lunes, 27 de abril de 2020

Deseo y Deber. Desire & Duty Films. Francisco Huertas Hernández. Reflexión filosófica



Deseo y Deber (Reflexión filosófica)
Desire & Duty Films
Francisco Huertas Hernández




"Paths of Glory" (1957). Stanley Kubrick
"Senderos de gloria"
General George Broulard (Adolphe Menjou) & Coronel Dax (Kirk Douglas). En esta clásica película antibelicista ambientada en la Gran Guerra el general francés Broulard ordena atacar una posición alemana en una misión sin probabilidad de éxito. Para ocultar su fracaso, los generales Mireau (George Macready) y su superior, el general Broulard, deciden realizar un consejo de guerra a varios oficiales y condenarlos a muerte. El coronel Dax los defiende en un juicio que es una farsa. 
Muchos temas plantea esta cinta: la obediencia debida en la jerarquía castrense -lo más contrario a la libertad y a la democracia que existe-, la imposibilidad de una "justicia militar", la ética como "desobediencia". Ya escribió el filósofo Javier Muguerza (1936-2019), a propósito de si existe la obligación moral de obedecer el Derecho -en la película, el Derecho Militar, un oxímoron, una contradicción en sus términos-, que no, que la conciencia individual se manifiesta en el "disentimiento moral", la capacidad de decir no. El deber entendido como sometimiento de la conciencia individual a la ley y la voluntad general choca con la ética como disentimiento. La negación de la repugnante norma de la "obediencia debida" es la única salvaguarda de la libertad y dignidad humana. En el juicio de Nuremberg se intentó legitimar: "La defensa Nuremberg es una defensa legal que esencialmente establece que el imputado estaba "solamente siguiendo órdenes" u "obediencia debida" ("Befehl ist Befehl" órdenes son órdenes) por lo que no sería responsable de tal delito"

 Toda la historia de la ética, y, lo que es más importante, de las religiones, es la lucha entre los deseos, naturales o adquiridos, y los deberes. La represión del deseo genera la neurosis en la interpretación psicoanalítica, pero también resulta indispensable para la civilización. Tras milenios de vida humana y cientos de años de religiones y éticas, este conflicto ni se ha resuelto ni se resolverá jamás. La lucha entre el lado animal y el lado divino, entre el instinto y la ley, entre el egoísmo y la sociedad, es una lucha que desgarra el cuerpo y la mente. El deseo no puede ser la base de la ética, señalan casi todos los sistemas, porque es egoísta, irracional, insaciable. Este argumento refuta a la naturaleza, porque los deseos más fuertes son, suponemos, de raíz natural, biológica: el hambre, el sexo, la lucha por la existencia, por el territorio. Pero los deseos, aun canalizados socialmente, siguen presentes y obran desde dentro para destruir los diques del deber. Son como corrientes de agua que llegan a desbordarse. Hoy, los medios de comunicación se interrogan acerca de los deseos criminales de los psicópatas, de los pervertidos, que buscan el placer más allá de todos los límites morales imaginables. Un pesimismo antropológico recorre el mundo desarrollado tecnológicamente: la sociedad está llena de criminales, pederastas, necrófilos. ¿Será esto natural?  No, responden los científicos sociales que obedecen al capital. “Sólo son mentes enfermas. La naturaleza no es mala”.

"Disobedience" (2017). Sebastián Lelio
"Desobediencia"
Ronit Krushka (Rachel Weisz) & Esti Kuperman (Rachel McAdams)
En este film británico del director chileno, la familia ortodoxa judía de una mujer no puede aceptar que ame a otra mujer. El "deber" moral fue desmontado por la filosofía de Friedrich Nietzsche (1844-1900) como "resentimiento" de "enemigos de la vida". La represión del deseo -cuerpo- ha llegado al extremo de la ablación del clítoris de las niñas, la flagelación y el cilicio y otras prácticas inhumanas. Nietzsche tampoco salvó de su crítica el "deber" moral kantiano de origen puramente racional. Tanto la fe como la razón se aliaron en su desprecio y aniquilación del cuerpo y sus pasiones, es decir, de la naturaleza. El cristianismo, de hecho, considera un "pecado original" que el recién nacido hereda. La naturaleza queda reducida a pecado. Sin embargo, lo que la naturaleza manifiesta es el deseo de placer

