jueves, 16 de julio de 2026

"Los isleros" (1951). Lucas Demare. Cine clásico argentino: vidas fluviales. Tita Merello, actriz dramática. Francisco Huertas Hernández

"Los isleros" (1951). Lucas Demare. Cine clásico argentino: vidas fluviales. Tita Merello, actriz dramática. Ensayo. Francisco Huertas Hernández


"Los isleros" (1951). Lucas Demare
Rosalía "Carancha" (Tita Merello). La mirada rapaz en claroscuro resume la historia: una mujer salvaje que posee en sí la furia de la naturaleza



Prólogo: habla el río. No es bueno que el hombre esté solo. Una mujer brava

 "Los isleros", rodada entre 1950 y 1951 por Lucas Demare, es un clásico del cine argentino que supuso la consagración dramática de la icónica Tita Merello (1904-2002). Basada en una novela de Ernesto López Castro (1902-1962) publicada en 1943 y adaptada al cine por él mismo, la historia se sitúa entre la lucha heroica de los habitantes pobres de las islas del delta del Paraná y una subtrama de transterrados europeos. La fuerza del filme deriva de su protagonista absoluta, por encima incluso de la imponente Tita Merello: el agua, cuya voz en off abre y cierra la historia.

 La cinta se estrenó el 20 de marzo de 1951 en el cine Ópera de Buenos Aires. Obtuvo ocho premios Cóndor de Plata en 1952 (mejor película) y Tita Merello la rompió.

 El agua es un elemento de vida y de muerte. Ella proclama en la primera secuencia: "Soy una fuerza eterna. Una fuerza, a veces ciega, que cumple la fatalidad de un destino. Con mi trabajo silencioso he procreado estas islas". Construye, destruye y reconstruye la vida. "Soy el río, un río" y los hombres le hacen frente con su lucha heroica, aunque en su convivencia y pugna también ellos se hacen un poco río, un poco árboles, un poco pájaros. "Son isleros; ¿serán ellos, acaso, las islas?" Y esos isleros aguantarán todas las calamidades mientras tengan una canoa, un espinel y un rancho... "Isleros, la soledad les hace más fuertes. Isleros, cuántas veces me detengo a espiarlos".
 
 Y así cuando termina su prólogo literario el río -filmado en panorámica y travelling de avance con la cámara en la embarcación- entra el hombre a caballo, el islero. La película se rodó en San Pedro, en la margen derecha del Paraná, junto a la desembocadura del río Arrecifes. Una decisión importante de Demare fue filmar en escenarios naturales todos los exteriores, reservando los Estudios San Miguel sólo para el interior de la cabaña. De hecho fue una de las últimas películas realizadas en los platós de Bella Vista, que dejó de funcionar en 1952.
 
 Agua frente a hombre recrean el mito. Leandro (Arturo García Buhr), el protagonista sufre las burlas por estar sin mujer ("consígase una tropa vaquillona" le dice otro islero). En el inicio Leandro buscará una compañera por los pueblos aledaños. Y encontrará a Rosalía (Tita Merello), llamada "La Carancha" (ave rapaz diurna, semejante a un halcón) que desafía la sumisión rural de las mujeres. Leandro le lleva la pesca recién capturada, le regala un caro perfume (el "agua florida... que huele más fuerte que las flores") y la invita al baile, aún confesando al llegar que él no sabe bailar. La mirada (¡sus impactantes ojos de china criolla!) y las palabras de la Carancha anticipan el fin de un entrerriano borracho (Luis Otero), un predador de pulpería que hostigaba a Rosalía, que muere apuñalado fulminantemente ("échenla, Carancha, perra, me has rojeao").

 En esta primera parte de la historia, Tita Merello tiene la fuerza sexual de la ira milenaria de la humillación y la pobreza. El espectador no argentino descubre por qué Tita de Buenos Aires es una leyenda: la mujer del pueblo que había sobrevivido en las condiciones más deplorables emana sensualidad y poder, incluso en sus gestos exagerados, y, sin embargo, naturales. Esta secuencia de la milonga y la muerte del entrerriano filmada en alternancia de planos generales, medios y primeros, con marcado claroscuro, en la herencia de John Ford, es sobria, eficaz narrativamente, y expresa el pathos sobrenatural ("tiene ojos de bruja") de la Carancha. El paisaje del litoral -como el de Monument Valley- aplasta al humano, pero éste se rebela en lucha feroz contra la Naturaleza. La irrupción de la tragedia en la fiesta comunitaria, el orgullo de los desheredados, todo ello mostrado con encuadre perfecto, profundidad de campo y luz contrastante, son otras marcas comunes a Ford y Demare.


Una pareja de isleros. Quehaceres y amanse de voluntades. La odisea del parto

 La pareja se instala en el rancho del islero. La hembra brava desafiando la sumisión rural de las mujeres encarna un raro arquetipo, lejos de la femineidad convencional criolla y del refinamiento intelectual urbano. Rosalía no habita el rancho, lo disputa. Esa fuerza bravía de la mujer ave rapaz es semejante al río. Su amenaza de pegar la vuelta cuando quiera resonará en Leandro de por vida ("así como voy porque se me da la gana, me vuelvo cuando se me dé la gana. Digo, a lo que nunca tuve patrón", dice Rosalía en la barca yendo a su nueva vida).

 "Desde ese momento, Leandro Lucena trabajó sin descanso. Acostumbrado a mis periódicas avalanchas parecía desafiarme al aceptarlas serenamente. Así carpió la tierra y fecundó la isla. Es que ahora había una mujer en su rancho", interviene el río nuevamente, en un interludio lírico con música de Gilardo Gilardi (1889-1963), de gran riqueza tímbrica y atmósferas debussyanas. Mientras el agua declama, vemos el río crecido anegando la tierra, y a Leandro a caballo, y con su perro Moro, cazando patos. 

 Antes del nacimiento del hijo, el duelo de voluntades se resuelve al imponer el hombre su ley (escena del rebenque, bellísima transfiguración de Rosalía y Leandro desencantado arrojando una piedrita al agua que refleja su imagen). La convivencia inicial de los dos extraños conjuga los quehaceres de la casa y la lucha por el poder. 

 "Si antes hablaban poco, ahora apenas cambiaban palabras" interviene el narrador omnisciente, el río, sobre esos encuadres divididos e iluminados por el operador Mario Pagés (1914-1996) con sombra de pajonal y luz de agua, cercanos a Gregg Toland. 

 La noticia de la dulce espera de Rosalía, revelada por alusiones, lleva a la cámara al primer plano más hermoso de Tita Merello: mirada dulce y confiada, media sonrisa. Demare ha eludido la pasión y la ternura, y, fuera de plano, muestra el quiebre de Rosalía. Tita nos enamora inesperadamente, el ave de presa, la vaquilla se transmutó en Madonna. García Buhr también está espléndido en su rol. Un hombre simple y sin malicia ("la pucha, ni lo soñaba que juera tan fácil") que habla con el lenguaje rural y pausado del criollo, evocando al Martín Fierro, pero sin el sino del cuchillo.

 Diré que toda esta primera parte es cosmogónica: el elemento fecundador, la búsqueda de la pareja y la anunciación de nueva vida. Como en el filme "Araya" (1959) de Margot Benacerraf, un poema visual de la sal, asistimos en "Los isleros" al nacimiento del mundo. Merello, Buhr y el agua son la trinidad del Génesis del Paraná.

 La época de la crecida presagia un parto difícil. Rosalía mirando la cesta, que "más que cuna parece nido", espera con semblante sereno. Pero "la criatura viene demorada", según doña Manuela. Y pide al islero que la lleve urgentemente a San Pedro. En mitad de una espantosa tormenta, y con Rosalía desfallecida, Leandro la transporta al hospital. Es la secuencia más dramática: la muchacha se muere de fiebre, deshidratada y sin fuerza, implora agua, y el islero le da de beber agua del río. El montaje alterno del oscuro cielo, el bramido del trueno, el hombre remando con fe y la mujer resistiendo el dolor del parto, constituye una odisea fluvial donde los elementos de la naturaleza y la fragilidad humana se funden en un solo grito de supervivencia.

