viernes, 3 de abril de 2026

Cines antiguos: Moderno, Mery, Terraza Moderno, Argüelles. La Unión (Murcia). Francisco Huertas Hernández. Programas de mano. Entradas. El I Festival del Cante de las Minas (1961)

Cines antiguos: Moderno, Mery, Terraza del Moderno, Argüelles.
Historia de las salas. Programas de mano. Entradas (Boletos). El I Festival del Cante de las Minas (1961).
La Unión (Murcia) (España).
Francisco Huertas Hernández


Cine Moderno
Calle Mayor. La Unión (Murcia)
Años 60
En una pizarra se anuncia la película "Lulú (El globo azul)" (1967). Javier Setó. Con Marujita Díaz
Imagen aportada por Francisco Silvente. La Unión Antigua


 En el cine se vivía otra vida, y en los años duros de la escasez y la represión política, las películas cumplían esa función de evasión y consuelo. En los pueblos de toda España se levantaban salas de cine (de invierno y de verano) en los tiempos en que el único entretenimiento era bailar o ir al cine. En las ciudades tenían más diversión: fútbol, toros y teatros. Vamos a recordar, con la dificultad de encontrar datos precisos, la historia de algunos cines del pueblo minero -ya no- de La Unión, en la comarca de Cartagena, en el sureste de España.

 El cine Moderno en la calle Mayor pertenecía a Vicente Plazas Pérez, según consta en Expediente de intervención nº 72/1936 en el Archivo General de la Región de Murcia. El Comité Provincial de Intervención e Incautación de Industrias de Murcia en el comienzo de la guerra civil.
 Se tiene constancia de su existencia ya en la década de 1930. Según el Archivo General de la Región de Murcia, en 1936 el cine estaba bajo la responsabilidad de Vicente Plazas Pérez. La familia de Vicente Plazas pertenecía a la burguesía enriquecida con las minas.
 Uno de los hitos finales de su historia ocurrió en 1973. En ese año, Antonia López Ortega y José Antonio Parra López solicitaron la autorización para la reapertura del Cine Moderno de cara a la temporada de invierno 1973-1974.
 El último propietario del cine Moderno fue José Antonio Parra López, con el que cerró el cine en mayo de 1984.
 Era, en la década de los setenta, una sala anticuada de sesión continua, que aguantaba la competencia de la televisión, pero no pudo con el videocassette en los años 80. También tuvo sesiones infantiles, creo que los domingos por la mañana, en esa década de los setenta, donde vi la película argentina de Gaby, Fofó y Miliki, "Los padrinos" (1973)

 El Cine Moderno de La Unión, era un teatro-cine, como tantos de los que se construyeron en la primera mitad del siglo XX. 

 Su estructura y distribución incluía:

 Patio de Butacas: zona principal en la planta baja. Las sillas eran de madera abatible, con el ruido característico al abrirse y cerrarse.
 El "Gallinero" (General): disponía de una planta superior o anfiteatro, conocida popularmente como el gallinero. Era la zona más económica, con bancos corrido de madera o sillas menos cómodas, frecuentada por la juventud de la época.
 La Pantalla: No era de gran formato, sino una pantalla de tela blanca enmarcada por pesados telones de terciopelo (generalmente rojos o granates) que se abrían manualmente o con un motor sencillo al inicio de la sesión.

 El Ambiente y la Tecnología:

 Cabina de Proyección: Estaba situada en la parte alta del fondo de la sala. Se utilizaban proyectores de 35mm que emitían un zumbido constante y un haz de luz visible a través del humo del tabaco (ya que entonces se permitía fumar en el interior).
 Climatización: Carecía de los sistemas de aire acondicionado modernos. En invierno se usaban estufas rudimentarias y en verano la sala podía resultar muy calurosa, por lo que la actividad fuerte se trasladaba a los cines de verano (terrazas al aire libre).
 Decoración: Tenía una estética sencilla pero con toques art déco o modernistas muy sobrios en las molduras del techo y las paredes, reflejando el auge que tuvo La Unión, ciudad minera de la Sierra de Cartagena, a principios de siglo XX.

 Uso Polivalente:
En las salas de esa época (como el Salón Condal) se combinaban usos. El Cine Moderno no sólo proyectaba películas: se utilizaba para variedades, pequeñas obras de teatro y actos políticos o sociales del municipio.
 Contaba con un pequeño ambigú o bar a la entrada donde se vendían golosinas y refrescos.












