sábado, 21 de marzo de 2026

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (1). El amor doliente. Clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (1). El amor doliente. Un clásico de la literatura persa (s. XII). Francisco Huertas Hernández



 "El mayor poeta lírico de la literatura iraní" en el Siglo de Oro persa (s. XII), Hakim Nezamí Ganjaví, creó el poema amoroso de Leyli (Layla) y Majnún hacia 1188 por encargo de un rey. Como era habitual, se inspiró en un relato popular para componer esta obra poética en la que un amor no realizado es elevado a adoración casi divina por parte del amante (Majnún), cuyo nombre era Qeis, pero, al perder la sensatez, fue conocido como "loco" (poseído por el Maj). 

 La traducción directa del farsi (persa) realizada por Mohammad Kangarani intenta mantener la versificación original, formada por dísticos, en que los hemistiquios de cada verso riman entre sí. El Masnaví es la forma del género narrativo, pues en esta historia de dos amantes separados, Nezamí ha sabido dotar a los personajes  -pareja, padres y amigos- de una psicología compleja. 

 La lectura de este poema narrativo trae muchas evocaciones a un lector occidental: Tristán e Isolda, Romeo y Julieta, el disco "Layla and Other Assorted Love Songs" de Derek and the Dominos, con Eric Clapton enloquecido por el amor de la esposa de su amigo George Harrison... y, sin embargo, la analogía reduccionista que valora una obra de arte oriental en función de sus semejanzas con otra de nuestra cultura es una muestra más del etnocentrismo europeo, una canonicidad excluyente enmascarada en "orientalismo" (visión pintoresca y exótica de lo no heleno-romano-judeo-cristiano), cuando no de epistemicidio (destrucción e invisibilización del arte y la cultura no occidental en las escuelas y el relato histórico). Uno siente el desasosiego de pensar si la superioridad de Homero, Virgilio, Dante y Shakespeare quedaría en discusión si la Revolución Industrial hubiese empezado en India, China o Persia, y con ella el dominio del relato histórico universalista.

 Procederé a un comentario personal de esta magna obra a partir de algunas ideas filosóficas.

 La historia de un joven noble en tierras árabes, contada por un poeta persa, ya islamizado, que ansiaba tener un hijo ("más necesario que el nácar a la concha le era a él tener hijos / igual que el racimo pone su esperanza en el grano"). La abundancia de metáforas vinculadas a la naturaleza coloca al hombre en un plano físico, más que social. ¿Y qué es la vida de quien no engendra vida? Platón en "Banquete", a través de la sacerdotisa Diotima, evocada por Sócrates, insistía en la necesidad de engendrar del ser humano, y más allá de la procreación física, este impulso buscaba engendrar en lo espiritual. Toda la historia de Qeis -el hijo anhelado- es un impulso de engendrar en su alma la imagen de la Belleza y el Bien a partir del recuerdo de la persona amada y perdida. El noble árabe finalmente alcanzó su deseo y engendró a un hijo al que educó con un Preceptor en el Amor y la Amistad: Qeis. El poeta ensalza la belleza de Qeis con metáforas florales ("cuando alcanzó los siete años, / su rostro de lirio se rodeó de violetas"). La flor tiene una relevancia en el mundo árabe y persa, vinculada al Paraíso -palabra de origen persa: "pairidaeza" (باغِ محصور) que significa jardín amurallado-, la rosa representa la belleza divina, aunque también lo efímero y el dolor de las espinas. El pequeño Qeis aprende en una escuela junto a los niños y niñas más sabios, y justo allí conoció a "una muchacha no alcanzada por maldad aún", pulida como la luna, "siempre verde ciprés" (símbolo iranio del árbol paradisiaco, con su hoja verde perenne) para quien la contemplara. Y "con una de sus miradas lánguidas de gacela / mataba un mundo". "Su cabello la noche, su cara la luz". Vemos en la descripción de la casi niña amada la belleza de la flor, la luna, el árbol, el animal, la noche y la luz. La totalidad de lo creado converge en la manifestación de la grandeza del Creador: la belleza pura que hace nacer el amor. Su nombre: Leyli (ليلى, Layla, en árabe significa noche). "De su belleza se enamoró Qeis, que le entregó su corazón / y se quedó el de ella / pues era un amor correspondido / Vino el amor y les sirvió la primera copa / a esos dos seres parejos sellando su destino".

 El amor no correspondido es el amor más inhumano, pues el hombre nació para ser amado desde que sale del vientre de su madre. El hijo en la casa, el niño en la escuela, el amante en el lecho, como el cielo ama el mar que en forma de nube se sacia de ola y de espuma para devolver su caricia en forma de lluvia al mar recostado. Qeis es amado por la esplendorosa y pura Leyli. Pues, ¿de dónde el dolor si los corazones se buscan? Quizás quienes sienten ser los dueños de los corazones infantiles, los padres, decidan como guardianes de esos frutos cosechados por ellos mismos, guardarlos de los vientos. ¡No, padres, cuánto dolor habéis traído al mundo, cortando la flor del amor de vuestros hijos cuando sus ojos y su anhelo pusieron en seres ajenos a vuestra casa, porque los hijos no son vuestros, sino del Amor, y vosotros mismos -padres crueles, egoístas, posesivos- fuistéis fruto del Amor de otros seres, que, antes de unirse y engendraros, eran extraños para sus propios padres, vuestros abuelos! 

