viernes, 31 de julio de 2020

El bosque en el cine (1). Estrella Millán Sanjuán. The Forest in Film


EL BOSQUE EN EL CINE (1ª parte)
The Forest in Film 
Estrella Millán Sanjuán



"Es geschah am hellichten Tag" (1958). Ladislao Vajda
"El cebo"
Annemarie Heller (Anita von Ow) & Oblt. Dr. Hans Matthäi (Heinz Rühmann)

 El bosque ha sido desde los comienzos del cine un escenario muy recurrente y habitual por su especial luz, claroscuros, gamas de colores, pero, sobre todo, porque permitía elaborar guiones interesantes basados en cuentos, leyendas, mitología, que propicia ese medio tan natural y hermoso, que a la vez desata la creación de historias terroríficas, mágicas, etc… Ese imaginario colectivo ha quedado patente a través de la literatura, la pintura, la música…

 La literatura occidental se ha movido por tres visiones, como ya he apuntado: la del terror, cruzar un bosque podría representar el no salir vivo por los seres horribles que habitan allí, según las leyendas. La de la supervivencia, un viaje iniciático para el ser humano del que puede salir reforzado. Y la del refugio, la morada, a la que desea volver por la paz que allí encuentra, esta última visión más realista y ecológica. Estos tres pilares han servido de puente para el cine, que ha sido capaz de dar vida y luz a esos cuentos y que nos ha permitido revivir esos temores infantiles como en “Hänsel y Gretel”, o también disfrutar de la belleza de la naturaleza, como un bien que defender y del cual dependemos

"Hänsel und Gretel"
Cuento de hadas alemán recogido por los Hermanos Grimm
Hansel and Gretel
The witch welcomes Hansel and Gretel into her hut. Illustration by Arthur Rackham, 1909

 Pintores como Pierre-Auguste Renoir, Monet, Cézanne o Van Gogh, entre otros muchos, captaron la energía de los bosques para la eternidad, cuyas obras también sirvieron de inspiración para el cine, por la especial vinculación que existe entre las dos artes. 

Paul Cézanne (1839-1906): "Sous bois" (1894)
Los Angeles County Museum of Art 

 También ha sido motivo de inspiración para la música, como los "Klid" (Bosques silenciosos) de Antonín Dvořák o "Waldszenen" (Escenas del bosque) de Robert Schumann, que, según el compositor, “pretende reflejar los múltiples estados del alma en el marco de un bosque fantástico, macabro y misterioso”, que bien podrían acompañar a la lectura de este artículo.

Robert Schumann: "Humoreske / Waldszenen"
Klavier: Wilhelm Kempff
LP
DG. 1974

 Según el libro “Diccionario de símbolos” de Juan Eduardo Cirlot (2001), expondré una serie de símbolos de términos relacionados con el bosque. BOSQUE: Posee un principio materno y femenino, el inconsciente. Los terrores tan frecuentes en los cuentos infantiles, simbolizan el aspecto peligroso del inconsciente, su naturaleza devoradora y ocultante de la razón. Por contraste con las zonas seguras del pueblo, contiene toda suerte de peligros y demonios, lo cual explica que fueran los primeros lugares consagrados al culto de los dioses, suspendiendo en sus ramas las ofrendas. NIEBLA: simboliza lo indeterminado, fusión de elementos aire y agua, el oscurecimiento necesario entre cada fase concreta de la evolución. NIEVE: Lo caído del cielo, de carácter numinoso. Cubriendo la tierra, puede ser una sublimación de ésta, con un carácter místico, hierogámico. ÁRBOL: en el sentido más amplio representa la vida del cosmos, crecimiento, regeneración. También por su verticalidad desde lo subterráneo hasta el cielo, es el eje entre los tres mundos. LLUVIA: fertilización, vida, purificación, al provenir del cielo, es considerada la influencia espiritual celeste sobre la tierra. HADA: poderes supranormales del alma humana. Suelen ser hilanderas, personificación de la vida espiritual de los paisajes. Facultad extraordinaria. HILANDERA: crea y mantiene la vida. El hilo es la conexión esencial en cualquiera de los planos. CONÍFERAS: como árboles de hoja perenne, son la inmortalidad y las piñas, la fertilidad.

 El bosque ha generado para el cine historias de lo más variopintas: fantasiosas, simbólicas, terroríficas, amorosas, de supervivencia, fatalistas, de robos, refugios en la guerra, actos delictivos, ataque de animales, iniciáticas, etc… Existen numerosas películas, de las que voy a analizar en esta primera parte quince. Pertenecen a todas las épocas, con el nexo común de la naturaleza, narradas con la sensibilidad propia de cada director y en la que estos parajes son un personaje más. 

"Roundhay garden scene" (1888). Louis Le Prince

 El comienzo de mi itinerario por este interesante tema no podía esquivar los inicios de lo que llegaría a ser cine. Quería apuntar la curiosidad poco conocida, de la primera grabación en movimiento del inventor Louis Le Prince en 1888, dos años antes que Edison con su kinetoscopio y siete antes que el cinematógrafo de los hermanos Lumière. Se trataba de un cortometraje de unos dos segundos titulado “Roundhay garden scene” y en el que se puede ver a una familia de clase acomodada con una gran arboleda detrás. Es significativo que este inventor recurriera en su primera grabación a un jardín que alberga un gran bosque.

