domingo, 19 de mayo de 2024

"Sinatra" (1988). Francesc Betriu. Un perdedor en la Barcelona preolímpica. Entre el realismo sórdido y el cómic lumpen. Francisco Huertas Hernández

"Sinatra" (1988). Francesc Betriu
Un perdedor en la Barcelona preolímpica. Entre el realismo sórdido y el cómic lumpen
Francisco Huertas Hernández

"Sinatra" (1988). Francesc Betriu
Antonio Castro "Sinatra" (Alfredo Landa)
Bebiendo de perfil en un bar de la calle Hospital de Barcelona. La mirada del "perdedor". La soledad del "perdedor"
















"Sinatra" (1988). Francesc Betriu


 "Sinatra" (1988) es una olvidada y espléndida película de Francesc Betriu que sigue fielmente la novela "Sinatra. Novela urbana" (1984) de Raúl Núñez (Buenos Aires 1946 - Valencia 1996). Pertenece este film a ese género en que la ciudad emerge como protagonista. Aquí es Barcelona. Francesc Betriu Cabeceran (Organyà 1940 - Valencia 2020), director especializado en adaptaciones literarias, quiso contar la historia de un hombre vulgar y sin suerte -Antonio Castro, imita a Frank Sinatra en un cabaret- que sirve de hilo conductor para mostrar el mundo de la noche barcelonesa en el Barrio Chino (Raval) antes de los Juegos Olímpicos de 1992, con un tono que oscila entre el realismo sórdido y el esperpento grotesco del cómic underground.  

 El arquetipo del "loser" (perdedor) es típico del cine norteamericano, pero a diferencia de éste, el tipo ibérico, encarnado magistralmente por Alfredo Landa, carece de carisma, talento, voluntad y belleza. Aunque la vida de Antonio sólo se mueve a impulsos de otros, él, en busca del triunfo que se le niega, será testigo pasivo de una galería inverosímil de personajes desarraigados. Un viaje como el de Dante y Virgilio por los círculos infernales de la soledad, la marginalidad y el desamor.

 La película declara su intención en el plano inicial. Un imitador de Groucho Marx (Joaquín Sabina) canta "Gracias por venir a la función. No se alarmen que no habrá más chistes. La historia que les contaré quién sabe si es alegre o triste, si es inventada o pudo suceder...". Por el escenario del cabaret desfilan parodias transformistas de Marlene Dietrich y Lola Flores, hasta que llega "Sinatra" (Alfredo Landa) cantando desafinadamente "Extraños en la noche". El pobre hombre es abandonado por su mujer (Mercedes Sampietro), que trabaja en un bar poniendo copas. De la Bodega Apolo (calle Nou de la Rambla, 113) salen la mujer y un hombre. Sinatra los espía. Las luces de neón de la discoteca Studio 54 (Av. del Paral·lel, 62) sitúan el escenario urbano: noche y trasnoche en el corazón oscuro de la urbe. Sinatra les sigue hasta una pensión y confirma que su esposa le es infiel. El antihéroe fuma sin parar y bebe cognac en bares mugrientos. Deambula por el puerto, mira la foto de boda y el lecho, cierra su casa de extrarradio y tira las llaves a la alcantarilla. "Perdí mi casa y dinero, como una sombra fui de aquí para allá, extranjero en mi propia ciudad. ¿Sinatra dónde vas? Con un roto en el corazón, por el boulevard de la desolación. ¡Qué mal vas! Perdido entre la gente, y sin nadie a quien abrazar, ¿dónde vas?" canta Joaquín Sabina en un blues, mientras Antonio Castro abandona casa y trabajo ("La Voz del Paralelo") y se refugia en una ficticia pensión (La Luna) de la calle Hospital. Vemos el Bar Mendizábal, en la esquina de Junta de Comerç con Hospital. Sinatra vaga por la ciudad en busca de una última oportunidad. Sabina entona "¿Quién me ha robado el mes de abril?": "En la posada del fracaso donde no hay consuelo ni ascensor, el desamparo y la humedad comparten colchón...". Una estética de cine noir llena de neones a través de la ventana, humo de cigarrillos y héroes solitarios fracasados perdidos en la ciudad presenta a Sinatra esperando un sueño en la cama de la pensión. Ya sabemos que sobre Landa recaerá todo el peso de la narración y de la vida. Cigarrillos, copas, máquinas tragaperras. Ramblas, Avenida de la Luz (Sonido Para El 52). Este abandono acaba de golpe cuando el dueño de la pensión, Lagarto (Luis Ciges), le exige que le pague o se largue. Se apiada y le propone quedarse de "portero de noche" en la pensión. 
 En las largas horas en la recepción lee unos anuncios de amistad en una revista y se apunta a un Club de Amistades por Correspondencia -¡aquellos tiempos sin internet!-