 El niño nace en el hospital de San Pedro. La madre sobrevive, pero la religiosa conmina a Leandro a contraer matrimonio para bautizar a la criatura. Un nuevo quiebre en Rosalía, cuya mirada recupera la rabia y el odio en un salvaje instinto de posesión del hijo, cierra el ciclo cosmogónico del filme, con el gurí en sus brazos. La madre musita: "Toño, Toño" y en bello plano fundido vemos al chico ya crecido saludando al Golondrina (Roberto Fugazot) que navega en su lancha proveedora.


La juventud de Toño. El drama familiar: Toño encuentra mujer. Los celos de la suegra. Un episodio secundario: el fugitivo europeo. La gran inundación

 La vida fluye como el río, y serena, juega con la ribera, como el niño en su inocencia del tiempo. Demare ha filmado al chico dorsalmente y en contrapicado en un estilo John Ford, porque el niño no tiene presencia. En nuevo plano fundido, Toño ya es un joven mozo criollo (Mario Passano).

 Toda la segunda parte de la película tiene otro tono. La cosmogonía deviene drama familiar. Los personajes se multiplican; si en el origen era el agua, y luego la pareja, ahora es la comunidad, surgida de la pareja ampliada y envejecida. Tita Merello, encanecida, sujeta la brida del pibe que, aunque es feliz en la isla, es tentado para ir a laburar a San Pedro, con sus romerías y bailongos. El espectador siente la sexualidad amenazante de la Carancha joven, pero ahora su figura emana la aspereza de los años. El director ha dado el relevo de la sexualidad animal de la inigualable Tita Merello a una mina que competirá con ella en el amor de Tonio. Una contrafigura angelical de la demoniaca Carancha paseará su belleza inmaculada por el rancho islero.

 Una trama secundaria presenta a German Koehler, el Gringo (Enrique Fava), que supone un extraño giro quasi policial, y cuya historia se resolverá con la venida de su novia europea (Alita Román). Germán, personaje extraño, frecuentará el rancho de los Lucena, a través del común amigo, el Golondrina, que defiende las islas como un espacio extraterritorial de refugio y aceptación del desheredado ("vea amigo, aquí en las islas nadie averigua nada, ni a nadie le interesa lo que un hombre haiga hecho o deje de hacer. Cada uno se guarda las cosas bien adentro porque son suyas y de nadie más").
 
 Usando la lengua criolla del Delta diríamos que, allá, la vida va entre las chalanas madereras (chatas isleñas) cargadas de troncos de sauces y álamos -donde los hombres montan el maderamen- y las gariolas de paja brava, juncos y totoras, y la vida son los trabajos y los días, citando a Hesíodo. El fugitivo es recibido sin preguntas ni sospechas y, con "canoa, trabajo y amigo" se convierte en un islero más. 

 Pero a nosotros nos conmueve más el destino de la familia de Leandro, Rosalía y Toño. El agua persiste, pero el hijo ocupa la posición de síntesis de las generaciones, cual corrientes que transcurren sin cesar. Si el río crece, también crecen los hijos, con la potencia vital de su juventud se abren paso entre sus progenitores en busca de nuevas riberas, y otros brazos fluviales con los que convergen para, unidos en un solo cauce, seguir su viaje hacia el mar.

 Berta (Graciela Lecube), en plano medio corto frontal, avanza por el río en la lancha, contemplando el nuevo mundo, inquieta y confiada en Toño, que en la proa, ve alborozado que "agrandaron el rancho". Allá a San Pedro mandó el viejo al hijo a buscar mujer, y ahora el muchacho regresa al hogar islero. Y en el abrazo de hijo y madre, la mirada atravesada de Tita a su rival, joven y hermosa, subraya el conflicto central de este drama familiar. Es una rivalidad edípica, o, si se quiere, un curso nuevo de agua que desplaza al viejo, siendo la humana condición resistirse a pasar: la madre no renunciará al hijo por más que éste navegue ya sin guía. La Carancha rechaza el abrazo de su nuera, mas Leandro abraza a la muchacha ("ésta es su casa m'hija"), que "es hija de chacarero" de padres piamonteses (gringos del campo). ¿La delicada joven será lo suficientemente fuerte para adaptarse a la ruda vida islera?

 En la primera comida de los cuatro, filmada con profundidad de campo muy fordiana, los anfitriones preguntan a la mina por las islas, y ella responde con ingenua franqueza forastera que las encuentra tristes. Y algo peor que la tristeza irrumpe: las víboras que sobresaltan con su silbido a Berta, en primerísimo plano: la amenaza simbólica de la Madre Naturaleza. "De chica me asustaron con una víbora y me quedó el miedo". El candor de Berta potenciado con una luz deslumbrante -filmada con reflectores frontales- configura un espacio nuevo. O ese rostro brillante se apaga en el pajonal o los habitantes del pajonal reciben esa luz. Cuando el escarmentado siente pudor de identificar la belleza y el bien en la luz pura de la inocencia sólo queda el sórdido mundo discepoliano del arrabal. Pero, oh espectador atento, abre el corazón a la luz de Berta que evoca la platónica fusión de belleza, bien y verdad, en el amor. Berta es pura, no por su rubia faz, su juventud o su origen chacarero, es pura porque ama profundamente a Toño. Y ahora nosotros sentimos ese amor en su luz y su dulce voz, a pesar del comentario venenoso de la suegra: "es floja, no vale pa nada".

 La Carancha descubre una posibilidad perversa, arreando a Berta a monte ajeno: despertar la pasión mutua entre el extranjero fugitivo y la nuera, que la mira embelesado como reconociendo en ella a alguien de su pasado. Un plano picado inclinado de Germán sirve a Demare para evocar lo perdido en Europa, la nostalgia del exiliado, mientras Berta se sienta a coser. ¡Qué hermosa Graciela Lecube, que ya olvidamos a la joven y sexual Tita de la primera parte!
 
 Toño sacó a pasear por la isla a su esposa que vio asustada un carancho en lo alto de un árbol ("¿por qué mira tan fijo?"). Y de seguido, una vaca agonizando picada por una yarará. Berta, cercada por un mundo hostil: una suegra que le agarró la bombacha del hijo que iba a lavar Berta; unos animales que acechan escondidos en el pajaveral; una tristeza de una vida sin variaciones. 

 Berta es la imagen viva de la novia que quedó en Europa. Ella misma se lo escucha decir al gringo al que sonsaca la malévola suegra, incitando al joven a que busque una mujer "gringa, o hija de gringos, más o menos como Berta". Demare acumula tensión y la muchacha va sintiendo el cerco cada vez más estrecho. 

 Una escena erótica jovial del baño en el río muestra a una recatada Berta en ropa interior blanca entre los juncos, avergonzada mientras Toño nada pletórico tras despojarla de su corpiño. Pero el río es traicionero, incluso en el remanso, y Berta está a punto de morir ahogada, y eso podría ser peligroso para la criatura que lleva en su vientre. Demare ha ensamblado erotismo, drama y esperanza en una sola secuencia. "La pucha, se nos va a llenar la isla de gente", dice Leandro feliz rascándose la cabeza, pero Rosalía tuerce el gesto entre los cacharros.

 Y una caravana de canoas festivas atraviesa un brazo del río mientras la pareja de futuros padres pasean abrazados en bello plano general descentrado. El futuro multiplica a los hombres. Recordemos cómo en el inicio sólo era el agua, el hombre solitario y la mujer brava. 

