"Martín Fierro" de José Hernández (1). Poema épico argentino. El solitario, el canto y el penar. Primera aproximación personal a partir de Subieta y Unamuno. Francisco Huertas Hernández
"Martín Fierro" es la Iliada y la Odisea de la literatura argentina. Libro fundante de una identidad nacional, un héroe popular (gaucho) y un estilo oral (habla gauchesca) cercano al romancero.
En su primera estrofa ya están expuestos los temas del solitario (perseguido), el canto y la pena:
Aquí me pongo a cantar
al compás de la vigüela,
que el hombre que lo desvela
una pena estraordinaria,
como la ave solitaria
con el cantar se consuela
José Rafael Hernández (1834-1886), el autor, menos recordado que su obra, vivió mucho de lo que puso en el poema, aunque su existencia no fue larga. Ángel J. Battistessa señala que tras la muerte de su madre fue llevado a los campos sureños en 1843 y "allí se hizo gaucho". Intervino en campañas militares en la época posterior a la caída de Juan Manuel de Rosas, y trabajó como periodista, militar, taquígrafo del Senado, autor de libelos políticos, maestro de gramática. Abogó en defensa del gaucho y la abolición del servicio militar en la frontera. Tras un exilio, concluyó el poema "El gaucho Martín Fierro" en 1872. El éxito del libro, dio lugar a una segunda parte -al modo del Quijote, con el que guarda notable similitud-: "La vuelta de Martín Fierro" en 1879. Participó ampliamente en política y murió el 21 de septiembre de 1886.
En mi primera aproximación a este libro me haré acompañar por alguno de sus comentaristas insignes.
Don Miguel de Unamuno en 1894 en "La Revista Española" de Madrid dio noticia al lector español de esta reciente creación que apenas había sido ensalzada en la Argentina en 1881 por Pablo Subieta: "Martín Fierro vive en la memoria de todos, y vivirá en las futuras generaciones, porque es el poema más argentino". "Las estrofas en seis versos -dice Subieta- se prestan igualmente al canto rítmico, a la rotundez de los pensamientos y a la variedad de tonos; por eso el gaucho canta esas rapsodias argentinas con interés, entusiasmo, deleite y compunción, como la expresión legítima de sus creencias, de sus necesidades, esperanzas e ilusiones". Subieta deja preparado el terreno a los subsiguientes analistas del canto nacional argentino.
Unamuno inicia así su elogio matizado y marcadamente sesgado hacia la influencia española en el poema de Hernández:
"En la República Argentina ha existido y existe esta poesía del pueblo o del vulgo al lado de la poesía sabia. Desde muy antiguo, desde que hubo gauchos en la Pampa... hubo entre dichos gauchos cantores y tocadores de guitarra, músicos y poetas a la vez, que han lucido y nos han dejado en sus coplas y canciones tesoros de inspiración original y fieles pinturas de la vida nómada que en aquellos campos se hacía. Los poetas de esta clase eran llamados o se llaman payadores, y se cita como las más ilustres entre ellos a Estanislao del Campo, a José Hernández y a Ascasubi".
Pero, ¡oh, avieso autor bilbaíno!, que estas palabras no son de Don Miguel sino de Don Juan Valera en sus "Cartas Americanas", y las usa para enmendar la plana a Valera, ya que a Hernández "no puede llamársele payador".
Unamuno recuerda las once ediciones aparecidas en diez años de "Martín Fierro" (1872-1882), y que los encomios hiperbólicos recibidos, comparándolo con la Divina Comedia, el Quijote, y el Fausto, le predispusieron contra el poema gauchesco. Pero "es una soberana hermosura -concluye Don Miguel-, lo más fresco y más hondamente poético que conozco de la América española...