 En ese momento se inician las aventuras y desventuras de Sinatra. El otro portero de la pensión, Manolo (Manuel Alexandre) le relevará cuando quede con las candidatas. 
 En la Torre de San Sebastián del teleférico tiene la primera cita: Natalia (Maribel Verdú), una chica muy joven, que tiene un bebé y se ha fugado de casa. La esconde en su habitación, pero descubre que el bebé es un muñeco. Se trata de una perturbada, que acaba desapareciendo, tras la muerte del bebé. Sinatra se confundió. La mujer que le escribió no se presentó a la cita. 
 La segunda cita es Rosita, un transexual, Rosendo López (Antonio Suárez), que le lleva a su casa, y le invita a un porro. Sinatra, ya borracho, tiene la alucinación del regreso de su mujer, que le da satisfacción. La realidad es que hay otra persona en su lugar. 
 Antonio, un hombre que, sin saberlo, hace el bien a los demás, busca a Natalia por la ciudad, lo que sirve a Betriu para mostrar la noche barcelonesa en el Barrio Chino y alrededores. Ve a su mujer prostituyéndose en la calle y emprende una desalentada carrera por las Ramblas, hasta que la policía le detiene. 
 Las desventuras de Sinatra no terminan: Lagarto muere de un ataque al corazón en una discoteca, tras obligar a Antonio a que le acompañara a conocer chicas.
 La siguiente cita le lleva a Mataró a la casa de la señora Hortensia (Julia Martínez). Una escena pasada de rosca, en la que la recatada viuda le prepara una rica comida, interrumpida por su violento hijo punkie toxicómano que le roba navaja al cuello y le echa a patadas.
 Sinatra, insomne, va a un Bingo, donde conoce a una camarera, Isabel (Ana Obregón) -que ejerce ocasionalmente la prostitución-, con la que tiene una noche de amor en el Hotel Majestic, desde donde se contempla la ciudad. "¿Sabes, Isabel? Estaba seguro de que en algún momento iba a ganar. Siempre me he movido por escaleras sucias, pasillos oscuros, como una cucaracha. Nunca olvidaré este instante", dice Antonio mirando la ciudad, tras el inesperado golpe de suerte: ganar en el bingo y conquistar a la escort. La chica ya no está cuando despierta, pero él se ha enamorado.
 Natalia reaparece en la Plaza Real convertida en una heroinómana. Vuelve a la pensión con él, obsesionada con tener un hijo con Sinatra. Él, pasivamente, se presta a todo. Ahora la pensión es regentada por la hermana de Lagarto, Clementina (Queta Claver), generosa, maternal y sensual.
 Juan Cuevas Heredia (Víctor Pi), un delincuente madrileño, es otro de los contactos del Club de Amistades, y se viene a Barcelona al salir de la cárcel. Se lía con la patrona. 
 Isabel llama a Sinatra. Éste va a verla: ha sido asesinada por su macarra, el encargado del bingo, Camilo Rojas (Antonio Molino Rojo). Parodia de cine de gangsters. En la comisaría, donde pasa la noche, ve a su ex mujer, que ha declarado a su favor. Salen juntos y sus caminos se separan en el andén del metro.
 Antonio ve al verdadero Frank Sinatra por todas partes, en revistas y carteles de cine -Cine Coliseum: "Pal Joey" (1957) de George Sidney-. Es su "alter ego", su modelo imposible.
 Clementina cuida al desamparado antihéroe: le invita a una partida, le hace unos huevos fritos.
 Por fin, Begoña (Pilar Rebollar), que le ha escrito tantas cartas, llega a la cita un día lluvioso. Es una atractiva mujer con acondroplasia que quiere conocer el placer con un hombre. Antonio acepta, pero ella se emborracha y no se consuma. 
 Un "chiflado religioso, un tal Hermano Blanco Sol" (Berti Tovías) se presenta en la pensión para acabar con el demonio, que es el mismísimo Sinatra. Y Clementina lo salva desnudándose ante el psicótico para que vea quién es el auténtico maligno. 
 En el pasillo de la pensión vemos a las prostitutas, ancianos y olvidados habitantes de la noche, sobresaltados por el incidente. 
 "Tengo miedo señorita Clementina", susurra Sinatra. Se acurruca en su regazo. "Siempre ha merecido que se le quiera", dice ella. 
 El final no es muy convincente, aunque cierra la estructura circular: los imitadores del inicio (Groucho y compañía) salen del espejo y se lo llevan al cabaret. Todos hacen su función. Sinatra vuelve a ser Sinatra. Títulos de crédito.

