martes, 8 de diciembre de 2020

Indicios. Texto literario (2002). Francisco Huertas Hernández. "The Private Life of Sherlock Holmes" (1970). Billy Wilder


Indicios
Texto literario (2002)
Francisco Huertas Hernández


"The Private Life of Sherlock Holmes" (1970). Billy Wilder
La película británica de Billy Wilder toma el personaje literario de Arthur Conan Doyle para realizar una melancólica reflexión sobre las apariencias y la realidad. Sherlock Holmes, siempre acompañado por su fiel Watson, tendrá que resolver dos casos. El primero solo es un desafío erótico: una bailarina rusa quiere tener un hijo con el detective para que herede su inteligencia y el físico de ella. Holmes tiene que confesar su relación homosexual con Watson para salir del embrollo. Nadie se había atrevido a ir más allá de las apariencias (indicios) en la estrecha relación de investigador y médico como Wilder y Diamond. El segundo caso es donde la potencia intelectual de Holmes es llevada al límite, hasta la misma derrota. Otra mujer hermosa le pide ayuda tras ser rescatada de las aguas del Támesis. Su marido, ingeniero, ha desaparecido. La aventura llevará a Holmes y Watson a Escocia. Monjes, enanos y el monstruo del Lago Ness convergen en una historia en la que los más altos poderes del Imperio Británico están implicados.
Esta película es una de las más importantes de mi vida. La reunión de tres genios -Conan Doyle, Wilder y Miklós Rózsa (su bellísimo concierto de violín adaptado por encargo de Billy Wilder)- que construyen un retrato desmitificador del héroe, y la puesta en escena magistral del director, me conmueven profundamente.

Sherlock Holmes es considerado el maestro del razonamiento deductivo (argumento donde la conclusión se infiere necesariamente de las premisas). Los indicios (cosa material, señal o circunstancia que permite deducir la existencia de algo o la realización de una acción de la que no se tiene un conocimiento directo) revelan con esfuerzo lo oculto, esa "realidad" que es el mal, en el caso del investigador. El indicio (apariencia) bueno es el que revela el mal (realidad). Curiosa paradoja

 Hay señales que dan a conocer lo oculto. Son los indicios. Sospechas de una verdad escondida por el prejuicio y la maldad. Hay indicios meridianos, cegadores, irrefragables. Queremos creerlos aunque todo esté en contra. Nos tranquilizan. Nos reafirman. Sin embargo, estos indicios nada valen, nada descubren. Hay otros: oscuros, tortuosos, esquinados, llenos de incertidumbres, amenazadores. No queremos creer en ellos, pero nos van minando. Dan a conocer lo más odioso y fatal. El cine, la prensa, han hecho de estos indicios los únicos posibles. La maldad no es lo que oculta, la maldad es lo que revela esa clase de indicios. Detrás de toda señal está el mal. El mal es la verdad. El periodista y el policía, y, a veces, el metafísico, dan fe de esta actitud. Desde el mismo momento en el que aparecen los indicios tendremos la seguridad de que allí habrá crimen, delito, horror, espanto. El mundo no puede ser feliz si está lleno de indicios, predispuesto a ellos.

Francisco Huertas Hernández
2002

2 comentarios:

Unknown dijo...

Cuanta razón. El mal se cuela por los indicios. Ya se huele en ellos

Anónimo dijo...

Estupendo comentario, Francisco. Una película que me fascina. Al igual que me sucede con "The magnificent Ambersons". Son dos obras mutiladas que, aun fascinándome, me hacen salivar imaginando lo que pudo ser.