domingo, 22 de septiembre de 2024

"Diario de un Profesor de Filosofía (1989-2023)", o las desventuras de la ausencia de fama. Bourdieu o el poder de ser escuchado. Francisco Huertas Hernández

"Diario de un Profesor de Filosofía (1989-2023)", o las desventuras de la ausencia de fama.
Bourdieu o el poder de ser escuchado.
Francisco Huertas Hernández

Club de lectores de "Diario de un Profesor de Filosofía (1989-2023)", de Francisco Huertas Hernández. Antiguos alumnos de la ESO. IES Dr. Balmis. Alicante. 12 septiembre 2024. Autor, Izan, Toni, Andreu, Dani, Álvaro y Aitana. Cafetería Los Moreno


 Primero fue el cielo, y luego la tierra, donde una especie pudo conservar su memoria a través de signos. La pintura y la escritura fueron el rastro para que otros hombres posteriores se esforzaran en comprender qué fue de los que ya se fueron, y por qué dejaron signos para no ser olvidados.

 Todo ser humano que se decide a escribir para expresar su interioridad o su análisis de lo exterior, entra en un reino autónomo que no le pertenece: los símbolos. El lenguaje humano es simbólico (contiene un sentido, que por convención o asociación, une un significante con un significado/sentido). El signo solamente señala. El símbolo apunta a un territorio de sentido inalcanzable para el niño, el lego o el distraído. El símbolo nos viene dado, su sintaxis debe ser aprendida, la combinación posible que tenga sentido, es la que se atiene a ciertas reglas de formación. En el lenguaje artístico, en el lenguaje literario, la expresión de esa interioridad queda en manos del receptor, que completa, interpreta, proyecta en el texto su propio mundo.

 El gran problema de partida con el que se enfrenta el autor es ser valorado, o ser ignorado. Para reconocer el valor de la obra, primero ha de ser conocida. Pues bien, las desventuras del autor comienzan en el silencio con que el público ignora la obra de alguien que no ha sido agraciado con la fama. El valor estético de una producción únicamente llega con la recepción, pero toda recepción (positiva o negativa) ya es una muestra de reconocimiento del creador, es decir, de su fama, es decir, de su poder. El valor de la obra reside en el poder de su creador. Cuando un ex profesor de instituto, como yo, es ignorado por catedráticos de universidad, periodistas o críticos, no es por la calidad de su libro, sino por su condición de anónimo ciudadano sin fama.

 Pierre Bourdieu (1930-2002) lo analiza así en "Ce que parler veut dire : L'économie des échanges linguistiques" (1982):

 "Le pouvoir des paroles n'est autre chose que le pouvoir délégué du porte-parole, dont les paroles -c'est-à-dire, indissociablement, la matière du discours et la manière de parler- sont tout au plus un témoignage et un témoignage parmi d'autres de la garantie de délégation dont le locuteur est investi"

(El poder de las palabras no es sino el poder delegado del portavoz, y sus palabras —es decir, indisociablemente, la materia de su discurso y su forma de hablar— son como máximo un testimonio más de la garantía de delegación de que está investido)

 Una sociología del lenguaje es expuesta por Bourdieu: la fuerza de un discurso depende no tanto del poder intrínseco de las palabras, sino de la autoridad del portavoz. Y si en esta jungla de obras y creadores, multiplicados en el espacio cibernético, se produce el filtro más necesario que nunca de los "escuchados" o "atendidos", no será la obra quien determine la escucha o atención, sino la fama del autor.

 Las desventuras de quien esto escribe se resumen rápidamente: su discurso escrito, independientemente de su valor estético, literario, filosófico, histórico, no pasa el filtro de la atención de quienes gozan de mayor fama, siendo, quizás menos valiosos, pero más poderosos, porque ellos no escuchan ni atienden: ellos son escuchados y atendidos... son los portavoces del poder, que cierran el paso a quienes, como yo, carecen del poder, y, por ello, nos permitimos desvelar sus mecanismos inhumanos de dominación.

 "Yo he venido aquí a hablar de mi libro", dijo certeramente Francisco Umbral (1932-2007) en un programa de televisión. Pero tanto el público, como la olvidadiza presentadora, sabían que el libro era lo de menos, lo de más era que Umbral ya era famoso, reconocido, y escuchado, independientemente de lo que escribiera...

