domingo, 22 de enero de 2023

"La reina del mate" (1985). Fermín Cabal. Thriller español de la Transición. Francisco Huertas Hernández

"La reina del mate" (1985). Fermín Cabal
Thriller español de la Transición
Francisco Huertas Hernández

"La reina del mate" (1985). Fermín Cabal
Cristina (Amparo Muñoz) & Rafa (Antonio Resines)
La vida "extraordinaria" irrumpe en la vida "ordinaria": "la ecuación fatal del deseo, lo prohibido, la ambición y la pulsión de muerte, se conjugan en la piel y los ojos de la celestial argentina".
"Si solo nos tienta el peligro es porque habita en nosotros el "deseo de muerte" en la "consumación última del deseo erótico": la "aniquilación en el goce""

 "La reina del mate" (1985) fue la única incursión en el cine como director del dramaturgo leonés Fermín Cabal (1948). Un film titubeante, lastrado por la indefinición, que mezcla el thriller, la crónica histórico-social ambientada en el Madrid de la "movida" y el PSOE, el melodrama y el cine "quinqui". La inexperiencia de Cabal en el medio cinematográfico se aprecia no solo en la falta de unidad temática, sino en la elección descompensada del reparto: junto a un actor de moda, pero de nula capacidad interpretativa para el drama, una siempre excelente actriz, cuya belleza radiante, lanza la película en los momentos más exangües. 
 El "valor" de la película reside en su intriga, la presencia deslumbrante de Amparo Muñoz, la capacidad de "fijar" la época de la Transición (zeitgeist), la "naturalidad" "no-actoral" y patosa de Antonio Resines, el "sonido directo", y la adaptación de los modelos del "neo-noir" americano al ambiente urbano de Madrid.

 Rafa (Antonio Resines) es cartero en un barrio obrero de Madrid. Su vida es tan anodina como su falta de horizontes. Emilio (Jorge de Juan), su compañero de oficina, quiere "conquistar" a la nueva empleada, Carmen (Ana Gracia), que, sin embargo, se siente atraída por el protagonista.
 
 El inicio del film nos ofrece una imagen urbana: la vía de circunvalación de Madrid, M40, al amanecer, con una furgoneta de Correos que transporta la correspondencia para depositar en la Oficina de la Caja Postal de Ahorros y Estafeta Postal de una barriada de la ciudad. La música de Pepe Nieto, con su saxo jazzístico, "anuncia" la crónica urbana de la ambición y el deseo. Sacas postales, paquetes de cartas, y trabajadores de la Dirección General de Correos, uniformados de gris, clasificando los envíos, dan paso al protagonista. Rafa, el héroe sin aura, entra en escena, y su jefe, Riaño (Luis Ciges), le echa la bronca por retrasarse. Esta presentación nos ilustra el carácter semi rebelde, semi "pasota", del joven.

 La fiesta del fin de semana, propuesta por Emilio, en una casa en el campo, requiere que Rafa vaya de "carabina" (esa "tercera persona" que acompaña a una pareja para evitar conductas sexuales del varón). La "chica" de Emilio es Carmen, "la nueva" suplente. La secuencia de la casa de campo descubre a las dos parejas fumando "canutos" (cigarros de cannabis), y una Carmen más osada de lo que sospechábamos: roba sacas de correspondencia publicitaria  con las que enciende la chimenea, ante el asombro de Emilio. Por un lado, las "drogas blandas" eran algo tan presente en España en esa época: hasta ministros del PSOE declararon haber fumado. Por otro lado, la "corrupción" de los empleados públicos, y el desprecio por el "bien común", de un país individualista, envidioso e insolidario. Cuando Carmen, mirando con "deseo" a Rafa le pregunta qué piensa él del "robo de correspondencia", éste dice, nihilista: "Pues, por mí, le pueden pegar fuego a todo"

 Una vez sentadas las bases de la vida "ordinaria", con la chica sencilla, pero "traviesa", la película entra en la vida "extraordinaria", la que, a fuerza de lejana e inaccesible, promete una felicidad "prohibida". Ésta viene con el cartero de reparto a la puerta de un chalet, en el que irrumpe, deslumbrante, la belleza de Cristina (Amparo Muñoz), tras la verja, preguntando: "Por favor, ¿usted conoce a la gente que vivía antes aquí?". Los sintetizadores de Pepe Nieto ponen el climax: la ecuación fatal del deseo, lo prohibido, la ambición y la pulsión de muerte, se conjugan en la piel y los ojos de la celestial/demoniaca argentina, que, no obstante, era una bella malagueña

 La malagueña Amparo Muñoz Quesada (1954-2011) fue Miss Universo en 1974, luego entró en el cine en la época del "destape", y trabajó con Vicente Aranda -"Clara es el precio" (1975)-, Eloy de la Iglesia -"La otra alcoba" (1976)-, Carlos Saura -"Mamá cumple cien años" (1979)-, Jaime Chávarri -"Dedicatoria" (1980)-, o Fernando León de Aranoa -"Familia" (1996)-. Su relación con las drogas truncó su carrera de gran actriz. Y este film tiene mucho de autobiográfico.

