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domingo, 28 de agosto de 2022

La esencia. "Robin and Marian" (1976). Richard Lester. Francisco Sepúlveda Priego. Reflexión lírico-filosófica sobre el tiempo y la esencia humana

La esencia
"Robin and Marian" (1976). Richard Lester
Reflexión lírico-filosófica sobre el tiempo y la esencia humana
Francisco Sepúlveda Priego


"Robin and Marian" (1976). Richard Lester
Robin Hood (Sean Connery) lanza la flecha cuyo blanco será el punto exacto donde converjan finalmente su muerte y su amor

"... impermeable al paso de los años y al desgaste de las arenas del tiempo, un gesto característico puede constituir la captura más exacta de nuestra esencia"

 Un martes cualquiera. Son las 7 de la tarde. Acabo de salir de la oficina y decido volver a casa paseando.
 El paseo te da una relajada perspectiva del mundo. Escoges la ruta que más te apetezca y la velocidad de crucero. El caminar solitario permite tanto la serena observación de todo lo que sale al paso como el repentino asalto de las imágenes del día que han tenido una fijación más permanente.

 En el catálogo de posibilidades, también podemos optar por el análisis sosegado de ese asunto que ya tocaba afrontar o la lúdica elección de aquel tema en el que a veces nos refugiamos para la satisfacción del gozo estético o intelectual.

 Y es así que el eje Trump-Maduro se cruza con aquel auto que se ha saltado el semáforo, que las imágenes de “Roma” se mezclan con las de los niños jugando en el parque, que el demorado arreglo de la persiana es interrumpido por la avalancha de runners que me adelantan con miradas de reproche por ocupar un espacio en la acera que sólo pareciera legítimo a partir de determinada velocidad en el paso.
 La vida es una miscelánea.

 Fue viendo a estos atletas cuando me asaltó el pensamiento que ya me acompañó durante el resto del día. Me di cuenta de que, desde que una lesión de columna me impidió volver a calzarme las zapatillas con la asiduidad y jovial disposición que lo hacía antaño, son pocas las rutinas físicas que conservo de la juventud.

 Me levanto temprano. Me acuesto no demasiado tarde. Procuro cuidar lo que como y salgo de fiesta con menos frecuencia. Como toda regla tiene su excepción, hay días en que no madrugo, veladas nocturnas que se alargan y botellas que duran menos de lo previsto. Pero, como ya digo, son excepciones que no desvirtúan la regla de mi elección del día sobre la noche, el vino sobre el combinado y la dieta equilibrada sobre la anarquía alimenticia.

 Reconozco que parto de una situación ventajosa: a pesar de ser una persona esencialmente social y sociable con lo que ello conlleva de jornadas callejeras, siempre he equilibrado la balanza con determinadas aficiones que precisaban para su disfrute del recogimiento del hogar. Por decirlo de otra manera, siempre he sido hogareño y callejero “fifty-fifty”.

 Volvamos al martes de marras: habiendo llegado ya a casa, en tanto que voy realizando algunas tareas caseras y aquellas otras preparatorias de la llegada del momento de máxima holganza, juego a incomodarme planteándome la duda de si estoy echando una mano al inevitable envejecimiento con la adopción de un modo de vida cada vez más acomodado.

 Como tantas otras veces, la casualidad se alió con el Cine con benévolo resultado: la transformación de una incipiente inquietud en un mar plácido de despreocupación.

"Robin and Marian" (1976). Richard Lester
Poster
"Love is the Greatest Adventure of All"

"Robin and Marian" (1976). Richard Lester
Set: Sean Connery as Robin Hood, Audrey Hepburn and Richard Lester

 Hay ocasiones en que apetece más la revisión que el descubrimiento y ésta era una de ellas, así que rebusqué entre las películas ya vistas y mis manos fueron solas hacia “Robin y Marian”. Y es que a veces se nos activa un sexto sentido que nos empuja a la elección de la alternativa más adecuada. O quizá las cosas sucedan a veces como resultado de un ventajoso azar.
 La trama de la película es bien sencilla: Robin Hood y su inseparable Little John vuelven a Sherwood después de luchar durante veinte años en las Cruzadas bajo el mando de Ricardo Corazón de León.
 Robin va en busca de su amor de juventud, Marian, y descubre que se ha metido a monja por despecho y que está a punto de ser encarcelada por el sheriff de Nottingham, antigua némesis de Robin que aún sigue ejerciendo su cargo en el condado.
 Así, Robin rescata a Marian de las garras del sheriff y vuelven a instalarse en el bosque con sus antiguos compañeros de banda. Por supuesto, el sheriff no dejará las cosas así y, después de varias incursiones fallidas, logra que Robin acceda a un duelo a muerte para así evitar el derramamiento de sangre de sus compañeros.



"Robin and Marian" (1976). Richard Lester
Regreso y fatiga

"Devouring Time, blunt thou the lion's paws,
And make the earth devour her own sweet brood;
Pluck the keen teeth from the fierce tiger's jaws,
And burn the long-liv'd Phoenix in her blood;
Make glad and sorry seasons as thou fleets,
And do whate'er thou wilt, swift-footed Time,
To the wide world and all her fading sweets;
But I forbid thee one more heinous crime:
O, carve not with thy hours my love's fair brow,
Nor draw no lines there with thine antique pen!
Him in thy course untainted do allow
For beauty's pattern to succeeding men.
Yet do thy worst, old Time! Despite thy wrong
My love shall in my verse ever live young"

William Shakespeare: "Sonnet 19"

 Durante todo el metraje, el director recalca el paso del tiempo en unos personajes legendarios que llevan a cuestas el peso invencible de los años. Las jornadas a caballo se les hacen eternas, las peleas a espada terminan en un profundo agotamiento y el despertar en el bosque va acompañado de los quejidos lastimeros propios del que ya ha aposentado demasiadas veces su osamenta en el suelo.

 Siempre he sentido una gran querencia por el cine crepuscular. Desde muy joven me agotaba la épica del héroe inmaculado y me decantaba sin dudarlo por el crepúsculo del derrotado.
 El héroe cansado. El personaje recio de vuelta de todo. El hombre descreído pero bueno.
 El Robin maravillosamente interpretado por un Sean Connery en estado de gracia es el perfecto ejemplo de todo ello. Él, el perfecto hombre del pueblo, el benefactor de los necesitados, el paladín de la justicia, ha luchado durante dos décadas bajo la bandera de un rey sanguinario tan solo por un equivocado e inamovible concepto del deber, y lo que creía firmemente que iba a ser una noble misión resultó ser una matanza indiscriminada y movida por la codicia y la sed de sangre.
 Su envejecimiento no es solo físico. Las atrocidades que ha vivido en las Cruzadas han hecho de él un hombre herido y taciturno, al que sin embargo se le iluminan los ojos como a un niño cuando vuelve a la que fue su casa y recorre los lugares en que fue libre y feliz junto a su amada Marian.
 A pesar de la fatiga vital, queda de él la esencia.