 Un baile en casa de los Mallorquín por la boda de sus hijas desata los celos de Toño que descubre la mirada cruzada de su mujer y el extranjero ("¿si me estás codiciando a la mujer") y el forastero responde angélico ("miro a tu mujer con ojos limpios, sin suciedades. Berta me recuerda a la mujer que quise mucho y que quizás ya no vive, ¿comprendes?"). ¡Y cómo esquiva (gambetea) lo melodramático y la tragedia pura la película, la novela! Berta y el extranjero que estarían predestinados a ser amantes en una historia convencional, aquí son luz que disuelve la bruma del río. 
  Tonio confiesa, remando de regreso, a su mujer asustada que hubiera matado al gringo "si no me dice lo que me dijo". La vida fluvial es incontinencia y furia irracional bajo la tranquila superficie del agua. Toño es tan violento como su madre. La ley de los hombres no reina en este espacio extraterritorial, donde los elementos dan vida y la quitan.

 Berta ya no soporta la isla, tiene miedo por su hijo, quiere volver a San Pedro. Mas la Carancha manipula a Toño haciéndole sentir débil para que domeñe a Berta ("me tenés cansado con tus pavadas, que me dejés de cargosear"). Si la Carancha fue amansada por Leandro, ahora ella pretende hacerlo con Berta a través de su hijo, y si la Carancha es un ave rapaz, carroñera, de plumaje pardo, mimetizado con el barro, grito áspero y monocorde, Berta, por contra, es una jacana, ave pequeña, de plumaje amarillo, deslizándose suave sobre los camalotes. Que Tonio confunda el yugo materno con la hombría es un accidente pasajero, pues "dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" dice el Génesis. Toño tiene la ternura paterna en el alma, del que recibe protección y consejo.

 Leandro tranquiliza a su nuera: los isleros se hacen duros y su nieto resistirá todos los peligros ("a todo se va a hacer baquiano. ¿Cómo se crió Toño? ¡Y vea si salió juerte! Se crió en esta pelea con las islas y el río"). Arturo García Buhr en plano frontal contempla a su hijo, enmarcado por la ventana. ¡Qué interpretación más austera y conmovedora!

 Una "creciente brava" se viene. "La sudestada no afloja", comenta Leandro a Toño. El cielo cabalga encrespado sobre el río que puede traer a las víboras hasta la casa (rancho), alzada sobre troncos. También es necesario salvar el ganado, pasándolo a la otra orilla. La familia Lucena está sitiada por la naturaleza bravía, y la temerosa jacana Berta saca valor ("Si todos se quedan, yo también puedo quedarme"). Se ha hecho "dura y fuerte como mi vieja" afirma Toño liberado. Los planos medios en escorzo de alto contraste son espléndidos. La luz del rostro de Graciela Lecube y la gallardía de Mario Passano son el ancla de la vida embestida por la furia de la corriente. Leandro y Toño se marchan con el ganado (la hacienda), y Berta aterrada descubre que, quizás, tengan que pasar el río nadando a falta de balsa ("¿van a arriesgar la vida por unos animales que ni siquiera les pertenecen? ¿Van a desafiar esa correntada que arranca árboles, arrastra camalotes y voltea ranchos?"). El fatalismo de Rosalía ("es la vida del islero") frente al grito de rebeldía moral de Berta ("¡Nooo, nooo!").

 Los dos hombres, en una secuencia clímax, con montaje rítmico, acelerado, planos cortados rápidamente, que alternan la tropa, el arreo de las vacas, con los agitados movimientos a caballo y en canoa de los héroes isleros, luchan por salvar una hacienda que ni siquiera es suya: la servidumbre ante los patrones (ausentes en la película) sólo es posible por el apego a la tierra, a las tradiciones y el fatalismo irreflexivo. La música de Gilardo Gilardi queda ahogada por los mugidos y gritos del rodeo. ¡Lo consiguen!

 En la espera las dos mujeres estallan. Berta no se calla, ella también se hara dura como cualquier islera, como la Carancha, que la desprecia por floja. "En la isla vivimos como animales, pero a Toño le gusta esto. Claro, él nació y se crió aquí. No sirve pa vivir en el pueblo. Por eso le digo que a usted le hubiera venido mejor casarse con un chacarero", destila su veneno la vieja, que quiere apartar a su hijo de la muchacha. "En las islas no hay más que pobreza y víboras", continúa la tortura de la Carancha, en su acoso y derribo. 
 Los hombres regresan al rancho, sanos y salvos. 

 El agua, narradora admirada, retoma la reflexión sobre la eterna lucha: "Pero ni aún acorralados se entregan. Apenas les doy una tregua, se levantan de nuevo para enfrentarme otra vez, para luchar con más fuerza". Los isleros, incluyendo a Berta, reconstruyen lo destruido. "Da miedo ver la tierra bajo el agua. Las islas parecen muertas", exclama con la mirada perdida la joven. "Ajá, parecen muertas, pero no lo están. Ya ve, apenas se jue el agua y el sol calentó la tierra, la vida vuelve con más fuerza. Es como la gente que después de peliar mucho le toma más gusto a vivir", sentencia Leandro. ¿Cómo no escuchar aquí el tono, la lengua y la sabiduría popular del "Martín Fierro"?

 La Carancha no se da por vencida y mete una víbora en la casa, pero Leandro la mata a tiempo. En su locura de posesión maternal quiere destruir a la rival en el cariño de Toño, y Leandro, resignado, pide a su hijo que se vayan después del parto: "las mujeres no andan en buenas relaciones". Y la bondad de Berta la ha perjudicado.

 El parto viene difícil. Berta tiene una gran fiebre y boquea la muerte. La historia se repite, y la suegra, que tanto mal le desea, es la que la ayuda a dar a luz y salva su vida. Un nuevo quiebre en La Carancha que vuelve a ser Rosalía, entre lágrimas de piedad. Leandro se ha mantenido siempre como el remanso de paz y el cabo a tierra. 

  Y, finalmente, la joven pareja partirá a San Pedro, para que la criatura salga jacana y no carancha. 

 El episodio del gringo fugitivo Germán se resuelve con la llegada de su novia (Alita Román) al rancho de Leandro, aclarando el malentendido de su fuga: la subprefectura le buscaba a pedido de... su propia novia, porque él no había matado a nadie allá en Europa. Hay algo en esta historia que recuerda las novelas intercaladas en la Primera Parte del Quijote: desvían la atención de la trama única de los Lucena. Pero es el amor leal que sirve de contrajemplo a Rosalía, que escucha en silencio, y sale en la canoa y trae de vuelta al fugitivo, cuando ya Leandro recordaba las antiguas palabras de ella: irse cuando quisiera. Rosalía fue remando sola aguas arriba, durante horas. 

 En un final de esperanza, Rosalía, dice "tendrá que hacer rancho nuevo pa cuando vuelvan los hijos". La pareja retorna al rancho y la cámara se aleja, fundiéndose el elemento humano con el acuático en el plano en el que el río concluye: "Y así, una y mil veces van a rehacer lo que destruya el agua. La tierra, o los mismos hombres, son un poco árboles, tienen algo de río, de masiega. Son isleros".
 Fin


Dimensión política de "Los isleros" y el cine de Lucas Demare
 
  El cine de Lucas Demare (1910-1981) creó -según Adrián Muoyo una épica local de argentinidad criolla y urbana, con películas de tema histórico gaucho -"El cura gaucho" (1941); "La guerra gaucha" (1942) a partir de L. Lugones; "Pampa bárbara" (1945)- o porteño -"El hijo del barrio" (1940); "La calle grita" (1948); "Mercado de Abasto" (1955); "Detrás de un largo muro" (1958)-. La coproducción hispanoargentina "Hijo de hombre" (1961) basada en la novela de A. Roa Bastos obtuvo un premio en el Festival de San Sebastián. 

