jueves, 11 de noviembre de 2021

R. Descartes. Control de aprendizaje. Preguntas de repaso y consolidación. 2º Bachillerato - Historia de la Filosofía. Profesor: Francisco Huertas Hernández

René Descartes. Control de aprendizaje
Preguntas de repaso y consolidación
Historia de la Filosofía - 2º Bachillerato
Profesor: Francisco Huertas Hernández

"Discours de la méthode pour bien conduire sa raison & chercher la vérité dans les sciences, plus
la Dioptrique,
les Météores,
la Géométrie
qui sont des essais de cette méthode"
À Leyde
De l'Imprimerie de Ian Maire
1637
Avec Privilège
Primera edición sin el nombre del autor (que se negó a que apareciera) del "Discurso del método para conducir bien su razón y buscar la verdad en las ciencias, más la Dióptrica, los Meteoros y la Geometría que son los ensayos de este método" impresa en Leyden (Holanda) en 1637.
El "Discurso del Método" está dividido en seis partes más una Introducción: 1) Autobiografía intelectual y necesidad de un nuevo saber; 2) Las cuatro reglas del método (evidencia, análisis, síntesis, enumeración); 3) Moral provisional y sus cuatro máximas; 4) Metafísica (cogito, existencia de Dios y del mundo); 5) Física y Medicina; 6) Reflexiones sobre la investigación científica y su divulgación.

Podéis leer la Introducción y Primera Parte del "Discours de la Méthode" (bilingüe: español-francés) comentada e ilustrada en mi artículo de Acorazado Cinéfilo

 Para comprender mejor la filosofía racionalista del pensador francés René Descartes (Renatus Cartesius) (1596-1650) iréis respondiendo a estas preguntas de repaso y consolidación.

Franz Hals (1582-1666): "Portret van René Descartes". 1649
Musée du Louvre. Paris
Tableau. Oil on canvas
El retrato más famoso de René Descartes pintado durante su estancia en Holanda por uno de sus más grandes pintores. Destaca la mirada penetrante

René Descartes (1596-1650) fue el filósofo que dio origen a la filosofía moderna. Su vida osciló entre la búsqueda de la verdad por medio de la razón y el temor a que esta tarea fuera perseguida por la Iglesia, como ocurrió con su contemporáneo Galileo Galilei (1564-1642). Por ese motivo pasó muchos años viviendo en Holanda. Había recibido una esmerada educación en el colegio jesuita de La Flèche, en Francia, pero nunca encontró seguridad en la enseñanza escolástica propia de la época, para la que la autoridad de Aristóteles y de la Biblia tenía preferencia a un saber fundamentado en la evidencia. Y Descartes creía que la evidencia -el conocimiento indudable- tenía su modelo en la geometría. Por ello su tarea sería llevar el método racional de la geometría -que parte de la intuición (conocimiento inmediato) de los axiomas para luego llegar a la demostración de los teoremas- a la filosofía. Estaba firmemente convencido que el conocimiento era posible, y debía ser absolutamente cierto, al modo matemático, rechazando todo conocimiento probable como dudoso. De ahí, que fuera la duda metódica el comienzo de su investigación, ya que pretendía llegar a un primer principio que fuera indudable, y, por tanto, fundamento de esa nueva ciencia universal. Lo encontró: fue el cogito, el pensamiento que se hace evidente para quien duda, o sea, piensa. Y ésta es la intuición de que pensar es existir, la única manera inmediata de captar la existencia como actividad de un yo mental ("Cogito, ergo sum", o en el original francés: "Je pense, donc je suis"). El problema es que ese descubrimiento sólo tiene validez para el que se conoce pensando, o sea, es el descubrimiento de la existencia propia, pero quedan sin descubrir las otras posibles existencias: los demás, Dios, el mundo. Para ello Descartes tendrá que recurrir a las ideas innatas que se descubren como contenido de ese yo pensante, esa "cosa pensante" ("res cogitans"). Y ahí aparece la idea de un ser perfectísimo, que para ser absolutamente perfecto habrá de existir (argumento ontológico de demostración de la existencia de Dios, de S. Anselmo de Canterbury, siglo XI). De la veracidad de Dios (pues no sería perfecto si mintiera o engañara) deduce la verdad de lo que vemos: el mundo externo

 Control de Aprendizaje. Sesión 1. René Descartes

1- Explica qué pasó con la Filosofía Antigua (griega y romana) tras la muerte de Platón en 347 aC.

