miércoles, 25 de marzo de 2026

"Martín Fierro" de José Hernández (1). Poema épico argentino. El solitario, el canto y el penar. Francisco Huertas Hernández

"Martín Fierro" de José Hernández (1). Poema épico argentino. El solitario, el canto y el penar. Primera aproximación personal a partir de Subieta y Unamuno. Francisco Huertas Hernández
 


 "Martín Fierro" es la Iliada y la Odisea de la literatura argentina. Libro fundante de una identidad nacional, un héroe popular (gaucho) y un estilo oral (habla gauchesca) cercano al romancero.

 En su primera estrofa ya están expuestos los temas del solitario (perseguido), el canto y la pena:

Aquí me pongo a cantar
al compás de la vigüela,
que el hombre que lo desvela
una pena estraordinaria,
como la ave solitaria
con el cantar se consuela

 José Rafael Hernández (1834-1886), el autor, menos recordado que su obra, vivió mucho de lo que puso en el poema, aunque su existencia no fue larga. Ángel J. Battistessa señala que tras la muerte de su madre fue llevado a los campos sureños en 1843 y "allí se hizo gaucho". Intervino en campañas militares en la época posterior a la caída de Juan Manuel de Rosas, y trabajó como periodista, militar, taquígrafo del Senado, autor de libelos políticos, maestro de gramática. Abogó en defensa del gaucho y la abolición del servicio militar en la frontera. Tras un exilio, concluyó el poema "El gaucho Martín Fierro" en 1872. El éxito del libro, dio lugar a una segunda parte -al modo del Quijote, con el que guarda notable similitud-: "La vuelta de Martín Fierro" en 1879. Participó ampliamente en política y murió el 21 de septiembre de 1886.

 En mi primera aproximación a este libro me haré acompañar por alguno de sus comentaristas insignes.
 
 Don Miguel de Unamuno en 1894 en "La Revista Española" de Madrid dio noticia al lector español de esta reciente creación que apenas había sido ensalzada en la Argentina en 1881 por Pablo Subieta: "Martín Fierro vive en la memoria de todos, y vivirá en las futuras generaciones, porque es el poema más argentino". "Las estrofas en seis versos -dice Subieta- se prestan igualmente al canto rítmico, a la rotundez de los pensamientos y a la variedad de tonos; por eso el gaucho canta esas rapsodias argentinas con interés, entusiasmo, deleite y compunción, como la expresión legítima de sus creencias, de sus necesidades, esperanzas e ilusiones". Subieta deja preparado el terreno a los subsiguientes analistas del canto nacional argentino. 

 Unamuno inicia así su elogio matizado y marcadamente sesgado hacia la influencia española en el poema de Hernández:

"En la República Argentina ha existido y existe esta poesía del pueblo o del vulgo al lado de la poesía sabia. Desde muy antiguo, desde que hubo gauchos en la Pampa... hubo entre dichos gauchos cantores y tocadores de guitarra, músicos y poetas a la vez, que han lucido y nos han dejado en sus coplas y canciones tesoros de inspiración original y fieles pinturas de la vida nómada que en aquellos campos se hacía. Los poetas de esta clase eran llamados o se llaman payadores, y se cita como las más ilustres entre ellos a Estanislao del Campo, a José Hernández y a Ascasubi".

 Pero, ¡oh, avieso autor bilbaíno!, que estas palabras no son de Don Miguel sino de Don Juan Valera en sus "Cartas Americanas", y las usa para enmendar la plana a Valera, ya que a Hernández "no puede llamársele payador".

 Unamuno recuerda las once ediciones aparecidas en diez años de "Martín Fierro" (1872-1882), y que los encomios hiperbólicos recibidos, comparándolo con la Divina Comedia, el Quijote, y el Fausto, le predispusieron contra el poema gauchesco. Pero "es una soberana hermosura -concluye Don Miguel-, lo más fresco y más hondamente poético que conozco de la América española... 
 El amor con que el pueblo argentino le ha acogido, es su mayor consagración. Le llaman el Quijote nacional; corre de pulpería en pulpería y de rancho en rancho, congregándose los pamperos en torno al lector para oír los infortunios de Martín Fierro, acorralado por la civilización argentina, y no hay allí  quien no le tenga en sus labios y sobre su corazón"

 Pero "¿cómo libro de tan extraordinario éxito en la Argentina, que lleva más de veinte años de vida, apenas se habla de él en España?

 Responde Unamuno con una "españolización" exagerada de las virtudes y estilo del gran poema épico argentino. Primero, la necesidad de un "brevísimo" glosario y notas explicativas, "porque los más de sus modismos y términos dialectales son españoles de pura raza, usados aquí por el pueblo, aún cuando no se escriban". Y esto es verdad para todo lector español que haya leído literatura clásica española y tenga más de sesenta años: encontrara en el vocabulario martinfierresco palabras y expresiones conocidas, arcaísmos, modos regionales olvidados. 
 
 Sobre los "versos incorrectos", donde se intenta conservar la originalidad del tipo gauchesco (un hombre medio analfabeto) sin herir el oído con desafinaciones, no cabe duda que es un logro inmortal de Hernández: elevar a gran literatura el habla (idealizada) incorrecta del pueblo.

 Añade el profesor de Salamanca, que en la original creación hernandiana "se compenetran y como que se funden íntimamente el elemento épico y el lírico". 

 Luego viene lo de que ""Martín Fierro" es de todo lo hispanoamericano que conozco lo más hondamente español, Me recuerda a las veces nuestros pujantes y bravíos romances populares" porque "la poesía popular y la artística, sabia o erudita, tienen un mismo origen, arrancando, como toda diferencia, la que entre ellas existe, de un fondo común a ambas, y estando colmada con matices intermedios y transiciones", y menciona a "nuestro viejo Poema del Cid".

 Concluye Don Miguel: "En la Pampa alienta un pueblo acorralado, es cierto, por la civilización argentina, pero un pueblo total, íntegro, verdadero trasunto de nuestro pueblo español, cuando en éste brotaron los romances populares, y por esto ha podido allí brotar por ministerio de un hombre más culto que los gauchos, José Hernández, un poema popular gauchesco, Martín Fierro..."

 Obsérvese que Unamuno soslaya el destino individual del héroe, su tragedia, y la dimensión universal del exiliado en su propia tierra, desplazado por esa "civilización" mecánica, industrial y urbana, que suplantó el modo de vida del campo.

 Mi lectura continua del "Martín Fierro" es la de un solitario rebelde, pero viejo, que lee las peripecias de otro solitario rebelde, pero joven. El solitario nace o se hace. El gaucho de la historia de Hernández se hace solitario al convertirse en perseguido. Secuestrado para servir en el ejército en la guerra contra los indios en el fortín fronterizo, maltratado y empobrecido por el incipiente estado argentino, el gaucho deserta y al volver a su lugar no halla ni a su mujer ni a sus hijos. Ha sido despojado de todo. Los conflictos le salen al paso, como determinados por su condición de fugitivo: mata a un negro en una pulpería y, poco después, a un gaucho. Sólo le queda huir sin fin, esconderse, pero la "partida" le alcanza, y en brava lucha con los "milicos" se pone de su parte uno de ellos, ante tamaña injusticia de muchos contra uno: el sargento Cruz, se alía con el fugitivo, y ambos huyen a tierra de indios...