"Robin and Marian" (1976). Richard Lester
Marian (Audrey Hepburn) & Robin (Sean Connery)
El amor más allá del mediodía

 Y es al hacer esa reflexión cuando vuelvo a mi realidad. Y es al volver a ella cuando me viene a la mente la inexorabilidad del paso del tiempo.
 Cierto que no soy ya un adolescente. Cierto que empiezan a aparecer goteras. Que las preocupaciones son de otra índole. Que la prudencia marca los pasos. Que los atracones se pagan con creces.
 Pero, movido por la visión positiva que siempre guía mis pasos, veo que no son pocas las ventajas de esta edad fronteriza, de esta despedida de la juventud, de esta entrada en una madurez incontestable.
 Una edad en la que se incrusta en el inconsciente la certeza de que, por mucho tiempo que nos quede, esto no va a ser para siempre. Que hay que eliminar lo que no sume. Que hay que disfrutar de la vida.
 Una edad en la que paladeamos aquel licor que antes bebíamos de un trago, en la que la criba del tiempo ha seleccionado a los merecedores de permanecer en el núcleo íntimo del cariño, en la que estrujamos el sabor de lo cotidiano, en la que pensamos dos veces las respuestas (y las preguntas), en la que las exhibiciones acrobáticas de las artes amatorias pierden terreno ante la ejecución de la caricia certera.
 Una etapa vital en la que cierta merma en las fuerzas se contrapone a la plena consciencia de los momentos de gozo. En la que los eventuales contratiempos no empañan el devenir del día. En la que echamos la vista atrás y no reconocemos a ese muchacho ingenuo y algo bobo que se empeña en parecerse a nosotros en fotografías que ya amarillean.
 El atardecer de la vida, aún lejos del ocaso pero consciente de su condición de ecuador de la existencia.

 Vuelvo a las imágenes de “Robin y Marian” y compruebo que, después de su duelo con el sheriff de Nottingham, Robin, herido de gravedad, llega con la ayuda de Marian y Little John a una estancia del convento y reposa en un camastro de la fatiga de la lucha.
 Después de un arrebato de sinceridad de Marian que constituye la declaración de amor más hermosa de la Historia del Cine, ambos van languideciendo ya que Marian ha envenenado las copas de las que han bebido. Robin, aún desconocedor del envenenamiento, relata con inusitado entusiasmo a su amada sus planes para los años venideros llenos de aventuras y de peligros, su vuelta a la vida de los bosques.
 Es por ello que la acción de Marian es el contrapunto lúcido a la infantil actitud de Robin que, espoleado por la testosterona de la pelea, es presa del delirio de un futuro imposible. Ella es conocedora tanto de la gravedad de las heridas de Robin como de la quimera de sus sueños. Marian es consciente del paso del tiempo, de la pérdida del arrollador empuje de la juventud, de la imposibilidad de recuperar los años del esplendor en la hierba.

 Y las dos actitudes se mezclan en el espectador que soy, teniendo la convicción, mientras me emociono hasta las lágrimas, de que las goteras y los frenos de la madurez, a pesar de estar ahí, nunca podrán consumir del todo la llama que arde en un pecho ilusionado, en un carácter alegre, en una visión feliz de la existencia.
 Como corolario de sus palabras y de su actitud de vida, Robin pide su arco y una flecha. Apunta hacia la ventana abierta de su habitación mortuoria y le dice a Little John que su último deseo es ser enterrado con Marian allí donde se clave la flecha.
 Así, un Robin moribundo pero al fin lúcido, tensa su arma y lanza el proyectil. Y ese gesto de los músculos y la cuerda en tensión, esa sucesión de movimientos miles de veces repetidos y asumidos por la inercia del cuerpo, tiene mucho más de impronta personal en la despedida que de necesaria gestión para la ubicación de la tumba.

 Porque, impermeable al paso de los años y al desgaste de las arenas del tiempo, un gesto característico puede constituir la captura más exacta de nuestra esencia.

Texto: Francisco Sepúlveda Priego
Imágenes y pies de foto: Francisco Huertas Hernández


*****
Comentarios de nuestros lectores:

- Francisco Huertas Hernández: "El texto de Paco Sepúlveda transita desde lo narrativo del paseo a la salida de la oficina a lo metafísico de saber quiénes somos cuando nuestro tiempo se ha escurrido entre los dedos ansiosos de goce y novedad de la juventud. La película inglesa "Robin and Marian" de Richard Lester fue la ocasión de desplegar esta sencilla y, no menos, cierta reflexión lírico-filosófica que concluye con estas hermosas y lúcidas palabras:
 "Porque, impermeable al paso de los años y al desgaste de las arenas del tiempo, un gesto característico puede constituir la captura más exacta de nuestra esencia""

- Estrella Millán Sanjuán: "¿Qué se puede decir de un texto así? ¿De un texto que verbaliza los sentimientos comunes que tenemos a ciertas edades de forma tan certera? Conocía este lúcido y maravilloso texto de tu muro, espacio de deleite mensual que nos regalabas hace tiempo y que ahora está de descanso merecido, pero que añoro.
 Paco, amigo, la calidad literaria de tus textos es excelente. Conjugas vida y cine como nadie. Es lo que más me gusta, que una película haga aflorar tanta reflexión y análisis vital.
Vi esta película por ti, porque me resistía a hacerlo precisamente por el tema que toca. Y ya se me quedó indeleble; también tuve la necesidad urgente de escribir sobre un pasaje concreto.
 Me alegra que formes parte ya del blog de Francisco, un lujo y un acierto. Ya tenía que ser.
 Enhorabuena por cómo abres tus carnes, por tu generosidad compartida"


sábado, 5 de marzo de 2022

"Jane Eyre" (2011). Cary Fukunaga. Una institutriz en el s. XIX. Carmen Parra López

"Jane Eyre" (2011). Cary Fukunaga
Una institutriz en el s. XIX
Ensayo histórico sociológico sobre la condición de la mujer
Carmen Parra López


"Jane Eyre" (2011). Cary Joji Fukunaga
Jane Eyre (Mia Wasikowska)

 Si hay un personaje que centra el interés de numerosas obras literarias y cinematográficas ha sido el de la institutriz. El ejemplo más sobresaliente es Jane Eyre. La novela se publica en 1847 de la pluma de Charlotte Brönte (1816-1855). Ha sido llevada al cine en varias ocasiones, destacando las siguientes: en 1934, protagonizada por Virginia Bruce y Colin Clive; en 1943, protagonizada por Joan Fontaine y Orson Welles; en 1949, protagonizada por Mary Sinclair y Charlton Heston; en 1957, protagonizada por Joan Elan y Patrick Macnee; en 1970, protagonizada por Susannah York y George C. Scott; en 1997, protagonizada por Samantha Morton y Ciarán Hinds; en 1983, protagonizada por Zelah Clarke y Timothy Dalton; en 1996, protagonizada por Charlotte Gainsbourg y William Hurt; en 2006, protagonizada por Ruth Wilson y Toby Stephens y en 2011, protagonizada por Mia Wasikowska y Michael Fassbender (y cuyos datos se reflejan al inicio de este artículo). En todas ellas, cobra vida la niñera que Charlotte Brönte quiso dibujar como mujer independiente, valiente y abnegada, capaz de amar sin remordimientos y tratar de ver más allá de los acontecimientos oscuros que rodean su vida, sin caer en la desesperanza, a pesar de encontrarse sola en la vida. Sin embargo, la fortuna da un vuelco a su existencia cuando recibe la herencia de su tío. Como todo lo bueno se acompaña de lago negativo, hará frente a lo que el futuro le depara al lado del hombre que la ocultó un episodio oscuro de su vida y al que abandonó, pero con quien, finalmente, regresa en una “reivindicación” de su limitada libertad de elección. El escenario que se encuentra no es como el que dejó. El final de la trama es el comienzo de una nueva vida, una renovación de todo, un giro del destino que la coloca en el lado más inclinado de la balanza. Ahí es donde Brönte invierte los papeles; no es la mujer la que dependerá del hombre, sino al contrario: Rochester, ciego y arruinado, pasará a depender en todo de Eyre

"Jane Eyre" (2011). Cary Joji Fukunaga
Jane Eyre (Mia Wasikowska). Sirvienta

"Jane Eyre" (2011). Cary Joji Fukunaga
Jane Eyre (Mia Wasikowska)

"Jane Eyre" (2011). Cary Joji Fukunaga
Jane Eyre (Mia Wasikowska)

