Fyodor M. Dostoyevsky: "Скверный анекдот" (Un episodio vergonzoso / Un percance desagradable / Un asunto enojoso) (1862). Obra maestra del relato: El infierno está empedrado de buenas intenciones. Los fracasados reformadores sociales narcisistas y su vanidad filantrópica. Francisco Huertas Hernández
"Скверный анекдот" (1966). Александр Алов, Владимир Наумов.
"Skverny anekdot" (1966). Aleksandr Alov, Vladimir Naumov.
Иван Ильич Пралинский, действительный статский советник (Евгений Евстигнеев) - Ivan Ilyich Pralinsky, actual consejero de Estado (Yevgueny Yevstigneyev),
невеста Пселдонимова (Елизавета Никищихина) - novia de Pseldonimov (Elizaveta Nikishchijina),
Порфирий Пселдонимов (Виктор Сергачёв) - Porfiry Pseldonimov (Viktor Sergachov).
Adaptación cinematográfica soviética del cuento de Fyodor Dostoyevsky "Una historia desagradable". Tragicomedia grotesca filmada con lentes anamórficas y efectos ópticos que distorsionan los rostros. La fotografía en blanco y negro de Anatoli Kuznetsov emplea estos lentes para potenciar el realismo socialista grotesco, similar al cine de Serguei Eisenstein. La intención satírica de procedencia gogoliana se acentúa hasta la caricatura del funcionario zarista que desprecia a sus empleados, aunque finja promover la reforma social. La película opta por una atmósfera diferente al relato de Dostoyevsky, más proclive al torpe humanismo filantrópico de Pralinski, que, como un personaje de Voltaire, buscando la virtud atrae todas las desgracias para sí y los demás
1- Introducción
Publicado en 1862 en la revista "Время" (Tiempo), dirigida por el hermano del autor, Mijail, pertenece a la etapa de fuerte influencia de Nikolai Gogol, donde predominan lo satírico y lo grotesco. Asistimos a la degradación de un alto funcionario reformista, Ivan Ilych Pralinsky, que expone sus nobles propósitos humanitarios en una cena con otros dos compañeros, sin ser tenido en cuenta. La inutilidad de sus sentimientos filantrópicos, que se reducen a amar a sus subordinados, se pone de manifiesto cuando se introduce sin ser invitado en la boda de un pobre empleado suyo, Pseldonimov, alterando la fiesta y contrariando a todos los presentes, intimidados por la presencia del superior, del que nadie entiende qué ha ido a hacer allí. Un torrente de pequeñas humillaciones termina con la borrachera del consejero de estado, las burlas de los invitados y una terrible resaca esa noche en casa de Pseldonimov. Días después, al regreso a la oficina, el empleado solicitó el traslado. De repente, según Pralinsky, sólo la severidad era el camino correcto con los subordinados...
La historia externa, en sí, es mínima, pero la riqueza interna de detalles psicológicos y la sutileza de la descripción narrativa da al cuento una enorme profundidad.
2- Planteamiento: Una reunión y un discurso reformista en la "época de las proclamas" (1862)
Esta "desagradable historia" (Скверный анекдот) tuvo lugar en la capital, San Petersburgo, y empezó una noche con una reunión de altos funcionarios en torno a una botella de champán.
"Ocurrió este desagradable percance justamente al iniciarse con fuerza irresistible y con un impulso de enternecedora candidez el renacimiento de nuestra entrañable patria, cuando sus nobles hijos sintieron el corazón henchido de nuevos afanes y esperanzas. Entonces, a eso de las once de una clara y fría noche de invierno, tres varones muy respetables, bien acomodados en una salita elegante e incluso lujosa de una magnífica casa de dos plantas edificada en un barrio de Petersburgo denominado "Petersburgskaya Storoná", se habían enzarzado en una grave y trascendental conversación acerca de un tema verdaderamente curioso. Los tres hombres poseían el rango de general..."
(Этот скверный анекдот случился именно в то самое время, когда началось с такою неудержимою силою и с таким трогательно-наивным порывом возрождение нашего любезного отечества и стремление всех доблестных сынов его к новым судьбам и надеждам. Тогда, однажды зимой, в ясный и морозный вечер, впрочем часу уже в двенадцатом, три чрезвычайно почтенные мужа сидели в комфортной и даже роскошно убранной комнате, в одном прекрасном двухэтажном доме на Петербургской стороне и занимались солидным и превосходным разговором на весьма любопытную тему. Эти три мужа были все трое в генеральских чинах...)
Un inicio característico en muchas novelas rusas: varios hombres que cuentan historias y expresan anhelos animados por bebidas espirituosas. Hombres de alta posición, que aspiran a actuar para mejorar el mundo, aunque la distancia entre sus palabras elegantes y sus actos sea demasiado grande. La década de 1860 trajo grandes cambios en Rusia: el decreto de emancipación de los siervos (marzo de 1861) y las reformas liberales durante el reinado de Alejandro II (1855-1881), sobre todo tras la derrota en 1856 en la Guerra de Crimea, con sus efectos en la burocracia y en las relaciones entre clases. Alejandro II realizó una reforma judicial y la introducción de los zemstvos (corporaciones locales), la relajación de la censura, reformas educativas, eclesiásticas y militares. En este ambiente reformista, la retórica humanitaria progresista de los altos funcionarios, condescendiente con las desigualdades sociales, queda satirizada en la figura del protagonista del relato, Ivan Ilych Pralinsky. Joseph Frank observa que el apellido procede de "praliné", un caramelo francés, lo que "indica un carácter débil y regalón" de un joven que "ha ascendido en el Servicio Civil sin ningún esfuerzo o distinción".
El europeísmo occidentalista, inspirado en ideas liberales francesas e inglesas, desconocedor de la realidad rusa, del campesino y trabajador ruso, tan superficial como impostado, narcisista y vanidoso, inspirado por el champán y la buena mesa, fue blanco de las críticas de Dostoyevsky.