 ¿Qué es "Sinatra"? Una parodia de cine noir norteamericano, un retrato del submundo del Barrio Chino, una amarga crónica de la soledad urbana y el fracaso de las gentes sin talento ni voluntad, una desmitificación del mundo del espectáculo, una comedia absurda de personas marginadas. Es todo eso y otra cosa. 

 En todo el ir y venir de Antonio por la ciudad se presiente un halo de derrota y alcohol, una esperanza que no llega. El Distrito Quinto, el Barrio Chino, un lugar proletario de día, y sórdido y delicuencial a la noche, que se convirtió en Ciutat Vella, ahora Distrito Uno. El estilo crudo, impúdico, tendente al paroxismo del novelista argentino Raúl Núñez, pasa a la película, en parte, porque la ternura de Landa es mucha. La transformación del actor del "landismo" comenzó en "El puente" (1977) de Juan Antonio BardemJosé Luis Garci había diseñado un cambio en la manera de actuar del actor en "El Crack" (1981), pero la adusta e inexpresiva contención del detective Germán Areta no era, pese a lo que se ha dicho, una gran interpretación del genial Alfredo Landa. El cine de Garci que se pierde entre el estereotipo americano y la cursilería no entrega personas de carne y hueso. "El Crack" es una magnífica película, pero Areta no es humano, nunca diría "tengo miedo", porque sus modelos de Hollywood no lo decían. Antonio Castro sí. Tendría que ser Paco el Bajo, en "Los santos inocentes" (1984) de Mario Camus, el rol que modeló al perdedor. Por supuesto, "Sinatra" de Betriu y Núñez, no llega a las honduras de la novela de Delibes y la cinta de Camus, pero Landa es aquí aún más frágil, y está más perdido

 Del resto del reparto sólo hay un lunar: Ana Obregón nunca fue actriz. Pilar Rebollar, Queta Claver, Julia Martínez, Luis Ciges, Manuel Alexandre están sobresalientes. Quizás sobran canciones de Joaquín Sabina, que en ese momento se hizo muy famoso. La ambientación es tan realista porque parece todo rodado en escenarios de la ciudad, lo que preserva el espíritu de la época. Y la dirección de Betriu es muy buena: los personajes emergen de la ciudad sin ser devorados por ella, todo discurre linealmente en un mundo donde no hay futuro, pero tampoco pasado. No sabemos de dónde viene Antonio Castro. En realidad, no importa. La ciudad elimina los restos biográficos. De Alonso Quijano no conocemos su infancia ni su juventud, pero sabemos cómo salía por los caminos. Eso es lo que sucede con Sinatra. Su pasado no es el suyo, es el del actor y cantante Francis Albert Sinatra (1915-1998). Sabemos que Antonio Castro no sabe ni cantar ni siquiera imitar. Ahí está su tragedia: ¿de qué sirven los modelos cuando son inalcanzables? ¿Cuando sólo la risa del espectador ante el esperpento grotesco de la torpe imitación da sentido a una vida?

 La película "Sinatra" obtuvo varios premios: Adircae a Alfredo Landa a la mejor interpretación; Premio de Cinematografía de la Generalidad de Cataluña al mejor film y director; ​Alfredo Landa fue nominado como mejor actor de cine en los Fotogramas de Plata​ y en los Premios Goya de 1989. La película fue doblada al catalán y emitida por TV3 el 4 de junio de 1990

Francisco Huertas Hernández
19 de mayo de 2024

"Sinatra" (1988). Francesc Betriu
Cartel original


Sinatra
1988
España
112 minutos
Dirección: Francesc Betriu
Guion: Francesc Betriu, Raúl Núñez
Música: Joaquín Sabina, Pancho Varona
Fotografía: Carlos Suárez
Montaje: Teresa Alcocer
Ayudante de dirección: Toni Anglada, Carlos Esteban, Mischa Muller
Producción: Enrique Viciano
Diseño de producción: Carlos Esteban, Núria Fàbregas
Productora: Ideas y Producciones Cinematográficas S.A.