Cine "Moderno". Calle Mayor. La Unión.
Foto exclusiva propiedad de Juan Rodríguez Parrón. Años 80 o 90. El edificio del cine aparece a la izquierda, sin rótulo alguno, y ya, probablemente, cerrado
 








 El cinema Mery en La Unión, comarca de Cartagena, parece que comenzó según los expedientes oficiales alrededor de 1944 y funcionó hasta 1983. Durante estas décadas, el cine tuvo que adaptarse a los cambios de la industria, incluyendo la transición a nuevas tecnologías de proyección y la competencia de otros medios de entretenimiento
 Existen documentos que prueban que se reinauguró en 1968. Ese año, Cayetano Martínez Heredia solicitó formalmente la autorización para la reapertura del Cinema Mery de cara a la temporada de invierno 1968-1969.

 El Cinema Mery tenía una fachada sencilla, con las carteleras de madera en la puerta. Allí se pinchaban las fotos fijas (fotocromos) de las películas de la sesión continua. Ver las fotos de las patadas de karate o de Christopher Lee ensangrentado era el "tráiler" de la época. Yo vi en ese cine en los años 70 películas espantosamente malas o de serie Z -copias de 35mm gastadas, con "lluvia" en la imagen, lo que daba un aire todavía más terrorífico y ridículo, quizás, a los monstruos- como "Gorgo y Superman se citan en Tokio", título absurdo puesto en España a la producción japonesa "ゴジラ対メガロ" (Gojira tai Megalon) (1973), de acción de Jean-Paul Belmondo, y el reestreno de "Garbanzito de la Mancha" (1945) rodada en... ¡color! en Barcelona. También ponían películas de kárate, que a mí no me interesaban. Y los grandes estrenos había que verlos en Cartagena. 

 Era, como las salas de pueblo y de barrio, un cine lleno de ruido de la chiquillada, comentando a voces, comiendo pipas, regaliz o chicle. Todo lo contrario de lo que hubiera deseado un cinéfilo, pero es que esas salas de cine en aquellos tiempos eran un simple lugar de entretenimiento. No recuerdo bien, pero creo que las butacas debían ser de skai. 












 
 El Cine Terraza del Moderno de La Unión funcionaba como un recinto anexo o muy cercano al edificio principal del Cine Moderno en el centro de La Unión. Era el típico cine de verano de la época: un solar amplio rodeado de muros altos para evitar que se viera la película desde la calle. Nada distinto de tantos cines de verano que había por toda España, y que se llamaban cine porque echaban películas, porque como edificio no eran más que paredes rodeando un espacio de sillas plegables, de tijera. La pantalla era un muro blanco. Y la gente cenaba en el cine, tortillas y bocadillos. 
 Yo creo que no conocí este cine.




 El cine Argüelles, de La Unión está bastante olvidado. Según los registros del Archivo General de la Región de Murcia, en la década de los 60 el empresario Prudencio Sánchez Cervantes solicitó la autorización y reapertura oficial para la temporada de verano de 1964. Por tanto, era anterior. Hay expedientes que documentan su funcionamiento entre los años 50 y 70. 

 Se encontraba en la calle Argüelles. Y respondía a las características del cine de verano o "terraza": un solar delimitado por altos muros blancos que servían tanto de cerramiento como, en ocasiones, de soporte para la pantalla. Las típicas sillas de tijera, plegables, las pipas, las tortillas, el ruido, las comedias y las canciones de alguna tonadillera cinematográfica, más las estrellas del momento. 

 Quizás el hecho histórico más relevante del Cine Terraza Argüelles sea que allí tuvo lugar el I Festival del Cante de las Minas los días 13 y 14 de octubre de 1961, donde "la vieja copla de la Sierra Minera" resucitaba "en voces veteranas e inéditas". El guitarrista Antonio Piñana (hijo) ofreció un concierto. Recordemos que este insigne Festival de Flamenco premia con la Lámpara Minera al ganador del concurso de cantaores, que ya, en su primera edición, tenía como palos obligatorios, los de la zona: una minera y una cartagenera. Dice la nota de prensa (adjunta en este documento) que el propio Festival ponía "a disposición de los concursantes" dos guitarristas, "sin perjuicio de que cada actuante puede presentarse acompañado del suyo bajo su cuenta y riesgo". Es probable que Asensio Sáez escribiera esta noticia. El impulsor del Festival fue el alcalde del municipio Esteban Bernal, junto a Asensio Sáez y María Cegarra Salcedo, que contribuyeron a reivindicar la identidad minera del pueblo.