 Usualmente la trama de este tipo de literatura, llevado a la pantalla, incluye la temática amorosa que convierte a la protagonista en toda una heroína que lucha desde su inferior posición por un trato legítimo y justo. Poco o nada se nos cuenta sobre el verdadero carácter de un empleo que obligaba a quien lo escogía a tener que mantener un equilibrio constante entre su condición de dama y su papel entre la servidumbre y la familia a la que “alquila”. Igualmente queda relegado el tema de la educación, se nos dibujan mujeres que enseñan destrezas para alcanzar la única meta que anhelaba una joven de buena familia: conseguir un marido con una economía saneada

"Jane Eyre" (2011). Cary Joji Fukunaga
Edward Fairfax Rochester (Michael Fassbender) & Jane Eyre (Mia Wasikowska)

"Jane Eyre" (2011). Cary Joji Fukunaga
Jane Eyre (Mia Wasikowska) & Edward Fairfax Rochester (Michael Fassbender)

"Jane Eyre" (2011). Cary Joji Fukunaga
Jane Eyre (Mia Wasikowska) & Edward Fairfax Rochester (Michael Fassbender)

"Jane Eyre" (2011). Cary Joji Fukunaga
Jane Eyre (Mia Wasikowska) en la niebla

 Casi todo el mundo creía que la mujer era débil e inestable, que el matrimonio era su destino natural. En 1800 ni podían votar ni tenían derecho a propiedades ni a la custodia de los hijos. Los padres eran los que fijaban sus relaciones. Por supuesto el vivir o viajar solas era impensable. Durante la segunda mitad del siglo XIX, dos tercios de las mujeres entre 20 y 24 años permanecían solteras. El matrimonio por amor era una idealización que solo adorna las páginas de los libros de Jane Austen, las hermanas Brontë, Charles Dickens, Thomas Hardy, Maria Edgeworth o Elizabeth Gaskell

Currer Bell: "Jane Eyre. An Autobiography"
Smith, Elder & Co. Cornhill. London. 1847
First Edition
"Jane Eyre (originally published as Jane Eyre: An Autobiography) is a novel by english writer Charlotte Brontë, published under the pen name "Currer Bell", on 16 October 1847, by Smith, Elder & Co. of London. The first American edition was published the following year by Harper & Brothers of New York. Jane Eyre is a Bildungsroman which follows the experiences of its eponymous heroine, including her growth to adulthood and her love for Mr. Rochester, the brooding master of Thornfield Hall"

Novelista inglesa. Hermana de Anne y Emily. Bajo la influencia literaria del romanticismo de Lord Byron, Walter Scott y William Thackeray, y de la pintura y arquitectura de John Martin.
"Jane Eyre" es su obra más famosa

 Si una joven educada y amable, dama de la clase media inglesa, veía perjudicada la economía de su familia, bien fuese por la pérdida de empleo del padre, el fracaso de un negocio o la muerte de sus familiares, tenía dos opciones: conseguir situarse en la sociedad a través de un matrimonio ventajoso, o emplearse como “governess” – institutriz –. Las clases medias veían en el trabajo de la mujer como algo desafortunado, una caída en desgracia.

 La vida de la mujer en su hogar ya era de por sí restrictiva y trivial. Las niñas solían recibir formación sin un método sistemático, también cabía enviarlas a escuelas que solo perseguían su preparación para su futura vida marital. Llenaban así su existencia con cantidad de labores sin la más mínima utilidad. La mentalidad de la época no asumía que la mujer trabajase fuera de casa si pertenecía a cierta clase económica. La mujer, en 1841, podía encontrarse trabajando principalmente como: sirvienta, en fábricas, como costurera, en el campo y en industrias domésticas.

 Jane Austen llega a comparar en Emma (1816) el empleo de institutriz con el comercio de esclavos. A mediados de siglo había unas veinte mil, la oferta excedía en mucho a la demanda. Solían estar mal pagadas – a muchas solo se les pagaba con la manutención y el alojamiento – y solo tenían como compañeras a la soledad y el mal trato que recibían. Las hermanas Brontë dejan en su obra fiel retrato de ello (la propia Jane Eyre, Agnes Grey o Villete). Muchas eran destituidas al envejecer y las que enfermaban eran mayoría.

 La institutriz no era ni parte del servicio ni de la familia. Era relegada a una especie de lugar apartado fijado en ninguna parte. Además, se le presuponía un verdadero modelo de comportamiento moral, cristiano, virtuoso y apropiado, recibiendo a cambio inseguridad y pocos halagos. Su deber era enseñar a las niñas, cuyas edades solían ir desde los cinco a los dieciocho años. También podía encargarse de la educación de los chicos, hasta los ocho años, edad a la que estos acudían a la escuela. La institutriz educaba en varias disciplinas básicas, de forma primordial las denominadas ‘the Three R´s: Reading, Writing and Arithmetic’ También podía darse el caso de que se encargasen de enseñanzas más complejas: francés, italiano, piano, estudio del globo terráqueo (geografía) y álgebra; adiestraban a sus alumnas en diversas cualidades con vistas a su matrimonio. Además de las anteriores, añadían la de porte -caminar erguidas con un libro en la cabeza-, baile y toda una variedad más de condiciones que les permitiesen encontrar esposo. También corría de su cuenta la educación moral de las pupilas, dirigían las oraciones nocturnas de los pequeños y les leían la Biblia. Constantemente les inculcaban mandamientos sobre la necesidad de no recurrir a la mentira, no pellizcar a los amigos, ser agradecidos por todo y mostrarse amables con sus padres. Sin duda, era un empleo complejo; por un lado, enseñaban cómo ser buenas cristianas y por el otro, adiestraban en cómo “ofrecerse” a los jóvenes solteros. Su labor era complicada, y eran muchas las que sentían una tremenda ansiedad y tensión por el dificultoso trabajo y los escasos réditos, económicos y afectivos que obtenían como recompensa.

 La institutriz tipo solía ser una mujer joven, de clase media y familia educada, pero necesitada de recursos. Quería obtener una fuente de ingresos, sin perder demasiados privilegios, sin tener que formar parte de la clase trabajadora que era bajar mucho en el estatus social. Se convertían en algo así como una madre alquilada en casa de otros. La clase media en el siglo XIX creció de forma rápida y sus integrantes perseguían imitar el modo de vida de la aristocracia y una manera era contratar a una joven que educase y se encargase de sus hijas. Así tener una institutriz era una forma de escalar puestos socialmente: una impostura absoluta que aumentaba si tenemos en cuenta que contratar varones para el servicio suponía tener que pagar un impuesto adicional; así que, contar con jóvenes mujeres en el servicio daba un plus de clasismo. Pese a los beneficios que tan ostentoso gesto podía aportar a los contratantes, la propia trabajadora se veía en una situación increíblemente incómoda con su labor. La familia era la familia y no permitiría sentar extraños a su mesa. El servicio tampoco quería tenerla como amiga, para ellos era una persona pagada de sí misma y algo engreída. Se les servían las comidas de forma separada, en la sala donde impartía las clases; para el servicio todo esto suponía un trabajo extra que les obligaba a subir y bajar para servirla. La forma en que debía de vestir también estaba reglamentada. Una apariencia simple estaba asociada a un alto valor moral en ella. El vestido del servicio dominical era algo esencial, era más bien un uniforme social, denotaba sencillez, pulcritud, elegancia, naturalidad y buen gusto. Y su color el negro como la servidumbre. Se gastaba casi la mitad del sueldo anual en indumentaria, con lo que no podía siempre arreglar su calzado o disponer de unos guantes limpios.