2- Explica la Filosofía Medieval y sus tres etapas

3- Explica la Filosofía Moderna desde el Renacimiento hasta el racionalismo cartesiano


La Haye-Descartes (Indre-et-Loire) France
Maison où naquit René Descartes - Casa natal de René Descartes
Carte Postale. 1913

La Haye-Descartes (Indre-et-Loire) France
Hôtel de Ville. Place Descartes
Carte Postale. 1908
Localidad en la que nació el filósofo, que cambió su nombre para añadir el del pensador francés

Control de Aprendizaje. Sesión 2. René Descartes

4- Breve biografía de René Descartes

5- Obras principales de Descartes, señalando año y contenido

6- ¿Qué enseñanzas recibió Descartes en su juventud y cómo reaccionó ante ellas?


Descartes en 3 minutos


Collège Henri-IV de La Flèche (1604-1762). La Flèche (Sarthe). France
En 1603, Enrique IV fundó el Real Colegio de La Flèche cuya dirección se confió a los Jesuitas. En este colegio estudia el celebérrimo filósofo francés René Descartes, donde recibe formación aristotélica y escolástica entre 1606 y 1614. Allí surgió su atracción e interés por las matemáticas.
Entre los alumnos famosos del Colegio se cuentan: Marin Mersenne (1588-1648), filósofo, físico y matemático que mantuvo correspondencia con Descartes; Antoine François Prévost, abad Prévost (1697-1763), escritor, autor de la novela "Manon Lescaut"; David Hume (1711-1776), filósofo escocés, permaneció allí entre 1735 y 1737.
Los jesuitas fueron expulsados en 1762 y el colegio pasó a ser una escuela de cadetes en 1764, preparatoria para la Escuela Militar de París. En 1808, Napoleón instaló allí el Pritaneo Militar, una de las academias militares más prestigiosas de Francia
(Wikipedia et al.)

Leamos al propio René Descartes en la Primera Parte del "Discurso del Método" (1637) recordando sus años de formación en el Colegio de La Flèche:

"Desde la niñez, fui criado en el estudio de las letras y, como me aseguraban que por medio de ellas se podía adquirir un conocimiento claro y seguro de todo cuanto es útil para la vida, sentía yo un vivísimo deseo de aprenderlas. Pero tan pronto como hube terminado el curso de los estudios, cuyo remate suele dar ingreso en el número de los hombres doctos, cambié por completo de opinión, Pues me embargaban tantas dudas y errores, que me parecía que, procurando instruirme, no había conseguido más provecho que el de descubrir cada vez mejor mi ignorancia. Y, sin embargo, estaba en una de las más famosas escuelas de Europa, en donde pensaba yo que debía haber hombres sabios, si los hay en algún lugar de la tierra. Allí había aprendido todo lo que los demás aprendían; y no contento aún con las ciencias que nos enseñaban, recorrí cuantos libros pudieron caer en mis manos, referentes a las ciencias que se consideran como las más curiosas y raras. Conocía, además, los juicios que se hacían de mi persona, y no veía que se me estimase en menos que a mis condiscípulos, entre los cuales algunos había ya destinados a ocupar los puestos que dejaran vacantes nuestros maestros. Por último, parecíame nuestro siglo tan floreciente y fértil en buenos ingenios, como haya sido cualquiera de los precedentes. Por todo lo cual, me tomaba la libertad de juzgar a los demás por mí mismo y de pensar que no había en el mundo doctrina alguna como la que se me había prometido anteriormente"

 "No dejaba por eso de estimar en mucho los ejercicios que se hacen en las escuelas. Sabía que las lenguas que en ellas se aprenden son necesarias para la inteligencia de los libros antiguos; que la gentileza de las fábulas despierta el ingenio; que las acciones memorables, que cuentan las historias, lo elevan y que, leídas con discreción, ayudan a formar el juicio; que la lectura de todos los buenos libros es como una conversación con los mejores ingenios de los pasados siglos, que los han compuesto, y hasta una conversación estudiada, en la que no nos descubren sino lo más selecto de sus pensamientos; que la elocuencia posee fuerzas y bellezas incomparables; que la poesía tiene delicadezas y suavidades que arrebatan; que en las matemáticas hay sutilísimas invenciones que pueden ser de mucho servicio, tanto para satisfacer a los curiosos, como para facilitar las artes todas y disminuir el trabajo de los hombres; que los escritos, que tratan de las costumbres, encierran varias enseñanzas y exhortaciones a la virtud, todas muy útiles; que la teología enseña a ganar el cielo; que la filosofía proporciona medios para hablar con verosimilitud de todas las cosas y recomendarse a la admiración de los menos sabios; que la jurisprudencia, la medicina y demás ciencias honran y enriquecen a quienes las cultivan; y, por último, que es bien haberlas recorrido todas, aun las más supersticiosas y las más falsas, para conocer su justo valor y no dejarse engañar por ellas"

René Descartes: "Discours de la méthode". I (1637)

Control de Aprendizaje. Sesión 3. René Descartes

7- a) ¿Qué nueva ciencia se desarrolla en la época de Descartes desde el siglo XVI? b) ¿Con qué choca este nuevo saber científico?; c) ¿En qué se basa esta nueva ciencia (Nuova Scienza)?

