lunes, 30 de marzo de 2026

"Martín Fierro" de José Hernández (2). Canto I: Entre la denuncia de Guarany y la épica de Lugones. Francisco Huertas Hernández

"Martín Fierro" de José Hernández (2). Análisis del Canto I: Entre la denuncia de Guarany y la épica de Lugones. Francisco Huertas Hernández

Horacio Guarany: "Canta Martín Fierro"
LP. Philips. 1964


Análisis profundo del Canto I del "Martín Fierro". Una mirada cruzada entre la denuncia social de Horacio Guarany y la épica nacional de Leopoldo Lugones. Exploración de la lengua gauchesca y el arte como consuelo




 Un cantor canta mejor a otro cantor. Horacio Guarany (nombre real: Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo) (1925-2017) registró un disco de larga duración en 1964 con estrofas del "Martín Fierro" (1872-1879) de José Hernández en ritmo de milonga y canto surero. Guarany compuso la canción "Si se calla el cantor" en 1972, grabada por Mercedes Sosa en 1973 con Gloria Martín. El tono fierresco de la famosa pieza es evidente: "Si se calla el cantor calla la vida, / porque la vida, la vida misma es todo un canto, / si se calla el cantor, muere de espanto / la esperanza, la luz y la alegría", y sube de tono en su denuncia: "Que no calle el cantor porque el silencio / cobarde apaña la maldad que oprime, / no saben los cantores de agachadas, / no callarán jamás de frente al crimen". Canto de vida y canto de justicia.

 El gaucho literario Martín Fierro abre un siglo y medio de enconadas y opuestas interpretaciones como denuncia social o como epopeya literaria nacional. La primera lectura social es del mismo José Hernández, quien en la carta a D. José Zoilo Miguens, presenta así su obra ("El gaucho Martín Fierro", 1872): "no le niegue su protección, usted que conoce bien todos los abusos y todas las desgracias de que es víctima esa clase desheredada de nuestro país". David Viñas ("Literatura argentina y realidad política", 1964), en una lectura materialista, ve en el gaucho Martín Fierro una víctima social de la marginalidad, producida por la violencia del Estado.
 La segunda visión -que la vida misma sea todo un canto- es la interpretación de un Leopoldo Lugones (1874-1938) en sus conferencias de 1913: Martín Fierro es un símbolo de la identidad nacional argentina, creada por un "poeta verdadero", "como todo poema épico, el nuestro expresa la vida heroica de la raza: su lucha por la libertad, contra las adversidades y la injusticia". Y aún comparándolo con la Iliada y la Odisea, la Eneida y la Divina Comedia, admite esa rebeldía del cantor que, con su guitarra y su verso de "parla indócil y pintoresca", se levanta contra la opresión y la pobreza.

 Horacio Guarany se sitúa en la primera de las interpretaciones, "que no saben los cantores de agachadas, no callarán jamás de frente al crimen". Para nosotros ambos análisis son ciertos: en el fondo, social, y en la forma, épica. ¿Y qué gran obra de la literatura no sintetiza contenido y estilo?

 Éste es el Canto I de "El gaucho Martín Fierro" (1872):

 Aquí me pongo a cantar 
al compás de la vigüela, 
que el hombre que lo desvela 
una pena estrordinaria 
como la ave solitaria 
con el cantar se consuela. 

Pido a los santos del cielo 
que ayuden mi pensamiento: 
les pido en este momento 
que voy a cantar mi historia 
me refresquen la memoria 
y aclaren mi entendimiento. 

Vengan santos milagrosos, 
vengan todos en mi ayuda, 
que la lengua se me añuda 
y se me turba la vista; 
pido a mi Dios que me asista 
en una ocasión tan ruda. 

Yo he visto muchos cantores, 
con famas bien otenidas, 
y que después de alquiridas 
no las quieren sustentar. 
Parece que sin largar 
se cansaron en partidas. 

Mas ande otro criollo pasa 
Martín Fierro ha de pasar; 
nada lo hace recular 
ni las fantasmas lo espantan, 
y dende que todos cantan 
yo también quiero cantar. 

Cantando me he de morir, 
cantando me han de enterrar, 
y cantando he de llegar 
al pie del Eterno Padre; 
dende el vientre de mi madre 
vine a este mundo a cantar. 

Que no se trabe mi lengua 
ni me falte la palabra; 
el cantar mi gloria labra 
y, poniéndome a cantar, 
cantando me han de encontrar 
aunque la tierra se abra. 

Me siento en el plan de un bajo 
a cantar un argumento; 
como si soplara el viento 
hago tiritar los pastos. 
Con oros, copas y bastos 
juega allí mi pensamiento. 

Yo no soy cantor letrao, 
mas si me pongo a cantar 
no tengo cuándo acabar 
y me envejezco cantando: 
las coplas me van brotando 
como agua de manantial. 

Con la guitarra en la mano 
ni las moscas se me arriman; 
naides me pone el pie encima, 
y, cuando el pecho se entona, 
hago gemir a la prima 
y llorar a la bordona. 

Yo soy toro en mi rodeo 
y torazo en rodeo ajeno; 
siempre me tuve por güeno 
y si me quieren probar, 
salgan otros a cantar 
y veremos quién es menos. 

No me hago al lao de la güeya 
aunque vengan degollando; 
con los blandos yo soy blando 
y soy duro con los duros, 
y ninguno en un apuro 
me ha visto andar tutubiando. 

En el peligro, ¡qué Cristo! 
el corazón se me enancha, 
pues toda la tierra es cancha, 
y de eso naides se asombre: 
el que se tiene por hombre 
donde quiera hace pata ancha. 

Soy gaucho, y entiéndanló 
como mi lengua lo esplica: 
para mí la tierra es chica 
y pudiera ser mayor; 
ni la víbora me pica 
ni quema mi frente el sol. 

Nací como nace el peje 
en el fondo de la mar; 
naides me puede quitar 
aquello que Dios me dio: 
lo que al mundo truje yo 
del mundo lo he de llevar. 

Mi gloria es vivir tan libre 
como el pájaro del cielo; 
no hago nido en este suelo 
ande hay tanto que sufrir, 
y naides me ha de seguir 
cuando yo remuento el vuelo. 

Yo no tengo en el amor 
quien me venga con querellas, 
como esas aves tan bellas 
que saltan de rama en rama, 
yo hago en el trébol mi cama, 
y me cubren las estrellas. 

Y sepan cuantos escuchan 
de mis penas el relato, 
que nunca peleo ni mato 
sino por necesidá, 
y que a tanta alversidá 
sólo me arrojó el mal trato. 

Y atiendan la relación 
que hace un gaucho perseguido, 
que padre y marido ha sido 
empeñoso y diligente, 
y sin embargo la gente 
lo tiene por un bandido. 