Francisco Huertas Hernández
Domingo, 22 de septiembre de 2024



sábado, 14 de septiembre de 2024

"Diario de un Profesor de Filosofía (1989-2023)", de Francisco Huertas Hernández. Presentación. Ateneu Barcelonès. Barcelona. Lunes 7 octubre 2024. 19.00 horas

"Diario de un Profesor de Filosofía (1989-2023)", de Francisco Huertas Hernández.
Presentación. Ateneu Barcelonès. Barcelona. Lunes 7 octubre 2024. 19.00 horas


"Diario de un Profesor de Filosofía (1989-2023)", de Francisco Huertas Hernández.
Presentación. Ateneu Barcelonès. Barcelona. Lunes 7 octubre 2024. 19.00 horas.
Con Marta Forment, Miquel Amorós, Ramón Sensano y el Autor.
Aula Maria Mercè Marçal. 5a. planta de l'Ateneu Barcelonès, carrer Canuda, 6 de Barcelona


 Marta Forment, editora, tiene el gusto de invitar a todos los lectores a la Presentación Oficial del libro de Francisco Huertas Hernández, "Diario de un Profesor de Filosofía (1989-2023)", que contará con la intervención del autor, el profesor Miquel Amorós, y el filósofo Ramón Sensano. El Ateneu Barcelonès de la calle Canuda, 6, en el Gòtic, será el escenario del acto, el lunes 7 de octubre de 2024, a las 19.00 horas, en el Aula Maria Mercè Marçal. 5a. planta. Organiza la Associació Col.legial d'Escriptors de Catalunya (ACEC)

 El autor del libro comenta:

 "Este Diario reúne en poco más de doscientas páginas un itinerario docente de 33 años. Por supuesto, que no se detallan prolijamente los cursos y las clases, porque el acto de escribir, o de recordar, necesariamente sintetiza y poetiza los acontecimientos. Con la ayuda de cuadernos antiguos y del Blog Acorazado Cinéfilo se ha reconstruido una narración vital: las clases reales que sucedieron y se transcribieron inmediatamente conviven con una meditación creciente sobre la educación, la cultura, la libertad, el tiempo y la infancia. El autor no ha pretendido escribir un libro de filosofía, y, mucho menos, académico, pues los capítulos son breves y las ideas están expuestas más que desarrolladas. Las citas de filósofos, poetas, las canciones y las películas que desfilan por la obra, son parte de la reflexión y la contemplación de un mundo en el que el autor sigue confiando en que la tarea del enseñante es transmitir amor, amor por la cultura, que engloba la filosofía, el arte y la ciencia, es decir, la vida. Aprender a pensar es un despertar de la indiferencia y la rutina, y la cultura ejerce esa fuerza si se siembra en el alma atenta y entusiasmada del estudiante. Entender la realidad, y a uno mismo, lejos de ser tarea de otros, es nuestra forma de humanizarnos, y en ese camino recibimos el testigo de las grandes aportaciones de la cultura humana, que reviven en cada nuevo alumno"

Francisco Huertas Hernández
14 de septiembre de 2024

lunes, 9 de septiembre de 2024

Tour fotográfico. Alicante. Barrio de Benalúa. El poso del paso. El peso del piso. Lo que el viandante puso. Reflexión filosófico-poética. Septiembre. 2024. Francisco Huertas Hernández

Tour fotográfico. Alicante. Barrio de Benalúa.
El poso del paso. El peso del piso. Lo que el viandante puso.
Reflexión filosófico-poética.
Septiembre. 2024.
Francisco Huertas Hernández








































Barrio de Benalúa. Alicante
5 de septiembre de 2024
Fotografías con Smartphone Xiaomi de Francisco Huertas Hernández


 El viandante, cuando ejerce de flâneur, baruteando por los vericuetos de la ciudad, encuentra el poso del paso, sus pasos que hollan los de generaciones olvidadas, y anticipan los de gentes por venir. En Zamora, "baruto" significa "persona sin rumbo fijo, perdido", y en Ciudad Real, "que anda por todos lados y al que se ha visto en varios sitios". Las tierras castellanas de la España mesetaria y adusta no son tan contemporizadoras con el destino del caminante como los franceses cuando entienden "flâneur" como "quelqu'un qui se promène sans rien faire de particulier mais qui observe les gens et la société". El observador, diletante, esteta, de la visión gálica dista mucho del cristiano viejo castellano, desorientado y desarraigado por siglos de humillación y explotación.

 Yo soy francés y castellano, entre muchas cosas más, que no me hacen ser más, sino menos. Un habitante a destiempo del tiempo de otros. Frecuento el barrio de Benalúa de mi ciudad adoptiva, por razones que sólo los ángeles conocen. Un barrio feo y anodino, que aún conserva entre sus pobres inmuebles, trazos de la ciudad que Alicante ya no es. Un barrio de pescadores en tiempos lejanos, junto al centro, pero apartado. 

 Cruzando el vial que hace de frontera, Óscar Esplá, una avenida que quiso ser elegante, y se quedó en quiero y no puedo, como casi todo en esta ciudad mediterránea de gran potencial y escasa realidad, siempre pienso en cuántos alicantinos han escuchado la música del compositor que imitaba al Maestro Don Manuel de Falla. Me temo que ninguno. De hecho Esplá desarrolló toda su actividad fuera de Alicante. Pues una vez que hemos traspasado la linde del centro, entramos en Benalúa. El hombre con la cámara (teléfono celular) es un ser privilegiado porque no despierta las reticencias y animosidad de los que van cargando pesadas cámaras fotográficas Canon. Así que puedes tomar instantáneas de todo el espacio circundante, aunque la lente del teléfono sea limitada en su óptica, con sensores de luz y objetivos precarios.