"Sunrise: A Song of Two Humans" (1927). Friedrich Wilhelm Murnau

 La primera película que voy a analizar es una joya del cine mudo, muy poco antes del paso al cine sonoro. Se trata de “SUNRISE. A SONG  OF TWO HUMANS” (1927) de F. W. Murnau. (Amanecer). Es la historia muchas veces contada en el cine de un triángulo amoroso y su moralina de desenlace, pero la maestría de Murnau es lo que marca la diferencia respecto a las demás. Su puesta en escena original, el expresionismo característico de su estupenda etapa alemana, lo plasma en esta primera película de su corta aventura americana. Si algo identifica a esta obra maestra son sus imágenes compuestas, superposiciones, movimientos ágiles de cámara, belleza plástica, poesía hecha cine, en definitiva. Una apuesta arriesgada con un resultado magnífico, irrepetible. Pero también por lo que nos interesa: un bosque muy especial, con una luz diferente, testigo vivo de los encuentros furtivos de un hombre que busca la pasión perdida en el matrimonio, con una chica de ciudad. Los pasos culposos y lentos al salir del hogar conyugal entre la niebla y los claroscuros del camino, se vuelven más ágiles conforme se acerca al destino acordado. Los movimientos de cámara por entre los arbustos, con planos subjetivos que siguen al amante te contagian su impulso, su expectación entre cada árbol, carrizos y juncos que aparta, así como la incertidumbre por ese camino angosto de matorrales que tendrá su recompensa. El plano que se abre finalmente de ella de pie esperándole, jugando con una flor entre la humedad del lago, ya sin tanta espesura vegetal, es muy poético. La iluminación expresionista de la naturaleza provoca un sentimiento en el espectador único, con esa luna llena que alumbra el agua rodeada de árboles cómplices de la clandestinidad del ardoroso romance. Aunque también “escucharán” mudos el horrible plan ideado por ella para poder vivir sin ataduras. La escena de la vuelta a casa por un terreno embarrado en el que dejan sus huellas culpables, le dota más carga agravante al vil pacto que les puede enfangar su vida del todo.

"Дерсу Узала / デルス·ウザーラ" (1975). 黒沢 明 (Akira Kurosawa) 
"Dersu Uzala" (1975). Akira Kurosawa. Película ruso-japonesa basada en la historia real de "Дерсу́ Узала́ (1849 — 13 марта 1908) — охотник, коренной житель Уссурийского края, участник экспедиций В. К. Арсеньева. Выступает главным действующим лицом в документированных романах В. К. Арсеньева «По Уссурийскому краю» и «Дерсу Узала»". Dersú Uzalá (1849-1908), un cazador de la tribu china Hezhen, que sirvió como guía del grupo de expedición del explorador, naturalista y cartógrafo Vladímir Arséniev entre 1902 y 1907, salvándolos de morir de hambre y frío en varias ocasiones

 La siguiente es "Дерсу Узала" (DERSU UZALA) (1975) de Akira Kurosawa, director que he elegido dos veces y que retrata el bosque como un personaje más con una gran maestría. Esta película abre con un plano general de la masa forestal entre nieblas, hermosísimo, con el sonido de las aves como banda sonora. Pero pronto se intuye una tristeza porque percibimos en el siguiente plano la intromisión del ser humano por la tala de cedros y pinos para hacer un poblado. Kurosawa realiza un flashback con añoranza de esa naturaleza que va perdiendo territorio en unos planos rojizos y ocres de las copas de los árboles en otoño. Corre el año 1902, unos soldados caminan por una arboleda frondosa en una región siberiana que, poco a poco, se convierte en un territorio triste e incierto, con esos troncos caídos, la aridez y las rocas despeñadas. Esa taiga representa un lugar incómodo para los soldados que no parecen entrar en contacto con ella. El protagonista, Arseniev, tras observar, antes de dormir, esos árboles muertos con ramas inquietantes e iluminadas de rojo por el fuego, piensa que bien podría ser un lugar para una gran bacanal de brujas, evocando un cuadro de “La noche de Santa Walpurgis”. Es en esa noche tensa donde aparece un cazador, en apariencia rudo, que irá demostrando su verdadera personalidad, a la vez que crece el interés del protagonista por él. Dersu, después de quedarse sin familia por una grave enfermedad, lleva una vida errante, una existencia en comunión con la naturaleza que le brinda lo esencial para vivir.  Él les servirá de guía para dar luz a ese “amenazante” bosque y con el que aprenderán orientación, supervivencia, respeto por la flora y fauna, identificación de huellas, a hacer refugios en la nieve, aprovechando lo que les regala la naturaleza. Una existencia diametralmente opuesta a lo que hoy conocemos como sociedad de consumo. En esa gélida taiga surge una de las historias de afecto más cálidas que se hayan narrado en el cine. Ese espacio sin igual representa el inicio de una relación amistosa entre dos hombres basada en la honestidad, la nobleza, la protección y la generosidad. Un lugar donde el ser humano se encuentra desnudo en su esencia, despojándose de lo superfluo, envuelto en la necesidad de sobrevivir, la vulnerabilidad, la pureza, donde el mejor regalo que te pueden hacer es salvarte la vida ¿Qué puede unir a dos personas más que la gratitud? Esta maravillosa cinta constituye un canto a la amistad y a la defensa de los espacios naturales, en contra de la destrucción que conlleva la civilización, resultando una cinta de un humanismo a flor de piel.