 Demare, que provenía del tango como el otro realizador insigne de la época Hugo del Carril, recibió la herencia de los clásicos: de John Ford, como he señalado, y del neorrealismo italiano, y, ante todo era un gran narrador de historias -eso que el cine actual ha perdido-, apoyado en excelentes guionistas -Homero Manzi-, operadores de fotografía, compositores y actores. Su forma de encuadrar revelaba el gusto por la simetría, la plasticidad, la profundidad de campo. En largometrajes cimeros como "Guacho" (1954), la película que Tita Merello dijo ser su mejor interpretación, o "Su mejor alumno" (1944), ganadora de cinco premios Cóndor de Plata en 1955, sus cualidades brillaban. Es triste constatar que hoy todo este cine está bastante olvidado para el gran público argentino, aunque, bien mirado, esto afecta a todas las artes. El espectador ha perdido el conocimiento, el gusto y la costumbre de ver, leer y escuchar a los grandes clásicos, y Lucas Demare lo era. 

 El cine latinoamericano, por las vicisitudes históricas de sus respectivas naciones, siempre ha tenido una dimensión política. En su ensayo "Cine argentino, peronismo y argentinidad. El caso de Lucas Demare" Luis García Fanlo, cree que "las películas de Demare se caracterizaban por una 
composición realista de la argentinidad que además se asociaba a una estética-política y un discurso ideológico-cultural claramente definido y diferenciado tanto de los discursos patrióticos positivistas como de los nacionalistas conservadores. Y al mismo tiempo tenía la capacidad de inscribir historias típicamente argentinas en estilos 
norteamericanos o europeos, como es el caso de "Pampa bárbara" que está concebida y filmada según las reglas y procedimientos del western".
 Demare fue uno de los fundadores en 1941 de Artistas Argentinos Asociados, con Enrique Muiño, Homero Manzi o Francisco Petrone. García Fanlo afirma algo discutible por perogrullesco: que el cine de Demare es para la clase media, la gran olvidada en la Argentina. No creo que "Los isleros" responda a ese perfil de público. En la biografía escrita por Ricardo García Oliveri sobre Demare se considera "Los isleros" la última gran obra del "director, nacido en Abasto, criado en España y ferviente defensor de la argentinidad, tanto porteña como del interior del país". Poco aporta García Fanlo al conocimiento de la esencia del cine de Demare, pues su planteamiento se centra en peronismo y antiperonismo, una deformación argentina que tanto daño ha hecho al país y a sus artistas: la misma Tita Merello hubo de abandonar la patria perseguida por los militares tras el golpe de 1955.


Conclusión

 Tres próceres del tango -Tita Merello, Lucas Demare (no confundir con su hermano Lucio Demare) y Roberto Fugazot- confluyeron en esta obra maestra del cine.

 Puede parecer ajeno el tango porteño a una historia rural del delta del Paraná, pero, de alguna forma, el ritmo de 4/4, propio de la Guardia Nueva del Sexteto de Julio de Caro, es la respiración de esta película. Alternan en el filme golpes de tensión dramática violentos junto a pasajes líricos. La Naturaleza y sus habitantes luchan y reposan rítmicamente.

 El bandoneón, que tocaba en España de joven Lucas Demare, respira en el abrir y cerrar de su fuelle, como respira el río que discurre junto al rancho de Leandro. Incluso los personajes tienen su equivalencia: Tita Merello aporta ese ritmo sincopado, más primitivo de la Guardia Vieja, en 2/4, repleto de stacattos. Arturo García Buhr es el bajo continuo de la orquesta típica, de ritmo pausado y discreto, sosteniendo a todo el grupo, pero apenas interpreta solos. Para ello, están los jóvenes intérpretes: Graciela Lecube, que podría ser un violín de Enrique María Francini; Mario Passano, un primer bandoneón, aunque no demasiado creativo. Roberto Fugazot, secundario, como El Golondrina, fue un cantor de cierta fama.
 Críticos cinematográficos observaron en el cine de Demare un sentido rítmico innato, en las transiciones de planos, las elipsis temporales (recuerden el Toño niño, en plano general dorsal, al que no vemos el rostro, fundiéndose en apenas un minuto con el joven que navega por el río) y, en general, en la fuerza que la cámara transmite. 

 Proseguir la analogía (metáfora) tanguera de "Los isleros" no es algo forzado, sino natural. Pero ustedes podrán comprobar contemplando esta película lo que era el cine que sabía contar historias; sostener un ritmo, ora tenso, ora lírico; encuadrar plásticamente el conflicto de almas y el de los hombres y el río; y, en definitiva, crear belleza.

Francisco Huertas Hernández
1-16 de julio de 2026
 














"Los isleros" (1951). Lucas Demare.
Planos

domingo, 5 de julio de 2026

"La paloma de plata". Andrei Biely. Análisis de la primera novela de la trilogía "Oriente u Occidente" (1910). Misticismo y sectas religiosas. Una visión de Rusia. "Серебряный голубь". Por Francisco Huertas Hernández

"La paloma de plata". Andrei Biely. Análisis de la primera novela de la trilogía "Oriente u Occidente" (1910). Misticismo y sectas religiosas. Una visión de Rusia. "Серебряный голубь".
 Por Francisco Huertas Hernández

Tres ediciones (raras y valiosas) de la novela "La paloma de plata" de Andrei Biely. De izquierda a derecha: 

1. Andréi Biéli: "La paloma de plata". Editorial Laetoli. Pamplona. 2007. Traducción de María García Barris. Impecable traducción de la edición original de Skorpion (Moscú, 1910), difícil de encontrar.

2. Андрей Белый: "Серебряный голубь". Slavische Propyläen. Wilhelm Fink Verlag. München. 1967. Edición en ruso del texto de 1922. Estas ediciones alemanas para investigadores siempre plantean el mismo problema: son las segundas versiones, aunque tengan el texto ruso facsímil con la ortografía anterior a la Reforma de 1918.

3. Andréi Biély: "La colombe d'argent". Roman traduit du russe par A.-M. Tatsis-Botton. Suivi de Georges Nivat: "Le piège mystique ou La colombe d'argent". Éditions L'Âge d'Homme. Lausanne. 1990. Una variante basada en la edición soviética de 1988 que se apoya en la original de la revista Vesy de 1909, y en las posteriores de 1910 (Skorpion, Moscú), 1917 (Pasukanis, Moscú) y 1922 (Epoja, Berlín). Es la versión más completa.

Fotografía de Francisco Huertas Hernández

Андрей Белый: "Серебряный голубь".
Скорпион. Москва. 1910
Primera edición en libro. Andrei Biely: "La paloma de plata". Skorpion. Moscú. 1910.
Ortografía cirílica anterior a la Reforma de 1918


A) Resumen de "La paloma de plata". Tres lugares:

 "La paloma de plata" (Серебряный голубь) es la primera novela de la trilogía "Oriente u Occidente" (Восток или Запад) del escritor ruso Andréi Biély (seudónimo de Borís Nikoláyevich Bugáyev, 1880-1934), aparecida inicialmente en la revista Vesy (Весы) en 1909.

 La trama gira en torno a un hombre en búsqueda espiritual, atrapado por una mujer extraña -fea y sensual- miembro de la secta religiosa "La paloma de plata". La novela es un viaje en pos de la esencia de Rusia a través de una densa prosa poética que descubre el espíritu en la naturaleza. Así, el autor aborda el conflicto entre eslavófilos y occidentalistas que aún hoy sigue desgarrando a la Madre Rusia. "La paloma de plata" es la visión de un Oriente supersticioso y mesiánico.