 El canto consuela al hombre de la pena: quien canta su mal espanta. La necesidad de desahogo y la necesidad de expresión se unen en el arte. El cantor, como el ave, canta la vida, con una voz que no es comunicación sino celebración o lamento. El ritmo invita a la escucha. Las cuerdas de la guitarra (vigüela) que acompañan al cantor recuerdan los trinos de las aves. Los versos en sextillas de octosílabos reproducen esa "parla pintoresca" que reproduce el habla del pueblo pampero, del hombre del campo, que aún conserva arcaísmos del castellano peninsular y alteraciones fonéticas (metátesis, aféresis, síncopa, apócope, diptongación de hiatos, trueque de vócales átonas) que crean una verdad popular tan honda que éste fue el único libro que compraban los gauchos para que se lo leyeran en las pulperías. Un poema sobre el pueblo, que, por raro designio, fue amado por el pueblo, a pesar de ser su autor hombre culto y urbano. 

 La música (verso), espantando los males, tiene larga presencia en las tradiciones míticas y populares: Orfeo tañe su lira en el Hades, en busca de Eurídice; la Machi, en el pueblo mapuche argentino, es un ritual de sanación con el toque de kultrún (tambor) y de kaskawillas (cascabeles) que purifican de espíritus malignos. La musicoterapia permite desviar el foco de la atención del dolor durante el tiempo de escucha, y unido a la liberación de endorfinas, produce una sanación, al menos transitoria, como ya supo Arthur Schopenhauer. 

 Martín Fierro anuncia que va a cantar su historia, y pide memoria y entendimiento a los oyentes, porque estamos ante la oralidad, al menos recreada en la escritura, y que nadie le impedirá contar su vida con todas sus penas, pues las alegrías no se cantan, se viven y se olvidan. 

 La profesión de fe en el arte da lugar a esta famosa estrofa hernandiana: "Cantando me he de morir,  / cantando me han de enterrar,  / y cantando he de llegar  / al pie del Eterno Padre;  / dende el vientre de mi madre  / vine a este mundo a cantar". Vivir para contar cantando, que quien no canta no vivió ni revivió en oídos ajenos paralelas vidas de caminos y estragos. El héroe nace con el relato. Sin transmisión rítmica la vida es una nada que fluye sin eco. El oficio de cantar hace nacer la aventura, y en ésta se eleva el héroe. ¿Quién creyó vivir una aventura hasta que no fue contada y escuchada por otro? La diferencia entre el contar del hombre prosaico y el cantar del artista es el ritmo, y en el ritmo, el héroe y su aventura se dibujan con claro perfil, con melódica emoción y sabia sentencia. Los niños que cuentan bien sus historias inventadas tienen la semilla del arte. El cantor muere con la guitarra en la mano, no hay jubilación aquí. Si vivir es contar, y contar con arte es cantar, no hay muerte más que cuando el canto cesa. Martín Fierro lo sabe y lo canta, por eso "el cantar mi gloria labra, / y, porniéndome a cantar, / cantando me han de encontrar / aunque la tierra se abra". No es "cantor letrao", "mas si me pongo a cantar / no tengo cuando acabar / y me envejezco cantando: / las coplas me van brotando / como agua de manantial". 

 El desafío es esencial en el payador (cantor poeta improvisador del Río de la Plata y Chile): "Y si me quieren probar, / salgan otros a cantar / y veremos quién es menos". Una invocación al duelo estético -llamado "batalla de gallos" o freestyle en el rap-, en el que no sólo se consuelan penas, sino que en liza con competidores se juega el honor y se prueba la agudeza del ingenio. Los bertsolaris vascos, los troveros de Cartagena o Cuba y los repentistas forman parte de la misma tradición. 

 Y el gaucho se adentra con más hondura filosófica en su naturaleza en los famosos versos de sabor clásico: "Nací como nace el peje  / en el fondo de la mar;  / naides me puede quitar  / aquello que Dios me dio:  / lo que al mundo truje yo  / del mundo lo he de llevar". El arte de cantar es tan natural como el pez que nace en el fondo del mar tiene el arte de nadar, y por ello, no fruto de instrucción o técnica, perdurará hasta la muerte, siendo destino del gaucho seguir su naturaleza cantora. Viniendo de la naturaleza, es decir, de Dios, el canto es un don divino, y ejecutarlo es alabanza del Creador. 

 Las comparaciones con la naturaleza son constantes porque el gaucho es un habitante del campo, no de la ciudad. Si Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) escribió el crucial ensayo "Civilización y barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga. Aspecto físico, costumbres y ámbitos de la República Argentina" (1845), oponiendo la civilización a la barbarie, siendo barbarie la vida del campo, de los gauchos, encarnados en Facundo, en José Hernández se invierte la valoración y se reivindica al gaucho, ya en vías de extinción con el progreso industrial y el desarrollo urbano en la Argentina. Para Sarmiento el progreso europeo debía ser el modelo en la educación y desmantelamiento de la forma de vida criolla guachesca, anclada en la tradición del caballo y el cuchillo. Esa europeización de Sarmiento, que fue presidente de la República Argentina entre 1868 y 1874, justo cuando salió "El gaucho Martín Fierro", ocultaba el sentimiento de inferioridad colonial frente a las metrópolis. José Hernández, afirmando al gaucho sentaba, al entender de Leopoldo Lugones y Leopoldo Marechal, una identidad nacional propia. El "Martín Fierro" fue elevado a símbolo sagrado de la patria, y si el sueño de Sarmiento fue una educación europea que destruyera al gaucho, desde Lugones y Marechal, la vida literaturizada del gaucho pasó a enseñarse en las escuelas. La valentía del héroe declinante de las pampas expresada con lenguaje llano y hondura lírica se convierte en texto escolar, quintaesencia de lo argentino y fundación mítica de una patria de aluvión de emigrantes de mil lugares.

 El final del Canto I nos advierte de las penas del cantor, visto por las gentes como bandido. El camino del sufrimiento es el camino de la redención, puede que no de la felicidad, mas sí de la sabiduría.

Francisco Huertas Hernández
30 de marzo de 2026

Bibliografía:

- José Hernández: "Martín Fierro". Clásicos Castalia. Madrid. 1994. Edición de Ángel J. Battistessa

- José Isaacson: "Martín Fierro. Cien años de crítica". Editorial Plus Ultra. Buenos Aires. 1986. Artículos de Subieta y Unamuno y otros


domingo, 29 de marzo de 2026

Bolsas de tiendas de discos en la Transición Española (1973-1982). Francisco Huertas Hernández

Las bolsas de las tiendas de discos durante la Transición Española (1973-1982). Francisco Huertas Hernández


 Y un homenaje quiero rendir desde aquí a las viejas y desaparecidas tiendas de discos de la "transición" política española de la dictadura militar (1939-1976) a la democracia reformista tutelada (1977-actualidad), cuando los discos corrían de mano en mano, y como decía nuestro amigo Ricardo, propietario de la extinta Discos "Merlín" de Alicante, la gente iba por la calle con bolsas de discos bajo el brazo.
Estas fotos mías muestran esas bolsas de los años setenta y comienzos de los ochenta, en las que yo llevé tantos entrañables LP's.