 Benalúa me resulta ya un destino familiar. Siempre voy, y husmeo entre sus calles y rincones, el poso del paso del tiempo, y el peso del piso, es decir, del suelo. Todavía allí la especulación no ha entrado con fuerza, aunque las Avenidas que la enmarcan sí van disparando los precios. La Avenida de Aguilera, donde se construye la Ciudad de la Justicia, y hacia el mar, la Avenida Catedrático Soler, donde se levantan viviendas de lujo, de lo que iba a ser la "Milla de Oro", que se ha quedado en hierro cromado. 

 Me gusta, como jubilado que soy, mirar la construcción de edificios. Hace años contemplaba a los abuelos en la Puerta del Sol mientras se rehabilitaban los edificios que ocupó El Corte Inglés, y pensaba en la alegría del mirar las cosas que nacen o se fabrican lentamente. He visto estos edificios elevarse con deleite, aunque, francamente, no me gustaría vivir allí. Las grúas contra el cielo gris dan una buena fotografía, que ofrece al pensamiento motivos para reflexionar sobre las sombras que acechan todo obrar humano: la destrucción inevitable de todo lo trabajosamente construido.  El poso del paso. El tiempo que borra la huella humana. ¿Qué poso deja el Homo Sapiens en la Vía Láctea? ¿Qué importancia tiene Benalúa en el conjunto del universo de materia, antimateria y campos energéticos?

 El humano tiene que estar rehaciendo lo que el tiempo deteriora. Así la Barriada de José Antonio (sic) ha vaciado alguna de sus fincas para reedificarla. El cartel reza pomposamente: "Entornos residenciales de rehabilitación programada". El ser humano necesita el eufemismo para no reconocer que es un bicho mortal e insignificante.

 Yo fui profesor, o sea, funcionario docente en institutos de secundaria, y mi edificio administrativo está en Benalúa: la Consellería de Educación, en la calle Carratalá, en un bloque que pretendió ser diseño arquitectónico con su fachada de cortina semicerrada. Un establecimiento con prótesis capilares siempre resulta terrorífico con las cabezas cortadas de los maniquíes. Y unas pizarras de la Cafetería Libra con bocadillos de calamares, como en la Plaza Mayor de Madrid, nos llevan al Ficus más antiguo de la ciudad, según su cuidadora, dentro del Nuevo Centro de Salud de Benalúa. En estos días el piso bajo el árbol está cubierto de hojarasca amarillenta otoñal. La licorería Bernardino tiene solera. Al igual que el Colegio Diocesano San Juan Bautista, y contrasta con el rótulo gracioso y ocurrente de la peluquería "Hasta el moño", una expresión muy española, que quiere decir "estar harto". Una sucursal de la alicantinísima "Ibéricos Quintana", con sus jamones, quesos, embutidos y salazones, nos lleva a la balanza de la farmacia cercana, muy adecuada para filmar películas de época: "Para pesarse subir a la plataforma e introducir una peseta. Peso máximo: 125 kgs.". El nombre de la empresa sería inconcebible hoy: "Automatic S.A. Juan Güell, 226. Barcelona". Los solares abandonados muestran la lucha vecinal -si es que eso subsiste en el siglo presente-: "Vecino desahuciado, AirBnb expropiado". La reivindicación del Centro Social para el barrio de Benalúa puede encontrarse en numerosos balcones y tapias. Vamos saliendo de la zona por la Relojería Joyería López Parrés, en la calle Carratalá.

 Nuestro periplo baruto ha terminado. Alicante, ciudad dotada naturalmente, con mar y montañas, es, sin embargo, una urbe fea y destartalada. Pero el flâneur sabe mirar, sabe poner su ojo y su cámara en el lugar por el que pasa lo que pesa, por donde pisa lo que deja poso, y él, el olvidado contemplador, puso en ello toda su vida...

