domingo, 13 de diciembre de 2020

"El último caballo" (1950). Edgar Neville. Estrella Millán Sanjuán


"El último caballo" (1950). Edgar Neville.
Estrella Millán Sanjuán

Imágenes y Textos de imágenes: Francisco Huertas Hernández


"El último caballo" (1950). Edgar Neville
El caballo Bucéfalo, Fernando (Fernando Fernán Gómez) e Isabel (Conchita Montes)

 Que Edgar Neville (1899-1967) tenía talento no lo cuestiona nadie. Sin embargo, es de los directores que rodaron durante la dictadura franquista que no han sido valorados en su justa medida, tal como les pasó a otros de la misma época como Nieves Conde, Mur Oti o Ana Mariscal. Cineastas que realizaron obras muy interesantes, en un periodo poco propicio y con la espada de Damocles en forma de censura permanente. Un cine muy alejado de las folclóricas de la época y de aparente normalidad.

 Tal vez contribuyera al escaso reconocimiento de este director de origen aristócrata su carácter bohemio y atípico, con una actitud de libertad política, intelectual, no religioso, sin ataduras, que motivó que no gustara ni a la derecha ni a la izquierda. Un espíritu libre e independiente que encontró la forma de comunicarse a través de la escritura y el cine como un vehículo incómodo para la época.


Edgar Neville (1899-1967)
Director de cine español, autor de clásicos como "La torre de los siete jorobados" (1944), "Domingo de carnaval" (1945), "La vida en un hilo" (1945), "El crimen de la calle de Bordadores" (1946) o "El baile" (1959)

Charles Chaplin & Edgar Neville

 Amigo personal de Charles Chaplin, después de su andadura por Hollywood trabajando para la MGM, se rodeó de celebridades y aprendió del cine del genio que ejercería una gran influencia sobre él.

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Título. Créditos

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Fernando Fernán Gómez y Conchita Montes. Créditos

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Guión original y Dirección: Edgar Neville. Créditos

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Es una Producción Edgar Neville. Créditos
Vista de Alcalá de Henares

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Tejados de Alcalá de Henares. Plano inicial del film

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Regimiento de Caballería en Alcalá de Henares. Bello travelling de presentación de los militares y los caballos. La mecanización acaba con la división ecuestre

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Regimiento de Caballería en Alcalá de Henares. Presentación en plano frontal de los protagonistas: Simón (José Luis Ozores) y Fernando (Fernando Fernán Gómez)

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Fernando (Fernando Fernán Gómez) y Simón (José Luis Ozores) se licencian. Marchan de Alcalá de Henares pasando junto a la fachada plateresca de la Universidad diseñada por Pedro de Gumiel en 1499

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Fernando (Fernando Fernán Gómez) solicita comprar el caballo Bucéfalo al abandonar el Regimiento

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Fernando (Fernando Fernán Gómez) a caballo sale de Alcalá de Henares en dirección a Madrid. Plano general de la carretera con un automóvil que le adelanta. Metáfora del fin de una época

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Julia (Julia Caba Alba) ve sus plantas comidas por el caballo 

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Elvirita (Mary Lamar) & Fernando (Fernando Fernán Gómez). La espera de la novia que borda y toca el piano. Y el novio soñador que ama a su caballo por encima de las convenciones sociales

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Elvirita (Mary Lamar) & Fernando (Fernando Fernán Gómez) ¡Qué triste pasividad de la mujer española en la dictadura militar nacionalcatólica de los años 40 y 50 la representada por la interesada Elvirita!
Mary Lamar Mahler es una actriz española nacida en 1923, de la que no tenemos mucha información. Se casó con Italo Cividini y se trasladó a Estados Unidos. Participó en películas españolas en los años 40 y 50 como "Catalina de Inglaterra" (1951) de Arturo Ruiz Castillo, o "Don Juan" (1950) de José Luis Sáenz de Heredia

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
El caballo Bucéfalo, Isabel (Conchita Montes) & Fernando (Fernando Fernán Gómez)
El personaje de la florista Isabel interpretado por la pareja de Edgar Neville es atípico en el cine español de posguerra por su independencia económica y afectiva
María de la Concepción Carro Alcaraz (1914-1994), conocida artísticamente como Conchita Montes, actriz de teatro, cine, periodista, presentadora, traductora, fue una mujer independiente en una sociedad "entre visillos"

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Simón (José Luis Ozores). Un bombero que esconde un caballo entre los vehículos antiincendios

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Isabel (Conchita Montes) & Fernando (Fernando Fernán Gómez). Plano lateral de una pareja protagonista no consumada amorosamente. La trama del caballo y el compromiso de Fernando con Elvirita, por un lado, y la independencia de Isabel, por otro, no crean la tensión amorosa entre los dos personajes. Conchita Montes fue una actriz muy limitada y, quizás un lunar, en el reparto

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Simón (José Luis Ozores), Fernando (Fernando Fernán Gómez) & Isabel (Conchita Montes) intentan despertar al cochero borracho (Fernando Aguirre)

"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Fernando (Fernando Fernán Gómez) montado en el caballo Bucéfalo en la Gran Vía
Este plano representa lo mejor de la película: el conflicto del progreso y la vida natural. Un caballo entre autos en la gran Avenida madrileña, construida entre 1910 y 1929 con la finalidad de llenar de automóviles una ciudad que aún era casi un pueblo

 Con “El último caballo” homenajeó el sainete, si bien, desde la estilización y otro aire menos antiguo y castizo, con ese tono irónico y elegante que le caracterizaba. Podemos decir que fue la primera película con conciencia ecologista en España y con un espíritu que bebía ligeramente de películas como “À nous la liberté” (1931) de René Clair y “Modern Times” (1936) de Charles Chaplin en las que se pone en entredicho o se denuncia la mecanización del trabajo, la pérdida de derechos y la industrialización. Una interpretación sui generis del paso del tiempo y la modernización contextualizada en un Madrid hermosamente fotografiado y que constituye un excelente documental en sí mismo de la capital y sus gentes en los 50.