 Esta nota encontrada hace años dice: Antonio Gómez Pérez ofrece un enriquecedor artículo titulado "Escenarios, cines y actores de una ciudad alucinante", que arranca en 1874, con la primera referencia al teatro, y la proyección de la primera película, rodada en Murcia: "Salida de los operarios de Miguel Zapata en La Unión". Su relato recorre escenarios como el Cine Moderno, la Terraza Argüelles, la Terraza Mery, el Gran Cine Salón Condal, el Teatro-Cine Conchita, el Cine Mary Luz, etc., para después adentrarse en "Nuestra gente del teatro y del cine" y en películas rodadas en nuestra tierra, como "Punto de mira", y el documental "Portmán, a la sombra de Roberto", a los que corresponden los siguientes tráilers... (aquí se pierde el documento)

Francisco Huertas Hernández
Imágenes recopiladas por Francisco Huertas Hernández (Programas de mano de María Elena Hernández Cela, Mural Grafiti de los viejos cines de La Unión en la calle Mayor), Francisco Silvente y Juan Rodríguez Parrón
3 de abril de 2026

lunes, 30 de marzo de 2026

"Martín Fierro" de José Hernández (2). Canto I: Entre la denuncia de Guarany y la épica de Lugones. Francisco Huertas Hernández

"Martín Fierro" de José Hernández (2). Análisis del Canto I: Entre la denuncia de Guarany y la épica de Lugones. Francisco Huertas Hernández

Horacio Guarany: "Canta Martín Fierro"
LP. Philips. 1964


Análisis profundo del Canto I del "Martín Fierro". Una mirada cruzada entre la denuncia social de Horacio Guarany y la épica nacional de Leopoldo Lugones. Exploración de la lengua gauchesca y el arte como consuelo




 Un cantor canta mejor a otro cantor. Horacio Guarany (nombre real: Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo) (1925-2017) registró un disco de larga duración en 1964 con estrofas del "Martín Fierro" (1872-1879) de José Hernández en ritmo de milonga y canto surero. Guarany compuso la canción "Si se calla el cantor" en 1972, grabada por Mercedes Sosa en 1973 con Gloria Martín. El tono fierresco de la famosa pieza es evidente: "Si se calla el cantor calla la vida, / porque la vida, la vida misma es todo un canto, / si se calla el cantor, muere de espanto / la esperanza, la luz y la alegría", y sube de tono en su denuncia: "Que no calle el cantor porque el silencio / cobarde apaña la maldad que oprime, / no saben los cantores de agachadas, / no callarán jamás de frente al crimen". Canto de vida y canto de justicia.

 El gaucho literario Martín Fierro abre un siglo y medio de enconadas y opuestas interpretaciones como denuncia social o como epopeya literaria nacional. La primera lectura social es del mismo José Hernández, quien en la carta a D. José Zoilo Miguens, presenta así su obra ("El gaucho Martín Fierro", 1872): "no le niegue su protección, usted que conoce bien todos los abusos y todas las desgracias de que es víctima esa clase desheredada de nuestro país". David Viñas ("Literatura argentina y realidad política", 1964), en una lectura materialista, ve en el gaucho Martín Fierro una víctima social de la marginalidad, producida por la violencia del Estado.
 La segunda visión -que la vida misma sea todo un canto- es la interpretación de un Leopoldo Lugones (1874-1938) en sus conferencias de 1913: Martín Fierro es un símbolo de la identidad nacional argentina, creada por un "poeta verdadero", "como todo poema épico, el nuestro expresa la vida heroica de la raza: su lucha por la libertad, contra las adversidades y la injusticia". Y aún comparándolo con la Iliada y la Odisea, la Eneida y la Divina Comedia, admite esa rebeldía del cantor que, con su guitarra y su verso de "parla indócil y pintoresca", se levanta contra la opresión y la pobreza.

