miércoles, 19 de enero de 2022

Diario de un profesor de Filosofía (VIII). La moral: ¿obediencia, compasión o racionalidad? Francisco Huertas Hernández

Diario de un profesor de Filosofía (VIII)
La moral: ¿obediencia, compasión o racionalidad?
Francisco Huertas Hernández

Alicante desde las escaleras del IES Jorge Juan
Fotografía de Francisco Huertas Hernández
Miércoles 19 de enero de 2022

 ¡Mira que me gusta hablar! Quizás como cantaba el gran Antonio Vega, "no me canso nunca de hablar porque vivo en el silencio más total" (Nacha Pop: "Desordenada habitación". 1987)

 Todo empezó en una guardia. Yo estaba hablando con Luis, otro profesor del instituto. De repente me vino la idea, clara y distinta, del origen de la bondad humana, o más bien de la moral. Las personas son morales (buenas), o bien por obediencia, o bien por compasión -simpatía moral lo llamaba Hume-, o bien por criterios racionales. Tres autores representan estas posiciones: Thomas Hobbes (obediencia), David Hume (sentimiento), Immanuel Kant (razón). La obediencia se da, o por miedo a un castigo, o por interés de un premio. El sentimiento de simpatía, compasión o empatía moral nos permite "sentir" con los otros, ponernos en su lugar. Pero solo la razón, que según Kant, nos dice cual es nuestro deber moral, es capaz de no depender de los vaivenes de los deseos subjetivos. ¿Cómo va a ser moral el comportamiento de la madre (padre) que cuida a su hijo "solo" por amor? Porque si el amor desaparece, ¿desaparece su "obligación moral"?

 Algo de esto intenté expresar en una clase de Historia de la Filosofía de Descartes en 2º de Bachillerato, mientras algunos estudiaban otras asignaturas por debajo de la mesa. Así que intentando aclarar la ausencia de mente o alma en los animales, como defendía René Descartes, encontré apoyo en mi clasificación anterior. Los animales que actúan con lealtad a sus dueños -los perros, por ejemplo- lo hacen por sentimientos, algo ajeno a la razón (entendimiento) y la voluntad (libertad). Descartes fue injusto con los animales al considerarlos como "máquinas", mecanismos de reflejos carentes de pensamiento y voluntad, pero, ¿actúan los animales por algo distinto de la espera del premio y el castigo, o el instinto, o el sentimiento? Si los animales fueran libres, o sea, si dispusieran de una voluntad libre podrían actuar en contra de su instinto, como los humanos cuando se ponen a dieta, o hacen huelga de hambre, o deciden practicar la castidad. Al final, la libertad humana se prueba en la capacidad de elegir "desobedecer". No, no me vale que se diga que por miedo al castigo no somos libres, porque, incluso, si nos castigan podemos elegir. Los niños y los animales actúan por miedo, esperanza o sentimientos, pero somos "adultos" cuando nos hacemos "responsables", o sea, "racionales", o sea, "libres". Y es la capacidad de elegir lo contrario a lo que nos exigen los instintos de autoconservación y reproducción lo que prueba la existencia de nuestra libertad. Todo resulta claro y distinto: nuestro pensamiento y nuestra libertad.

 Es duro asumirlo pero a nuestros alumnos todo esto les importa un bledo. Su preocupación es aprobar y que toque el timbre para irse a su casa, o, en su defecto, al patio. 

 Cuando me vienen ideas me propongo "fijarlas" por escrito antes de que se me olviden. Las ideas van y vienen, las creencias permanecen sólidas, como expresó José Ortega y Gasset. Por eso nuestra vida se debate entre la débil racionalidad de tener pocas ideas claras y distintas, y la irracionalidad de las creencias oscuras y confusas, que obedecemos acríticamente. Una de esas creencias actuales es la "resignación" ante los "hechos". Esa "tozudez" de los "hechos", atribuida a Lenin, que se manifiesta en la aberrante frase española "Esto es lo que hay". La renuncia al pensamiento y a la voluntad campan a sus anchas en esta servil expresión de sumisión y cobardía. La impotencia de la Filosofía ante el "seudo empirismo" que hace doblar la rodilla al débil ante el poder tiránico del fuerte. El obrero frente al empresario, o el cliente ante el banco. De nuevo regresa la "obediencia" como exigencia de comportamiento social. Y la razón nos viene enseñando, desde Sócrates -ese "tábano" de Atenas-, a "desobedecer" con criterio. El poder humano reside solo en su libertad, como escribió el gran filósofo francés René Descartes. Él no fue tan lejos para identificar "libertad" con "desobediencia". Yo sí. 