"Die Nibelungen: Siegfried" (1924). Fritz Lang

 En "DIE NIBELUNGEN: SIEGFRIED" (1924) (Los nibelungos), Fritz Lang consigue idear un decorado forestal sin igual, con mucho ingenio. Una historia inspirada en “El cantar de los Nibelungos”, un poema épico del s. XIII, basado en hechos históricos y leyendas alemanas de criaturas que habitan en la niebla. Se recrea un bosque mágico, con unos troncos que bien parecen columnas griegas, robustas, dando una apariencia de monumentalidad a la naturaleza, por los que pasará montado en un caballo tordo el príncipe Sigfrido, en un plano poético, delicado, mágico. En él se pueden encontrar cuevas con un interior gótico, con una estética parecida a algunos planos del submundo de la posterior “Metropolis” y una dosis de imaginación sin fin. Masa forestal espesa, con cascadas en las que vive un dragón impresionante muy bien recreado para la época, al que vencerá el príncipe. Árboles fantasmagóricos, con ramas que parecen brazos con líquenes que se descuelgan de ellas tenebrosamente y con huecos que albergan peligros, una niebla espesa terrorífica… En definitiva, un bosque con estética expresionista con sorpresas para este noble príncipe y luchador, que inmortalizaron Lang y Thea von Harbou para la Historia del cine.

"Macbeth" (1948). Orson Welles
Brujas en el bosque

 Siguiendo el recorrido, vemos que la importancia del bosque en la obra “Macbeth” de William Shakespeare es fundamental. Hay varias adaptaciones en el cine sobre ella, de las que destaco la de Orson Welles y Akira Kurosawa.
 En "MACBETH"
 (1948), Orson Welles lo crea a partir de decorados, que denotan un escaso presupuesto, pero se las ingenia para crear un ambiente tenebroso, como si fuera el resultado de un incendio forestal con árboles secos, enfermos, fantasmales, para presentar a las tres brujas que anuncian sus presagios al protagonista en una secuencia horripilante e intensa. La recurrente niebla y la incertidumbre nos envuelve en esas tinieblas y, sobre todo, disimula los defectos que podría tener el decorado artificial, especialmente en la escena extraordinaria del bosque viviente. Una interpretación del medio con iluminación expresionista y gótica. 

"蜘蛛巣城" (Kumonosu-jō) (1957). 黒澤 明
"Trono de sangre" (1957). Akira Kurosawa

 En "蜘蛛巣城" (Kumonosu-jō) (TRONO DE SANGRE) (1957), Kurosawa nos regala una adaptación colosal de la misma obra, pero ubicada en el Japón feudal. A mi entender, mejor que la anterior, y más conseguido el significado y ambientación que da al bosque. Un enclave real en el que la abundante lluvia, de la que se queja el protagonista (Toshiro Mifune), la niebla y los gritos espeluznantes de animales, lo convierten en un lugar inhóspito. Un laberinto asfixiante para la pareja, que advierte las amenazas en forma de relámpagos, como el enemigo más temible al que se hayan enfrentado. Un espíritu maligno según Washizu. En esa espesura claustrofóbica, galopando como alma que lleva el diablo, encuentran escondida una especie de cabaña de cañas que alberga un espectro blanco iluminado que los deja petrificados. Una bruja hilandera de pelo largo y canoso que, con una voz de ultratumba, les descubrirá una profecía que les cambiará su destino en la lucha por el poder. La ambición de Washizu y su maquiavélica esposa, precipitan su suerte, anticipando viles acontecimientos. Con el miedo y la incertidumbre al no percibir cierto el destino de gloria presagiado, de nuevo acude al bosque en busca de la verdad. Otra vez en una noche de tormenta, con relámpagos que iluminan troncos y ramas muertas fantasmales, el director muestra un plano excelente del protagonista visto a través del ramaje con un destello y la bruja blanca corriendo por detrás que eriza el vello. En ese reencuentro ésta le advierte que, si elige el camino del mal, las consecuencias serán atroces, mientras podemos observar un montículo repleto de esqueletos.
 El bosque representa la dualidad del ser humano, lo escondido, la maldad que podemos alimentar, la difícil elección entre las pulsiones de la codicia o la nobleza, las fuerzas opuestas que nos mueven. El miedo a lo ignoto siempre ha soliviantado al ser humano, buscando explicaciones que se mueven en el terreno de las fábulas, de lo esotérico. Podemos observar también que los bosques pueden ser el lugar donde se cometen actos terroríficos aprovechando su soledad y lejanía

"Es geschah am hellichten Tag" (1958). Ladislao Vajda
"El cebo"
M. Schrott (Gert Fröbe)

