jueves, 20 de agosto de 2026

"Oni" (鬼) (The Demon) (1972). Kihachiro Kawamoto. Şevkiye Şahin. "Şeytan". Türkçe ve İspanyolca analiz

"Oni" (鬼) (The Demon) (1972). Kihachiro Kawamoto.
Un clásico del cine de animación con marionetas japonés.
 Şevkiye Şahin. "Şeytan". Türkçe ve İspanyolca analiz



鬼 (Oni) (1972). 川本喜八郎
"The Demon" (1972). Kihachirō Kawamoto


"El Diablo" (Oni, 鬼). Análisis de Şevkiye Şahin, traducido del original en turco


Producción: Kihachirō Kawamoto.
Japón. 1972.
Dirección: K. Kawamoto. 
Guión: K. Kawamoto. 
Fotografía: animación a cargo de Minoru Tamura y Ken Yoshioka.  
Música: Seiji Tsuruzawa.
Duración: 7 minutos aproximadamente (cortometraje).
Intérpretes: animación con marionetas o “stop-motion”.


 Argumento: Dos hermanos, que viven en situación de pobreza, deben cuidar de su anciana madre enferma. Un día, toman sus arcos y sus flechas, adentrándose en el bosque para cazar ciervos. Mientras buscan un lugar adecuado para cazar, el menor, oye unos ruidos extraños que provienen de los arbustos y divisa unos ojos rojos que brillan en la oscuridad. El mayor lo tranquiliza, verbalizando que los sonidos provienen del viento y las luces rojas de las luciérnagas del bosque. Los hermanos, al intentar de comprender la naturaleza de tan extraño suceso descubrirán que su madre, con un brazo amputado, se ha metamorfoseado en un “oni”. Una entidad sobrenatural de la mitología japonesa.


 Ambientación: El director y guionista K. Kawamoto comenzó su carrera como asistente de diseño de producción para la productora japonesa Tōhō antes de emprender su propio camino. El cineasta, siempre estuvo interesado en el mundo las marionetas y en la animación “stop-motion”. Es por ello que fundó su propio estudio de animación comercial en 1958 y se formó con Tadahito Mochinaga en Japón y con Jiří Trnka en Checoslovaquia. Éste último es un referente indiscutible junto a Jan Švankmajer de la creación cinematográfica checa, de temática principalmente surrealista y del campo de la animación donde mezclando diferentes técnicas han logrado crear obras inquietantes que pueden ser interpretadas de diferentes formas.

 A finales de los años 60, comenzará a realizar sus propios cortometrajes de animación, combinándola con modelos, cortes, “stop-motion” e incorporando, marionetas. En sus primeras películas de marionetas, K. Kawamoto construyó decorados horizontales y los filmó desde arriba. Esta técnica la incorporó a su obra desde que se la vio emplear a Břetislav Pojar durante una visita a Europa del Este en 1963.

 "El Diablo" fue el tercero de una docena de cortometrajes que el japonés realizó antes de su muerte en 2010. Al mismo tiempo, realizó tres largometrajes y, a partir de 1989, y llegó a ocupar el cargo de presidente de la Asociación Japonesa de Animación durante más de veinte años.

 
 Este cortometraje de siete minutos y medio está basado en un cuento popular llamado "Konjaku monogatari" recogido en la "Antología de cuentos del pasado". Dicha antología, está compuesta por una colección de más de 1.000 microrrelatos, en los que cada uno de ellos raramente supera las tres páginas y datan del Japón medieval del siglo XII. Se desconoce el nombre de los autores de estos relatos y el origen de esta colección de 28 volúmenes aunque estos cuentos aún se leen hoy en día e incluso a veces se adaptan al cine, a la televisión o al teatro.

 Dado el tratamiento y la importancia del respeto que propugna la cultura japonesa hacia sus mayores, donde suelen ocupar una posición de privilegio en el imaginario colectivo japonés es necesario recordar ciertas costumbres del antiguo Japón como la del “ubasute” por la que un pariente enfermo o anciano era llevado a una montaña o algún otro lugar remoto o desolado y se le dejaba allí para morir, ya sea por deshidratación, hambre o exposición, como una forma de eutanasia. Dicha práctica de senecticidio, camuflada entre las faldas de las creencias religiosas, era llevada a cabo en las aldeas de alta montaña de Japón, según una antigua costumbre, debido a escasez de alimentos o época de carestía. Los hombres y mujeres mayores de 70 años debían ser llevados a la espalda de uno de los suyos y abandonados en el monte Narayama. Existen dos referentes cinematográficos de gran calidad que tratan este asunto. Ambos basados en la misma novela homónima de Shichirō Fukazawa. Por una parte, "La balada de Narayama" (1958) de Keisuke Kinoshita, por otra, la secuela de Shohei Imamura de 1983. Probablemente, y a modo de hipótesis, el miedo al abandono de la anciana por parte de sus hijos se manifestara de manera anómala, inapropiada o perversa.


 Valoración: En mi opinión, se trata de la primera gran obra maestra de K. Kawamoto de animación con marionetas. La película resulta absolutamente cautivadora con su paleta de colores otoñales sobre un fondo negro. A destacar el toque artístico en los pequeños detalles: como en el bosque de bambú y las luciérnagas brillantes. Los movimientos de las marionetas son muy refinados. De hecho, en algunas escenas, las marionetas casi parecen bailar.

 La historia versa sobre una antigua leyenda que narra cómo las personas al envejecer pueden convertirse en verdaderos demonios capaces de devorar la vida de sus propios hijos. Los “Oni” eran concebidos como espíritus invisibles asociados a desgracias, enfermedades o calamidades naturales. El cuento narrado mediante intertítulos en lugar de por un interlocutor, está acompañada de música tradicional japonesa compuesta por T. Tsurusawa, como música extradiegética. Dicha música está interpretada con shamisen y shakuhachi. El shamisen es una especie de laúd formado por una caja de resonancia cuadrada cubierta superior e inferiormente con piel, un mástil sin trastes con tres cuerdas que se pulsan con plectro. Si la obra procede del repertorio de marionetas, se incorpora un conjunto como el usado en sus teatros, es decir, un recitador y un shamisen que se disponen en una estancia ubicada en el lado izquierdo del tablado. En algunas ocasiones se colocan a la vista del público en una plataforma semejante a la existente en las salas de títeres. La moraleja de este antiguo cuento japonés, que evoca una antigua superstición, bien pudiera ser la siguiente: “las personas, en ocasiones, pueden convertir las cosas más hermosas en algo diabólico que puede acabar con sus vidas.”

 "El diablo" (1972) es un “anime” que destaca por su atmósfera original y oscura para su época, pero su narrativa a veces resulta inconexa. Si bien sus elementos mitológicos y su inquietante mundo visual son muy interesantes, el limitado desarrollo de los personajes disminuye el impacto de la historia. No obstante, es una producción valiosa para quienes sientan curiosidad por la estética del “anime” de la década de 1970 y por los aspectos oscuros del folclore japonés.


Şevkiye Şahin.
Estudió Literatura Comparada en la Universidad Osmangazi (ESOGU), Eskişehir, Turquía.




鬼 (Oni) (1972). 川本喜八郎
"The Demon" (1972). Kihachirō Kawamoto


"Şeytan" (Oni, 鬼). Şevkiye Şahin. Orijinali Türkçedir



 "Oni" (1972), "The Demon" ya da Japonca adıyla 鬼 olarak da bilinen, Kihachirō Kawamoto’nun yönetmenliğini üstlendiği, 7,5 dakika süren bir Japon stop-motion (kukla animasyonu) kısa filmidir.

 Yapım: Kihachirō Kawamoto, Japonya, 1972. Yönetmen: K. Kawamoto. Senaryo: K. Kawamoto. Görüntü Yönetmeni: Minoru Tamura ve Ken Yoshioka tarafından yapılan animasyon. Müzik: Seiji Tsuruzawa. Süre: Yaklaşık 7 dakika (kısa film). Oyuncular: Kukla animasyonu veya“stop-motion”.


 Konu: Yoksulluk içinde yaşayan iki kardeş, hasta ve yaşlı annelerine bakmak zorundadır. Bir gün, yaylarını ve oklarını alıp geyik avlamak için ormana girerler. Avlanmak için uygun bir yer ararken, küçük olan kardeş çalılardan gelen garip sesler duyar ve karanlıkta parlayan kırmızı gözler görür. Ağabeyi, seslerin rüzgardan, kırmızı ışıkların ise ormandaki ateşböceklerinden geldiğini söyleyerek onu sakinleştirir. Kardeşler, bu tuhaf olayın doğasını anlamaya çalışırken, bir kolu kesik olan annelerinin bir “oni”ye dönüştüğünü keşfederler. Oni, Japon mitolojisindeki doğaüstü bir varlıktır.


