Fyodor M. Dostoyevsky: "Бѣсы / Бесы" (Demonios) (1872) (I). Algunas consideraciones sobre la acción y el diálogo. Lo policial y lo teatral en Dostoyevsky. Francisco Huertas Hernández
Фёдор Михайлович Достоевский (1821-1881)
El novelista ruso Mijail Fyodorovich Dostoyevsky, un pensador que sitúa a sus personajes en espacios teatrales de conflicto psíquico e ideológico
Una polémica inacabable sigue enfrentando a defensores y detractores de Mijail F. Dostoyevsky. Por una parte, el sorprendende hecho para un lector occidental de que en Rusia no sea percibido como uno de los más grandes escritores, siempre por detrás de Gogol, Tolstoi y Chejov, y con Pushkin como dios único, no sólo de las letras, sino del alma rusa, y, por otro lado, las ominosas descalificaciones de un atrabiliario y occidentalizado Vladimir Nabokov que le acusó de estilo mediocre, cursi, sensacionalista, cronista de sucesos y alumbrador de personajes patológicos, coronando con la gran acusación: no sabía narrar, era un dramaturgo forzado. Con intención contraria, George Steiner comparó a Dostoyevsky con Shakespeare, por su capacidad dramática, en paralelo a la épica de Tolstoi, semejante a la de Homero. Escritores mediocres han tomado la línea de Nabokov: Enrique Vila-Matas en un ensayo introductorio a "Demonios" llamado "El teatro de la revolución" repite los argumentos tendenciosos de Nakokov. En el fondo, más allá de la cuestión estética, subyace aquí el problema óntico de qué es una novela, qué es la literatura, y qué límites tiene el arte en relación con la filosofía, la religión y la psicología.
Resulta patético leer al tal Vila-Matas enmendar la plana al autor moscovita: según él cientos de páginas sobran a la novela "Demonios" y unas cuantas tramas deberían suprimirse, en beneficio de la historia central, señala dando la razón a Nabokov, que intenta arreglar su desaguisado citando a Cioran que colocó a Dostoyevsky como el más grande de los escritores al "abordar con la mayor profundidad el mal, como esencia del hombre".
Para responder a la pregunta de qué es una novela, primero debemos saber o intuir qué es la literatura. Y para ello tomaremos el inicio de las tres más excelsas novelas que se han escrito.
Miguel de Cervantes abre su "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha" (1605):
"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda..."
Veamos: el autor sitúa un espacio real pero indeterminado, en un tiempo cercano pero no concreto. Introduce rasgos genéricos del personaje en la segunda línea referidos a su apariencia y su caballo, inseparable de un caballero. Y a continuación sabemos de su pobreza por los platos que comía. La exterioridad envuelve el alma del personaje que destacará no sólo por sus acciones nobles aunque enloquecidas, sino por sus diálogos cuerdos y morales. El lector del Quijote sentirá el dolor tras la risa, y los palos y las burlas que no debilitarán ni el cuerpo ni el alma del hidalgo que se cree Caballero. La grandeza de una novela pretendidamente humorística en su vertiente externa está en la profundidad filosófica y ética de un ser trágico en su destino.
Pasamos al comienzo de "Anna Karenina" (1878) de Lyev Nikolayevich Tolstoi, quizás la novela más perfecta de la historia:
Все смешалось в доме Облонских. Жена узнала, что муж был в связи с бывшею в их доме француженкою-гувернанткой, и объявила мужу, что не может жить с ним в одном доме. Положение это продолжалось уже третий день и мучительно чувствовалось и самими супругами, и всеми членами семьи, и домочадцами. Все члены семьи и домочадцы чувствовали, что нет смысла в их сожительстве и что на каждом постоялом дворе случайно сошедшиеся люди более связаны между собой, чем они, члены семьи и домочадцы Облонских"
(Todas las familias felices son iguales, cada familia infeliz lo es a su manera.