Los tres señores reunidos en casa de Stepán Nikíforovich Nikíforov, viejo solterón de sesenta y cinco años, Consejero Privado, habían sido subordinados suyos: Semión Ivánovich Shipulenko e Ivan Ilych Pralinsky, ambos Consejeros de Estado. Dostoyevsky se detiene en algunos detalles sobre Nikíforov, pero en la tercera página desaparecerá. Su única pasión era tener casa propia señorial, acorde a su rango. Shipulenko, también era un hombre circunspecto, mediocre y conservador. Pralinsky soltaba peroratas sobre los nuevos tiempos y las nuevas ideas. Los tres habían bebido más de la cuenta. Pralisnky sólo hacía cuatro meses que se titulaba Excelencia, era un general de nuevo cuño. Tendría unos cuarenta y tres años, aunque aparentaba menos. Era guapo y de elevada estatura. Aún era soltero y soñaba con una novia rica y de la alta sociedad. Pralinsky se veía a sí mismo como persona con gran futuro, aunque Stepán Nikíforovich nunca creyó que llegara a sobresalir, pero le tenía simpatía por poseer una gran casa. Ivan Ilych tenía demasiado amor propio e imaginación, y, a veces, le asaltaban escrúpulos de conciencia y sentimientos de arrepentimiento. A veces reconocía con pesadumbre que no volaba tan alto como había soñado, pero luego su imaginación le hacía creer que aún podía llegar a ser un gran estadista ruso. El narrador es benévolo: Ivan Ilych era un hombre bueno, y en el fondo hasta algo poeta. Y, sin embargo, el desaliento crecía en él. Se volvía irritable, aprensivo y consideraba como una ofensa toda objeción. La Rusia en proceso de renovación le infundió grandes esperanzas. Así se debatía el pobre consejero Pralinsky, entre sueños de grandeza y realidades de insignificantes quehaceres. Le perdían sus dotes de orador, que le cobraron fama de exaltado liberal, algo que le halagaba, sin duda por su europeísmo vanidoso.
En su discurso confuso de aquella noche expresó ideas vacías y bienintencionadas, propias de quienes ni se atreven a ir demasiado lejos ni se conforman con las antiguas costumbres:
"- Sí, señores, ya es hora, una hora que debía haber sonado hace mucho -continuó enardecido-. Nos hemos atrasado en demasía. A mi juicio, ante todo hay que ser humano, hay que ser humano con los subordinados y no olvidar que también ellos son personas. El sentido por lo humano lo salva y lo fecunda todo...
- ¡Je, je, je, je! -se oyó del lado de Semión Ivánovich.
- Pero, ¿a santo de qué nos reprende usted de esta manera? -replicó al fin Stepán Nikíforovich sonriendo amablemente-. Le confieso, Ivan Ilych, que todavía no llego a hacerme cargo de lo que usted ha tenido la bondad de explicarnos. Usted saca a relucir los sentimientos humanitarios. ¿Significa ello amor al prójimo, quizá?
- Si usted quiere, amor al prójimo. Yo...
- ¡Perdón! Según lo que se me alcanza, la cuestión no se limita al simple amor al prójimo. Amar al prójimo siempre ha sido considerado como algo bueno y necesario. La reforma va más allá. Se han puesto sobre el tapete muchos problemas: del campo, judiciales, económicos, de los otorgamientos, morales, y así podríamos continuar enumerándolos sin llegar al fin. Planteados de este modo, todos a la vez, pueden dar lugar, por decirlo así, a grandes conmociones. Esto es lo que tenemos y no los sentimientos humanitarios..."
(— Нет-с, пора, давно уж пора было, — продолжал он с азартом. — Слишком опоздали-с, и, на мой взгляд, гуманность первое дело, гуманность с подчиненными, памятуя, что и они человеки. Гуманность всё спасет и всё вывезет...
— Хи-хи-хи-хи! — послышалось со стороны Семена Ивановича.
— Да что же, однако ж, вы нас так распекаете, — возразил наконец Степан Никифорович, любезно улыбаясь. — Признаюсь, Иван Ильич, до сих пор не могу взять в толк, что вы изволили объяснять. Вы выставляете гуманность. Это значит человеколюбие, что ли?
— Да, пожалуй, хоть и человеколюбие. Я...
— Позвольте-с. Сколько могу судить, дело не в одном этом. Человеколюбие всегда следовало. Реформа же этим не ограничивается. Поднялись вопросы крестьянские, судебные, хозяйственные, откупные, нравственные и... и... и без конца их, этих вопросов, и всё вместе, всё разом может породить большие, так сказать, колебанья. Вот мы про что опасались, а не об одной гуманности...)
Observemos que la brillante traducción de Augusto Vidal y José Laín Entralgo invierte la negación inicial del discurso vacuo de Pralinsky, que, sin duda, apunta a su sentido deficiente e inane, por una afirmación. El "Нет-с, пора, давно уж пора было" (No señor, ya era hora, ya era hora) en ruso se transforma en "Sí, señores, ya es hora, una hora que debía haber sonado hace mucho" en español, es decir, una adaptación a la oratoria de la lengua castellana, no totalmente fiel a la sencillez del idioma ruso.
Con esta profundidad filosófica pensaba Pralinsky acometer su gran tarea de renovación de la burocracia y la sociedad rusa. Un filántropo narcisista inseguro que debía probar sus teorías en la práctica... Esas ideas expuestas en su inconsistente silogismo:
"- ...soy humano, luego me quieren. Me quieren, luego tienen confianza. luego tienen fe. Tienen fe, luego quieren... Mejor dicho: si tienen fe, creerán en la reforma, comprenderán, por decirlo así, la esencia misma del asunto, en cierto modo se abrazarán moralmente y resolverán todas las cuestiones a fondo y como amigos. ¿Por qué se ríe, Semión Ivánovich? ¿No está claro?
Stepán Nikíforovich levantó la mirada silenciosamente. Se sonreía.
- Me parece que he bebido algo más de la cuenta -observó caústico Semión Ivánovich-. Por esto me es difícil comprender. Me noto la cabeza un poco turbia"
(Возьмите силлогизм: я гуманен, следовательно, меня любят. Меня любят, стало быть, чувствуют доверенность. Чувствуют доверенность, стало быть, веруют; веруют, стало быть, любят... то есть нет, я хочу сказать, если веруют, то будут верить и в реформу, поймут, так сказать, самую суть дела, так сказать, обнимутся нравственно и решат всё дела дружески, основательно. Чего вы смеетесь, Семен Иванович? Непонятно?