 El poeta cuenta la historia de las desgracias de Martín en el canto, porque al cantar se consuela como el ave solitaria... El propio Martín tendrá un duelo de payadores inolvidable en la segunda parte, donde ya se hizo sabio el que partió ignorante... que el mucho sufrir en soledad hace comprender al hombre las verdades más escondidas de la vida.

Continuará sdq

Francisco Huertas Hernández
25 de marzo de 2026


Bibliografía:

- José Hernández: "Martín Fierro". Clásicos Castalia. Madrid. 1994. Edición de Ángel J. Battistessa

- José Isaacson: "Martín Fierro. Cien años de crítica". Editorial Plus Ultra. Buenos Aires. 1986. Artículos de Subieta y Unamuno y otros

martes, 24 de marzo de 2026

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (3). Majnún, loco de amor, y los consejos de su padre. Un clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (3). Majnún, loco de amor, y los consejos de su padre. Misticismo vs. mindfulness. Un clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández







 Hemos dejado a Majnún (Qeis), un noble árabe, apuesto e inteligente, con el juicio absorbido por Leyli (Layla), amada-luna lejana, cuyos padres niegan al loco amante la mano. Éste abandona su hogar y huye a la naturaleza, donde entre llanto y recuerdo, compone versos (ghazales) en honor de su amor imposible. El padre de Majnún lo busca para llevarle a La Meca, porque "como el pensamiento que se adueña de todo, / tornose el pensamiento de Leyli una nube que lo cubría todo. / Cada vez más encorvado iba / y en el Amor más se perfeccionaba. / Cada batalla en la que vence el Amor / corta las cadenas del tormento". La buena suerte había huido de su corazón y el pobre padre no sabía ya qué hacer. Y los allegados convinieron en un único remedio: peregrinar a La Meca, donde se abriría esta puerta. Fueron padre e hijo en camello, derramando riquezas por el camino, distribuyendo limosnas entre la multitud. Pidió el padre que tocara el hijo con la mano los santos lugares, "que del mal te liberarás", que el progenitor así pedía a su vástago que dijera: "¡Dios, líbrame de esta idiotez, / del error llévame al camino recto! / ¡Sé misericordioso y a tu abrigo tenme, / y de este Amor devuélveme al camino recto!". Majnún al oír hablar de amor, lloró y luego sonrió, y con sus manos agarró la Ka'aba sagrada. En las palabras del joven hay una contumacia desafiante: "me dicen que me separe del Amor, / es el consejo de mis amigos. / Yo me nutro del Amor. / Si se muere el Amor, ¡muera yo con él! / Ser esclavo del Amor era mi destino, / mi destino no es otro que Amor" Así, Majnún no tiene en cuenta el deseo del padre, pues una Ley superior le mueve: "¡De la fuente del Amor dame la luz / y este brillo no tengas lejos de mi vista! / Si del vino del Amor estoy ebrio, / ¡hazme más amante de lo que soy!". Y suplica a Dios que multiplique su Amor, y que le arranque su tiempo de vida para agregárselo a Leyli: "¡sin la ebriedad de ella no tenga yo copa! / ¡que mis monedas lleven su perfil!". Y hasta que le sea lícito beber su sangre. 

 "El padre ponía el oído a sus palabras / y cuando le hubo escuchado permaneció en silencio. / Supo que el corazón estaba prisionero, / que este dolor no tenía cura". ¡Ay, mal de amores, que es el bien mayor que el alma goza! ¡Y cómo los poetas en el uso del oxímoron y la antítesis alcanzan la Coincidentia Oppositorum! Porque sin el mal de la ausencia, del abandono y la traición el amor no se fortalece, ni encuentra la resistencia del fatum que a todo impulso ennoblece, ¿qué sería de las voluntades que avanzaran en su deseo sin resistencia? Se desvanecerían en el aire. El amor sólo es fuerte cuando duele en sus cortes, espinas y venenos. No se ama lo que no ofrece oposición. Atracción gravitatoria y entropía. Impulso y desorden. Fuerza y fricción. No es que Leyli no ame a Majnún. Pero ella también pertenece a una familia y una tribu. El acto de amar es el gran desafío, fuerza motriz que choca con la fricción de la resistencia social de familia y costumbre. El amor es Ley divina, por escapar a la razón, que encuentra el muro de la ley humana. Si el hombre tuviese que amar con las leyes de la ciudad, su corazón estaría tan seco como las arenas del desierto. El padre de Majnún quiere que Dios mismo disuelva esa fuerza sobrehumana del amor en su hijo que pena de amor. El padre impone esa ley humana que exige renunciar al deseo. El deseo, transformado en fe y devoción, rompe la ley de la tribu, de la familia. El hijo deja de serlo cuando ama a una extraña a la que entrega su voluntad, para así fundar nueva progenie, nueva familia. 

 Mientras Leyli lloraba, pues sometida estaba a la ley del padre. Y los de la tribu de Leyli esparcían maledicencia contra el enamorado: "va cada día con la cabeza baja, / desgreñado y perdido por el llano. / De nuestro Dios por el camino de la pena / a veces baila, a veces el suelo besa. / A cada momento compone un nuevo gazal, / es versado en versos y en la recitación. / Así canta, y las gentes memorizan, / a ti y a mí nos desprecian. / En cada gazal que recita / cien velos contra el decoro aparta. / Leyli por la distancia arde viva, / viento que se obsesiona por tu luz". Y los amantes de Verona, repetirían destino aciago cuatrocientos años después. Julieta y Romeo, cual Leyli y Majnún son fuerzas gravitatorias sin elección. Romeo Montesco ama, lucha y se suicida, pero Majnún (Qeis) retirándose al desierto, compone versos, resiste a todos los consejos y plegarias de padres y amigos, se entrega a un amor absoluto, místico, como veremos a continuación. Los Capuleto repetirán la interdicción de amar a su hija como los padres de Leyli. 

 Fue el padre de Qeis en busca de su hijo, cuya vida podía ser arrebatada por los infundios que contra él circulaban. No le encontraban y dieron en pensar que muerto y descuartizado por felino estaba. "Mas él, en un rincón sentado, con la oreja perforada, / como un tesoro en la oreja escondida. / Del mundanal ruido con sus grandes y pequeños problemas / se apartó a un rincón y no prestó atención". "Feliz está por su circular destino", escribe el poeta. ¡Circular destino! ¡Evocación de otro héroe pérsico: Zarathustra de Nietzsche conocedor del eterno retorno, circular destino!

 "Majnún, que se había quedado sin su miel, / tragaba trozos de pan como veneno, / Desde que iba por el camino de la indigencia / aumentaban sus asuntos entre el público". Su fama, en los versos que él hacía volar por los vientos, crecía tanto como su pobreza. Leyli iba de boca en boca por los gazales de Qeis, el llamado loco (Majnún), loco poseído por el amor y su lamento.