 En su vertiente puramente educativa, hay que remitirse a la política sobre educación del Reino Unido antes y durante la época victoriana. No existía un sistema nacional de educación como tal antes del siglo XIX. Era un asunto complicado por la escasez de recursos. La educación que podían llegar a dar a niñas era mínima y de poca importancia. Sin duda, a través de los siglos, siempre se ha intentado adiestrar a la mujer para que nunca se distinga ni destaque en nada en que pudiese hacerlo el hombre. Cualquier intento de sobresalir era visto como una amenaza; por eso era necesario buscar un divertimento, una mascarada con la que disfrazar el anhelo de igualdad sobre los familiares varones, y sobre el género masculino en general. La impotencia de verse atada mental, laboral y socialmente en un mundo patriarcal, machista y retrógrado debía de ser una experiencia dolorosa y castrante. Cualquier avance ha sido un triunfo, y el esfuerzo de aquellas mujeres es, aún hoy, poco reconocido

"Jane Eyre" (2011). Cary Joji Fukunaga
Fukunaga (1977) filmando con cámara. Set

"Jane Eyre" (2011). Cary Joji Fukunaga
Poster

Jane Eyre
2011
Reino Unido
121 minutos
Dirección: Cary Joji Fukunaga
Guion: Moira Buffini
Novela: Charlotte Brontë
Música: Dario Marianelli
Fotografía: Adriano Goldman

Reparto:
Mia Wasikowska as Jane Eyre
Michael Fassbender as Edward Fairfax Rochester
Jamie Bell as St. John Rivers
Judi Dench as Mrs Fairfax
Sally Hawkins as Mrs Reed
Holliday Grainger as Diana Rivers
Tamzin Merchant as Mary Rivers
Simon McBurney as Mr Brocklehurst
Imogen Poots as Blanche Ingram
Sophie Ward as Lady Ingram
Su Elliot as Hannah
Jayne Wisener as Bessie Lee
Amelia Clarkson as young Jane
Romy Settbon Moore as Adèle Varens
Freya Parks as Helen Burns
Harry Lloyd as Richard Mason
Valentina Cervi as Bertha Antoinetta Mason
Craig Roberts as John Reed
Ben Roberts as Briggs

Productora: BBC Films, Focus Features, Ruby Films
Género: Romance. Drama | Drama romántico. Drama de época. Siglo XIX

Sinopsis: Jane Eyre, una muchacha educada en un orfanato y de triste infancia, es contratada por Edward Rochester para trabajar como institutriz de una niña en Thornfield House. La aislada y sombría mansión, así como la inicial frialdad del dueño de la casa ponen a prueba la fortaleza de la joven. Sin embargo, poco a poco empieza a enamorarse de él. (FILMAFFINITY)

Premios:
2011: Nominada al Oscar: Mejor vestuario
2011: Nominada al BAFTA: Mejor vestuario
2011: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor actor (Michael Fassbender)
2011: Nominada al Goya: Mejor película europea
2011: Critics Choice Awards: Nominada a Mejor vestuario
2011: British Independent Film Awards (BIFA): Nominada a Mejor actriz

lunes, 21 de febrero de 2022

Calígrafos y amanuenses. "The Pillow Book" (1996). Peter Greenaway. Francisco Huertas Hernández

Calígrafos y amanuenses. 1995
"The Pillow Book" (1996). Peter Greenaway

Calígrafos y amanuenses
Memorias de un Hombre de Acción (Diario)
Escrito en 1995 durante la preparación de la edición de mi libro "Entre la filatelia y la halterofilia. Diario de Oviedo" (Incipit. Madrid. 1996)
Francisco Huertas Hernández

"The Pillow Book" (1996). Peter Greenaway

El formalista y minimalista director británico Peter Greenaway (1942) dirigió esta "iniciática" coproducción erótica entre Reino Unido, Francia, Holanda y Luxemburgo. Rodada en seis idiomas: inglés, francés, japonés, italiano, cantonés y mandarín. El tema es japonés y caligráfico. "El libro de la almohada" es la traducción del título original, y expresa la costumbre japonesa de guardar en las almohadas los diarios íntimos.
Nagiko (Vivian Wu) es la narradora que recrea su proceso de aprendizaje. A lo largo del film hasta cinco actrices japonesas interpretan a este personaje. Su padre (Ken Ogata), calígrafo, le dibujaba en el rostro, cada cumpleaños, una bendición. 
Los avatares melodramáticos del padre, pobre y víctima de los abusos de su editor (Yoshi Oida), y la marcha de Nagiko a Tokyo para convertirse en modelo, son solo una excusa para que esta mujer busque al "padre" sustitutivo que vuelva a "escribir en su cuerpo". Una interpretación psicoanalítica edípica es evidente. La piel debe ser "acariciada" con los pinceles, punzada o tintada, para que las letras "alcen" el deseo al territorio de la consumación: la piel en "blanco" busca su "texto".
Sus amantes deben darle placer escribiendo sobre su cuerpo. Sin embargo, la insuficiencia de éstos ya en el terreno de la caligrafía, ya en el sexual hacen que Nagiko sólo pueda tener momentos de éxtasis, pero no una relación duradera. 

¡Qué raro es el éxtasis -"trascendencia del cuerpo al alma"- en el sexo! Este έκ στασις (estar fuera de uno mismo) que es la forma más profunda de "estar en el centro de uno mismo". El orgasmo y la unión mística con Dios son su expresión. Yo lo he llamado "unción sagrada" (fusión de dos seres en uno solo)

"The Pillow Book" (1996). Peter Greenaway

La aparición de un inglés, Jerome (Ewan McGregor), introduce una nueva "transacción" de deseo y caligrafía recíproca. Solo subliman el deseo los "libros" escritos en la piel del amante. Jerome será el "hombre-libro" que regresará al editor, amante del joven, como lo fue del padre de Nagiko

"The Pillow Book" (1996). Peter Greenaway

Los acontecimientos de piel y escritura contienen un sadismo que solo puede resolverse en la muerte ritual. La muerte de Jerome acelera el ansiado "escribir en los muertos" de Nagiko, quizás, porque toda escritura es muerte como escribió -paradójicamente- Platón en "Fedro" citando un mito egipcio de la invención de la escritura.

El shodō (書道) -literalmente: camino de la escritura- es la caligrafía japonesa. Es un arte y una de las complejas disciplinas que los niños ejercitan en la escuela. Su origen es chino, y usa pincel, tinta china, pisapapeles y papel de arroz. Practica la escritura de caracteres japoneses hiragana y katakana, así como caracteres kanji derivados de la escritura china. 
Roland Barthes en "L'Empire des signes" (El imperio de los signos) (1970) -tras un viaje al país nipón- asegura que Japón es el país de la escritura, el país de los signos

"The Pillow Book" (1996). Peter Greenaway

La compleja historia del film es una "travesía" por el tiempo, que solo en su "inscripción" es habitado por el humano: el tiempo es lo que escribimos, lo que leemos, lo que recordamos, lo que contamos... solo texto, solo letras...
El amor, la muerte -no pueden existir por separado-, la venganza, y, finalmente, la "escritura". 
Amar es escribir en los labios de la otra persona un "te amo". Morir es dejar de ser pronunciado tu nombre, dejar de ser escuchada tu voz. Morir es no poder ser ya un nombre o un relato. 
Y la venganza es la imposibilidad de vivir sin amor. Vengarse es "re-escribir" los actos del "otro" con nuestra caligrafía sangrienta y caliente: no me has amado-escrito-como debes, por eso ahora yo te mato simbólicamente-te reescribo-borrándote

"The Pillow Book" (1996). Peter Greenaway
Poster

"The Pillow Book" (1996). Peter Greenaway
Poster

Suzuki Harunobu (鈴木 春信) (1725-1770): Wisdom (Chi), from the series "The Five Virtues" (Gojô) - Museum of Fine Arts
Caligrafía femenina

Suzuki Harunobu (鈴木 春信) (1725-1770)
Mujer escribiendo

Calígrafos y amanuenses
Memorias de un Hombre de Acción (Diario)
Escrito en 1995 durante la preparación de la edición de mi libro "Entre la filatelia y la halterofilia. Diario de Oviedo" (Incipit. Madrid. 1996)

 Hablé con M., con N., y con la lectora Ferreira. Esta dijo que mi obra estaba manuscrita, y, que eso no era lo habitual. Reconoció, empero, la caligrafía acendrada. Un trabajo de chinos. Todo lo contrario. Trabajo de chinos sería mecanografiar todo lo manuscrito, matarlo, aniquilarlo.