 No podemos ser morales (buenos), simplemente porque "obedecemos" a los que nos "mandan", o por sentir "empatía" con los que sufren. Ahí no es necesario ni entender ni elegir (ejercer la libertad). Basta con hacer lo que todo el mundo. ¿No os parece extraño que todos los alumnos digan que hacen falta asignaturas prácticas y que todos los adultos amen Netflix y el senderismo? ¿Que todos lleven las mismas zapatillas y semejante corte de pelo? ¿Que todos usen las mismas expresiones?

 Se obedece mucho cuando se piensa poco. Y si la Filosofía es algo revolucionario es porque, mostrando el camino del pensamiento propio, conduce inexorablemente a la desobediencia de las creencias, las costumbres, los hábitos...

martes, 18 de enero de 2022

Recuerdos de cine de infancia. Marta Gracia Ortega García. Sevilla. "E.T." en el Cine Emperador

Recuerdos de cine de infancia
"E.T., el extraterrestre" (1982). Steven Spielberg. Cine "Emperador"
Marta Gracia Ortega García
Sevilla



Marta Gracia Ortega García
Sevilla (España)
De niña

 Cuando paseo por Sevilla una de las cosas que provocan en mí cierta melancolía es la cantidad de salas de cine que desaparecieron, con estos nuevos tiempos en los que la inmediatez de las cosas y el cambio de gustos en el ocio nos han arrebatado.

Cartelera de cines de Sevilla
Cines Cervantes, Delicias, Avenida, Emperador, Regina, Apolo, Palacio Central
1978

 La mayoría de aquellas hermosísimas salas han pasado a ser supermercados. Donde antes las paredes estaban cubiertas de enormes carteles de artistas y de películas que invitaban a soñar ahora hay estanterías con alimentos. Antes, por banalizar, había kilos de ilusión, y, ahora, kilos de arroz.

 Ese amor indefinible y fiel por el cine sigue en mí.

Cine Emperador
Calle Pagés del Corro
Sevilla
1968 (?)
"El Emperador fue un lujo, el de mayor aforo de Sevilla, ubicado en calle Pagés del Corro"

Cine Emperador
Calle Pagés del Corro
Sevilla
Derribo finales años 80

 Recuerdo el antiguo cine ‘Emperador’, en una famosa calle de Triana donde muy pequeña fui por primera vez con mi hermano y mi primo, que eran mayores que yo al pase de "E.T.", esa maravillosa película que vi como si un misterio mágico y absolutamente imposible estuviera transcurriendo ante mis ojos. ¡Dios, qué emoción! ¡Y cuánta ilusión contenida!

"E. T., el extraterrestre" (1982). Steven Spielberg
Cartel español

"E.T. the Extra-Terrestrial" (1982). Steven Spielberg
Elliott (Henry Thomas) & E.T.

"E.T. the Extra-Terrestrial" (1982). Steven Spielberg
Elliott (Henry Thomas) & E.T.

 Los minutos transcurrían y yo quería saber que iba a pasar en aquella especie de advenimiento y por otro lado no quería que acabara.

¿Sería posible vivir eternamente allí en aquel cine?

 Evidentemente la película terminó, las luces se encendieron y fuimos todos abandonando la sala, pero lo que ocurrió es que una parte de mí ya para siempre habitaría en una sala de cine

domingo, 16 de enero de 2022

Sidney Poitier (1927-2022). Tenía ganas de remar contra la corriente. Marcelo Óscar López Díez. Contra el racismo

Sidney Poitier (1927-2022)
Tenía ganas de remar contra la corriente
Contra el racismo
Marcelo Óscar López Díez

"Blackboard Jungle" (1955). Richard Brooks
Gregory Miller (Sidney Poitier)

"Blackboard Jungle" (1955). Richard Brooks
Richard Dadier (Glenn Ford) vs. Gregory Miller (Sidney Poitier)

"Blackboard Jungle" (1955). Richard Brooks
Poster

"The Defiant Ones" (1958). Stanley Kramer
Noah Cullen (Sidney Poitier) & John “Joker” Jackson (Tony Curtis)

"The Defiant Ones" (1958). Stanley Kramer
Noah Cullen (Sidney Poitier) & John “Joker” Jackson (Tony Curtis)

"The Defiant Ones" (1958). Stanley Kramer
Poster

 Sidney Poitier (1927-2022)

 Había presenciado escenas de colores con adolescentes, esto me hacía preguntarme. ¿para qué sirve una bandera? sobre todo, cuando alguien habla de temas que le son vedados y solo el tiempo deja más claridad que grises esquemas políticos, es cuando la vida toma una forma metafísica que una tibia tranquilidad anuncia el final de una tormenta.