 Este Oriente no corresponde a un lugar geográfico sino a un paganismo sensual mezclado con cristianismo ortodoxo. Pyotr Petróvich Darialsky, el personaje principal, tiene algo de hombre superfluo y de Fausto, es el intelectual ruso europeizado de formación libresca, insatisfecho con sus lecturas de marxismo, ocultismo, filosofía, poesía y mitología. Enamorado de Katia, su prometida, personificación de la Europa racional y apolínea, queda hechizado por una mujer del pueblo vulgar, Matriona, encarnación del Oriente místico y dionisíaco. Esta atracción de la интеллигенция (intelligentsiapor el alma popular rusa dará nacimiento a la Nueva Rusia. Biely, como otros simbolistas, creyó en la transmutación cósmica a través de la revolución social. Darialsky, el intelectual fuera de lugar, es introducido en la secta de "La paloma de plata" a través de Matriona, para procrear la Nueva Rusia, pero carece de energía vital y siente nostalgia por Katia, por Occidente, el alma europea. La hermandad sospecha de su traición y consuma el sacrificio...


 Biely describe tres lugares (aldea, ciudad, finca señorial) imaginarios del mundo rural ruso en los inicios del siglo XX, época de ideas socialistas, motines de campesinos y proliferación de sectas religiosas. J. D. Elsworth aclara que la acción transcurre en un periodo de tres meses entre junio y septiembre.

 Tselebéyevo (Целебеево), el día de la Trinidad, es el primer espacio de la narración, el inicial y central. El descenso del Espíritu Santo (paloma) significa la manifestación divina total. Esta fiesta litúrgica ortodoxa convive con viejas tradiciones paganas de fertilidad en la celebración de la primavera (entre mayo y junio). El simbolismo espiritual recorre toda la trama y las descripciones líricas de una belleza sofocante. 

 Darialsky ha pasado dos veranos en Tselebéyevo en casa de su amigo Schmidt, pero se trasladó a la finca de Gugolevo, propiedad de la baronesa Todrabe-Graaben, con cuya joven y bella nieta se ha comprometido el protagonista. Darialsky, aunque hace tres días que se ha prometido con su amada, tiene una visión en la iglesia de Tselebéyevo que inunda de dulce horror su pecho: un rostro sin cejas de mujer, cubierto de marcas de viruela, le miraba fijamente. Esta lúbrica imagen se introdujo en su alma. La mujer salió del templo seguida del carpintero Kudeyárov. 

 El autor introduce la secta de la Paloma a través de un mendigo, Abraham, que visita al carpintero, Mitri Mirónovich Kudeyárov, con el que vive la mujer, Matriona Semiónovna, cuya fealdad física desprende un magnetismo animal. Abraham y el carpintero, jefe de la secta, repasan el catálogo de los miembros de la hermandad. 

 Estos son los personajes "orientales", de la aldea de Tselebéyevo, que se sitúa como punto de encuentro (meeting-pointmelting pot, escribe Elsworth) del conflicto entre lo aristocrático y lo popular, lo occidental y lo oriental.
 
 Lijov (Лихов) es una pequeña ciudad, al este de Tselebéyevo, el segundo escenario. Los personajes deambulan por sus caminos, descritos con hiperrealista precisión. El carpintero y el mendigo dialogan sobre la secta. Buscan a un hombre para la venida del Espíritu, y Matriona lo fecundará en su vientre: el hijo de la Paloma. Darialsky es el elegido por ser todo él "carne espiritual"... y por heredar la fortuna de la baronesa, con la que construirán naves y comunidades para expandirse. 

 Fiokla Matvéyevna, despectivamente apodada "la torta" por su marido el comerciante Luka Silich Yeropeguin, es el centro de la comunidad sectaria de Lijov. En casa de la Yeropeguina, aprovechando los viajes del marido -siempre ausente por negocios o infidelidades-, se realizan los ritos de la hermandad.

 Para Maria Carlson, Lijov evoca las ciudades provincianas de la literatura rusa, como el Mirgorod de Gogol, o Skotoprigonevsk de Dostoyevsky, y las polvorientas y embarradas poblaciones de Saltykov-Shchedrin, Leskov, Remizov, Sologub y Chejov.

 Y el tercer espacio, al oeste de Tselebéyevo, es la finca señorial Gugolevo (Гуголево) donde vive la baronesa anciana y su nieta Katia, prometida de Darialsky, junto al lacayo Yevseich, modelo de obediencia petrificada. La baronesa Todrabe-Graaben (¡absurdo y simbólico apellido alemán: muerte del cuervo en la tumba!) simboliza la vieja Rusia aristocrática, ociosa y occidentalizada: un "cuervo" negro, carroñero y decrépito, y, enfrente, la "paloma" popular se alza blanca, espiritual y caótica. 

 Darialsky buscó su estabilidad en el idilio de Katia, pero Gugolevo se descompone. A Gugolevo han llegado las protestas de los campesinos, el chantaje de Luka Silich Yeropeguin y un desaire humillante de la baronesa a un amigo (Chujolka) de Darialsky. El protagonista sale en defensa de aquel, siendo abofeteado, y huye de la mansión rompiendo definitivamente su compromiso con Katia, con Occidente. Esta trama dostoievskiana es sólo la justificación para que Darialsky se anegue en la pulsión oriental de los ojos de Matriona: lo sensorial se transmutará en parasensorial.

 Al ser expulsado, el nido del cuervo ya estaba vacío y las palomas ebrias surcaban los vientos. Occidente se derrumbaba y la Nueva Rusia, oriental, mezcla de ideas socialistas y sectas religiosas, se abría camino. Despojado de su ancla racional, Darialsky inicia su viaje hacia Oriente: primero de vuelta a Tselebéyevo y, finalmente, al fatal Líjov.

 A partir de ahí, alucinaciones y sueños, peregrinos errantes, ritos iniciáticos y un plan esotérico para alumbrar al hijo de la Paloma, del que Darialsky será un instrumento fallido. Habiendo comprendido que el carpintero usa a Matriona para destruirle, la vía oriental deja de seducir al joven Pyotr, que desea regresar a Moscú, pero pierde el tren.

 El largo via crucis final está narrado magistralmente con gran dominio del tempo y la intriga. El destino se cumple. Lo saturnal, como escribe Georges Nivat, lleva a los personajes de "La paloma de plata" y "Petersburgo" a la ruina. Las fuerzas oscuras (maléficas, según Nivat) les devorarán.


B) El proyecto inicial de la trilogía. La secta de los jlystýs. Génesis y claves biográficas de "La paloma de plata". La influencia de Serguei Solovyov:

 Biely escribió un prefacio para la edición de Epoja, en 1922. La edición española no lo incluye. Sí la francesa y la facsímil berlinesa de Wilhelm Fink Verlag. Señala que la novela es autónoma, pero el lector encontrará en la segunda parte a la mayoría de los personajes de esta (Katia, Matriona, Kudeyarov). Finalmente, "Los Viajeros" se convirtió en "Petersburgo", y el autor no usó a los personajes de "La paloma de plata". Esta gran novela urbana de Biely se aleja del tema de las sectas, o, al menos, las transforma en movimientos revolucionarios clandestinos que practican el terrorismo. Explica Georges Nivat que el plan de Biely para la segunda novela era que el senador Abléujov y el barón Todrabe-Graaben debían viajar a Tselebéyevo e investigar lo que le sucedió a Darialsky. En "Petersburgo", no obstante, persisten ciertos leit-motivs como las grullas que evocan la infancia- Éste será el tema de la tercera novela del ciclo, "Kótik Letáyev". La infancia en este relato autobiográfico es el tiempo en el que surge la conciencia, el yo, en el choque de las impresiones sensibles, la presencia de mundos anteriores al nacimiento y el sentido oculto de las palabras de los adultos. Esa trinidad sensible, trascendente y verbal lucha dentro de la conciencia de Pyotr Petrovich Darialsky.

 En 1927 en una carta a su amigo Ivanov-Razumnik, el novelista ofrece una explicación simplificada de los temas de "La paloma de plata": "quiero desenmascarar no sólo el oscurantismo de trasfondo popular, sino sobre todo el tema de mis Sinfonías precedentes. Kudeyarov es tanto Merezhkovsky como Blok, disecados en el carpintero". Georges Nivat concluye que Biely repiensa toda su obra de modo sinfónico, adaptándola al ritmo secreto, el ritmo de los ciclos esotéricos de la antroposofía.