 La "valentía" de un cartero de barrio ante unos "matones" que buscan a un americano en el chalet de las argentinas, empieza a resultar poco verosímil. "¿Siempre eres así de valiente?" le interpela Cristina. "Bueno, a todos nos gusta presumir delante de una mujer bonita", medio sonriendo, contesta el desmañado actor, que trae un certificado para firmar a "La reina del mate". La empresaria afincada en España distribuye la hierba mate, cuyas propiedades de poderoso estimulante impulsa a los protagonistas pendiente abajo.

 Aurora (Cristina Rota) es la otra inquilina de la casa. Una bella veterinaria rubia, que atiende al herido cartero, que ha sido embestido por el coche americano de los "mafiosos". El guion encaja con prontitud los elementos del cine de gangsters. Violencia y deseos prohibidos. Que Cristina es más tentadora que Carmen es tan cierto como que ésta es menos peligrosa. Si solo nos tienta el peligro es porque habita en nosotros el "deseo de muerte" en la "consumación última del deseo erótico": la "aniquilación en el goce".

 Rafa bebe mate con Cristina y se lleva una bolsita. Los subrayados eróticos del director con el primer plano de Cristina succionando la bombilla con lascivia en su mirada no son necesarios.

 Que un tipo vulgar sea objeto de deseo de dos mujeres es la fantasía de todo hombre mediocre. Carmen sube a su coche a Rafa, magullado, y se acuesta con él. Carmen, comiendo una granada, es el contrapunto de la lubricidad elegante de Cristina. Las miradas de las dos mujeres "devoran" al "hombre" fuerte y simple. "Me parece que entre Emilio y yo hay un malentendido" dice Carmen, en su plan de conquistar al cartero anodino. 
 La escena del acto sexual entre ambos, enmarcada con el saxofón de Pepe Nieto, y a contraluz, con las siluetas besándose, es un notable logro visual. Es una pareja "ordinaria": ninguno es "bello", pero son sumamente atractivos. Sus cuerpos tienen "fuego", aunque su "llama" no sea "ciegamente luminosa", como la de Cristina.

 Esa "llama" que "ilumina" y "quema" entra en las "pesadillas" de Rafa, incluso tras la relación sexual con su compañera de trabajo: el bol de mate derrama su "ardiente líquido" en el cuerpo del cartero, mientras la mirada "diabólica" de la mujer "extraordinaria" "quema" su alma.

 Cristina invita a Rafa a una "pequeña fiesta" en casa. Allá la comunidad argentina, con los tópicos al uso: el tango -cantan "Mi Buenos Aires querido"- y las presencias "amenazantes" de Hernán (Héctor Colomé) y Negro Suárez (Sergio Mulet), o "cargantes" de la mamá de éste (Ofelia Angélica). Conchita (Gloria Muñoz), la novia del Negro, tiene un papel corto. Una gran actriz española, aquí en sus inicios. Rafa analiza la situación, celoso al descubrir la relación entre Hernán -el "Flaco Lomas"- y Cristina. "Mira, tú con el "Flaco" procura llevarte bien. Es un mal enemigo" le dice Conchita al cartero. "Mala leche" de los guionistas al dar el nombre malsonante a la novia del Negro.
 Prueban el dulce de leche que hizo la mamá. Los ojos de Cristina siguen tentando al hombre "ordinario".

 Cristina y Rafa hacen el amor. Rafa fue jugador de rugby, pero una lesión le apartó del éxito, y le convirtió en un "hombre vulgar". Ella le introduce en el consumo de cocaína. Sin solución de continuidad, Carmen le pregunta al "deseado" "hombre ordinario": "¿Por qué tienes tanto interés en Argentina? ¿Piensas emigrar?", que mira un libro. Los diálogos, llenos de "lugares comunes", no son muy favorables a Argentina. Y Rafa, con su vanidad subida, se vuelve "borde" con la dulce Carmen, que le recomienda estudiar una carrera universitaria. Rafa es el típico español sin estudios, machista, deslumbrado por la ambición y el deseo. En ese sentido, la elección del pésimo actor Antonio Resines puede ser hasta adecuada.

