lunes, 22 de junio de 2026

Dmitri Shostakovich (1906-1975), el pathos ruso entró en mi vida. Reflexión sobre el cerebro musical. Por Francisco Huertas Hernández

Dmitri Shostakovich (1906-1975), el pathos ruso entró en mi vida. Reflexión sobre el cerebro musical. Por Francisco Huertas Hernández



Introducción: Antes del λόγος: el cosmos es μέλος

  ¡Música, música, música, don divino que nos devuelve a lo eterno! La neurociencia ha demostrado que tenemos un cerebro filogenéticamente anterior al lenguaje, al λόγος. Es el cerebro musical (μέλος), el que ama escuchar, la armonía, el ritmo y la melodía. El orden, el pulso y la belleza son primero música, antes que visión, palabra, número o teoría. En la formación de un yo lingüístico hay una matriz anterior, musical. Darwin propuso una hipótesis según la cual una comunicación musical de tonos, ritmos y prosodia afectiva antecedieron al lenguaje verbal. Ese pulso del que habla Andrei Biely en "Kótik Letáyev", la novela donde describe la interpretación del mundo de un niño de tres años, ese pulso del corazón humano, microcosmos del latido del universo, de la música de las esferas celestes que escucharon o creyeron escuchar los filósofos antiguos, los poetas. Entender que la conexión del hombre (el niño) con el cosmos no es verbal sino musical. Un hemisferio derecho preponderante en el bebé que siente el pulso y entonación de la madre. Y todo lo primero es también lo último: en la vejez, en el deterioro neurológico, la capacidad musical, la memoria musical, sobrevive a la pérdida progresiva del lenguaje racional, como pasó en los últimos años de Friedrich Nietzsche, cuando habiendo perdido el habla y la razón, seguía tocando en el piano a Beethoven y a Wagner. 

Dmitri Shostakovich entra en mi vida

 ¡Música, música, música, eterna respiración del Cosmos que nos mantiene vivos en el misterio! Voy a contar, pues esto sí lo recuerdo, cómo entró en mi vida Dmitri Dmitryevich Shostakovich, en una época en que escuchar la música era difícil, pero uno intuía que había cumbres que había que escalar, y ascendiendo a ellas a partir de un nombre, Shostakovich, Shostakovich, Shostakovich, uno podía ser eterno, cuando uno había decidido profesar la religión común a toda la humanidad: la música. 

 La música de Dmitri Shostakovich (1906-1975) llegó por diferentes vías -una enciclopedia que cierto vendedor ambulante dejó en casa unos días, quizás en 1975, el mismo año de la muerte del Maestro; el Segundo Programa de Radio Nacional de España; el libro monumental, de tapas de madera de caoba, "El Mundo de la Música", de Kjell Bloch Sandved, que mi abuela me regaló tras mis oportunos ruegos- y, pronto, se convirtió en el compositor más afín. 

 Y llegó el día en que la música de Shostakovich pasó de las ondas de radio a la sala de conciertos: tuve el privilegio de ver a la Orquesta Filarmónica de Leningrado tocando la Séptima Sinfonía de Shostakovich en 1986, en Murcia. ¡Shostakovich, Leningrado!

 Era primavera, un 19 de mayo de 1986, y la deslumbrante luz entraba por las ventanas del Pabellón deportivo del Colegio de los Hermanos Maristas "La Fuensanta" de la ciudad de Murcia, donde yo estudiaba la carrera de Filosofía y aprendía ruso en la Asociación de Amistad Hispano-Soviética, ¡cuando aún existía la URSS! Juan Reyes Clemente Tovar y un amigo suyo me acompañaban. ¡Esos momentos son de una irrealidad tal: no hay manera de distinguirlos del sueño, porque, con seguridad, en nuestros sueños la música domina a la imagen!

 Y regresó la orquesta rusa. El miércoles 25 de marzo de 1987, mi segundo concierto de Shostakovich. Porque yo no iba a ningún concierto más que a los de Shostakovich. Un programa imbatible, dirigido por Gennadi Rozhdestvensky: el primer concierto de piano de Chaikovsky con Viktorya Postnikova y la Décima Sinfonía de Shostakovich. Creo que, al final, vino otro director en su lugar: ¿Maris Jansons?. El escenario no reunía condiciones ni acústicas ni estéticas: un podio de madera en mitad de un polideportivo del colegio religioso mencionado. La ciudad no tenía otro auditorio en esos años: el Teatro Romea estaba cerrado por reformas. Aún así yo procuraba escuchar en mi interior las notas de esa sinfonía de la que no tenía todavía grabación discográfica. Escuchar las notas antes de que la Filarmónica las tocara, en un rito de identificación espiritual, de fusión cósmica. Si mi miserable vida tenía algún valor, era por participar en la unción de la música, ser un oficiante de la Belleza estremecedora que nos decía lo que el Mundo era, más allá de su apariencia. El muchacho flaco con flequillo que compraba LPs de los Kinks, Vainica Doble y Pata Negra no era como los demás... sentía que la música le llamaba, sufriendo por una lejanía musical que ignoraba, como escribió la madre de Olivier Messiaen, la poetisa Cécile Sauvage (Je souffre d'un lointain musical que j'ignore).
 Lo lejano es lo más profundo, porque no se puede entender: no es sílaba, palabra, idea, es pulso del universo, melodía de Dios, ritmo quizás de una Nada que confirma el Ser: somos para la Música, y nada más.

 ¡Hermanos melómanos, escuchad el pulso de mi recuerdo de Shostakovich, no busquéis el sentido de mis palabras! Ahora no puedo hablar de sus sinfonías, cuartetos y sonatas, de sus óperas, preludios, canciones... siento ese temor y ese temblor... soy viejo, he escuchado mucha música, y puedo deciros que todavía, a pesar de mi oído deteriorado, la Música es la Verdad que late más allá de las estrellas! 

 ¡Hermano Dmitri Shostakovich, danos tu pathos ruso y celeste, que el espíritu que habita en nosotros sea fortalecido por tu música, porque ya estamos cansados de hablar, discutir, porfiar, fracasar en la argumentación y la refutación de la mentira y la maldad, pero necesitamos aún tu sonata para viola y piano opus 147, tu última composición, tu testamento ascético y sobrecogedor!

Francisco Huertas Hernández
22 de junio de 2026


Orquesta Filarmónica de Leningrado. Director: Maris Jansons
Dmitri Dmitryevich Shostakovich: "Sinfonía nº 7. Leningrado"
Asociación Promúsica de Murcia.
Pabellón Hermanos Maristas "La Fuensanta". Lunes 19 de mayo de 1986. Murcia


Orquesta Sinfónica de la URSS. Director: Gennadi Rozhdestvensky / ¿Maris Jansons?
Solista de piano: Viktoria Postnikova.
Pyotr Ilych Chaikovsky: "Concierto para piano y orquesta nº 1".
Dmitri Dmitryevich Shostakovich: "Sinfonía nº 10".
Asociación Promúsica de Murcia.
Pabellón Hermanos Maristas "La Fuensanta". Miércoles 25 de marzo de 1987. Murcia

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que maravilla