 Pero la cultura ha sido la lucha por desviar, moldear, domar, la naturaleza. En los albores de la edad moderna Francis Bacon (1561-1626) proclamó el imperio de la ciencia y su misión de “torturar a la naturaleza” (natura torturata) para arrancarle todos sus secretos. Con el desarrollo de la tecnología, como ciencia aplicada, Europa mostró su poder y sometió a la razón instrumental toda fuerza natural o humana. Con el triunfo del capitalismo esa doma de los elementos se convirtió en depredación de los recursos naturales, en vasallaje del propio ser humano convertido en mano de obra. El marxismo, y, más tarde, el ecologismo rechazaron este modelo y revalorizaron, sobre todo éste último, la naturaleza.

 Pero la
naturaleza siempre fue un obstáculo en el desarrollo de la humanidad: la naturaleza exterior (los mares, los ríos, las montañas, los desiertos, los bosques, las selvas, los volcanes) con sus cataclismos, con sus ciclos, con sus leyes ajenas al bienestar humano, y la naturaleza interior del propio hombre (sus deseos, sus necesidades, sus limitaciones)

"Les Résultats du féminisme" (1906). Alice Guy
Parece que esta directora francesa inventó el cine de ficción -narrativo- antes que Georges Méliès, con su película "La Fée aux Choux" (1896). En esta ingeniosa historia -¡filmada en 1906!- "postula un mundo al revés, donde hombres y mujeres intercambian sus roles,de modo que los hombres actúan como mujeres, adquiriendo el rol materno y de cuidado del hogar (planchar, coser, etc), mientras que las mujeres actúan como hombres, pasivas antes las obligaciones del hogar. Al final de la película los hombres, disconformes, se rebelan en contra de su sumisión y su rol". El "problema" de la mujer ha sido su sumisión en una sociedad patriarcal. El feminismo no es sin más un deseo de liberación sino un deber de igualdad o de equidad entre sexos

 El conflicto entre el deseo y el deber, es, simplificando, la lucha de la cultura (la ciencia) contra la naturaleza. Las perspectivas del equilibrio entre ambas están lastradas por el punto de vista humano, que no puede dejar de ser cultural, esto es, racional. Pero la racionalidad no significa solamente proyecto ético, o, incluso, religioso, pues, de todo punto la religión es un producto cultural y antinatural, racionalidad es necesariamente la experiencia de comprensión humana en sentido amplio, a partir del lenguaje y el pensamiento. Esto quiere decir que el punto de vista imperativo (prescriptivo), postulador de deberes, es consustancial a la racionalidad, a la cultura. El deber se alza sobre el deseo porque es la construcción de la razón que comprende y evalúa la naturaleza, en este caso, la naturaleza propia del ser humano. La razón práctica o ética marca qué aspectos de la naturaleza humana (deseos) pueden ser admitidos dentro de la cultura, de la sociedad. Porque, ante todo, la racionalidad es un proyecto social. Se admite la piedad y se rechaza la lujuria, por ejemplo. Pero el poder de la libido no desaparece, y, estalla, antisocialmente, en episodios de perversión y crimen. Esto causa desasosiego en la mayoría, porque el lado animal (mantis religiosa, hiena, piraña) se revuelve contra los mandamientos morales y religiosos aprendidos desde niños.