La todopoderosa Tienda "Discoplay". Galería Comercial "Los Sótanos". Gran Vía, 55. Madrid (España)
Bolsa de 1983
Foto de Francisco Huertas Hernández

"Discoplay, fundada en Madrid en 1970 por Emilio Cañil, fue una tienda de discos mítica, famosa por su gran local en los bajos de Gran Vía y su pionera venta por catálogo. Durante décadas, fue el referente musical en España, vendiendo discos, pósters y entradas antes de cerrar en los años 2000"

La Tienda "SonidoVisión". Era una tienda de electrodomésticos con una sección de discos. Gran Vía, 21. Murcia (España)
Bolsa de 1981
Foto de Francisco Huertas Hernández

Era una de esas tiendas de electrodomésticos que vendían discos hasta la década de los 80. En 1982 mi amigo Arturo Zafra y yo estábamos allí escuchando con unos auriculares los LPs editados por Luis Eduardo Aute e Hilario Camacho.

El gigante. Grandes Almacenes "El Corte Inglés". Su sección de discos era enorme. En esos años aún resistía la competencia: los Almacenes "Galerías Preciados", que acabaron siendo comprados por El Corte Inglés.
Bolsa de 1981
Foto de Francisco Huertas Hernández

La tienda "Carrots". Calle Santa Florentina, 8. Cartagena (España)
Un buque insignia de las tiendas de discos del sureste de España. Tenía dos tiendas: una para discos, y otra para cassettes y cartuchos. Las dos contiguas. Su cierre, como el de las librerías "Espartaco" y "Escarabajal" supone la muerte cultural de Cartagena.
Bolsa de 1978
Foto de Francisco Huertas Hernández

En este artículo de referencia explico toda la historia de Discos Carrots de Cartagena, unida a mi historia personal:

La tienda "Carrots". Calle Santa Florentina, 8. Cartagena (España)
Un buque insignia de las tiendas de discos del sureste de España. Tenía dos tiendas: una para discos, y otra para cassettes y cartuchos. Las dos contiguas. Su cierre, como el de las librerías "Espartaco" y "Escarabajal" supone la muerte cultural de Cartagena.
Bolsa de 1982
Foto de Francisco Huertas Hernández

 La tienda "Selecciones". Calle Mayor, 21. Cartagena (España)
Era un comercio de equipos de música de alta fidelidad, con sección de discos
Bolsa de 1978
Foto de Francisco Huertas Hernández

La tienda "Radiolux". Calle Medieras, 1. Cartagena (España)
Era una tienda pequeña dedicada en exclusiva a la venta de discos
Bolsa de 1979
Foto de Francisco Huertas Hernández


Francisco Huertas Hernández.
29 de marzo de 2026

viernes, 27 de marzo de 2026

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (4). El estado de Leyli. Belleza y Bien. Gazales mensajeros de amor. El jardín. Francisco Huertas Hernández

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (4). El estado de Leyli. La belleza y el bien. Gazales, mensajeros de amor. El jardín. Francisco Huertas Hernández




 El amor de Majnún por Leyli continuaba con el salvaje retiro extático de él y la enclaustrada pena de ella. La distancia alimenta el amor con llanto e idealización. Qeis se ha transformado en Majnún (loco) por amor. El amor, imposible en la tierra, se realiza en el cielo, en soledad, honrando y cantando a su amada en gazalesEl gran poema lírico persa de Hakim Nezamí (Nizamí) Ganjaví (1141-1204) es una suma de leyendas, historias, meditaciones e imágenes de prístina belleza natural, que ha fecundado la literatura persa a lo largo de los siglos.

 "Cada día era ella más hermosa... / La envidia de la luna por su rostro, / el dolor del corazón del perenne ciprés por su faz" canta el poeta. La mujer ejerce el poder de su belleza sobre el enamorado. Mas sabemos por la experiencia y la literatura que la belleza es verdadera cuando se identifica con la bondad. La belleza interior es la del alma, y esto es lo que ejerce el trastorno absoluto en la conciencia del amante. Si el rostro y la figura despiertan el deseo, éste se eleva a amor cuando se adentra en el alma que ilumina las facciones, porque los ojos son puertas del alma, y el color de la tez, signo de salud y virtud. El mundo miraba a Leyli. Y Nezamí describe la armonía de sus formas. Pero ella quería reunirse con su amado Majnún, con miedo al mal de ojo, a esa envidia tan poderosa que traspasa el aura del envidiado para causar estragos en su arquitectura inestable. Y algo delicado y misterioso trae la leyenda: los gazales que componía Majnún llegaban de boca en boca, de canto en canto, hasta Leyli, siendo el correo más sincero, el más profundo hilo rojo de un corazón a otro. "Todos los rincones de la casa a los que miraba / en sí misma le inspiraban gazales. / Cada niño que venía del bazar / versos recitaba sobre sus asuntos. / Todo aquel que pasaba bajo su terrado / daba a su falta de soledad respuesta... / Versos sobre el estado de ánimo de Majnún / recitaste como perla pulida. / Ella respondió de otro modo, / al fuego que ella oía agua contestó. / Una carta a escondidas con sangre escribió, / un poemilla en él escribiste. / A un caminante la lanzó desde arriba, / dio del jazmín al ciprés un mensaje. / Aquel que recibió esa invitación / en voz alta cantó y empezó a bailar. / Lo llevaste y a aquel desconocido lo entregaste, / que de él palabras no oídas nacieron... / Por medio de este camino van los dos corazones entrelazados, / iban muchos mensajes. / De la canción de estos dos ruiseñores ebrios / el resto de ruiseñores moría de dolor. / Así, por la misma fama que los hizo desdichados / ahora encontraban consuelo, al ser sus poemas / por los demás llevados de uno al otro y al revés". "Sobre el ancho río y la aguda arpa / en una melodía el sonido de esas dos canciones. / De los picos de ellos salían palabras medidas / y de tocar el arpa sonidos profundos. / De la voz de esas dos canciones, / el coro lo formaban los niños de la casa".