8- ¿Qué rama de las matemáticas descubrió (creó) René Descartes? ¿En qué consiste?

9- ¿Qué ciencia toma como modelo (le inspira) el filósofo francés para su nuevo método? ¿Por qué?

Tabla comparativa de la Física (Astronomía) Geocéntrica (Aristóteles, Ptolomeo) y la Física (Astronomía) Heliocéntrica (Copérnico, Kepler, Galileo, Newton)

La revolución científica de los siglos XVI-XVII marca el paso de la Ciencia y Filosofía de la Edad Media a la Ciencia y Filosofía de la Edad Moderna. Comprender el Universo, la Naturaleza, desde la observación y las matemáticas (razón), sin el sometimiento al Principio de Autoridad (Biblia, Aristóteles) representa la nueva mentalidad en la que la Ciencia choca con la Iglesia.
Desde el Renacimiento, el antropocentrismo humanista sustituye al teocentrismo de la escolástica

La Revolución de Copérnico es el título con el que suele conocerse a la revolución científica que se produce en Europa Occidental, representada en la astronomía por el paso del tradicional sistema ptolemaico geocéntrico al innovador sistema copernicano heliocéntrico, iniciada en el siglo XVI por el astrónomo prusiano Nicolás Copérnico (Niklas Koppernigk) (1473-1543) con la publicación de su libro "De revolutionibus orbium coelestium" (Sobre los giros de los cuerpos celestes), publicado en 1543, el año de su muerte, para evitar la persecución de la Iglesia (Inquisición)

Galileo Galilei (1564-1642) fue el físico, astrónomo y filósofo italiano que desarrolló y comprobó empíricamente el modelo heliocéntrico de Copérnico usando el telescopio, que también inventó (la Luna tenía cráteres, así que su irregularidad desmiente la idea aristotélica de la Luna como cuerpo perfecto formado por éter. También descubrió cuatro satélites de Júpiter, por lo que la Tierra deja de ser el centro del Universo en torno a la cual giran todos los cuerpos celestes como sostenía la Astronomía de Ptolomeo-Aristóteles). 
La introducción del método experimental en la física es su aportación más importante, junto con su consideración de que el universo está "escrito en caracteres matemáticos", es decir, está ordenado, y puede ser estudiado con cálculos matemáticos.


La leyenda cuenta que Galileo pronunció en voz baja "Eppur si muove" (Y, sin embargo, se mueve) refiriéndose al movimiento de traslación de la Tierra. Salvó su vida de la hoguera, y no se arrepintió de sus ideas

Justus Sustermans: "Ritratto di Galileo Galilei" (1636)
Galleria degli Uffizi. Firenze

Galileo escribió estas palabras -de influencia pitagórico-platónica- sobre la estructura matemática del Cosmos:

«La filosofia è scritta in questo grandissimo libro che continuamente ci sta aperto innanzi a gli occhi (io dico l'universo), ma non si può intendere se prima non s'impara a intender la lingua, e conoscer i caratteri, ne' quali è scritto. Egli è scritto in lingua matematica, e i caratteri son triangoli, cerchi, ed altre figure geometriche, senza i quali mezzi è impossibile a intenderne umanamente parola; senza questi è un aggirarsi vanamente per un oscuro laberinto»

(La filosofía está escrita en este gran libro que está continuamente abierto ante nuestros ojos (digo el universo), pero no se puede entender a menos que se aprenda primero a entender el idioma y conocer los caracteres en los que está escrito. Está escrito en lenguaje matemático, y los caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin lo cual es imposible entender humanamente una palabra de ellos; sin estos es un vano deambular por un laberinto oscuro)

Galileo Galilei: "Il Saggiatore". Cap. VI (1623)

Control de Aprendizaje. Sesión 4. René Descartes

10- Descartes desarrolla un nuevo método para la filosofía. ¿Qué significa la palabra método? (https://www.bachilleratocinefilo.com/2019/07/vocabulario-historia-de-la-filosofia.html)

11- Explica las 4 reglas del método cartesiano

12- Resume el texto siguiente que contiene la explicación de las reglas del método, en la Segunda Parte del "Discurso del método":

"(...) Pero como hombre que tiene que andar solo y en la oscuridad, resolví ir tan despacio y emplear tanta circunspección en todo, que, a trueque de adelantar poco, me guardaría al menos muy bien de tropezar y caer. E incluso no quise empezar a deshacerme por completo de ninguna de las opiniones que pudieron antaño deslizarse en mi creencia, sin haber sido introducidas por la razón, hasta después de pasar buen tiempo dedicado al proyecto de la obra que iba a emprender, buscando el verdadero método para llegar al conocimiento de todas las cosas de que mi espíritu fuera capaz.