 Arka Plan: Yönetmen ve senarist K. Kawamoto, kendi yoluna çıkmadan önce Japon yapım şirketi Tōhō’da prodüksiyon tasarım asistanı olarak kariyerine başladı. Sinemacı, her zaman kukla dünyasına ve “stop-motion” animasyona ilgi duymuştu. Bu nedenle 1958’de kendi ticari animasyon stüdyosunu kurdu ve Japonya’da Tadahito Mochinaga’dan, Çekoslovakya’da ise Jiří Trnka’dan eğitim aldı. Trnka, Jan Švankmajer ile birlikte, ağırlıklı olarak sürrealist temalı Çek sinema sanatının ve animasyon alanının tartışmasız öncülerinden biridir; bu iki sanatçı, farklı teknikleri harmanlayarak, çeşitli şekillerde yorumlanabilen tedirgin edici eserler yaratmayı başarmışlardır.


 60’lı yılların sonunda, animasyonu maketler, kesme tekniği, “stop-motion” ve kuklalarla birleştirerek kendi kısa animasyon filmlerini çekmeye başladı. İlk kukla filmlerinde K. Kawamoto, yatay setler kurdu ve bunları yukarıdan çekti. Bu tekniği, 1963’te Doğu Avrupa’ya yaptığı bir ziyaret sırasında Břetislav Pojar’ın kullandığını gördükten sonra eserlerine dahil etti.


 “Şeytan”, Japon yönetmenin 2010'daki vefatından önce çektiği on iki kısa filmden üçüncüsüydü. Aynı dönemde üç uzun metrajlı film çekti ve 1989'dan itibaren yirmi yılı aşkın bir süre boyunca Japon Animasyon Derneği'nin başkanlığını yürüttü.

 Yedi buçuk dakikalık bu kısa film, “Geçmişin Hikâyeleri Antolojisi”nde yer alan “Konjaku monogatari” adlı bir halk hikâyesine dayanmaktadır. Söz konusu antoloji, her biri nadiren üç sayfayı aşan ve 12. yüzyıl Orta Çağ Japonya'sına ait 1.000'den fazla mikro öyküden oluşmaktadır. Bu öykülerin yazarlarının isimleri ve 28 ciltlik bu derlemenin kaynağı bilinmemekle birlikte, bu öyküler günümüzde hâlâ okunmakta ve hatta bazen sinemaya, televizyona veya tiyatroya uyarlanmaktadır.

 Japon kültürünün yaşlılara karşı savunduğu saygı ve onlara tanınan önemi göz önüne alındığında –ki yaşlılar genellikle Japon toplumsal bilincinde ayrıcalıklı bir konuma sahiptir– eski Japonya’daki “ubasute” gibi bazı gelenekleri hatırlamak gerekir. Bu gelenekte, hasta ya da yaşlı bir akraba bir dağa ya da başka bir uzak veya ıssız yere götürülür ve orada ölmesi için bırakılırdı; Bu, bir tür ötenazi olarak, susuzluktan, açlıktan ya da soğuğa maruz kalmaktan dolayı gerçekleşirdi. Dini inançların arkasına saklanan bu yaşlılık cinayeti uygulaması, eski bir gelenek uyarınca, gıda kıtlığı veya kıtlık dönemlerinde Japonya’nın yüksek dağ köylerinde gerçekleştirilirdi. 70 yaşın üzerindeki erkek ve kadınlar, bir akrabalarının sırtında taşınarak Narayama Dağı’nda terk edilmeliydi. Bu konuyu ele alan iki yüksek kaliteli sinema eseri bulunmaktadır. Her ikisi de Shichirō Fukazawa’nın aynı adlı romanından uyarlanmıştır. Bunlardan biri Keisuke Kinoshita’nın “Narayama Baladı” (1958) adlı filmi, diğeri ise Shohei Imamura’nın 1983 tarihli devam filmi.

 Bir hipotez olarak, kısa filmdeki yaşlı kadının çocukları tarafından terk edilme korkusunun, anormal, uygunsuz ya da sapkın bir şekilde ortaya çıktığı söylenebilir.


 Değerlendirme: Bana göre bu, K. Kawamoto’nun kukla animasyonu alanındaki ilk büyük başyapıtıdır. Film, siyah arka plan üzerinde sonbahar renklerinden oluşan paletiyle izleyiciyi tamamen büyülemektedir. Bambu ormanı ve parıldayan ateşböcekleri gibi küçük detaylardaki sanatsal dokunuşlar özellikle dikkat çekicidir. Kuklaların hareketleri son derece zarif. Hatta bazı sahnelerde kuklalar adeta dans ediyor gibi görünüyor.

 Hikaye, insanların yaşlandıkça kendi çocuklarının hayatlarını yutabilecek gerçek iblislere dönüşebileceklerini anlatan eski bir efsaneyi konu alıyor. “Oni”ler, talihsizlikler, hastalıklar veya doğal afetlerle ilişkilendirilen görünmez ruhlar olarak tasavvur ediliyordu. Bir anlatıcı yerine ara başlıklar aracılığıyla aktarılan bu hikâye, T. Tsurusawa tarafından bestelenen geleneksel Japon müziği eşliğinde, öykü dışı müzik olarak sunuluyor. Bu müzik, shamisen ve shakuhachi ile icra ediliyor. Eski bir batıl inancı çağrıştıran bu eski Japon masalının ana fikri şöyledir: “İnsanlar bazen en güzel şeyleri, hayatlarını sona erdirebilecek şeytani bir şeye dönüştürebilirler.”


 “Şeytan” (1972), dönemi için özgün ve karanlık atmosferiyle öne çıkan bir “anime”dir, ancak anlatımı zaman zaman dağınık bir izlenim bırakır. Mitolojik unsurları ve tedirgin edici görsel dünyası oldukça ilgi çekici olsa da, karakterlerin sınırlı gelişimi hikâyenin etkisini azaltmaktadır. Yine de, 1970’lerin “anime” estetiğine ve Japon folklorunun karanlık yönlerine merak duyanlar için değerli bir yapımdır.


Şevkiye Şahin.
Osmangazi Üniversitesi’nde (ESOGU), Eskişehir, Türkiye’de Karşılaştırmalı Edebiyat okudu.

miércoles, 19 de agosto de 2026

"Diario de un profesor de filosofía" de Francisco Huertas Hernández. Canal "La última página". Sebastián Porrini y Diego Ortega. Buenos Aires. Agosto 2026

"Diario de un profesor de filosofía (1989-2023)" de Francisco Huertas Hernández presentado en canal literario "La última página" por los Profesores Sebastián Porrini y Diego Ortega. Buenos Aires. 18 Agosto 2026


"La última página". 18 agosto 2026.
"Rendición de cuentas, seguimos leyendo. Comentamos algunas de las obras que nos han hecho llegar suscriptores de formas muy variadas".
Sebastián Porrini y Diego Ortega.
Presentación del libro "Diario de un profesor de filosofía (1989-2023)" de Francisco Huertas Hernández






 El canal de literatura de Sebastián Porrini y Diego Ortega "La última página" que nos invita siempre "a seguir leyendo", al final de cada emisión, presentó el 18 de agosto de 2026 mi libro "Diario de un profesor de filosofía (1989-2023)", segunda edición, publicado por Edicions Forment en 2025.

 Una breve reseña de los aproximadamente 34 años de docencia y un repaso de algunos de los temas tratados en la obra, desde los inicios titubeantes en el instituto de Venta de Baños hasta la jubilación en Alicante, en España, sin caer en el anecdotario, mostrando la reflexión conjunta en el aula con los estudiantes y un acercamiento crítico y lírico a la vocación, el saber, el placer, el poder, la burocracia educativa, la infancia o los cambios tecnológicos que amenazan la educación. 

 "Esta obra autobiográfica es el testimonio y el testamento docente de un hombre que amó enseñar y sufrió por ello, porque en la vida nada es fácil, y si algo llega, mucho se pierde en el camino" (Prólogo 2ª ed.)

 El libro físico (no en impresión bajo demanda), disponible en BuscaLibre internacionalmente, une el recuerdo, la claridad disidente, la breve melancólica reflexión metafísica, una lista de músicas en Spotify con código QR, múltiples fotografías originales con las que se dialoga, citas de clásicos de la literatura y una muy actual interacción con mis seguidores en las redes sociales. 

 Sigo creyendo que es obra para releer, porque, en primera lectura, oculta bastantes de sus capas. El aforismo, aprendido en Gracián o Bergamín, antes que en Nietzsche o Cioran, es la sustancia de su escritura, más o menos feliz en su intento. 

 Transcurridos ya tres años del final de su redacción y dos de su primera edición, este Diario ha llegado a México, Rusia, Francia, Uruguay o Perú, pero, aún te espera lector. Sé que los mejores lectores han sido aquellos que me quieren, y, por eso, no pierdo la esperanza de que, en vuestras manos, un presentido amor abra el horizonte de la comprension y el disfrute. En la esperanza de llegar a ser "clásico", es decir, un autor al que se ama, y por eso se le entrega el tiempo, el entendimiento y la voluntad que implica todo acto de contemplación o lectura. Leemos a los clásicos porque les amamos, les entregamos la confianza de saber de antemano que no nos defraudarán. No hay otra forma de leer con el corazón y la razón. 