Степан Никифорович молча поднял брови; он удивлялся.
— Мне кажется, я немного лишнее выпил, — заметил ядовито Семен Иваныч, — а потому и туг на соображение. Некоторое затмение в уме-с)
Dostoyevsky pasa por el tamiz del humor las fanfarrias políticas y la vanidad mundana. En 1862 estábamos en la "época de las proclamas".
Argumenta Joseph Frank en "Dostoievski. La secuela de la liberación. 1860-1865":
"Por primera vez desde el levantamiento decembrista de 1825 se vio una agitación abierta contra el régimen, en las calles de San Petersburgo y Moscú. Por doquier, misteriosamente, suegían proclamas, y Dostoievski recordaría once años después como "una mañana encontré, en la puerta de mi departamento, en la manija de la cerradura, una de las proclamas más notables entre todas las que habían estado apareciendo por entonces..."
Desde antes de que se emitiera el decreto de liberación, los progresistas radicales se habían convencido de que las condiciones económicas propuestas resultarían desventajosas para el campesinado y, que, a la larga, conducirían a su mayor empobrecimiento"
Pralinsky era un progresista liberal, muy lejano del panfleto "La Joven Rusia" (Молодая Россия) que circuló en la primavera de 1862 escrito por P. Zaichnevski donde se invitaba a la revolución:
"Rusia está entrando en un período revolucionario. Observen la vida de todas las clases y verán que la sociedad está actualmente dividida en dos partes cuyos intereses son diametralmente opuestos y, en consecuencia, hostiles entre sí.
Desde abajo se oye el murmullo sordo y oculto del pueblo, del pueblo oprimido y robado por todos los que tienen en sus manos una mínima parte del poder; del pueblo robado por funcionarios y terratenientes que les venden sus propiedades, la tierra, y robado por el zar, que duplica con creces los impuestos directos e indirectos y utiliza el dinero recibido no para el beneficio del Estado, sino para aumentar el libertinaje de la corte, para las dotes de sus amantes, para recompensar a los siervos que le sirven y para el ejército con el que quiere protegerse del pueblo.
Con el apoyo de cientos de miles de bayonetas, el zar arrebata a la mayoría del pueblo (los campesinos estatales) las tierras que recibieron de sus padres y abuelos, actuando en aras de la necesidad estatal, y al mismo tiempo, como si se burlara del campesino pobre y robado, otorga varios miles de desiatinas a los generales que cubrieron las armas rusas con la gloria inmarcesible de las victorias sobre las multitudes de campesinos desarmados; a los funcionarios cuyo único mérito es el robo despiadado del pueblo; a los que saben servir un plato con más destreza, servir el vino, bailar con más elegancia, adular mejor"
Sí, Pralinsky era parte de esos funcionarios cuyo único mérito era el robo despiadado del pueblo. Escindido entre sus anhelos de transformación y su pertenencia a ese mismo sistema opresor, Ivan Ilych no era más que un soñador perseguido por su mala conciencia, un soñador impotente.
Sonó la campanilla. Las once y media. Los tres hombres, de los que el lector no inferirá que estuvieran unidos por lazos de amistad, se separan. Un imprevisto enojoso: Trifón, el cochero del trineo de Pralinsky había desaparecido. Los humanitarios sentimientos hacia los subordinados de Ivan Ilych se tambalean: "¡Qué gente más sinvergüenza! -gritó furioso el señor Pralinsky-. El canalla me pidió permiso para ir a una boda en este mismo barrio; se casa una pariente suya. ¡Maldito sea! Le prohibí rigurosamente ausentarse. ¡Apuesto a que se ha ido allí!"
Pralinsky declinó ir en el trineo de Shipulenko y regresó caminando a casa. Fue una pésima decisión que dio lugar a un episodio vergonzoso.
3- Nudo: Una boda con invitado inesperado. El fracaso de los ideales reformistas
Ivan Ilych iba jurando contra su criado y parecía haber olvidado sus altruistas propósitos de humanización del trato con los subordinados expresado ante una botella de champán. Media docena de copitas habían hecho su efecto. Caminaba en la noche helada, pero en calma, con un cielo sembrado de estrellas, que le hizo cambiar su opinión de nuevo sintiéndose agradecido por ese saludable paseo mientras cruzaba un barrio humilde. Sus sentimientos se atropellaban, entre el resentimiento ante sus contertulios que se mofaron de sus palabras, su criado bribón, las aceras en mal estado, y su ideal de un vago amor al prójimo como proyecto de reforma social. Su soliloquio incoherente se vio interrumpido por una música que salía de una casa de madera de planta baja donde se celebraba un gran banquete. Un guardia municipal respondió a Pralinsky que allí vivía el funcionario Pseldonímov, archivero de actas. Y estaba celebrando su boda. Y resultó que ese hombre humilde era empleado de Pralinsky, un funcionario de muy baja categoría, que ganaba unos diez rublos al mes. Un joven de larga nariz encorvada, enmarañados cabellos rubios, desmedrado y mal nutrido, mal vestido, y con un semblante antipático, que privó a Pseldonímov de una gratificación. Pralinsky iba recordando todo esto mientras escuchaba la algarabía alegre que salía de la casa. Dostoyevsky reflexiona:
"Es notorio que a veces en nuestros cerebros se verifican raciocinios instantáneamente, en forma de sensaciones o algo por el estilo, sin traducción al lenguaje humano y menos aún al literario. Sin embargo, procuraremos traducir todas esas sensaciones de nuestro héroe y dar a conocer al lector aunque no sea más que su esencia... Porque muchas de nuestras sensaciones, vertidas al lenguaje corriente parecen inversosímiles. De ahí que nunca vean la luz, a pesar de que se dan en todos nosotros. Naturalmente, las sensaciones y los pensamientos de Ivan Ilych resultaban algo incoherentes, pero ustedes ya saben cuál era la causa"