 Éste es el caso de la película "Es geschah am hellichten Tag" (EL CEBO) (1958), de Ladislao Vajda. En esta coproducción hispano-suiza-alemana el tema es escabroso, pues se estudia el asesinato en serie de niñas por parte de un psicópata. Un buhonero descubre en un paraje de cedros muy frondoso el cuerpo de una niña semicubierto de hojas. La investigación y un dibujo de los cedros de la niña, llega a la conclusión de que un hombre atrae a éstas con bombones de chocolate y juegos de títeres, quedando en bosques de distintas localidades, en los que el anonimato es cómplice de actos tan violentos. Para capturar al asesino, el detective espera escondido entre coníferas altísimas y tenebrosas, siendo testigos silentes de la parte sórdida que puede albergar el ser humano. La niebla que abraza los árboles enrarece el ambiente, aumentando la tensión del encuentro que puede tener consecuencias fatales

"The Birth of a Nation" (1915). David Wark Griffith

 Siguiendo por una línea parecida en cuanto a que los bosques pueden ser el medio escogido para cometer actos reprobables, tenemos la película "THE BIRTH OF A NATION" (1915) de D.W. Griffith (El nacimiento de una nación). Un hito en su tiempo por los avances técnicos que se mostraron en el incipiente mundo del cine, también es conocida por su exaltación de tinte racista, en la que podemos ver un episodio de una chica que está sentada en un tronco caído mirando dulcemente cómo canta un pájaro en una imagen muy pueril e intencionada. En contrate, un liberto negro (pintado de negro la cara) se le acerca asustándola. Ella huye y él la sigue por entre pinos altísimos en una zona de sierra. La persecución y acoso se vuelve claustrofóbico para la chica, que pasa a duras penas los obstáculos que encuentra. La arboleda y lejanía propician la impunidad del acosador y la vulnerabilidad de la víctima. Mientras, un montaje paralelo del hombre salvador que la busca por todos lados. La chica no puede desprenderse de su perseguidor y, desesperada, escala unas rocas altas, diciéndole que, si sigue, se tirará. Finalmente, mientras la buscan sin éxito, ésta se precipita al vacío en ese pinar, quedando herida de muerte y falleciendo en los brazos del otro hombre. Una secuencia en la que la naturaleza puede representar dos polos opuestos, la emoción y disfrute, o el encuentro con la muerte injusta

"Иваново детство" (1962). Андрей Тарковский
"Ivanovo Destvo" (1962). Andrei Tarkovski
"La infancia de Iván"

"Иваново детство" (1962). Андрей Тарковский
"Ivanovo Destvo" (1962). Andrei Tarkovski

 Otro de los directores que, para mí, mejor ha reflejado este entorno ha sido Andréi Tarkovski. En su ópera prima "Иваново детство" (IVANOVO DETSTVO) (1962), (La infancia de Iván), no existe mejor fotografía del bosque. Su iluminación cambia dependiendo del episodio que esté narrando. Comienza esta película con un elocuente plano del niño visto a través de una telaraña, presagio del sufrimiento que experimentará por el asesinato de su familia por los alemanes en la 2ª Guerra Mundial (Gran Guerra Patria). Pero a continuación, podemos deleitarnos con un movimiento de cámara vertical ascendente por el tronco de un pino celestial en el que se ve en profundidad de campo a Iván. Destellos de felicidad en un ambiente forestal con juegos infantiles entre árboles, raíces desnudas con un rayo de sol que impacta en el primer plano del niño, mientras se escucha a un cuco. Hay en toda la filmación un lirismo arrebatado. Un sueño que choca con la siguiente escena en que nos damos cuenta de su angustiante presente en el que un pinar nocturno inundado se ilumina por una bengala y el mismo niño avanza de forma apesadumbrada por la gélida agua, con la expresión de gozo de antaño amputada por el horror que provoca la contienda. Con maestría, Tarkovski nos abraza melancólicamente con este prólogo antes de los créditos iniciales, avanzándonos que su relato no va a ser fácil de digerir. Otra de la escenas más sugerentes y conocidas es la del cortejo de dos oficiales entre unos abedules. Si bien hubo detractores de este episodio por ser una especie de paréntesis en la historia principal, debido a su falta de experiencia, a mí me parece un total acierto. Los bosques pueden albergar todo tipo de historias, amparándose en su discreción, lejanía e intimidad. El ruso creó para la posteridad una de las imágenes más bellas que he visto en el cine, la del chico que suspende entre sus brazos sobre el vacío profundo de una zanja a la oficial que se resiste a ser cortejada, robándole un beso, aprovechando su vulnerabilidad. Ella se asemeja a alguien que ha fallecido y que está sobre su propia tumba, pues está inerte, vacía, con los brazos colgando y sin pasión alguna. El plano subjetivo posterior de la chica corriendo y esquivando los troncos de abedules tan próximos evidencian de forma asombrosa su estado psicológico. No hace falta recrear escenas de acción para expresar el horror de la guerra, eso lo demuestra este director con creces. La escena nocturna de los soldados en barca entre los árboles anegados sin hojas, mientras los reflejos de las bengalas los iluminan, constituye un retrato muy eficaz de la tensión que experimentan. Disparos cercanos mientras se parte un árbol, el niño Iván ya convertido en hombre, que realiza misiones heroicas como los demás, el reflejo del bosque oscuro en el agua… Si esto tiene un nombre es desesperanza, aflicción. Y en eso Tarkovski es inimitable. Una persona que refleja al bosque como canalizador del estado psicológico de las personas, con unos contrastes realizados con suma habilidad según su estado de ánimo. El bosque onírico alumbra al espectador, y el bélico lo sumerge en el mismo abatimiento y oscuridad de esas aguas que ahogan y pudren los árboles.

