domingo, 3 de abril de 2022

Diario de Barcelona V. Músicos, méndigos y trileros. Francisco Huertas Hernández. Barcelona (1999-2003). Once upon a time a city. Hi havia una vegada una ciutat (2). Street Artists

Diario de Barcelona V. Julio 2001.
Músicos, "estatuas", méndigos y trileros.
Barcelona (1999-2003). Once upon a time a city. Hi havia una vegada una ciutat (2) - Street Artists.
Francisco Huertas Hernández


Un Mozart blanquecino toca el piano en las Ramblas ante la mirada curiosa de los transeúntes
Barcelona. 2000
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández


Un músico callejero interprete bop en Portal de l'Àngel
Barcelona. Julio 2001
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández

Un clochard en Plaça Catalunya, con su conejo y sus enseres
Barcelona. Julio 2001
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández

La folclórica de las Ramblas, una imitadora de Estrellita Castro, siempre con su radiocassette
Barcelona. Julio 2001
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández
Viendo una y otra vez estas imágenes de cámara con carrete analógico de un mundo anterior a internet uno es consciente del devenir, esa "río" inapresable del tiempo del que escribió Heráclito.
Amparito de Granada. Esta señora, la Estrellita Castro de las Ramblas, con su radiocasete, ya desapareció hace años.
Ramblas. Barcelona. Julio 2001.
"Aquesta antiga vedet del Paral·lel, nascuda a l'Hospitalet, va amenitzar la Rambla dels Estudis en l'època crepuscular de la seva vida: amb quasi vuitanta anys, encara oferia la seva visió, entre apocalíptica i pop, del que era una 'bailaora'. La seva participació al programa 'Fotomatón' de BTV la va convertir en un petit fenomen de masses pre-2.0. Ella va ser l'últim exponent d'una nissaga de personatges que connecta amb La Monyos. Va morir l'abril del 2014, als 81 anys" 
Fotografía: Francisco Huertas Hernández



Las "estatuas" y los viandantes en las Ramblas
Barcelona. 2000
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández


Las "estatuas" callejeras se hicieron muy populares en el cambio de siglo. Barcelona fue la capital mundial: aquí un músico oferente ante el Liceu en las Ramblas
Barcelona. Julio 2001
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández


Las "estatuas" callejeras se hicieron muy populares en el cambio de siglo. Barcelona fue la capital mundial: aquí un soldado romano metalizado en las Ramblas
Barcelona. Julio 2001
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández





Las "estatuas" callejeras se hicieron muy populares en el cambio de siglo. Barcelona fue la capital mundial: aquí varios ejemplos, tanto blancos como metalizados, en las Ramblas, la calle más bella del mundo
Barcelona. Julio 2001
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández


Músicos en las Ramblas: folclore andino o música clásica de cámara
Barcelona. Julio 2001
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández









Músicos "callejeros" de diversos estilos: flamenco, folk, jazz, boogie-woogie
Plaça del Pi, Plaça Josep Oriol, Plaça de la Catedral, Ramblas
Barcelona. 2000
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández

Barcelona, viernes 13 de julio de 2001

 Hay un tipo rubio, como danés, que toca un saxo tenor en la Plaza de Catalunya. Toca be bop, una improvisación continua, áspera, extraña. Algo que no intenta agradar al público. Y lo consigue. Jamás nadie se para a escucharle. En Barcelona hay tipos así. Cerca de él, hacia el lado de Marks & Spencer, se suele colocar un mendigo de aspecto clásico, con barba y harapos, que tiene un conejo blanco en una jaula y una bolsa de zanahorias. Lleva un carrito con su casa a cuestas. A veces, ya cada vez menos, aparece por la Rambla la vieja poeta pordiosera alemana; se ha quedado medio inválida, se apoya con dificultad en unas muletas. También está la vieja de traje de faralaes, imitadora de Estrellita Castro, aunque no canta ni baila. Es como una reliquia de una Barcelona que desaparece. Los que abundan son los “estatuas”, mimos inmóviles, de blanco o metalizados, que llenan la parte alta de las Ramblas. Hay un patético Charlot y estatuas cortadas por el viento en un movimiento congelado. Hay hippies que tocan sus guitarras por las terrazas. Y tipos con marionetas. De éstos, los más especiales son la pareja que recrea a los Beatles de la primera época. Son geniales. George hace solos, Ringo aporrea con fuerza los timbales, John y Paul cantan. Los bebés, los niños más pequeños, se quedan embelesados. Los Beatles siempre hipnotizaron a los niños. De ahí su fuerza. Ayer vi un faquir, un tipo como salido del Barrio Chino, pequeño, enjuto, comía cuchillas, se acostaba en cristales rotos y en una cama de púas, se metía puñales en la boca. Era tremendo. Hoy he visto una pareja, como de rusos, que hacían magia. Él la colocó horizontal, apoyada sobre una sola varita su cabeza rubia, y quedó suspendida en el aire, levitando, y, entonces, pasó un aro a través de todo su cuerpo desde los pies a la cabeza. Luego la hizo volver en sí, la despertó, y la bella eslava hipnotizada saludó aturdida al público. Los trileros no me resultan simpáticos. Son delincuentes. Pero siempre andan por las Ramblas, por la Plaza de Catalunya. Hay muchos músicos sudamericanos. Bailarines de tango. De éstos, hay como una compañía, que creo tienen una academia. Son buenos, aunque los hay mejores. He estado por la Plaza Real. En la esquina con la Rambla he creído reconocer un pequeño ratero marroquí, al acecho, apoyado en la pared y atento al turista desprevenido. Hay que tener cuidado porque creo que utilizan la técnica del estrangulamiento. No tengo excesivo miedo. Yo no parezco un turista. Voy casi como un mendigo. Todo esto y mucho más se ve y se oye entre las Ramblas, la Plaça de Catalunya y el Portal de l`Àngel. En el Barri Gòtic hay más. Allí hay incluso tenores. Barcelona es una fiesta y ninguno de los miles y miles de turistas que la abarrotan encontrará motivo de aburrimiento. Entre los turistas se ven grupos de pakistaníes, que pasean, miran, o esperan. Viven ahí mismo, en el Raval, que parece casi un barrio asiático de Londres. Me gusta esto. El cosmopolitismo de Barcelona, es, en esta zona del centro, casi superior al de París o Londres. A veces pasan sijs. Creo que los que llevan turbante y barba son del Punjab, del norte de la India. Es muy interesante.