(Припоминал он и всё более и более раздумывался. Известно, что целые рассуждения проходят иногда в наших головах мгновенно, в виде каких-то ощущений, без перевода на человеческий язык, тем более на литературный. Но мы постараемся перевесть все эти ощущения героя нашего и представить читателю хотя бы только сущность этих ощущений, так сказать, то, что было в них самое необходимое и правдоподобное. Потому что ведь многие из ощущений наших, в переводе на обыкновенный язык, покажутся совершенно неправдоподобными. Вот почему они никогда и на свет не являются, а у всякого есть. Разумеется, ощущения и мысли Ивана Ильича были немного бессвязны. Но ведь вы знаете причину)
Dostoyevsky anticipa aquí el inconsciente (das Unbewusste) que expuso Sigmund Freud por primera vez en "La interpretación de los sueños" (Die Traumdeutung) (1900) y el preconsciente (Das Vorbewusste). Pero como quiera que el novelista ruso habla de raciocinios en forma de sensaciones, y el inconsciente es un depósito de deseos y recuerdos reprimidos, más bien tendríamos algo cercano a la "inteligencia sentiente" del filósofo Xavier Zubiri (1898-1983), que es el acto unitario de sentir e inteligir, donde se aprehende la realidad "de suyo" en una impresión primordial. En todo caso, Fyodor Mijailovich, el buceador del alma humana, precursor de Nietzsche y de Freud, nos entrega un personaje risible pero complejo, como somos todos, pardiez. Pralinsky vive la escisión psíquica del deseo racionalizado y la acción demandada, el malestar moral del egoísmo que aspira a redimirse en el reconocimiento ajeno de un falso altruismo benefactor de los socialmente inferiores:
"Es cierto -centelleó en su mente-, hablamos por los codos, pero cuando se trata de hacer algo, no salen más que pompas de jabón"
(Что же! — мелькало в его голове, — вот мы все говорим, говорим, а коснется до дела, и только шиш выходит). Hermosa traducción de Vidal y Laín de "шиш" (nada, cero) por "pompas de jabón".
Pralinsky en la acción impulsiva que acometerá a continuación se revelará como un "hombre superfluo" (лишний человек), que, desde la novela homónima de Turgueniev, designa al intelectual ruso, nihilista, indeciso e ineficaz. La tradición literaria rusa ha creado este arquetipo: Yevgueny Oneguin, Pechorin, Oblomov, Chulkaturin...
El soliloquio entusiasta y ebrio de acción benefactora de Ivan Ilych le conduce a colarse en la casa de su subordinado:
"No, ¿qué le pasaría si ahora yo de repente me decidiera a entrar? ¡Hum!... Está claro, al principio no sabría qué hacer, lleno de miedo. Yo le estorbaría, quizás le aguaría toda la fiesta...
¡Sí, Stepán Nikíforovich! Hace unos momentos que no me comprendía usted, y aquí tiene un ejemplo que ni pintado.
Sí, así es. Todos hablamos del sentido de lo humano hasta desgañitarnos, pero no somos capaces de obrar con heroísmo, de llevar a cabo una hazaña.
¿De qué heroísmo se trata? Más claro no puede ser. Figúrense que en las presentes relaciones que existen entre todos los miembros de la sociedad, yo, yo, pasada la medianoche, me presento a la boda de mi subordinado, de un archivero de actas que tiene diez rublos de sueldo. ¿Habría mayor desconcierto? ¡La inversión de las ideas, el último día de Pompeya, el caos! No lo comprenderá nadie. Stepán Nikíforovich morirá sin comprenderlo. Bien claro lo ha dicho: "no lo resistiremos". ¡Eso, ustedes, vejestorios, paralíticos y rutinarios, mas yo lo re-sis-ti-ré! Yo transformaré el último día de Pompeya en la más dulce jornada de mi subordinado, y la acción salvaje en un acto normal de patriarcales virtudes, elevado y pleno de moralidad. ¿Cómo? Así. Tengan la bondad de estar atentos..."
(Нет, что бы с ним было, если б я теперь же вдруг взял и вошел? гм... Разумеется, сначала он испугался бы, онемел бы от замешательства. Я помешал бы ему, я расстроил бы, может быть, всё... Да, так и было бы, если б вошел всякий другой генерал, но не я... В том-то и дело, что всякий, да только не я...
Да, Степан Никифорович! Вот вы не понимали меня давеча, а вот вам и готовый пример.
Да-с. Мы все кричим о гуманности, но героизма, подвига мы сделать не в состоянии.
Какого героизма? Такого. Рассудите-ка: при теперешних отношениях всех членов общества мне, мне войти в первом часу ночи на свадьбу своего подчиненного, регистратора, на десяти рублях, да ведь это замешательство, это — коловращенье идей, последний день Помпеи, сумбур! Этого никто не поймет. Степан Никифорович умрет — не поймет. Ведь сказал же он: не выдержим. Да, но это вы, люди старые, люди паралича и косности, а я вы-дер-жу! Я обращу последний день Помпеи в сладчайший день для моего подчиненного, и поступок дикий — в нормальный, патриархальный, высокий и нравственный. Как? Так. Извольте прислушать...)
El monólogo interior de Ivan Ilych Pralinsky es heroico, como el de todo "hombre superfluo". Su puesta en escena ante el lector y ante el desconfiado y orgulloso superior Nikíforov, su antagonista en la realización de su proyecto reformador, es totalmente teatral. Por ello señaló Georges Steiner en su primer libro, "Tolstoi o Dostoyevsky", el aspecto dramático, teatral en Dostoyevsky frente a la dimensión épica de Tolstoi. La larga plática interior analizando las reacciones de su acción heroica inesperada en la conquista de los corazones de su empleado y familiares anticipa el estrepitoso fracaso del caballero contumaz y nulo. La posteridad no estudiará su incursión heroica a medianoche en el banquete de su archivero, aunque él fantasea, como hombre mediocre, con su hazaña.