Había estudiado un poco, cuando era más joven, de las partes de la filosofía, la lógica, y de las matemáticas, el análisis de los geómetras y el álgebra, tres artes o ciencias que debían, al parecer, contribuir algo a mi propósito. Pero cuando las examiné, hube de notar que, en lo tocante a la lógica, sus silogismos y la mayor parte de las demás instrucciones que da, más sirven para explicar a otros las cosas ya sabidas o incluso, como el arte de Lulio, para hablar sin juicio de las ignoradas, que para aprenderlas. Y si bien contiene, en verdad, muchos, muy buenos y verdaderos preceptos, hay, sin embargo, mezclados con ellos, tantos otros nocivos o superfluos, que separarlos es casi tan difícil como sacar una Diana o una Minerva de un bloque de mármol sin desbastar. Luego, en lo tocante al análisis de los antiguos y al álgebra de los modernos, aparte de que no se refieren sino a muy abstractas materias, que no parecen ser de ningún uso, el primero está siempre tan constreñido a considerar las figuras, que no puede ejercitar el entendimiento sin cansar grandemente la imaginación; y en la segunda, tanto se han sujetado sus cultivadores a ciertas reglas y a ciertas cifras, que han hecho de ella un arte confuso y oscuro, bueno para enredar el ingenio, en lugar de una ciencia que lo cultive. Por todo lo cual, pensé que había que buscar algún otro método que juntase las ventajas de esos tres, excluyendo sus defectos.

Y como la multitud de leyes sirve muy a menudo de disculpa a los vicios, siendo un Estado mucho mejor regido cuando hay pocas, pero muy estrictamente observadas, así también, en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me bastarían los cuatro siguientes, supuesto que tomase una firme y constante resolución de no dejar de observarlos una vez siquiera:

Fue el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mí espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda.

El segundo, dividir cada una de las dificultades, que examinare, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.

El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.

Y el último, hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada.

Esas largas series de trabadas razones muy simples y fáciles, que los geómetras acostumbran emplear, para llegar a sus más difíciles demostraciones, habíanme dado ocasión de imaginar que todas las cosas, de que el hombre puede adquirir conocimiento, se siguen unas a otras en igual manera, y que, con sólo abstenerse de admitir como verdadera una que no lo sea y guardar siempre el orden necesario para deducirlas unas de otras, no puede haber ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté, que no se llegue a alcanzar y descubrir. Y no me cansé mucho en buscar por cuáles era preciso comenzar, pues ya sabía que por las más simples y fáciles de conocer; y considerando que, entre todos los que hasta ahora han investigado la verdad en las ciencias, sólo los matemáticos han podido encontrar algunas demostraciones, esto es, algunas razones ciertas y evidentes, no dudaba de que había que empezar por las mismas que ellos han examinado, aun cuando no esperaba sacar de aquí ninguna otra utilidad, sino acostumbrar mi espíritu a saciarse de verdades y a no contentarse con falsas razones. Mas no por eso concebí el propósito de procurar aprender todas las ciencias particulares denominadas comúnmente matemáticas, y viendo que, aunque sus objetos son diferentes, todas, sin embargo, coinciden en que no consideran sino las varias relaciones o proporciones que se encuentran en los tales objetos, pensé que más valía limitarse a examinar esas proporciones en general, suponiéndolas solo en aquellos asuntos que sirviesen para hacerme más fácil su conocimiento y hasta no sujetándolas a ellos de ninguna manera, para poder después aplicarlas tanto más libremente a todos los demás a que pudieran convenir. Luego advertí que, para conocerlas, tendría a veces necesidad de considerar cada una de ellas en particular, y otras veces, tan solo retener o comprender varias juntas, y pensé que, para considerarlas mejor en particular, debía suponerlas en líneas, porque no encontraba nada más simple y que más distintamente pudiera yo representar a mi imaginación y mis sentidos; pero que, para retener o comprender varias juntas, era necesario que las explicase en algunas cifras, las más cortas que fuera posible; y que, por este medio, tomaba lo mejor que hay en el análisis geométrico y en el álgebra, y corregía así todos los defectos de una por el otro.