 Gracias a todos, a los Maestros Sebastián y Diego, y a sus seguidores.


Francisco Huertas Hernández
Alicante, España, 19 de agosto de 2026

domingo, 16 de agosto de 2026

Fyodor Dostoyevski: "Белые ночи" (Noches blancas) (1848). El amor, entre el sueño romántico y la incapacidad de vivir. Francisco Huertas Hernández

Fyodor Dostoyevski: "Белые ночи" (Noches blancas) (1848). El amor, entre el sueño romántico y la incapacidad de vivir.
Francisco Huertas Hernández


"Белые ночи" (1959). Иван Пырьев
Настенька (Людмила Марченко)
Мечтатель (Олег Стриженов)
"Byelye nochi" (Noches blancas) (1959). Ivan Pyryev
Nastenka (Lyudmila Marchenko)
Soñador (Oleg Strizhenov)

Титульная страница книги Ф.М. Достоевского "Белые ночи", первое отдельное издание
Primera edición (Sankt Peterburg, 1865) de "Noches blancas" de F. M. Dostoyevski


Инме


 "Белые ночи" (Byelye nochi) (1848) es una novela breve de Fyodor Mijailovich Dostoyevski (1821-1881) en la que el romanticismo aún domina la atmósfera psicológica de los personajes. La visión pesimista del amor es inseparable de su exaltación como ideal que gobierna la vida... del soñador, apartado de la sociedad y recluido en su imaginación. El individualismo del protagonista irradia un mundo de fantasmas en torno a sí: el ideal femenino es la aparición que constituye la historia de encuentros, relatos, búsqueda y decepción de estas noches blancas petersburguesas (entre mayo y julio) en las que reina un resplandor crepuscular incluso en las horas nocturnas, y los insomnes, enamorados o malaventurados, caminan por los canales imbuidos en sus ensoñaciones. El amor, esa luz que nunca se apaga, como las Noches Blancas petersburguesas, es también fuego fatuo que obnubila con su resplandor efímero.

 La obra fue publicada en diciembre de 1848 en la revista "Летопись Отечества" (Los Anales patrióticos), teniendo el autor veintisiete años. En 1859 tras su exilio en Siberia se editó dentro de los dos volúmenes de sus Escritos de Juventud, corregida en su estilo (más sobrio y con una exposición más profunda de los pensamientos y sueños del protagonista).

 Dostoyevski abre esta novela sentimental (Сентиментальный роман) con unos versos del poema "Flor" (Цветок) (1843) de su amigo Ivan Turgueniev (1818-1883):

...Иль был он создан для того,
Чтобы побыть хотя мгновенье.
В соседстве сердца твоего?..

(¿O fue creado
para estar siquiera un momento
en las cercanías de tu corazón?)

 Estamos ante los "Recuerdos de un soñador" (Из воспоминаний мечтателя) narrados en primera persona, un hombre (?) sin nombre, que contempla la ciudad, ajeno a sus gentes, recluido en su subjetividad delirante. Esa ciudad es la capital del Imperio, la magnificente San Petersburgo, fundada por Pedro el Grande en 1703. 

 "Era una noche maravillosa, una de esas noches, amable lector, que quizás solo existen en nuestros años jóvenes. El cielo estaba tan estrellado, tan luminoso, que mirándolo no podía uno menos de preguntarse: ¿pero es posible que bajo un cielo como éste pueda vivir tanta gente atrabiliaria y caprichosa?... Porque hace ya ocho años que vivo en Petersburgo y no he podido trabar conocimiento con nadie. ¿Pero qué falta me hace conocer a gente alguna? Porque aún sin ella, a mí todo Petersburgo me es conocido"

(Была чудная ночь, такая ночь, которая разве только и может быть тогда, когда мы молоды, любезный читатель. Небо было такое звездное, такое светлое небо, что взглянув на него, невольно нужно было спросить себя неужели же могут жить под таким небом разные сердитые и капризные люди?... потому что вот уже восемь лет, как я живу в Петербурге, и почти ни одного знакомства не умел завести Но к чему мне знакомства? Мне и без того знаком весь Петербург)

 Este solitario no es un simple flâneur, porque aunque mira edificios y viandantes, su mundo es puramente interior. El ensimismamiento le aisla del exterior. Los acontecimientos que vivió en cuatro noches fueron nimios, y, sin embargo, fueron toda su vida. No hubo más, ni antes ni después. Una vida presentida y más tarde lamentada, pues nunca llegó a materializarse: ser amado, y, por tanto, feliz. 

 En la primera noche vio a una muchacha apoyada en la barandilla del muelle mirando el agua turbia del canal (В сторонке, прислонившись к перилам канала, стояла женщина; облокотившись на решетку, она, по-видимому, очень внимательно смотрела на мутную воду канала). La aparición que esperó toda su vida. Y ya sabemos como somos los soñadores: impotentes, frustrados, sumisos hasta la humillación, masoquistas ante lo real que se nos opone con una resistencia invencible. Por supuesto, nuestro soñador siguió discretamente a la chica por la calle, sin ninguna mala intención, como el Piskariev de Nikolai Gogol (1809-1852), el pintor, que persiguió a su enamorada encontrada al azar en la Avenida Nievski, descubriendo con horror que vivía en un burdel. Lo que luego hizo Piskariev fue lo mismo que el protagonista de "Noches blancas": soñar, pero, en el caso dramático y límite del personaje gogoliano, éste durmió días y noches, para soñar contra la realidad sórdida. Murió durmiendo. 
 Nuestro soñador dostoyevskiano salva a la joven de un caballero borracho que la persigue con malas intenciones, y surge la conversación. El narrador confiesa tener veintiséis años aunque nunca ha conocido a ninguna mujer: "¿Puede usted creer que nunca he hablado con una mujer, nunca jamás? ¿que no he conocido a ninguna? Ahora bien, todos los días sueño que por fin voy a encontrar a alguien. ¡Si supiera usted cuántas veces he estado enamorado de esa manera!... De nadie, de un ideal, de la mujer con que se sueña. En mis sueños compongo novelas enteras" (Поверите ли, ни одной женщины, никогда, никогда! Никакого знакомства! и только мечтаю каждый день, что наконец-то когда-нибудь я встречу кого-нибудь. Ах, если б вы знали, сколько раз я был влюблен таким образом!... Да ни в кого, в идеал, в ту, которая приснится во сне. Я создаю в мечтах целые романы). La chica comprende el mal psicológico del pobre soñador: "Me río porque es usted su propio enemigo" (я смеюсь тому, что вы сами себе враг). Sigmund Freud estableció la categoría de la melancolía como forma de autoagresión, de pulsión de muerte. El protagonista de "Белые ночи" vive en la alienación creada por un yo ideal que intenta complacer una libido inconsciente fuertemente reprimida atenazando al yo bajo una imaginación castradora. Y la violencia de esa realidad sustitutiva del sueño exige mantener la esperanza de un nuevo encuentro: "Escuche. Perdona que se lo diga otra vez, pero no puedo dejar de venir aquí mañana. Soy un soñador. Hay en mí tan poca vida real, los momentos como éste, como el de ahora, son para mí tan raros que me es imposible no repetirlos en mis sueños. Voy a soñar con usted toda la noche, toda la semana, todo el año. Mañana vendré aquí sin falta, aquí mismo, a este mismo sitio, a esta misma hora, y seré feliz recordando el día de hoy" (Послушайте, послушайте! — прервал я ее. — Простите, если я вам скажу опять что-нибудь такое... Но вот что: я не могу не прийти сюда завтра. Я мечтатель; у меня так мало действительной жизни, что я такие минуты, как эту, как теперь, считаю так редко, что не могу не повторять этих минут в мечтаньях. Я промечтаю об вас целую ночь, целую неделю, весь год. Я непременно приду сюда завтра, именно сюда, на это же место, именно в этот час, и буду счастлив, припоминая вчерашнее). 