Francisco Huertas Hernández
9 de septiembre de 2024

domingo, 8 de septiembre de 2024

Diario de un Profesor de Filosofía (1989-2023). Los lectores opinan (III). Emilio Porta, Adonay García y otras reseñas. Francisco Huertas Hernández recopila noticias sobre su libro

"Diario de un Profesor de Filosofía (1989-2023)". Los lectores opinan (III). Emilio Porta, Adonay García y otras reseñas.
Francisco Huertas Hernández recopila noticias sobre su libro


 "Diario de un Profesor de Filosofía (1989-2023)" no es un libro más, ni menos, ni es único ni general: soy yo. Y un yo-profesor es cualquier profesor en lo esencial. Lo universal de la lucha por la vida, la decepción del correr de los años y las ilusiones, el eterno diálogo y conflicto entre maestro y alumno, todo ello es parte de cada yo-docente. Pero también hay unas diferencias existenciales, esas que constituyen el temperamento, el carácter, el estar en un tiempo, en un lugar, con diferentes personas, unos sueños que se deshacen al salir del aula, o se subliman en la clase cuando voces jóvenes, inocentes, insolentes, audaces, sin formar, apuntan intuiciones inauditas desde vivencias cotidianas...

 Este libro, ignorado por la mayoría, como era de esperar, aunque unos cuantos se entreguen a la lectura de este género misceláneo: el Diario, que revela una existencia única e identificable, pues la fraternidad, no sólo es un vínculo afectivo de compasión y generosidad, sino también un hilo invisible de identificación a través, en este caso, de la escritura. Lo que he escrito lo he vivido, sentido y pensado, como otros al leer, los pocos que se acerquen, sentirán, pensarán y creerán haber vivido. Un horizonte de experiencias del lector fecundará, en la interpretación que todo texto implica, el horizonte de expectativas de la obra y el universo inabarcable de intenciones conscientes e inconscientes del autor, que se desangraba de sueños, mientras escribía, como un catador de nubes, que desangra sus labios contra los cristales de hielo. El escritor salta hacia las nubes, pero raramente llueve. Luego regresa a casa tras el paredón de las madreselvas en flor, por lo oscuro, dando patadas a las piedras. Nadie lo mira. Nadie lo espera. Sólo se escucha un tango en la radio. Y la eternidad, que él anhela, más alta que la nube, siempre inalcanzable, depende del público del porvenir, la eterna zozobra de no ser comprendido, querido o recordado. Vosotros, hipócritas lectores, semejantes, hermanos, ahuyentadores de nubes...


 El crítico y escritor Emilio Porta, ha ponderado este Diario:

 "Todo libro es un viaje. Un viaje del autor y del lector. Dice Francisco Huertas que la obra, tanto literaria como artística, (incluyo también la cinematográfica y, por supuesto, la musical) es mediación entre el que la crea y el que la recibe. Y es una gran verdad. Todo es percepción y por ello hay diferentes opiniones, las cosas llegan a la gente con un signo o con otro, a veces contrapuesto o divergente. Pero en algunas obras pienso que hay, o debería haber, una cierta unanimidad positiva en el juicio. Es el caso de Diario de un profesor de filosofía, el libro que he tenido estos días entre manos, pero envuelto en energía positiva emergente de las líneas escritas, desde la lectura hasta el cerebro. Y al alma, al alma, lo que llamamos alma. Esa mezcla de cuerpo y espíritu que nos permite elevarnos a un plano por encima de otras especies.
 Como sabe el autor, tengo el libro subrayado en multitud de páginas, porque suelo subrayar en los libros, lo esencial, lo que me impacta, lo que me hace pensar y sentir, lo que no deseo que cubra el olvido. Porque este es un libro que cumple con ese requisito fundamental que le pido a toda obra literaria, que tenga fondo y forma, que no sea un mero entretenimiento. Que le vamos a hacer, si a mí me gusta y me importa solo aquello que nos hace crecer, reflexionar, mirar con diferentes perspectivas, que nos ayuda a mejorar y a aprender.
 Todo el libro es vivencial y, aunque yo creo que se puede diferenciar entre la primera parte, más de crónica y memoria vital de los primeros años, y la segunda hasta el final, también crónica, pero más de reflexión, de alas al conocimiento, de experiencia, no solo de viaje físico, sino también de indagación en nuestro mundo,  de cuestionamiento desde lo grande a lo pequeño, del valor del aprendizaje y sus modos, de las etapas de descubrimiento del observador y de cómo el autor comparte esas etapas y cuestiones fundamentales con algunos de sus alumnos (aunque a mí la que me ha fascinado totalmente es esa segunda parte) todo el recorrido desde la primera a la última línea me ha resultado de gran interés, aumentado dicho interés por una magnífica prosa que implica verdadero oficio de escritor. Nada raro, pues Francisco Huertas es hombre de una enorme y amplia cultura en todos los campos. En fin, cuando un libro – y creo que he leído bastante --- no se guarda, una vez leído, estacionado entre otros en las estanterías de nuestra biblioteca particular, sino que se desea tener siempre al alcance de la relectura, es que ese libro es, no solo un divertimento, sino que se convierte en uno de esos compañeros con los que, en mayor o menor escala, compartimos pensamiento y vida.
 Y eso es lo que creo que les va a ocurrir a muchos lectores de este magnífico ejemplo de literatura que nos permite navegar por los mares interiores a partir de la experiencia personal del autor, pero no solo con la experiencia del viaje físico, sino también del viaje interior donde la pregunta es más importante que la respuesta y que, como el autor señala, es la clave de la filosofía. Cuestionar y crear nuestro pequeño universo de islas o continentes donde, aun sin poder responder al gran Misterio, podamos pisar la tierra que nos sostiene sobre el agua, caminar con el apoyo de la mente y el corazón, algo absolutamente en simbiosis en Diario de un profesor de filosofía".