 Y cuenta el poeta Hakim Nezamí Ganjaví que mientras los compañeros de estudio hablaban de sus obligaciones, "ellos solo gozaban los instantes de su Amor; / los compañeros eran numerosos, / mas ellos, siendo dos, se sentían inmensos". Siendo dos, se sentían inmensos, es esa "alegría de vivir en los pronombres" que canta Pedro Salinas, en el , en el nosotros, que, sin saber cómo, ni importar tampoco el saberlo, se hace todos, todo, , siempre. El sentimiento oceánico del que habló Romain Rolland (la sensation de l'éternel... et comme océanique) en una carta a Sigmund Freud a propósito de la "sensation religieuse" es justamente amor y adoración y temor y plenitud. Sentirse desbordado, los límites del yo anulados, en una expansión emocional hacia la luz. La sensación (sentimiento) religiosa es amor, como bien han expresado los místicos, un amor fusión con lo infinito. Todos creemos en Dios porque hemos sentido ese desbordamiento del amor. Freud respondió por carta a Rolland que ese sentimiento descrito por el francés no le había dado paz... ¡claro! En el amor no hay paz... hay guerra. Sufrimiento atroz de conquista, derrota, locura y abandono. "Leyli y Majnún" es uno de los poemas más sufrientes que puedan leerse, pues vivir el amor es morir de amor. El fuego devora al que creyó encontrar calor y luz en su llama, pues su acercamiento fue tal que la mariposa se quemó al amar la luz. Lope de Vega, en el siglo XVI-XVII  también lo supo:

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe

 Creer que un cielo en un infierno cabe. ¡Y qué filosófo pudo en tan pocas palabras definir el amor! Nezamí dedica unos versos a la felicidad de la pareja adolescente, a su amor correspondido, con la belleza del cuerpo de Leyli cual la del toranj, y como Lope nos canta, Nezamí dice: "entraron amores y se fue la calma". Las habladurías de la gente -¡oh, el "uno" (das Man) de Martin Heidegger, esa presencia invisible de la opinión pública que exige cómo debemos comportarnos y sentir, esa fuerza ciega de la existencia social, que tiene en la "habladuría" (das Gerede) una de sus manifestaciones!- que supieron de su amor... ¡y la gente siempre odia el amor, y cuanto más puro más lo odia! "Formaron su historia versos incontables / que pronunciaba toda boca que se abria". Ellos querían proteger su secreto. Pero "perdían la razón / cada vez que se veían uno a otro / Porque Qeis, quien solo se ejercitaba en su Amor, enloqueció, / quedó prisionero en el círculo del Amor, / Solo con la vista de su amada se calmaba, / y en ningún otro lugar se hallaba bien. / En hablar sobre su bella amada se deleitaba, / pero aún más esto le desesperaba. / De repente su corazón de pies a cabeza se tambaleó, / el alma se rompió y también se cayó del burro. / Y cuantos lo vieron, / Majnún lo llamaron. / Y con él su cara de tonto / daba razón a sus palabras". El amor priva de la razón, porque saca al amante de sus casillas, de sus límites, y el gran límite del mundo es el lenguaje... cuando se ama ya no se conoce el mundo... solo la amada es el mundo, la totalidad se ha reconfigurado desde el sentimiento oceánico de fusión en el nosotros-mundo. He aquí cómo Qeis se transformó en Majnún (مجنون), loco, poseído por los genios, aquel cuya mente ha sido velada. Esta "locura amorosa" descrita por Nezamí no es patológica, es una embriaguez espiritual, por eso se habla tanto del vino -¡extraño en el Islam!-. La belleza de Leyli trastornó el juicio. En la poesía sufí Majnún es buscador de trascendencia, porque como bien escribió Francisco Huertas Hernández, "fuera del tópico sólo queda la locura". El "tópico" es, por supuesto, el "uno", la opinión pública, la costumbre, lo limitado por el lenguaje y la racionalidad que constriñe la aspiración humana a la trascendencia. La locura, en este sentido, es una enajenación de lo tópicamente raciocinante del mundo para reapropiarse el hombre de su impulso divino que sólo en el Amor nace y vuela. Una vez que Qeis ya no es Qeis sino Majnún toda la habladuría del "das Man", toda la jaula del tópico y la mansedumbre social, se desata contra él. El loco es la mayor amenaza para el cuerdo. ¡Como arremetieron contra Don Quijote los cuerdos, de burlas o de veras! No puede admitirse a quien usa un lenguaje privado porque rompe la base misma de la sociedad: la comunicabilidad de la palabra. Aunque el amor lleve al amante a cantar con palabras, el sentimiento oceánico del amor trascendente, rebasa el logos interno del lenguaje, es metáfora del poder divino. Lo que en el loco da miedo no son sus actos sino lo incomprensible de sus palabras. "De tantas habladurías como ladridos, / del ciervo su cachorro entre las hierbas robaron. / Leyli , porque de Majnún se separó, / lloraba finas perlas por sus ojos. / Majnún, porque el rostro de Leyli no vio, / de cada pestaña le manaba un torrente. / En las calles y en el bazar buscaba, / con lágrimas en sus ojos y llanto en su corazón / ... Él loco estaba, y las gentes / en su cara y a sus espaldas "loco" le llamaban"

... Continuará

Francisco Huertas Hernández
21 de marzo de 2026

1 comentario:

Anónimo dijo...

Extraordinario