 Horacio Guarany se sitúa en la primera de las interpretaciones, "que no saben los cantores de agachadas, no callarán jamás de frente al crimen". Para nosotros ambos análisis son ciertos: en el fondo, social, y en la forma, épica. ¿Y qué gran obra de la literatura no sintetiza contenido y estilo?

 Éste es el Canto I de "El gaucho Martín Fierro" (1872):

 Aquí me pongo a cantar 
al compás de la vigüela, 
que el hombre que lo desvela 
una pena estrordinaria 
como la ave solitaria 
con el cantar se consuela. 

Pido a los santos del cielo 
que ayuden mi pensamiento: 
les pido en este momento 
que voy a cantar mi historia 
me refresquen la memoria 
y aclaren mi entendimiento. 

Vengan santos milagrosos, 
vengan todos en mi ayuda, 
que la lengua se me añuda 
y se me turba la vista; 
pido a mi Dios que me asista 
en una ocasión tan ruda. 

Yo he visto muchos cantores, 
con famas bien otenidas, 
y que después de alquiridas 
no las quieren sustentar. 
Parece que sin largar 
se cansaron en partidas. 

Mas ande otro criollo pasa 
Martín Fierro ha de pasar; 
nada lo hace recular 
ni las fantasmas lo espantan, 
y dende que todos cantan 
yo también quiero cantar. 

Cantando me he de morir, 
cantando me han de enterrar, 
y cantando he de llegar 
al pie del Eterno Padre; 
dende el vientre de mi madre 
vine a este mundo a cantar. 

Que no se trabe mi lengua 
ni me falte la palabra; 
el cantar mi gloria labra 
y, poniéndome a cantar, 
cantando me han de encontrar 
aunque la tierra se abra. 

Me siento en el plan de un bajo 
a cantar un argumento; 
como si soplara el viento 
hago tiritar los pastos. 
Con oros, copas y bastos 
juega allí mi pensamiento. 

Yo no soy cantor letrao, 
mas si me pongo a cantar 
no tengo cuándo acabar 
y me envejezco cantando: 
las coplas me van brotando 
como agua de manantial. 

Con la guitarra en la mano 
ni las moscas se me arriman; 
naides me pone el pie encima, 
y, cuando el pecho se entona, 
hago gemir a la prima 
y llorar a la bordona. 

Yo soy toro en mi rodeo 
y torazo en rodeo ajeno; 
siempre me tuve por güeno 
y si me quieren probar, 
salgan otros a cantar 
y veremos quién es menos. 

No me hago al lao de la güeya 
aunque vengan degollando; 
con los blandos yo soy blando 
y soy duro con los duros, 
y ninguno en un apuro 
me ha visto andar tutubiando. 

En el peligro, ¡qué Cristo! 
el corazón se me enancha, 
pues toda la tierra es cancha, 
y de eso naides se asombre: 
el que se tiene por hombre 
donde quiera hace pata ancha. 

Soy gaucho, y entiéndanló 
como mi lengua lo esplica: 
para mí la tierra es chica 
y pudiera ser mayor; 
ni la víbora me pica 
ni quema mi frente el sol. 

Nací como nace el peje 
en el fondo de la mar; 
naides me puede quitar 
aquello que Dios me dio: 
lo que al mundo truje yo 
del mundo lo he de llevar. 

Mi gloria es vivir tan libre 
como el pájaro del cielo; 
no hago nido en este suelo 
ande hay tanto que sufrir, 
y naides me ha de seguir 
cuando yo remuento el vuelo. 

Yo no tengo en el amor 
quien me venga con querellas, 
como esas aves tan bellas 
que saltan de rama en rama, 
yo hago en el trébol mi cama, 
y me cubren las estrellas. 

Y sepan cuantos escuchan 
de mis penas el relato, 
que nunca peleo ni mato 
sino por necesidá, 
y que a tanta alversidá 
sólo me arrojó el mal trato. 

Y atiendan la relación 
que hace un gaucho perseguido, 
que padre y marido ha sido 
empeñoso y diligente, 
y sin embargo la gente 
lo tiene por un bandido. 