 Ayer fui a “Pastis”, el café francés de Barcelona. Todo en él es chanson y París, desde las bebidas a los Gauloises o Gitanes, y, por supuesto, las fotos y la música de los grandes chansonniers. Ayer escuché a Brel, Montand, Piaf, Mouloudji, Moustaki, Gainsbourg. Lo increíble es la zona donde está este local mítico. La calle Santa Mónica, estrecha y oscura, es calle de travestis, de viejos travestis. Era casi un paisaje de película. El Barrio Chino que se resiste a desaparecer, en la misma esquina de las Ramblas. No sé por qué, pero todo en esta ciudad es onírico, paisajes de un sueño. Desde el Passeig de Gràcia, modernista y elegante hasta la impertinencia, a la imposible vida arrastrada de mendigos, hippies, travestis, hetairas, que deambulan por el Raval. El puente entre la burguesía y los bajos fondos lo establecen los comerciantes e industriosos pakistaníes e hindúes, con sus tiendas, supermercados y restaurantes. Ellos son la nueva Barcelona que nace ahora

Francisco Huertas Hernández
Barcelona, viernes 13 de julio de 2001

Pintores y "caricaturistas" en la Rambla de Santa Mónica
Barcelona. 2000
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández


"Sardanistas" el domingo en la mañana soleada de invierno en la Plaça de la Catedral
Barcelona. 2000
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández


Bailando tango en la Plaça de la Catedral
Barcelona. 2000
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández

El "tenor" junto a la Catedral
Barcelona. 2000
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández

Marionetas en las Ramblas: la rana Gustavo junto al Teatro Poliorama
Barcelona. 2000
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández

Marionetas en Portal de l'Àngel: Louis Armstrong y un coro
Barcelona. 2000
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández

Marionetas
Barcelona. 2002
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández

Marionetas en Portal de l'Àngel: The Beatles
Barcelona. 2002
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández





El "faquir" del Barrio Chino en las Ramblas. Observen a los niños hipnotizados
Barcelona. Julio 2001
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández



"Ilusionistas" en las Ramblas: "levitación", la mujer "suspendida" en el aire como ave de las esferas celestes
Barcelona. Julio 2001
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández

Sijs en las Ramblas
Barcelona. Julio 2002
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández

El "Maradona" de las Ramblas, Joan Sabaté, que podía dar 16000 toques a la bola, cerca de la Fuente de Canaletas, donde el Barça celebra sus triunfos. Se retiró en 2008 tras 20 años. Con él una Barcelona mítica desapareció
Barcelona. Julio 2002
Foto analógica (Minolta/Kodak Ultra 400) de Francisco Huertas Hernández

sábado, 2 de abril de 2022

Carta de los muros y los puentes. Francisco Huertas Hernández. Ávila, 12 julio 1999. Intimidad y trascendencia. Del yo ensimismado al nosotros a través del amor. Arquitectura y moralidad. El vino

Carta de los muros y los puentes
Francisco Huertas Hernández. Ávila, 12 julio 1999

Intimidad & Trascendencia
Del yo ensimismado al nosotros a través del amor
Arquitectura & Moralidad
El vino

Puente romano y Muralla
Ávila
Fotonazos

Puentecillas. Río Carrión
Palencia
Abril 1997
Foto de Francisco Huertas Hernández

"De origen romano, su trazado responde a las exigencias de comunicación de la ciudad de Pallantia y se constituye como enclave primordial en el desarrollo de las redes viarias y comerciales desde época vaccea hasta los inicios del siglo XX. Su construcción permitió el paso desde la ciudad hasta la isla natural del Carrión ocupada desde tiempos inmemoriales por el Parque del Sotillo de los Canónigos.
Su fábrica actual está muy alterada, objeto de innumerables transformaciones desde el siglo XI. La mayor reforma se llevó a cabo en el siglo XVI que definió las líneas actuales del puente e hizo desaparecer gran parte de los vestigios del puente romano" (Wikipedia)

Los puentes de Palencia son parte de mi infancia, y están presentes en esta carta castellana. El "otro lado", el "lado salvaje", se preserva bastante bien en Palencia: apenas se ha construido. Si John Lennon grabó el LP "Walls & Bridges" en 1974 fue para "cruzar" él mismo desde el abandono de la infancia a la reconciliación amorosa con Yoko. Los "muros" son nuestras "defensas", nuestros "miedos"...