"Восхождение" (1976). Лариса Шепитько
"Vosjozhdeniye" ("La ascensión") (1976). Larisa Shepitko
Борис Плотников (Борис Андреевич Сотников) - Boris Plotnikov (Boris Andreievich Sotnikov)
Владимир Гостюхин (Рыбак) - Vladimir Gostyujin (Rybak)
En el inicio de ese "viaje de invierno" Rybak es el líder que conduce a un débil Sótnikov por la nieve de los bosques

 Existe otra gran película soviética sobre la 2ª Guerra Mundial que es "Восхождение" (VOSJOZHDENIYE) (1977) de Larisa Shepitko. (La ascensión). Para mí están íntimamente relacionadas, pues se nota la influencia de Tarkovski en ella en algunos planos y en el lirismo que exhibe, si bien la directora aporta su sello especial místico y crudo en más de una ocasión. Empieza antes del título con una escena en la que se escuchan disparos del ejército alemán contra unos partisanos en plena ventisca que, a duras penas, pueden refugiarse en los claros de un bosque totalmente nevado y con árboles desnudos. Van cayendo al suelo varios de ellos mientras los demás, en una lenta agonía, tratan de guarecerse en la parte más tupida, para no ser un blanco fácil. Una vez allí, algunos mueren en su última morada, fría y desapacible. Los que se salvan se refugian entre los árboles, con la amarga sensación de la desesperanza y la injusticia, con el hambre como compañera de viaje, que no distingue a niños y ancianos, que se reparten unos pocos granos de cereal en una arboleda callada, gélida e inhóspita. El magnetismo que desprende la escena viene dado por su cruel realismo, en donde percibes que el medio no va a servir de ayuda, sino que será testigo de una lenta agonía a nuestro pesar. La escasez de alimentos lleva a dos hombres a buscar provisiones para el numeroso grupo, en lo que será una odisea terrible. La imagen de la naturaleza nevada es tan dura, como hermosa. Una belleza que puede volverse despiadada por lo extenuante de caminar por ella hundiendo los pies en cada paso, por el pavor que provoca la noche, como bien dice uno de ellos y por la exposición de nuevo a los alemanes que los encuentran fácilmente por el contraste con el blanco. La pureza atribuida a este color aquí se torna una triste delatora. Aunque tratan de ocultarse en el sotobosque con dificultad, uno de ellos es alcanzado en la pierna y su compañero lo arrastra agónicamente para ocultarse en la espesura cercana. El sonido de la rotura de cristales de hielo de los arbustos mientras los roza reptando con su compañero encima es muy sugerente. Es punzante, desesperante, en realidad lo que se quiebra es el proyecto de vida de estos luchadores idealistas a los que el grupo que dejaron atrás, espera como última esperanza. Apoyado el herido en un árbol, la directora crea un plano muy bello visto a través de unas ramas congeladas que recuerdan a la telaraña de “La infancia de Iván”. El partisano nos mira de frente con una expresión entre abandono y rabia golpeando las ramas para hacer caer el hielo al suelo. Shepitko refleja un bosque inerte, silencioso, sin concesiones, tan frío y real que duele. Como esa injusta guerra que se llevó tantas vidas por delante. Las palabras del herido son muy reveladoras, cuando le dice a su amigo, que le da calor con su aliento: “tuve miedo de morir en la noche en el bosque. Solo, como un perro.

"Robin & Marian" (1976). Richard Lester
Lady Marian (Audrey Hepburn) & Robin Hood (Sean Connery)