 El canto consuela al hombre de la pena: quien canta su mal espanta. La necesidad de desahogo y la necesidad de expresión se unen en el arte. El cantor, como el ave, canta la vida, con una voz que no es comunicación sino celebración o lamento. El ritmo invita a la escucha. Las cuerdas de la guitarra (vigüela) que acompañan al cantor recuerdan los trinos de las aves. Los versos en sextillas de octosílabos reproducen esa "parla pintoresca" que reproduce el habla del pueblo pampero, del hombre del campo, que aún conserva arcaísmos del castellano peninsular y alteraciones fonéticas (metátesis, aféresis, síncopa, apócope, diptongación de hiatos, trueque de vócales átonas) que crean una verdad popular tan honda que éste fue el único libro que compraban los gauchos para que se lo leyeran en las pulperías. Un poema sobre el pueblo, que, por raro designio, fue amado por el pueblo, a pesar de ser su autor hombre culto y urbano. 

 La música (verso), espantando los males, tiene larga presencia en las tradiciones míticas y populares: Orfeo tañe su lira en el Hades, en busca de Eurídice; la Machi, en el pueblo mapuche argentino, es un ritual de sanación con el toque de kultrún (tambor) y de kaskawillas (cascabeles) que purifican de espíritus malignos. La musicoterapia permite desviar el foco de la atención del dolor durante el tiempo de escucha, y unido a la liberación de endorfinas, produce una sanación, al menos transitoria, como ya supo Arthur Schopenhauer. 

 Martín Fierro anuncia que va a cantar su historia, y pide memoria y entendimiento a los oyentes, porque estamos ante la oralidad, al menos recreada en la escritura, y que nadie le impedirá contar su vida con todas sus penas, pues las alegrías no se cantan, se viven y se olvidan. 

 La profesión de fe en el arte da lugar a esta famosa estrofa hernandiana: "Cantando me he de morir,  / cantando me han de enterrar,  / y cantando he de llegar  / al pie del Eterno Padre;  / dende el vientre de mi madre  / vine a este mundo a cantar". Vivir para contar cantando, que quien no canta no vivió ni revivió en oídos ajenos paralelas vidas de caminos y estragos. El héroe nace con el relato. Sin transmisión rítmica la vida es una nada que fluye sin eco. El oficio de cantar hace nacer la aventura, y en ésta se eleva el héroe. ¿Quién creyó vivir una aventura hasta que no fue contada y escuchada por otro? La diferencia entre el contar del hombre prosaico y el cantar del artista es el ritmo, y en el ritmo, el héroe y su aventura se dibujan con claro perfil, con melódica emoción y sabia sentencia. Los niños que cuentan bien sus historias inventadas tienen la semilla del arte. El cantor muere con la guitarra en la mano, no hay jubilación aquí. Si vivir es contar, y contar con arte es cantar, no hay muerte más que cuando el canto cesa. Martín Fierro lo sabe y lo canta, por eso "el cantar mi gloria labra, / y, porniéndome a cantar, / cantando me han de encontrar / aunque la tierra se abra". No es "cantor letrao", "mas si me pongo a cantar / no tengo cuando acabar / y me envejezco cantando: / las coplas me van brotando / como agua de manantial". 

 El desafío es esencial en el payador (cantor poeta improvisador del Río de la Plata y Chile): "Y si me quieren probar, / salgan otros a cantar / y veremos quién es menos". Una invocación al duelo estético -llamado "batalla de gallos" o freestyle en el rap-, en el que no sólo se consuelan penas, sino que en liza con competidores se juega el honor y se prueba la agudeza del ingenio. Los bertsolaris vascos, los troveros de Cartagena o Cuba y los repentistas forman parte de la misma tradición. 

 Y el gaucho se adentra con más hondura filosófica en su naturaleza en los famosos versos de sabor clásico: "Nací como nace el peje  / en el fondo de la mar;  / naides me puede quitar  / aquello que Dios me dio:  / lo que al mundo truje yo  / del mundo lo he de llevar". El arte de cantar es tan natural como el pez que nace en el fondo del mar tiene el arte de nadar, y por ello, no fruto de instrucción o técnica, perdurará hasta la muerte, siendo destino del gaucho seguir su naturaleza cantora. Viniendo de la naturaleza, es decir, de Dios, el canto es un don divino, y ejecutarlo es alabanza del Creador. 