Ávila, 12 de julio de 1999

 Q. W:

 Antes de nada te pido que no rompas esta carta sin leerla al menos. Me resulta difícil encontrar el tono adecuado dada la naturaleza de nuestra amistad, pero, en todo caso, me disculpo si en algo te he ofendido. Me expresaré en párrafo único porque me resulta más cómodo y parecido a la vida. He venido a hacer un curso. Pensaba hace meses que quizá vendrías tú también. Es interesante, pero, sobre todo, útil, y esa utilidad te sería mayor a ti para la oposición, el concurso y todo lo demás. Ha estado lloviendo y ha hecho algo de frío. Ahora, desde aquí, veo la fábrica de chocolates Caty, el parque de San Antonio y el Seminario. He descubierto una buena película, que, cuando recibas esta carta, ya habré visto, pero todavía no la han puesto ni en Ávila ni en Valladolid. Y, estoy seguro de que esta película te va a gustar, ya que el director -no sé cómo se llama- lleva una camiseta de Los Enemigos, y, éstos han hecho la banda sonora, con Raimundo Amador. El film se titula: “Se buscan Full Montys”, y por lo que he visto en la tele está muy bien. Cuando la veas di que fui yo quien te la recomendó. Me he bebido una botella de vino comiendo, y, en el curso, por la tarde, eructaba discretamente mientras escuchaba una conferencia sobre el ideal de la cultura, a cargo de un tal Javier San Martín. Mis sueños, de noche, siguen abismándose en el trabajo, aunque yo no quiera, pero este año ha sido muy duro. He pedido ya centro para el próximo curso (...) Yo sólo quiero vivir, luego, quizá, investigar. Mi tema es la esencia de la risa, ya sabes. Pero no creo que nunca consiga hacer nada serio. Mañana iré al Estudio del Pintor, y al Adarve, y al fantástico Delicatessen, que te encantaría, porque entras y hay un recibidor grande, vacío, y miras al techo y hay un salón colgando, al revés, con sus muebles, sofá, lámparas, todo clavado, es decir, invertido. Es fantástico. En Alicante no existe nada parecido. Luis y yo íbamos a veces. Pasa un tren con coches. Cae la noche. Ávila no te gustaría. Lo sé. Como no te gusta Brel ni Mahler ni la bossa-nova. Pero, qué importa. Viva la diferencia. Una noche vinieron de Palencia a verme a Ávila, hace unos años, unos cuantos amigos. Fueron al (Hostal) Rey Niño (que ha cerrado) y luego cenamos en un chino. Se reían de la ciudad: tiene gracia que unos palentinos se rían de una ciudad tan afín. Yo decía que me identificaba con Ávila. En esa época quería comprarme una casa de piedra cerca de la muralla. Es que ves la muralla y eres otra persona. Es algo que no se puede escribir ni explicar. Desde la Universidad se ve, a lo lejos, la muralla, y sientes una emoción indescriptible. Sientes que el tiempo es otro, no sé. Una tarde, en Palencia, tuve una intuición filosófica: “Arquitectura y moralidad”. Escribí dos páginas. Era genial pero sin pulir. Luego fuimos a beber Cigales y me olvidé. Pero la idea era que la arquitectura depende del vector tiempo, ¡no! !No; no!: espacio. Eso. Que la arquitectura es la organización del espacio, pero fracasa porque la dimensión espacial está sujeta al tiempo, y la moralidad es la categorización vital del tiempo humano (el único) Bueno, no me acuerdo. No era así. Era más bien lo contrario. El caso es que la muralla tiene puertas. Y está el río. Y hay puentes. O sea: Walls and Bridges (Muros y puentes) La gran METÁFORA de la vida humana, de las relaciones humanas. ¡Hay tan pocos puentes! Los muros son necesarios porque defienden a las personas de las agresiones externas, de los ataques, invasiones, asedios, asaltos. La Gran Muralla abulense testimonia la fragilidad de la convivencia. Pero, luego están los puentes: el de San Francisco. El puente te lleva más allá, a los otros, cruzas el mar, el río, el abismo. El puente es el triunfo máximo de la Arquitectura. Mierda, la ingeniería no crea los puentes. El puente sólo lo crea el amor. Por eso, la Arquitectura y la Música son importantes, porque son los PUENTES que el AMOR traza para que podamos llegar más allá. Una tarde de mayo, Z. y yo intentamos cruzar un puente en Cuenca, ese que se levanta sobre un abismo. Como tenemos vértigo dimos media vuelta. Creo que fue sintomático. También las matemáticas crean puentes, como los números imaginarios, y la geometría. Si algún maldito ser humano entendiese mi libro vería todo esto. Las personas son complejas y suelen ser proteicas, polimorfas, es decir: muro y puente a la vez. Yo soy muro con H, pero contigo soy más puente. Tú, que eres puente cordial, no lo eres siempre. También los puentes se cierran al tránsito con las nevadas y la guerra los destruye. Cuando la OTAN destruyó el puente de Novi-Sad, sentí que tú nunca estarías al otro lado, que yo no podría cruzar el Danubio o lo que fuera. Pero los puentes humanos: los sentimientos, no tienen la solidez de la mampostería, y se caen, y nos hundimos en el Vístula. Horacio y la Maga se buscaban en los puentes sobre el Sena. Traveler y Talita, es decir, Traveler, quería soñar el mismo sueño que ella y nunca lo consiguió. ¡Qué raro es el sueño: hace muros de los puentes y puentes de los muros! No sé si te aburro. Si te aburro es que me odias, o, quizá, que esto te parecen pamplinas, gilipolleces, bobadas. Pero tú sabes ser puente. Tú te sabes todos los puentes, los del Este. Tú eres una chica del Este, de más allá del Vinalopó, del Danubio, del Vístula, del Neva. Y la arquitectura etílica, la gran tradición ontológica de Occidente, en la búsqueda del puente que una a los seres, que rompa todos los muros. El vino, el gran puente de la cultura occidental. En realidad, la arquitectura (toda ella: desde la así llamada a la música, las matemáticas, el alcohol) busca la aniquilación del espacio. Sí. Sólo yo me he dado cuenta. La verdadera arquitectura que crea el amor y los puentes sólo se conforma con la eternidad. La verdadera arquitectura es el Cosmos Noetós platónico, es la sustanciación poética y ontológica de los pronombres en la poesía de Salinas. La verdadera arquitectura crea el viaje, la experiencia del Quijote, la aventura. ¿Qué es el viaje si no un puente? No algo meramente espacial, sino en su dimensión de experiencia del tiempo. La arquitectura es sagrada, W. Yo quería ser Arquitecto, pero no valía. Era inútil. Juan Benet, que era ingeniero y andaba cerca de la arquitectura, escribió “Nunca llegarás a nada”. Bueno, ese es mi lema. O sea: mi vida. ¿El sexo es el único puente? ¿el único viaje? ¿la única aventura? Creo que una vez dijiste algo así. Vaya, sería un fisiologismo algo radical. Bukowski o algo así. Me resulta bukowskiano, W. Yo sólo pensaba en una vida tipo Bukowski, pero era para no tener una vida tipo Pessoa. No sé si recuerdas que mi horizonte es la eternidad, ese puente infinito, musical y geométrico. Nadie lo entiende, pero si vivo más tiempo los puentes deberían ser siempre firmes, porque la bondad es un puente indestructible y siempre franco. Puente franco. El puente une lo diferente, el puente es puerto y es faro, abriga de las tormentas. Uno camina solo, hecho granito (un muro de granito) y va y se encuentra con el puente de la bahía de San Francisco, y sabe que al otro lado está la felicidad, pero, ¿qué precio hay que pagar? Ahora sé que los puentes unen a los pueblos y permiten bailar y cantar en distintas lenguas sobre el salvaje río. Los puentes de Madison, el puente sobre el río Kwai, el Golden Gate. Bueno, ya ves, lo he conseguido. He escrito una carta que no es cursi ni boba, que no es una colección de anécdotas veraniegas insulsas, que no es un ejercicio de masoquismo autocompasivo, que no es un recuerdo de lo que vivimos, que no es una carta pedante, que no es paternalista ni desvalida, que no es ridícula ni osada, que no es hermosa ni original. Es una carta puenteada, roja (somos de izquierdas y la sangre nos puede más que las neuronas) y cordial (el corazón es rojo) Por eso, si has llegado hasta aquí en su lectura lo celebro, porque mi corazón me dice que tu impulso es romper la carta. Mañana beberé más vino y te mandaré una postal de la muralla para que veas. Bien, ahora debo dormir. Los trenes pasan. Es medianoche. Heidegger vuela en el aire. Estoy en mi tierra y eso me reconforta. Este cielo, este suelo, estos árboles, estos ríos, estos viejos jugando a la petanca, esta paz, estos días felices y este sol de la infancia, incluso estos recuerdos que me persiguen como Philip Marlowe. Es medianoche. Heidegger vuela en el aire...