 La segunda noche descubre la confesión vital (literaturizada) del muchacho, un tipo soñador (тип мечтатель) y el nombre de ella: Nastenka ( Меня зовут — Настенька). El soñador estrafalario se entrega a la "Diosa Fantasía" (богиня фантазия) -en expresión del primer poeta romántico ruso Vasili Zhukovski (1783-1852)-, al salir del trabajo, en esa hora en que el día declina. Rico de vida. Pero, ¿qué vida? Una descripción perfecta de neurosis y enajenación realiza el autor de este ciudadano anónimo y perturbado, ignorado por todos y anhelante de no se sabe qué. Pero "la aridez y la tristeza se adueñan del alma de nuestro héroe" (está narrando en tercera persona su propia vida) aunque la imaginación desbordante retorna. Enumera una serie desordenada de esas imágenes, asociadas con la literatura o la música, y, algo extrañamente nietzscheano surge en su pensamiento: "Pero hasta que llegue ese momento amenazador nuestro héroe no desea nada, porque está por encima del deseo, porque está saciado, porque es artista de su propia vida y se forja cada hora según su propia voluntad" (Но покамест еще не настало оно, это грозное время, — он ничего не желает, потому что он выше желаний, потому что с ним всё, потому что он пресыщен, потому что он сам художник своей жизни и творит ее себе каждый час по новому произволу). La voluntad de artista creando la propia vida, pero finalmente reconoce que el amor verdadero es inalcanzable en estas quimeras que nada tienen que ver con la verdadera vida, por muy esplendorosas que sean, y que ha malgastado sus años mejores, asintiendo a la afirmación de Nastenka: "Oiga, ¿sabe que no es bueno vivir así en absoluto" (Послушайте, знаете ли, что это вовсе нехорошо так жить?). Y el delirio neurótico se disuelve tras el encuentro con Nastenka: "¿Y ya con qué voy a soñar, cuando he sido tan feliz despierto? ¡Bendita sea usted... por haberme dado la posibilidad de decir que he vivido al menos dos noches de mi vida" (и о чем мечтать будет мне, когда я уже наяву подле вас был так счастлив! О, будьте благословенны, вы, милая девушка, за то, что не отвергли меня с первого раза, за то, что уже я могу сказать, что я жил хоть два вечера в моей жизни!)

 Hasta este momento, el capítulo correspondiente a la segunda noche ha sido el "aria" del Soñador, un tenor ligero, con breves duetos con la "soprano". Sin embargo, Nastenka le pide consejo -fraternal-. Se interrumpe la numeración de las noches, y el lector asiste a la "Historia de Nastenka" (История Настеньки). La muchacha narra acontecimientos vitales, donde antes su interlocutor se limitaba a describir emociones vagas y fantaseadas. Nastenka pertenece al mundo de la acción, a diferencia de su acompañante. El lector descubre que la joven tiene diecisiete años, vive con su abuela, medio ciega, y tras unas travesuras que no conocemos, "la abuela me llamó una mañana y me dijo que como era ciega no podía vigilarme. Tomó, pues, un imperdible y prendió mi vestido al suyo, diciendo que así pasaríamos lo que nos quedara de vida si yo no sentaba cabeza. Trabajar, leer, estudiar, todo lo hacía junto a la abuela" (Вот в это время я и нашалила; уж что я сделала — я вам не скажу; довольно того, что проступок был небольшой. Только бабушка подозвала меня к себе в одно утро и сказала, что так как она слепа, то за мной не усмотрит, взяла булавку и пришпилила мое платье к своему, да тут и сказала, что так мы будем всю жизнь сидеть, если, разумеется, я не сделаюсь лучше. Одним словом, в первое время отойти никак нельзя было: и работай, и читай, и учись). El hecho de la prisión o encierro de la heroína remite a los cuentos de hadas. Cenicienta, la Bella Durmiente o las Siete Princesas Encerradas, son representaciones del arquetipo de la Doncella, la feminidad en espera de rescate, o sea, de la consumación sexual y la madurez emocional. El rescatador llegó en la figura de un inquilino joven del desván que alquilaba la abuela en su casa de madera. La muchacha empezó a turbarse con el recién llegado, y surgió en ella el amor. El inquilino les prestaba libros de Walter Scott y Aleksandr Pushkin que la nieta leía a la abuela. Una tarde las llevó a la ópera a ver "Il Barbiere di Siviglia" de Rossini. Nastenka adelgazaba y se consumía por amor. Y al descubrir que el hombre iba a regresar a Moscú, decidió presentarse en su cuarto, para escapar con él. El inquilino prometió regresar en un año y casarse con ella, cuando tuviera medios de vida para mantener un hogar. Justo se había cumplido el año y Nastenka le esperaba en el mismo muelle en el que se despidieron, y donde ahora ella había encontrado al soñador, al, que con gran burla del destino, la mujer que le había despertado de su ensoñación delirante, la que por fin le hacía regresar a la vida, resulta que ahora le pedía ayuda para localizar a "otro", a su verdadero amor. 
 El soñador propone escribirle una carta al amado ausente y entregarla él mismo en casa de unos familiares de la chica, conocida también por el antiguo inquilino.

 La noche tercera está contada al día siguiente en que ella no acudió a la cita por la lluvia. "Ayer fue nuestra tercera entrevista, nuestra tercera noche blanca.
¡Pero hay que ver cómo la alegría y la felicidad embellecen al hombre! ¡Cómo hierve de amor el corazón! Es como si uno quisiera fundir su propio corazón con el corazón de otro, como si quisiera que todo se regocijara, que todo riera. ¡Y qué contagiosa es esa alegría!" (Вчера было наше третье свиданье, наша третья белая ночь...
Однако, как радость и счастие делают человека прекрасным! как кипит сердце любовью! Кажется, хочешь излить всё свое сердце в другое сердце, хочешь, чтоб всё было весело, всё смеялось. И как заразительна эта радость!)
 Él (maldito nombre sin rostro) no vino, ella (Nastenka) quedó triste, "comprendió al fin que yo la amaba y buscaba cobijo en mi pobre amor. Es que cuando somos desgraciados sentimos más agudamente la desgracia ajena. El sentimiento no se dispersa, sino que se reconcentra" (что, кажется, поняла наконец, что люблю ее, и сжалилась над моей бедной любовью. Так, когда мы несчастны, мы сильнее чувствуем несчастие других; чувство не разбивается, а сосредоточивается...)
 
 ¡Qué azares la vida retuerce para que quienes aman corran en pos de quienes no les corresponden! El soñador, por definición, ama el amor, porque no tiene a nadie. Es un escultor de palabras, imágenes y emociones sin modelo alguno. En el aire desnudo de materia y deseo halla el ensoñador su nido, en las ramas más altas del árbol más frágil. Puedes caminar, correr, volar, en pos de esa estatua de la amada, pero si algún día encuentras la modelo a la que tu obra imitó sin saberlo, sabrás que ama a otro. Que toda línea, volumen, forma de esa escultura es sólo viento que se desvanece. Nastenka busca la consumación sexual de su amor material, pero su enamorado platónico huye de ella. Sospechar alguna malformación, disfunción eréctil, impotencia (coeundi, erigerandi, generandi), homosexualidad, o, simplemente, fealdad, sublimada en el impulso poético de la imaginación alienante, parece verosímil. Mas toda gran literatura es siempre elegantemente elíptica. La elipsis narrativa es una suerte de desplazamiento inconsciente. Dostoyevski protege a su héroe autobiográfico de conjeturas patológicas de su conducta.

 La cuarta noche fue aciaga. Tanta claridad en el cielo no podía ser beneficiosa para un alma melancólica como la del soñador masoquista, tímidamente obsequioso. "¡Dios mío, cómo ha terminado todo esto! ¡Qué fin ha tenido!" (Боже, как всё это кончилось! Чем всё это кончилось!). "Terminar" (кончиться), extraño verbo. En sentido estricto, sólo la muerte es terminación, y acaso no lo sea si Dios nos ama, y nos lleva al otro lado para empezar la nueva vida, mas todo eso es dudoso. Los hombres tienen miedo de morir, de terminar, y por eso no se suicidan, amarrados a una vida de sufrimientos y decepciones, y siempre albergan la esperanza de un nuevo recomenzar. El soñador no pertenece al reino de las terminaciones, sino de las esperanzas, lo contrario de los finales. La esperanza es un inicio que no empieza, un comienzo postergado en ansiedad poética, en desesperación lírica, en ensoñación infantil. Nastenka irrumpe en el reino de los inicios que ya no se esperan, sino que suceden, y ese territorio es el tiempo que concluye con el fracaso de las ilusiones. En el ámbito de lo real la espera tiene límites, aunque en el de la fantasía, la Diosa Fantasía, la esperanza es ilimitada, religiosa, se dirige a otro mundo, que jamás tendrá acá su asiento. Nastenka arrancó al Soñador de la esfera de lo postergado y lo enfrentó al dominio de lo efectivo: si él, el otro, regresa, se acabó la espera, la fantasía, el amor.