 La caligrafía es el alma de la escritura. La verdad del Logos. No linotipia. No impresora. Sí amanuenses. Amanuenses del espíritu. ¡Vivid, aunque no sean tiempos propicios! ¡Caligrafiad nuestro destino! ¡Mi vida ha sido tan caligráficamente triste! ¡Tan caligráficamente lenta!

 Todo lo triste es lento. Lectora Ferreira: ¿qué sabes tú del vivir del calígrafo, del mundo del amanuense? Creéis que lo correcto, lo políticamente correcto, es la impresora y el wordperfect, y olvidáis que la caligrafía es el movimiento de la mano, impulsada por el alma, por el corazón, por las vísceras. La memoria cargada de tinta que se desliza parsimoniosa por el escenario vacío de la hoja en blanco, la blanca. Ya no hay amanuenses ni escribas: hay taquígrafas. Ya no hay tinteros ni plumas en las mesas de los contadores.

 Escribanos, copistas, honrados y laboriosos. Víctimas de los tiempos modernos. La máquina les barrió.
 Con la letra y la sangre, con la tinta y el tintero. Antaño se decía a los niños en tono amenazante, cuando se disponían a aprender a leer, que “la letra con sangre entra”.

 Eran tiempos de caligrafismo tiránico, pero también de hombres que acariciaban el pergamino y la holandesa, que blandían la pluma y el lápiz, que bailaban con letras de salón gótico o de jardín inglés, que susurraban los signos de puntuación raspando el folio y aspirando el aire teñido de querencias caligráficas.

 Todo se ha vuelto hosco y maquinístico. Todo inhumano. El procesador de textos, imprenta electrónica de andar por casa, ha matado al amanuense. Y el amanuense era un ruiseñor de las selvas del sentir y el contar, y el cantar y el bailar. Oremos por nuestra memoria, por nuestros antepasados, por nuestra historia hecha de caligrafías enrevesadas y tenaces. Oremos por lo que ha muerto y por quienes con ello han muerto de nuevo.

 No hay memoria informática. Terror de los monstruos del control total. No hay escritura sin mano, sin alma.

 Soy un romántico, de la caligrafía, al menos. Daría todo por una buena P mayúscula gótica, aunque fuese para escribir “puta”, palabra comodín y palabra mar, que siempre insulta más que describe, aunque sea toda una confesión calígrafa

Francisco Huertas Hernández
Memorias de un Hombre de Acción
19 de octubre de 1995





Francisco Huertas Hernández: "Diario de Oviedo". Agosto 1995
Cuaderno Gris (bloc) escrito a mano

Este manuscrito fotocopiado fue el que envié a Gabriela Ferreira, lectora de la Editorial CYAN (Incipit). Al principio lo rechazó por no estar mecanografiado. Luego mostró interés y me llamó al IES Cabo de la Huerta donde yo trabajaba en 1995-1996. Di las fotocopias a un mecanógrafo que las pasó a Word, con grandes dificultades por lo denso y abstruso del texto.

Este libro se editó en Madrid en 1996, y pasó sin pena ni gloria. Solo cuatro personas lo entendieron: un profesor de Filosofía de un Instituto de Toro (Zamora); mi amada Inma, que se enamoró de mí tras leerlo; un ex compañero de Instituto, Juan Esteve; y la prologuista, la poeta y amiga Luisa Castro.

Decir que ese Diario, que forma parte de "Entre la Filatelia y la Halterofilia. Memorias de un Hombre de Acción", está escrito con sangre de mi alma solitaria es innecesario, se siente en todo él. La editorial liquidó unas ventas ridículas, y años después, supongo que por el tema asturiano, varias bibliotecas de América del Norte lo adquirieron: Universidad de Toronto, Universidad de Harvard, Biblioteca Pública de Nueva York, además de la Biblioteca Nacional de España -por Depósito Legal- y la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
Sigue siendo de lo mejor que he escrito, aunque sigo escribiendo porque no quiero morir...

Francisco Huertas Hernández: "Entre la Filatelia y la Halterofilia. Diario de Oviedo"
Incipit Editores. Madrid. 1996
Así se publicó el libro

sábado, 30 de mayo de 2020

La cultura de la rebelión juvenil. Del Pop al Punk. María Verchili Martí


La cultura de la rebelión juvenil. Del Pop al Punk
María Verchili Martí


"A Hard Day's Night" (1964). Richard Lester
The Beatles en una actuación en la televisión

"A Hard Day's Night" (1964). Richard Lester
Poster

"A Hard Day's Night" (1964). Richard Lester
The Beatles corriendo. El grupo se acostumbró a correr, esconderse y disfrazarse para huir de sus enloquecidas fans en los tiempos de la beatlemanía, que, desde el Reino Unido, se extendió a todo el planeta entre 1963 y 1964

"A Hard Day's Night" (1964). Richard Lester

"A Hard Day's Night" (1964). Richard Lester
Fotocromo


 La relación entre la rebelión juvenil, la cultura de la contestación a los valores de los mayores, y la música popular viene de lejos, allá por los años 50. El rock and roll, aquella explosión artística que desde los guetos de la profunda y deprimida América negra logró la visibilidad, se fue expandiendo culturalmente, y se convirtió en la banda sonora de una transformación socio-cultural de largo alcance. Durante los años siguientes penetró de lleno en el mundo de los jóvenes y en las nuevas culturas. En estos tiempos aciagos, extraños, en los que la capacidad crítica y combativa de la sociedad civil languidece, merece la pena hacer un recorrido histórico por los entresijos, los valores y las ambigüedades de aquella rebelión. Mi propuesta es hacerlo por medio de dos películas emblemáticas de dos etapas de la evolución de la música popular, A Hard Day’s Night (Qué noche la de aquel día), sobre los Beatles, y The Great Rock and Roll Swindle (La gran estafa del rock and roll), sobre los Sex Pistols.

 Años 60, música POP, la revuelta de las grandes esperanzas

 A Hard Day’s Night
(1964), dirigida por Richard Lester, fue el film con el que los Beatles se presentaron al mundo con la explosión de la “beatlemanía”. Eran los años sesenta, que se representaron como una época prometedora de optimismo y esperanza. Tras los "fabulosos cincuenta”, la década siguiente se caracterizó por ser un periodo expansivo, en un contexto de paz internacional prolongada y prosperidad económica. Se albergó la esperanza en un futuro capaz de reconciliar la prosperidad privada con el gasto público expansivo propio del modelo de Estado de bienestar. Una esperanza que corría el riesgo de fracasar en el intento de alcanzar esas ambiciosas aspiraciones. Hubo en definitiva, un aura de irrealidad y de euforia, un desfase entre anhelo y realidad. Era una época de transición e iniciativa hacia los valores del futuro. Fue un contexto de políticas sociales expansivas, de asentamiento del Estado de bienestar, ese tiempo histórico calificado por historiadores como Eric Hobsbawm como la “era dorada del siglo XX (1957-1973)