Recibe un saludo    

Pont
Lyon
5 janvier 2014
Photo: Francisco Huertas Hernández

domingo, 27 de marzo de 2022

El amor en guerra (Relato). Carmen Parra López

El amor en guerra (Relato)
Carmen Parra López

"Les Femmes de l'ombre" (2008). Jean-Paul Salomé
Louise Desfontaines (Sophie Marceau)
Un film francés sobre la Segunda Guerra Mundial protagonizado por Sophie Marceau que encarna a una combatiente de la resistencia francesa (Louise Desfontaines). Tras perder a su marido se une a una misión para rescatar a un espía británico. El comando formado solo por mujeres -Gaëlle (Déborah François) una química del ejército francés en el exilio, especialista en explosivos, Jeanne (Julie Depardieu) una prostituta condenada a muerte por asesinato y Suzy (Marie Gillain) una bailarina de cabaret-. El geólogo británico al que deben liberar participa en la planificación del desembarco aliado en Normandía

 Isabelle acudió deprisa a la iglesia, si realmente estaba pasando lo que se contaba, allí se enteraría. Eran las nueve de la mañana, las nubes cubrían los cielos de Normandía y el aire traía un fuerte olor a salitre y agua. Nada más llegar a la entrada principal se le acercó Marie, la panadera. Temblorosa tomó su mano y entre sonrisas algo miedosas exclamó:

― ¡Es cierto! ¡Lo que dicen es verdad! ¡De madrugada han desembarcado en la costa de Saint-Laurent y en otros pueblos cercanos!, nos liberarán pronto.

 Una nota de miedo atroz se mezcló con otra de vaga esperanza. Si era así tal vez en unos meses su país sería libre, su pueblo volvería a ser como antes, la situación que había descabalado su vida volvería al cauce de normalidad de hacía años. Pero aquel deseo frenético por la libertad y la paz se mezclaba con el temor de perder a Heinz, ¿qué pasaría entonces si las fuerzas aliadas entraban en Francia y le hacían prisionero? ¿Le ejecutarían? ¿O tendría que escapar a Alemania sin ella? No, no, aquello no era posible.