 Adonay García cree que "el formato Diario se queda corto, porque hay mucha filosofía, mucha reflexión y muy buenas ideas. Más bien podría llamarse Diario Filosófico. Trabajos como el tuyo no sólo invitan a pensar, sino también a dar el paso para escribir. Es un trabajo inspirado e inspirador".


 Agradezco a estos lectores, amigos y también autores, sus palabras de aliento. Y avanzo que ya he escrito el Prólogo a la Segunda Edición de este libro, a la manera de Kant, pero en pocas líneas, y con ideas fecundas en torno a la relación entre creador y receptor, espero. Mas la suerte dispone que únicamente pueda publicarse esa Segunda Edición cuando la primera se agote, y eso depende de vosotros. ¡Va por ustedes...!

Francisco Huertas Hernández
8 de septiembre de 2024

"Diario de un Profesor de Filosofía" de Francisco Huertas Hernández. También un libro para el otoño (primavera austral). Aquí con Sandra, nueva y joven lectora. Plaza Luceros. Alicante. 6 septiembre 2024. En unas semanas podrán comprar el libro en Latinoamérica en BuscaLibre.com

"Diario de un Profesor de Filosofía" de Francisco Huertas Hernández. También un libro para el otoño (primavera austral). Aquí con Eva, nueva y joven lectora. Plaza Luceros. Alicante. 6 septiembre 2024

Lectora de "Diario de un Profesor de Filosofía". María José. Valencia. 8 de septiembre de 2024

martes, 27 de agosto de 2024

Diario de un Profesor de Filosofía (XXXIII). Final de viaje. Francisco Huertas Hernández. Fe de erratas, cine & educación, utilidad de lo "inútil", balance y futuro

Diario de un Profesor de Filosofía (XXXIII)
Final de viaje: Fe de erratas, cine & educación, utilidad de lo "inútil", balance y futuro
Francisco Huertas Hernández

Extracto del último capítulo del libro "Diario de un Profesor de Filosofía (1989-2023)"
Edicions Forment. Barcelona. 2024


Una planta creciendo en una alcantarilla
La vida buscando el "ser", la "luz", como la filosofía (enseñanza) busca la "verdad" entre la estupidez y la ignorancia arrogante, el "ser" bajo la apariencia efímera y cambiante, el "bien" bajo la ignominia de las acciones humanas, la "belleza" tras el horror y el vacío del mundo
Puerto de Alicante
Viernes 25 de noviembre de 2022
Fotografía de Francisco Huertas Hernández

 Ahora sí. Con el capítulo XXXIII doy por terminada la escritura de este libro. Ante la incertidumbre del final de mi vida laboral en apenas unos meses, este itinerario de mis años como profesor necesitaba el consejo de lectores y seguidores.
 Acudí a Facebook, y tomé algunas ideas para acabarlo, unas divertidas, otras serias: una fe de erratas (Maximiliano), la analogía entre el cine y la existencia (René Atilio), la utilidad de lo inútil (Amalia), las devoluciones de mis alumnos y su camino tras dejar el instituto (Griselda), "un resumen de mis emociones y de lo que ha quedado en mí de la experiencia. Sin adornos, sin florituras, sin golpes de efecto, sin querer complacer al lector" (Lourdes), un "sans fin" (María Ascen, Lorena), "un puzzle de abrazos y besos de alumnos y colegas. A lo mejor es un poco ñoño, pero si tiene gracia, puede ser emotivo y divertido, a lo "Cinema Paradiso"" (Annukka), "una visión de futuro" (Miquel), "un inquietante silogismo" (Gloria), cómo ha influido en mi vida personal (Laura, Amelia), "de la misma manera con la que empezó, con el aliento suficiente como para no finalizar algo, sino pensando en escribir otro" (Marcelo), lo que dejaron en mí los alumnos (Marilú), "¿cómo acabar lo que no puede ser acabado? Usted siempre será un profesor de filosofía, aún después de muerto la onda que hizo resonar en el estanque seguirá vibrando en el alma de sus alumnos" (Christian), "continuará..." (Luziazul), "con la palabra "Fin"" (Jordi, Mónica), "aifosolif, un filósofo alicantino" (Pere), "sólo sé que no sé nada" (Delfina)...