 La película británica "ROBIN AND MARIAN" (1976), también posee capítulos en los que el bosque forma parte importante en las vidas de los protagonistas. En sus predecesoras, Robin y sus hombres vivían en la clandestinidad, al margen de la ley, construyendo un submundo dentro de él con su propia justicia. En ésta de Richard Lester, es distinto, más silente, con un tono menos jovial del que Sherwood gozaba hace 20 años. Robin y Little John vuelven de las Cruzadas más maduros, encontrándose un ambiente más calmado y decadente. Lo que antes eran risas, combates, entrenamientos, pasiones, ahora se torna un territorio por el que resulta más difícil caminar e irreconocible por la frondosidad y la espesura de enormes helechos. Los rayos de sol que se filtran entre los robles divinizan el paisaje y le proporcionan un misticismo que casa perfectamente con lo crepuscular de la historia, con un pasado que no volverá, aunque permanecerá en la memoria. Como ese simbolismo de las manzanas frescas y pasadas de la presentación de la película. La serenidad del anhelado reencuentro con Marian y su primera conversación, van en sintonía con los gruesos y retorcidos troncos de los árboles, que también acusan el inexorable paso del tiempo. El canto de algunos pájaros crea una atmósfera suave, en consonancia con el momento, con la melancolía de una pasión perdida por decisiones del pasado, con el reproche que esperó mucho tiempo y ya carece de sentido. Tantos sentimientos que parecen despertar después de veinte años y que esos robles sabios escuchan con ecos reconocibles de años atrás… La vestimenta de ella de blanco contrasta con el verdor en una imagen preciosa. La iluminación es tenue, decadente, como si no quisiera distraernos de lo que se dice esta antigua pareja de enamorados, proporcionándoles la intimidad necesaria para pedir perdón y perdonar. Con el primer beso la luz cambia, hay destellos, las hojas se vuelven casi amarillas por el sol y hay lugar para una nueva oportunidad en un bosque rejuvenecido, revitalizado, que simboliza una nueva etapa en la madurez y que el amor se puede disfrutar se tenga la edad que se tenga. Pero, como triste final para un héroe que se resiste a perder su pasado de valentía, un Robin, herido de muerte, lanza una flecha por la ventana que caerá donde desea ser enterrado con Marian para la eternidad. Lo hará en su amado Sherwood, cómplice de sus andanzas, heroicidades, amores y festejos. Y cómplice también en la declaración última de amor más sincera que una mujer le puede hacer a un hombre.

"Macario" (1960). Roberto Gavaldón

 El bosque también puede ser el sitio elegido en el que te encuentras a ti mismo, con tus dudas, tus angustias y soledad. Tal es el caso de la película mexicana "MACARIO" (1960), de Roberto Gavaldón. Una gran obra, primera nominada al Oscar a mejor película extranjera de México, con resonancias de “El séptimo sello” (1957), de Bergman, pero narrada como un cuento. Da comienzo con un plano de un leñador talando un pino altísimo que cae estrepitosamente al suelo anunciándonos la dura vida y destino de una familia del siglo XVIII, en la víspera del Día de los Muertos. Las duras condiciones de esta familia, que apenas tiene para comer, causan una tremenda congoja que hacen que Macario, el padre de familia, le confiese a su mujer en un plano maravilloso bajo un árbol sin hojas, que desearía comerse él solo un guajolote, sin compartirlo con su familia. Una conversación sobre el hambre eterna que nos entristece, mientras su mujer le observa en una imagen con una fotografía sin igual y ese árbol que recuerda el de “Gone with the wind”, aunque en blanco y negro. Tras conseguirle la comida su mujer con bastante esfuerzo, el egoísta leñador se dirige al bosque profundo buscando la intimidad necesaria para atiborrarse a gusto y querer paliar el hambre, según él, “desde que nació”. Lo podemos observar rodeado de enormes coníferas, rocas y una aparente paz benefactora. Pero, lejos de poder disfrutar de la carne, se le presentan por orden el Diablo, Dios y la Muerte, por más que intente desaparecer en la arboleda profunda, pidiéndole que comparta con ellos la comida, en unos diálogos muy entretenidos y naturales. Sólo el miedo le hace compartir con la Muerte su botín, en una imagen muy bella al lado de una cascada de agua que, en agradecimiento, le otorgará propiedades curativas transformándolo en curandero. Tras una historia de ambición que le lleva a ser juzgado por la Inquisición por brujería, Macario se fuga y huye de nuevo al bosque buscando su destino. En esta ocasión éste se vuelve más lúgubre, más inaccesible, la niebla espesa lo inunda todo en una noche cerrada, donde se reencuentra con la Muerte que lo conduce a una gruta enorme llena de miles de velas que simbolizan vidas humanas. Viendo la suya casi consumida, huye con ella por un bosque aún más siniestro y horripilante, escenario del pavor que sufre el protagonista, sintiendo su inminente final. Su mujer y gentes del pueblo lo buscan desesperados entre brumas, rocas, árboles fantasmales y sombras deudoras de un acendrado expresionismo. Encuentran a Macario muerto en la misma arboleda que le dio placer, pero donde también halló su destino fatal, un entorno natural vigilante, donde sus dudas se disiparon y se vio frente a frente ante lo ineludible