 Delante del corrillo que se había formado pasó un joven en bicicleta y anunció en voz baja la necesidad de hacerse con víveres ya que parecía que durante las siguientes jornadas habría que ponerse a cubierto de posibles ofensivas aliadas y germanas. Las mujeres corrieron entonces hacia la panadería, los hombres miraban el cielo gris como si la respuesta a todo estuviese allí. Isabelle apuró su paso, dejó tras de sí la mole de la catedral y pasó rauda bajo la bandera con la cruz gamada que presidía el ayuntamiento. No había rastro de ningún soldado alemán, parecían haberse esfumado, pero ella sabía que no era así, tenían sus escondites, sus lugares de reunión donde tomaban las decisiones y adonde llegaban las órdenes de Berlín. Heinz sospechaba que algo pasaría en esas fechas pero confiaba en la astucia de sus superiores y sobre todo en la reacción efectiva y grandilocuente con la que Hitler volvería a asombrar al mundo. Su Führer nunca sería sorprendido por una manada de soldados americanos y europeos.

 Una lluvia suave comenzó a mojar los adoquines de la calzada justo en el momento en que entró en su casa. Cerró la puerta y estuvo un momento apoyada contra ella pensando qué hacer. Subió al dormitorio y respiró al ver que las cosas de Heinz seguían allí. Su cuchilla de afeitar, su brocha vieja y desgastada. El uniforme de repuesto de la “17ª División de Granaderos Acorazados de la SS Gotz von Berlinchingen”. Vivían juntos desde hacía un año. Algunos vecinos le retiraron la palabra, otros simplemente optaron por la indiferencia. Tenían suficiente con procurar sobrevivir en esos tiempos. Sus padres murieron siendo ella pequeña y vivió con una tía hasta su muerte hacía dos años, entonces se quedó en aquella pequeña vivienda de dos pisos con su jardín repleto de hortensias, y encontró trabajo como camarera en el bar del señor Hinault. Cuando la ocupación fue un hecho ella no entendió aquello, sólo sintió dolor de ver cómo eran tratados algunos vecinos, la tristeza que se apoderó de los ciudadanos, sus costumbres violadas, su historia pisoteada y su vida rural, vulgar y tranquila, alterada de la noche a la mañana. Pero pronto se acomodó a la nueva situación. Sin casi estudios ni formación no sabía el alcance de aquellos acontecimientos.

 Una tarde un muchacho rubio con unos ojos azules enormes, con una gorra de plato militar calada hasta las cejas y embutido en un abrigo gris hasta los pies, entró en el bar. Sus botas negras y relucientes hacían temblar el suelo a cada paso.

― Grüb gott Fräulein. Un Calvados, bitte.

 Isabelle entendió solo la parte en que le pedía la bebida, así que se dispuso a prepararla mientras el resto de los clientes miraban con cierto temor a aquel joven y enérgico soldado. Él encendió un cigarro y se volvió hacia la puerta mientras expulsaba el humo por su boca con cierta arrogancia. La insignia nazi brillaba en su solapa.

― Aquí tiene ― Isabelle puso sobre la barra de madera el vasito con el licor dorado.

― Gracias.

Sus miradas se mantuvieron un instante, aquella luz azul que emanaban sus ojos dejó a Isabelle sin respiración, supo entonces que su destino estaría siempre ligado a él. La juventud de ella, sus ojos negros vivarachos y ese pelo largo y marrón recogido siempre en un moño coqueto adornaban un cuerpo pequeño y bonito, era la estampa de la dulzura y la candidez. La visita al bar se repitió con frecuencia matemática día tras día, una tarde la esperó a la salida y conversaron largamente intentando salvar la dificultad del idioma. La atrocidad de la guerra, de la ocupación injusta, no tenía para ella ninguna importancia. El amor se había abierto hueco entre el dolor de aquellos momentos inciertos. Las gentes del pueblo hablaban a sus espaldas, murmuraban a su paso, incluso el señor Hinault estuvo a punto de despedirla pero sopesó las circunstancias y prefirió mantenerla allí que sufrir en carne propia cualquier deseo de venganza por parte de los alemanes. Entonces ella, desde sus inocentes 20 años dio un paso atrevido y desafiante con todo y todos, le invitó a vivir en su casa, a compartir aquel cariño y aquella pasión mutua. Cuando llegaba del cuartel ella era su reposo, su hogar lejos de su tierra. No le temió nunca, era cariñoso, respetuoso y atento. El tiempo pasaba y la ocupación parecía no tener fin, eso la tranquilizaba, pensaba que tal vez la situación se hiciese definitiva y sus vidas siguiesen así hasta el final y aquello se formalizase de alguna forma. Pero ahora… si las fuerzas aliadas habían llegado... todo cambiaría. Se tumbó en la cama abrazada a la chaqueta gris del soldado, cerró los ojos.

― Isabelle, cariño. Vamos, prepara tu maleta. Nos marchamos a Baviera.- Heinz acariciaba su mejilla con suavidad, susurrándole al oído.

 Isabelle sonrió y besó sus labios. Baviera. Él siempre hablaba de su tierra con emoción, de sus campos, sus granjas con sus tejados de teja a dos aguas y sus fachadas con entramados de madera.