Todo estaba en desorden en casa de los Oblonsky. La esposa se enteró de que su esposo tenía una aventura con su antigua institutriz francesa y le anunció que ya no podía vivir con él. Esta situación se prolongaba desde hacía tres días y era dolorosa para la pareja, así como para todos los miembros de la familia y la casa. Todos sentían que no tenía sentido aquella vida en común, y que en cualquier posada, las personas que allí se encontraban por azar estaban más unidas que ellos, la familia de los Oblonsky)
Aquí Tolstoi abre su monumental narración familiar con una reflexión filosófica sobre la felicidad, la costumbre y la singularidad de la desdicha. Esa desdicha, de clase alta, atañe a la rutinaria infidelidad masculina. Otra vez una acción externa determinará la evolución anímica, interna, de los personajes. Si bien aquí, los Oblonsky, como sucederá con "Demonios" de Dostoyevsky, en su apertura, no son los protagonistas de la historia, sino los acompañantes. El aspecto vodevilesco de la infidelidad oculta el más agudo desgarro del sentido de la vida.
Fyodor Mijailovich Dostoyevsky publicó completa su colosal "Los hermanos Karamazov" en 1880, y, en un prólogo al lector le informa de que su héroe Alyosha (Alexei) Fyodorovich Karamazov no tiene nada de especial. El capítulo I tiene este inicio:
"Алексей Федорович Карамазов был третьим сыном помещика нашего уезда Федора Павловича Карамазова, столь известного в свое время (да и теперь еще у нас припоминаемого) по трагической и темной кончине своей, приключившейся ровно тринадцать лет назад и о которой сообщу в своем месте... встречающийся, именно тип человека не только дрянного и развратного, но вместе с тем и бестолкового"
(Alexéi Fyódorovich Karamazov era el tercer hijo de un terrateniente de nuestro distrito, Fyódor Pávlovich Karamázov, tan conocido en su tiempo (y aún hoy se le recuerda) por su fin trágico y oscuro, acaecido hace exactamente trece años y del que hablaré en su lugar... era el tipo del hombre no sólo ruin y disoluto, sino, a la vez, torpe (estúpido))
Dostoyevsky se empeña en centrar la historia en Alexei (Aliosha), el tercero de los hijos de un hombre "ruin, disoluto, torpe", Fyodor Pávlovich, y, precisamente, este personaje -negativo, contramodelo- es el que se presenta en las primeras líneas: el padre. Los Karamazov es la mayor reflexión que se ha escrito en contra del padre, de la paternidad accidental que no confiere derechos ni autoridad. En el complejísimo triángulo psíquico de la relación de los tres hijos Karamazov, todos son víctimas del abandono paterno, de su egoísmo y su necedad. ¿Puede un hijo no sentir el vínculo afectivo por un padre desnaturalizado? Dostoyevski se acerca a Cervantes: describe al personaje, aunque no sea el protagonista, a diferencia del inicio de "Anna Karenina" que no describe a nadie sino que muestra la esencia de la familia aristocrática: la hipocresía.
En las tres novelas lo externo individual o familiar será el punto de partida hacia lo espiritual, pues las tres son novelas donde el espíritu dicta el camino, el de la redención. Locura, infidelidad, asesinato, son acontecimientos externos, folletinescos si se quiere, pero la trascendencia de estos tres monumentos de la cultura humana -curiosamente de los extremos de la malhadada Europa: España y Rusia, siempre tan cercanas, a pesar de la distancia y los gobernantes españoles- reside en el proceso de purificación de sus personajes: Don Quijote, Sancho Panza, Anna Karenina, Konstantin Lyevin, Dmitri Karamazov, Ivan Karamazov, Aliosha Karamazov, Grushenka... La acción purifica a través del fracaso, y el mayor fracaso es sucumbir al mal, el mal realizado y el recibido. Ante el mal, ante la acción desgraciada, el ser humano sólo tiene la palabra y la meditación, el diálogo íntimo en busca de la verdad. Orar, filosofar y representar teatralmente, tienen el mismo origen: la palabra que aspira al ser, a la verdad y el bien.