Y, efectivamente, me atrevo a decir que la exacta observación de los pocos preceptos por mí elegidos, me dio tanta facilidad para desenmarañar todas las cuestiones de que tratan esas dos ciencias, que en dos o tres meses que empleé en examinarlas, habiendo comenzado por las más simples y generales, y siendo cada verdad que encontraba una regla que me servía luego para encontrar otras, no sólo conseguí resolver varias cuestiones, que antes había considerado como muy difíciles, sino que hasta me pareció también, hacia el final, que, incluso en las que ignoraba, podría determinar por qué medios y hasta dónde era posible resolverlas. En lo cual, acaso no me acusaréis de excesiva vanidad si consideráis que, supuesto que no hay sino una verdad en cada cosa, el que la encuentra sabe todo lo que se puede saber de ella; y que, por ejemplo, un niño que sabe aritmética y hace una suma conforme a las reglas, puede estar seguro de haber hallado, acerca de la suma que examinaba, todo cuanto el humano ingenio pueda hallar; porque al fin y al cabo el método que ensena a seguir el orden verdadero y a recontar exactamente las circunstancias todas de lo que se busca, contiene todo lo que confiere certidumbre a las reglas de la aritmética.

Pero lo que más contento me daba en este método era que, con él, tenía la seguridad de emplear mi razón en todo, si no perfectamente, por lo menos lo mejor que fuera en mi poder. Sin contar con que, aplicándolo, sentía que mi espíritu se iba acostumbrando poco a poco a concebir los objetos con mayor claridad y distinción y que, no habiéndolo sujetado a ninguna materia particular, prometíame aplicarlo con igual fruto a las dificultades de las otras ciencias, como lo había hecho a las del álgebra. No por eso me atreví a empezar luego a examinar todas las que se presentaban, pues eso mismo fuera contrario al orden que el método prescribe; pero habiendo advertido que los principios de las ciencias tenían que estar todos tomados de la filosofía, en la que aun no hallaba ninguno que fuera cierto, pensé que ante todo era preciso procurar establecer algunos de esta clase y, siendo esto la cosa más importante del mundo y en la que son más de temer la precipitación y la prevención, creí que no debía acometer la empresa antes de haber llegado a más madura edad que la de veintitrés años, que entonces tenía, y de haber dedicado buen espacio de tiempo a prepararme, desarraigando de mi espíritu todas las malas opiniones a que había dado entrada antes de aquel tiempo, haciendo también acopio de experiencias varias, que fueran después la materia de mis razonamientos y, por último, ejercitándome sin cesar en el método que me había prescrito, para afianzarlo mejor en mi espíritu"

René Descartes: "Discours de la méthode". II (1637). Traducción de Manuel García Morente. Espasa-Calpe. Madrid. 1954

Las 4 Reglas del Método cartesiano:
1- Evidencia. 2- Análisis. 3- Síntesis. 4-Enumeración

¿Cuáles son las 4 Reglas del Método de Descartes? ¿Sabías que las planteó para pensar mejor?
Adictos a la Filosofía

Control de Aprendizaje. Sesión 5. René Descartes

13- a) ¿Cuál es la relación entre duda y certeza en la filosofía cartesiana? b) ¿qué niveles abarca la duda cartesiana?; c) ¿por qué la duda metódica de Descartes no es una duda escéptica? (https://www.bachilleratocinefilo.com/2019/07/vocabulario-historia-de-la-filosofia.html)

14- a) ¿Cómo termina la duda cartesiana?; b) Explica en qué consiste la primera certeza que descubre: el cogito

15- Resume el siguiente texto de la Cuarta Parte del "Discurso del Método":

"Así, puesto que los sentidos nos engañan, a las veces, quise suponer que no hay cosa alguna que sea tal y como ellos nos la presentan en la imaginación; y puesto que hay hombres que yerran al razonar, aun acerca de los más simples asuntos de geometría, y cometen paralogismos, juzgué que yo estaba tan expuesto al error como otro cualquiera, y rechacé como falsas todas las razones que anteriormente había tenido por demostrativas; y, en fin, considerando que todos los pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden también ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea verdadero, resolví fingir que todas las cosas, que hasta entonces habían entrado en mi espíritu, no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. Pero advertí luego que, queriendo yo pensar, de esa suerte, que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esta verdad: «yo pienso, luego soy», era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando"