 En la secuencia del "tiro de pichón", diversión sanguinaria de clases pudientes, y mientras Hernán, el "Flaco", dispara a los inocentes animales, Cristina propone a Rafa, que participe en el tráfico de droga, transportando envíos a direcciones falsas. En el "noir" una de las convenciones es que los personajes traspasen la ley, que incurran en el "delito". La "ley" es para los "débiles", los "ordinarios", como sostendrían Raskolnikov y Nietzsche. Carmen, al quemar las cartas, era una "aprendiz", pero, únicamente en los "extraordinarios", los que están "más allá del bien y del mal", la "ley" es una simple "puerta" que hay que "abrir" para gozar de lujo y poder. ¡Qué guapa Amparo Muñoz convenciendo amorosa e independiente al "pavo" del cartero para que "abra" la puerta del delito! Rafa le ha pedido que vaya a vivir con él a su casa. Es que los tíos es lo que tienen: se están follando a una, y ya están pensando en otra. El deseo es un dispositivo de insatisfacción permanente. "Yo no puedo vivir de cualquier manera, Rafa. Me gusta el dinero. No puedo vivir solo de amor. ¿Lo entendés?" dice con la mirada baja la hermosísima Cristina. La tentación siempre vive arriba

 Rafa pide el cambio de sección para ejecutar sus tejemanejes. Carmen queda extrañada. Hernán instruye al patán del cartero en los entresijos de la misión: en falsas Biblias huecas irá la cocaína. El cartero ambicioso, que quiere entrar en el "mundo extraordinario" se siente vigilado en su oficina. La "mala conciencia" de los "débiles", de los "hombres ordinarios" que fueron educados en el miedo al castigo, a "quebrar la ley" hecha por sus amos. Pepe Nieto acompaña las tribulaciones de Rafa. Pero ahora es un adicto a la cocaína y debe pagarla. Cristina es la cocaína. Una muñequita de Mafalda de cuerda se mueve al son del deseo del "aquí y ahora", incluso cuando el cartero le baja las braguitas y la inspecciona con un lápiz. Pobre palurdo que cree entrar en el Paraíso de los amorales.

 Se compra una moto BMW. La partitura de José Nieto suena a tango, algo entre Astor PiazzollaGato Barbieri. Son los instantes de plenitud. El riesgo depara descargas de adrenalina

 Una magnífica escena en la azotea del Edificio España en la Plaza de España presenta una vista aérea de la Gran Vía madrileña. Es el tramo hasta Callao. José Luis Garci también había mostrado ese Madrid neoyorkino en "El Crack" (1981). "Me gusta ver la ciudad así. A mis pies", dice Cristina. Un zoom out abre el plano a la pareja en lo alto. "¿No tienes una sensación como de dominio?" pregunta ella. "A mí me da vértigo", responde él. Fantasías de omnipotencia infantil desatadas por la coca y el dinero. Allí le propone ella que robe un paquete de coca a Hernán. Su ambición se traslada de su "mirada" a su "proposición": "dejarse robar un envío" para quedárselo ellos. Rafa es el "tonto útil". Esos planos azules de la pareja a punto de entrar en la traición -otra "convención" del "noir"- al "Flaco" apuntan a un final "trágico". Cristina emula a la Phyllis Dietrichson (Barbara Stanwyck) de "Double Indemnity" (1944) de Billy Wilder, o la Cora Smith (Lana Turner) de "The Postman Always Rings Twice" (1946) de Tay Garnett, entre tantas otras "bellas perversas" del "noir" estadounidense. Y Rafa empieza a parecerse al Walter Neff (Fred MacMurray) de "Double Indemnity", obsesionado y manipulado por la femme fatale.

 Fermín Cabal mete, de repente, al "Pirri" asaltando con pistola al cartero. Pero el "Pirri" (José Luis Fernández Eguía, "Pirri") (1965-1988) era uno de los actores del "cine quinqui" de aquellos años -"Navajeros" (1980), "Colegas" (1982), "El Pico 2" (1984), "La estanquera de Vallecas" (1987), todas de Eloy de la Iglesia-. ¿Un thriller quinqui? Resulta demasiado forzado, aunque como reflejo sociológico de una época es tanto más valioso cuanto más nos alejamos en el tiempo. El "Pirri", toxicómano y delincuente habitual en la vida "real", murió en 1988 de una sobredosis. Rafa reacciona y le da una "zurra" al "asaltante", recuperando saca de cartas y moto. Luego, en una muestra de su bisoñez va a buscar a Cristina acusándola del ataque delante de Aurora, y amenazándola con contarle todo a Hernán. Para ser un delincuente también hay que ser inteligente, y Rafa no lo es. Pero, ¿qué ha visto en él Cristina, por Dios?