 Las comparaciones con la naturaleza son constantes porque el gaucho es un habitante del campo, no de la ciudad. Si Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) escribió el crucial ensayo "Civilización y barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga. Aspecto físico, costumbres y ámbitos de la República Argentina" (1845), oponiendo la civilización a la barbarie, siendo barbarie la vida del campo, de los gauchos, encarnados en Facundo, en José Hernández se invierte la valoración y se reivindica al gaucho, ya en vías de extinción con el progreso industrial y el desarrollo urbano en la Argentina. Para Sarmiento el progreso europeo debía ser el modelo en la educación y desmantelamiento de la forma de vida criolla guachesca, anclada en la tradición del caballo y el cuchillo. Esa europeización de Sarmiento, que fue presidente de la República Argentina entre 1868 y 1874, justo cuando salió "El gaucho Martín Fierro", ocultaba el sentimiento de inferioridad colonial frente a las metrópolis. José Hernández, afirmando al gaucho sentaba, al entender de Leopoldo Lugones y Leopoldo Marechal, una identidad nacional propia. El "Martín Fierro" fue elevado a símbolo sagrado de la patria, y si el sueño de Sarmiento fue una educación europea que destruyera al gaucho, desde Lugones y Marechal, la vida literaturizada del gaucho pasó a enseñarse en las escuelas. La valentía del héroe declinante de las pampas expresada con lenguaje llano y hondura lírica se convierte en texto escolar, quintaesencia de lo argentino y fundación mítica de una patria de aluvión de emigrantes de mil lugares.

 El final del Canto I nos advierte de las penas del cantor, visto por las gentes como bandido. El camino del sufrimiento es el camino de la redención, puede que no de la felicidad, mas sí de la sabiduría.

Francisco Huertas Hernández
30 de marzo de 2026

Bibliografía:

- José Hernández: "Martín Fierro". Clásicos Castalia. Madrid. 1994. Edición de Ángel J. Battistessa

- José Isaacson: "Martín Fierro. Cien años de crítica". Editorial Plus Ultra. Buenos Aires. 1986. Artículos de Subieta y Unamuno y otros


domingo, 29 de marzo de 2026

Bolsas de tiendas de discos en la Transición Española (1973-1982). Francisco Huertas Hernández

Las bolsas de las tiendas de discos durante la Transición Española (1973-1982). Francisco Huertas Hernández


 Y un homenaje quiero rendir desde aquí a las viejas y desaparecidas tiendas de discos de la "transición" política española de la dictadura militar (1939-1976) a la democracia reformista tutelada (1977-actualidad), cuando los discos corrían de mano en mano, y como decía nuestro amigo Ricardo, propietario de la extinta Discos "Merlín" de Alicante, la gente iba por la calle con bolsas de discos bajo el brazo.
Estas fotos mías muestran esas bolsas de los años setenta y comienzos de los ochenta, en las que yo llevé tantos entrañables LP's.

La todopoderosa Tienda "Discoplay". Galería Comercial "Los Sótanos". Gran Vía, 55. Madrid (España)
Bolsa de 1983
Foto de Francisco Huertas Hernández

"Discoplay, fundada en Madrid en 1970 por Emilio Cañil, fue una tienda de discos mítica, famosa por su gran local en los bajos de Gran Vía y su pionera venta por catálogo. Durante décadas, fue el referente musical en España, vendiendo discos, pósters y entradas antes de cerrar en los años 2000"

La Tienda "SonidoVisión". Era una tienda de electrodomésticos con una sección de discos. Gran Vía, 21. Murcia (España)
Bolsa de 1981
Foto de Francisco Huertas Hernández

Era una de esas tiendas de electrodomésticos que vendían discos hasta la década de los 80. En 1982 mi amigo Arturo Zafra y yo estábamos allí escuchando con unos auriculares los LPs editados por Luis Eduardo Aute e Hilario Camacho.