 Llegué a un núcleo de vivencias que dejaré sujetas a un público invisible, el público de los párrafos inciertos.

 Hace muchos años…

 Mi padre me había hablado sobre un actor de esos que dejan cicatrices como las mandíbulas de un perro de pelea, tener siete años y recordar cosas así es el reflejo de que se esconde algo grande detrás de un artista del cual escuchas balbuceos. Mi padre, que era racista, no podía dejar de actuar de un modo extraño cuando hablaba del actor Sidney Poitier, me recitaba lo mismo siempre: "es el actor más blanco de todos los negros y actúa en películas excelentes" (cuando veía una película de los setentas con actores negros siempre me decía: “película de negros para negros”), siempre me hablaba de “In the Heat of the Night” de 1967, y de 1958 “The Defiant Ones”, dos obras notables.

 Mi abuela que parecía una de esas mujeres blancas del sur de Norteamérica, también decía cosas que me hacían desconfiar sobre todo el discurso racista que escuchaba habitualmente. Me decía que esa gente olía de un modo diferente y que, por favor, no tuviera hijos negros (mi madre manejaba la misma lógica, me decía que no tuviera novias negras, recuerdo que una vez tuve una y la maltrató lo suficiente como para que no la llevara más a su casa), las ideas que te imprimían eran aberrantes como las de cualquier persona de cultura acotada. Pero recuerdo que mi abuela me hablaba de la película de 1958 “The Defiant Ones”, a ella le gustaba Tony Curtis y siempre me hablaba de aquella rareza donde actuaba un blanco y un negro.

 Con los años tuve imágenes que hasta hoy permanecen en mis pesadillas como días soleados, de 1967 recuerdo “To Sir, with Love” que con la banda de sonido me había ganado varios meses de pensamientos que podía tararear, el argumento era creíble y la actuación de Sidney era real, no era pretenciosa.

 Siempre me ha gustado frecuentar diferentes estilos musicales y el ritmo del jazz me sorprendió, mi familia odiaba todo aquello, para ellos no era música, era basura negra, claro, en mi país siempre se ha denostado a las personas diferentes (solo desde unos años a esta parte ha cambiado en algo esto), el estilo de aquella música me conectó con otra sensibilidad. No fue solo contradecir a todos los retrógrados que me rodeaban lo que me hacía tratar de entender otras formas de hacer arte.

"Pressure Point" (1962). Hubert Cornfield
Doctor Psychiatrist (Sidney Poitier)

"Pressure Point" (1962). Hubert Cornfield
New Prisoner, Patient (Bobby Darin) & Doctor Psychiatrist (Sidney Poitier)

"Pressure Point" (1962). Hubert Cornfield
Poster

"In the Heat of the Night" (1967). Norman Jewison
Virgil Tibbs (Sidney Poitier) & Chief Bill Gillespie (Rod Steiger)

"In the Heat of the Night" (1967). Norman Jewison
Virgil Tibbs (Sidney Poitier)

"In the Heat of the Night" (1967). Norman Jewison
Poster

"To Sir, with Love" (1967). James Clavell
Mark Thackeray (Sidney Poitier)

"To Sir, with Love" (1967). James Clavell
Mark Thackeray (Sidney Poitier)