 Los gazales mensajeros de amor, circulando a través de las voces de los niños y los viajeros, mantenían los corazones de los enamorados unidos. Que se sepa que los poetas no quieren ser olvidados y por ello se afanan en los instantes, que huyen entre dos nadas, en lanzar sus versos a una posteridad, que, más que fama, les dará el amor, en las manos de lectores, que harán revivir su memoria cuando ellos sean cuerpo disuelto en tierra. Mas sus versos serán viento entre las hojas de los libros que siglos y siglos después refresque y despierte las almas lejanas que aún no han visto la luz mientras el poeta entrega su último aliento en el postrer verso de su mano. Este acto de amor que es escribir, que no se ha valorado en su justa medida. Amor lejano a los lectores no nacidos. Amor a la belleza que tiene el poder de hacer bueno a quien su verdad despliega en el pasar de las hojas del libro amado. ¡Cuánto hay de anhelo eterno y de desesperado grito de soledad en el escribir para el viento de los tiempos! Majnún sólo acaricia a Leyli en los gazales que los niños escucharon en el bazar y transmitieron de uno a otra como el canto del ruiseñor, mensajeros involuntarios del amor. En la tradición persa, el ruiseñor, amante eterno de la rosa (belleza), en su canto expresa el lamento del amor. Los gazales de Majnún son ese mismo canto de la naturaleza, que no puede silenciarse, el amor atraviesa la barrera de la ley humana, de la distancia. Se hace arte, porque el arte es la manera de seguir amando en el tiempo, y eso bien lo saben los poetas. 

 Y Leyli salió al jardín. Jardín, cárcel de oro, de belleza y nostalgia de lo perdido. Majnún se tortura amando sin consuelo en el desierto, lejos de las flores, pero Leyli, sufre ante la belleza de aves y flores en un jardín, enclaustrada, apartada por sus padres. "Porque salió la flor al campo / la tierra se perfumó como la flor". Nezamí recorre los colores y fragancias del pensil, que adquieren conciencia de su hermosura por la presencia de la más bella criatura, Leyli. "Las flores al verla por besarla se abrían; / nunca vieran otra igual, enamorarla querían". "Leyli y las otras muchachas / fueron al prado apacible". A los árboles hablaba la muchacha triste. "¡Oh ciprés cuyo brote es generoso! / A tu corazón  ardiente le azotó el viento de la ausencia. / ¡Ojalá cruzases la puerta de este jardín / y vinieses y te llevases el dolor de mi corazón!". Y vinieron los gazales por el aire. "Aún no habían volado sus palabras / cuando alguien dejó escapar un sonido. / Un hombre, en gazales, como finas perlas, / cantaba los dichos de Majnún"

 Los lamentos del amante, sus reproches, atraviesan el alma de Leyli. "Leyli escuchó estos gazales / y lloró, y con sus lágrimas rompía las piedras". Su madre salió en su busca, pensando que él ya se ha vuelto loco, y ella, una borracha, y amontona rencor, mas sigue esperando. "Leyli como un tesoro quedó confinada / y era como la luna sobre un tejado. / Sollozaba con suspiros entrecortados, como una presa... / A pesar de su añoranza vivía, / que sin añoranza, ¿cómo puede haber Amor?

 Una visión mística del amor: el amor no como posesión, sino como tensión dolorosa, anhelo inacabable. El fuego ilumina mejor en la distancia. Y el hábito apaga el fuego del corazón, más en los jóvenes que sacian su deseo y carecen de sabiduría. Hay que sufrir para ser sabio, y la privación del goce, como liberación inmediata del deseo, es la vía. El amor siempre en camino, nunca en la meta. Ese camino que es el anhelo del origen divino, pues la capacidad de amar es lo divino que Dios, probablemente, puso en el humano. El saber es un anhelo de regreso al origen, pero el origen mismo es amor. El saber mismo es impulso amoroso hacia lo otro. El amor es motor, el saber sólo vehículo. Y el motor quema la energía para moverse, así el dolor quema para proseguir amando...

Continuará sdq

Francisco Huertas Hernández
27 de marzo de 2026

miércoles, 25 de marzo de 2026

"Martín Fierro" de José Hernández (1). Poema épico argentino. El solitario, el canto y el penar. Francisco Huertas Hernández

"Martín Fierro" de José Hernández (1). Poema épico argentino. El solitario, el canto y el penar. Primera aproximación personal a partir de Subieta y Unamuno. Francisco Huertas Hernández
 


 "Martín Fierro" es la Iliada y la Odisea de la literatura argentina. Libro fundante de una identidad nacional, un héroe popular (gaucho) y un estilo oral (habla gauchesca) cercano al romancero.

 En su primera estrofa ya están expuestos los temas del solitario (perseguido), el canto y la pena:

Aquí me pongo a cantar
al compás de la vigüela,
que el hombre que lo desvela
una pena estraordinaria,
como la ave solitaria
con el cantar se consuela

 José Rafael Hernández (1834-1886), el autor, menos recordado que su obra, vivió mucho de lo que puso en el poema, aunque su existencia no fue larga. Ángel J. Battistessa señala que tras la muerte de su madre fue llevado a los campos sureños en 1843 y "allí se hizo gaucho". Intervino en campañas militares en la época posterior a la caída de Juan Manuel de Rosas, y trabajó como periodista, militar, taquígrafo del Senado, autor de libelos políticos, maestro de gramática. Abogó en defensa del gaucho y la abolición del servicio militar en la frontera. Tras un exilio, concluyó el poema "El gaucho Martín Fierro" en 1872. El éxito del libro, dio lugar a una segunda parte -al modo del Quijote, con el que guarda notable similitud-: "La vuelta de Martín Fierro" en 1879. Participó ampliamente en política y murió el 21 de septiembre de 1886.

 En mi primera aproximación a este libro me haré acompañar por alguno de sus comentaristas insignes.
 
 Don Miguel de Unamuno en 1894 en "La Revista Española" de Madrid dio noticia al lector español de esta reciente creación que apenas había sido ensalzada en la Argentina en 1881 por Pablo Subieta: "Martín Fierro vive en la memoria de todos, y vivirá en las futuras generaciones, porque es el poema más argentino". "Las estrofas en seis versos -dice Subieta- se prestan igualmente al canto rítmico, a la rotundez de los pensamientos y a la variedad de tonos; por eso el gaucho canta esas rapsodias argentinas con interés, entusiasmo, deleite y compunción, como la expresión legítima de sus creencias, de sus necesidades, esperanzas e ilusiones". Subieta deja preparado el terreno a los subsiguientes analistas del canto nacional argentino. 

 Unamuno inicia así su elogio matizado y marcadamente sesgado hacia la influencia española en el poema de Hernández:

"En la República Argentina ha existido y existe esta poesía del pueblo o del vulgo al lado de la poesía sabia. Desde muy antiguo, desde que hubo gauchos en la Pampa... hubo entre dichos gauchos cantores y tocadores de guitarra, músicos y poetas a la vez, que han lucido y nos han dejado en sus coplas y canciones tesoros de inspiración original y fieles pinturas de la vida nómada que en aquellos campos se hacía. Los poetas de esta clase eran llamados o se llaman payadores, y se cita como las más ilustres entre ellos a Estanislao del Campo, a José Hernández y a Ascasubi".

 Pero, ¡oh, avieso autor bilbaíno!, que estas palabras no son de Don Miguel sino de Don Juan Valera en sus "Cartas Americanas", y las usa para enmendar la plana a Valera, ya que a Hernández "no puede llamársele payador".