 El escritor aclara que su ficticia secta de las palomas tiene mucho de real a pesar de sus desviaciones enloquecidas, pero no son los jlystý (Хлысты), secta surgida en el siglo XVII entre los campesinos. Sólo creían en el Espíritu Santo, que, con su soplo, transformaba a los hombres en Cristos. Rechazaron el Estado, las Escrituras y los santos, practicando el ascetismo. Sus ritos nocturnos incluían oración, canto, autoflagelación y danzas giratorias, que conducían al éxtasis.

 Biely describe con detalle la secta de la paloma, inspirada en los jlystýs y en los dujobores. D. Merezhkovsky en "El Anticristo. Pyotr y Aleksei" (Антихрист. Пётр и Алексей) (1905) había abordado el conflicto entre cristianismo tradicional y paganismo en tiempos de Pedro I y su hijo Alejo. Observa Georges Nivat que el carpintero Kudeyarov es una réplica de San José, en la "parodia de la Natividad" que el autor ha diseñado. Habría que añadir a Matriona como una María heresiarca, símbolo de maternidad carnal y mágica. 


 En su ensayo "Le piège mystique ou La colombe d'argent", Georges Nivat ofrece las claves biográficas de la novela a partir de los recuerdos de Biely en sus Memorias "Entre dos revoluciones". Siempre me he opuesto al reduccionismo psicologista y sociologista que subordina la obra a un contexto que no explica el valor estético de la creación ni su misteriosa recepción por parte del lector. Aún así, podemos entender la historia externa del proceso creador en la mente del autor. 

 El verano de 1907, Andrei Biely estaba en casa de su amigo Serguei Mijailovich Solovyov (1885-1943), en Diedovo. Los levantamientos campesinos se extendían, y Solovyov acudía a sus reuniones clandestinas. Al mismo tiempo, el ideólogo del simbolismo ruso declamaba a Teócrito a su abuela y mantenía relaciones con una joven cocinera (Yelena) de un viejo pintor ciego en una aldea cercana. Nivat establece los paralelismos entre: Darialsky, inspirado en Serguei Solovyov; Matriona, creada a partir de Yelena; y la baronesa Todrabe-Graaben tomada de la abuela de Solovyov, a la que Darialsky lee también a Teócrito, "buscando en las mitologías ctónicas griegas la elucidación del misterio del campo ruso". Los poemas que S. Solovyov escribía mientras su amigo Borís Nikoláyevich Bugáyev (1880-1934), conocido por el seudónimo de Andrei Biely componía "La paloma de plata" pueden esclarecer su colaboración intelectual.

 Biely recibió una gran influencia del tío de Serguei, Vladimir Sergueyevich Solovyov (1853-1900). Éste proponía una "divina sabiduría" (Sofiología), principio femenino del Cosmos, "Madre del Mundo", entidad mediadora entre Dios y el mundo, encarna la armonía, belleza ideal. Por otro, la "unitotalidad" que une todo lo existente, en un proceso que lleva a la "Teohumanidad", en la que la humanidad se divinizará en una hermandad universal.
 Es fácil rastrear aquí a Platón, el neoplatonismo y todas las sectas religiosas que se instalaban en el oriente ruso. 
 Los simbolistas (Serguei Solovyov, Aleksandr Blok, Andrei Biely) apoyaron a los movimientos revolucionarios campesinos y obreros como medios para la renovación espiritual de Rusia. Todo este maremágnum de fuerza, intuición, premonición y superstición estético-política está presente en "La paloma de plata", sublimado en la prosa iniciática de Biely. 
 

C) Naturaleza y Magia

 La naturaleza es el fondo de la novela con la que se inicia "Oriente u Occidente", fuerza, dinamismo, seno materno. Frente a "La paloma de plata", la ciudad será el  marco de "Petersburgo", dotada de poder geométrico y densidad: las masas que transitan por la Avenida Nevsky y la espesa niebla que se eleva desde el río. La tríada concluye con la casa que es conciencia y primera infancia en "Kotik Letayev", tercera novela del ciclo, aparentemente desgajada de las dos anteriores.

 Podríamos pensar en la naturaleza (tesis) negada por la ciudad (antítesis), la capital occidental, y, finalmente, ambas subsumidas o superadas en la casa: el surgimiento de la conciencia en la infancia (síntesis). ¿Una odisea hegeliana del espíritu o la indomable expansión de la contradictoria alma rusa?

 La naturaleza en "La paloma de plata" es un espacio de formas inasibles, que Biely esculpe verbalmente, de árboles, arbustos, bosques, senderos, colinas, prados, lagos, golondrinas, claridad, oscuridad. Un espacio de oscuras fuerzas invisibles que exige el sacrificio del individuo. Lo grupal (hermandad), lo universal (naturaleza, espíritu) niega lo particular. Darialsky, el carpintero, Matriona, Katia, Fiokla, todos son meros instrumentos de lo dionisiaco. El mismo Biely admitía que la influencia de Nietzsche en su obra era muy grande. En Nietzsche lo dionisíaco es el impulso primitivo de la naturaleza, éxtasis irracional, afirmación de la vida como sufrimiento y placer, propio de los ritos secretos de embriaguez y disolución de la individualidad. 

 Y la naturaleza es mágica porque actúa sobre el ser humano, es ella quien contempla a los hombres, y no al revés. 

 Biely abre la novela con "en el abismo azul del día, inundado de ardientes y brutales estallidos de luz" (в синюю бездну дня, полную жарких), la luz se impone al entendimiento, una luz delegada (lumière naturelle, según René Descartes) en el alma humana. La luz es revelación. Y, sin embargo, irá del "abismo azul del día" a un final en el que "la misma ausencia de luz y oscuridad en el seno de la cual se había debatido... por las callejuelas de Lijov, ahora estaba llena de tinieblas" (И странно: все то отсутствие света и тьмы, в котором барахтался он так недавно в лиховских переулках, теперь было наполнено тьмою), y en esas tinieblas que presagian el sacrificio palpitaban millares de hojas, como si la naturaleza tuviera un pulso -el mismo del que tanto habla el niño Kótik Letáyev- secreto y ominoso ante el cual la humana condición nada puede oponer: necesidad frente a libertad. El fatalismo de la naturaleza hecha espíritu en las delirantes creencias de la secta frente a las fantasías del poder del entendimiento humano, libre y racional, de su amigo Schmidt o sus lecturas europeas. Dionisos frente a Apolo. La eterna lucha.
 
 En el camino de Tsebeleyevo se alza un árbol-templo, un roble partido, columna de esa hermandad secreta, en mitad de la llanura: "el roble de tres copas, cinco veces centenario, que consistía únicamente en un tronco hueco... Quién sabe todo lo que conocía este roble, y qué sucesos pasados evocaba ahora el cuchicheo del follaje; quizás la gloriosa hueste de Iván el Terrible..." 
(Пятисотлетний трехглавый дуб, весь состоящий из одного только дупла, свои три простирал венца в отгорающий вечер... Еще неизвестно, что знал этот дуб и о каком прошедшем теперь лепетал он всею листвой; может - о славной дружине Иоанна Васильевича Грозного...), dentro del cual reflexionaba nuestro héroe en tanto que Matriona Semiónovna invadía su alma.

 El roble hueco de Laschavino como rito terrestre, en el que se funden amorosamente Darialsky y Matriona, y del que Georges Nivat concluye: 

"El viejo roble cristaliza todas las fuerzas ctónicas e históricas de Rusia... y deslizado en su tronco agujereado el poeta tiembla en éxtasis".