 Un viajero lo vio junto a un espejismo de agua: "estaba solo y era único como sus versos, / con nadie compartía su dolor, aunque sus poemas eran remedio para los demás" "No tiene a nadie a sus espaldas, / sin rima está el hombre solo. / Su cuerpo encorvado parecía un arco / y la fidelidad de ella la flecha. / Excepto su llanto a nadie tenía por compañía, / excepto su sombra nadie compartía sus penas. / Aparte de su llanto no tenía más amistades, / aparte de su sombra no tenía más conversación". Hakim Nezamí Ganjaví, el poeta persa, canta a la soledad y la fe.

 Majnún, a ojos de un lector occidental envenenado por la pseudo psicología positiva individualista atea, parecería un caso patológico de no aceptación, de relación "tóxica", falta de autoestima, que necesita "soltar" para encontrar su "mejor versión". La inconmesurabilidad de cosmovisiones es evidente. Majnún es un héroe trágico y místico. Occidente hace siglos que desconoce estas dimensiones. Majnún no busca la paz de la falsa aceptación, de la renuncia a la fuerza del amor, él acepta el sufrimiento como camino a la verdad, el amor. El dolor no debe ser negado o superado, es el fuego que purifica su amor. El "quiérete a ti mismo" de la pseudo psicología positiva antifreudiana y postcapitalista fortalece el "yo", frente a cualquier visión religiosa, especialmente budista, pero también islámica o cristiana. El misticismo de Majnún busca lo contrario: el "fana" (فناء), para el sufismo es la extinción del yo, para convertirse en el amado. Majnún aspira a dejar de existir para donar su existencia a Leyli, para que solo exista Leyli. Es la fusión divina a través del amor. El amor como fuerza todopoderosa que mueve los astros, las voluntades, gravedad, electromagnetismo, impulso, deseo, sed, huracán, abismo, locura, éxtasis, es lo contrario del "mindfulness", esa técnica de relajación para estar en el aquí y en el ahora. Majnún hace lo opuesto: pone su atención absoluta en lo ausente (el allá y lo eterno). El mindfulness es el sucedáneo de religión sin misterio ni eternidad para curar engañosamente la ansiedad de individuos sin horizonte vital, individuos que ya no pueden amar, porque han de producir, ser funcionales y autogestionar su ansiedad. Una sociedad occidental, vacía, inhumana, mercantil, que ha decidido perseguir el amor como patología es incapaz de entender, sentir y valorar formas de poesía y fe tan hondas como la de Leyli y Majnún. 

 Y volvamos al paraje apartado donde Majnún paraba. "El pobre padre, que de él tuvo noticias, / abandonó tierra y amigos al momento", buscando a su hijo. Y lo halló caído sobre una roca, recitando gazales. Al ver al padre y reconocerlo se arrodilló ante él. Dijo que su padre era su tesoro y el trono de su cabeza, y que aceptara sus disculpas por estar debilitado: "mírame y no preguntes por mi estado, / échale la culpa de mi estado al hado... / Sabes cuál es nuestro estado, / el asunto no está en nuestras manos". 
 Esta negación de la responsabilidad personal en el estado de "caído en el Amor", esta apelación al hado superior e implacable, es la fe. Pues fe es amar lo que no es de uno, lo que uno no ve, lo que uno no es, y, sin lo cual, uno no es nada. Fe es participar del todo, y el todo no es conocimiento, es Amor. En las tradiciones gnósticas ese Absoluto se logra por una sabiduría secreta, iniciática. En las religiones mayoritarias esa fe se revela en los Libros Sagrados que despiertan en el creyente el Amor que se despoja del apego al yo y tiende hacia lo Absolutamente Otro que se vive en el interior como Fuente de Ser. En las prácticas místicas cristianas, como la de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, el ascenso del alma es un estado amoroso idéntico a la pasión humana, y emplea su lenguaje. 

 ¿Qué consejos dio el padre de Qeis a su sufriente hijo? "¡Ay, pétalo torturado, / como pétalo arrancado de la flor! / ¡Ay, enamorado! ¡Cuánta inconstancia! / ¡Ay, ardiente! ¡Cuánta crudeza! / ¿Qué mal de ojo alcanzó tu figura?... / ¿No te has cansado de sufrir / y de oír el veneno de tus enemigos?... / ¡Frena tu antojo de enamorado! / Mi nombre y tu respeto ya se han desgastado. / Ser novio mostrando tal aspecto / error grande de inconstancia es. / Un defecto es mejor tenerlo guardado, / un amigo es el espejo en el que los verás. / El espejo siempre refleja la verdad, / muestra el error para que lo limpies. / El espejo libre está de lo feo y de lo bello, / nuestra imagen viene del barro. / ¡Siéntate y libera tu corazón de este dolor! / Que es mejor que dar golpes al aire. / Creo que no tienes paciencia / para soportar la distancia del Amigo"
 Y le propone volver a casa. "Tú te fuiste y le dejaste todo el huerto al viento, / yo permanecí así en la lengua del enemigo. / Mientras entre tú y yo haya honor, / deshazte de las habladurías de la gente. / Tú eres la fuente del Amor y yo de tu falta sufro. / Tú desgarras tus ropas y yo mi alma. / Si Amor despertó un fuego en tu interior, / tú eres el fruto de mis entrañas y me quemas" "¡No desesperes en la búsqueda de una solución, / que de una semilla seca brota un verde árbol!... / En la desesperación mucha esperanza hay, / al final de la negra noche llega el blanco día". Y le invita a regresar con sus allegados que "desatan los nudos", tener paciencia. "El mar cuya apariencia tan grande es / sus columnas las gotas de los arroyos son". Padre sabio, amoroso con su hijo. "Tu corazón por qué a alguien lo has de entregar, / si ella pasados los años no se acoradará de ti. / Ella sin ti es como una flor y tú eres sólo su tierra. / Ella tiene el corazón de piedra / y a ti te apedrean el corazón... / ¡Búscate una ocupación, hijo mío, / hasta que superes esta situación!". Insiste en que Qeis es su vida (recuerde el lector lo muy deseado y difícil que fue su nacimiento): "el loco no hagas, que no podrás romper las cadenas que te acarreará".

 La cordura paternal choca con la locura sagrada del amor del hijo. La respuesta de Majnún a su padre alaba a éste, mas "¿qué puedo hacer yo avergonzado? / Desplomado, fuera de mí, estoy sin juicio, / voy por un camino en el que no hallo mi paz. / Lo sabes, no soy dueño de mis actos. / Mis manos están atadas con cadenas. / ¿Por qué atormentarse? Es mi destino" La parte que nos toca, destino, qisma (قسمة). "No es por su voluntad que aparece el reflejo en el lago / ni la luna decidió subirse al cielo... / Si estuviera en manos de los hombres / lo deseado, no se quedaría sin ser concedido" "Si me tiendes una mano en este camino / serías como el reflejo o la luna. / Porque no todo depende de nosotros, / arreglar las cosas no es asunto nuestro... / Si como la luz quiero sonreír, / temo la chispa que me puede hacer arder. / Me dicen que por qué no sonrío: / mis lágrimas muestran el dolor que sufro".

 Así respondió Qeis, mal llamado Majnún (loco), pues quien ama nunca es loco. Tan grande sabiduría que rebasa la pequeña copa de la razón humana, que ante el fuego del Amor no puede ni acercar a los labios sus gotas. Las ideas son gotas del mar del amor. En la sabiduría platónica el Amor es el motor del conocimiento, inalcanzable para quien solo mira y piensa sin sentir. Nezamí compone un poema sobre una leyenda árabe, sin duda, vivida por uno y muchos hombres reales, una y muchas mujeres reales, una historia de amor doliente, de fuego que ilumina y consume...