Reparto:
Alfredo Landa como Sinatra, Antonio Castro
Ana Obregón como Isabel
Maribel Verdú como Natalia
Mercedes Sampietro como la mujer de Sinatra
Manuel Alexandre como Manolo
Julia Martínez como la señora Hortensia
Luis Ciges como Lagarto
Queta Claver como Clementina
Carlos Lucena como Camacho
Víctor Pi como Juan Cuevas Heredia
Antonio Suárez como Rosita
Pilar Rebollar como Begoña
Berti Tovías como Hermano Blanco Sol
Juan Torres como Pepe
Antonio Molino Rojo como encargado del bingo
Teresa Soler como putilla tatuada
Vicenç Manel Domènech como Contreras
Teresa Giménez como rubia platino
Joaquín Sabina como Groucho Marx
Lloll Bertran como mujer con idiota
Juan Viñallonga como recepcionista de noche
David Pastor como Ramón
Manuel Vancells como cartero
Jordi Bas como Rafael
Silvia Solar como mujer madura
Joan Canadell como recepcionista de día
Joaquín Gómez como guardia 1
José Luis López como guardia 2
Joan Vázquez como camarero del café de la Ópera
Eva Mariol como chica en la puerta del cine
Benito Pocino como idiota
Jordi Torras como médico

sábado, 18 de mayo de 2024

"La criatura" (1977). Eloy de la Iglesia. Monstruosidad y transgresión en el matrimonio burgués. Cine político de la Transición española. Francisco Huertas Hernández

"La criatura" (1977). Eloy de la Iglesia
Monstruosidad y transgresión en el matrimonio burgués. Cine político de la Transición española 
Francisco Huertas Hernández

"La criatura" (1977). Eloy de la Iglesia
Marcos (Juan Diego) & Cristina (Ana Belén)



"La criatura" (1977). Eloy de la Iglesia


 "La criatura" fue filmada por Eloy de la Iglesia (1944-2006) en 1977, año y medio después de la muerte de Franco, en un contexto político y social agitado. Vista hoy resulta una cinta tan repugnante moralmente como debió serlo en su estreno. Tratar abiertamente la zoofilia dentro de la institución del matrimonio es insólito. La combinación de escabrosidad, crítica política, "destape" y disección psicológica del matrimonio burgués dan el sello del cine valiente que siempre realizó el autor. 

 La historia es aparentemente sencilla. La pareja formada por el presentador de TV Marcos (Juan Diego) y Cristina (Ana Belén) atraviesan una crisis de comunicación. Él ha ascendido gracias a los contactos de la familia de ella. Buscan un hijo que se les resiste. Cuando por fin queda embarazada, en una gasolinera, un perro pastor alemán negro la ataca y pierde al niño. Sumida en una crisis encuentra en una playa otro perro que le recuerda al agresor. Se lo llevan a casa y ella lo adopta con el nombre que iba a tener su hijo: Bruno. La maternidad de esta mujer joven, guapa e inteligente, pero sin ocupación, se proyecta en su nueva "criatura", desplazando totalmente al marido, al que no parece amar. Él recibe continuas proposiciones de su compañera presentadora Vicky (Claudia Gravy), pero su moral ultraconservadora le impide ser infiel a su esposa. Vicky, inteligentemente, aconseja a Marcos, y éste compra una perra blanca, para alejar a Bruno de su mujer. Tras contemplar con repugnancia el apareamiento de los dos perros, una tarde aparece muerta la perra en la casa de la sierra, al regresar el marido de la TV. Una gran escena presenta las nupcias de Cristina y el can mientras bailan la Marcha Nupcial de Mendelssohn. Marcos ve dormida desnuda a su esposa, junto al perro, y el vestido de novia con marcas del animal. En un montaje paralelo asistimos al baño de Cristina -cantando por encima de Rosa León "Al alba"- y su posterior cópula con la criatura, mientras Marcos, bebido, intenta tener sexo con Vicky en el apartamento de ésta. El hombre fracasa, pero la bestia triunfa. El film entra en el terreno de lo inasumible moralmente. El resquicio que el director y el guionista, Enrique Barreiro, ofrecen es político: Marcos es franquista y ultracatólico, y simpatiza con un nuevo partido político contrario a la democracia, dirigido por el Profesor Casanova (Ramón Reparaz): Alianza Nacional Española (ANE), que recuerda a Alianza Popular (AP), partido franquista creado por Manuel Fraga y otros en octubre de 1976. Marcos acepta presentarse como candidato por la nueva agrupación. Barreiro y de la Iglesia aprovechan para contextualizar políticamente la España de 1977 a través de la TV: imágenes del entierro tras el atentado fascista contra los abogados laboralistas de Atocha, discursos del presidente Adolfo Suárez. 
 El sacerdote Abelardo (Manuel Pereiro) recomienda a Marcos que regale el perro ante la situación insostenible, que le llevó incluso a forzar a su mujer. Una nueva oprtunidad se abre con una confesión de Cristina, de arrepentimiento y clarividencia de la mentira social, que Marcos no entiende. Deciden tener un hijo. Pero las oscuras fuerzas del instinto y la monstruosidad se imponen: Cristina, embarazada, deja a su esposo y se marcha con el perro.