 En Estados Unidos, donde surgió el rock n’roll que escuchaban los Beatles y que les influenció a la hora de comenzar a tocar, así como también los movimientos contraculturales, durante el mandato de Lyndon Johnson, reelegido el 3 de noviembre de 1964, se materializó la que probablemente es la etapa de gestión política más progresista de su historia. La aprobación de la Ley de derechos civiles, el desarrollo de las políticas sociales por medio del proyecto de La Gran Sociedad, una amplia y ambiciosa batería de medidas reformistas de inspiración keynesiana, heredera del New Deal de los años 30, la normativa sobre educación garantista de una financiación federal suficiente para las escuelas normales y universidades, la ley sobre el derecho al voto de 1965, que permitió frenar los esfuerzos de los estados del Sur por apartar a la población negra de las urnas, o la creación de los seguros de enfermedad y vejez, y los programas de asistencia sanitaria “Medicare” y “Medicaid”, son ejemplos de aquel modelo de gestión. También en aquellos años surgen los movimientos estudiantiles, inspirados por obras como El hombre unidimensional de Herbert Marcuse, que les otorgaba el rol de nuevo agente de la revolución, una vez neutralizada la clase obrera por la sociedad de consumo, el movimiento feminista y la nueva izquierda americana blanca, que inspirada inicialmente por la lucha por los derechos civiles de la población negra, convirtió la oposición a la Guerra de Vietnam, conforme avanzaba la contienda, en el centro neurálgico de la rebelión. Y en el plano social se produjeron igualmente importantes transformaciones. El impacto de la revolución sexual, introdujo una novedosa concepción hedonista y personalista del sexo, que se tradujo en una concepción liberal de las relaciones de pareja. Como consecuencia, también se transformó el modelo de familia tradicional norteamericana en una institución mucho más diversa y dinámica

 Mientras tanto en Gran Bretaña, donde vivieron y crecieron los Beatles, el 16 de octubre de 1964, Harold Wilson, laborista, con un línea política más a la izquierda que su predecesor en la presidencia del partido, se convirtió en el primer ministro británico. En ningún caso se trataba del programa del partido laborista con el que ganó las elecciones celebradas tras la 2ª Guerra Mundial. Clement Attlee formó gobierno el 27 de julio de 1945 con una batería de medidas como el pleno empleo, la nacionalización de los sectores básicos de la economía, elevación de salarios y la creación de la seguridad social y la sanidad pública. Este programa sufrió una drástica reorientación por la crisis económica. Propició una ruptura dentro de laborismo, de la que surgió “Keep Left Movement”, defensora de la adopción de medidas socialistas, y finalmente llevó al poder a los conservadores del 51 al 64. Este periodo se caracterizó por la recuperación económica y el asentamiento del Estado de bienestar. El gobierno se apropió el modelo laborista y fue girando progresivamente hacia la derecha, con gran apoyo popular por la bonanza económica de aquellos años. Pero el estancamiento económico y social, el anclaje del gobierno en unos valores del pasado, como consecuencia del fin del colonialismo, la preponderancia de Estados Unidos y la Unión Soviética, convertidas en superpotencias, que relegó a Gran Bretaña a potencia de segundo orden, y el desarrollo económico en Europa con la creación de la CECA (CEE), dio una nueva oportunidad al laborismo, ya recompuesto y reorientado a la economía mixta. Durante el gobierno de Wilson se introdujeron reformas legales en un importante número de cuestiones sociales, como la eliminación de la censura, el divorcio, la homosexualidad, la inmigración y el aborto, y la abolición de la pena de muerte.

 Y
 fue en este contexto histórico en el que se lanzó la primera y más exitosa película sobre el fenómeno Beatle. En la película los Beatles nos cuentan dos días en su vida de giras, actuaciones, ruedas de prensa… Aparece un discurso que refleja una primera etapa, una etapa inicial de un movimiento de rebelión juvenil, optimista, desenfadado, prometedor, ciertamente de cierta inconsciencia visto desde una perspectiva actual, propio de un tiempo, de un ambiente socio-cultural en que el cambio parecía posible, arropado por un periodo de paz prolongada y prosperidad económica. El espejismo se verá truncado por la crisis del petróleo de 1973 y las políticas de recortes sociales propias de finales de los años 70 y 80, reflejadas en la eclosión punk, mucho más crítica, descreída, desesperanzada, irónica con la posibilidad real del cambio, como veremos. Así, en la escena inaugural de la película, con la famosa canción que da nombre al film de fondo, presenciamos como los Beatles huyen de hordas de fans enfervorizadas, de camino al tren que les llevará a Londres para la grabación de un programa televisivo, con un tratamiento que transmite energía juvenil, broma, irreverencia y oposición a los valores convencionales vigentes hasta entonces en la sociedad británica.


 Ya acomodados en el compartimento del tren se topan de bruces con ese modelo conservador, en forma de un hombre de unos 50 años, un “businessman” de clase alta. El hombre cierra la ventana, con la queja consiguiente del grupo de jóvenes. A continuación Ringo Starr pone la radio, un programa musical, y el hombre exige que lo apague alegando sus derechos según el reglamento. Paul McCartney replica a su vez “Nosotros somos 4. Somos un colectivo, una mayoría. ¡Viva la clase obrera!”. Expresa con ironía la oposición, el rechazo a los valores convencionales, al conservadurismo, y a la división clasista de la sociedad británica, valores todos ellos obsoletos a los ojos de los jóvenes. En el comentario de Paul se introduce con sarcasmo la idea de colectivo, de clase obrera, cuyos derechos son escuchar música, rock and roll, frente al derecho que reclama el hombre, conservador, de clase superior, y que denota un comportamiento clasista, al terminar añadiendo que se vayan al pasillo, a la parte que es la suya. Al caer la noche, ya en Londres, consiguen escaparse del hotel en el que se debían quedar a contestar cientos de cartas de fans, según estricta indicación de su manager, y se van a una fiesta. La película nos muestra a George, Ringo, John y Paul, con gran naturalidad, bailando al ritmo de I wanna be your man, Don’t bother me y All my loving, bebiendo, fumando, charlando… Divirtiéndose de acuerdo con las nuevas formas de comportamiento y diversión, las nuevas formas de conducirse física y moralmente propias de los jóvenes.
Sin embargo, la complejidad del discurso de la película, la ambivalencia de interpretaciones desde una perspectiva actual, se encuentra igualmente presente. Durante la larga espera entre una grabación y otra, George entra por error en la oficina de producción de la televisión, “Canteen and Production Office”, donde trabajan esos “cazadores de tendencias”, a la busca de las tendencias juveniles para venderlas en un programa dirigido a adolescentes. Allí, creyendo que se trata de uno de sus “colaboradores”, le preguntan sobre ropa para adolescentes, y desconcertados por sus respuestas, caen en la cuenta de que "es auténtico". "Les dije que no manden auténticos, los falsos son más manejables". George califica de “grotis” (grotesques) unas camisas que le enseñan, y el director de la oficina ordena que se apunte esa palabra para Susan. Ante su actitud, el publicista le habla del complejo de inferioridad y de la pérdida de estatus que sentirá cuando no pueda llevar esas camisas.- “Claro que son grotis. Es lo que queréis”-. Y ante el recurrente rechazo de George le amenaza con prescindir de él, a lo que éste responde que le da igual. Le señala que esa actitud no se lleva, lo que se lleva es ser apasionado y de derechas, y también que no conocerá a la referida Susan, “Susan Campey, nuestra adolescente fija. Os encanta. Es vuestro símbolo. Ella impone la moda. Es su profesión”. George la desacredita y el productor, ya absolutamente desquiciado, lo echa de la oficina. Y acto seguido le pregunta a su asistente si el comportamiento que acaban de presenciar no será una nueva tendencia. Finalmente, se convence de que todavía quedan tres semanas para un cambio de tendencia, pero al mismo tiempo acaba decidiendo que vayan preparando la rescisión del contrato a Susan. En esta secuencia, la propia película reflexiona de forma crítica sobre el negocio de las modas para los jóvenes y la manera de venderlas, sobre la cultura del consumo, y la capacidad del sistema capitalista para utilizar la imagen juvenil para vender productos. Por un lado, vemos el rechazo al merchandising que muestra la actitud de George, a la vez que los propios Beatles y todo el fenómeno de fans es un producto para los jóvenes. Finalmente, el cambio y la rebelión en ningún caso pretendían subvertir el paradigma dominante, sino que se acaban enmarcando en la cultura de consumo, como productos para los jóvenes que llenan un nicho de mercado. Los mecanismos de la incipiente industria discográfica se institucionalizaron en aquellos años con gran rapidez, tomaron las riendas de las tendencias juveniles y las domesticaron, con el fin de comercializar productos manufacturados. Las novedades más llamativas de la cultura de los 60 en Gran Bretaña provinieron de la cultura popular y su alianza con los mecanismos de difusión y comercialización de tendencias, movimientos, modas, personajes e imágenes. La riqueza cultural de aquellos años se desarrolló a la vez que los nuevos mecanismos comerciales de difusión.