 La huelga de los funcionarios de Correos encabezada por Emilio, sindicalista, pone el "marco histórico" del gobierno de Felipe González en los años 80, en los que coincidieron la "movida", la "reconversión industrial", el "terrorismo de Estado del GAL", la entrada en la "Comunidad Económica Europea", el referendum de la OTAN -en el que el PSOE pasó del NO al SÍ-, y la deriva burguesa del Partido Socialista Obrero Español, pilar del sistema corrupto de la Transición del franquismo a la democracia tutelada por la monarquía borbónica impuesta por Franco y los poderes económicos de la oligarquía. Es cómico -o repugnante- escuchar a Emilio diciendo: "Que quede claro, por favor, que no estamos en contra ni de la política del gobierno, ni de la Dirección General de Correos. Eso por encima de todo, los apoyamos decididamente, pero lo que tenemos que lograr es que no se consiga la estructuración jurídico-administrativa que ellos pretenden" ante la asamblea de los carteros. Surgen las discrepancias. El tal Emilio, el típico fracasado, es un militante de la UGT, el sindicato socialista de Nicolás Redondo. La cámara se ha desinteresado por el problema político y nos presenta a Rafa con sus paquetes delictivos. Los sindicatos fueron destruidos, como pasó en el Reino Unido, y hoy son un cadáver inoperante en la sociedad española.

 Emilio y Rafa hablan de Carmen, que ha regresado con el sindicalista. Invita a comer a casa a Rafa. Allí, en un equívoco de deseos cruzados y frustraciones actualizadas, Rafa intenta forzar a la sensual cartera, mientras su novio friega los platos. "Yo creo que todos somos iguales. Siempre nos falta algo. Ya sabes lo que dice Lacan: el deseo nunca se satisface", sentencia Carmen bebiendo una copa de cava espumoso y mirando con intención al "hombre deseado" y "ordinario".

 Un tipo entregado al alcohol -imagen poco creíble de un "ser autodestructivo", a lo Bukowski-, que ha roto con Cristina, va de garito en garito, y en una disco de la calle San Mateo se tropieza con el Pirri. Confirma que Cristina nada tuvo que ver con el asalto

 Acude en busca de la mujer que "no le deja ni trabajar, ni comer ni dormir", pidiendo "otra oportunidad". Intenta violarla. Cómo se las gastaban los machitos "ordinarios" de los ochenta. Hernán impide la violación apuntándole con un arma. Cristina implora por él. Rafa, con la estética noir del "perdedor" (loser) sin hogar ni ideales, vaga por Madrid. El Corte Inglés del Paseo de la Castellana, iluminado con su árbol de luces, los coches, la noche, el edificio Windsor. Los perdedores son subtipos urbanos de la noche. Y en su soledad ven la tele de madrugada. No es momento para que Gonzalo cante "Vuelve" (1984): "Ni siquiera tengo apetito,
si no estás tú, / ¿con quién voy a cenar?. / Día a día yo me voy apagando, / mi mirada se ha quedado sin luz. / Por favor vuelve, vuelve. / Vuelve, no puedo más.
Las persianas se han quedado bajadas, / ya no entra el sol por mis ventanas. / Y la casa, poco a poco, / va tomando aspecto / de que la has abandonado. / Por favor vuelve, vuelve. / Vuelve, no dudes más"
 El "perdedor" "currante", que fuma un cigarrillo tras otro, tira el televisor por la ventana. Su "amour fou" lo devora

 Tras un intento de suicidio con pastillas, Rafa despierta con los cuidados de Aurora y de Cristina. Si quieres recuperar un amor nada mejor que un intento de suicidio. El cartero es un cobarde, y un convencional personaje de cartón. Los rostros de las dos hermosas mujeres le dan una nueva oportunidad. "Si no sos fuerte, no te puedo querer" le dice Cristina al convaleciente cartero en pijama. La visita de los amigos, Emilio y Carmen, que se pone celosa, pilla a la pareja Rafa-Cristina abrazada

 Hernán le recuerda que tiene que terminar su trabajo como traficante. Todo se complica porque la policía detiene a Carmen al encontrar droga en su taquilla. Carmen ocupaba el puesto de Rafa. El guion acelera un final previsible, aunque el enredo triangular amoroso da algunos extraños giros. Cristina abandona a Rafa con un "chao" (sic) escrito con pintalabios en un espejo, dejado en la cama.
 El abogado mafioso que lleva Rafa, a través de Hernán, consigue la libertad de la chica. Emilio no se fía de Carmen, y ésta regresa con Rafa. Hacen el amor sobre un colchón repleto de billetes. Fredy (Santiago Álvarez) es el abogado, asesor, que recomienda a la pareja que huya a Brasil, país sin extradición. Todo empieza de nuevo para Rafa, pero un sobre de mate en manos de Carmen despierta el deseo dormido.