 La historia de Rusia condensada en un árbol centenario verá extenderse a la Iglesia del Espíritu Santo identificada con la Revolución, un éxtasis nuevo de fuerzas antitéticas. Naturaleza e Historia confluyen en ese punto del universo: la corteza ahuecada del roble, dentro del cual Pyotr Darialsky, instruido por el mendigo Abraham, ¿sufre una alucinación o una revelación?


 El proceso de (des)posesión del alma de Darialsky por ese Oriente esotérico remite a experiencias anteriores al nacimiento, presentes en toda la obra de Biely desde las "Sinfonías" a "Kotik Letayev". El nacimiento es un tránsito a formas nuevas de la materia, pero el espíritu viaja a través de los mundos. La insatisfacción de Darialsky explica ese viaje inconcluso: su meta no es Oriente, y no puede volver a su casa en Occidente. Oriente y Occidente son estados del espíritu: iniciación o cosificación. 

 Y el desafío de lo irracional tiene dos vertientes en "La paloma de plata".
 Por un lado, Nivat analiza la gran escena en que Schmidt "intenta en vano retener en el seno de la cultura europea" a Darialsky, revelándole "la vía deslumbrante del conocimiento esotérico (Cábala, Zohar, Clemente de Alejandría)", pero Darialsky mira por la ventana las camisas rojas que se recortan sobre el prado verde. Son los "hermanos", que le llaman. Nivat lo sintetiza: "de un lado, el saber del Libro, del otro el saber de la Vía, la tradición escrita y la tradición oral".
 Schmidt ha descubierto que el horóscopo de su amigo estaba dominado por Saturno. 

 La otra vertiente es la magia vinculada al paganismo oriental, a la oralidad, la vía. Nivat se asombra ante "la descripción del fenómeno de posesión mágica" sin equivalente en toda la historia de la literatura, la conversión del carpintero en chamán.

 "La obra" (Деланье) es un capítulo cumbre: una suerte de  "transverberación" mística (perforación espiritual del corazón por un fuego divino) herética en la izba del carpintero. Los rayos de energía que se desprenden de las manos y ojos de éste crean calor y círculos de fuego en el pecho de Matriona, invocando la concepción del "espíritu de la luz" en el encuentro sexual de Darialsky y Matriona. 

"Así están sentados junto a la ventana; el último rayo de luz de la tarde se acerca tímidamente a la ventana y, furioso y púrpura, corre sobre la mesa; no se puede distinguir entre la luz del sol y la del carpintero, la telaraña de oraciones del carpintero, tejida con sol y tiniebla, forma una única alfombra aérea; un extraño aspecto nunca antes visto; el alma del carpintero fluye al exterior con los hilos de esa telaraña, esas luces, esas llamas; alrededor de sus manos, alrededor de su cabeza ahora hay un círculo dorado y rojizo: Matriona lo observa todo adormilada: esa estúpida adormilada ya está de rodillas delante de él; le besa las manos y ¡ah! reza. Mitri Mirónovich no es ya su compañero; ahora es un justo o un gran profeta, las llamas brotan de su cuerpo. Matriona sabe que, si se da el caso,  con esta llama Mitri Mirónovich puede quemar la paja: junta las manos, con los dedos representa una punta y una fuerza terrible fluye a esos dedos unidos, se acumula, brilla como el acero incandescente: ella ha visto una vez, entrada la noche, que de esa fuerza acumulada en los dedos del carpintero surgía un relámpago y retumbaba el trueno"

 (Так сидят они у окна; луч вечерний, последний скромно протягивается в окошко и, свирепея, багровым бежит косяком на столе, не разберешь, что тут солнечный свет и что тут свет столяровский - столяровская паутина молитв, затканных солнцем и тьмой в один воздушный ковер; странный невидимый вид - душа столяра вытекает наружу паутинными нитями, светами, пламенами; вокруг рук его, вокруг его головы - теперь багрово-золотой круг: сонно все то увидала Матрена; глупая, сонно она уже на коленях пред ним; руки целует и - ах! - молится. То уже не сожитель, Митрий Мироныч; то праведник, то великий пророк, из себя выкинувший пламя: знает Матрена, что коль есть случай, пламенем этим Митрий Мироныч поджигает солому: руки сложит, пальцами изобразит острие, и к тем копием заостренным пальцам страшная притечет сила, скопится, засверкает белым калильным огнем: видела однажды она, как в глухую ночь из окна из заряженного силой столяровского пальца молния исходила и тукнул гром) 

 Este rito de hilos de luz psíquica y fuerza despersonalizadora, en donde se mezcla lo divino y lo demoníaco, sumerge al lector en la misma tiniebla: el carpintero persigue a Darialsky hasta el roble de Laschavino, vomita unas palabras-llama que alzan el vuelo y se transforman en un gallo de luz dentro de un haz de chispas rojas. Escúchase la voz de luz del carpintero-profeta-demonio que se arrodilla ante el joven hermoso en el roble. El gallo rojo atraviesa su camino bajo la luna. 

 La sexualidad es la inminencia de fusión entre Matriona y Pyotr. El carpintero sufre de celos, y aunque ha preparado ese encuentro, es humano y posesivo, pero sabe que el joven intelectual "va a crear el Espíritu en ella..." (В ей он Дух созидат)... Matriona baila furiosamente como una bacante, en trance. El espíritu (de la tierra) que baila es una idea del Zarathustra de Nietzsche que tanto amaba Biely.

 El ciclo de iniciación es interrumpido por otro de ciclo de retorno. Si Pyotr es absorbido por la magia de la desposesión y la desindividuación -el sexo y la fe tienden a disolver el yo- Katia y Yevseich salen en búsqueda del joven huido por los bosques oscuros. El ciclo retrokinético busca modificar el sentido del giro del alma de Pyotr: su regreso a Gugolevo, al amor tranquilo de la casi adolescente, virgen, culta, delicada, bella Katia. Eso es Occidente. En el bosque, como en los mitos y leyendas populares, dos fuerzas contrarias luchan por el alma del héroe: la red (trampa, ardid, telaraña) mística (piège mystique), oriental y desindividualizante, y el retorno a la civilización reforzando el yo consciente y racionalizador de lo europeo occidental.


D) Ritmo y Música

 Las canciones populares omnipresentes en toda la trilogía


E) Alma y Destino de Rusia. Oriente y Occidente

 Pyotr Petróvich Darialsky es el sujeto que encarna las dudas y esperanzas de Rusia, habiéndose formado en Moscú extraña la vida del campo, volviéndose de Occidente a Oriente. En el capítulo "La pesca" (Ловитва), Biely expone las ideas principales de su obra, a partir del pueblo campesino ruso. Todo comienza con una conversación entre el sacristán y Darialsky contemplando la migración a África de las últimas golondrinas (Милая, милая, заветная ласточка, белогрудая), que da lugar a una reflexión del narrador sobre Rusia, ese espacio sagrado de extensión infinita que no se comprende con la razón, como escribió el poeta Tyutchev:

"¿Adónde ha ido Pyotr? ¿Qué le ocurre? Nunca, en ningún lugar, le ha pasado nada igual. Nunca nadie ha soñado nada igual, salvo en Rusia; pero aquí entre estas gentes sencillas, faltas de sutilidades, sueña con todo esto; el campo ruso conoce secretos, también los bosques rusos conocen secretos; en estos campos, en estos bosques viven unos campesinos barbudos... son de pocas palabras; sin embargo, abundan en silencios; acércate a ellos, y ellos compartirán contigo esta abundancia; acércate a ellos y te enseñarán a guardar silencio; beberás las auroras y los crepúsculos como si fueran un vino caro; te alimentarás con el aroma de la resina de los pinos; las almas rusas son la aurora; las palabras rusas son fuertes, resinosas: si eres ruso, guardas en tu alma un secreto maravilloso...