"To Sir, with Love" (1967). James Clavell
Poster

 Recuerdo dos películas poco frecuentadas, una de 1962 “Pressure Point”, una obra notable con actuaciones que merecen ser recordadas como la de Peter Falk y Bobby Darin. Es poco revisada, pero su valor radica en que es una peculiar muestra de buen cine, no tiene puntos flacos y reluce un esquema alentador. La otra, del año 1972, es “Buck and the Preacher” donde Sidney Poitier actuaba y dirigía y tenía el soporte actoral de Harry Belafonte, otro símbolo de los derechos civiles de América, cantante y actor. He elegido esta intensa cinta que recorre sin grandes pretensiones una parte de la historia de una América que se regocija en su democracia cuando reniega de los grupos étnicos que han forjado su país. Todavía recuerdo cuando los racistas inmundos del Ku Klux Klan les prendían fuego a los discos The Beatles después de que Lennon dijera “Somos más grandes que Cristo”, claro, los racistas son cristianos y en el fondo veía esto como el vigor de un espíritu amorfo, desheredado de toda lógica. Ver cada película de Sidney Poitier me ayudó a entender más al mundo, a pensarlo y a pensarme más a mí mismo. Citaré, por ejemplo, del año 1967 “Guess Who's Coming to Dinner” que con las enormes actuaciones de Spencer Tracy y Katharine Hepburn te hacía crecer con preguntas de carácter filosófico como por ejemplo cómo aceptar a los demás y aceptarse a uno mismo.

"Guess Who's Coming to Dinner" (1967). Stanley Kramer
Christina Drayton (Katharine Hepburn), Matt Drayton (Spencer Tracy), Dr. John Wade Prentice (Sidney Poitier), Joanna "Joey" Drayton (Katharine Houghton)

"Guess Who's Coming to Dinner" (1967). Stanley Kramer
Dr. John Wade Prentice (Sidney Poitier), Joanna "Joey" Drayton (Katharine Houghton)

"Guess Who's Coming to Dinner" (1967). Stanley Kramer
Poster

"Buck and the Preacher" (1972). Sidney Poitier
Buck (Sidney Poitier)

"Buck and the Preacher" (1972). Sidney Poitier
Buck (Sidney Poitier)

"Buck and the Preacher" (1972). Sidney Poitier
Poster

 Solo con haber cambiado tanto frente a todo el discurso que tuve en contra desde mi niñez, me ha hecho creer en que si no fuera por artistas como el hoy fallecido Sidney Poitier el cable no se habría cortado.

 Quién dice que el arte no puede cambiar a alguien para mejorarlo, y si esto me pasó a mí, pienso a cuántos ha salvado de las olas de la estupidez y la arrogancia.

 Tenia ganas de remar contra la corriente, aunque ésta a veces te toma de las piernas y te lleva dentro de una burbuja, pude nadar con poco oxígeno para llegar a las costas de una vida más cercana a la razón.

 La clave de la cuestión

sábado, 15 de enero de 2022

Lengua Franca. El acto de escribir. Francisco Huertas Hernández

Lengua Franca
El acto de escribir
Francisco Huertas Hernández

"Gentleman’s Agreement" (1947). Elia Kazan
Philip Schuyler Green (Gregory Peck) & Mrs. Green (Anne Revere)

Philip Schuyler Green es un periodista viudo recién llegado a Nueva York, con su hijo y su madre. El editor de la revista, John, le encarga un reportaje sobre el antisemitismo: "Some people don't like other people just because they're Jews". Philip se hará pasar por judío, como Phil Greenberg, para escribir "I Was Jewish for Six Months". 
Las diferentes peripecias de rechazo -porque le toman equivocadamente por judío- incluirán una historia de amor con la sobrina del editor, Kathy (Dorothy McGuire)

"Gentleman’s Agreement" (1947). Elia Kazan

Más allá del aspecto de denuncia del antisemitismo, ésta es una película sobre un hombre que se gana la vida escribiendo.

¿Qué es escribir? Escribir es la cuarta tarea educativa que nos socializa, tras el caminar erguido, hablar y leer. 

Neurológicamente la escritura a mano -que está quedando relegada por la mecánica- implica la coordinación de los cuatro lóbulos cerebrales: el frontal, que se encarga del razonamiento y la disposición de los medios; el temporal, que identifica sonido y grafía; el parietal, coordinando ojo y mano; y el occipital, que es el área visual que percibe las letras.
La escritura manual estimula el desarrollo de sinapsis (conexiones neuronales), y, además, fortalece la voluntad. En definitiva, mejora nuestra inteligencia y pensamiento.
La escritura es un "termómetro" de la actividad cognitiva porque pone en marcha tres procesos: percepción, decisión y ejecución.