 Tantas propuestas para "estos días azules y este sol de la infancia", ese verso último encontrado en el bolsillo de Antonio Machado el día de su muerte, el 22 de febrero de 1939. Los poetas y los músicos supieron expresar lo que filósofos, científicos y profesores no alcanzaron: la vida y la belleza, ¿y no reside ahí la verdad?. Los jubilados buscan el sol de la infancia, en parques donde juegan a la petanca, en jardines donde juegan con sus nietos. La naturaleza y su reflejo en los ojos del niño es lo que queda tras un largo y tortuoso camino de los trabajos y los días

 Volver a ser un niño... Jugar, contemplar, soñar. Lo que acaso no pudo hacer el maestro, con su programa y su rutina, dando cuenta a un jefe de estudios, a un director, o a un inspector. ¡Qué crueles eran los maestros con los niños que soñaban distraídos! "Y en la aborrecida escuela, / raudas moscas divertidas, / perseguidas / por amor de lo que vuela".
 
 Fe de erratas: añado esta hoja final para corregir los errores observados en el libro de mi oficio (mis trabajos y mis días): si por fortuna exigí sacrificar la vida por el saber a estudiantes que apenas comenzaban a sentir el amor de lo que vuela. La escuela como institución disciplinaria y la infantil libertad de la desobediencia

 El cine hollywoodiense tuvo su subgénero escolar, donde ese conflicto entre la institución disciplinaria y la libertad de la desobediencia se resolvía en fiestas y canciones. Pero en Europa imperó una visión menos edulcorada: "Der blaue Engel" (1930) de Josef von Sternberg, adaptaba una novela de Heinrich Mann, "Professor Unrat", en la que un prestigioso y severo profesor, Immanuel Rath (Emil Jannings), se degradaba y humillaba por una cabaretera, la bella Lola (Marlene Dietrich), al intentar "salvar" a uno de sus disipados alumnos. Este tópico trágico de "la desdicha de la virtud" tan de Voltaire y Sade: el "virtuoso" Rath era llamado por sus alumnos "Unrat" (basura). ¿Qué maestro no ha arrostrado la "desdicha" de un "mote descalificatorio" por parte de sus discípulos, borrando su "nombre"¿Qué profesor no ha sentido alguna vez ese trato por parte de algún alumno ruin? ¿Y qué diremos de aquellos profesores que han soportado año tras año esta indignidad en el aula, con el agravante del abandono de la dirección del centro, y la indiferencia de sus compañeros?. Y, por otro lado, una película tan anarquista como "Zéro de conduite" (1933) de Jean Vigo, en la que los profesores de un colegio estricto por sus castigos se enfrentan a la "rebelión" de cuatro alumnos que han recibido un "cero en conducta". La imagen de los chicos en el tejado tras una batalla de almohadas contiene tanta poesía como furiosa crítica antiburguesa.
 Quizás recordemos aquellas palizas que los alumnos de los colegios religiosos recibían por parte de los curas, por no hablar de los abusos, tal como vemos en la película "F. E. N." (1980) de Antonio Hernández. Generaciones de niños traumatizados por la brutalidad del sistema educativo, público y católico. Pero todo aquello ya pasó, y, en la ley del péndulo, hoy son los profesores los que tienen miedo. Depende de qué colegio o instituto te toque, y del grado de implicación de la directiva, pero, en general, las escuelas públicas del llamado mundo occidental son un semillero de ignorancia y violencia. En el Reino Unido nadie quiere ser maestro, y en Estados Unidos hay que llevar chaleco antibalas.
 
 Y como no es la verdad sólo destrucción sino asimismo creación, menciono dos películas en que el camino de la infancia queda marcado por los buenos maestros (en el buen sentido de la palabra, buenos): "Первоклассница" (Pyervoklassnitsa) (Alumna de 1º Grado) (1948) de Ilya Frez, la historia de la niña Marusya Orlova (Natalya Zaschipina) que descubre la escuela. Una niña aprendiendo por primera vez es una "epifanía", una "manifestación" del poder del alma humana de transformarse bajo el ejemplo de la verdad, el bien y la belleza, encarnados en la Maestra, Anna Ivanovna (Tamara Makarova). Durante la filmación los niños actores del colegio nº 201 de Moscú pensaban que su "maestra" se llamaba verdaderamente Anna Ivanovna. Tal simbiosis entre el arte y la vida se vive en la escuela cuando un "maestro bueno" alumbra tu camino, con su voz, su mirada, la poesía, el canto y las salidas a la naturaleza.
 Y lo mismo experimentamos en "二十四の瞳" (Nijū-shi no Hitomi) (24 ojos) (1954) de Keisuke Kinoshita. Un film dramático clásico japonés basado en la novela de la escritora Sakae Tsuboi (1952). Es la historia de una maestra, Hisako Ōishi (Hideko Takamine), que llega a un pequeño pueblo costero. Sus costumbres modernas -monta en bicicleta- despiertan rumores en los habitantes del lugar. A lo largo de la película (y la novela) los niños van creciendo, y así pasan veinte años, en los que arriba la guerra y la derrota, y la renuncia a su cargo por la presión militarista. Lo más inolvidable del film es el fuerte vínculo de afecto que se desarrolla entre alumnos y maestra, lo que me reafirma en mi idea, adquirida tras 32 años dando clase, según la cual enseñar es dar amor. La filiación platónica de esta manera de entender la educación es clara. En "El Banquete", el filósofo ateniense conectó el saber con el amor, a través de la búsqueda de la belleza. Solo conocemos lo que amamos. Amamos el saber, porque el saber es bello y bueno. Y no es una cursilada esto. Es lo más preciado de nuestro paso por la escuela.