 ... Todo el sueño de Occidente ha pasado delante de él y se ha alejado de él... La palabra rusa, taciturna, cuando sale de ti se queda cerca de ti: y esa palabra es una plegaria; las palabras que nos enseña Occidente, al contrario, son como una copita de vino dorado que se hubiera derramado en el aire y cuyas salpicaduras brillaran al sol como gemas, como piedras preciosas que vuelven a caer a tus pies, en el barro, no sin que antes los extraños se hayan admirado con el espectáculo de esta lluvia de gotas doradas que te deja sediento, así son las palabras que nos enseña Occidente; allí las palabras emergen a la superficie, se derraman en los libros, en cualquier ciencia; por eso allí las palabras se pueden decir, el modo de vida se dice, así es Occidente. Pero el alma no es una palabra: suspira por lo indecible. Pero no es así en Rusia: las gentes del campo, del bosque, no se envuelven en palabras, y su manera de vivir no seduce la mirada; su palabra es la injuria; su forma de vida son las borracheras, las peleas; suciedad, silencio, hambre, ignorancia, oscuridad...

 El campesino habla como tartamudeando y siempre dice cosas simples, pero cuando guarda silencio ¡es un silencio maravilloso!... Aquí entre todos ellos beben el vino de la vida... aquí no se presiona al crepúsculo para hacer un libro: aquí el crepúsculo es un misterio; en Occidente hay muchos libros, en Rusia hay muchas palabras no dichas. Los libros se rompen contra Rusia, el conocimiento se pulveriza... ese día, cuando Occidente se lance sobre Rusia, la recorrerá el fuego de arriba a abajo: quemará todo lo que se puede quemar, porque sólo de las cenizas de la muerte alzará el vuelo el espíritu paradisíaco: el Pájaro de fuego.


(Бедные, бедные! Задумался Петр: уже весь сон запада прошел перед ним, и уже сон отошел; он думал: многое множество слов, звуков, знаков выбросил запад на удивленье миру; но те слова, те звуки, те знаки будто оборотни, выдыхаясь, влекут за собой людей, - а куда? Русское же, молчаливое слово, от тебя исходя, при тебе и остается: и молитва то слово; как выплеснутая в воздух золотого чарка вина, что камушками, самоцветными брызгами горит в солнце, опадая каплями этими под ноги в грязь и тебя оставляя неутоленным, хотя бы и призывая к тебе посторонних людей минутно полюбоваться дождю золотых капель, - так вот и слова, которым нас обучает запад; свои там выплескивают наружу слова, в книги, во всякую премудрость и науку; оттого-то вот там и сказуемые слова, и сказанный склад жизни: вот что такое запад. Но ведь не слово - душа: грустит она о несказуемом, она о несказанном томится. И не то в России: полевые люди, лесные, в слова не рядятся и складом жизни не радуют взора; слово их что ни есть сквернословие; жизни склад - пьяный, бранчливый; неряшество, голод, немота, тьма. А ты и смекай: духовное винцо на столе-то перед каждым; и каждый слов несказанных и чувств несказуемых то винцо про себя выпивает. Говорит, будто заикается, да все о таком простом; молчит же - диковинное молчанье! Уста последними тебя обругают словами в то время, как тонут очи в ясной заре; уста бранятся, а очи благословляют; начнет говорить, что твое обстругает бревно; а запел вот - и... словом, далеко по белу свету разлетелась молва о тех песнях о русских; а кто же те песни поет, кто их сложил? Тот самый сложил их мужлан, который тебя при случае по-матернему ругнет) 


 Darialsky recordó su pasado: Moscú... todo de importación, de Francia, y de todo el lustre de las ideas de moda; una de esas personas jóvenes se encogía de hombros cuando se hablaba de Rusia; sin embargo, se marchó a pie a un convento en Sarov; un socialdemócrata se reía a carcajadas de la superstición del pueblo; ¿cómo acabó todo esto? De repente abandonó el partido y apareció como miembro de la secta de los jlystý (los flageladores)... Cuántos y cuántos son los que abrigan en secreto el sueño del campo ruso, ¡el campo ruso!"

 Darialsky continúa su reflexión con "los hijos turbulentos de Rusia que huyen lejos de ti, oh Rusia, y van a tierras extranjeras para olvidar su inmensidad; y cuando regresan después, ¿quién los reconoce? Sus palabras son extrañas, sus ojos son extraños... pero en el fondo de su alma son tuyos, oh campo ruso". Y la profecía sobre los que huirán al campo y vagarán por los bosques, buscando la espiritualidad, continúa. Darialsky sabe que está "en unos espacios nuevos, en una época nueva" y

"Ahora ya no soy filólogo ni señor ni poeta: soy una paloma; ya no soy el prometido de Katia, soy el amante de Matriona" y su alma está angustiada ante esa "dulce realidad".

(Теперь я уже не филолог, не барин, не поэт: я - голубь; не Катин женишок, - Матренин любовничек, - усмехается Дарьяльский, и ему страшно от сладкой этой действительности)

 La aparición de un anciano triste y afeitado, que conoce pero no identifica, un occidentalista, pone el contrapunto: es el senador Pável Pávlovich Todrabe-Graaben, hijo de la baronesa y tío de Katia, por la que siente una dulce inclinación, y descalifica a los jóvenes de hoy como excéntricos, desgraciados sin voz, que idealizan el silencio porque no saben expresarse de forma inteligible, caen en el borreguismo. Habla un ilustrado liberal europeísta que reniega del campo ruso, mientras Darialsky sigue escuchando una voz lejana, del pantano. El anciano se va. "Y ya está lejos de Pyotr, Occidente está lejos"

 Con el tono lírico-profético que requiere la vivencia descrita, Biely muestra el conflicto de dos mundos, que sigue desgarrando a Rusia, amenazada siempre por ese Occidente que es incompatible con Rusia. Las ideas occidentales deslumbran a los liberales rusos que abjuran de su país y se marchan de Rusia. Pero el alma rusa permanece. Un clima, una relación con la naturaleza y lo numinoso -síntesis de paganismo y teísmo-, un silencio maravilloso como el que sintió Don Quijote en casa del Caballero del Verde Gabán en otro contexto (allí, era el silencio burgués). Un vínculo con lo inefable, voz de lo numinoso que no hace vibrar al aire, pero expande ondas infinitas en nuestros corazones...


F) Conclusión

 J. D. Elsworth afirma que el tema principal de "La paloma de plata" es «el problema de la formulación de la experiencia religiosa y la creación de una nueva comunidad religiosa», y recuerda que la literatura rusa siempre ha tenido sus raíces en el pueblo. En este sentido, la novela sintoniza con los "nietzscheanos rusos" como Merezhkovsky. El propio Biely reconoció que el conflicto entre la intelligentsia y el pueblo era el núcleo de su obra. Aquí, Darialsky funciona como la conexión imposible entre el Oeste y el Este, una fractura que se encarna en la ambivalencia del héroe entre Katia y Matriona... INCOMPLETO


Bibliografía:

1. Andréi Biéli: "La paloma de plata". Editorial Laetoli. Pamplona. 2007. Traducción de María García Barris

2. Андрей Белый: "Серебряный голубь". Slavische Propyläen. Wilhelm Fink Verlag. München. 1967

3. Andréi Biély: "La colombe d'argent". Roman traduit du russe par A.-M. Tatsis-Botton. Suivi de Georges Nivat: "Le piège mystique ou La colombe d'argent". Éditions L'Âge d'Homme. Lausanne. 1990

4. J. D. Elsworth: "Andrey Bely: a critical study of the novels". Cambridge Studies in Russian Literature. Cambridge University Press. Cambridge. 1983

5. Maria Carlson: "The Silver Dove". John E. Malmstad (edited by): "Andrey Bely. Spirit of Symbolism". Cornell University Press. Ithaca. 1987

Francisco Huertas Hernández
Junio-Julio de 2026