 La carta del inquilino amado no llegó. Y Nastenka decide olvidar ese amor de desván, de adolescencia. El Soñador confiesa su amor por la señorita, aunque sea una ilusión: "Esto es quimérico, lo sé, pero la quiero a usted, Nastenka. Eso es lo que pasa. Ahora ya lo sabe usted todo" (Это несбыточно, но я вас люблю, Настенька! вот что! Ну, теперь всё сказано!). La inmadura e inexperta muchacha da esperanzas al solitario: "Yo le quiero a él, pero esto pasará, esto tiene que pasar. Es imposible que no pase, está pasando ya, lo siento... ¿Quién sabe? ¿Quizás termine hoy mismo, porque le odio, porque se ha reído de mí, mientras que usted ha llorado aquí conmigo, porque usted no me hubiera repudiado como él lo ha hecho, porque usted me quiere y él no, porque, en suma, yo le quiero a usted... ¡Sí, le quiero! Le quiero porque es usted mejor que él, porque es usted más noble que él, porque, porque él..." (Я его люблю; но это пройдет, это должно пройти это не может не пройти; уж проходит, я слышу... Почем знать, может быть, сегодня же кончится, потому что я его ненавижу, потому что он надо мной насмеялся, тогда как вы плакали здесь вместе со мною, потому что вы не отвергли бы меня, как он, потому что вы любите, а он не любил меня, потому что я вас, наконец, люблю сама... да, люблю! люблю, как вы меня любите; я же ведь сама еще прежде вам это сказала, вы сами слышали, — потому люблю, что вы лучше его, потому, что вы благороднее его, потому, потому, что он...) ¿Esto es lo máximo a lo que un soñador puede aspirar: a ser segundo plato de una amada rechazada por otro? Los chicos comienzan a hablar de matrimonio. El soñador es pobre, sólo tiene 1200 rublos. Tienen que llevarse a la abuela y a Matriona y a Fiokla (criadas), y Nastenka arrebatada pide al soñador que ocupe el desván de su casa, como nuevo inquilino. Cuando están despidiéndose una sombra de un joven que se acerca, un saludo, y un grito de ella: era él. "Me quedé de pie y les miré como si estuviera muerto" (Я стоял и смотрел на них как убитый). Se alejaron de la mano mientras el joven perdedor les seguía con la vista.

 El último capitulo es "La mañana" (Утро), un epílogo otoñal: "Mis noches terminaron con una mañana. El día estaba feo. Llovía y la lluvia golpeaba tristemente en mis cristales. Mi cuarto estaba oscuro y el patio sombrío. La cabeza me dolía y me daba vueltas. La fiebre se iba adueñando de mi cuerpo" (Мои ночи кончились утром. День был нехороший. Шел дождь и уныло стучал в мои стекла; в комнатке было темно, на дворе пасмурно. Голова у меня болела и кружилась; лихорадка прокрадывалась по моим членам). Matriona anuncia la llegada de una carta (Письмо к тебе, батюшка, по городской почте, почтарь принес, — проговорила надо мною Матрена.
— Письмо! от кого? — закричал я, вскакивая со стула.
— А не ведаю, батюшка, посмотри, может, там и написано от кого). La carta de perdón de Nastenka, dice que quiere al soñador, y que se casa con el inquilino. El protagonista, nuestro protagonista, el que vive los restos de la vida de los otros, llora, y escucha que Matriona ha quitado todas las telarañas del techo, y que aproveche para casarse, e invitar a mucha gente, antes de que el techo se ensucie otra vez (А паутину-то я всю с потолка сняла; теперь хоть женись, гостей созывай, так в ту ж пору...) ¡Oh, nuestra vida, que se va llenando de telas de araña, de hilos que nos sujetan hechos de esperanzas incumplidas, de proyectos frustrados, de personas perdidas, de felicidad desvanecida! La inocente ternura de Matriona y nuestro héroe que la contempla: "Miré a Matriona... Era todavía una vieja joven y vigorosa. Pero no sé por qué, de repente, se me figuró apagada de vista, arrugada de piel, encorvada, decrépita. No sé por qué me pareció de pronto que mi cuarto había envejecido tanto como Matriona" (А паутину-то я всю с потолка сняла; теперь хоть женись, гостей созывай, так в ту ж пору...)

 Quince años pasaron. El soñador yacía en la misma pieza con la misma Matriona, con una vida tan sombría y melancólica, eternamente agradecido a esos instantes de felicidad vividos junto a Nastenka, aunque él no fuera ni siquiera el protagonista de esa historia de amor. El amor existió en la vida del soñador, existió en la realidad, "ese minuto de bienaventuranza que diste a otro corazón solitario y agradecido" (да будешь ты благословенна за минуту блаженства и счастия, которое ты дала другому, одинокому, благодарному сердцу!) ¡Oh, el agradecimiento (благодарность) a la vida, incluso a pesar de que luego nos deja heridos, y nos priva de la dicha, y se nos va...! ¡Cómo la lengua rusa usa la palabra благодарность (blagodarnost), pues el agradecer es el vincular corazones, más allá de las pasiones e intereses, de la separación y el fracaso! 

 ¡Callad, lectores, escuchad las últimas palabras de Dostoyevski, de su soñador, volviendo a los versos introductorios de Turgueniev!:

 "¡Dios mío! ¡Sólo un momento de bienaventuranza! Pero, ¿acaso eso es poco para toda una vida humana?"
 (Боже мой! Целая минута блаженства! Да разве этого мало хоть бы и на всю жизнь человеческую?..)

 Да здравствует Россия!

Francisco Huertas Hernández
23-24 agosto de 2025

jueves, 16 de julio de 2026

"Los isleros" (1951). Lucas Demare. Cine clásico argentino: vidas fluviales. Tita Merello, actriz dramática. Francisco Huertas Hernández

"Los isleros" (1951). Lucas Demare. Cine clásico argentino: vidas fluviales. Tita Merello, actriz dramática. Ensayo. Francisco Huertas Hernández


"Los isleros" (1951). Lucas Demare
Rosalía "Carancha" (Tita Merello). La mirada rapaz en claroscuro resume la historia: una mujer salvaje que posee en sí la furia de la naturaleza



Prólogo: habla el río. No es bueno que el hombre esté solo. Una mujer brava

 "Los isleros", rodada entre 1950 y 1951 por Lucas Demare, es un clásico del cine argentino que supuso la consagración dramática de la icónica Tita Merello (1904-2002). Basada en una novela de Ernesto López Castro (1902-1962) publicada en 1943 y adaptada al cine por él mismo, la historia se sitúa entre la lucha heroica de los habitantes pobres de las islas del delta del Paraná y una subtrama de transterrados europeos. La fuerza del filme deriva de su protagonista absoluta, por encima incluso de la imponente Tita Merello: el agua, cuya voz en off abre y cierra la historia.

 La cinta se estrenó el 20 de marzo de 1951 en el cine Ópera de Buenos Aires. Obtuvo ocho premios Cóndor de Plata en 1952 (mejor película) y Tita Merello la rompió.

 Ricardo García Oliveri en su monografía sobre Lucas Demare califica esta película como "un título fenomenal... una flor en el desierto" de un cine argentino, que, en esos años, era "escapista". Afirma que "la problemática social está aquí disimulada entre los repliegues del drama de unos pocos individuos". Creo que el elemento dramático del filme hoy es secundario respecto a su dimensión telúrica. Los humanos de esta historia viven en función del agua y la tierra. 

 El agua es un elemento de vida y de muerte. Ella proclama en la primera secuencia: "Soy una fuerza eterna. Una fuerza, a veces ciega, que cumple la fatalidad de un destino. Con mi trabajo silencioso he procreado estas islas". Construye, destruye y reconstruye la vida. "Soy el río, un río" y los hombres le hacen frente con su lucha heroica, aunque en su convivencia y pugna también ellos se hacen un poco río, un poco árboles, un poco pájaros. "Son isleros; ¿serán ellos, acaso, las islas?" Y esos isleros aguantarán todas las calamidades mientras tengan una canoa, un espinel y un rancho... "Isleros, la soledad les hace más fuertes. Isleros, cuántas veces me detengo a espiarlos".
 
 Y así cuando termina su prólogo literario el río -filmado en panorámica y travelling de avance con la cámara en la embarcación- entra el hombre a caballo, el islero. La película se rodó en San Pedro, en la margen derecha del Paraná, junto a la desembocadura del río Arrecifes. Una decisión importante de Demare fue filmar en escenarios naturales todos los exteriores, reservando los Estudios San Miguel sólo para el interior de la cabaña. De hecho fue una de las últimas películas realizadas en los platós de Bella Vista, que dejó de funcionar en 1952.
 
 Agua frente a hombre recrean el mito. Leandro (Arturo García Buhr), el protagonista sufre las burlas por estar sin mujer ("consígase una tropa vaquillona" le dice otro islero). En el inicio Leandro buscará una compañera por los pueblos aledaños. Y encontrará a Rosalía (Tita Merello), llamada "La Carancha" (ave rapaz diurna, semejante a un halcón) que desafía la sumisión rural de las mujeres. Leandro le lleva la pesca recién capturada, le regala un caro perfume (el "agua florida... que huele más fuerte que las flores") y la invita al baile, aún confesando al llegar que él no sabe bailar. La mirada (¡sus impactantes ojos de china criolla!) y las palabras de la Carancha anticipan el fin de un entrerriano borracho (Luis Otero), un predador de pulpería que hostigaba a Rosalía, que muere apuñalado fulminantemente ("échenla, Carancha, perra, me has rojeao").