 ¿Y qué utilidad tendrá todo este amor y todo este sufrimiento? Niños apartados de su familia y "encerrados" en escuelas e institutos contra su voluntad para aprender cosas que no desean, ¿que no necesitan? ¿Quién determina esto?

 Nuccio Ordine (1958-2023) publicó "L'utilità dell'inutile. Manifesto" (2013), donde reivindicó la búsqueda de la belleza y los saberes humanísticos en un mundo mercantilizado donde todo se mide en términos económicos de beneficio material

 "Nell’universo dell’utilitarismo un martello vale più di una sinfonia, un coltello più di una poesia, una chiave inglese più di un quadro: perché è facile capire l’efficacia di un utensile mentre è sempre più difficile comprendere a cosa possano servire la musica, la letteratura o l’arte"

 (En el universo del utilitarismo, en efecto, un martillo vale más que una sinfonía, un cuchillo más que una poesía, una llave inglesa más que un cuadro: porque es fácil hacerse cargo de la eficacia de un utensilio mientras que resulta cada vez más difícil entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte)

 "Que la escuela centre su atención solo en lo «útil» no es preparar a los alumnos para la vida, sino prepararles la vida para que resulte útil a otros". Encontré esta reflexión en Carlos GaMart (https://twitter.com/CarlosGaMart). Quino pone en boca de Mafalda la misma idea: "¿No sería hermoso el mundo si las bibliotecas fueran más importantes que los bancos?". La linda ingenuidad de la niña rebelde pone muy nerviosos a los adultos.
 
 Y ahora seré polémico, "sin querer complacer al lector", o al "pensamiento políticamente correcto" (obediente al sistema): el sistema educativo no puede conciliar los martillos y las sinfonías. Desde que la informática, las tecnologías y las emprendedurías han ido desbancando a la música, la historia del arte, el griego o la filosofía, la función de la educación de transmitir el amor por la verdad, la belleza, o, incluso, el bien, ha dado paso a las competencias digitales y emprendedoras que forman "mano de obra" acrítica y resignada (su frase favorita es: "Esto es lo que hay") y no personas "cultivadas"

... Volver a ser un niño... Jugar, contemplar, soñar. Todo ello es "inútil" para el capitalismo. No producir, sino crear; no ganar, sino aprender. ¿Y no es el origen de la ciencia la pura contemplación? ¿No fue el "soñar" infantil el origen de la imaginación creadora de los artistas? Las matemáticas -a medio camino entre la ciencia y el arte- buscaron la belleza geométrica y la simetría. El matemático Pál Erdős (1913-1996) escribió platónicamente: "¿Por qué son bellos los números? Es como preguntar por qué es bella la novena sinfonía de Beethoven. Si no ves por qué, nadie te lo puede decir. Yo sé que los números son bellos. Si no lo son, entonces nada lo es".

 Lo diré de nuevo: cuando un estudiante que desprecia -o, peor aún, desconoce- a Brahms obtiene matrícula de honor, al graduarse en el instituto, algo está mal en el sistema. Y creo que la ciencia -no la tecnología- está en el mismo carro que las humanidades. Son lo que los griegos llamaban "ἐπιστήμη" (episteme), "ciencia" de las causas, de los principios, por oposición a "δόξα" (doxa), u "opinión", lo que "parece" verdadero, sin que sepamos por qué, sin que podamos conocer sus causas. Toda la tecnología es aplicación de conocimiento científico. Los médicos estudian biología y química. Los ingenieros, física y matemáticas. Los emprendedores, economía y matemáticas. Y los traductores, lingüística. El sistema educativo, cuando se siente "culpable" por ser "teórico" reconoce que es demasiado "científico". Un profesor no es más que el elemento débil en la cadena de perpetuación de la dominación político-económica. Ahora le dicen: no enseñes sintaxis, es inútil, lo importante es el inglés práctico; no enseñes lo que no pueda tener aplicación práctica: mejor y más útil el alemán de "camarero", sin acusativo ni dativo. ¿A quién le importa la concordancia y corrección sintáctica? ¡Pero si hasta han cambiado el nombre de la carrera universitaria (grado): ahora no se llama "Filología Inglesa" sino "Estudios Ingleses"! Siento decir que los profesores de inglés son hoy tan ajenos a la Lingüística, o sea a la ciencia, la sintaxis, como a la Literatura, o sea el arte. No es posible que puedan sentirse como profesores de Humanidades, porque preparan para aprobar una titulación de la Escuela de Idiomas, y no para sentir la belleza, la emoción y la revelación al leer un poema de William Shakespeare o John Keats.