Continuará sdq...

Francisco Huertas Hernández
24 de marzo de 2026

domingo, 22 de marzo de 2026

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (2). El que ama canta su pena. Majnún rechazado por el padre de la novia. Clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (2). El que ama canta su pena. Majnún rechazado por el padre de la novia. Clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández

Miniatura del poema narrativo de Nezami. Leyli y Majnún se encuentran por última vez antes de morir. Ambos se han desmayado y el anciano mensajero de Majnún intenta reanimar a Leyli, mientras animales salvajes protegen a la pareja. Ilustración de finales del siglo XVI. Wikipedia





 Majnún "cada noche en la distancia cantaba versos, / y hacia la calle de su amada se dirigía. / Iba hasta besar su puerta, y volvía, / corría para llegar antes, / y volvía poco a poco y triste, / Su ida era alegría momentánea, / y su vuelta sufrimiento eterno". La amada Leyli es apartada por sus padres de tan loco enamorado. Y éste, en su afán de liberarse del dolor de la ausencia, canta, compone versos, que esparce por el aire. Aquí tenemos rasgos de la poesía amorosa ʿudhri con un amor absoluto, aunque casto, y fatal. Esta tribu de la época omeya (siglos VII–VIII) cantó a sus amantes sufrientes que morían de amor no realizado. La imposibilidad de amar, o mejor dicho, la imposibilidad de consumar el amor, es el acicate que encabrita al amante en una obsesión masoquista en la que el deterioro del cuerpo altera el alma hasta hacerla transparente a una dicha celeste. "El sultán del Amor pronto al amanecer / se levantaba derramando ejércitos de lágrimas. / Se perdió a sí mismo en el camino del enamorarse, / encadenado fue y prisionero en el barrio del Amor". Metáfora bélica y política: ejércitos y barrios. Lágrimas que asaltan con orden y rigor, y el amante no es señor (sultán) de sus huestes (ejército), pues está encadenado en un espacio urbano, intrincado, y de obligado paso. La autoridad del Amor impone sus cadenas de lágrimas, suspiros y tormentos en ese estado de sitio interior, del alma, una ciudad con el interminable trasiego de las pasiones. El amor, en este juego metafórico, no es simple estado afectivo, sino soberano, territorio y campaña militar, que toma el alma y la moviliza por entero. Dice el poeta que las habladurías de los comerciantes se cebaron en el amante loco, que acudía "con dos o tres amigos que tenía" al barrio de su Luna (Leyli). Una luna que ilumina con ardor lunático, no como un sol de mediodía. En la poética persa, la amada posee el rostro circular, blanco, luminoso, que impera en la noche. Una belleza lunar inalcanzable, aunque, en la lectura sufí, esta luna-amada tiene la luz reflejada del amante, un resplandor divino, que el amante ha recibido y por él experimente esa nostalgia de lo divino, manifestado en la Amada. Platonismo de amor como ascenso en la escala de la Belleza y el Bien desde el deseo físico a la contemplación o iluminación de lo más puro. Así iba Majnún, ya loco de amor, hablando a quien encontrara únicamente de Leyli, y escuchando sólo a quien de ella hablara. Muchos versos detienen la acción, mínima en su aspecto externo, mas infinita en su vertiente interior. En esos versos se da cuenta de la prisión de amor, como aquella que escribió Diego de San Pedro: "Cárcel de Amor" (1492), y en la lírica persa, Saadi, Rumi o Hafiz, mucho antes. "Yo estoy prisionero de tu Amor, / soy la arena que pisas bajo tus pies. / Yo soy aquel que del viento de primavera busca tu aliento, / y al mirar al suelo le hablo de mi Amor por ti". "Tu Amor es llanto, pena y paz para mi corazón, / tanto la cura como la herida del corazón". Y el amante se lamenta de un mal de ojo que llegó y le hizo desaparecer del Amor de Leyli. Ese mal de ojo es la envidia de los que no aman, de los que se burlan o maldicen los amores intensos, que, existiendo, desnudan las almas vacías de los envidiosos, que van de la murmuración a la maldición. 

 Y Majnún fue a ver a Leyli, aunque el poeta parece que nos ha contado que eso ya lo hacía muchas noches de Luna. Que Leyli era un ángel y que Majnún era sólo fuego de Amor. Y Nezamí despliega bellas imágenes para esa oposición que separa a la pareja en comparaciones interminables: "Leyli se encendía como el amanecer, / Majnún se apagaba como una candela".

 Y "Majnún ante la dificultad de la distancia / componía gazales todas las noches". El ghazal es una forma poética de dísticos y estribillo, dirigida a un oyente femenino, que pasó del mundo árabe al persa, retomó Goethe, y, más tarde, García Lorca. Como el padre de Majnún estaba triste pidió consejo y "los ancianos de la tribu, como una sola cabeza, / se aprestaron para cerrar el trato. / Que esa perla no pulida, al pulirla, / con esa piedra preciosa haga pareja".

 Y el padre de Majnún pidió la mano de Leyli con agradecidas palabras tras un viaje con gran número de gentes, mas escuchó estas duras consideraciones del padre de la novia: "Tu hijo es apuesto, / que alegre no esté hasta lograr su propósito. / Más la locura es una espiral, / el loco no es digno rival nuestro. / Primero reza para alejar su locura, / después búscale mujer. / Hasta que él no sea una piedra preciosa, / estas palabras no saldrán de aquí. / Daño por piedra preciosa no puedo comprar, / una piedra dañada no entra en un collar".

 Y así regresaron sin esperanza, como exiliados apenados, y consolaban a Majnún pidiéndole que no se abandonase al llanto y la debilidad, y que olvidara a esa ladrona de corazones, ¿por qué idolatrar a una extranjera habiendo tantas muchachas más perfectas y engalanadas?

 Majnún, enojado por los consejos familiares, rasgó su camisa (¡como el Caballero Don Quijote en Sierra Morena por su amor contrariado por Dulcinea: "ahora me falta rasgar las vestiduras, esparcir las armas, y darme de calabazadas por estas peñas"!) y abandonó su hogar, asentándose en un lugar de paso, en el que quería matarse. "Cantaba cadenas de afecto / por Amor a la estrella más radiante. / Cada verso que venía a su lengua / un recuerdo inolvidable para todos se volvía. / Apenado se quedaba todo aquel que lo veía, / llanto despertaba a la vista". Se puso a pensar, mientras lloraba y suspiraba: unos le llamaban borracho, otros adorador de ídolo falso. El poeta une embriaguez y amor, pues, cual bebido, el amante actúa sin tino ni mesura. Su fuego le consume. "Nadie hay que de mí saque fuego, / sólo humo de mí y mi vida podrán sacar". "Loco estoy en mis elecciones y pensamientos / ... ¿Sin Amor para qué ser?"