(Ainsi, à cause que nos sens nous trompent quelquefois, je voulus supposer qu’il n’y avoit aucune chose qui fût telle qu’ils nous la font imaginer; et parcequ’il y a des hommes qui se méprennent en raisonnant, même touchant les plus simples matières de géométrie, et y font des paralogismes, jugeant que j’étois sujet à faillir autant qu’aucun autre, je rejetai comme fausses toutes les raisons que j’avois prises auparavant pour démonstrations; et enfin, considérant que toutes les mêmes pensées que nous avons étant éveillés nous peuvent aussi venir quand nous dormons, sans qu’il y en ait aucune pour lors qui soit vraie, je me résolus de feindre que toutes les choses qui m’étoient jamais entrées en l’esprit n’étoient non plus vraies que les illusions de mes songes. Mais aussitôt après je pris garde que, pendant que je voulois ainsi penser que tout étoit faux, il falloit nécessairement que moi qui le pensois fusse quelque chose; et remarquant que cette vérité, je pense, donc je suis, étoit si ferme et si assurée, que toutes les plus extravagantes suppositions des sceptiques n’étoient pas capables de l’ébranler, je jugeai que je pouvois la recevoir sans scrupule pour le premier principe de la philosophie que je cherchois)

René Descartes: "Discours de la méthode". IV (1637). Traducción de Manuel García Morente. Espasa-Calpe. Madrid. 1954

Control de Aprendizaje. Sesión 6. René Descartes

16- El primer nivel de la duda es la desconfianza de los sentidos. Según Descartes no podemos confiar en lo que alguna vez nos engañó. Explícalo según el vídeo de abajo y pon un ejemplo de la duda sensible

17- El segundo nivel de la duda es la imposibilidad de distinguir clara y distintamente cuando estamos despiertos (vigilia) y cuando estamos dormidos (sueño). Explícalo según el vídeo de abajo y pon un ejemplo

18- El tercer nivel de la duda es que, o Dios nos engaña porque es todopoderoso, incluso en las verdades matemáticas, o puede existir un Genio Malvado que me confunde en todo, incluso en las verdades matemáticas. Explícalo según el vídeo de abajo

Niveles de la duda metódica cartesiana (según las "Meditaciones Metafísicas")
1- Duda sensible
2- Duda de la realidad (cómo distinguir el sueño de la vigilia)
3- Duda hiperbólica (Genio Maligno)

La duda metódica según René Descartes
Explicación muy clara y completa
Por Tuercas y Tornillos

Control de Aprendizaje. Sesión 7. René Descartes

19-20-21- Resume este texto (solo usando el texto): los 3 niveles de la duda en las "Meditaciones Metafísicas": Primera Meditación (Texto de René Descartes)

"Meditaciones metafísicas"
Primera meditación
De las cosas que se pueden poner en duda

 "Hace ya algún tiempo que me di cuenta de que, desde mi infancia, había tenido por verdaderas numerosas opiniones falsas, y que lo construido posteriormente sobre principios tan poco firmes no podía dejar de ser altamente dudoso e incierto; de modo que debía emprender seriamente por una vez en mi vida la tarea de deshacerme de todas las opiniones que había tomado hasta entonces por verdaderas, y comenzar completamente de nuevo, desde los cimientos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias. Pero, pareciéndome demasiado grande esta empresa, esperé a haber alcanzado una edad que fuese lo suficientemente madura como para no poder esperar otra después de ella que fuese más propicia para ejecutarla; lo que me ha hecho diferirla tanto que en adelante creería cometer una falta si encima emplease en deliberar el tiempo que me queda para actuar. Ahora, pues, que mi espíritu está libre de toda preocupación, y que me he procurado un reposo tranquilo en una apacible soledad, me aplicaré seriamente y con libertad a destruir de un modo general todas mis antiguas opiniones.

 Pero, para cumplir tal designio, no será necesario probar que son todas falsas, lo que quizá nunca conseguiría; sino que, del mismo modo que la razón me persuade ya de que debo impedirme dar crédito a las cosas que no son enteramente ciertas e indudables, con el mismo empeño que pondría ante aquellas que nos parecen manifiestamente falsas, el menor motivo para dudar que encontrara en ellas serviría para hacérmelas rechazar todas. Y por eso no es necesario que las examine particularmente una a una, lo que sería un trabajo infinito; sino que, ya que la ruina de los cimientos entraña necesariamente la de todo el edificio, me concentraré primero en los principios sobre los que todas mis antiguas opiniones se habían fundado.

 Todo lo que hasta el presente he tenido como lo más verdadero y seguro lo he aprendido de los sentidos o por los sentidos: ahora bien, a veces he experimentado que esos sentidos eran engañosos, y es prudente no fiarse nunca por completo de quienes nos han engañado una vez.