 Unamuno recuerda las once ediciones aparecidas en diez años de "Martín Fierro" (1872-1882), y que los encomios hiperbólicos recibidos, comparándolo con la Divina Comedia, el Quijote, y el Fausto, le predispusieron contra el poema gauchesco. Pero "es una soberana hermosura -concluye Don Miguel-, lo más fresco y más hondamente poético que conozco de la América española... 
 El amor con que el pueblo argentino le ha acogido, es su mayor consagración. Le llaman el Quijote nacional; corre de pulpería en pulpería y de rancho en rancho, congregándose los pamperos en torno al lector para oír los infortunios de Martín Fierro, acorralado por la civilización argentina, y no hay allí  quien no le tenga en sus labios y sobre su corazón"

 Pero "¿cómo libro de tan extraordinario éxito en la Argentina, que lleva más de veinte años de vida, apenas se habla de él en España?

 Responde Unamuno con una "españolización" exagerada de las virtudes y estilo del gran poema épico argentino. Primero, la necesidad de un "brevísimo" glosario y notas explicativas, "porque los más de sus modismos y términos dialectales son españoles de pura raza, usados aquí por el pueblo, aún cuando no se escriban". Y esto es verdad para todo lector español que haya leído literatura clásica española y tenga más de sesenta años: encontrara en el vocabulario martinfierresco palabras y expresiones conocidas, arcaísmos, modos regionales olvidados. 
 
 Sobre los "versos incorrectos", donde se intenta conservar la originalidad del tipo gauchesco (un hombre medio analfabeto) sin herir el oído con desafinaciones, no cabe duda que es un logro inmortal de Hernández: elevar a gran literatura el habla (idealizada) incorrecta del pueblo.

 Añade el profesor de Salamanca, que en la original creación hernandiana "se compenetran y como que se funden íntimamente el elemento épico y el lírico". 

 Luego viene lo de que ""Martín Fierro" es de todo lo hispanoamericano que conozco lo más hondamente español, Me recuerda a las veces nuestros pujantes y bravíos romances populares" porque "la poesía popular y la artística, sabia o erudita, tienen un mismo origen, arrancando, como toda diferencia, la que entre ellas existe, de un fondo común a ambas, y estando colmada con matices intermedios y transiciones", y menciona a "nuestro viejo Poema del Cid".

 Concluye Don Miguel: "En la Pampa alienta un pueblo acorralado, es cierto, por la civilización argentina, pero un pueblo total, íntegro, verdadero trasunto de nuestro pueblo español, cuando en éste brotaron los romances populares, y por esto ha podido allí brotar por ministerio de un hombre más culto que los gauchos, José Hernández, un poema popular gauchesco, Martín Fierro..."

 Obsérvese que Unamuno soslaya el destino individual del héroe, su tragedia, y la dimensión universal del exiliado en su propia tierra, desplazado por esa "civilización" mecánica, industrial y urbana, que suplantó el modo de vida del campo.

 Mi lectura continua del "Martín Fierro" es la de un solitario rebelde, pero viejo, que lee las peripecias de otro solitario rebelde, pero joven. El solitario nace o se hace. El gaucho de la historia de Hernández se hace solitario al convertirse en perseguido. Secuestrado para servir en el ejército en la guerra contra los indios en el fortín fronterizo, maltratado y empobrecido por el incipiente estado argentino, el gaucho deserta y al volver a su lugar no halla ni a su mujer ni a sus hijos. Ha sido despojado de todo. Los conflictos le salen al paso, como determinados por su condición de fugitivo: mata a un negro en una pulpería y, poco después, a un gaucho. Sólo le queda huir sin fin, esconderse, pero la "partida" le alcanza, y en brava lucha con los "milicos" se pone de su parte uno de ellos, ante tamaña injusticia de muchos contra uno: el sargento Cruz, se alía con el fugitivo, y ambos huyen a tierra de indios...

 El poeta cuenta la historia de las desgracias de Martín en el canto, porque al cantar se consuela como el ave solitaria... El propio Martín tendrá un duelo de payadores inolvidable en la segunda parte, donde ya se hizo sabio el que partió ignorante... que el mucho sufrir en soledad hace comprender al hombre las verdades más escondidas de la vida.

Continuará sdq

Francisco Huertas Hernández
25 de marzo de 2026


Bibliografía:

- José Hernández: "Martín Fierro". Clásicos Castalia. Madrid. 1994. Edición de Ángel J. Battistessa

- José Isaacson: "Martín Fierro. Cien años de crítica". Editorial Plus Ultra. Buenos Aires. 1986. Artículos de Subieta y Unamuno y otros

martes, 24 de marzo de 2026

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (3). Majnún, loco de amor, y los consejos de su padre. Un clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (3). Majnún, loco de amor, y los consejos de su padre. Misticismo vs. mindfulness. Un clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández







 Hemos dejado a Majnún (Qeis), un noble árabe, apuesto e inteligente, con el juicio absorbido por Leyli (Layla), amada-luna lejana, cuyos padres niegan al loco amante la mano. Éste abandona su hogar y huye a la naturaleza, donde entre llanto y recuerdo, compone versos (ghazales) en honor de su amor imposible. El padre de Majnún lo busca para llevarle a La Meca, porque "como el pensamiento que se adueña de todo, / tornose el pensamiento de Leyli una nube que lo cubría todo. / Cada vez más encorvado iba / y en el Amor más se perfeccionaba. / Cada batalla en la que vence el Amor / corta las cadenas del tormento". La buena suerte había huido de su corazón y el pobre padre no sabía ya qué hacer. Y los allegados convinieron en un único remedio: peregrinar a La Meca, donde se abriría esta puerta. Fueron padre e hijo en camello, derramando riquezas por el camino, distribuyendo limosnas entre la multitud. Pidió el padre que tocara el hijo con la mano los santos lugares, "que del mal te liberarás", que el progenitor así pedía a su vástago que dijera: "¡Dios, líbrame de esta idiotez, / del error llévame al camino recto! / ¡Sé misericordioso y a tu abrigo tenme, / y de este Amor devuélveme al camino recto!". Majnún al oír hablar de amor, lloró y luego sonrió, y con sus manos agarró la Ka'aba sagrada. En las palabras del joven hay una contumacia desafiante: "me dicen que me separe del Amor, / es el consejo de mis amigos. / Yo me nutro del Amor. / Si se muere el Amor, ¡muera yo con él! / Ser esclavo del Amor era mi destino, / mi destino no es otro que Amor" Así, Majnún no tiene en cuenta el deseo del padre, pues una Ley superior le mueve: "¡De la fuente del Amor dame la luz / y este brillo no tengas lejos de mi vista! / Si del vino del Amor estoy ebrio, / ¡hazme más amante de lo que soy!". Y suplica a Dios que multiplique su Amor, y que le arranque su tiempo de vida para agregárselo a Leyli: "¡sin la ebriedad de ella no tenga yo copa! / ¡que mis monedas lleven su perfil!". Y hasta que le sea lícito beber su sangre. 