 En esta primera parte de la historia, Tita Merello tiene la fuerza sexual de la ira milenaria de la humillación y la pobreza. El espectador no argentino descubre por qué Tita de Buenos Aires es una leyenda: la mujer del pueblo que había sobrevivido en las condiciones más deplorables emana sensualidad y poder, incluso en sus gestos exagerados, y, sin embargo, naturales. Esta secuencia de la milonga y la muerte del entrerriano filmada en alternancia de planos generales, medios y primeros, con marcado claroscuro, en la herencia de John Ford, es sobria, eficaz narrativamente, y expresa el pathos sobrenatural ("tiene ojos de bruja") de la Carancha. El paisaje del litoral -como el de Monument Valley- aplasta al humano, pero éste se rebela en lucha feroz contra la Naturaleza. La irrupción de la tragedia en la fiesta comunitaria, el orgullo de los desheredados, todo ello mostrado con encuadre perfecto, profundidad de campo y luz contrastante, son otras marcas comunes a Ford y Demare.


Una pareja de isleros. Quehaceres y amanse de voluntades. La odisea del parto

 La pareja se instala en el rancho del islero. La hembra brava desafiando la sumisión rural de las mujeres encarna un raro arquetipo, lejos de la femineidad convencional criolla y del refinamiento intelectual urbano. Rosalía no habita el rancho, lo disputa. Esa fuerza bravía de la mujer ave rapaz es semejante al río. Su amenaza de pegar la vuelta cuando quiera resonará en Leandro de por vida ("así como voy porque se me da la gana, me vuelvo cuando se me dé la gana. Digo, a lo que nunca tuve patrón", dice Rosalía en la barca yendo a su nueva vida).

 "Desde ese momento, Leandro Lucena trabajó sin descanso. Acostumbrado a mis periódicas avalanchas parecía desafiarme al aceptarlas serenamente. Así carpió la tierra y fecundó la isla. Es que ahora había una mujer en su rancho", interviene el río nuevamente, en un interludio lírico con música de Gilardo Gilardi (1889-1963), de gran riqueza tímbrica y atmósferas debussyanas. Mientras el agua declama, vemos el río crecido anegando la tierra, y a Leandro a caballo, y con su perro Moro, cazando patos. 

 Antes del nacimiento del hijo, el duelo de voluntades se resuelve al imponer el hombre su ley (escena del rebenque, bellísima transfiguración de Rosalía y Leandro desencantado arrojando una piedrita al agua que refleja su imagen). La convivencia inicial de los dos extraños conjuga los quehaceres de la casa y la lucha por el poder. 

 "Si antes hablaban poco, ahora apenas cambiaban palabras" interviene el narrador omnisciente, el río, sobre esos encuadres divididos e iluminados por el operador Mario Pagés (1914-1996) con sombra de pajonal y luz de agua, cercanos a Gregg Toland. 

 La noticia de la dulce espera de Rosalía, revelada por alusiones, lleva a la cámara al primer plano más hermoso de Tita Merello: mirada dulce y confiada, media sonrisa. Demare ha eludido la pasión y la ternura, y, fuera de plano, muestra el quiebre de Rosalía. Tita nos enamora inesperadamente, el ave de presa, la vaquilla se transmutó en Madonna. García Buhr también está espléndido en su rol. Un hombre simple y sin malicia ("la pucha, ni lo soñaba que juera tan fácil") que habla con el lenguaje rural y pausado del criollo, evocando al Martín Fierro, pero sin el sino del cuchillo.

 Diré que toda esta primera parte es cosmogónica: el elemento fecundador, la búsqueda de la pareja y la anunciación de nueva vida. Como en el filme "Araya" (1959) de Margot Benacerraf, un poema visual de la sal, asistimos en "Los isleros" al nacimiento del mundo. Merello, Buhr y el agua son la trinidad del Génesis del Paraná.

 La época de la crecida presagia un parto difícil. Rosalía mirando la cesta, que "más que cuna parece nido", espera con semblante sereno. Pero "la criatura viene demorada", según doña Manuela. Y pide al islero que la lleve urgentemente a San Pedro. En mitad de una espantosa tormenta, y con Rosalía desfallecida, Leandro la transporta al hospital. Es la secuencia más dramática: la muchacha se muere de fiebre, deshidratada y sin fuerza, implora agua, y el islero le da de beber agua del río. El montaje alterno del oscuro cielo, el bramido del trueno, el hombre remando con fe y la mujer resistiendo el dolor del parto, constituye una odisea fluvial donde los elementos de la naturaleza y la fragilidad humana se funden en un solo grito de supervivencia.

 El niño nace en el hospital de San Pedro. La madre sobrevive, pero la religiosa conmina a Leandro a contraer matrimonio para bautizar a la criatura. Un nuevo quiebre en Rosalía, cuya mirada recupera la rabia y el odio en un salvaje instinto de posesión del hijo, cierra el ciclo cosmogónico del filme, con el gurí en sus brazos. La madre musita: "Toño, Toño" y en bello plano fundido vemos al chico ya crecido saludando al Golondrina (Roberto Fugazot) que navega en su lancha proveedora.


La juventud de Toño. El drama familiar: Toño encuentra mujer. Los celos de la suegra. Un episodio secundario: el fugitivo europeo. La gran inundación

 La vida fluye como el río, y serena, juega con la ribera, como el niño en su inocencia del tiempo. Demare ha filmado al chico dorsalmente y en contrapicado en un estilo John Ford, porque el niño no tiene presencia. En nuevo plano fundido, Toño ya es un joven mozo criollo (Mario Passano).

 Toda la segunda parte de la película tiene otro tono. La cosmogonía deviene drama familiar. Los personajes se multiplican; si en el origen era el agua, y luego la pareja, ahora es la comunidad, surgida de la pareja ampliada y envejecida. Tita Merello, encanecida, sujeta la brida del pibe que, aunque es feliz en la isla, es tentado para ir a laburar a San Pedro, con sus romerías y bailongos. El espectador siente la sexualidad amenazante de la Carancha joven, pero ahora su figura emana la aspereza de los años. El director ha dado el relevo de la sexualidad animal de la inigualable Tita Merello a una mina que competirá con ella en el amor de Tonio. Una contrafigura angelical de la demoniaca Carancha paseará su belleza inmaculada por el rancho islero.

 Una trama secundaria presenta a German Koehler, el Gringo (Enrique Fava), que supone un extraño giro quasi policial, y cuya historia se resolverá con la venida de su novia europea (Alita Román). Germán, personaje extraño, frecuentará el rancho de los Lucena, a través del común amigo, el Golondrina, que defiende las islas como un espacio extraterritorial de refugio y aceptación del desheredado ("vea amigo, aquí en las islas nadie averigua nada, ni a nadie le interesa lo que un hombre haiga hecho o deje de hacer. Cada uno se guarda las cosas bien adentro porque son suyas y de nadie más").
 
 Usando la lengua criolla del Delta diríamos que, allá, la vida va entre las chalanas madereras (chatas isleñas) cargadas de troncos de sauces y álamos -donde los hombres montan el maderamen- y las gariolas de paja brava, juncos y totoras, y la vida son los trabajos y los días, citando a Hesíodo. El fugitivo es recibido sin preguntas ni sospechas y, con "canoa, trabajo y amigo" se convierte en un islero más. 

 Pero a nosotros nos conmueve más el destino de la familia de Leandro, Rosalía y Toño. El agua persiste, pero el hijo ocupa la posición de síntesis de las generaciones, cual corrientes que transcurren sin cesar. Si el río crece, también crecen los hijos, con la potencia vital de su juventud se abren paso entre sus progenitores en busca de nuevas riberas, y otros brazos fluviales con los que convergen para, unidos en un solo cauce, seguir su viaje hacia el mar.

 Berta (Graciela Lecube), en plano medio corto frontal, avanza por el río en la lancha, contemplando el nuevo mundo, inquieta y confiada en Toño, que en la proa, ve alborozado que "agrandaron el rancho". Allá a San Pedro mandó el viejo al hijo a buscar mujer, y ahora el muchacho regresa al hogar islero. Y en el abrazo de hijo y madre, la mirada atravesada de Tita a su rival, joven y hermosa, subraya el conflicto central de este drama familiar. Es una rivalidad edípica, o, si se quiere, un curso nuevo de agua que desplaza al viejo, siendo la humana condición resistirse a pasar: la madre no renunciará al hijo por más que éste navegue ya sin guía. La Carancha rechaza el abrazo de su nuera, mas Leandro abraza a la muchacha ("ésta es su casa m'hija"), que "es hija de chacarero" de padres piamonteses (gringos del campo). ¿La delicada joven será lo suficientemente fuerte para adaptarse a la ruda vida islera?