 La música instrumental de Víctor Manuel San José (marido de Ana Belén), la fotografía de Raúl Artigot y el montaje de Julio Peña, contribuyen a dar forma al mal llamado "bizarro" largometraje.

 Es paradójico que Eloy de la Iglesia quisiera ganarse al público -estamos ante cine comercial- provocando su rechazo más absoluto. El "morbo" del bestialismo retrotrae al humano a edades en que la cópula no separaba totalmente a las especies. Quizás sea un mito. Pero marca una tendencia reprimida, como el incesto o el parricidio: el tabú. Las palabras de Cristina, a pesar de su falta de claridad, expresan esto:
 
 "Para entender ciertas cosas hay que saber hundirse poco a poco como yo lo he hecho, porque entonces, desde esa monstruosidad, puedes contemplar todo lo que te rodea de una forma clara, precisa. Así vas descubriendo que tampoco hay tanta diferencia entre lo que tú haces y lo que hacen los demás. Resulta incluso divertido. Es como si, de repente, descubrieses que esa imagen grotesca que se ve en los espejos deformantes de las barracas de feria no está en los espejos, sino en las personas que se reflejan. Cuando estás absolutamente convencida de que eres un monstruo, rodeada de monstruos en un mundo hecho para monstruos, te resulta apasionante la idea de llegar a monstruosidades aún mayores para, al menos, ser un poco distinta. Yo también sé lo que es sentir el horror. Y lo he sentido. No me ha hecho falta tener ni tu moral, ni tus prejuicios para horrorizarme".

 Encajar la diferencia política, moral e intelectual de los dos miembros de la pareja con la fuga zoofílica puede parecer forzado e inverosímil, pero el hecho de que Marcos sea moralista, franquista y poco inteligente, triunfando en el mundo de las apariencias, mientras Cristina es libre (a)moralmente, progresista y bastante lúcida, encerrada como ama de casa sin ocupación ni reconocimiento social, introduce el factor de la maternidad como mediación que resuelve la oposición de tesis y antítesis. Lo perverso es que la criatura sea un animal, y que el amor materno sea una fusión sexual zooedípica y afectiva con la bestia. 

 Eloy de la Iglesia fue un cineasta incómodo. Comunista, homosexual y heroinómano, entre el cine de consumo de destape y la visión política más radical de la España de la transición. No siempre bien integrados estos dos elementos: el entretenimiento y la denuncia. Formalmente su cine no destaca por sus encuadres, y, sin embargo, es un narrador consumado. La presencia en un rol disparatado de Ana Belén en una gran actuación y la réplica del espléndido Juan Diego sostienen la verosimilitud de lo monstruoso. Más allá de la alegoría de la España cainita neofascista que representa Marcos identificada con la fuga del bestialismo, lo cierto es que el director usa el sexo como elemento político. Así lo explica él mismo:

"Creo que, en la sociedad en que vivimos, la perversión sexual es quizá la única forma de rebelión a nuestro alcance contra la sociedad opresiva y establecida en que vivimos. En Una gota de sangre para morir amando describo una sociedad neofascista, en la que la única posibilidad de liberación estriba en la perversión sexual de la protagonista. […] En La semana del asesino, los sucesivos personajes que va matando Vicente Parra encarnan las diversas represiones de las que se va liberando […]. La labor de una revolución es la labor conjunta de una serie de individuos que suman sus esfuerzos, pero que elevan como estandarte su individualidad. Para mí la defensa de la individualidad y [la] de las pequeñas libertades personales son la base de toda revolución, que es la reunión de individuos que en un momento dado sacrifican su individualidad por el bien común; pero el motor inicial para que el hombre salga de la alienación y llegue a la revolución es la toma de conciencia a través de sus propios problemas, de sus propias frustraciones. Por eso es por lo que creo tanto en el sexo como elemento liberalizador y como elemento revolucionario, siendo como es el sexo una razón absolutamente unipersonal. […] Creo que una de las formas más válidas de estudiar la sociedad es a través de sus enfermedades, de sus traumas"

 Quizás los oscuros tabúes del bestialismo y la pulsión de muerte que la película ofrece sin tapujos no estén muy articulados, pero la transgresión sexual de la mujer en este film es un precedente de otras heroínas como Anna (Ornella Muti) y Malvina (Hanna Schygulla) en "Il futuro è donna" (1984) de Marco Ferreri. En Eloy de la Iglesia el final feliz de la familia formada por Cristina, Bruno y el nuevo bebé inicia uno de los nuevos modos de la familia no tradicional, aunque un amargo nihilismocontrario al amor entre humanos y al anclaje social en las costumbres, deja al público una sensación de manifiesto asco y pesar.

Francisco Huertas Hernández
18 de mayo de 2024

La criatura
1977
España
100 minutos
Dirección: Eloy de la Iglesia
Producción: Andrés Santana
Guion: Enrique Barreiro
Música: Víctor Manuel San José
Fotografía: Raul Artigot
Montaje: Julio Peña
Productora: Alborada P.C.

Reparto:

Ana Belén - Cristina
Juan Diego - Marcos
Claudia Gravy - Vicky
Ramón Reparaz - Profesor Casanova
Manuel Pereiro - Sacerdote
Bárbara Lys - Maestra
Francisco Melgares - Médico
Luis Ciges - Luis
Antonio Gamero - Empleado
Felipe Ruiz - Empleado gasolinera
Amparo Climent - Enfermera
Ángel Blanco - Vendedor
Ángela Reyno - Mujer
Alfredo Enrique - Regidor
Mercedes Ariza - Señora Celanova


*****
Comentarios de nuestros lectores:

- Francisco Huertas Hernández: "Sobre "La criatura" quisiera puntualizar lo siguiente:
a) es una película muy interesante, en su fondo, y, menos en su forma, por la audacia en el tratamiento de temas tabú, la valentía de abordar cuestiones políticas del presente más palpitante y por la falta de moralina final, en la que no hay condena de los personajes. En las antípodas de José Luis Garci, por ejemplo, y su enfoque melifluo de la transición española;
b) el perro de la película, Micky III, adiestrado convenientemente, está lejos de ser el "perrhijo" cariñoso y tierno, compañero de la familia, y se acerca más a la bestia de una película de terror, porque es portador del mal, es el pecado -ruptura de las normas morales vigentes-, el ciego impulso de la naturaleza, que, primero mata al bebé humano, y, luego, cubre a la hembra a la que arrebató el hijo. La elección de un pastor alemán negro no es casual;
c) el género de terror produjo en esa época algunos films como "Dogs" (1977) de Burt Brinckerhoff, sobre una jauría de perros asesinos; o "The Pack" (1977) de Robert Clouse, con perros salvajes asesinos en una isla; y la fábula política española "El perro" (1977) de Antonio Isasi-Isasmendi;
d) la perspectiva femenina prevalece: vemos el mundo a través de la soledad y la frustración de Cristina. Ella no lee, pero canta. Ella no trabaja, pero piensa. Su moral -no explícita- está vinculada a la izquierda antifranquista, y, sin embargo, debe aguantar los actos franquistas a los que asiste su marido. Carece de la represión moral religiosa de Marcos y eso la hace prescindir del hombre, para poner en su lugar al nuevo amante: el perro;
e) el "destape" propio de la época hoy nos parece irrelevante. Ana Belén aparece completamente desnuda, también hay desnudos parciales de Claudia Gravy. En este caso las exigencias del guion son evidentes"