 El mérito de Neville es alumbrar una obra en la que se conjugan temas como la ecología, el maltrato animal, la tecnología, la denuncia de los convencionalismos sociales, una visión con sentido del humor del costumbrismo de la época, la miseria, la nostalgia, el despotismo de los jefes… Toda una amalgama que da como resultado una película inclasificable, innovadora, por momentos esperpéntica, con un fino sarcasmo y una sutileza que supieron eludir la férrea censura, pero metiendo el dedo en la llaga de forma muy inteligente.

 Y la aportación original de crear como un personaje más al caballo Bucéfalo le suma enteros a esta singular película que me recuerda a la posterior “Au hasard Balthazar” (1966) de Robert Bresson en la que otro equino, en este caso un burro, es el eje de la película, aunque con un simbolismo místico que en el caso de la española no tiene. Pero comparten algún nexo en común por la importancia que se le otorga a un animal tan noble, sufridor y paciente, que trasciende la aparente y simple inclusión en el guión.

 Una serie de planos de un Madrid apresurado, con mucho tráfico y atascos nos abre este film, que también me remite al New York agitado de “The Crowd” (1928) de King Vidor, en la que las grandes ciudades engullen a las personas, privándoles de su intimidad y del disfrute de lo esencial. Después el autor nos muestra la antítesis, un Alcalá de Henares pacífico, rural, que transmite tranquilidad en la que se presenta al protagonista.

 Fernando (un brillante Fernando Fernán Gómez), es un soldado que se licencia después de dos años de servicio militar y se entera que el regimiento va a pasar de ser de caballería a motorizado, con lo cual los caballos van a ser vendidos a un contratista que los empleará en el triste destino de caballos de picador en corridas de toros, en los que muchos mueren destripados por las astas del toro. Un bello travelling de cada soldado con su caballo a lado nos habla ya con añoranza de los tiempos que ya no volverán debido a la modernización del ejército.

 Por el amor a Bucéfalo, su caballo, el protagonista decide comprarlo por 9000 pts. y llevárselo a Madrid, dinero que había ahorrado para poder casarse con su novia Elvirita. A partir de este momento seremos testigos de delirantes momentos, por momentos quijotescos, de este jinete solitario por una capital que no reconoce y que no le admite a él, ni a su caballo. Dos años son suficientes para percibir su desubicación laboral, sentimental, de vocación y motivacional.

 Un Madrid cambiado, motorizado, contaminado, masificado y aumentado urbanísticamente al que este Don Quijote pretende, a lomos de su caballo, desafiar en pro de una vida rural, con respeto a los animales, sin prisas y sin humos. Todo un alegato ecologista contra los molinos de una economía cada vez más capitalista y consumista.

 Las imágenes trotando entre los coches por la Gran Vía son incomparables, de un anacronismo bellísimo, así como las nocturnas con el juego de sombras buscando un sitio donde alojar a su animal en una ciudad sin sitio para caballos, ni para idealistas.

 Encuentra a su Sancho Panza personificado en un bombero, Simón (el genial José Luis Ozores) con nobleza y con alguna extravagancia, pero que será uno de los que más le apoye en su empresa romántica y soñadora. Y el trío de personas desubicadas en una sociedad lastrada por prejuicios lo completa la florista Isabel (Conchita Montes, pareja del director), una chica moderna, atípica y con corazón. Un guiño en el guión a “City lights” (1931) de Chaplin, al que tanto admiraba.

 Y Bucéfalo que es cedido y malvendido, maltratado en una corrida de toros, se convierte en la alegoría de la resistencia, la defensa de valores de antaño, de lo natural, lo poético, lo rural, en contra de la civilización aplastante. Como el caballo más famoso del pasado, aquél con el que Alejandro Magno conquistó un imperio. “Bucéfalo, tú eres la vida antigua”, comenta Fernando.

 Edgar Neville compuso una película con melodías aparentemente ingenuas y utópicas, pero en realidad hiló muy fino, dejando constancia con estos personajes rebeldes, inadaptados, su apoyo al ecologismo, a las iniciativas económicas alternativas, al asociacionismo y la protesta callejera como anticipo a las manifestaciones en una época franquista (genial la imagen de los coches pitando en su ebria queja con el caballo del trío soñador). Una leve crítica al mundo del toro, a la colonización urbanística, rechazo al maltrato animal y defensa de la vida menos consumista.

 ¿Y no serían estos románticos y entrañables personajes unos incipientes antisistema, que se autodenominan “Los cuatro mosqueteros” cuando se les une un labrador que no quiere vender sus tierras a una constructora y gritan a los cuatro vientos en una escena buenísima en el bar: “¡abajo los camiones!”, demandando solidaridad, sosiego y una mejor calidad de vida?

“¡Con gente buena venceremos al materialismo y al motor!”, comentan en un carro tirado por un mimado Bucéfalo mientras van a vender flores a Madrid.


"El último caballo" (1950). Edgar Neville
Cartel

3 comentarios:

Unknown dijo...

Excelente

Anónimo dijo...

Me encanta el post

antonio pardines dijo...

Gran película, de un director que (no creo exagerar) iba varios pasos por delante del resto de cineastas españoles de su época. Un imprescindible y uno de mis favoritos, de los pocos que hizo un cine personal, de muchos quilates y todavía mantiene todo su interés.