― Venga, date prisa. Nos llevarán hasta Orleáns y allí tomaremos el tren. Dejamos tu país, pero volveremos cuando nuestro ejército haya normalizado todo.

Han dicho que el desembarco ha llegado, que se han enviado multitud de unidades por mar y aire.

― No hagas caso, Berlín esperaba algo así, estamos preparados. Les sorprenderemos con nuestra respuesta.

 Recogieron unas cuantas ropas, lo más necesario. Isabelle cerró las ventanas con sus postigos de madera y aseguró la entrada. Guardó sus llaves para cuando volviesen. Atravesaron el pueblo bajo el agua que caía cada vez con más fuerza, otros soldados iban y venían. Miró la panadería, vio a la señora Atieul apoyada en la puerta. El bar estaba cerrado, era temprano aún. Nada parecía haber pasado respecto al día anterior, si ese ataque se había producido, debía haber sido un fracaso.

 Entraron en el Ayuntamiento y les condujeron con rapidez a un patio posterior, allí esperó intranquila.

― Espera aquí, ahora vuelvo ― Heinz besó su frente y la miró fijamente. Ella sonrió confiada.

 Todos la miraban, colocó un poco su pelo, y sacó su barra de labios del bolso para retocarse el color frente al espejito que llevaba y que temblaba entre sus dedos. Pasó bastante tiempo y no había rastro de Heinz, se cobijó bajo un voladizo y se sentó sobre su maleta y cruzó sus brazos sobre la chaqueta de punto, aquel 6 de junio venía de mal talante. Dieron las doce en el reloj de la fachada. Se levantó inquieta, entró a una sala grande y oscura llena de mapas, paneles con cables que, supuso, estaciones de radio y papeles revueltos sobre una gran mesa. Un oficial hablaba en alemán con voz estridente a alguien a través del teléfono. Otro entró en ese momento.

― Bitte, por favor, señor ¿Está Heinz por aquí? ― le preguntó poniendo su mano sobre la manga del militar

 Este la miró con asco y soltó su manga inmediatamente.

― ¿De qué me habla?, suelte.

― Perdón. Heinz, el oficial Heinz von Wilhengof.

― A estas horas debe estar llegando a su destino, no puedo facilitarle datos Fräulein, estamos en guerra ¿sabe linda muchachita francesa? ― le contestó el otro pellizcándole una mejilla y riendo.

 Isabelle no entendía nada. Salió al patio de nuevo y cogió la maleta. Le temblaban las piernas, volver a su casa no sería la solución, ¿qué haría ella sola ahora? Sus vecinos sabían que había vivido con un soldado alemán, si se perdía la guerra ¿cómo actuarían con ella? ¿La considerarían una traidora? Gimió temblorosa, corría por el empedrado atravesando de nuevo las calles vacías y resbaladizas. Entonces oyó un ruido atronador que provenía del cielo, miró y vio pasar al menos diez aviones sobrevolando a baja altura el pueblo, pudo distinguir que no eran de la Luftwaffe, serían americanos o canadienses o británicos. Esperó, con la sangre helada en las venas, y escuchó una ráfaga de ametralladora, y luego otra y la sirena desde el campanario avisando del peligro. Sintió de nuevo un silbido cercano y la tierra se abrió bajo sus pies, una explosión enorme sacudió la calle y los adoquines volaron en todas direcciones cayendo con golpes secos de nuevo al suelo. Isabelle quedó sepultada entre una humareda de polvo, tierra y sangre.

― Isabelle, Isabelle ¡mírame, mírame! ― Heinz zarandeaba a la joven, sumida en un estado de shock -¿qué te ocurre?

 Parpadeó con dificultad, sintió los ojos secos y doloridos. ¿Qué pasaba?

― Heinz, Heinz, cariño ¿qué haces aquí? ¿Qué ocurre? ¿Qué demonios pasa hoy?

― Parecías ausente mirando el techo. No llores, tranquila, van a evacuarnos de aquí, tenemos que marcharnos a Orleáns y de allí iremos a Baviera. Vamos, coge lo más necesario, pero no tengas miedo. Todo se solucionará.

 Isabelle sintió una arcada en su estómago. Respiró jadeante y tragó saliva. Aquellas palabras, aquellas órdenes, ¿eran realidad o lo había vivido antes? Miró a través de la ventana, vio cómo la gente iba y venía, los muchachos en bicicleta atravesaban las calles raudos, las mujeres llevaban a sus hijos fuertemente agarrados. Vehículos todo-terrenos doblaban por las esquinas llenos de soldados armados con metralletas. Se volvió, Heinz mascullaba en alemán, metía toda su ropa en su petate, le temblaban las manos mientras cogía su documentación. La miró de reojo.

― ¿Qué miras? ― le gritó nervioso ― Date prisa si quieres venir conmigo o quédate, ¡escoge!

 Los cristales retumbaron, las puertas parecían querer salirse de sus cercos. Un avión y otro y otro sobrevolaron el tejado. Isabelle se echó al suelo llorando. Abrazada a sí misma, no sabía si la pesadilla continuaba o empezaba ahora. Tapó sus oídos con las manos, tenía mucho miedo, iban a morir o a lo peor él la abandonaría a su suerte. Tenía que actuar.

― ¡Malditos cabrones! ― se lamentó Heinz ― Isabelle ¿qué haces? ¡Deja eso!