El gigante. Grandes Almacenes "El Corte Inglés". Su sección de discos era enorme. En esos años aún resistía la competencia: los Almacenes "Galerías Preciados", que acabaron siendo comprados por El Corte Inglés.
Bolsa de 1981
Foto de Francisco Huertas Hernández

La tienda "Carrots". Calle Santa Florentina, 8. Cartagena (España)
Un buque insignia de las tiendas de discos del sureste de España. Tenía dos tiendas: una para discos, y otra para cassettes y cartuchos. Las dos contiguas. Su cierre, como el de las librerías "Espartaco" y "Escarabajal" supone la muerte cultural de Cartagena.
Bolsa de 1978
Foto de Francisco Huertas Hernández

En este artículo de referencia explico toda la historia de Discos Carrots de Cartagena, unida a mi historia personal:

La tienda "Carrots". Calle Santa Florentina, 8. Cartagena (España)
Un buque insignia de las tiendas de discos del sureste de España. Tenía dos tiendas: una para discos, y otra para cassettes y cartuchos. Las dos contiguas. Su cierre, como el de las librerías "Espartaco" y "Escarabajal" supone la muerte cultural de Cartagena.
Bolsa de 1982
Foto de Francisco Huertas Hernández

 La tienda "Selecciones". Calle Mayor, 21. Cartagena (España)
Era un comercio de equipos de música de alta fidelidad, con sección de discos
Bolsa de 1978
Foto de Francisco Huertas Hernández

La tienda "Radiolux". Calle Medieras, 1. Cartagena (España)
Era una tienda pequeña dedicada en exclusiva a la venta de discos
Bolsa de 1979
Foto de Francisco Huertas Hernández


Francisco Huertas Hernández.
29 de marzo de 2026

viernes, 27 de marzo de 2026

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (4). El estado de Leyli. Belleza y Bien. Gazales mensajeros de amor. El jardín. Francisco Huertas Hernández

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (4). El estado de Leyli. La belleza y el bien. Gazales, mensajeros de amor. El jardín. Francisco Huertas Hernández




 El amor de Majnún por Leyli continuaba con el salvaje retiro extático de él y la enclaustrada pena de ella. La distancia alimenta el amor con llanto e idealización. Qeis se ha transformado en Majnún (loco) por amor. El amor, imposible en la tierra, se realiza en el cielo, en soledad, honrando y cantando a su amada en gazalesEl gran poema lírico persa de Hakim Nezamí (Nizamí) Ganjaví (1141-1204) es una suma de leyendas, historias, meditaciones e imágenes de prístina belleza natural, que ha fecundado la literatura persa a lo largo de los siglos.

 "Cada día era ella más hermosa... / La envidia de la luna por su rostro, / el dolor del corazón del perenne ciprés por su faz" canta el poeta. La mujer ejerce el poder de su belleza sobre el enamorado. Mas sabemos por la experiencia y la literatura que la belleza es verdadera cuando se identifica con la bondad. La belleza interior es la del alma, y esto es lo que ejerce el trastorno absoluto en la conciencia del amante. Si el rostro y la figura despiertan el deseo, éste se eleva a amor cuando se adentra en el alma que ilumina las facciones, porque los ojos son puertas del alma, y el color de la tez, signo de salud y virtud. El mundo miraba a Leyli. Y Nezamí describe la armonía de sus formas. Pero ella quería reunirse con su amado Majnún, con miedo al mal de ojo, a esa envidia tan poderosa que traspasa el aura del envidiado para causar estragos en su arquitectura inestable. Y algo delicado y misterioso trae la leyenda: los gazales que componía Majnún llegaban de boca en boca, de canto en canto, hasta Leyli, siendo el correo más sincero, el más profundo hilo rojo de un corazón a otro. "Todos los rincones de la casa a los que miraba / en sí misma le inspiraban gazales. / Cada niño que venía del bazar / versos recitaba sobre sus asuntos. / Todo aquel que pasaba bajo su terrado / daba a su falta de soledad respuesta... / Versos sobre el estado de ánimo de Majnún / recitaste como perla pulida. / Ella respondió de otro modo, / al fuego que ella oía agua contestó. / Una carta a escondidas con sangre escribió, / un poemilla en él escribiste. / A un caminante la lanzó desde arriba, / dio del jazmín al ciprés un mensaje. / Aquel que recibió esa invitación / en voz alta cantó y empezó a bailar. / Lo llevaste y a aquel desconocido lo entregaste, / que de él palabras no oídas nacieron... / Por medio de este camino van los dos corazones entrelazados, / iban muchos mensajes. / De la canción de estos dos ruiseñores ebrios / el resto de ruiseñores moría de dolor. / Así, por la misma fama que los hizo desdichados / ahora encontraban consuelo, al ser sus poemas / por los demás llevados de uno al otro y al revés". "Sobre el ancho río y la aguda arpa / en una melodía el sonido de esas dos canciones. / De los picos de ellos salían palabras medidas / y de tocar el arpa sonidos profundos. / De la voz de esas dos canciones, / el coro lo formaban los niños de la casa".

