Fyodor M. Dostoyevsky: "Бѣсы / Бесы" (Demonios) (1872) (II). Conflicto generacional. Individuos e ideas. Europa contra Rusia. Francisco Huertas Hernández
Fyódor Mijáilovich Dostoyevsky (1821-1881) plasma en su magna novela "Бѣсы" (grafía original) -"Бесы" (grafía posterior a la reforma ortográfica de 1918)- esta disputa. El fondo teológico de esta contienda vital queda inscrito en el título de la obra: "Los demonios" (Biesy). ¿Quiénes son estos demonios? La cita del Evangelio según Lucas (8: 32-36) que abre la narración nos lo responde: los demonios salidos del hombre entraron en unos cerdos que pacían en el monte, y éstos se arrojaron por un despeñadero y se ahogaron en un lago. Los pastores, aterrorizados fueron a Jesús, y hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, junto a Jesús. Este hombre se había salvado.
Siempre surge la cuestión de si el mal -los demonios- existe como fuerza externa a Dios y al hombre, o es una parte del ser humano, y, por tanto, creación divina. El lector de Dostoyevsky sabe que el autor moscovita no es maniqueo ni panfletario: una red de complejos vínculos une a los personajes a través de sus diálogos, en los cuales crecen verticalmente. A diferencia de una narrativa tradicional en la que los personajes evolucionan horizontalmente en el tiempo a través de la experiencia, es decir, de la acción (Bildungsroman), en Dostoyevsky los individuos ascienden a las ideas, a través del sufrimiento del diálogo. El diálogo en Dostoyevsky es una suerte de confesión sufriente que aspira a la redención en la escucha del otro.
El novelista partía siempre de hechos reales del presente inmediato. Una suerte de periodista metafísico, que, en este caso, tomó un espeluznante suceso: Serguei Necháyev, líder de un grupo secreto, asesinó a otro de los miembros, Ivan Ivánov, en 1869, por miedo a ser delatados. El horror que inspiró en el escritor era mayor por cuanto él conocía bien ese mundo: en su juventud perteneció al clandestino Círculo Petrashevsky, agitador del socialismo utópico de Fourier. Como bien se sabe, Dostoyevsky fue detenido y condenado a muerte, llegando a estar ante el batallón de fusilamiento, y, luego, rechazó esas ideas importadas de Europa como una amenaza terrible para Rusia y para la humanidad. El mal venía de Occidente, sin duda, como la mayor parte de las invasiones que el país sufrió durante siglos.
El conflicto tenía sus raíces en la misma Modernidad: la secularización de Europa coincidiendo con el triunfo de la Reforma luterana, el ascenso de la burguesía, la Revolución Industrial, los ideales de la Revolución francesa, dieron lugar a un individualismo en el que la codicia se oponía a la fraternidad; el capital al trabajo; el hombre satisfecho al hombre necesitado de creer y amar a Dios. El nihilismo era el último eslabón de una cadena que se iniciaba en el Renacimiento. Mientras, la fe en la razón, la ciencia y, sobre todo, el progreso tecnológico producían una gigantesca acumulación de capital -posible con el colonialismo imperialista y el robo de los recursos de otros continentes, más la explotación de la nueva clase proletaria en las fábricas de Inglaterra y otros países de la Europa protestante por parte de esa burguesía materialista, atea, defensora del "self-interest"- que se enmascaraba en el liberalismo político proclamando la destrucción de las tradiciones religiosas y culturales del mundo preindustrial.
El nihilismo ruso fue una consecuencia de esa occidentalización de la juventud. Ivan Turguéniev usó la palabra en su novela "Отцы и дети" (Padres e hijos) (1862), y Bazarov es su exponente. En ese conflicto generacional, la pulsión destructiva propia de la juventud rechazaba la religión ortodoxa, la autoridad zarista y las normas familiares, apostando por el materialismo científico, el utilitarismo, el ateísmo y un egoísmo racional justificado por Darwin, Adam Smith y otros. Su fin era reducir a escombros la sociedad para reconstruirla más tarde mediante la ciencia y la acción política. El ideal utópico encontró la resistencia propia del Estado y se escoró hacia el uso de la violencia, como en el asesinato de Ivan Ivánov.