Entró en la casa, dio un puntapié al lanudo perrito que se le acercó ladrando, en la oscuridad metió el pie en un plato de jalea puesta en el zaguán a enfriar. Dudó si continuar su hazaña tras entrar con mal pie. Pero entendió que este proceder era demasiado innoble. En el vestíbulo, los músicos y los capotes y abrigos de los invitados. Por la abertura de la puerta se podía ver a los bailarines en medio del polvo y del humo. Risas, gritos y chillidos de las damas. Ivan Ilych de pie, aturdido por el estrépito sin poder distinguir nada... Al acabar la danza, todos los ojos se dirigieron al recién llegado... Un joven tímido, de rubios cabellos enmarañados y nariz encorvada se le quedó mirando "como mira el perro a su amo, que lo llama para darle un bastonazo". Pralinsky, atorado, intenta justificar torpemente su presencia allí. Tras unos minutos tensos, el jefe se sentó en un diván... los invitados seguían retrocediendo, y ante él, continuaba de pie, encogido, sin comprender, Pseldonímov. La aparición de Akim Petróvich Zúbikov, un jefe de sección de su Departamento, alivió un poco la tensión. Pralinsky hablaba con afectación, acentuando las sílabas, torturado internamente, mientras contaba su irrelevante velada en casa de Nikíforov a Zúbikov que escuchaba en silencio inclinándose con reverencia ante su superior.
¡Qué admirablemente describe Dostoyevsky los planos paralelos que no convergen jamás: la desigualdad social expresada en la incomunicación! Pralinsky explica ideas y acciones que ni entienden ni sienten los inferiores jerárquicos y sociales. ¡Y esas ideas se refieren precisamente a ellos: todo para el pueblo pero sin el pueblo! Las reformas de Alejandro II prometían modernización, pero generaron tensiones: los nobles perdían poder y los campesinos quedaban endeudados. Pralinsky, típico liberal ruso, creía en la benevolencia desde arriba, sin comprender al pueblo. Al ser un hombre del régimen estaba en las antípodas de nihilistas y seguidores de "La Joven Rusia", pero sentía la necesidad de congraciarse con los nuevos tiempos proyectando su anhelo de gloria en una inane generosidad.
La novia de Pseldonímov le fue presentada al Consejero de Estado. Una damita cenceña, que no pasaría de los diecisiete años. Por lo visto, Pseldonímov se casaba con ella por su belleza. Pralinsky elogió a la prometida, aunque nadie respondió. Todos seguían cohibidos ante tan alta presencia inesperada... cuando una mujer de poca estatura y robusta, ya entrada en años, vestida con sencillez entró con una bandeja con una botella de champán y dos copas... Era la madre de Pseldonímov, de unos cuarenta y cinco años, con su cara típicamente rusa, bondadosa, sonrosada y franca... hizo recobrarse la esperanza a Pralinsky.
Ella es la encarnación del pueblo ruso, sin el papanatismo europeizante y liberal de los jóvenes, sin la afectación de la aristocracia y la rigidez mecánica de los funcionarios y militares. Ese pueblo compuesto en 1862 por mujiks y campesinos, que vivía con escasos recursos y una inquebantable fe en las tradiciones de la Iglesia Ortodoxa y las leyendas populares. Todo ese mundo que supieron trasladar a la alta literatura Pushkin y Gogol, y que Dostoyevsky admiraba. La entrada de la madre de Pseldonímov, del pueblo ruso, alivia los nervios, el vacío y la estupidez de todos los personajes que el lector ha encontrado hasta el momento en esta historia.
Pralinsky bebió su séptima copa de la noche, reconociendo en la dama las cualidades del alma rusa: "¡Qué admirables estas viejas rusas! -pensó Ivan Ilych-. Los ha animado a todos. Yo siempre he sido amigo de lo popular..." (А ведь какие славные эти русские старухи! — подумал Иван Ильич. — Всех оживила. Я всегда любил народность...)
El falso paternalismo reformista de Pralinsky exaltado por el alcohol, el bullicio y una bandeja con platillos de manzanas, caramelos, pasta de frutas, mermelada, nueces y otras golosinas, que era para los invitados fue ofrecida por entero al general. Ivan Ilych "había decidido ser popular sin reservas" (Он уже решился быть до конца популярным) y "tomó satisfecho una nuez" (и раздавил между пальцами один грецкий орех). Las conversaciones estúpidas de los jóvenes invitados sobre libros absurdos contemporáneos permiten destacarse al arrogante colaborador de la revista satírica "El Tizón" (Головешка). Este huésped de honor, bebedor de vodka, causó una impresión detestable en el general, que, a pesar de todo, intervino en la discusión sobre el origen del apellido Pseldonímov, que se prolongó con las incorrecciones en la pronunciación de las gentes rusas. Este "colaborador", del que nuestro Consejero protagonista aún desconocía el nombre, ya le era extremadamente desagradable: ¡era su feroz enemigo! (статский советник Иван Ильич не приобретал себе более яростного врага) esperando su venganza.
La presencia del superior jerárquico en una boda a la que no había sido invitado dejó a todos cohibidos, aunque, sin saber por qué, al cabo de un rato, todos reían, chillaban y bailaban, y eso se debió a que corrió el rumor de que el huésped estaba un poco más alegre de lo debido. La contradanza empezó (Кадриль началась).
Akim Petrovich sirve champán a Ivan Ilych, y el líquido burbujeante, ya caliente y malo, disipa la incomodidad del visitante inesperado. El consejero apenas consigue expresar su motivación filantrópica, su "fin moral" (Я здесь... чтобы, так сказать, ободрить... показать, так сказать, нравственную, так сказать, цель). Las acciones de Ivan Ilych no pueden ser justificadas por sus palabras: impotencia verbal, acción impulsiva.
Dostoyevsky describe la mansedumbre de Akim Petrovich, forjado en el servilismo, un petersburgués que ignora Rusia, y cuyos horizontes son su trabajo y las tiendas donde compra. Desconocedor de las costumbres y canciones populares rusas, este ruso petersburgués, a diferencia del ruso auténtico, dice "frühstück" en vez de "desayuno" (завтрак). Pralinsky, al que Petrovich, llena la copa todo el tiempo, no está cómodo, y empezó a mirar el baile, donde se bailaba con el corazón, hasta el punto de que los que bailaban mal parecían buenos. El consejero contemplaba aquellos movimientos desenvueltos un tanto irritado como si hubieran olvidado que él estaba allí, mientras Akim Petrovich dejaba oír al unísono su complaciente sonrisita.