Psicológicamente, la escritura es una necesidad de comunicación con los "otros", de expresión de nuestras ideas, sentimientos, necesidades y deseos, es decir, de nuestro "mundo interior"

Filosóficamente, ¿cómo se expresa mejor el "mundo interno": hablando o escribiendo? Oralidad y escritura. El tema que ya planteó Platón en "Fedro". La escritura tiene un nivel más elevado de complejidad neurológica e implica asumir la herencia de la cultura expresada por escrito a lo largo de la historia. Escribiendo no somos solo un individuo aislado, sino la "voz" de toda la sociedad que nos ha enseñado a leer y a escribir, de lo que hemos leído, de la manera en que hemos aprendido a combinar las letras, las palabras y las frases. Escribir es representar a un pueblo entero, formar parte de sus "letras" o literatura.

Por eso hay un conflicto entre escribir para uno o para los demás. Entre la sinceridad y la fama. O se vuelca uno en desnudarse por dentro o en "vestirse" -"disfrazarse"- hacia fuera. La "falsedad" de los "best-sellers" y la "literatura" de consumo es que no expresa el alma del que escribe. 

"Escribir" es "crear mundos", porque lo escrito vuela en las alas de la imaginación. Si bien fue la épica la que desplegó la imaginación de los dioses y el tiempo mítico -inmemorial-, la lírica también cantó el poder del amor más allá de los cuerpos y las voces, imaginó lo esencial, "que es invisible a los ojos" (A. de Saint-Exupéry), es decir, es palabra escrita que "trasciende" lo audible y manifiesto.

"Escribir es respirar tinta", una tensión erótica y religiosa -identidad de opuestos- que nos lleva de la animalidad a la divinidad. El amor solo existió cuando fue escrito y cantado. Antes solo era el zumbido caliente del instinto sexual en el grito. La escritura inventa la filosofía y la ciencia, y "nombra a Dios", porque "no vamos a desembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo en la gramática" (F. Nietzsche), es decir, en la escritura

 Con el tiempo mi forma de escribir se fue haciendo alambicada. Caí en una retórica pesada y oscura. Quería hablar de ideas y sentimientos complejos. Tan complejos que ni yo los podía convertir en palabras. Esta dificultad me hizo recalar en la metáfora, un puente entre el concepto y la imagen. Las metáforas, a veces, toman aspectos pueriles, ridículos. Y esto también pasó. Habiendo oído siempre que los grandes poetas buscaron un lenguaje puro, desnudo, esencial, decidí buscarlo. Acortar las frases, eliminar la adjetivación, elegir el verbo con precisión. Alcanzar la significación con los medios más austeros. Esto era el aforismo. Así llegué a la convicción de que una escritura franca no es una escritura fácil sino aforística: breve, pero intensa. La lengua franca es desembarazada y limpia de estorbos. Su sentido ha de ser inmediato aunque éste pueda crecer y multiplicarse. La lengua franca está abierta a todos los lectores aunque su calado pueda ser distinto en cada uno de ellos. Ofrece niveles de interpretación, en donde cada cual interactúa con el texto dependiendo de sus referencias y capacidades. La lengua franca, sin embargo, debe reflejar, revelar y traspasar una realidad trabada y confusa. Este es el asunto. Expresar limpiamente lo que es sucio. Ordenar con claridad lo embarullado de la realidad. Aquí el pensamiento debe ser aliado constante de la expresión. Y esto es lo difícil. No basta con escribir de manera transparente: el pensamiento debe también clasificar y sintetizar los datos. La escritura franca que no va unida a la profundidad de entendimiento es vacía e inútil. La búsqueda de la lengua franca exige una poderosa cosmovisión y una metafísica, y, además, un sentimiento que una ambas y configure la verdad de la escritura.

Francisco Huertas Hernández 
Martes, 28 de agosto de 2001

"J'accuse" (2019). Roman Polański. El caso Dreyfus y la carta de Zola. Carmen Parra López

"J'accuse" (2019). Roman Polański
El caso Dreyfus y la carta de Zola 
Carmen Parra López


"J'accuse" (2019). Roman Polański
"J'accuse...!" de Émile Zola (1840-1902) es un alegato en favor del capitán Alfred Dreyfus, en forma de carta abierta al presidente de Francia Félix Faure y publicado por el diario L'Aurore el 13 de enero de 1898 en su primera plana (Wikipedia)

Le Petit Journal: "Le capitaine Dreyfus devant le Conseil de Guerre"
23 décembre 1894