 ¡Ay, la gran cuestión!: ¿ser, para qué? Para amar, ser amado. El ser como existencia, voluntad que aspira a ser en otro, a ser con otro, a ser mejor, a ser en paz, a ser feliz, en nada encuentra cobijo sino en ser amado por quien se ama. La salud, la paz, la felicidad son formas en que el ser encuentra su hogar. No un ser roto, un ser violentado, un ser desgraciado, un ser solitario. ¿Y quién ama al viento, y, éste, siempre esquivo, lleva lejos su amor y lo disuelve aéreo y sin peso? Amar al viento, pregonar nuestro mal de amor, danos Dios salud en el cuerpo y en el alma, que para salir del ser aislado uno ha de estar abierto en voluntad trascendente hacia los demás... y... ¡ay, el enfermo y el loco carecen de esa voluntad de ave! Amar y no ser amado... Trascender nuestro ser buscando un nosotros... y no encontrarlo. "Mi pobre corazón, ¿de qué es culpable? / Aparte de quererte, ¿cuál es mi delito?", se pregunta Majnún, como siglos después Segismundo: 
"¡Ay, mísero de mí! ¡Y, ay, infelice!
Apurar, cielos, pretendo
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido.
Bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor;
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido"

 Porque, reflexiona Majnún: "Este Amor es Amor para toda la vida, / no es sólo juguete de la pasión juvenil. / El Amor es aquello que nunca mengua, / mientras dura no sufre variación. / Este Amor no es una vana obsesión, / sino que sigue su camino eterno hasta la muerte. / Majnún elevó tanto el nombre del Amor, / y esto por ser tan amigo del Amor. / Mientras estaba vivo cargaba con Amor, / como el viento feliz por la flor. / Y ahora que su flor busca en el camino, / la gota que le queda es agua de rosas. / Yo del perfume de esta flor / intento saciar mi salud".

 Dejamos a nuestro desdichado amante en el camino del amor y en la abandonada tierra lejos de su hogar paterno, ensimismado en el delirio del amor constante. ¿Cuál es la fuerza del amor que rompe lazos familiares, debilita la salud, impone rigores de los que escaparía cualquier humano sereno, y lanza con furia contra muros y espinas a seres delicados? Esa voluntad de trascendencia... de ir hacia otros, que en el camino encontramos, y que con sus ojos y sus labios, sus palabras y sus manos, trocan nuestra paz en guerra sin fortuna, sin escudo ni lanza...

Continuará, sdq...

Francisco Huertas Hernández
22 de marzo de 2026

sábado, 21 de marzo de 2026

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (1). El amor doliente. Clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (1). El amor doliente. Un clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández







 "El mayor poeta lírico de la literatura iraní" en el Siglo de Oro persa (s. XII), Hakim Nezamí Ganjaví, creó el poema amoroso de Leyli (Layla) y Majnún hacia 1188 por encargo de un rey. Como era habitual, se inspiró en un relato popular para componer esta obra poética en la que un amor no realizado es elevado a adoración casi divina por parte del amante (Majnún), cuyo nombre era Qeis, pero, al perder la sensatez, fue conocido como "loco" (poseído por el Maj). 

 La traducción directa del farsi (persa) realizada por Mohammad Kangarani intenta mantener la versificación original, formada por dísticos, en que los hemistiquios de cada verso riman entre sí. El Masnaví es la forma del género narrativo, pues en esta historia de dos amantes separados, Nezamí ha sabido dotar a los personajes  -pareja, padres y amigos- de una psicología compleja. 

 La lectura de este poema narrativo trae muchas evocaciones a un lector occidental: Tristán e Isolda, Romeo y Julieta, el disco "Layla and Other Assorted Love Songs" de Derek and the Dominos, con Eric Clapton enloquecido por el amor de la esposa de su amigo George Harrison... y, sin embargo, la analogía reduccionista que valora una obra de arte oriental en función de sus semejanzas con otra de nuestra cultura es una muestra más del etnocentrismo europeo, una canonicidad excluyente enmascarada en "orientalismo" (visión pintoresca y exótica de lo no heleno-romano-judeo-cristiano), cuando no de epistemicidio (destrucción e invisibilización del arte y la cultura no occidental en las escuelas y el relato histórico). Uno siente el desasosiego de pensar si la superioridad de Homero, Virgilio, Dante y Shakespeare quedaría en discusión si la Revolución Industrial hubiese empezado en India, China o Persia, y con ella el dominio del relato histórico universalista.

 Procederé a un comentario personal de esta magna obra a partir de algunas ideas filosóficas.

 La historia de un joven noble en tierras árabes, contada por un poeta persa, ya islamizado, que ansiaba tener un hijo ("más necesario que el nácar a la concha le era a él tener hijos / igual que el racimo pone su esperanza en el grano"). La abundancia de metáforas vinculadas a la naturaleza coloca al hombre en un plano físico, más que social. ¿Y qué es la vida de quien no engendra vida? Platón en "Banquete", a través de la sacerdotisa Diotima, evocada por Sócrates, insistía en la necesidad de engendrar del ser humano, y más allá de la procreación física, este impulso buscaba engendrar en lo espiritual. Toda la historia de Qeis -el hijo anhelado- es un impulso de engendrar en su alma la imagen de la Belleza y el Bien a partir del recuerdo de la persona amada y perdida. El noble árabe finalmente alcanzó su deseo y engendró a un hijo al que educó con un Preceptor en el Amor y la Amistad: Qeis. El poeta ensalza la belleza de Qeis con metáforas florales ("cuando alcanzó los siete años, / su rostro de lirio se rodeó de violetas"). La flor tiene una relevancia en el mundo árabe y persa, vinculada al Paraíso -palabra de origen persa: "pairidaeza" (باغِ محصور) que significa jardín amurallado-, la rosa representa la belleza divina, aunque también lo efímero y el dolor de las espinas. El pequeño Qeis aprende en una escuela junto a los niños y niñas más sabios, y justo allí conoció a "una muchacha no alcanzada por maldad aún", pulida como la luna, "siempre verde ciprés" (símbolo iranio del árbol paradisiaco, con su hoja verde perenne) para quien la contemplara. Y "con una de sus miradas lánguidas de gacela / mataba un mundo". "Su cabello la noche, su cara la luz". Vemos en la descripción de la casi niña amada la belleza de la flor, la luna, el árbol, el animal, la noche y la luz. La totalidad de lo creado converge en la manifestación de la grandeza del Creador: la belleza pura que hace nacer el amor. Su nombre: Leyli (ليلى, Layla, en árabe significa noche). "De su belleza se enamoró Qeis, que le entregó su corazón / y se quedó el de ella / pues era un amor correspondido / Vino el amor y les sirvió la primera copa / a esos dos seres parejos sellando su destino".

 El amor no correspondido es el amor más inhumano, pues el hombre nació para ser amado desde que sale del vientre de su madre. El hijo en la casa, el niño en la escuela, el amante en el lecho, como el cielo ama el mar que en forma de nube se sacia de ola y de espuma para devolver su caricia en forma de lluvia al mar recostado. Qeis es amado por la esplendorosa y pura Leyli. Pues, ¿de dónde el dolor si los corazones se buscan? Quizás quienes sienten ser los dueños de los corazones infantiles, los padres, decidan como guardianes de esos frutos cosechados por ellos mismos, guardarlos de los vientos. ¡No, padres, cuánto dolor habéis traído al mundo, cortando la flor del amor de vuestros hijos cuando sus ojos y su anhelo pusieron en seres ajenos a vuestra casa, porque los hijos no son vuestros, sino del Amor, y vosotros mismos -padres crueles, egoístas, posesivos- fuisteis fruto del Amor de otros seres, que, antes de unirse y engendraros, eran extraños para sus propios padres, vuestros abuelos! 