4- Desenlace. Cena, borrachera, humillación. Un giro inesperado en los ideales
Pseldonímov invita a la cena al general, consejero Pralinsky, que estaba a punto de marchar. Esa cena, ya bien cargado de alcohol, será el cénit de la humillación del etéreo benefactor altruista. Le hicieron sentar en el puesto de honor ante otra botella intacta de champán, entre arenques y vodka, que nunca había probado... y entonces sintió que bajaba rodando por la vertiente de una montaña, intentando agarrarse a alguna parte, sin encontrar dónde (Он чувствовал, что как будто катится с горы, летит, летит, летит, что надо бы удержаться, уцепиться за что-нибудь, но нет к тому никакой возможности).
Para un maestro de la introspección como Fyodor Mijailovich Dostoyevsky descubrir la caída moral de Pralinsky es sencillo. El lector sentirá la embriaguez, el sopor, la torpeza y el arrepentimiento resacoso. En esa hora que duró la cena, se cumpliría la burla del destino. "Cuando entró, abría los brazos, por así decirlo, a toda la humanidad y a todos sus subordinados. No había transcurrido apenas una hora y, con el corazón torturado, oía y sabía que odiaba a Pseldonímov, lo maldecía a él, a su mujer y su boda. Por si fuera poco, leía en el rostro y en los ojos de Pseldonímov que también éste le odiaba a él..."
(Когда он входил, он, так сказать, простирал объятия всему человечеству и всем своим подчиненным; и вот не прошло какого-нибудь часу, и он, всеми болями своего сердца, слышал и знал, что он ненавидит Пселдонимова, проклинает его, жену его и свадьбу его. Мало того: он по лицу, по глазам одним видел, что и сам Пселдонимов его ненавидит).
Aunque Ivan Ilych sabía que tenía que haber abandonado la boda hacía mucho, estaba allí sentado, ebrio, y cenando con gentes que le odiaban, sin haber cumplido su misión, que ni él mismo podía aclarar. El monólogo interior se intensifica. La lucha entre el idealista reformador de la sociedad y el funcionario íntegro y probo no se resuelve. Las murmuraciones al día siguiente si se marchaba sin haber cumplido su objetivo serían insoportables. Pero la joven generación vocinglera, sin sentimientos, no parece dispuesta a escuchar al prohombre. No paran de reír... ¿acaso se ríen de Ivan Ilych? Todo esto pensaba, y la vergüenza crecía dentro de él.
De pronto tuvo conciencia de que estaba borracho, completamente borracho (Он вдруг почувствовал, что ужасно пьян, то есть не так, как прежде, а пьян окончательно). El vodka después del champán fue fulminante. Se sentía más envalentonado y, sin embargo, más consciente de la falta de decoro. Sus pensamientos eran cambiantes, pasando de la bravura y anhelo de victoria al tormento y la desazón, especialmente, al sentir que la mesa estaba llena de enemigos, que ni siquiera conocía. Unos treinta comensales ebrios y gritones, descarados, arrojándose bolitas de pan, incluyendo un individuo poco presentable, que cayó al suelo al ir a sentarse, y allí quedó toda la cena, o el tipo que quería subirse al mantel para pronunciar un brindis, en definitiva, toda una cena de gente plebeya. La jalea, la lengua con patatas, chuletas con guisantes, el ganso y las natillas, acompañados de cerveza, vodka y jerez fueron los manjares. El champán sólo lo bebía el general. La madre de Pseldonímov vigilaba que todo estuviera a punto. La madre de la novia, con un vendaje para el dolor de muelas, y manifiestamente hostil a su consuegra, no había querido aparecer hasta ese momento. A Ivan Ilych le pareció sumamente sospechosa, aunque la mayoría de las caras se lo parecían. Parecía estar tramando algo contra Ivan Ilych. Todo estaba lleno de malintencionados que le miraban y murmuraban. Y el más peligroso, sin duda, era el colaborador de "El Tizón". Sólo había publicado cuatro versos y se había hecho liberal, y no despertaba ningún entusiasmo entre los demás invitados. Y la bolita de pan que había caído junto a Ivan Ilych, sin duda, procedía de éste.
Otra observación le resultó desagradable: empezaba a pronunciar las palabras de manera confusa y con dificultad. Quería decir muchas cosas, pero la lengua no le obedecía
(Особенно неприятно было и еще одно наблюдение: Иван Ильич совершенно убедился, что он начинает как-то неясно и затруднительно выговаривать слова, что сказать хочется очень много, но язык не двигается). Estados de somnolencia, resoplidos, risas extemporáneas, deseos de llorar y sensiblería se sucedían sin explicación. Impulsos de amar y abrazar a los que eran sus enemigos en la mesa, de comunicar que era un gran progresista (прогрессист), rebosante de humanismo y dispuesto a descender hasta los más bajos. La verdad y la sinceridad le ganarían la atención y admiración de todos, pensaba, y brindarían entusiasmados, alzándole en brazos. Y mientras así soñaba, o pensaba para sí, descubrió una nueva capacidad insospechada: la de escupir (плеваться). Akim Petrovich no se atrevió a secarse. Ivan Ilych le secó con la servilleta.
Y entonces, alzando la voz, inició su anhelado discurso de regeneración de Rusia. Como las palabras se le trastabillaban la rechifla en forma de eco se extendió por la mesa. Los estudiantes, con la melopea, interrumpían su inarticulado discurso. La broma de las palabras mal pronunciadas, por alteración silábica (metátesis), entre los soldados y el pueblo, irritan al encurdelado consejero, porque no hay peor tortura para el borracho que querer decir una palabra y no poder dejar de tartamudear. La disartria (trastorno del habla que causa dificultad para articular sonidos y palabras de forma clara, a menudo por debilidad muscular o falta de coordinación) es un efecto del alcohol en el sistema nervioso central. Los salivazos salían disparados de la boca del benefactor de la humanidad, sin poder controlarlos, mientras expresaba su profundo amor por los congregados, y preguntaba si se había rebajado. Un silencio sepulcral hasta que el colaborador de "El Tizón" exclamó con voz de trueno que sí, que se había rebajado y era un re-tró-gra-do. Se enzarzaron en una agria discusión. Pralinsky había sido desenmascarado: sabían que estaba allí por vanidad. El joven airado fulmina al iluso reformador:
"¡Sí, pero usted ha venido a hacerse el humano! Pero lo que ha hecho ha sido molestar a los que se divertían. Usted ha bebido champaña y no ha comprendido que es demasiado caro para un funcionario que cobra diez rublos al mes, y tengo la sospecha de que usted es uno de los jefes golosos de las jovencitas esposas de sus subordinados. Es más, estoy convencido de que usted defiende el sistema de concesiones del Estado... ¡Sí, sí, sí!"