 "El padre ponía el oído a sus palabras / y cuando le hubo escuchado permaneció en silencio. / Supo que el corazón estaba prisionero, / que este dolor no tenía cura". ¡Ay, mal de amores, que es el bien mayor que el alma goza! ¡Y cómo los poetas en el uso del oxímoron y la antítesis alcanzan la Coincidentia Oppositorum! Porque sin el mal de la ausencia, del abandono y la traición el amor no se fortalece, ni encuentra la resistencia del fatum que a todo impulso ennoblece, ¿qué sería de las voluntades que avanzaran en su deseo sin resistencia? Se desvanecerían en el aire. El amor sólo es fuerte cuando duele en sus cortes, espinas y venenos. No se ama lo que no ofrece oposición. Atracción gravitatoria y entropía. Impulso y desorden. Fuerza y fricción. No es que Leyli no ame a Majnún. Pero ella también pertenece a una familia y una tribu. El acto de amar es el gran desafío, fuerza motriz que choca con la fricción de la resistencia social de familia y costumbre. El amor es Ley divina, por escapar a la razón, que encuentra el muro de la ley humana. Si el hombre tuviese que amar con las leyes de la ciudad, su corazón estaría tan seco como las arenas del desierto. El padre de Majnún quiere que Dios mismo disuelva esa fuerza sobrehumana del amor en su hijo que pena de amor. El padre impone esa ley humana que exige renunciar al deseo. El deseo, transformado en fe y devoción, rompe la ley de la tribu, de la familia. El hijo deja de serlo cuando ama a una extraña a la que entrega su voluntad, para así fundar nueva progenie, nueva familia. 

 Mientras Leyli lloraba, pues sometida estaba a la ley del padre. Y los de la tribu de Leyli esparcían maledicencia contra el enamorado: "va cada día con la cabeza baja, / desgreñado y perdido por el llano. / De nuestro Dios por el camino de la pena / a veces baila, a veces el suelo besa. / A cada momento compone un nuevo gazal, / es versado en versos y en la recitación. / Así canta, y las gentes memorizan, / a ti y a mí nos desprecian. / En cada gazal que recita / cien velos contra el decoro aparta. / Leyli por la distancia arde viva, / viento que se obsesiona por tu luz". Y los amantes de Verona, repetirían destino aciago cuatrocientos años después. Julieta y Romeo, cual Leyli y Majnún son fuerzas gravitatorias sin elección. Romeo Montesco ama, lucha y se suicida, pero Majnún (Qeis) retirándose al desierto, compone versos, resiste a todos los consejos y plegarias de padres y amigos, se entrega a un amor absoluto, místico, como veremos a continuación. Los Capuleto repetirán la interdicción de amar a su hija como los padres de Leyli. 

 Fue el padre de Qeis en busca de su hijo, cuya vida podía ser arrebatada por los infundios que contra él circulaban. No le encontraban y dieron en pensar que muerto y descuartizado por felino estaba. "Mas él, en un rincón sentado, con la oreja perforada, / como un tesoro en la oreja escondida. / Del mundanal ruido con sus grandes y pequeños problemas / se apartó a un rincón y no prestó atención". "Feliz está por su circular destino", escribe el poeta. ¡Circular destino! ¡Evocación de otro héroe pérsico: Zarathustra de Nietzsche conocedor del eterno retorno, circular destino!

 "Majnún, que se había quedado sin su miel, / tragaba trozos de pan como veneno, / Desde que iba por el camino de la indigencia / aumentaban sus asuntos entre el público". Su fama, en los versos que él hacía volar por los vientos, crecía tanto como su pobreza. Leyli iba de boca en boca por los gazales de Qeis, el llamado loco (Majnún), loco poseído por el amor y su lamento.

 Un viajero lo vio junto a un espejismo de agua: "estaba solo y era único como sus versos, / con nadie compartía su dolor, aunque sus poemas eran remedio para los demás" "No tiene a nadie a sus espaldas, / sin rima está el hombre solo. / Su cuerpo encorvado parecía un arco / y la fidelidad de ella la flecha. / Excepto su llanto a nadie tenía por compañía, / excepto su sombra nadie compartía sus penas. / Aparte de su llanto no tenía más amistades, / aparte de su sombra no tenía más conversación". Hakim Nezamí Ganjaví, el poeta persa, canta a la soledad y la fe.

 Majnún, a ojos de un lector occidental envenenado por la pseudo psicología positiva individualista atea, parecería un caso patológico de no aceptación, de relación "tóxica", falta de autoestima, que necesita "soltar" para encontrar su "mejor versión". La inconmesurabilidad de cosmovisiones es evidente. Majnún es un héroe trágico y místico. Occidente hace siglos que desconoce estas dimensiones. Majnún no busca la paz de la falsa aceptación, de la renuncia a la fuerza del amor, él acepta el sufrimiento como camino a la verdad, el amor. El dolor no debe ser negado o superado, es el fuego que purifica su amor. El "quiérete a ti mismo" de la pseudo psicología positiva antifreudiana y postcapitalista fortalece el "yo", frente a cualquier visión religiosa, especialmente budista, pero también islámica o cristiana. El misticismo de Majnún busca lo contrario: el "fana" (فناء), para el sufismo es la extinción del yo, para convertirse en el amado. Majnún aspira a dejar de existir para donar su existencia a Leyli, para que solo exista Leyli. Es la fusión divina a través del amor. El amor como fuerza todopoderosa que mueve los astros, las voluntades, gravedad, electromagnetismo, impulso, deseo, sed, huracán, abismo, locura, éxtasis, es lo contrario del "mindfulness", esa técnica de relajación para estar en el aquí y en el ahora. Majnún hace lo opuesto: pone su atención absoluta en lo ausente (el allá y lo eterno). El mindfulness es el sucedáneo de religión sin misterio ni eternidad para curar engañosamente la ansiedad de individuos sin horizonte vital, individuos que ya no pueden amar, porque han de producir, ser funcionales y autogestionar su ansiedad. Una sociedad occidental, vacía, inhumana, mercantil, que ha decidido perseguir el amor como patología es incapaz de entender, sentir y valorar formas de poesía y fe tan hondas como la de Leyli y Majnún. 

 Y volvamos al paraje apartado donde Majnún paraba. "El pobre padre, que de él tuvo noticias, / abandonó tierra y amigos al momento", buscando a su hijo. Y lo halló caído sobre una roca, recitando gazales. Al ver al padre y reconocerlo se arrodilló ante él. Dijo que su padre era su tesoro y el trono de su cabeza, y que aceptara sus disculpas por estar debilitado: "mírame y no preguntes por mi estado, / échale la culpa de mi estado al hado... / Sabes cuál es nuestro estado, / el asunto no está en nuestras manos". 
 Esta negación de la responsabilidad personal en el estado de "caído en el Amor", esta apelación al hado superior e implacable, es la fe. Pues fe es amar lo que no es de uno, lo que uno no ve, lo que uno no es, y, sin lo cual, uno no es nada. Fe es participar del todo, y el todo no es conocimiento, es Amor. En las tradiciones gnósticas ese Absoluto se logra por una sabiduría secreta, iniciática. En las religiones mayoritarias esa fe se revela en los Libros Sagrados que despiertan en el creyente el Amor que se despoja del apego al yo y tiende hacia lo Absolutamente Otro que se vive en el interior como Fuente de Ser. En las prácticas místicas cristianas, como la de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, el ascenso del alma es un estado amoroso idéntico a la pasión humana, y emplea su lenguaje. 