Le Petit Journal: "Le traître. Dégradation d'Alfred Dreyfus"
13 janvier 1895

"El Caso Dreyfus tuvo como origen una sentencia judicial de neto corte antisemita, sobre un trasfondo de espionaje y antisemitismo, en el que la víctima fue el capitán Alfred Dreyfus (1859-1935), de origen judío-alsaciano, y que durante doce años, de 1894 a 1906, conmocionó a la sociedad francesa de la época, marcando un hito en la historia del antisemitismo" (Wikipedia)

Émile Zola: "J'accuse...!". Lettre au Président de la République
"L'Aurore" Littéraire, Artistique, Sociale
13 Janvier. 1898

Revisión del Juicio al Capitán Alfred Dreyfus
Rennes. 7 agosto 1899. Apertura del proceso
Foto de la época

 Lo primero que se viene a la cabeza cuando se está ante la visión de esta película es comparar la situación del protagonista, Alfred Dreyfus (Louis Garrel), con el director de aquella, Roman Polanski. Recomiendo más adentrarse en el apabullante ovillo que forma el argumento del filme que andar estableciendo similitudes entre ambos asuntos.

 El título de la película es el mismo con el que Émile Zola tituló su artículo para el diario L’Aurore en enero de 1898. La primera escena nos hace sentirnos incómodos ante lo que vemos: la degradación de un militar al cual despojan de sus galones, entorchados y sable. El color del adoquinado, la masa de soldados, y el tenebroso cielo gris que cubre el patio de armas reflejan magistralmente una situación que supuso un escándalo para la época, además de permitir observar el grado de antisemitismo que supuraba Europa. A finales de 1894, Alfred Dreyfus, oficial judío del Estado Mayor francés, es acusado, juzgado y declarado culpable de espionaje en favor de Alemania. Se le deportó de por vida a la Isla del Diablo, en la Guyana francesa. Todo se había basado en la aparición del bordereau, una anotación al margen en una carta dirigida al agregado alemán y cuya letra se identificó como la de Dreyfus. Hasta este punto, un polvoriento aire de decadencia se mueve en la atmósfera de la película, rodeándolo todo. Cabe pensar que ese aire espeso y rancio nos lo ofrece el director para que entendamos el ambiente de la Francia de finales del XIX.

 Los altos mandos del Estado Mayor francés están representados como hombres ajados, viciosos, que producen cierto repelús (no puedo dejar de ver en el personaje de Jean- Baptiste Billot a Jabba el Hutt, el monstruo del bar de la saga de Star Wars). Es la corrupción que cubre como un moho todo lo material y lo espiritual en este asunto.

 Cuando el coronel Picquart (Jean Dujardin) es nombrado jefe de la Sección de Información del Estado Mayor, comienza a atar cabos desde su agobiante despacho. No es que quiera defender a un judío, por los que no siente aprecio alguno, pero todo lo que indaga le lleva a convencerse de que Dreyfus es inocente. En realidad, otro militar fue el verdadero espía, pero quitándose del medio al soldado judío acusado de desleal con su país, se obtenían dos triunfos: demostrar que el judío no era un digno hijo de Francia, y, menos, un digno soldado del ejército. A partir de ahí, el largometraje va dejando caer capas que muestran poco a poco la realidad. Se establece una lucha entre el bueno y los malos. Dreyfus apenas aparece, pero está en la mente de todos. Fue un caso verídico que no se cerró como la legalidad vigente francesa de la época fijaba, sino que se echó mano del indulto para no tener que llevar a cabo otro juicio militar contra el acusado.

 Émile Zola, por aquellos años verdadera estrella de la cultura francesa, consciente del asunto, se valió de su posición para ayudar al reo. Se dirigió al presidente del país desde un artículo en primera página de un diario. Se generó una gran conmoción que dejó patente la partición de los franceses en dos: dreyfusards y antidreyfusards. En realidad, Europa y no solo Francia, estaba siendo recorrida por una corriente antisemita que germinó cincuenta años después en Alemania. El país quedó dividido en dos corrientes: Ni el paso del tiempo, ni la Primera Guerra Mundial, ni la Segunda tuvieron la suficiente fuerza para hacer olvidar el suceso. El conocido L'Affaire Dreyfus seguía vivo en los franceses. Pocos fueron los personajes de la política o las letras que apoyaron la reapertura del caso. Clemenceau, posteriormente presidente del gobierno, dio con la clave: infringir los derechos de un hombre era infringir los derechos de todos los hombres. Había que restaurar un país a punto del colapso, porque si la masa de dreyfusards se movió fue contra la justicia, contra la democracia y contra la libertad. No a favor de la república ni de Alfred Dreyfus.