 Y cuenta el poeta Hakim Nezamí Ganjaví que mientras los compañeros de estudio hablaban de sus obligaciones, "ellos solo gozaban los instantes de su Amor; / los compañeros eran numerosos, / mas ellos, siendo dos, se sentían inmensos". Siendo dos, se sentían inmensos, es esa "alegría de vivir en los pronombres" que canta Pedro Salinas, en el , en el nosotros, que, sin saber cómo, ni importar tampoco el saberlo, se hace todos, todo, , siempre. El sentimiento oceánico del que habló Romain Rolland (la sensation de l'éternel... et comme océanique) en una carta a Sigmund Freud a propósito de la "sensation religieuse" es justamente amor y adoración y temor y plenitud. Sentirse desbordado, los límites del yo anulados, en una expansión emocional hacia la luz. La sensación (sentimiento) religiosa es amor, como bien han expresado los místicos, un amor fusión con lo infinito. Todos creemos en Dios porque hemos sentido ese desbordamiento del amor. Freud respondió por carta a Rolland que ese sentimiento descrito por el francés no le había dado paz... ¡claro! En el amor no hay paz... hay guerra. Sufrimiento atroz de conquista, derrota, locura y abandono. "Leyli y Majnún" es uno de los poemas más sufrientes que puedan leerse, pues vivir el amor es morir de amor. El fuego devora al que creyó encontrar calor y luz en su llama, pues su acercamiento fue tal que la mariposa se quemó al amar la luz. Lope de Vega, en el siglo XVI-XVII  también lo supo:

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe

 Creer que un cielo en un infierno cabe. ¡Y qué filosófo pudo en tan pocas palabras definir el amor! Nezamí dedica unos versos a la felicidad de la pareja adolescente, a su amor correspondido, con la belleza del cuerpo de Leyli cual la del toranj, y como Lope nos canta, Nezamí dice: "entraron amores y se fue la calma". Las habladurías de la gente -¡oh, el "uno" (das Man) de Martin Heidegger, esa presencia invisible de la opinión pública que exige cómo debemos comportarnos y sentir, esa fuerza ciega de la existencia social, que tiene en la "habladuría" (das Gerede) una de sus manifestaciones!- que supieron de su amor... ¡y la gente siempre odia el amor, y cuanto más puro más lo odia! "Formaron su historia versos incontables / que pronunciaba toda boca que se abría". Ellos querían proteger su secreto. Pero "perdían la razón / cada vez que se veían uno a otro / Porque Qeis, quien solo se ejercitaba en su Amor, enloqueció, / quedó prisionero en el círculo del Amor, / Solo con la vista de su amada se calmaba, / y en ningún otro lugar se hallaba bien. / En hablar sobre su bella amada se deleitaba, / pero aún más esto le desesperaba. / De repente su corazón de pies a cabeza se tambaleó, / el alma se rompió y también se cayó del burro. / Y cuantos lo vieron, / Majnún lo llamaron. / Y con él su cara de tonto / daba razón a sus palabras". El amor priva de la razón, porque saca al amante de sus casillas, de sus límites, y el gran límite del mundo es el lenguaje... cuando se ama ya no se conoce el mundo... solo la amada es el mundo, la totalidad se ha reconfigurado desde el sentimiento oceánico de fusión en el nosotros-mundo. He aquí cómo Qeis se transformó en Majnún (مجنون), loco, poseído por los genios, aquel cuya mente ha sido velada. Esta "locura amorosa" descrita por Nezamí no es patológica, es una embriaguez espiritual, por eso se habla tanto del vino -¡extraño en el Islam!-. La belleza de Leyli trastornó el juicio. En la poesía sufí Majnún es buscador de trascendencia, porque como bien escribió Francisco Huertas Hernández, "fuera del tópico sólo queda la locura". El "tópico" es, por supuesto, el "uno", la opinión pública, la costumbre, lo limitado por el lenguaje y la racionalidad que constriñe la aspiración humana a la trascendencia. La locura, en este sentido, es una enajenación de lo tópicamente raciocinante del mundo para reapropiarse el hombre de su impulso divino que sólo en el Amor nace y vuela. Una vez que Qeis ya no es Qeis sino Majnún toda la habladuría del "das Man", toda la jaula del tópico y la mansedumbre social, se desata contra él. El loco es la mayor amenaza para el cuerdo. ¡Como arremetieron contra Don Quijote los cuerdos, de burlas o de veras! No puede admitirse a quien usa un lenguaje privado porque rompe la base misma de la sociedad: la comunicabilidad de la palabra. Aunque el amor lleve al amante a cantar con palabras, el sentimiento oceánico del amor trascendente, rebasa el logos interno del lenguaje, es metáfora del poder divino. Lo que en el loco da miedo no son sus actos sino lo incomprensible de sus palabras. "De tantas habladurías como ladridos, / del ciervo su cachorro entre las hierbas robaron. / Leyli , porque de Majnún se separó, / lloraba finas perlas por sus ojos. / Majnún, porque el rostro de Leyli no vio, / de cada pestaña le manaba un torrente. / En las calles y en el bazar buscaba, / con lágrimas en sus ojos y llanto en su corazón / ... Él loco estaba, y las gentes / en su cara y a sus espaldas "loco" le llamaban"

... Continuará

Francisco Huertas Hernández
21 de marzo de 2026

jueves, 12 de marzo de 2026

Fyodor M. Dostoyevsky: "Бѣсы / Бесы" (Demonios) (1872) (II). Conflicto generacional. Individuos e ideas. Europa contra Rusia. Francisco Huertas Hernández

Fyodor M. Dostoyevsky: "Бѣсы / Бесы" (Demonios) (1872) (II). Conflicto generacional. Individuos e ideas. Europa contra Rusia. Francisco Huertas Hernández




 El conflicto generacional es una lucha de voluntades y de ideas. En el natural desarrollo de los organismos, los más jóvenes quieren conquistar el espacio de los más viejos, aunque sean sus progenitores. Y en el mundo humano (sociedad) -alterado por la conciencia y sus representaciones (ideas)- esta tensión enfrenta los valores de conservación de los mayores y destrucción -eufemísticamente: innovación, cambio- de los jóvenes, en el empeño de éstos de forjarse una identidad opuesta a la generación precedente.

 Fyódor Mijáilovich Dostoyevsky (1821-1881) plasma en su magna novela "Бѣсы" (grafía original) -"Бесы" (grafía posterior a la reforma ortográfica de 1918)- esta disputa. El fondo teológico de esta contienda vital queda inscrito en el título de la obra: "Los demonios" (Biesy). ¿Quiénes son estos demonios? La cita del Evangelio según Lucas (8: 32-36) que abre la narración nos lo responde: los demonios salidos del hombre entraron en unos cerdos que pacían en el monte, y éstos se arrojaron por un despeñadero y se ahogaron en un lago. Los pastores, aterrorizados fueron a Jesús, y hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, junto a Jesús. Este hombre se había salvado.