 En la primera comida de los cuatro, filmada con profundidad de campo muy fordiana, los anfitriones preguntan a la mina por las islas, y ella responde con ingenua franqueza forastera que las encuentra tristes. Y algo peor que la tristeza irrumpe: las víboras que sobresaltan con su silbido a Berta, en primerísimo plano: la amenaza simbólica de la Madre Naturaleza. "De chica me asustaron con una víbora y me quedó el miedo". El candor de Berta potenciado con una luz deslumbrante -filmada con reflectores frontales- configura un espacio nuevo. O ese rostro brillante se apaga en el pajonal o los habitantes del pajonal reciben esa luz. Cuando el escarmentado siente pudor de identificar la belleza y el bien en la luz pura de la inocencia sólo queda el sórdido mundo discepoliano del arrabal. Pero, oh espectador atento, abre el corazón a la luz de Berta que evoca la platónica fusión de belleza, bien y verdad, en el amor. Berta es pura, no por su rubia faz, su juventud o su origen chacarero, es pura porque ama profundamente a Toño. Y ahora nosotros sentimos ese amor en su luz y su dulce voz, a pesar del comentario venenoso de la suegra: "es floja, no vale pa nada".

 La Carancha descubre una posibilidad perversa, arreando a Berta a monte ajeno: despertar la pasión mutua entre el extranjero fugitivo y la nuera, que la mira embelesado como reconociendo en ella a alguien de su pasado. Un plano picado inclinado de Germán sirve a Demare para evocar lo perdido en Europa, la nostalgia del exiliado, mientras Berta se sienta a coser. ¡Qué hermosa Graciela Lecube, que ya olvidamos a la joven y sexual Tita de la primera parte!
 
 Toño sacó a pasear por la isla a su esposa que vio asustada un carancho en lo alto de un árbol ("¿por qué mira tan fijo?"). Y de seguido, una vaca agonizando picada por una yarará. Berta, cercada por un mundo hostil: una suegra que le agarró la bombacha del hijo que iba a lavar Berta; unos animales que acechan escondidos en el pajaveral; una tristeza de una vida sin variaciones. 

 Berta es la imagen viva de la novia que quedó en Europa. Ella misma se lo escucha decir al gringo al que sonsaca la malévola suegra, incitando al joven a que busque una mujer "gringa, o hija de gringos, más o menos como Berta". Demare acumula tensión y la muchacha va sintiendo el cerco cada vez más estrecho. 

 Una escena erótica jovial del baño en el río muestra a una recatada Berta en ropa interior blanca entre los juncos, avergonzada mientras Toño nada pletórico tras despojarla de su corpiño. Pero el río es traicionero, incluso en el remanso, y Berta está a punto de morir ahogada, y eso podría ser peligroso para la criatura que lleva en su vientre. Demare ha ensamblado erotismo, drama y esperanza en una sola secuencia. "La pucha, se nos va a llenar la isla de gente", dice Leandro feliz rascándose la cabeza, pero Rosalía tuerce el gesto entre los cacharros.

 Y una caravana de canoas festivas atraviesa un brazo del río mientras la pareja de futuros padres pasean abrazados en bello plano general descentrado. El futuro multiplica a los hombres. Recordemos cómo en el inicio sólo era el agua, el hombre solitario y la mujer brava. 

 Un baile en casa de los Mallorquín por la boda de sus hijas desata los celos de Toño que descubre la mirada cruzada de su mujer y el extranjero ("¿si me estás codiciando a la mujer") y el forastero responde angélico ("miro a tu mujer con ojos limpios, sin suciedades. Berta me recuerda a la mujer que quise mucho y que quizás ya no vive, ¿comprendes?"). ¡Y cómo esquiva (gambetea) lo melodramático y la tragedia pura la película, la novela! Berta y el extranjero que estarían predestinados a ser amantes en una historia convencional, aquí son luz que disuelve la bruma del río. 
  Toño confiesa, remando de regreso, a su mujer asustada que hubiera matado al gringo "si no me dice lo que me dijo". La vida fluvial es incontinencia y furia irracional bajo la tranquila superficie del agua. Toño es tan violento como su madre. La ley de los hombres no reina en este espacio extraterritorial, donde los elementos dan vida y la quitan.

 Berta ya no soporta la isla, tiene miedo por su hijo, quiere volver a San Pedro. Mas la Carancha manipula a Toño haciéndole sentir débil para que domeñe a Berta ("me tenés cansado con tus pavadas, que me dejés de cargosear"). Si la Carancha fue amansada por Leandro, ahora ella pretende hacerlo con Berta a través de su hijo, y si la Carancha es un ave rapaz, carroñera, de plumaje pardo, mimetizado con el barro, grito áspero y monocorde, Berta, por contra, es una jacana, ave pequeña, de plumaje amarillo, deslizándose suave sobre los camalotes. Que Toño confunda el yugo materno con la hombría es un accidente pasajero, pues "dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" dice el Génesis. Toño tiene la ternura paterna en el alma, del que recibe protección y consejo.

 Leandro tranquiliza a su nuera: los isleros se hacen duros y su nieto resistirá todos los peligros ("a todo se va a hacer baquiano. ¿Cómo se crió Toño? ¡Y vea si salió juerte! Se crió en esta pelea con las islas y el río"). Arturo García Buhr en plano frontal contempla a su hijo, enmarcado por la ventana. ¡Qué interpretación más austera y conmovedora!

 Una "creciente brava" se viene. "La sudestada no afloja", comenta Leandro a Toño. El cielo cabalga encrespado sobre el río que puede traer a las víboras hasta la casa (rancho), alzada sobre troncos. También es necesario salvar el ganado, pasándolo a la otra orilla. La familia Lucena está sitiada por la naturaleza bravía, y la temerosa jacana Berta saca valor ("Si todos se quedan, yo también puedo quedarme"). Se ha hecho "dura y fuerte como mi vieja" afirma Toño liberado. Los planos medios en escorzo de alto contraste son espléndidos. La luz del rostro de Graciela Lecube y la gallardía de Mario Passano son el ancla de la vida embestida por la furia de la corriente. Leandro y Toño se marchan con el ganado (la hacienda), y Berta aterrada descubre que, quizás, tengan que pasar el río nadando a falta de balsa ("¿van a arriesgar la vida por unos animales que ni siquiera les pertenecen? ¿Van a desafiar esa correntada que arranca árboles, arrastra camalotes y voltea ranchos?"). El fatalismo de Rosalía ("es la vida del islero") frente al grito de rebeldía moral de Berta ("¡Nooo, nooo!").

 Los dos hombres, en una secuencia clímax, con montaje rítmico, acelerado, planos cortados rápidamente, que alternan la tropa, el arreo de las vacas, con los agitados movimientos a caballo y en canoa de los héroes isleros, luchan por salvar una hacienda que ni siquiera es suya: la servidumbre ante los patrones (ausentes en la película) sólo es posible por el apego a la tierra, a las tradiciones y el fatalismo irreflexivo. La música de Gilardo Gilardi queda ahogada por los mugidos y gritos del rodeo. ¡Lo consiguen!

 En la espera las dos mujeres estallan. Berta no se calla, ella también se hara dura como cualquier islera, como la Carancha, que la desprecia por floja. "En la isla vivimos como animales, pero a Toño le gusta esto. Claro, él nació y se crió aquí. No sirve pa vivir en el pueblo. Por eso le digo que a usted le hubiera venido mejor casarse con un chacarero", destila su veneno la vieja, que quiere apartar a su hijo de la muchacha. "En las islas no hay más que pobreza y víboras", continúa la tortura de la Carancha, en su acoso y derribo. 
 Los hombres regresan al rancho, sanos y salvos. 

 El agua, narradora admirada, retoma la reflexión sobre la eterna lucha: "Pero ni aún acorralados se entregan. Apenas les doy una tregua, se levantan de nuevo para enfrentarme otra vez, para luchar con más fuerza". Los isleros, incluyendo a Berta, reconstruyen lo destruido. "Da miedo ver la tierra bajo el agua. Las islas parecen muertas", exclama con la mirada perdida la joven. "Ajá, parecen muertas, pero no lo están. Ya ve, apenas se jue el agua y el sol calentó la tierra, la vida vuelve con más fuerza. Es como la gente que después de peliar mucho le toma más gusto a vivir", sentencia Leandro. ¿Cómo no escuchar aquí el tono, la lengua y la sabiduría popular del "Martín Fierro"?

 La Carancha no se da por vencida y mete una víbora en la casa, pero Leandro la mata a tiempo. En su locura de posesión maternal quiere destruir a la rival en el cariño de Toño, y Leandro, resignado, pide a su hijo que se vayan después del parto: "las mujeres no andan en buenas relaciones". Y la bondad de Berta la ha perjudicado.