 El militar nunca recuperó su grado ni su lugar en el Estado Mayor. Murió en 1935 sin haber sido declarado inocente. Tan solo recibió un indulto, un perdón cuando, en realidad, era él quien debía de haber perdonado a todos los que confabularon contra su libertad como ser humano

"J'accuse" (2019). Roman Polański
Alfred Dreyfus (Louis Garrel)

"J'accuse" (2019). Roman Polański
Alfred Dreyfus (Louis Garrel)

Alfred Dreyfus (1859-1935)
"Dreyfus nació en una acaudalada familia de origen judío dedicada a la fabricación de textiles, que abandonó Alsacia cuando esta región fue anexionada por Alemania tras la Guerra Franco-Prusiana (1871). En 1872 optó por la ciudadanía francesa y decidió dedicarse a la carrera militar, con el deseo de ver reintegrada Alsacia a Francia.
En 1882 entró en la École polytechnique, decidido a emprender la carrera militar, alcanzando el grado de oficial de artillería. Ascendió a capitán en 1889; en 1890 entró en la Escuela de Guerra y en 1893 en el Estado Mayor del Ejército en el Ministerio de la Guerra francés, momento en el que surgieron contra él falsas acusaciones de espionaje —el famoso Caso Dreyfus—, que lo mantuvieron apartado del Ejército y recluido en la Isla del Diablo, situada a 11 km de la costa de Guayana Francesa, en Sudamérica, por el delito de alta traición. La isla era una cárcel inhóspita, con un clima tropical difícilmente tolerable. En 1906 fue exonerado y reintegrado en el Ejército con todos los honores, retirándose con el grado de comandante.
En 1914, como teniente coronel, tomó el mando de una unidad de reaprovisionamiento en el curso de la Primera Guerra Mundial. Tras la paz, regresó a su retiro hasta su muerte en 1935, a los 75 años de edad"
(Wikipedia)

Marie-Georges Picquart (1854-1914)
Descubrió las evidencias de la traición de Ferdinand Walsin Esterhazy, en cuyo lugar el Capitán Dreyfus fue acusado, degradado y condenado con evidencia falsa, y participa en la restauración de la verdad, a pesar de la presión de su jerarquía. Al igual que Dreyfus, alsaciano como él, es condenado aunque inocente y encarcelado. Los dos hombres fueron rehabilitados al mismo tiempo, en 1906.
Fue Ministro de la Guerra con Clemenceau (1906-1909)

"J'accuse" (2019). Roman Polański
Marie-Georges Picquart (Jean Dujardin)

"J'accuse" (2019). Roman Polański
Affiche français

J'accuse
2019
Francia
126 minutos
Dirección: Roman Polanski
Guion: Roman Polanski, Robert Harris
Novela: Robert Harris
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Pawel Edelman

Reparto:
Jean Dujardin: Marie-Georges Picquart
Louis Garrel: Alfred Dreyfus
Emmanuelle Seigner: Pauline Monnier
Grégory Gadebois: commandant Hubert Henry
Hervé Pierre: général Charles-Arthur Gonse
Wladimir Yordanoff: général Auguste Mercier
Didier Sandre: général Raoul Le Mouton de Boisdeffre
Melvil Poupaud: Me Fernand Labori, avocat d'Émile Zola au civil, puis du capitaine Dreyfus devant le 2e conseil de guerre
Éric Ruf: colonel Jean Sandherr
Mathieu Amalric: Alphonse Bertillon, expert graphologue
Laurent Stocker: général Georges-Gabriel de Pellieux
Vincent Perez: Me Louis Leblois, ami de jeunesse du lieutenant-colonel Picquart
Michel Vuillermoz: lieutenant-colonel Armand du Paty de Clam
Vincent Grass: général Jean-Baptiste Billot
Denis Podalydès: Me Edgar Demange, avocat du capitaine Dreyfus devant les 1er et 2e conseils de guerre
Damien Bonnard: Desvernine
Laurent Natrella: commandant Ferdinand Walsin Esterhazy
Kevin Garnichat: Capitaine Jules Lauth
Bruno Raffaelli: juge Delegorgue
Vincent de Bouard: Gribelin
Stefan Godin: général Darras 
Pierre Poirot: greffier Vallecalle
Luca Barbareschi: Philippe Monnier
Mohammed Lakhdar-Hamina: Bachir
Philippe Magnan: procureur Brisset, président du 1er conseil de guerre
Pierre Forest: le colonel Morel
Jeanne Rosa: Martha Leblois
Benoît Allemane: Georges Charpentier, éditeur d'Émile Zola
Gérard Chaillou: Georges Clemenceau, éditorialiste à L'Aurore
André Marcon: Émile Zola
Nicolas Bridet: Mathieu Dreyfus
Swan Starosta: Lucie Dreyfus
Luce Mouchel: Madame Sandherr
Nicolas Wanczycki: Foucault
Pierre Aussedat: Colonel arrestation Picquart
Jean-Marie Frin: Président du jury
Jean-Marie Lecoq: Médecin duel
Thierry Gimenez: Colonel Jouaust
Frédéric Épaud: Officier artillerie
Clément Jacqmin: Journaliste Santé
Fabrice Firmin: Alexandre Perrenx
Roman Polanski: un académicien (non crédité)