- Inés Sánchez Gómez: "¡Francisco Huertas Hernández, fabuloso! Eloy de la Iglesia transgresor como siempre, y tocando temas intocables en la pacata sociedad la época, como el tema del ya no deseo sexual de la mujer hacia su marido (tocando de nuevo el tema de no tener hijos la pareja, otra vez parece ser por no poder él, pero también porque ella tampoco parece desearlos), y los celos de éste ante la posibilidad de una relación de zoofilia de ella. Comprensible que fuera difícil de entender y calar en el gusto del público de la época. Grandes actuaciones de sus protagonistas, Ana Belén y Juan Diego.
 A tener en cuenta la importancia de las gasolineras, como localizaciones y lugares importantes en las vidas de los protagonistas de las películas de este director, cuando toca el tema de la paternidad/infertilidad/infidelidad. ("La otra alcoba" de 1976. Con Amparo Muñoz, Simón Andreu, Patxi Andión y Yolanda Ríos). Y también pensemos, aunque aún no se sabía en este país, pero faltaría poco con la llegada de los años 80, y la muerte del actor Rock Hudson, de cómo pudo saltar el virus del VIH de los animales a los humanos. El turismo sexual que se practicaba y se practica riesgosamente en países tercermundistas de África y Asia por parte de hombres occidentales, inclusive de hombres poderosos, o no tanto, y proxenetas, nativos de los mismos países, no siempre fue únicamente por relaciones con la prostitución de ambos sexos, o con el abuso de menores de edad. Con la sensibilización por la vida de los animales, y el rescate de muchos de ellos en situaciones extremas de encierro y esclavitud, en las últimas dos décadas se han descubierto prácticas aberrantes con ellos que explicarían cosas a las que en su momento la mayoría de la población éramos ajenas. Aunque en el fondo todas sabemos que esas prácticas siempre existieron en nuestros entornos cercanos. Tampoco nos vayamos a escandalizar ahora 🤷‍♀️"

- Francisco Huertas Hernández: "El plano final con Ana Belén vestida de blanco, encinta, y soltando una paloma, se asemeja a la portada de su LP "La paloma de vuelo popular", editado en Philips en 1976, y grabado en Cuba con poemas musicados de Nicolás Guillén, entre ellos "La muralla", con música de Quilapayún. La película se rodó después de que se editará el disco. Una curiosidad. En la tapa del álbum ella tenía el pelo más corto, y lleva el mismo vestido"

Ana Belén: "La paloma de vuelo popular. Nicolás Guillén"
LP. Philips. 1976


"La criatura" (1977). Eloy de la Iglesia
Cristina (Ana Belén) ríe, ladra y moja con una manguera a Bruno

viernes, 17 de mayo de 2024

G. K. Loukomski: "Los rusos". Labor. Barcelona. 1931. El país. Primera página. Selección y comentarios: Francisco Huertas Hernández

G. K. Loukomski: "Los rusos". Labor. Barcelona. 1931
El país. Primera página
Selección y comentarios: Francisco Huertas Hernández


G. K. Loukomski: "Los rusos". Labor. Barcelona. 1931


 Georgy Kreskentyevich Lukomsky (Георгий Крескентьевич Лукомский) (1884-1952) fue un artista gráfico, acuarelista, historiador de la arquitectura rusa y divulgador de San Petersburgo nacido en Kaluga y muerto en Niza. Viajó por Rusia estudiando su arquitectura. En 1920 se instaló en Francia, donde siguió pintando, realizando exposiciones y publicando obras en francés sobre el arte y la historia rusa: "La vie et les mœurs en Russie". Paris, 1928; "Kiev, Ville Sainte de Russie". Paris, J. Danguin, 1929; "Les Demeures des Tsars: Les Palais des Empereurs de Toutes les Russies". Paris, Editions Nilsson 1929; "L’Architecture religieuse Russe du XIe siècle au XVIIe siècle". Paris, E. Leroux, 1929.
 Su añoranza de Rusia no pudo concretarse en el regreso al país. 
 
 El libro "La vie et les moeurs en Russie", traducido por Joaquín Gallardo, se publicó en Editorial Labor, de Barcelona, en 1931, con el título "Los rusos". Se incluyen además 60 láminas del arte de la nación.

