jueves, 7 de julio de 2022

La ferida lluminosa. La triste luz del atardecer. Recuerdos. Diario imposible. Francisco Huertas Hernández

La ferida lluminosa
La triste luz del atardecer. Recuerdos
Diario imposible
Francisco Huertas Hernández


Puerto Pesquero
Alicante
7 de junio 2020
Fotografías: Francisco Huertas Hernández

 Recordar es vivir dos veces, o morir tres. En una fecha tan lábil como flébil fuimos paseando a través de la ciudad de la luz declinante por la senda del puerto hasta donde los gatos se arremolinan entre las cañas de los pescadores y el graznido de las gaviotas, con el olor salobre y las nubes oscuras del fin de los tiempos que nunca acaban de consumarse








 Los pescadores estaban en el otro espigón, y hube de desplegar el zoom de la cámara hasta límites turbios. El "ruido" de la imagen era menos rechinante que el de mi amor incierto. Las nubes filtraban los rayos de sol en la superficie del mar sosegado















 Entonces una tapia con alambrada encima dibujó mi sombra y la de ella, y un gato que en lo alto la guardaba, porque habéis de saber que las sombras han de ser cuidadas por seres inteligentes pero no hablantes, como los gatos y las aves, las hierbas y los insectos, que, sin extender su mano y ofrecer promesas, están ahí cuando nosotros somos solo una sombra, silueta del ser que añoramos, porque los entes que discurren en el tiempo siempre anhelan el ser que recibimos y no sabemos dónde perdimos en las timbas del otoño entre botellas de whisky y naipes alaveses. La adumbración que el pintor invitó con su técnica a desvelar la luz, que, dormida, el contemplador quiere ver, mas no es el ver lo que el hombre quiere, sino ser, ser como luz, y alumbrar, porque si en algo somos vistos por otros corazones es cuando iluminamos su existencia ¡Alumbrad si queréis ser vistos contumaces amantes del crepúsculo! ¡Umbráticas existencias, vosotras, también queréis brillar, amar, ser eternas en vuestra llama!











 La vida es un tiempo que no vemos deshilando unos afectos que no gobernamos en espacios que pisamos pero no nos acogen. Somos siempre forasteros en los espacios con los que el tiempo nos desovilla. ¡Hiéreme tiempo ido con tus promesas de eternidad despedazada!















 El sueño felino es sopor de ángeles sin deberes que dura dos veces lo que el hombre trabaja en un día. Guardar sombras, como los rebaños del poeta y el pastor del Evangelio, no es tarea fácil. Hay que cerrar los ojos a las sombras para que la luz no las desvaya. Solo la luz de los sueños protege las sombras de la vigilia. Mal creyó el que al despertar recordó haber sentido solo penumbras, opacidades y visiones fugitivas. Una herida luminosa que mana presentimientos y no sangre. Porque las heridas son aberturas del ser vulnerable que somos sin piel. Y echamos el alma ensangrentada con terror hemofílico. Y como el Dios hombre la herida es la huella del dolor que nos purifica, porque sin amor nos desangramos hasta no ser ya nada. Por amor el Dios humano murió por las heridas del ser que era solo mundana existencia. Por amor yo cuidé tu herida para que tú me desangraras para ser solo ya tu ser

























7 comentarios:

Anónimo dijo...

Poesía sufriente amigo español

Inma dijo...

Bouleversée! Merci!

Laura A dijo...


Maravilloso. Déjame decirte, porque vale la pena decirlo, que, al menos viviste, tuviste una gran historia de amor. Es muy de valorar haberla tenido.
En otro orden de cosas, te digo que, si de mí dependiese, serías un Premio Nobel de Literatura.

Anónimo dijo...

Sublime texto de poesía lacerante.
¡Enhorabuena!
Y sí, si el amor no hiere, a veces, no es amor o solo se le parece.

pacosepu@gmail.com dijo...

Lo mejor que te he leído nunca, Francisco...BRAVO!!!!!!!!

ACORAZADO CINÉFILO dijo...

Gracias Paco. Escribo así solo cuando estoy en trance. Dolor y esperanza me llevan

Francisco dijo...

Gracias Laura. Ya sabes que escribo sobre mi vida y a veces entro en trance. Lo del Nobel me halaga, pero hay mucha competencia