 Y como el deseo solo se vence en la aniquilación, Rafa se engaña creyendo que va a despedirse de Cristina. Con dinero y violencia es fácil comprar voluntades. Los hombres de Hernán apalizan al cartero "tocapelotas", que quiere ver a Cristina. 

 Carmen, en el Parque del Retiro, demanda a Rafa cuándo van a partir a Brasil. Fredy tiene ya preparados los papeles. El cartero, que se cree un héroe -los héroes hablan poco y actúan mucho-, oculta a su novia la razón de sus heridas. Este tío insiste en buscar a la Reina del Mate. Visita a Aurora. Consigue su dirección. Y allá -donde acude con una pistola que le facilita el Pirri- se produce el fatal desenlace que el espectador y las convenciones del género exigen.

 "La reina del mate" es una buena película, después de todo, no tanto por la consistencia de su guion o puesta en escena -sumamente convencional-, sino por la "instantánea" de una "época" que sirve de telón de fondo al eterno deseo y pulsión de muerte que habita en el género humano simbolizado en el mate ardiendo derramado por Cristina sobre el alma del espectador...

"La reina del mate" (1985). Fermín Cabal
Cartel original

"La reina del mate"
1985
España
94 minutos
Director: Fermín Cabal
Guion: Fermín Cabal, Paloma Pedrero
Decorador: Félix Murcia
Montaje: Miguel Ángel Santamaría
Música: José Nieto
Director de Fotografía: José Luis Alcaine
Productora: El Catalejo. Fígaro Films. Ópalo Films

Reparto:
Amparo Muñoz: Cristina
Antonio Resines: Rafa
Ana Gracia: Carmen
Héctor Colomé: Hernán
Jorge de Juan: Emilio
Cristina Rota: Aurora
José Luis Fernández 'Pirri': Pirri
Santiago Álvarez: Fredy
Luis Ciges: Riaño
Sergio Mulet: Negro Suárez
Ofelia Angélica: Mamá
Julia Royo: Amalia
Gloria Muñoz: Conchita
Valentín Paredes: Butanero
Chema Gil: Repartidor Butano
Luis Araujo: Cartero
Antonio Chamorro: Cartero 2
Pedro Miguel Martínez: Inspector 1º































































"La reina del mate" (1985). Fermín Cabal
Plano a plano

*****
Comentarios de nuestros lectores:

- Francisco Huertas Hernández: "Una película no es solo unas secuencias con una historia y unos personajes, es también un "espejo del tiempo" y un "estado de ánimo". Cierto es que lo segundo depende de lo primero. En "La reina del mate" hay un guion a cargo de un autor teatral, que él mismo dirige. La historia tiene algunos "cabos sueltos": esos vaivenes sentimentales de Rafa, entre Carmen y Cristina; esa apatía nihilista combinada con la ambición y el "amour fou" en un mismo personaje inexpresivo, como el Rafa de Antonio Resines; el personaje "perdedor" en "amores" y "líder sindical" acomodaticio al poder, de Emilio; o la "femme fatale" argentina, que vende mate, pero a la que no se conoce ningún contacto empresarial, como surgida de la nada...
 Todo da igual. Las historias de intriga y amor -¿pero acaso no es el amor la verdadera intriga de la vida?- vencen al espectador, y, en este caso, más aún porque vemos "restos" de la "época": el Madrid de la "movida" y los "sociatas", de las "crestas", los locales de copas y la Gran Vía iluminada, El Corte Inglés en Navidad, las máquinas tragaperras de los bares, los carteros vestidos de gris, los coches canijos de un país que daría un gran salto económico y sellaría el silencio de una transición política hecha por los vencedores de la guerra, con la complicidad interesada, en el reparto del poder, de los partidos de la izquierda"

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estupendo post

Teo Calderón dijo...

Dentro de un esquema típico del cine negro, esta película ha querido contarnos una historia que guarda ciertos paralelismos con –entre otras– FUEGO EN EL CUERPO. Pero aquí la pasión carnal que provoca en el ingenuo protagonista la instrumentalizada sensualidad de una mujer calcu­ladora, está pobremente expresada en la pantalla, con lo que la historia pierde fuerza y hasta credibilidad. No obstante, los restantes elementos manejados en la cinta están, creo, perfectamente controlados.