 El film, el fenómeno Beatle, y el mismo rock and roll, constituyen un producto de la cultura de masas, que otorga protagonismo a la cultura de la clase trabajadora, esa clase obrera, cada vez más asentada económicamente, con posibilidades de ocio y de consumo, que vive un intenso proceso de cambio desde los valores tradicionales de su cultura hacia el reclamo del consumismo. Los agentes, los Beatles, y sus seguidores, los nuevos consumidores de productos de la cultura popular, pertenecen a esas nuevas clases trabajadoras. Los testimonios de los protagonistas en The Beatles Anthology [1] se refieren sin el mínimo atisbo de entusiasmo a los trabajos, como oficinistas, contables o conductores de autobús, los oficios de sus padres, en los que estarían ocupados si no se hubiesen dedicado a la música.

 La ambivalencia
 entre la realidad de la rebelión contra el convencionalismo, y la integración de ese movimiento de rebelión en la cultura dominante, lo podemos rastrear en el testimonio retrospectivo de John Lennon en la antología referida, “cuando hicimos nuestra primera grabación para Granada TV, comenzamos a vendernos”. Y también nos sirve para enlazar con el otro producto fílmico y musical, The Great Rock and Roll Swindle, dedicada al fenómeno de los Sex Pistols, dentro de un movimiento socio-cultural como el punk, mucho más agresivo formalmente, en la que se ironiza sobre este valor contracultural, de cambio y crítica del mismo movimiento punk, ya que nos muestra un manual práctico de la manera de crear una banda de rock exitosa por pasos.

Años 70, eclosión PUNK, la revuelta de la decepción
"The Great Rock'n Roll Swindle" (1980). Julien Temple
La historia de los Sex Pistols

Daily Mirror: "The Filth & the Fury"
The Sex Pistols
December 2, 1976

Sex Pistols en concierto
Getty Images

Sex Pistols: "Anarchy in the UK"

 A finales de los 70 las perspectivas de progreso social de las décadas anteriores habían sufrido una transformación profunda. De aquella era dorada quedaban apenas retazos y un ambiente de profunda conflictividad social. Desde una perspectiva socio-cultural, a finales de los 70 se estaba completando un ciclo, las grandes aspiraciones que alumbraron la década anterior se habían ido desmoronando. La decepción y frustración profunda de aquellos años convulsos derivó en las revueltas mucho más violentas de los años setenta. Todos los ámbitos se radicalizaron. La contracultura, que se iba abriendo paso durante los años sesenta, surgió en estos años de manera mucho más desenfrenada, e incluso violenta. Los años setenta fueron una época de tensión y profunda crisis por la imposibilidad real de integrar los nuevos valores que habían transformado todas las instancias de la vida. Y a todo ello se unió la incertidumbre económica, cuando se empezaron a manifestar los primeros síntomas de la crisis del petróleo de 1973. El sueño de prosperidad eterna parecía estar desvaneciéndose, y con él, otros muchos. Y la reacción neo-conservadora se fue fortaleciendo hasta alcanzar el poder.
En 1979 Margaret Thatcher accedió al número 10 de Downing Street en un contexto de profunda crisis económica, tras un mandato laborista de 4 años que no fue capaz de congregar las voluntades populares frente al drástico deterioro socio-económico. La Dama de Hierro puso en marcha estrictas políticas conservadoras, como la abolición del poder de los sindicatos, la desregularización, especialmente del sector financiero, la flexibilización del mercado laboral, la privatización o cierre de empresas públicas y la eliminación de subsidios a otras. Durante sus primeros años de gobierno, la popularidad de Thatcher declinó notablemente en medio de la recesión y el alto desempleo hasta que la recuperación económica y la victoria en la Guerra de Malvinas en 1982 llevaron a su reelección en 1983. Llevó adelante una férrea política exterior caracterizada por su oposición a la formación de la Unión Europea y un completo alineamiento con la política exterior de Estados Unidos – y la consecuente oposición a la Unión Soviética-, donde, desde el año 1981, ya gobernaba su gran colega el republicano Ronald Reagan.
 Reagan no 
fue menos en la puesta en práctica de las formulaciones neoliberales. Su política económica, entroncada en la llamada economía de la oferta, que se haría famosa bajo el nombre de "reaganomics" se caracterizó igualmente por la desregularización del sistema financiero, por las rebajas substanciales de impuestos y por una línea dura con los sindicatos. En su primer período sobrevivió a un intento de asesinato. Fue reelegido con una gran mayoría en las elecciones de 1984. El segundo período de Reagan estuvo marcado principalmente por asuntos extranjeros, siendo los más importantes el fin de la Guerra Fría, el bombardeo de Libia, y la revelación del Irán-Contras. Previamente el presidente había ordenado un masivo incremento del gasto militar para la lucha estrecha contra la Unión Soviética, dejando atrás la estrategia de la détente. Suya fue aquella descripción apocalíptica del enemigo comunista, como el "imperio del mal". Durante sus mandatos apoyó movimientos anticomunistas en todo el mundo a través de la denominada Doctrina Reagan.

 En
 The Great Rock and Roll Swindle (1980), dirigida por Julien Temple, en forma de documental de ficción, se nos cuenta la acelerada historia de ascensión y caída (1975-1978) de la que es considerada la banda iniciadora del movimiento Punk, los Sex Pistols. Respecto al film, y en contraposición al contexto histórico anterior, en su discurso se abandona cualquier posibilidad de cambio, de renovación de los valores del establishment, en favor de una hiriente y provocadora ironía. A nivel formal, el curso narrativo de este falso documental se desarrolla como una guía práctica de manufactura de una banda de rock and roll por fases (“lessons 1-10”). En la escena inicial una máscara negra, que oculta el rostro del manager de la banda, Malcolm McLaren, se dirige directamente al espectador para diseccionar cuestiones como la elección de los miembros del grupo y las razones que la impulsaron, o su obsesión por que el grupo no compitiera con otras formaciones más asentadas, haciéndoles tocar en lugares poco habituales, como salas de striptease, cárceles o desfiles de moda, y generando de esta manera una curiosidad por el grupo, que quedaba convertido en un material comercial de difícil acceso