 Y es la primera página la que aquí vemos. El autor escribe:

 "No es posible definir el tipo del paisaje ruso. Rusia tiene una extensión inmensa, y su aspecto varía indefinidamente. Del Norte al Sur, de las pantanosas llanuras del gobierno de Arjangelsk a las estepas de Ucrania y de Crimea, al través de las colinas del Valdai y las planicies de la Gran Rusia, presenta este país cien aspectos distintos. No podemos hacer aquí la descripción de semajantes regiones, que se diferencian todas entre sí como las selvas del Vologda difieren de las estepas de Cherkask. Dejando aparte el extremo Sur y el Oeste, nos limitaremos a hablar sólo del paisaje del Norte y del Este, propiamente ruso.
 El paisaje típico de la Gran Rusia es una llanura con grandes ondulaciones; en algunos puntos se alzan colinas, como en las orillas del Oka, junto a Kaluga, en las riberas del Volga, cerca de Nijni Novogorod, Kazán"

jueves, 16 de mayo de 2024

"Entre los mundos" (Среди миров). Innokenti Annenski (1855-1909). "что с Ней не надо света" (Porque con Ella no necesito luz). Citas de literatura rusa (V). Francisco Huertas Hernández

"Entre los mundos" (Среди миров) Innokenti Annenski (Иннокентий Анненский) (1855-1909)
"что с Ней не надо света" (Porque con Ella no necesito luz)
Citas de literatura rusa (V)
Francisco Huertas Hernández







Иннокентий Фёдорович Анненский (1855-1909)
Русский поэт, драматург и переводчик, критик
Innokenti Fyodorovich Annenski (1855-1909)
Poeta, dramaturgo, traductor y crítico ruso


Иннокентий Анненский: "Среди миров". 1909 г.


Среди миров, в мерцании светил
Одной Звезды я повторяю имя…
Не потому, чтоб я Её любил,
А потому, что я томлюсь с другими.

И если мне сомненье тяжело,
Я у Неё одной ищу ответа,
Не потому, что от Нее светло,
А потому, что с Ней не надо света.

Иннокентий Анненский: "Среди миров"1909 г.


Entre los mundos, en el fulgor de los astros
repito el nombre de sólo una Estrella...
No porque la ame,
porque con otras desfallezco.

Y si las dudas pesan,
a Ella le ruego una respuesta,
no porque de Ella emane luz,
sino porque con Ella no necesito luz

Innokenti Annenski: "Entre los mundos". 1909. Traducción de Natalia Litvinova. 2016

 
 En la colección póstuma, "Кипарисовый ларец", el hijo del poeta Innokenti Annenski editó este poema, "Entre los mundos" (Среди миров), de 1909. El poema es difícil en su interpretación y sencillo en sus palabras. Se habla de dos mundos, de una estrella, de la luz que emite o no la estrella, y del poder de ese astro de responder a dudas y amores del autor. Parece una confesión amorosa secreta, una suerte de metáfora panteísta de comunión con un poder celeste y nocturno que ilumina y sosiega. Los críticos han visto una unidad de tono, forma y contenido en el original en ruso de estos versos de Ánnenski.

 El que contempla las estrellas es un hombre solitario. Ánnenski, no obstante, estaba casado desde septiembre de 1879 con Nadezhda (Dina) Valentinovna Jmara-Borshchevskaya (1841-1917), y tenía un hijo, Valentin Annensky (1880-1936), que fue también poeta. Pero la soledad cósmica y existencial es indiferente a la paz del hogar y a la cercanía de los amigos. Una incomprensible manifestación egoísta aparece de pronto: no ama esa estrella, hay otras que también le iluminan. Ni siquiera la contempla con devoción única, pero no puede vivir sin ella. Si aceptamos que el poema se refiere al amor mundano, el poeta realiza un elogio de la costumbre que calienta sin quemar como el deseo juvenil. Mas probablemente hay una lectura no mundana. La seguridad y confianza que esa estrella no amada proporciona no exige un corazón fiel. Algún crítico personifica en ella la esperanza, la fe en valores que trascienden las dudas del mundo temporal. Aunque la traducción al español pueda dar la impresión de una obra inacabada y ambigua en su destinataria (musa, amor de su vida, aspiraciones, sentimiento religioso), el original ruso, con su rima consonante y sus juegos declinatorios con el pronombre "ella" (Её, Неё, Ней) referido a la "estrella" (Звезда), vocablo ruso de gran semejanza fonética con "luz" (Свет), y todas sus declinaciones, y "respuesta" (Отвечать). Esa cadencia sonora va llevando el poema por la música nocturna de los astros firmes que seducen el oído del lector y crean la intuición de una sabiduría elevada por su conjunción de belleza y misterio.

Francisco Huertas Hernández
16 de mayo de 2024