 El parto viene difícil. Berta tiene una gran fiebre y boquea la muerte. La historia se repite, y la suegra, que tanto mal le desea, es la que la ayuda a dar a luz y salva su vida. Un nuevo quiebre en La Carancha que vuelve a ser Rosalía, entre lágrimas de piedad. Leandro se ha mantenido siempre como el remanso de paz y el cabo a tierra. 

  Y, finalmente, la joven pareja partirá a San Pedro, para que la criatura salga jacana y no carancha. 

 El episodio del gringo fugitivo Germán se resuelve con la llegada de su novia (Alita Román) al rancho de Leandro, aclarando el malentendido de su fuga: la subprefectura le buscaba a pedido de... su propia novia, porque él no había matado a nadie allá en Europa. Hay algo en esta historia que recuerda las novelas intercaladas en la Primera Parte del Quijote: desvían la atención de la trama única de los Lucena. Pero es el amor leal que sirve de contrajemplo a Rosalía, que escucha en silencio, y sale en la canoa y trae de vuelta al fugitivo, cuando ya Leandro recordaba las antiguas palabras de ella: irse cuando quisiera. Rosalía fue remando sola aguas arriba, durante horas. 

 En un final de esperanza, Rosalía, dice "tendrá que hacer rancho nuevo pa cuando vuelvan los hijos". La pareja retorna al rancho y la cámara se aleja, fundiéndose el elemento humano con el acuático en el plano en el que el río concluye: "Y así, una y mil veces van a rehacer lo que destruya el agua. La tierra, o los mismos hombres, son un poco árboles, tienen algo de río, de masiega. Son isleros".
 Fin


Dimensión política de "Los isleros" y el cine de Lucas Demare
 
  El cine de Lucas Demare (1910-1981) creó -según Adrián Muoyo una épica local de argentinidad criolla y urbana, con películas de tema histórico gaucho -"El cura gaucho" (1941); "La guerra gaucha" (1942) a partir de L. Lugones; "Pampa bárbara" (1945)- o porteño -"El hijo del barrio" (1940); "La calle grita" (1948); "Mercado de Abasto" (1955); "Detrás de un largo muro" (1958)-. La coproducción hispanoargentina "Hijo de hombre" (1961) basada en la novela de A. Roa Bastos obtuvo un premio en el Festival de San Sebastián. 

 Demare, que provenía del tango como el otro realizador insigne de la época Hugo del Carril, recibió la herencia de los clásicos: de John Ford, como he señalado, y del neorrealismo italiano, y, ante todo era un gran narrador de historias -eso que el cine actual ha perdido-, apoyado en excelentes guionistas -Homero Manzi-, operadores de fotografía, compositores y actores. Su forma de encuadrar revelaba el gusto por la simetría, la plasticidad, la profundidad de campo. En largometrajes cimeros como "Guacho" (1954), la película que Tita Merello dijo ser su mejor interpretación, o "Su mejor alumno" (1944), ganadora de cinco premios Cóndor de Plata en 1945, sus cualidades brillaban. Es triste constatar que hoy todo este cine está bastante olvidado para el gran público argentino, aunque, bien mirado, esto afecta a todas las artes. El espectador ha perdido el conocimiento, el gusto y la costumbre de ver, leer y escuchar a los grandes clásicos, y Lucas Demare lo era. 

 El cine latinoamericano, por las vicisitudes históricas de sus respectivas naciones, siempre ha tenido una dimensión política. En su ensayo "Cine argentino, peronismo y argentinidad. El caso de Lucas Demare" Luis García Fanlo, cree que "las películas de Demare se caracterizaban por una composición realista de la argentinidad que además se asociaba a una estética-política y un discurso ideológico-cultural claramente definido y diferenciado tanto de los discursos patrióticos positivistas como de los nacionalistas conservadores. Y al mismo tiempo tenía la capacidad de inscribir historias típicamente argentinas en estilos norteamericanos o europeos, como es el caso de "Pampa bárbara" que está concebida y filmada según las reglas y procedimientos del western".

 Demare fue uno de los fundadores en 1941 de Artistas Argentinos Asociados, con Enrique Muiño, Homero Manzi o Francisco Petrone. García Fanlo afirma algo discutible por perogrullesco: que el cine de Demare es para la clase media, la gran olvidada en la Argentina. No creo que "Los isleros" responda a ese perfil de público. En la biografía escrita por Ricardo García Oliveri sobre Demare se considera "Los isleros" la última gran obra del director, nacido en Abasto, criado en España y ferviente defensor de la argentinidad, tanto porteña como del interior del país. Poco aporta García Fanlo al conocimiento de la esencia del cine de Demare, pues su planteamiento se centra en peronismo y antiperonismo, una deformación argentina que tanto daño ha hecho al país y a sus artistas: la misma Tita Merello hubo de abandonar la patria perseguida por los militares tras el golpe de 1955. El propio Ricardo García Oliveri insiste en su libro en los problemas de García Buhr, que "no comulgaba con el peronismo en el poder" y cómo esto perjudicó al largometraje, que vio interrumpida su exhibición en la sala de estreno (cine Ópera) tras descubrirse una trama de reventa de boletos con sobreprecio. García Oliveri, sin embargo, omite un análisis temático de esta obra clave del cine.


Conclusión

 Tres próceres del tango -Tita Merello, Lucas Demare (no confundir con su hermano Lucio Demare) y Roberto Fugazot- confluyeron en esta obra maestra del cine.

 Puede parecer ajeno el tango porteño a una historia rural del delta del Paraná, pero, de alguna forma, el ritmo de 4/4, propio de la Guardia Nueva del Sexteto de Julio de Caro, es la respiración de esta película. Alternan en el filme golpes de tensión dramática violentos junto a pasajes líricos. La Naturaleza y sus habitantes luchan y reposan rítmicamente.

 El bandoneón, que tocaba en España de joven Lucas Demare, respira en el abrir y cerrar de su fuelle, como respira el río que discurre junto al rancho de Leandro. Incluso los personajes tienen su equivalencia: Tita Merello aporta ese ritmo sincopado, más primitivo de la Guardia Vieja, en 2/4, repleto de stacattos. Arturo García Buhr es el bajo continuo de la orquesta típica, de ritmo pausado y discreto, sosteniendo a todo el grupo, pero apenas interpreta solos. Para ello, están los jóvenes intérpretes: Graciela Lecube, que podría ser un violín de Enrique Mario Francini; Mario Passano, un primer bandoneón, aunque no demasiado creativo. Roberto Fugazot, secundario, como El Golondrina, fue un cantor de cierta fama.
 Críticos cinematográficos observaron en el cine de Demare un sentido rítmico innato, en las transiciones de planos, las elipsis temporales (recuerden el Toño niño, en plano general dorsal, al que no vemos el rostro, fundiéndose en apenas un minuto con el joven que navega por el río) y, en general, en la fuerza que la cámara transmite. 

 Proseguir la analogía (metáfora) tanguera de "Los isleros" no es algo forzado, sino natural. Pero ustedes podrán comprobar contemplando esta película lo que era el cine que sabía contar historias; sostener un ritmo, ora tenso, ora lírico; encuadrar plásticamente el conflicto de almas y el de los hombres y el río; y, en definitiva, crear belleza.

Francisco Huertas Hernández
1-16 de julio de 2026
 














"Los isleros" (1951). Lucas Demare.
Planos. Fotogramas destacados

"Los isleros" (1951). Lucas Demare.
Affiche original argentino


Los isleros
1951
Argentina
112 minutos
Drama
Dirección: Lucas Demare
Ayudante de dirección: Rubén W. Cavallotti
Guion: Ernesto L. Castro sobre novela homónima propia
Música: Gilardo Gilardi
Fotografía: Mario Pagés
Montaje: José Cañizares
Escenografía: Gori Muñoz, Manuel Vilar
Productora: Estudios San Miguel
Productor Asociado: Horacio Guevara
Ayudante de dirección: Ángel Acciaresi
Sonido: Víctor Bobadilla
Cámara: Carmelo Lobótrico
Maquillaje: Esteban Baloc, Marta Espinach, Álvarez Lamas, Blanca Olavego

Protagonistas: 
Tita Merello: Rosalía "Carancha"
Arturo García Buhr: Leandro Lucena
Mario Passano: Toño
Graciela Lecube: Berta
Enrique Fava: Germán "El Gringo" Koehler
Roberto Fugazot: "El Golondrina"
Alita Román: Grete, novia de Germán
Luis Otero: "El Entrerriano"
Salvador Fortuna: lanchero
Matilde Rivera
Aurelia Ferrer
Orestes Soriani
Cayetano Biondo: ebrio en baile
Mecha López: Doña Manuela
Max Citelli
Lucas Demare
José Cañizares


Bibliografía:

1. Ricardo García Oliveri: "Lucas Demare". Los directores del cine argentino. Centro Editor de América Latina con el auspicio del Instituto Nacional de Cinematografía. Buenos Aires. 1994