https://www.youtube.com/watch?v=q31WY0Aobro

 Entremedias, imágenes de archivo de los conciertos en directo Sex Pistols - Anarchy in the UK Studio Version - YouTube de la banda, durante los cuales surgió aquella irreverente manera de bailar saltando al ritmo del Punk, el “Pogo”, con “Anarchy en the UK” o “Pretty Vacant” de fondo. McLaren, autodenominado creador del fenómeno, continúa su ejercicio de provocación al espectador, señalando que a los jóvenes no les importa la música, sino vestirse de forma rara, o que para conseguir el éxito de un grupo de rock and roll es aconsejable olvidarse de la música y crear una brecha generacional, insistiendo en la idea de la manipulación del grupo con un fin estrictamente comercial.
Sin duda la película adolece de la megalomanía extravagante y posiblemente revanchista de McLaren, que orquestó el film tras el abandono del cantante del grupo Johnny Rotten, y la subsiguiente disolución de los Pistols. De hecho, Rotten fue siempre muy crítico con la visión de la historia de la banda dada por McLaren, y solo aparece en la película en imágenes de archivo, al contrario que el resto de los miembros del grupo, que interpretan seudo personajes, Steve Jones como "The Crook", el bajista Sid Vicious como "The Gimmick" y el batería Paul Cook como "The Tea-Maker”. Justamente por esa impronta del manager del grupo, la película obvia en exceso las circunstancias históricas, las tensiones socio-culturales de la época. Aunque al mismo tiempo representa un producto muy ilustrativo de aquélla. No obstante, para completar el análisis del componente socio-cultural, y como contrapunto, también quisiera recurrir al documental que de nuevo Temple dedicó a la historia de los Sex Pistols en 2001, con el beneplácito del grupo al completo, The Filth and the fury [2], en referencia al famoso titular con el que el Daily Mirror presentó el fenómeno.
McLaren, ataviado con una camiseta donde se lee “Cash for Chaos” continua ahondando en su concepción del rock and roll como negocio de naturaleza fraudulenta, al relatar el comportamiento del grupo con las diferentes compañías discográficas con las que se relacionaron durante sus dos años escasos de existencia. Obtuvieron miles de libras, sin grabar una sola nota en el caso de la discográfica A&M, y apenas cuatro sencillos y un disco, el celebérrimo Never mind the bollocks. Here’s the Sex Pistols, en el conjunto de su carrera. En este capítulo merece una mención especial la larga secuencia en forma de comic que relata la visita del grupo a la sede de la compañía A&M, tras rubricar la firma de un contrato, que terminará poco después. Destrozos por doquier, insubordinación con los dirigentes de la empresa o un encuentro sexual de Steve Jones en el lavabo con una secretaria, componen el retrato provocador de una manera de conducirse y comportarse premeditadamente irreverente.
La película también relata, en un escenario de éxito fulgurante, a la par que una activa oposición al grupo del ala conservadora de la sociedad inglesa, el famoso episodio del concierto que el grupo dio sobre el rio Támesis interpretando “God save the Queen”. La canción, que comienza refiriéndose al régimen fascista que convierte a los británicos en potenciales bombas H, ahonda en realidad en la sensación desesperanzada de los jóvenes en medio de una crisis económica que los condenaba al desempleo y la segregación económica -"No future in England’s dreaming" (No hay futuro en el sueño británico)-. La canción, los Sex Pistols y el mismo movimiento punk se pueden considerar como síntomas de esa falta de perspectivas de futuro en la sociedad británica de finales de los años 70. Con esta canción alcanzaron el número 1 de las listas de éxitos, a la vez que fue censurada en la gran mayoría de las emisoras de radio. Temple, en su documental de 2001, puso especial énfasis en señalar cual era el contexto socio-económico que alumbró el nacimiento del Punk y de los Sex Pistols. La voz en off que nos cuenta esta historia comienza señalando que el partido laborista había hecho muchas promesas, pero muy poca cosa por la clase obrera británica. La clase obrera estaba confundida sobre su propia identidad, sobre quienes eran en realidad. La inmensa mayoría de los jóvenes estaba en paro. Gran Bretaña se encontraba sumida en el caos social, con disturbios diarios. El sector más desfavorecido de la población, la maltratada clase obrera, a la que pertenecían las familias de todos los miembros del grupo, comenzó a revelarse contra el sistema porque éste no funcionaba. “El germen y la semilla de los Sex Pistols surgió de eso”.
La parte final del film relata a su vez la etapa final de la banda, la catastrófica gira norteamericana, el último concierto que dieron en el Winterland Ballroom de San Francisco en medio de la polémica mediática, y al que siguió la deserción de Johnny Rotten, y la escapada a Brasil de Steve Jones y Paul Cook. A partir de ese momento el falso documental que componen Temple y McLaren nos conduce por un confuso tránsito de reflexión sobre el final del grupo y el devenir de cada uno de sus miembros. Steve Jones "The Crook", que ha dedicado sus esfuerzos a investigar las razones del éxito y posterior fracaso del grupo, exhibe una vez más sus aptitudes sexuales, primero con una misteriosa amante oriental mientras ambos cantan “Lonely boy”, y posteriormente con una compañera de butaca en un cine donde se está exhibiendo la historia del grupo de la que él mismo forma parte. También Sid Vicious, que moriría apenas un año después por una sobredosis de heroína, acusado del asesinato unos meses antes de su novia Nancy Spungen [3], aparece interpretando en París, ante un público que más bien encajaría en una representación operística, una versión muy personal de “My way” de Frank Sinatra, que termina con la ejecución de gran parte del respetable. Como despedida, el film, de nuevo en formato comic, con los miembros de la banda enrolados en un barco pirata y los títulos de crédito en marcha, nos dedica una canción de comprometida calificación, en todo caso con un contenido claro, “Masturbándonos en la torre, no había nada más que hacer”.

Rebelión v. cultura dominante

Desde mediados de los años 60, en que los Beatles animaban con cierta candidez al cambio en una sociedad complacida y confiada en su capacidad de progreso, hasta el último tercio de la década siguiente, donde los Sex Pistols escupían repudio, frustración y desvergonzada ironía sobre cualquier posibilidad de mejora para la clase trabajadora, habían sucedido cambios relevantes. Una vez más los cíclicos cambios del sistema capitalista conforman el telón de fondo de una transformación cultural. Porque la rebelión contra la cultura dominante nunca parece haber conseguido trascender su naturaleza económica, colocándonos de nuevo ante la ambivalencia del fenómeno de los movimientos contraculturales, y del rock and roll en particular, en relación con sus efectos sobre la cultura a la que se oponen. Si bien es innegable que el efecto se produce, que acontece una transformación en la cultura de masas, una ruptura con los valores anteriores en la esfera individual y colectiva, que podemos reconocer en la actualidad en nuestras vidas. De manera simultánea somos testigos de la transformación de esas nuevas maneras de vivir y comportarse en productos a disposición para consumir. La contracultura introduce cambios en el sistema moral que la precede, y se constituye en una herencia que ha llegado hasta nosotros y ha modificado nuestros modos de existencia en forma de valores reales contemporáneos. Pero al mismo tiempo nos muestra la capacidad del capitalismo poscontemporáneo, del establishment, de subsumir en su favor las energías de la cultura antagónica, convirtiendo discursos críticos que tratan de presentarse como antisistema, en mercancías. Una vez más, nos acercamos a una nueva embestida de las crisis sistémicas del capitalismo, con nuevas características, pero idénticos perniciosos efectos sociales. En el año 1976 un tabloide británico se preguntaba quienes eran aquellos punks. Yo hoy me pregunto ¿quiénes son los nuevos rebeldes y qué conseguirán esta vez?




[1] The Beatles Anthology by The Beatles, edición en español por Ediciones B, S.A., Barcelona, 2000.
[2] El documental de Temple constituye un material de consulta imprescindible para los interesados en el movimiento Punk y en los Sex Pistols. En él, junto a otros protagonistas destacados en la época, el cantante y compositor del grupo, John Lydon –Johnny Rotten-, que se negó a participar en lo que consideró una completa manipulación de McLaren en 1979-1980, participa activamente en relatar cuales fueron las circunstancias personales, sociales, culturales y creativas que alumbraron un fenómeno cuya influencia en el universo rock and roll ha sido tan relevante.
[3] Para los interesados en una de esas célebres historias de sexo, drogas, rock and roll y muerte, pese a haber sido criticada por algunos de los que más de cerca conocieron la relación, como Johnny Rotten, se puede ver la película Sid and Nancy - Love kills (1986), de Alex Cox, con un transformado Gary Oldman en el papel protagonista.