( Да, вы пришли, чтоб похвалиться гуманностью! Вы помешали всеобщему веселью. Вы пили шампанское и не сообразили, что оно слишком дорого для чиновника с десятью рублями в месяц жалованья, и я подозреваю, что вы один из тех начальников, которые лакомы до молоденьких жен своих подчиненных! Мало того, я уверен, что вы поддерживаете откупа... Да, да, да!)
El periodista, escritorzuelo, liberal o agitador fue expulsado de la casa por el dueño amenazando con sacarlos en "El Tizón". El general se dejó caer en la mesa y metió la cabeza en el plato de natillas. Cuando fue a levantarse, tropezó y cayó, se quedó roncando. Esto les pasa a los que no están acostumbrados a beber: conservan la lucidez hasta que se derrumban de golpe, como fulminados por un rayo. Los invitados se retiraron, comentando lo sucedido. Eran las tres de la mañana.
El narrador nos cuenta algo de la vida de Porfiri Petróvich Pseldonímov antes de la boda. Una vida de hambre y miseria junto a su madre viuda, llegados de provincias. En la oficina sufrió vejaciones, ocupando uno de los rangos más bajos con diez rublos de sueldo. Tenaz, decidió salir de aquella pobreza. Un suceso imprevisto cambió su destino: un consejero jubilado, que debía favores al padre de Pseldonímov, decidió casar a una de sus hijas con el mísero funcionario. Este hombre que mortificaba a todas las mujeres de su familia disfrutaba así, sentado en su sillón, bebiendo vodka e incapacitado de piernas. En una casa de madera se hacinaban todos y el viejo, tras fijarse en la larga nariz y mansedumbre de Pseldonímov pensó en deshacerse de su hija menor, flaca y poco agraciada, que acababa de cumplir diecisiete años. Una criatura desgraciada, venenosa y penetrante como un taladro, que sólo quería huir de aquel infierno. Habían puesto a nombre de la muchacha la casa del padre, porque éste necesitaba más víctimas para su disfrute. Así entraron en la casa, Porfiri y su madre, antes de la boda. Todos los invitados de la boda eran por parte de este hombre déspota, excepto el de "El Tizón" y Akim Petróvich, llevados por Pseldonímov. Así, durante la celebración del matrimonio la familia permanecía escondida en un ala de la casa, aunque en la cena salió la madre de la novia, furiosa todo el día contra la madre de Pseldonímov. La Mlekopitayeva quedó cortada con la presencia de Pralinsky, toda una Excelencia, intimidatoria en una fiesta de pobres. El champán que bebió Pralinsky fue comprado con dificultad tras pedir dinero la madre del novio a su consuegra.
Ahora, el jefe estaba en el piso durmiendo borracho, y Pseldonímov había arruinado su noche de bodas, con la previsible escena de ira de su esposa. No tenían dinero para un coche de vuelta que llevara al consejero borracho como una cuba a su casa. Tuvieron que echarlo en un diván en el comedor. Ivan Ilych se puso enfermo, inconsciente, y sólo podían acostarlo en la nueva cama de imitación de nogal comprada para los recién casados. El resto de la familia dormía en el suelo, a excepción del tirano. Trasladarlo al lecho nupcial, aún virgen (lectus virgo), suponía la mayor catástrofe en la noche de bodas. La recién desposada detestaba a su futuro marido y entró en cólera al saber que sería privada de su lecho. Así que fueron los recién casados los que dormirían en una cama hecha con sillas. La madre de Pseldonímov cuidó esa noche fatídica al consejero, como si fuera su propio hijo.
Las desgracias no habían terminado: un estruendo de madrugada despertó a toda la casa. Las sillas no soportaron el doble peso y el colchón cayó con la malhadada pareja. La suegra imprecaba con desprecio al apocado yerno, y agarrando a la hija se la llevó. Pseldonímov, solo repasaba la fragilidad de las esperanzas terrenales, y se torturaba con el regreso a la oficina, las vejaciones del suegro que con toda seguridad no le daría los cuatrocientos rublos de la dote ni la propiedad de la casa, y no digamos el alto oficial que había puesto una rodilla delante de su mujer. Dostoyevsky describe plásticamente la luz vacilante de la vela que "caía sobre el perfil del joven y lo reflejaba en formas colosales en la pared, con el cuello estirado, la nariz curvada y dos mechones de cabellos que se le encrespaban sobre la frente y en la nuca" (Так горевал Пселдонимов. Между тем огарок погасал. Мерцающий свет его, падавший прямо на профиль Пселдонимова, отражал его в колоссальном виде на стене, с вытянутой шеей, с горбатым носом и с двумя вихрами волос, торчавшими на лбу и на затылке)
Los tormentos de Ivan Ilych Pralinsky en el tálamo nupcial de su subordinado no fueron menores. Dolores de cabeza, vómitos, y destellos de conciencia horribles cual fogonazos, al lado de esa mujer que le atendía con ternura, y las visiones delirantes de rostros deformes que le devoraban. Tras esta lucha, quedó dormido al amanecer. Al despertar, entraba la pálida luz del día. Eran casi las siete de la mañana. Entonces todo le vino a la memoria, "notó, finalmente, a qué triste e indecoroso estado había reducido el plácido tálamo nupcial... y se sintió invadido por mortal vergüenza". Saltó de la cama y empezó a vestirse (когда он огляделся и увидал, наконец, до какого грустного и безобразного состояния довел он мирное брачное ложе своего подчиненного, — о, тогда такой смертельный стыд, такие мучения сошли вдруг в его сердце, что он вскрикнул, закрыл лицо руками и в отчаянии бросился на подушку. Через минуту он вскочил с постели, увидал тут же на стуле свое платье, в порядке сложенное и уже вычищенное, схватил его и поскорее, торопясь, оглядываясь и чего-то ужасно боясь, начал его напяливать), pero su dulce cuidadora le advirtió que debía lavarse antes de irse (Как же, батюшка, умойся, нельзя же не умывшись-то...). El único ser humano sobre la tierra ante quien no podía avergonzarse era esa mujer. Salió de estampida sin siquiera despedirse...