Y ahora sepamos cómo principia Dostoyevsky su gran narración anterior a los Karamazov, "Бѣсы", en la ortografía antigua, o "Бесы" tras la reforma de 1918, cuya traducción literal es "Demonios" (1872):
"Приступая к описанию недавних и столь странных событий, происшедших в нашем, доселе ничем не отличавшемся городе, я принужден, по неумению моему, начать несколько издалека, а именно некоторыми биографическими подробностями о талантливом и многочтимом Степане Трофимовиче Верховенском. Пусть эти подробности послужат лишь введением к предлагаемой хронике, а самая история, которую я намерен описывать, еще впереди"
(Al comenzar a describir los recientes y muy extraños sucesos ocurridos en nuestra hasta entonces anodina ciudad, me veo obligado, debido a mi ineptitud, a empezar un poco más atrás, concretamente con algunos detalles biográficos sobre el talentoso y venerado Stepán Trofímovich Verjovenski. Que estos detalles sirvan solo como introducción a la crónica que propongo, pues la historia que pretendo describir está aún por venir)
Dostoyevski crea en el lector la tensión ante los extraños (y terribles) acontecimientos ocurridos recientemente en una vulgar pequeña ciudad (indeterminada). Como sabemos, el novelista de Moscú, tomaba de las crónicas de sucesos, crímenes y asuntos truculentos, pero eso era sólo una excusa para el conflicto psíquico e ideológico de las conciencias (y los inconscientes) de multitud de personajes que coincidían en espacios cerrados dialogando interminablemente. El remontarse a la vida de Stepan Trofimovich Verjovenski tiene bastante sentido: es el padre de uno de los personajes principales, un nihilista fanatizado por ideales europeístas en su vertiente radicalizada. Si Tolstoi no es muy amable con la familia en "Anna Karenina", Dostoyevsky es implacable en "Demonios" y en "Los hermanos Karamazov" con la paternidad, la maternidad y la "fraternidad".
¿Podemos pues responder a qué es una novela, viendo el comienzo de estas cuatro obras maestras? Sí. Una novela es un relato en prosa que sitúa desde la primera frase a un personaje en un conflicto moral, social o existencial abierto, cuyo desarrollo exige toda la obra. La acción en estas obras citadas es el detonante para la reflexión. Cervantes usa la sabiduría popular (refranes de Sancho) y la meditación filosófica sobre la libertad y la justicia (Don Quijote) en unas conversaciones profundas, jocosas, llenas de malentendidos, fruto de dos cosmovisiones y estratos culturales opuestos, de los dos protagonistas, entre aventura y aventura. Las acciones son causa de las meditaciones, e interludios de las reflexiones dialogadas. Incluso los místicos monólogos enamorados de Don Quijote apelan a la amada ausente, a Dios y a los héroes novelescos protectores: son, pues, también diálogos. Actuamos para luego contarlo.
Stepán Trofímovich es un hombre de letras, como lo era Alonso Quijano cuando leía sus novelas de caballerías sin dormir. Los hombres de letras, como el mismo Iván Fyodorovich Karamazov, escriben sus pensamientos para darlos al mundo. Incluso cuando se limitan a leer, el acto de lectura es una reescritura interior del texto leído, a la manera de Pierra Menard, en el relato de Jorge Luis Borges, que aspiraba a escribir palabra por palabra el Quijote como si fuera una creación propia.
Lo teatral es el diálogo. Y las novelas incluyen narración de hechos y diálogos de personajes. Los bellacos que acusan a Dostoyevsky de no saber narrar omiten esas páginas extensas, como en el capítulo I de "Demonios" donde no hay un solo diálogo. Esa acusación antidostoyevskiana de novelista teatral que acude a recursos escénicos de entradas y salidas de personajes de espacios cerrados, en la línea de Nabokov y sus secuaces, olvida que la vida humana es también teatro, porque habitamos espacios donde vivimos dialogando con la familia, los vecinos, los compañeros de viaje de la estación, el hotel y el trabajo, y el encuentro con los desconocidos. ¿Qué es vivir sino dialogar? Dostoyevsky no fuerza seudo teatralmente nada que no se dé en la vida con claridad: somos seres de palabras recluidas en espacios de convivencia verbal.