El amor con que el pueblo argentino le ha acogido, es su mayor consagración. Le llaman el Quijote nacional; corre de pulpería en pulpería y de rancho en rancho, congregándose los pamperos en torno al lector para oír los infortunios de Martín Fierro, acorralado por la civilización argentina, y no hay allí quien no le tenga en sus labios y sobre su corazón"
Pero "¿cómo libro de tan extraordinario éxito en la Argentina, que lleva más de veinte años de vida, apenas se habla de él en España?
Responde Unamuno con una "españolización" exagerada de las virtudes y estilo del gran poema épico argentino. Primero, la necesidad de un "brevísimo" glosario y notas explicativas, "porque los más de sus modismos y términos dialectales son españoles de pura raza, usados aquí por el pueblo, aún cuando no se escriban". Y esto es verdad para todo lector español que haya leído literatura clásica española y tenga más de sesenta años: encontrara en el vocabulario martinfierresco palabras y expresiones conocidas, arcaísmos, modos regionales olvidados.
Sobre los "versos incorrectos", donde se intenta conservar la originalidad del tipo gauchesco (un hombre medio analfabeto) sin herir el oído con desafinaciones, no cabe duda que es un logro inmortal de Hernández: elevar a gran literatura el habla (idealizada) incorrecta del pueblo.
Añade el profesor de Salamanca, que en la original creación hernandiana "se compenetran y como que se funden íntimamente el elemento épico y el lírico".
Luego viene lo de que ""Martín Fierro" es de todo lo hispanoamericano que conozco lo más hondamente español, Me recuerda a las veces nuestros pujantes y bravíos romances populares" porque "la poesía popular y la artística, sabia o erudita, tienen un mismo origen, arrancando, como toda diferencia, la que entre ellas existe, de un fondo común a ambas, y estando colmada con matices intermedios y transiciones", y menciona a "nuestro viejo Poema del Cid".
Concluye Don Miguel: "En la Pampa alienta un pueblo acorralado, es cierto, por la civilización argentina, pero un pueblo total, íntegro, verdadero trasunto de nuestro pueblo español, cuando en éste brotaron los romances populares, y por esto ha podido allí brotar por ministerio de un hombre más culto que los gauchos, José Hernández, un poema popular gauchesco, Martín Fierro..."
Obsérvese que Unamuno soslaya el destino individual del héroe, su tragedia, y la dimensión universal del exiliado en su propia tierra, desplazado por esa "civilización" mecánica, industrial y urbana, que suplantó el modo de vida del campo.
Mi lectura continua del "Martín Fierro" es la de un solitario rebelde, pero viejo, que lee las peripecias de otro solitario rebelde, pero joven. El solitario nace o se hace. El gaucho de la historia de Hernández se hace solitario al convertirse en perseguido. Secuestrado para servir en el ejército en la guerra contra los indios en el fortín fronterizo, maltratado y empobrecido por el incipiente estado argentino, el gaucho deserta y al volver a su lugar no halla ni a su mujer ni a sus hijos. Ha sido despojado de todo. Los conflictos le salen al paso, como determinados por su condición de fugitivo: mata a un negro en una pulpería y, poco después, a un gaucho. Sólo le queda huir sin fin, esconderse, pero la "partida" le alcanza, y en brava lucha con los "milicos" se pone de su parte uno de ellos, ante tamaña injusticia de muchos contra uno: el sargento Cruz, se alía con el fugitivo, y ambos huyen a tierra de indios...
El poeta cuenta la historia de las desgracias de Martín en el canto, porque al cantar se consuela como el ave solitaria... El propio Martín tendrá un duelo de payadores inolvidable en la segunda parte, donde ya se hizo sabio el que partió ignorante... que el mucho sufrir en soledad hace comprender al hombre las verdades más escondidas de la vida.
Continuará sdq
Francisco Huertas Hernández
25 de marzo de 2026
Bibliografía:
- José Isaacson: "Martín Fierro. Cien años de crítica". Editorial Plus Ultra. Buenos Aires. 1986. Artículos de Subieta y Unamuno y otros

1 comentario:
Gracias por esta labor increíble de dar a conocer tantos buenos libros. Alfonso
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