 Sonó un disparo, Heinz cayó al suelo fulminado, un chorro de sangre salió de su pecho con violencia. Los aviones seguían pasando, la sirena del campanario no dejaba de sonar. Isabelle apenas se sostenía en pie por los nervios y la fuerza del disparo, sollozando puso el arma que acababa de quitarle a Heinz de su cinturón en su sien, pensó en lo que vendría después si seguía allí, en el escarnio, el sufrimiento y quizá la muerte igualmente. No podría vivir sin él, sin sus ojos azules. No era justo. Entre ellos sólo hubo amor, cariño, una guerra les unió y nada iba a separarlos. Cuando los encontrasen se darían cuenta de que habían preferido morir juntos que vivir separados. Que su amor había estado por encima de banderas y países. Eso era, el amor había ganado la batalla. Sonrió más tranquila, apretó el gatillo y terminó su historia

"El amor en guerra"
Carmen Parra López

*****
Comentarios de nuestros lectores:

- Francisco Huertas Hernández: "Este bellísimo relato de Carmen tiene una virtud doble que lo eleva a la categoría estética de lo sublime: narra la historia de un amor por encima de la guerra y el odio, y lo hace de manera discreta y esencial. El amor está en el mundo para escapar de él, afirmo, siguiendo ideas quizás lejanas de Empédocles, Platón y Dante, y el Cristianismo. Mi afirmación procede de alguien que lo ha buscado y perdido. En estos días de guerra azuzada y planificada por Estados Unidos, sus medios de comunicación promueven el odio al enemigo para justificar el estado de guerra permanente, que volverá a relanzar la economía norteamericana, que solo ha crecido en el siglo XX con las guerras. Pero ni Rusia, ni ningún otro país, es nuestro/vuestro enemigo, porque somos todos hijos del amor, ese impulso divino que nos saca de la atrocidad, y nos reconcilia con lo eterno. Carmen ha sabido contar eso: no hay ideologías maniqueas de buenos contra malos, sino hombres y mujeres que se aman más allá de las balas, de los cañones, del odio de las ideologías. No será un cuento cómodo para los fanáticos del odio, los que para defender su "democracia" necesitan inventar enemigos y masacrarlos en nombre de la paz y la seguridad. El nazismo fue una monstruosidad moral, pero se desarrolló en el contexto de humillación a Alemania tras su derrota en la Gran Guerra del 14. Este cuento revela la bondad que es amor, porque sin amor solo hay guerra, es decir, odio"

sábado, 26 de marzo de 2022

Cuando los cerdos oían crecer la hierba. ¿Por qué nos comemos a seres inteligentes y sintientes? Francisco Huertas Hernández. 2019. Poema filosófico & Cerdos en el cine

Cuando los cerdos oían crecer la hierba
¿Por qué nos comemos a seres inteligentes y sintientes?
Poema filosófico & Cerdos en el cine
Francisco Huertas Hernández. 2019

"Ретивый поросёнок" (1979). Резо Чархалашвили
"Retivyi porosyonok" (1979). Rezo Charjalashvili
"El cerdito celoso"
Una comedia soviética georgiana sobre un cerdo travieso y sus amables y alegres dueños. Con sus trucos, el cerdo se hizo famoso en todo el pueblo. Después de emborracharse con él, los propietarios, Marta y su hijo Kukuri, llevaron al bromista a Tbilisi, al mercado

Las hadas y los duendes oyen crecer la hierba.
Una facultad misteriosa que traspasa el tiempo

Pero existe otra leyenda:
Eran los cerdos los que oían crecer la hierba

¿Qué hace el cerdo que no puede hacer el humano?
Más inteligentes que perros y gatos,
dotados de percepción y memoria,
superan el test del espejo:
localizan la comida reflejada en el cristal.
Su inteligencia es la de un niño de tres años.
Afectivos, sociables, juegan, toman el sol

¿Por qué nos comemos a unos seres inteligentes?
Si nuestra empatía está en función del intelecto,
el mosquito nos merece menos respeto que el cerdo

Y ¿acaso la potencia cognoscitiva del artiodáctilo
no le salva de ser el único animal
que nunca muere de viejo?

Si los cerdos oyesen crecer la hierba
serían testigos del tiempo continuo
que el humano solo conoce discreto

Si los cerdos oyesen crecer la hierba
su percepción sería tan fina
que nuestra vista y oído palidecerían

Ahora me dirijo a ti humano omnipotente,
que en tu plato, te apipas de inteligente
y sintiente vida,
que bien pudiera oír crecer tu muerte,
sal de tu imperio
y abraza al mamífero hermano,
que de tal suerte
está compuesto
Que es su gruñido
emoción, te advierte

Francisco Huertas Hernández
23-24 de marzo de 2019

"The Three Little Pigs" (1933). Burt Gillett
"Los tres cerditos" es una producción de Walt Disney, considerada una de las mejores películas de animación de la historia.
Basada en un cuento popular, la historia de esta fábula presenta a tres cerditos: Fifer Pig, Fiddler Pig y Practical Pig son tres hermanos que construyen sus propias casas. Los tres tocan instrumentos musicales: Fifer, la flauta; Fiddler, el violín; y Practical se ve inicialmente trabajando sin descanso. Fifer y Fiddler construyen sus casas de paja y palos con mucha facilidad y se divierten todo el día.
La aparición del lobo feroz trastoca los planes, y cantan la famosa canción "Who's Afraid of the Big Bad Wolf?"

