viernes, 27 de marzo de 2026

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (4). El estado de Leyli. Belleza y Bien. Gazales mensajeros de amor. El jardín. Francisco Huertas Hernández

Nezamí: "Leyli y Majnún" (لیلی و مجنون) (4). El estado de Leyli. La belleza y el bien. Gazales, mensajeros de amor. El jardín. Francisco Huertas Hernández




 El amor de Majnún por Leyli continuaba con el salvaje retiro extático de él y la enclaustrada pena de ella. La distancia alimenta el amor con llanto e idealización. Qeis se ha transformado en Majnún (loco) por amor. El amor, imposible en la tierra, se realiza en el cielo, en soledad, honrando y cantando a su amada en gazalesEl gran poema lírico persa de Hakim Nezamí (Nizamí) Ganjaví (1141-1204) es una suma de leyendas, historias, meditaciones e imágenes de prístina belleza natural, que ha fecundado la literatura persa a lo largo de los siglos.

 "Cada día era ella más hermosa... / La envidia de la luna por su rostro, / el dolor del corazón del perenne ciprés por su faz" canta el poeta. La mujer ejerce el poder de su belleza sobre el enamorado. Mas sabemos por la experiencia y la literatura que la belleza es verdadera cuando se identifica con la bondad. La belleza interior es la del alma, y esto es lo que ejerce el trastorno absoluto en la conciencia del amante. Si el rostro y la figura despiertan el deseo, éste se eleva a amor cuando se adentra en el alma que ilumina las facciones, porque los ojos son puertas del alma, y el color de la tez, signo de salud y virtud. El mundo miraba a Leyli. Y Nezamí describe la armonía de sus formas. Pero ella quería reunirse con su amado Majnún, con miedo al mal de ojo, a esa envidia tan poderosa que traspasa el aura del envidiado para causar estragos en su arquitectura inestable. Y algo delicado y misterioso trae la leyenda: los gazales que componía Majnún llegaban de boca en boca, de canto en canto, hasta Leyli, siendo el correo más sincero, el más profundo hilo rojo de un corazón a otro. "Todos los rincones de la casa a los que miraba / en sí misma le inspiraban gazales. / Cada niño que venía del bazar / versos recitaba sobre sus asuntos. / Todo aquel que pasaba bajo su terrado / daba a su falta de soledad respuesta... / Versos sobre el estado de ánimo de Majnún / recitaste como perla pulida. / Ella respondió de otro modo, / al fuego que ella oía agua contestó. / Una carta a escondidas con sangre escribió, / un poemilla en él escribiste. / A un caminante la lanzó desde arriba, / dio del jazmín al ciprés un mensaje. / Aquel que recibió esa invitación / en voz alta cantó y empezó a bailar. / Lo llevaste y a aquel desconocido lo entregaste, / que de él palabras no oídas nacieron... / Por medio de este camino van los dos corazones entrelazados, / iban muchos mensajes. / De la canción de estos dos ruiseñores ebrios / el resto de ruiseñores moría de dolor. / Así, por la misma fama que los hizo desdichados / ahora encontraban consuelo, al ser sus poemas / por los demás llevados de uno al otro y al revés". "Sobre el ancho río y la aguda arpa / en una melodía el sonido de esas dos canciones. / De los picos de ellos salían palabras medidas / y de tocar el arpa sonidos profundos. / De la voz de esas dos canciones, / el coro lo formaban los niños de la casa".

 Los gazales mensajeros de amor, circulando a través de las voces de los niños y los viajeros, mantenían los corazones de los enamorados unidos. Que se sepa que los poetas no quieren ser olvidados y por ello se afanan en los instantes, que huyen entre dos nadas, en lanzar sus versos a una posteridad, que, más que fama, les dará el amor, en las manos de lectores, que harán revivir su memoria cuando ellos sean cuerpo disuelto en tierra. Mas sus versos serán viento entre las hojas de los libros que siglos y siglos después refresque y despierte las almas lejanas que aún no han visto la luz mientras el poeta entrega su último aliento en el postrer verso de su mano. Este acto de amor que es escribir, que no se ha valorado en su justa medida. Amor lejano a los lectores no nacidos. Amor a la belleza que tiene el poder de hacer bueno a quien su verdad despliega en el pasar de las hojas del libro amado. ¡Cuánto hay de anhelo eterno y de desesperado grito de soledad en el escribir para el viento de los tiempos! Majnún sólo acaricia a Leyli en los gazales que los niños escucharon en el bazar y trasmitieron de uno a otra como el canto del ruiseñor, mensajeros involuntarios del amor. En la tradición persa, el ruiseñor, amante eterno de la rosa (belleza), en su canto expresa el lamento del amor. Los gazales de Majnún son ese mismo canto de la naturaleza, que no puede silenciarse, el amor atraviesa la barrera de la ley humana, de la distancia. Se hace arte, porque el arte es la manera de seguir amando en el tiempo, y eso bien lo saben los poetas. 

 Y Leyli salió al jardín. Jardín, cárcel de oro, de belleza y nostalgia de lo perdido. Majnún se tortura amando sin consuelo en el desierto, lejos de las flores, pero Leyli, sufre ante la belleza de aves y flores en un jardín, enclaustrada, apartada por sus padres. "Porque salió la flor al campo / la tierra se perfumó como la flor". Nezamí recorre los colores y fragancias del pensil, que adquieren conciencia de su hermosura por la presencia de la más bella criatura, Leyli. "Las flores al verla por besarla se abrían; / nunca vieran otra igual, enamorarla querían". "Leyli y las otras muchachas / fueron al prado apacible". A los árboles hablaba la muchacha triste. "¡Oh ciprés cuyo brote es generoso! / A tu corazón  ardiente le azotó el viento de la ausencia. / ¡Ojalá cruzases la puerta de este jardín / y vinieses y te llevases el dolor de mi corazón!". Y vinieron los gazales por el aire. "Aún no habían volado sus palabras / cuando alguien dejó escapar un sonido. / Un hombre, en gazales, como finas perlas, / cantaba los dichos de Majnún"

 Los lamentos del amante, sus reproches, atraviesan el alma de Leyli. "Leyli escuchó estos gazales / y lloró, y con sus lágrimas rompía las piedras". Su madre salió en su busca, pensando que él ya se ha vuelto loco, y ella, una borracha, y amontona rencor, mas sigue esperando. "Leyli como un tesoro quedó confinada / y era como la luna sobre un tejado. / Sollozaba con suspiros entrecortados, como una presa... / A pesar de su añoranza vivía, / que sin añoranza, ¿cómo puede haber Amor?

 Una visión mística del amor: el amor no como posesión, sino como tensión dolorosa, anhelo inacabable. El fuego ilumina mejor en la distancia. Y el hábito apaga el fuego del corazón, más en los jóvenes que sacian su deseo y carecen de sabiduría. Hay que sufrir para ser sabio, y la privación del goce, como liberación inmediata del deseo, es la vía. El amor siempre en camino, nunca en la meta. Ese camino que es el anhelo del origen divino, pues la capacidad de amar es lo divino que Dios, probablemente, puso en el humano. El saber es un anhelo de regreso al origen, pero el origen mismo es amor. El saber mismo es impulso amoroso hacia lo otro. El amor es motor, el saber sólo vehículo. Y el motor quema la energía para moverse, así el dolor quema para proseguir amando...

Continuará sdq

Francisco Huertas Hernández
27 de marzo de 2026

1 comentario:

Anónimo dijo...

Delicioso escrito. Hugo. Saludos