Durante ocho días no salió de casa ni fue a la oficina. Estaba enfermo, moralmente enfermo, más que físicamente
(Восемь дней он не выходил из дому и не являлся в должность. Он был болен, мучительно болен, но более нравственно, чем физически).
Pensó en hacerse monje, comprendió su "existence manquée", barajó dimitir, había que cambiar de amistades, hasta que se borrara el último recuerdo de él. Al cabo de ocho días se encaminó a la oficina.
Nada de lo que temía ocurrió: ni murmuraciones, ni rostros equívocos, ni sonrisas malignas. La seriedad y la serenidad imperaban. Resolvió los expedientes con una sensatez desconocida. Se presentó Akim Petróvich con unos papeles. El pinchazo en el corazón fue pasajero. Aunque no se miraran directamente, no resultaba embarazoso como había imaginado. Akim Petróvich informó de la solicitud de traslado de departamento del funcionario Pseldonímov. Pralinsky necesitó justificarse y transmitir a Pseldonímov que no le deseaba ningún mal, y estaba dispuesto a olvidar todo lo que ocurrió... Akim Petróvich se transformó en un bobo, poniéndose rojo, haciendo reverencias y retrocediendo hacia la puerta, deseando que se lo tragara la tierra.
"Ivan Ilych, ya solo, se levantó, desconcertado de la silla. Se miró al espejo y ni se dio cuenta de la cara que tenía.
- ¡No hay otro camino: severidad, únicamente severidad y severidad! -musitó casi inconscientemente para sí, y de pronto se le puso el rostro como una brasa.
En aquel momento se sintió tan avergonzado, tan apesadumbrado, como no se había sentido en los momentos más insoportables de sus ocho días de enfermedad.
"No he resistido", se dijo, y se dejó caer impotente en la silla.
5- Conclusión. El infierno está empedrado de buenas intenciones. Los fracasados reformadores sociales narcisistas y su vanidad filantrópica
El biógrafo del autor, el neoyorkino (?) Joseph Frank (1918-2013) afirma que ""Un asunto enojoso" es una divertida sátira grotesca a la manera de Saltykov-Shchedrin... Habla elocuentemente... como desengañada reflexión sobre los tiempos... puede considerarse como una burla de madurez de la juvenil ingenuidad... Dostoievski desenmascara la condescendiente psicología... detrás de las nobles protestas de benevolencia... entre los círculos progresistas de los años cuarenta, que acabaron de cobrar nueva vida a comienzos de los sesenta".
Pobres reflexiones de un biógrafo no ruso, y de escasa penetración psicológica, política o filosófica. Insiste en el "tono festivo bastante insólito" en el autor, y la "simpatía" (?) que muestra por la "vivaracha e irreverente juventud petersburguesa", por la que toma partido frente a la "fatuidad autocomplaciente" de Pralinski. Mantiene Frank que es "el choque ideológico el que eleva el cuento por encima del nivel de un simple esbozo de farsa".
"Скверный анекдот" se desarrolla en el infierno, pues es el infierno el lugar donde el mal habita en su dimensión más terrible: la ignorancia. Sócrates encontró la raíz de la maldad en la ignorancia, siendo la virtud, conocimiento del bien. Pralinsky ilustra la actitud del voluntarismo estéril, que con vagos sentimientos, sin sólidas razones ni método, sin conocimiento del problema, pretende actuar en el mundo, bajo la creencia de que querer el bien es suficiente, aunque no se lo conozca. El progresismo tuvo su origen en la esperanza irracional en la ciencia y la técnica, que mejorarían la vida de la población sin distribuir la riqueza. Dostoievski describe con sutileza la personalidad de este sentimentalista snob que es bondadoso, vanidoso, idealista y receloso. En el fondo es consciente de su limitación intelectual. Sin verdadera fe en el hombre, ni en Dios, de espaldas al pueblo, como la mayor parte de los habitantes de la capital, imbuido por ideas inglesas o francesas, y con algunas lecturas alemanas, una "existence manquée" puede encontrar un sentido.
La apariencia de sátira divertida no oculta el sufrimiento de casi todos los personajes de la obra. La pobreza, la humillación y la incapacidad de hacer el bien son la constante, y todas ellas revelan la ignorancia. Rusia no es un laboratorio para que las ideas inglesas sean recreadas por ingenuos papanatas deslumbrados por las luces y tiendas de Londres. Aún hoy, tristemente, los occidentalistas rusos se avergüenzan de su patria y colaboran en la imagen de inferioridad y autoritarismo que los ingleses han construido de Rusia durante siglos, independientemente del sistema político que haya tenido la patria de Pushkin, Gogol, Dostoyevsky, Tolstoi y Chejov, cuyos solos nombres ya gritan a todos los vientos la invencible superioridad del pueblo ruso...
Francisco Huertas Hernández
25 de enero de 2026



Profundo post
ResponderEliminarGracias amigos lectores
EliminarGracias contemplar el alma humana hoy día es algo complejo... hay que leer mucho y profundizar con pensadores como Dostoievski
ResponderEliminarGracias Marcelo. Este cuento está lleno de esa compleja amalgama que es la vida humana: estupidez, ambición, rutina, vanidad, hedonismo, cháchara, lucha, melancolía, arrepentimiento, torpeza, sufrimiento, pobreza, humillación, ofensa. Lo que no hay aquí es quizás amor y fe, por eso los personajes están truncados... Ni los novios se aman
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