Este plano ha sido objeto de censura "post-pensamiento políticamente correcto" porque el retrato del padre es una ristra de morcillas o salchichas. El triste destino del cerdo (cochino, guarro, puerco, gocho), "el animal que no llega a viejo", es el estómago del humano, que convierte, en una parte del planeta, al cerdo en objeto de gusto gastronómico, aunque en otra sea objeto de prohibición religiosa

viernes, 25 de marzo de 2022

Diario de Barcelona IX. 2001. Francisco Huertas Hernández

Diario de Barcelona IX. 2001
Francisco Huertas Hernández

Mercat de la Boquería
Rambla 91. 08001 Barcelona
Foto de Francisco Huertas Hernández
Febrero 1999



DIARIO DE BARCELONA IX

Barcelona, domingo 15 de julio de 2001

 Balance de sombras. Delfines que siembran estelas. Contuvimos los sueños para permitir que floreciesen los cerezos, les dimos ciencia y cuidado, pero no florecieron. Balance de urgencias. Estrechamos las dudas hasta que cupieron en un dedal y cuando cogimos la aguja nos pinchamos la yema del índice. Sangrábamos pero eran lágrimas. Balance de nostalgias. Apartamos el corazón de los incendios, guardamos la piel en el guante, la mirada en los lentes, la sonrisa en el cepillo, y, luego, con los cerezos sin fruto, con los dedos llenos de lágrimas, y los dedales inútiles, nos escondimos debajo de la cama, temblando, como si al caer la noche un mundo de pesadillas y sollozos nos fuese a arrebatar la infancia. Cuando salimos, el otoño había llegado y descubrimos que nunca fuimos niños

Francisco Huertas Hernández





















Barcelona. 1999
Fotos analógicas de Francisco Huertas Hernández
Cámara Minolta. Película Kodak Ultra 400

domingo, 20 de marzo de 2022

Vida. Francisco Huertas Hernández. ¡Así que vivir era esto! Nos dieron la vida y despertamos del sueño de la nada. Crecimos, comimos, bebimos, respiramos, evacuamos, sudamos, estornudamos, escupimos, y, cuando, por fin, nos detuvimos a vivir, ya era tarde: nuestro pulso se apagaba

Vida
Francisco Huertas Hernández

Unas muñecas de colección
Marianne se fue. Sus muñecas permanecieron. Finalmente, un día también fueron a la basura
Casa. Calle Italia, 27 - 2º. Alicante
21 de agosto de 2004
Foto de Francisco Huertas Hernández

Uno se cree
que las mató el tiempo
y la ausencia,
pero su tren
Vendió boleto
De ida y vuelta

Son aquellas pequeñas cosas
Que nos dejó un tiempo de rosas
En un rincón
En un papel
O en un cajón

Como un ladrón
Te acechan detrás de la puerta
Te tienen tan
A su merced
Como hojas muertas
Que el viento arrastra allá o aquí
Que te sonríen tristes y
Nos hacen que
Lloremos cuando
Nadie nos ve

Joan Manuel Serrat: "Aquellas pequeñas cosas". 1971

There are places I'll remember
All my life though some have changed
Some forever, not for better
Some have gone and some remain

All these places have their moments
With lovers and friends I still can recall
Some are dead and some are living
In my life I've loved them all

But of all these friends and lovers
There is no one compares with you
And these memories lose their meaning
When I think of love as something new

Though I know I'll never lose affection
For people and things that went before
I know I'll often stop and think about them
In my life I love you more

Though I know I'll never lose affection
For people and things that went before
I know I'll often stop and think about them
In my life I love you more
In my life I love you more

The Beatles: "In My Life" (John Lennon). 1965

 ¡Así que vivir era esto! Nos dieron la vida y despertamos del sueño de la nada. Crecimos, comimos, bebimos, respiramos, evacuamos, sudamos, estornudamos, escupimos, y, cuando, por fin, nos detuvimos a vivir, ya era tarde: nuestro pulso se apagaba.

 Cuando niños, teníamos que repetir todo lo que veíamos. Creíamos que eso era la vida. Nos repetimos en los gestos y las palabras, en los recuerdos y los deseos. La vida, al fin, era repetición.

 Cuando mayores, buscamos la libertad. Creímos que eso era la vida. Ya no bastaba la repetición. Era necesaria la originalidad. Ya no servía la enumeración. Ni el tópico.

 Pero comprendimos a fuerza de golpes que el destino es más fuerte que la vida. Vivir no era obligatorio. Nacer, quizás. Morir, siempre

Francisco Huertas Hernández
Año indeterminado. Finales del siglo XX, probablemente

Francisco Huertas Hernández y su madre María Elena
Baptême. Église Espagnole
51 Bis, Rue de la Pompe. 75116 Paris
Paris. 1964

Francisco y su padre, Juan
Parque del Salón de Isabel la Católica
Palencia. Febrero 1970

Ricardo, Francisco y su madre María Elena
Parque del Salón de Isabel la Católica
Palencia. Febrero 1970

Francisco Huertas Hernández
Balcón de casa. Calle de la Pelota
Valladolid. 1972

Francisco Huertas Hernández
Photomaton
Murcia. 1985

Félix, Inma & Francisco
Benidorm. 6 de diciembre de 2010

"Hamlet: O, I die, Horatio.
The potent poison quite o'ercrows my spirit.
I cannot live to hear the news from England.
But I do prophesy the election lights
On Fortinbras. He has my dying voice.
So tell him, with th' occurrents, more and less,
Which have solicited. The rest is silence.
O, O, O, O. (dies)"

William Shakespeare: "Hamlet". Act 5, Scene 2