 ¿Qué consejos dio el padre de Qeis a su sufriente hijo? "¡Ay, pétalo torturado, / como pétalo arrancado de la flor! / ¡Ay, enamorado! ¡Cuánta inconstancia! / ¡Ay, ardiente! ¡Cuánta crudeza! / ¿Qué mal de ojo alcanzó tu figura?... / ¿No te has cansado de sufrir / y de oír el veneno de tus enemigos?... / ¡Frena tu antojo de enamorado! / Mi nombre y tu respeto ya se han desgastado. / Ser novio mostrando tal aspecto / error grande de inconstancia es. / Un defecto es mejor tenerlo guardado, / un amigo es el espejo en el que los verás. / El espejo siempre refleja la verdad, / muestra el error para que lo limpies. / El espejo libre está de lo feo y de lo bello, / nuestra imagen viene del barro. / ¡Siéntate y libera tu corazón de este dolor! / Que es mejor que dar golpes al aire. / Creo que no tienes paciencia / para soportar la distancia del Amigo"
 Y le propone volver a casa. "Tú te fuiste y le dejaste todo el huerto al viento, / yo permanecí así en la lengua del enemigo. / Mientras entre tú y yo haya honor, / deshazte de las habladurías de la gente. / Tú eres la fuente del Amor y yo de tu falta sufro. / Tú desgarras tus ropas y yo mi alma. / Si Amor despertó un fuego en tu interior, / tú eres el fruto de mis entrañas y me quemas" "¡No desesperes en la búsqueda de una solución, / que de una semilla seca brota un verde árbol!... / En la desesperación mucha esperanza hay, / al final de la negra noche llega el blanco día". Y le invita a regresar con sus allegados que "desatan los nudos", tener paciencia. "El mar cuya apariencia tan grande es / sus columnas las gotas de los arroyos son". Padre sabio, amoroso con su hijo. "Tu corazón por qué a alguien lo has de entregar, / si ella pasados los años no se acoradará de ti. / Ella sin ti es como una flor y tú eres sólo su tierra. / Ella tiene el corazón de piedra / y a ti te apedrean el corazón... / ¡Búscate una ocupación, hijo mío, / hasta que superes esta situación!". Insiste en que Qeis es su vida (recuerde el lector lo muy deseado y difícil que fue su nacimiento): "el loco no hagas, que no podrás romper las cadenas que te acarreará".

 La cordura paternal choca con la locura sagrada del amor del hijo. La respuesta de Majnún a su padre alaba a éste, mas "¿qué puedo hacer yo avergonzado? / Desplomado, fuera de mí, estoy sin juicio, / voy por un camino en el que no hallo mi paz. / Lo sabes, no soy dueño de mis actos. / Mis manos están atadas con cadenas. / ¿Por qué atormentarse? Es mi destino" La parte que nos toca, destino, qisma (قسمة). "No es por su voluntad que aparece el reflejo en el lago / ni la luna decidió subirse al cielo... / Si estuviera en manos de los hombres / lo deseado, no se quedaría sin ser concedido" "Si me tiendes una mano en este camino / serías como el reflejo o la luna. / Porque no todo depende de nosotros, / arreglar las cosas no es asunto nuestro... / Si como la luz quiero sonreír, / temo la chispa que me puede hacer arder. / Me dicen que por qué no sonrío: / mis lágrimas muestran el dolor que sufro".

 Así respondió Qeis, mal llamado Majnún (loco), pues quien ama nunca es loco. Tan grande sabiduría que rebasa la pequeña copa de la razón humana, que ante el fuego del Amor no puede ni acercar a los labios sus gotas. Las ideas son gotas del mar del amor. En la sabiduría platónica el Amor es el motor del conocimiento, inalcanzable para quien solo mira y piensa sin sentir. Nezamí compone un poema sobre una leyenda árabe, sin duda, vivida por uno y muchos hombres reales, una y muchas mujeres reales, una historia de amor doliente, de fuego que ilumina y consume...

Continuará sdq...

Francisco Huertas Hernández
24 de marzo de 2026

domingo, 22 de marzo de 2026

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (2). El que ama canta su pena. Majnún rechazado por el padre de la novia. Clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (2). El que ama canta su pena. Majnún rechazado por el padre de la novia. Clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández

Miniatura del poema narrativo de Nezami. Leyli y Majnún se encuentran por última vez antes de morir. Ambos se han desmayado y el anciano mensajero de Majnún intenta reanimar a Leyli, mientras animales salvajes protegen a la pareja. Ilustración de finales del siglo XVI. Wikipedia





 Majnún "cada noche en la distancia cantaba versos, / y hacia la calle de su amada se dirigía. / Iba hasta besar su puerta, y volvía, / corría para llegar antes, / y volvía poco a poco y triste, / Su ida era alegría momentánea, / y su vuelta sufrimiento eterno". La amada Leyli es apartada por sus padres de tan loco enamorado. Y éste, en su afán de liberarse del dolor de la ausencia, canta, compone versos, que esparce por el aire. Aquí tenemos rasgos de la poesía amorosa ʿudhri con un amor absoluto, aunque casto, y fatal. Esta tribu de la época omeya (siglos VII–VIII) cantó a sus amantes sufrientes que morían de amor no realizado. La imposibilidad de amar, o mejor dicho, la imposibilidad de consumar el amor, es el acicate que encabrita al amante en una obsesión masoquista en la que el deterioro del cuerpo altera el alma hasta hacerla transparente a una dicha celeste. "El sultán del Amor pronto al amanecer / se levantaba derramando ejércitos de lágrimas. / Se perdió a sí mismo en el camino del enamorarse, / encadenado fue y prisionero en el barrio del Amor". Metáfora bélica y política: ejércitos y barrios. Lágrimas que asaltan con orden y rigor, y el amante no es señor (sultán) de sus huestes (ejército), pues está encadenado en un espacio urbano, intrincado, y de obligado paso. La autoridad del Amor impone sus cadenas de lágrimas, suspiros y tormentos en ese estado de sitio interior, del alma, una ciudad con el interminable trasiego de las pasiones. El amor, en este juego metafórico, no es simple estado afectivo, sino soberano, territorio y campaña militar, que toma el alma y la moviliza por entero. Dice el poeta que las habladurías de los comerciantes se cebaron en el amante loco, que acudía "con dos o tres amigos que tenía" al barrio de su Luna (Leyli). Una luna que ilumina con ardor lunático, no como un sol de mediodía. En la poética persa, la amada posee el rostro circular, blanco, luminoso, que impera en la noche. Una belleza lunar inalcanzable, aunque, en la lectura sufí, esta luna-amada tiene la luz reflejada del amante, un resplandor divino, que el amante ha recibido y por él experimente esa nostalgia de lo divino, manifestado en la Amada. Platonismo de amor como ascenso en la escala de la Belleza y el Bien desde el deseo físico a la contemplación o iluminación de lo más puro. Así iba Majnún, ya loco de amor, hablando a quien encontrara únicamente de Leyli, y escuchando sólo a quien de ella hablara. Muchos versos detienen la acción, mínima en su aspecto externo, mas infinita en su vertiente interior. En esos versos se da cuenta de la prisión de amor, como aquella que escribió Diego de San Pedro: "Cárcel de Amor" (1492), y en la lírica persa, Saadi, Rumi o Hafiz, mucho antes. "Yo estoy prisionero de tu Amor, / soy la arena que pisas bajo tus pies. / Yo soy aquel que del viento de primavera busca tu aliento, / y al mirar al suelo le hablo de mi Amor por ti". "Tu Amor es llanto, pena y paz para mi corazón, / tanto la cura como la herida del corazón". Y el amante se lamenta de un mal de ojo que llegó y le hizo desaparecer del Amor de Leyli. Ese mal de ojo es la envidia de los que no aman, de los que se burlan o maldicen los amores intensos, que, existiendo, desnudan las almas vacías de los envidiosos, que van de la murmuración a la maldición. 