 En la nueva ley educativa española (LOMLOE, 2022), el saber "teórico", es decir, "inútil" y "culpable", abstracto, complejo, es sustituido por "situaciones de aprendizaje", definidas oscura y confusamente como un "conjunto de situaciones y actividades que implican el despliegue, por parte del alumnado, de actuaciones asociadas a competencias clave y competencias específicas, y que contribuyen a la adquisición y desarrollo de las mismas". La palabra "ciencia", "saber", "concepto", "teoría", "ley" o "argumento" desaparece, en detrimento de "competencia" y "habilidad".

 Lo que el "poder económico-político" ha determinado que es "útil", las "competencias", sustituye a los "saberes"ciencias y artes!) "inútiles". Y entre los "saberes" (?) "inútiles" está la Philosophia (φιλοσοφία), la materia, asignatura, ciencia, o lo que sea, que he enseñado más de 30 años -con escaso resultado-, y que ha sido perseguida por todos los gobiernos y sus amos, los bancos y fondos de inversión. Hace años que escribí una encendida defensa de la utilidad de la filosofía. Una utilidad no mercantil, es decir, no convertible en dinero:

 "Y llegando a la tan famosa pregunta de los que desconfían o rechazan la filosofía: "¿Para qué sirve?" (su utilidad), respondo:

 "La labor del profesor de filosofía es la más entusiasta de cuantas puedan darse porque dentro de cada uno de nosotros existen unas preguntas vitales, un afán de saber, una voluntad de verdad, que nos eleva de nuestra condición animal, o peor, "mecánica", de consumidor, productor, emprendedor, deudor, seguidor y súbdito.

 Y la filosofía es útil porque útil es pensar en nuestro proyecto de vida; útil es saber qué es el mundo, quiénes somos, quiénes nos dominan, qué es nuestro lenguaje y qué son nuestros valores, normas, fines y dilemas morales. La verdad es nuestro afán, sea una verdad sistemática o parcial, crítica o legitimadora del orden. Dice mi profesor Francisco Jarauta que el ser humano no tiene como horizonte la felicidad sino la verdad. Y ese afán de saber que recuerda Aristóteles al comienzo de su "Metafísica" es útil en la medida en que es necesario, porque lo necesario racional es lo único realmente necesario. Y además es la expresión de nuestra libertad. Solo porque disponemos de la capacidad de pensar somos libres -en la medida que lo seamos-. Kant expresa esa libertad racional en la palabra "autonomía". Somos humanos si ejercemos nuestra "autonomía", nuestra capacidad de darnos normas a nosotros mismos, no viviendo a merced de las normas que vienen del mercado, la iglesia, el gobierno, los medios de comunicación o nuestros deseos ciegos y egoístas. 
 
 Para eso sirve la filosofía, para ser humanos. "Atreverse a pensar", el lema ilustrado que nos dio Kant, eso es la filosofía. "Atreverse" es acto de la voluntad, pero una voluntad racional, porque la razón surge cuando se piensa contra algo. El poder negador de la razón es la expresión de su utilidad.
 La razón se atreve a pensar contra los sentidos, los mitos, las tradiciones, los dogmas y métodos cosificadores de las ciencias naturales, los valores económicos, contra los prejuicios morales...

 Y esa es la verdadera utilidad: hacer de nuestra "conciencia reflexiva" juez, fiscal y testigo de una realidad que pueda negarse (y superarse / transformarse) en la medida en que está alienada, manipulada, ocultada, sometida.

 La "reflexión" como el sol que alumbra más allá de lo necesario para la vida limitada de quienes nacen para estudiar lo que les mandan, trabajar en lo que les dejan, gastar en lo que puedan, y morir sin molestar".

 Por estas palabras recibí ataques. Y, "ladran, luego cabalgamos". La prueba del éxito es tener enemigos. Hoy desconfiar de las fundaciones educativas promovidas por bancos (ej: Aprendemos Juntos 2030) es una consecuencia directa de comprenderdenunciar la instrumentalización de la educación al servicio de la economía. ¿A los bancos les preocupa la belleza de lo "inútil"? ¿O les interesará más la crítica de la alienación económica y la desigualdad que ellos encarnan?


 (...) SIGUE DENTRO DEL LIBRO RECIÉN PUBLICADO,
"DIARIO DE UN PROFESOR DE FILOSOFÍA (1989-2023)"
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