La querencia truculenta de Dostoyevsky es su lado policial: crímenes y delitos, que tomaba con todo realismo de los diarios, de la actualidad. Es penoso leer la solapa de algunas ediciones de "Demonios", como la de Galaxia Gutenberg, en la que se presenta ésta como una "novela-advertencia" contra el terrorismo nihilista que es una "premonición del Estado totalitario" que vendría a Rusia medio siglo después. Sea quien sea que haya escrito esto, demuestra ignorar a Dostoyevsky y usar su obra, al igual que toda la cultura rusa, como una impugnación de Rusia, un estilete rusófobo que manipula a los autores rusos, a los compositores rusos, a los cineastas rusos, como arietes de la Antirusia, zarista, bolchevique y actual. Ninguna de las Rusias es aceptable para los comentaristas occidentales, esos que creen que Nabokov es ruso.
Por supuesto, el pensamiento de Dostoyevsky, recogido en sus Diarios, Cartas y el testimonio de quienes le conocieron era religioso, ortodoxo y eslavista, y en él, por encima de todo, estaba el amor a Rusia, la del pueblo, no la de la aristocracia europeizada que hablaba en francés, pensaba en alemán, leía novelas inglesas, y era casi analfabeta en la escritura rusa, como el gran Pushkin expresó magistralmente en la Tatyana de "Yevgueni Oneguin" que escribió en francés su famosa carta porque no conocía bien su propia lengua. En un alarde de ironía crítica el propio autor, Pushkin, traduce la carta para el lector...
Regresando a nuestro tema, lo policial es la acción del mal en la vida cotidiana. Si uno se fija, el muerto en la investigación policial, en la novela policial, se convierte en cosa, en algo desposeído de rasgos humanos... es sólo un caso. A Dostoyevsky esto no le interesa lo más mínimo. El lector sabrá que Dmitri Karamazov no mató a su padre, aunque el tribunal le condenó. Esto era irrelevante, aunque la narración magistral de Dostoyevsky dedica muchas páginas a los asombrosos y profundísimos alegatos jurídicos del fiscal y el abogado en el juicio. Lo policial es sólo externo, el folletín no tiene interés por sí mismo. Aquellas películas o novelas donde no se puede desvelar el nombre del asesino son malas, son la cáscara de la vida. El verdadero criminal lo es por lo que piensa y dice, no por lo que hace. Por lo que escuchó, no por lo que, por azar o destino, terminó realizando de forma torpe. La acción humana es torpe. Don Quijote lo era, y la familia Oblonsky, y Fyodor Pavlovch Karamazov, incluso los nihilistas de "Demonios". Todos somos torpes al actuar, somos como casos sin resolver de un expediente policial que sólo Dios conoce. Y, sin embargo, la palabra nos abre al entendimiento de esas acciones torpes. Amamos porque decimos palabras de amor. Mentimos porque decimos palabras falsas.
Por hoy no hay más que decir. Platón supo que el diálogo es la única forma de pensamiento productivo, pues en él se da el juego de la pregunta y la respuesta, de la pluralidad de ideas. Mijail Bajtín en su famoso ensayo sobre Dostoyevsky habló de la polifonía en las obras del autor. Múltiples voces y conciencias independientes coexistiendo sin estar subordinadas a una voz de autor única o dominante. Cada personaje tiene su propio mundo ideológico, en igualdad de condiciones, interactuando en un diálogo constante sin resolución final. Y esto hace que esas ideas del autor antes expuestas queden casi ocultas en la riqueza del diálogo de los personajes. Muchos lectores creen que Dostoyevsky defiende a los nihilistas, porque Stavroguin es un personaje fascinante... y humano. Y creen que defiende el ateísmo porque la impugnación de Dios de Ivan Karamazov con el sufrimiento de los inocentes, de los niños, no tiene respuesta. O sí, la de la vida del starets Zósima, inspirado por su hermano, convertido durante su enfermedad, tras haber profesado las ideas liberales ateas europeas. ¡Cuánta verdad hay en el constraste de las conciencias que dialogan sobre Dios, el bien y la inmortalidad en las novelas del moscovita!
Si ustedes nunca han leído estas grandiosas novelas no saben lo que es la vida. Porque la vida no es lo que a uno le ocurre y lo que uno hace, aunque quería hacer otra cosa, sino la comprensión de los grandes problemas humanos expresados con la hondura, la belleza y la verdad de los excelsos escritores que revelaron en las palabras lo que los hechos no saben decir...
Francisco Huertas Hernández
2 de marzo de 2026