Productora: Coproducción Francia-Italia; Gaumont, Légende Films, Canal+, Eliseo Cinema, France 2 Cinema, France 3 Cinéma, RAI Cinema

*****
Comentarios de nuestros lectores:

- Marian Herrera Lotero: "Georges Méliès contemporáneo de los hechos, realizó una película sobre este caso que pasó sin pena ni gloria, ya en aquellos tiempos el público prefería los efectos especiales, os dejo el link del cortometraje de Georges Méliès: "L'Affaire Dreyfus" (1899)"

"L'Affaire Dreyfus" (1899). Georges Méliès

- Gloria Gispert Pou: "Realmente tardó mucho el olvidarse en Francia l'Affaire Dreyfus. Quizá algo muy significativo fue el hecho de la unión de artistas, de científicos, que se afirmaron por primera vez como "intelectuales" interviniendo en la vida política en calidad de tales: seres autónomos, sin otro interés que la defensa de la verdad. La película me pareció muy interesante, sin concesiones de ningún tipo Dujardin dignísimo"

- Isabel González OIiveros: "Muy acertado y profundo análisis 👌"

El caso Dreyfus, un asunto que conmocionó a la sociedad francesa

En 1894, el capitán de artillería francés Alfred Dreyfus fue condenado por alta traición, acusado de transmitir información al enemigo, por entonces el Imperio Alemán. Este juicio daría lugar a uno de los casos más polémicos del siglo XIX.
#ElOficialYElEspía

- José J. Pulido Ramírez: "Con motivo del estreno en cines de la última película de Roman Polanski "El oficial y el espía" recupero este post que reproduzco tal cual: En el año 1894 Alfred Dreyfus, un capitán francés de origen judío y alsaciano, fue acusado de haber pasado secretos militares a Alemania. Pese a la inconsistencia de las pruebas un tribunal militar lo apartó del ejército y lo desterró a la Isla del Diablo. Dos años después se dieron a conocer indicios sólidos de su inocencia, que demostraban que Dreyfus fue un cabeza de turco, por sus orígenes y por su religión. Émile Zola comprendió la trascendencia del caso y el 13 de enero de 1898 publicó el artículo "J'accuse...!" en el diario L'Aurore, en forma de carta dirigida al Presidente de la República. Posiblemente sea el artículo periodístico más famoso de la Historia. Se ha publicado en muchas ediciones, sólo o junto a otros artículos que Zola escribió al respecto. Siempre defendió la inocencia del acusado y asumió su condición de escritor e intelectual para destapar el escándalo y acusar directamente a militares, jueces y políticos, que encubrieron una injusticia para preservar los intereses del ejército y del Estado. Las repercusiones fueron notorias. Muchas décadas después Roman Polanski presenta en la Muestra de Venecia (estos días) su película que, aparte de recrear esos momentos históricos, es todo un manifiesto contra la caza de brujas por su persecución judicial y mediática debido a las acusaciones de violación que penden sobre él desde los años 70. Polanski no puede pisar ni Italia ni EEUU porque sería inmediatamente detenido y puesto a disposición de la justicia. Y la polémica sigue. Y seguirá, cuando se estrene en cines, aunque aparentemente no tenga nada que ver una cosa (lo que se ve, la película) con la otra (la realidad y la polémica)"