 Los gazales mensajeros de amor, circulando a través de las voces de los niños y los viajeros, mantenían los corazones de los enamorados unidos. Que se sepa que los poetas no quieren ser olvidados y por ello se afanan en los instantes, que huyen entre dos nadas, en lanzar sus versos a una posteridad, que, más que fama, les dará el amor, en las manos de lectores, que harán revivir su memoria cuando ellos sean cuerpo disuelto en tierra. Mas sus versos serán viento entre las hojas de los libros que siglos y siglos después refresque y despierte las almas lejanas que aún no han visto la luz mientras el poeta entrega su último aliento en el postrer verso de su mano. Este acto de amor que es escribir, que no se ha valorado en su justa medida. Amor lejano a los lectores no nacidos. Amor a la belleza que tiene el poder de hacer bueno a quien su verdad despliega en el pasar de las hojas del libro amado. ¡Cuánto hay de anhelo eterno y de desesperado grito de soledad en el escribir para el viento de los tiempos! Majnún sólo acaricia a Leyli en los gazales que los niños escucharon en el bazar y transmitieron de uno a otra como el canto del ruiseñor, mensajeros involuntarios del amor. En la tradición persa, el ruiseñor, amante eterno de la rosa (belleza), en su canto expresa el lamento del amor. Los gazales de Majnún son ese mismo canto de la naturaleza, que no puede silenciarse, el amor atraviesa la barrera de la ley humana, de la distancia. Se hace arte, porque el arte es la manera de seguir amando en el tiempo, y eso bien lo saben los poetas. 

 Y Leyli salió al jardín. Jardín, cárcel de oro, de belleza y nostalgia de lo perdido. Majnún se tortura amando sin consuelo en el desierto, lejos de las flores, pero Leyli, sufre ante la belleza de aves y flores en un jardín, enclaustrada, apartada por sus padres. "Porque salió la flor al campo / la tierra se perfumó como la flor". Nezamí recorre los colores y fragancias del pensil, que adquieren conciencia de su hermosura por la presencia de la más bella criatura, Leyli. "Las flores al verla por besarla se abrían; / nunca vieran otra igual, enamorarla querían". "Leyli y las otras muchachas / fueron al prado apacible". A los árboles hablaba la muchacha triste. "¡Oh ciprés cuyo brote es generoso! / A tu corazón  ardiente le azotó el viento de la ausencia. / ¡Ojalá cruzases la puerta de este jardín / y vinieses y te llevases el dolor de mi corazón!". Y vinieron los gazales por el aire. "Aún no habían volado sus palabras / cuando alguien dejó escapar un sonido. / Un hombre, en gazales, como finas perlas, / cantaba los dichos de Majnún"

 Los lamentos del amante, sus reproches, atraviesan el alma de Leyli. "Leyli escuchó estos gazales / y lloró, y con sus lágrimas rompía las piedras". Su madre salió en su busca, pensando que él ya se ha vuelto loco, y ella, una borracha, y amontona rencor, mas sigue esperando. "Leyli como un tesoro quedó confinada / y era como la luna sobre un tejado. / Sollozaba con suspiros entrecortados, como una presa... / A pesar de su añoranza vivía, / que sin añoranza, ¿cómo puede haber Amor?

 Una visión mística del amor: el amor no como posesión, sino como tensión dolorosa, anhelo inacabable. El fuego ilumina mejor en la distancia. Y el hábito apaga el fuego del corazón, más en los jóvenes que sacian su deseo y carecen de sabiduría. Hay que sufrir para ser sabio, y la privación del goce, como liberación inmediata del deseo, es la vía. El amor siempre en camino, nunca en la meta. Ese camino que es el anhelo del origen divino, pues la capacidad de amar es lo divino que Dios, probablemente, puso en el humano. El saber es un anhelo de regreso al origen, pero el origen mismo es amor. El saber mismo es impulso amoroso hacia lo otro. El amor es motor, el saber sólo vehículo. Y el motor quema la energía para moverse, así el dolor quema para proseguir amando...

Continuará sdq

Francisco Huertas Hernández
27 de marzo de 2026