"कभी खुशी कभी ग़म... " (2001). करण जौहर
"Kabhi Khushi Kabhie Gham..." (2001). Karan Johar
Película india sobre la dificultad de amar cuando la diferencia económica se interpone. Rahul, de familia rica de Delhi, se enamora de Anjali Sharma, de clase económica humilde. El deber aquí es la obediencia a la tradición de matrimonios entre semejantes. El amor siempre es deseo. ¿Cómo conjugar el deseo y el deber? Sigmund Freud (1856-1939) vino a decir que esa es la tragedia de la vida psíquica, un yo intentando complacer al mismo tiempo a un ello deseante e inconsciente y a un superyo juez moral implacable. Hasta en el cine de Bollywood ese drama es sustancia misma de sus historias, tan antiguas como Medea, o Adán y Eva: el deseo de placer y el deber de obedecer

 La forma de vida humana es antinatural: la razón es enemiga de la naturaleza. La cultura nos inculca ser buenos (valores no naturales, sino sentimental-racionales) pero nosotros queremos placer. Dentro de nosotros, bajo nuestra vestimenta adquirida en la civilización, late el instinto natural, que no quiere más que imponer su dominio. Esta perspectiva muy freudiana (con el ello presionando al yo, que, a su vez, es vigilado por el superyo moral) no puede dejar de ser válida mientras vivamos dentro de la cultura, de la razón y el deber, es decir, mientras seamos lo que somos: humanos, olvidadizos de su origen animal.

 El deseo
 debe encontrar satisfacción dentro de la cultura. El egoísmo y la irracionalidad propios del deseo, según los moralistas, son a juicio de los genetistas y sociobiólogos, portadores de la continuidad de la especie: un gen egoísta pero necesario para la supervivencia de la especie humana. Las múltiples alteraciones producidas por la cultura en la mente humana pueden dar lugar a aberraciones morales sin finalidad natural alguna. Pero, quizá, como escribió el viejo maestro ateniense, los estados más corrompidos son los que más leyes (deberes) tienen. Y en esta sociedad humana postindustrial la regulación de la vida ha llegado a puntos incomprensibles. Esa presión debe necesariamente producir distorsiones en la conducta, por ser el instinto sensible a las corazas. Donde solamente había un hombre que buscaba mujeres con quienes solazarse, la regulación represiva de la cultura creó un monstruo violador, criminal y necrófilo. Sin embargo en una sociedad tan compleja también ha de tenerse en cuenta el efecto de la publicidad incitadora del deseo y los códigos del éxito social, que presionan, a veces, en sentido contrario hasta destruir todo tipo de equilibrio moral y biológico.

Francisco Huertas Hernández
Agosto-septiembre de 2002



4 comentarios:

Unknown dijo...

Muy de acuerdo. Los deberes nos oprimen pero los deseos nos esclavizan

Unknown dijo...

La peli de Kubrick deberían ponerla en las escuelas a ver si los niños dejan de sentir esa vocación militar. Vaya tela. Que los maestros en lugar de formar mentes críticas forman menres obedientes dispuestas a todo

Jorge N.A dijo...

Genial entrada a tu blog! Me ha gustado mucho leer este escrito.
Tuve la enorme suerte de ver Senderos de Gloria en la filmoteca. Por supuesto que justicia militar es un oxímoron. A este respecto, suscribo el tópico de que el peor policía es el que llevamos dentro.
Por otro lado, el sociólogo Norbert Elías (copiándose, en realidad, de Freud) habla de que la civilización, que como tú bien dices es una domeñación de nuestros instintos, es un proceso reversible. En cualquier momento, si descuidamos y obviamos los mecanismos que la permiten, estamos condenados a volver a la barbarie. El proceso de civilización es frágil. Es arduo, y requiere de un esfuerzo permanente y un profundo conocimiento.
No existe la civilización por la civilización, como valor inherente al ser humano. Lo mismo ocurre con el progreso.

Paco Sepúlveda dijo...

Muy interesante, Francisco, como de costumbre. Enhorabuena. "Senderos de gloria" es mi Kubrick favorito.