 Pero, aunque los sentidos nos engañen a veces, en lo referente a cosas poco perceptibles y muy alejadas, hay quizá muchas otras de las que no se puede razonablemente dudar, aunque las conozcamos a través de ellos: por ejemplo, de que estoy aquí, sentado cerca del fuego, vestido con una bata, sosteniendo este papel entre mis manos, y otras cosas de esta naturaleza. ¿Y cómo podría negar que estas manos y este cuerpo sean míos, si no es quizás igualándome a esos insensatos cuyo cerebro está de tal modo turbado y ofuscado por los negros vapores de la bilis, que aseguran constantemente que son reyes, cuando son muy pobres; que están vestidos de oro y de púrpura, cuando están completamente desnudos; o que se imaginan ser un cántaro, o tener un cuerpo de vidrio?. ¿Pero qué? Ellos están locos, y no sería yo menos extravagante si me guiase por sus ejemplos.

 No obstante, tengo aquí que considerar que soy hombre y, en consecuencia, que tengo costumbre de dormir y de representarme en mis sueños las mismas cosas, o algunas menos verosímiles, que esos insensatos cuando están despiertos. ¿Cuántas veces he soñado, durante la noche, que estaba en este lugar, que estaba vestido, que estaba cerca del fuego, aunque estuviese completamente desnudo en mi cama? Me parece ahora que no miro este papel con ojos somnolientos; que esta cabeza que muevo no está adormilada; que extiendo esta mano intencionadamente y con un propósito deliberado, y que la siento: lo que ocurre en un sueño, sin embargo, no parece ser tan claro ni tan distinto como todo esto. Pero, pensándolo cuidadosamente, recuerdo haber sido a menudo engañado, mientras dormía, por semejantes ilusiones. Y deteniéndome en este pensamiento, veo tan manifiestamente que no hay indicios concluyentes, ni señales suficientemente seguras por las que se pueda distinguir claramente la vigilia del sueño, que me quedo totalmente asombrado; y mi asombro es tal, que es casi capaz de persuadirme de que duermo.

 Supongamos ahora, pues, que estamos dormidos, y que todas esas particularidades, a saber: que abrimos los ojos, que movemos la cabeza, que extendemos las manos, y cosas semejantes, no son más que falsas ilusiones; y pensemos que quizás nuestras manos, y todo nuestro cuerpo, no sean tales como los vemos. No obstante, hay que confesar al menos que las cosas que se nos representan en el sueño son como cuadros y pinturas, que no pueden estar hechas más que a semejanza de algo real y verdadero; y que así, al menos, esas cosas generales, a saber: los ojos, la cabeza, las manos, y todo el resto del cuerpo, no son cosas imaginarias, sino verdaderas y existentes. Así, ciertamente, los pintores, incluso cuando se emplean con el mayor artificio en representar sirenas y sátiros mediante formas extrañas y extraordinarias, no les pueden atribuir, sin embargo, formas y naturalezas completamente nuevas; simplemente hacen una cierta mezcla y composición con los miembros de diversos animales; o bien, si acaso su imaginación fuera lo suficientemente extravagante como para inventar algo nuevo, tal que jamás hubiéramos visto nada semejante, y que así su obra nos representara algo puramente fingido y absolutamente falso, al menos es cierto que los colores que lo componen serían verdaderos. Y por la misma razón, aunque esas cosas generales, a saber, los ojos, la cabeza, las manos, y otras semejantes, pudieran ser imaginarias, es preciso sin embargo confesar que hay cosas todavía más simples y más universales que son verdaderas y existentes; de cuya mezcla, al igual que de la de algunos colores verdaderos, están formadas todas las imágenes de las cosas que residen en nuestro pensamiento, sean verdaderas y reales, o bien fingidas y fantásticas.

 De ese tipo de cosas es la naturaleza corporal en general, y su extensión; como lo es la figura de las cosas extensas, su cantidad o magnitud, y su número; y el lugar en el que están, el tiempo que mide su duración, y otras semejantes.

 Por ello, no será, quizás, errónea nuestra conclusión si decimos que la física, la astronomía, la medicina y todas las demás ciencias que dependen de la consideración de cosas compuestas son altamente dudosas e inciertas; mientras que la aritmética, la geometría, y las demás ciencias de esta naturaleza, que sólo tratan de cosas muy simples y generales, sin preocuparse mucho de si se dan o no en la naturaleza, contienen algo de cierto e indudable. Pues, tanto si estoy despierto como si duermo, 2 y 3 sumarán siempre cinco, y el cuadrado nunca tendrá más de cuatro lados; y no parece posible que verdades tan manifiestas puedan ser sospechosas de ninguna falsedad o incertidumbre.