"The Witch" (2015). Robert Eggers

 La película más reciente que voy a analizar es "THE WITCH" (2015) de Robert Eggers, (La bruja). No soy amante de las películas de terror actuales, no me gusta el sobresalto por un susto gratuito o un golpe de efecto con música estrepitosa. Pero ésta es distinta, más a la vieja usanza, hay suspense, la tensión va in crescendo y se masca la tragedia. Y en eso tiene mucho que ver el bosque, muchísimo. Hacía tiempo que no me perturbaba una imagen de unos simples árboles. El director presenta varias veces un plano general de éstos que, a mí, por lo menos, me inquietan sobremanera. Sólo es eso, un plano, sin música. Pero sientes que es el bosque quien te mira a ti, te quita el aliento, está vivo, te acecha como ente y la idea de adentrarte en él es lo último que pensarías, porque sientes que te abduce. No es fácil hacer algo así, es lenguaje cinematográfico puro por cómo encadena las imágenes, con un guión que merece la pena. La historia está llena de leyendas populares que atribuyen al bosque un carácter maligno, que alberga poderes sobrenaturales y en el que habita el Mal, representado por brujas. Aquí está muy bien narrado, con una familia muy religiosa de Nueva Inglaterra del s. XVII a la que le van ocurriendo sucesos extraños desde que se mudaron a una casa al lado de una gran arboleda, que sienten como un castigo. Hay imágenes nocturnas en el interior forestal que erizan el vello, te roza la fría tensión que se genera y te identificas con la chica que camina por esas coníferas tupidas entre nieblas. La imagen de la luna llena entre las ramas es espectacular, así como el árbol seco con la trampa. Acompañas a esos hermanos que van a caballo entre los cedros masificados y espectrales con un silencio aterrador. Hay que tener mucha habilidad para que el silencio despierte más pánico que una música estridente. Y eso se consigue con una imagen y puesta en escena sorprendentes. Bosques nocturnos se han rodado muchos, pero éste tiene un carácter especial, percibes presencias, notas una amenaza latente, sientes que las leyendas son verdaderas. Te conduce a esos temores infantiles surgidos de la lectura apasionada de cuentos en frías noches de invierno.

"Une partie de campagne" (1936). Jean Renoir

 Cómo tratar este tema y no hacer una parada en uno de mis directores favoritos. Jean Renoir, hijo del gran pintor Auguste Renoir, que estaba impregnado de la pintura asombrosa de su padre. Vivir rodeado de esa cultura y obra pictórica, dejó una huella imborrable en el director que deseó recrear los ambientes naturales impresionistas de su progenitor en la película "UNE PARTIE DE CAMPAGNE" (1936) (Una salida al campo). Un mediometraje homenaje a su figura paterna y a lo que el cine le debe al otro gran arte de la pintura. Emulando cuadros famosos de su padre en los que el bosque y el ambiente bucólico son los protagonistas, esta obra emana destellos de vida, amor, melancolía, pasión… y en esos sentimientos la influencia de la fuerza de la naturaleza es notable. A pesar de estar realizada en blanco y negro, percibimos el verde de las copas de los árboles, los colores de la flores, el azul del lago y el ocre de las hojas caídas. Es tal la belleza e iluminación, que no alcanzamos a ver dónde reside el límite entre lo pictórico y el cine. El frescor y vitalidad de ese bosque hacen aflorar el impulso amoroso de unos jóvenes que aprovechan cada minuto de su vida, regalándonos jovialidad, reforzados por la intimidad que les proporciona el medio, donde encuentran el refugio perfecto para amarse. Si bien, también puede derivar en el recuerdo melancólico de lo que pudo ser y no fue, de un sueño caduco como las hojas de otoño que se pierden para siempre.

"The River" (Le Fleuve) (1951). Jean Renoir

 El mismo director realizó "THE RIVER" (Le Fleuve) (1951), otra película en la que la naturaleza es esencial en la historia y que resulta un complemento a la anterior. Parecía que quería compensar su escasez de matices de colores, para dotar a ésta de la intensidad y el cromatismo más grande vistos. En este relato iniciático del amor adolescente en la India y la pérdida de la inocencia, Renoir nos deleita con la explosión de la naturaleza exótica en su máximo esplendor, símbolo de los sentimientos de estas chicas, que reconocen por primera vez lo que es estar enamoradas. Rodada en Technicolor, en escenarios naturales, como si fuera un cuento con algún apunte documental, es un testamento homenaje a la naturaleza y a las relaciones que se establecen entorno a ella. Las chicas de esta película tienen la suerte de poseer dentro de su propia casa un jardín de tan enormes proporciones, que es en realidad un bosque. Los banianos, árboles sagrados de la India, jalonan cada acontecimiento importante de su cotidianidad. La misma narradora comenta que “los brazos que se clavan en el suelo, parecen tentáculos que hacen de morada, un laberinto lleno de misterios…”, mientras disfrutamos de un hermoso plano ascendente hasta el cielo de este Ficus benghalensis, trepado por su tronco por numerosos brazos de pothos, que ofrecen un aspecto más selvático. En ese mismo lugar los niños descubren los peligros de la vida en forma de cobra a la que pretenden amaestrar con una flauta. Hay otro plano de otro gran baniano que destila poesía, con esos poderosos y largos brazos que parecen abrazar y servir de consuelo a Harriet. Y también “observará” cómo se desvela su gran secreto de amor hacia el capitán John y de la riña entre éste y Valerie. El episodio donde los cuatro jóvenes confluyen buscándose por distintas razones (tres chicas y el capitán), ocurre en un campo de cientos de bananeras. Les servirá para esconderse, vigilarse, buscarse y poder besarse. Y como reza la voz en off: “El encantamiento empezó y terminó en el jardín”. Pero, sin duda, los planos donde el francés da rienda suelta a su grandeza y uso del color son la llegada de la primavera de ese país, en que el rojo de las flores de los flamboyanos y demás especies constituyen una eclosión visual sin par, símbolo del renacer de nuevos sentimientos y del abandono del lastre del pasado. Un concierto de imágenes muy hermosas con tonos muy coloridos.