 Y Majnún fue a ver a Leyli, aunque el poeta parece que nos ha contado que eso ya lo hacía muchas noches de Luna. Que Leyli era un ángel y que Majnún era sólo fuego de Amor. Y Nezamí despliega bellas imágenes para esa oposición que separa a la pareja en comparaciones interminables: "Leyli se encendía como el amanecer, / Majnún se apagaba como una candela".

 Y "Majnún ante la dificultad de la distancia / componía gazales todas las noches". El ghazal es una forma poética de dísticos y estribillo, dirigida a un oyente femenino, que pasó del mundo árabe al persa, retomó Goethe, y, más tarde, García Lorca. Como el padre de Majnún estaba triste pidió consejo y "los ancianos de la tribu, como una sola cabeza, / se aprestaron para cerrar el trato. / Que esa perla no pulida, al pulirla, / con esa piedra preciosa haga pareja".

 Y el padre de Majnún pidió la mano de Leyli con agradecidas palabras tras un viaje con gran número de gentes, mas escuchó estas duras consideraciones del padre de la novia: "Tu hijo es apuesto, / que alegre no esté hasta lograr su propósito. / Más la locura es una espiral, / el loco no es digno rival nuestro. / Primero reza para alejar su locura, / después búscale mujer. / Hasta que él no sea una piedra preciosa, / estas palabras no saldrán de aquí. / Daño por piedra preciosa no puedo comprar, / una piedra dañada no entra en un collar".

 Y así regresaron sin esperanza, como exiliados apenados, y consolaban a Majnún pidiéndole que no se abandonase al llanto y la debilidad, y que olvidara a esa ladrona de corazones, ¿por qué idolatrar a una extranjera habiendo tantas muchachas más perfectas y engalanadas?

 Majnún, enojado por los consejos familiares, rasgó su camisa (¡como el Caballero Don Quijote en Sierra Morena por su amor contrariado por Dulcinea: "ahora me falta rasgar las vestiduras, esparcir las armas, y darme de calabazadas por estas peñas"!) y abandonó su hogar, asentándose en un lugar de paso, en el que quería matarse. "Cantaba cadenas de afecto / por Amor a la estrella más radiante. / Cada verso que venía a su lengua / un recuerdo inolvidable para todos se volvía. / Apenado se quedaba todo aquel que lo veía, / llanto despertaba a la vista". Se puso a pensar, mientras lloraba y suspiraba: unos le llamaban borracho, otros adorador de ídolo falso. El poeta une embriaguez y amor, pues, cual bebido, el amante actúa sin tino ni mesura. Su fuego le consume. "Nadie hay que de mí saque fuego, / sólo humo de mí y mi vida podrán sacar". "Loco estoy en mis elecciones y pensamientos / ... ¿Sin Amor para qué ser?"

 ¡Ay, la gran cuestión!: ¿ser, para qué? Para amar, ser amado. El ser como existencia, voluntad que aspira a ser en otro, a ser con otro, a ser mejor, a ser en paz, a ser feliz, en nada encuentra cobijo sino en ser amado por quien se ama. La salud, la paz, la felicidad son formas en que el ser encuentra su hogar. No un ser roto, un ser violentado, un ser desgraciado, un ser solitario. ¿Y quién ama al viento, y, éste, siempre esquivo, lleva lejos su amor y lo disuelve aéreo y sin peso? Amar al viento, pregonar nuestro mal de amor, danos Dios salud en el cuerpo y en el alma, que para salir del ser aislado uno ha de estar abierto en voluntad trascendente hacia los demás... y... ¡ay, el enfermo y el loco carecen de esa voluntad de ave! Amar y no ser amado... Trascender nuestro ser buscando un nosotros... y no encontrarlo. "Mi pobre corazón, ¿de qué es culpable? / Aparte de quererte, ¿cuál es mi delito?", se pregunta Majnún, como siglos después Segismundo: 
"¡Ay, mísero de mí! ¡Y, ay, infelice!
Apurar, cielos, pretendo
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido.
Bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor;
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido"

 Porque, reflexiona Majnún: "Este Amor es Amor para toda la vida, / no es sólo juguete de la pasión juvenil. / El Amor es aquello que nunca mengua, / mientras dura no sufre variación. / Este Amor no es una vana obsesión, / sino que sigue su camino eterno hasta la muerte. / Majnún elevó tanto el nombre del Amor, / y esto por ser tan amigo del Amor. / Mientras estaba vivo cargaba con Amor, / como el viento feliz por la flor. / Y ahora que su flor busca en el camino, / la gota que le queda es agua de rosas. / Yo del perfume de esta flor / intento saciar mi salud".

 Dejamos a nuestro desdichado amante en el camino del amor y en la abandonada tierra lejos de su hogar paterno, ensimismado en el delirio del amor constante. ¿Cuál es la fuerza del amor que rompe lazos familiares, debilita la salud, impone rigores de los que escaparía cualquier humano sereno, y lanza con furia contra muros y espinas a seres delicados? Esa voluntad de trascendencia... de ir hacia otros, que en el camino encontramos, y que con sus ojos y sus labios, sus palabras y sus manos, trocan nuestra paz en guerra sin fortuna, sin escudo ni lanza...

Continuará, sdq...

Francisco Huertas Hernández
22 de marzo de 2026