 Siempre surge la cuestión de si el mal -los demonios- existe como fuerza externa a Dios y al hombre, o es una parte del ser humano, y, por tanto, creación divina. El lector de Dostoyevsky sabe que el autor moscovita no es maniqueo ni panfletario: una red de complejos vínculos une a los personajes a través de sus diálogos, en los cuales crecen verticalmente. A diferencia de una narrativa tradicional en la que los personajes evolucionan horizontalmente en el tiempo a través de la experiencia, es decir, de la acción (Bildungsroman), en Dostoyevsky los individuos ascienden a las ideas, a través del sufrimiento del diálogo. El diálogo en Dostoyevsky es una suerte de confesión sufriente que aspira a la redención en la escucha del otro. 

 El novelista partía siempre de hechos reales del presente inmediato. Una suerte de periodista metafísico, que, en este caso, tomó un espeluznante suceso: Serguei Necháyev, líder de un grupo secreto, asesinó a otro de los miembros, Ivan Ivánov, en 1869, por miedo a ser delatados. El horror que inspiró en el escritor era mayor por cuanto él conocía bien ese mundo: en su juventud perteneció al clandestino Círculo Petrashevsky, agitador del socialismo utópico de Fourier. Como bien se sabe, Dostoyevsky fue detenido y condenado a muerte, llegando a estar ante el batallón de fusilamiento, y, luego, rechazó esas ideas importadas de Europa como una amenaza terrible para Rusia y para la humanidad. El mal venía de Occidente, sin duda, como la mayor parte de las invasiones que el país sufrió durante siglos.

 El conflicto tenía sus raíces en la misma Modernidad: la secularización de Europa coincidiendo con el triunfo de la Reforma luterana, el ascenso de la burguesía, la Revolución Industrial, los ideales de la Revolución francesa, dieron lugar a un individualismo en el que la codicia se oponía a la fraternidad; el capital al trabajo; el hombre satisfecho al hombre necesitado de creer y amar a Dios. El nihilismo era el último eslabón de una cadena que se iniciaba en el Renacimiento. Mientras, la fe en la razón, la ciencia y, sobre todo, el progreso tecnológico producían una gigantesca acumulación de capital -posible con el colonialismo imperialista y el robo de los recursos de otros continentes, más la explotación de la nueva clase proletaria en las fábricas de Inglaterra y otros países de la Europa protestante por parte de esa burguesía materialista, atea, defensora del "self-interest"- que se enmascaraba en el liberalismo político proclamando la destrucción de las tradiciones religiosas y culturales del mundo preindustrial. 

 El nihilismo ruso fue una consecuencia de esa occidentalización de la juventud. Ivan Turguéniev usó la palabra en su novela "Отцы и дети" (Padres e hijos) (1862), y Bazarov es su exponente. En ese conflicto generacional, la pulsión destructiva propia de la juventud rechazaba la religión ortodoxa, la autoridad zarista y las normas familiares, apostando por el materialismo científico, el utilitarismo, el ateísmo y un egoísmo racional justificado por Darwin, Adam Smith y otros. Su fin era reducir a escombros la sociedad para reconstruirla más tarde mediante la ciencia y la acción política. El ideal utópico encontró la resistencia propia del Estado y se escoró hacia el uso de la violencia, como en el asesinato de Ivan Ivánov. 
 
 Friedrich Nietzsche usó el término "nihilismo" en 1878 y se alejaba del rugido impotente de los jóvenes leones rusos imbuidos de ciencia y utilitarismo. Para el pensador alemán el nihilismo es un estado espiritual y social de Europa tras la "muerte de Dios" (ateísmo): los valores morales dejan de servir cuando ya no tienen referente absoluto. Se atribuye a Nietzsche una distinción entre un nihilismo pasivo (pesimismo) y uno activo (destrucción), ambos en todo caso son síntomas de decaimiento, pues la afirmación de la vida, la voluntad de poder, ni se resigna, ni se limita a actuar reactivamente contra fuerzas superiores, es decir, destruyendo sin más. La voluntad de poder es el impulso de creación, afirmación y juego, simbolizado en el niño de las tres transformaciones del espíritu del inicio de "Also sprach Zarathustra" (Así habló Zarathustra), que supera al león (nihilismo activo) y al camello (nihilismo pasivo). El universo espiritual de Dostoyevsky es ajeno al de Nietzsche: en Dostoyevsky la humanidad sólo se salva en la fe y el amor a Dios.

 Y, sin embargo, la literatura del gran Maestro de Moscú, se aleja del proselitismo, del sermón, del didactismo, incluso de la denuncia política o la novela social, estando todo ello presente también. Es la polifonía (plurilingüismo dialogizante), destacada por Mijail Bajtín, la que iguala en verdad, fuerza y vitalidad a todos los personajes, sin privilegiar el punto de vista personal de Fyodor Mijailovich Dostoyevsky. Dostoyevsky, en "Los demonios", es todos y cada uno de los personajes.

 Los individuos emergen en "Demonios" con los personajes de la vieja generación, la de los años 1840: Stepán Trofímovich Verjovénsky (uso mi propia transliteración), el intelectual pasivo, perezoso (oblomovismo), sentimental y liberal moderado, y su amiga protectora, dominante y voluble, Várvara Petróvna Stavróguina, viuda de un general. Esa generación está llena de ideas occidentales como escribe en su gigantesca monografía Joseph Frank (1): "inspirada por el socialismo utópico francés, imbuido de una veneración a Cristo, y cuyas ideas filosóficas absorbió de los espaciosos horizontes metafísicos del idealismo alemán de Hegel, Schelling y Schiller", se encuentra en 1860 -época de las grandes reformas de Alejandro II (emancipación de los siervos, reforma de las instituciones)- con la nueva generación, la de sus hijos, Pyotr Stepánovich Verjovénsky y Nikolái Vsevólodovich Stavróguin, que radicalizó los anhelos reformistas de sus padres: "ahora la vida cultural rusa estaba dominada por una generación nueva, la de los sesenta, y sus guías, Nikolai Chernishevsky y N. A. Dobroliubov, eran hijos de familias de sacerdotes. Educados en seminarios religiosos pero desilusionados de la Iglesia, se habían convertido al radicalismo sociopolítico y buscaban alimento en el ateísmo de Feuerbach, el materialismo y racionalismo del pensamiento francés del siglo XVIII y el utilitarismo inglés de Jeremy Bentham. Así, el radicalismo ruso adquirió una nueva base ideológica, que fue formulada por Chernishevsky como doctrina del "egoísmo racional"".