 No obstante, hace mucho tiempo que tengo en mi mente cierta opinión según la cual hay un Dios que todo lo puede, y por quien he sido creado y producido tal como soy. Pero ¿quién podría asegurarme que ese Dios no ha hecho que no exista ninguna tierra, ningún cielo, ningún cuerpo extenso, ninguna figura, ninguna magnitud, ningún lugar, y que sin embargo yo tenga la percepción de todas esas cosas, y que todo eso no me parezca que exista de otro modo que yo lo veo? E incluso, como juzgo que a veces los demás se equivocan, aun en las cosas que creen saber con mayor certeza, podría ocurrir que hubiera querido que yo me equivoque cada vez que sumo 2 y 3, o cuento los lados de un cuadrado, o considero cualquier cosa aún más fácil, si es que podemos imaginar algo más fácil que eso. Pero quizás Dios no ha querido que fuese engañado de tal modo, ya que es llamado soberano bien. Sin embargo, si eso repugnara a su bondad, el haberme hecho tal que me equivocase siempre, parecería también serle contrario el permitir que me equivocara a veces, de lo que sin embargo no puedo dudar que lo permite.

 (...) Supondré que hay, pues, no un verdadero Dios, que es la soberana fuente de verdad, sino un cierto genio malvado, no menos astuto y engañador que poderoso, que ha empleado toda su industria en engañarme. Pensaré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y todas las cosas exteriores que vemos no son más que ilusiones y engaños, de los que se sirve para sorprender mi credulidad. Me consideraré a mí mismo como carente de manos, de ojos, de carne, de sangre, como carente de sentidos, pero creyendo falsamente tener todas estas cosas. Permaneceré obstinadamente ligado a este pensamiento; y si, de este modo, no está en mi poder alcanzar el conocimiento de verdad alguna, al menos estará en mi poder suspender el juicio. Por ello, evitaré cuidadosamente admitir en mi creencia ninguna falsedad, y prepararé tan bien a mi mente para todas las astucias de ese gran engañador que, por poderoso y astuto que sea, jamás podrá imponerme nada. Pero este propósito es duro y trabajoso, y una cierta pereza me arrastra insensiblemente hacia el curso de mi vida cotidiana. Y al igual que un esclavo que gozara en el sueño de una libertad imaginaria, cuando comienza a sospechar que su libertad no es más que un sueño, teme ser despertado, y conspira con esas ilusiones agradables para permanecer más tiempo engañado por ellas, así yo regreso insensiblemente, por mí mismo, a mis antiguas opiniones, y temo despertar de este sopor por miedo a que las laboriosas vigilias que sucedan a la tranquilidad de este reposo, en lugar de aportarme algo de luz en el conocimiento de la verdad, no sean suficientes para aclarar las tinieblas de las dificultades que acaban de suscitarse..."

René Descartes: "Meditaciones Metafísicas, en las que se demuestran la existencia de Dios y la inmortalidad del alma" (Meditationes de prima philosophia, in qua Dei existentia et animæ immortalitas demonstrantur). Primera Meditación: De las cosas que se pueden poner en duda (1641)
Según la versión de José María Fouce, para "La Filosofía en el Bachillerato". Se sigue la traducción francesa de 1647, del duque de Luynes, que fue revisada y corregida por Descartes, quien introdujo variaciones sobre su propia versión latina de París de 1641, "para aclarar su propio pensamiento", según el testimonio de Baillet, biógrafo de Descartes

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Promete esta nueva publicación

Anónimo dijo...

Excelente blog,aunque se han perdido algunos viejos métodos de comunicación,ahora todo es online ��

Anónimo dijo...

Wow flipé nueva secsión promete muxo muxo

Anónimo dijo...

Wuola tt como pega el verde

ACORAZADO CINÉFILO dijo...

Enseñar filosofía es, según Kant, enseñar a filosofar. Y para ello el pensamiento cartesiano es modélico porque desarrolló un método sencillo para encontrar la certeza (conocimiento indudable) y ampliar nuestro saber acerca de las cosas.
Tengo la suerte de hacer lo que me gusta: hablar, pensar y crear. Parece raro decir esto, pero las palabras encierran verdad y belleza. La fase primera en que el profesor explica es hermosa, porque uno va volando impulsado por el pensamiento de los grandes clásicos. Y, no obstante, es la fase segunda, en la que el estudiante asimila y expresa esas teorías, y habla y crea pensando nuevos caminos. Los caminos que el profesor descubre con emoción: nuevas conclusiones, acercamientos, horizontes jóvenes para los maestros antiguos. Entonces es cuando el docente siente el entusiasmo del pensamiento que revive como una nueva primavera...