 Para terminar, otro de mis directores favoritos, José Luis Cuerda, que falleció tristemente hace unos meses, retrató como nadie el bosque, dejando imágenes en nuestro imaginario eternamente. En esta primera parte analizaré "LA LENGUA DE LAS MARIPOSAS" (1999) y en el siguiente mi favorita de él, “El bosque animado” (1987). Sirva mi análisis como homenaje a uno de los directores más importantes del cine español, que tuvo una filmografía interesantísima.

"La lengua de las mariposas" (1999). José Luis Cuerda
Maestro, Don Gregorio (Fernando Fernán Gómez) & Moncho (Manuel Lozano)

 En "La lengua de las mariposas", el bosque es un elemento más en la vida rural de esos pueblos de Galicia que tan bien reflejaron Manuel Rivas o Wenceslao Fernández Flórez. La relación que se establece con él es íntima por su proximidad, especial, siendo el escenario de verbenas, encuentros amorosos, desengaños, miedos infantiles, ataques de animales, supersticiones, robos, etc… Moncho es un niño con una alta sensibilidad que sufre crisis asmáticas cuando es sometido a tensión. Cuando se siente acosado en el primer día de colegio, pasa toda la noche en el bosque, escondido. La frondosidad, escasez de luz y frío, lo ponen a prueba mostrando su valentía. La imagen de todo el pueblo buscándolo con velas por la noche es poética, se percibe la espesura, la humedad y la desesperación de la familia por esos caminos angostos y exuberantes. También puede ser el lugar donde despierta la curiosidad infantil hacia el sexo, ejerciendo de voyeurs parapetados por el espeso sotobosque gallego, mientras una pareja aprovecha la intimidad que le proporciona, para rendirse al amor. Pero donde el bosque va a ejercer una gran influencia en Moncho y sus compañeros de clase, es la importancia que le otorga su gran maestro, D. Gregorio (Fernando Fernán Gómez). Un docente republicano, diferente a los esquemas tradicionales de educación, que tiene como pilares el respeto, la participación, la paciencia, la libertad, la investigación y, sobre todo, la observación de la naturaleza. En la asignatura Historia natural traslada el aula al bosque, que es el mejor escenario para aprender in situ e in vivo los prodigios del medio. El maestro pretende que el ser humano no se aparte de la naturaleza, que investigue sus curiosidades, que se impregne de su sabiduría. En definitiva, que les sirva para mirar el mundo con otra perspectiva, que les hará ser personas más críticas e independientes. Mientras caminan por una arboleda sin igual, les habla de la importancia de ir en silencio, del respeto a la flora y fauna, las peculiaridades del comportamiento animal que traslada al comportamiento humano. La escena es sensorial, la luz y el verdor elevan el momento de transmisión de información, de vocación total de ese maestro entregado, que regala sus conocimientos con fervor entrañable. Es tal la sensibilidad y emoción, que Moncho vuelve a tener un ataque de asma, que el sabio D. Gregorio mitiga introduciéndolo en el río. Este niño encontrará en la naturaleza la forma de expresar su amor a una compañera, emulando a un pájaro, guiado por los conocimientos adquiridos en la escuela. El tilonorrinco, un pájaro de Australia decora el nido con vivos colores, llevando una orquídea para poder aparearse con la hembra. Así, Moncho ofrecerá una flor a su amiga, animado por D. Gregorio, y en ese río, rodeado de arboleda, recibirá su primer beso de amor, en una escena muy hermosa. Un paso para la pérdida de la inocencia con el bosque como colaborador de un entorno muy propicio. Y en ese entorno verde y hermoso donde está ubicada la Escuela, es donde será pronunciado un discurso digno y libre a cargo de D. Gregorio ante los alumnos y los padres. “Si conseguimos que una sola generación crezca libre en España, ya nadie les podrá arrancar nunca la libertad”. Palabras tan sinceras, que le expondrán a los lobos que se esconden no solo en los bosques, hambrientos de caciquismo y represión.

Estrella Millán Sanjuán
20 de julio de 2020

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Comentarios de nuestros lectores: 

- Francisco Huertas Hernández: "Estrella Millán es una cinéfila contrastada y una amante de la naturaleza. Ambas dimensiones están perfectamente unidas en este ensayo, en el que, una vez más, huye de las películas convencionales y comerciales de Hollywood, para recorrer algunos títulos que, no necesariamente, tienen el bosque como tema central, pero en el cual el film adquiere un relieve especial. Los hombres y mujeres son más grandes cuando un bosque, cuando un río, cuando un mar, les emplaza a sacar lo mejor de ellos mismos. En alguna de estas cintas, no es lo "mejor" moralmente, sino lo más profundo, que, en ocasiones, es el "fatum" que vence a los mortales. Me honra la presencia jubilosa de cine soviético en esta selección, y de un largometraje mejicano, de Gavaldón, ahora que la literatura mexicana es mi leal compañía. Traer las cinematografías periféricas (y, lamentablemente, el cine latinoamericano lo es) es muy oportuno en un mundo que se dice globalizado pero que sigue adocenado en el consumo de productos industriales de Hollywood"