 Es esencial entender esto para comprender bien las motivaciones de los personajes de "Los demonios". Son seres llenos de vida, cercanos, a veces extraños, pero poseídos por las ideas. Esclavos de las ideas. No en vano hubo traducciones antiguas de la novela con el nombre de "Los poseídos", de la versión inglesa de Constance Garnett (1916): "The Possessed". Estas ideas se han apoderado del alma con una fuerza demoníaca, porque la conducen al apartamiento de Dios. Esta posesión demoníaca también aparecía en la traducción "Los endemoniados", muy acorde al Evangelio de San Lucas de los cerdos poseídos o endemoniados. Las ideas que nos poseen son más bien creencias, cuando pasan a ser nuestro suelo vital, en el sentido que le da José Ortega y Gasset, en "Ideas y Creencias": "las ideas se tienen; en las creencias se está". Para los "poseídos" por esos demonios de la voluntad, las ideas de transformación de la totalidad, son creencias, pues su vida queda subordinada de manera irracional a lo que en un principio era una representación consciente, racional, y sometida al diálogo y el debate. Podemos cambiar de ideas, pero no de creencias. En "Demonios", basada en la realidad de Nechayev, los poseídos no podían elegir, se veían conminados a actos contrarios a la humanidad para salvar sus ideas. Se arrojaron al precipicio como los cerdos. 

 Los individuos de la generación de los padres son responsables, por su inacción y sus veleidades europeístas, del desorden moral que se apoderó de sus hijos. El europeizar Rusia fue el gran proyecto de Pedro I, el Grande (Пётр Великий) (1672-1725), que levantó en el norte del país la nueva capital, inspirada en Venecia o Amsterdam. Stepán Trofímovich Verhovénsky, es un hijo espiritual de este reformismo europeísta y es el hilo inicial de la novela "Бѣсы". Celebra con un "¡hurra!" el decreto de Emancipación de los Siervos de 1861. Habiendo viajado con Várvara Petrovna Stavroguina desde la ciudad provinciana sin nombre, donde viven, a Petersburgo a sondear las nuevas ideas, recibían en la casa de ésta a los jóvenes liberales:

"Allí se charlaba de la abolición de la censura y la reforma de la ortografía, de la sustitución del alfabeto ruso por el latino, del destierro de Fulano de Tal ocurrido el día antes, de algún escándalo en las galerías donde estaban las tiendas de lujo, de la conveniencia de desmembrar Rusia en comarcas étnicas con libre organización federal, de la abolición del ejército y la marina, de la restauración de Polonia hasta el Dnieper, de reforma agraria y propaganda revolucionaria, de la abolición de la herencia, la familia, los hijos y el clero, de los derechos de la mujer, de la casa de Krayevsky, cuya suntuosidad nunca se le perdonará a Krayevsky, etc., etc. Era evidente que en esta caterva de gentes nuevas había muchos pícaros, pero también, sin duda, muchas personas honradas, más aún, encantadoras, no obstante las sorprendentes diferencias de carácter. Las honradas eran más incomprensibles que las perversas y groseras, pero nadie sabía quién manipulaba a quién"

(Говорили об уничтожении цензуры и буквы ъ, о заменении русских букв латинскими, о вчерашней ссылке такого-то, о каком-то скандале в Пассаже, о полезности раздробления России по народностям с вольною федеративною связью, об уничтожении армии и флота, о восстановлении Польши по Днепр, о крестьянской реформе и прокламациях, об уничтожении наследства, семейства, детей и священников, о правах женщины, о доме Краевского, которого никто и никогда не мог простить господину Краевскому, и пр., и пр. Ясно было, что в этом сброде новых людей много мошенников, но несомненно было, что много и честных, весьма даже привлекательных лиц, несмотря на некоторые все-таки удивительные оттенки. Честные были гораздо непонятнее бесчестных и грубых; но неизвестно было, кто у кого в руках)

 Me detengo en este párrafo, denso como toda la novela, y premonitorio de lo que sería Rusia, a través de la URSS y de la Federación Rusa actual. El europeísmo exalta derechos individuales, loables quizás, pero, en el caso de Rusia, tendentes a debilitar su idiosincrasia. Por supuesto, en la enumeración caótica de proyectos destructivos -liberales o revolucionarios, da igual- se apuntan claramente la fragmentación de la nación rusa (¡cuán terrible y actual suena esa propuesta de la Gran Polonia en tierras de Novo Rossiya!), la supresión de su alfabeto y la eliminación de los valores tradicionales propios, siempre en beneficio de unos ideales surgidos en Francia e Inglaterra que universalizaban la dominación burguesa capitalista -colonialista e imperialista- bajo la coartada de las libertades. El humor de Dostoyevsky reproduce con exactitud la amalgama grotesca de envidias y murmuraciones de salón del gran mundo con las serias ideas disolventes europeas. 

 El enemigo de estos "demonios" ideológicos europeístas (liberalismo, socialismos utópicos, nihilismo, ateísmo) sufridos por los países periféricos -España, Rusia- y causa de su sentimiento de inferioridad fue el sentimiento nacional y el amor a la cultura y el pueblo. La "eslavofilia" surgió como reacción al europeísmo artificial impuesto a Rusia por Pedro I y Catalina, reivindicando la lengua rusa -frente al francés usado por las clases altas-, la religión ortodoxa y las costumbres del campesino ruso. La importancia sagrada de Aleksandr Pushkin no se debe sólo a haber fundado la literatura rusa y a su genio universal sintetizando todas las literaturas foráneas poniéndolas al servicio del folclore y la lengua oral propia, sino a haber combatido al primer teórico del europeísmo, Pyotr Chaadayev, que, en sus "Cartas filosóficas" sobre Rusia, vertió acusaciones sobre el atraso ruso y su inferioridad en el concierto de las naciones. Pushkin respondió con una firme defensa de Rusia y sus valores. Aunque fue una carta privada, más tarde llegó a ser el centro mismo de la "eslavofilia": el destino providencial único de Rusia, según Pushkin, era servir de reconciliación entre Oriente y Occidente, y salvar a la humanidad mediante su fe ortodoxa. Dostoyevsky asumió plenamente esta idea, como expuso en su famoso discurso en honor de Aleksandr Pushkin, durante la inauguración de su monumento en Moscú en junio de 1880: el sublime poeta era un fenómeno profético del espíritu ruso, capaz de sintetizar lo universal humano a través de la sensibilidad popular rusa.

 Stepán Trofímovich, elegido por Dostoyevsky para mostrar los ideales europeístas tibios de la década del cuarenta, ataca sin piedad el "eslavismo": "se mostró desde luego conforme con la inutilidad y comicidad de la palabra patria", el "nacionalismo" ruso le era detestable, un engendro inspirado en ideas -y la lengua- alemanas, fruto de un pasatiempo de ociosos, porque lo que se necesitaba era trabajar más... y lo decía un tipo que no había trabajado de verdad en toda su vida.

 Es difícil leer "Demonios" en estos días -2026 o cualquier otro año es lo mismo- y no sentir un escalofrío, y no tanto porque el conflicto ideológico no ha quedado resuelto como se ve en la débil política rusa frente al Occidente rusófobo, sino porque, más allá, de la pugna de ideas, hay un sufrimiento metafísico, el de la separación del hombre de lo trascendente, de Dios. Dostoyevsky, supo mejor que nadie, plasmar ese diálogo hiriente del alma con Dios, con la ausencia de Dios, y el destino de la Madre Rusia, cuya grandeza, riqueza y genio, fueron motivo de odio y envidia a lo largo de los siglos...

Francisco Huertas Hernández
12 de marzo de 2026


Bibliografía:

1. Frank, Joseph: "Dostoievski. El manto del profeta. 1871-1881". FCE. México. 2010