente de Leyli, y escuchando sólo a quien de ella hablara. Muchos versos detienen la acción, mínima en su aspecto externo, mas infinita en su vertiente interior. En esos versos se da cuenta de la prisión de amor, como aquella que escribió Diego de San Pedro: "Cárcel de Amor" (1492), y en la lírica persa, Saadi, Rumi o Hafiz, mucho antes. "Yo estoy prisionero de tu Amor, / soy la arena que pisas bajo tus pies. / Yo soy aquel que del viento de primavera busca tu aliento, / y al mirar al suelo le hablo de mi Amor por ti". "Tu Amor es llanto, pena y paz para mi corazón, / tanto la cura como la herida del corazón". Y el amante se lamenta de un mal de ojo que llegó y le hizo desaparecer del Amor de Leyli. Ese mal de ojo es la envidia de los que no aman, de los que se burlan o maldicen los amores intensos, que, existiendo, desnudan las almas vacías de los envidiosos, que van de la murmuración a la maldición. 

 Y Majnún fue a ver a Leyli, aunque el poeta parece que nos ha contado que eso ya lo hacía muchas noches de Luna. Que Leyli era un ángel y que Majnún era sólo fuego de Amor. Y Nezamí despliega bellas imágenes para esa oposición que separa a la pareja en comparaciones interminables: "Leyli se encendía como el amanecer, / Majnún se apagaba como una candela".

 Y "Majnún ante la dificultad de la distancia / componía gazales todas las noches". El ghazal es una forma poética de dísticos y estribillo, dirigida a un oyente femenino, que pasó del mundo árabe al persa, retomó Goethe, y, más tarde, García Lorca. Como el padre de Majnún estaba triste pidió consejo y "los ancianos de la tribu, como una sola cabeza, / se aprestaron para cerrar el trato. / Que esa perla no pulida, al pulirla, / con esa piedra preciosa haga pareja".

 Y el padre de Majnún pidió la mano de Leyli con agradecidas palabras tras un viaje con gran número de gentes, mas escuchó estas duras consideraciones del padre de la novia: "Tu hijo es apuesto, / que alegre no esté hasta lograr su propósito. / Más la locura es una espiral, / el loco no es digno rival nuestro. / Primero reza para alejar su locura, / después búscale mujer. / Hasta que él no sea una piedra preciosa, / estas palabras no saldrán de aquí. / Daño por piedra preciosa no puedo comprar, / una piedra dañada no entra en un collar".

 Y así regresaron sin esperanza, como exiliados apenados, y consolaban a Majnún pidiéndole que no se abandonase al llanto y la debilidad, y que olvidara a esa ladrona de corazones, ¿por qué idolatrar a una extranjera habiendo tantas muchachas más perfectas y engalanadas?

 Majnún, enojado por los consejos familiares, rasgó su camisa (¡como el Caballero Don Quijote en Sierra Morena por su amor contrariado por Dulcinea: "ahora me falta rasgar las vestiduras, esparcir las armas, y darme de calabazadas por estas peñas"!) y abandonó su hogar, asentándose en un lugar de paso, en el que quería matarse. "Cantaba cadenas de afecto / por Amor a la estrella más radiante. / Cada verso que venía a su lengua / un recuerdo inolvidable para todos se volvía. / Apenado se quedaba todo aquel que lo veía, / llanto despertaba a la vista". Se puso a pensar, mientras lloraba y suspiraba: unos le llamaban borracho, otros adorador de ídolo falso. El poeta une embriaguez y amor, pues, cual bebido, el amante actúa sin tino ni mesura. Su fuego le consume. "Nadie hay que de mí saque fuego, / sólo humo de mí y mi vida podrán sacar". "Loco estoy en mis elecciones y pensamientos / ... ¿Sin Amor para qué ser?"

 ¡Ay, la gran cuestión!: ¿ser, para qué? Para amar, ser amado. El ser como existencia, voluntad que aspira a ser en otro, a ser con otro, a ser mejor, a ser en paz, a ser feliz, en nada encuentra cobijo sino en ser amado por quien se ama. La salud, la paz, la felicidad son formas en que el ser encuentra su hogar. No un ser roto, un ser violentado, un ser desgraciado, un ser solitario. ¿Y quién ama al viento, y, éste, siempre esquivo, lleva lejos su amor y lo disuelve aéreo y sin peso? Amar al viento, pregonar nuestro mal de amor, danos Dios salud en el cuerpo y en el alma, que para salir del ser aislado uno ha de estar abierto en voluntad trascendente hacia los demás... y... ¡ay, el enfermo y el loco carecen de esa voluntad de ave! Amar y no ser amado... Trascender nuestro ser buscando un nosotros... y no encontrarlo. "Mi pobre corazón, ¿de qué es culpable? / Aparte de quererte, ¿cuál es mi delito?", se pregunta Majnún, como siglos después Segismundo: 
"¡Ay, mísero de mí! ¡Y, ay, infelice!
Apurar, cielos, pretendo
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido.
Bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor;
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido"

 Porque, reflexiona Majnún: "Este Amor es Amor para toda la vida, / no es sólo juguete de la pasión juvenil. / El Amor es aquello que nunca mengua, / mientras dura no sufre variación. / Este Amor no es una vana obsesión, / sino que sigue su camino eterno hasta la muerte. / Majnún elevó tanto el nombre del Amor, / y esto por ser tan amigo del Amor. / Mientras estaba vivo cargaba con Amor, / como el viento feliz por la flor. / Y ahora que su flor busca en el camino, / la gota que le queda es agua de rosas. / Yo del perfume de esta flor / intento saciar mi salud".

 Dejamos a nuestro desdichado amante en el camino del amor y en la abandonada tierra lejos de su hogar paterno, ensimismado en el delirio del amor constante. ¿Cuál es la fuerza del amor que rompe lazos familiares, debilita la salud, impone rigores de los que escaparía cualquier humano sereno, y lanza con furia contra muros y espinas a seres delicados? Esa voluntad de trascendencia... de ir hacia otros, que en el camino encontramos, y que con sus ojos y sus labios, sus palabras y sus manos, trocan nuestra paz en guerra sin fortuna, sin escudo ni lanza...

Continuará, sdq...

Francisco Huertas Hernández
22 de marzo de 2026

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