Friedrich Nietzsche usó el término "nihilismo" en 1878 y se alejaba del rugido impotente de los jóvenes leones rusos imbuidos de ciencia y utilitarismo. Para el pensador alemán el nihilismo es un estado espiritual y social de Europa tras la "muerte de Dios" (ateísmo): los valores morales dejan de servir cuando ya no tienen referente absoluto. Se atribuye a Nietzsche una distinción entre un nihilismo pasivo (pesimismo) y uno activo (destrucción), ambos en todo caso son síntomas de decaimiento, pues la afirmación de la vida, la voluntad de poder, ni se resigna, ni se limita a actuar reactivamente contra fuerzas superiores, es decir, destruyendo sin más. La voluntad de poder es el impulso de creación, afirmación y juego, simbolizado en el niño de las tres transformaciones del espíritu del inicio de "Also sprach Zarathustra" (Así habló Zarathustra), que supera al león (nihilismo activo) y al camello (nihilismo pasivo). El universo espiritual de Dostoyevsky es ajeno al de Nietzsche: en Dostoyevsky la humanidad sólo se salva en la fe y el amor a Dios.
Y, sin embargo, la literatura del gran Maestro de Moscú, se aleja del proselitismo, del sermón, del didactismo, incluso de la denuncia política o la novela social, estando todo ello presente también. Es la polifonía (plurilingüismo dialogizante), destacada por Mijail Bajtín, la que iguala en verdad, fuerza y vitalidad a todos los personajes, sin privilegiar el punto de vista personal de Fyodor Mijailovich Dostoyevsky. Dostoyevsky, en "Los demonios", es todos y cada uno de los personajes.
Los individuos emergen en "Demonios" con los personajes de la vieja generación, la de los años 1840: Stepán Trofímovich Verjovénsky (uso mi propia transliteración), el intelectual pasivo, perezoso (oblomovismo), sentimental y liberal moderado, y su amiga protectora, dominante y voluble, Várvara Petróvna Stavróguina, viuda de un general. Esa generación está llena de ideas occidentales como escribe en su gigantesca monografía Joseph Frank (1): "inspirada por el socialismo utópico francés, imbuido de una veneración a Cristo, y cuyas ideas filosóficas absorbió de los espaciosos horizontes metafísicos del idealismo alemán de Hegel, Schelling y Schiller", se encuentra en 1860 -época de las grandes reformas de Alejandro II (emancipación de los siervos, reforma de las instituciones)- con la nueva generación, la de sus hijos, Pyotr Stepánovich Verjovénsky y Nikolái Vsevólodovich Stavróguin, que radicalizó los anhelos reformistas de sus padres: "ahora la vida cultural rusa estaba dominada por una generación nueva, la de los sesenta, y sus guías, Nikolai Chernishevsky y N. A. Dobroliubov, eran hijos de familias de sacerdotes. Educados en seminarios religiosos pero desilusionados de la Iglesia, se habían convertido al radicalismo sociopolítico y buscaban alimento en el ateísmo de Feuerbach, el materialismo y racionalismo del pensamiento francés del siglo XVIII y el utilitarismo inglés de Jeremy Bentham. Así, el radicalismo ruso adquirió una nueva base ideológica, que fue formulada por Chernishevsky como doctrina del "egoísmo racional"".
Es esencial entender esto para comprender bien las motivaciones de los personajes de "Los demonios". Son seres llenos de vida, cercanos, a veces extraños, pero poseídos por las ideas. Esclavos de las ideas. No en vano hubo traducciones antiguas de la novela con el nombre de "Los poseídos", de la versión inglesa de Constance Garnett (1916): "The Possessed". Estas ideas se han apoderado del alma con una fuerza demoníaca, porque la conducen al apartamiento de Dios. Esta posesión demoníaca también aparecía en la traducción "Los endemoniados", muy acorde al Evangelio de San Lucas de los cerdos poseídos o endemoniados. Las ideas que nos poseen son más bien creencias, cuando pasan a ser nuestro suelo vital, en el sentido que le da José Ortega y Gasset, en "Ideas y Creencias": "las ideas se tienen; en las creencias se está". Para los "poseídos" por esos demonios de la voluntad, las ideas de transformación de la totalidad, son creencias, pues su vida queda subordinada de manera irracional a lo que en un principio era una representación consciente, racional, y sometida al diálogo y el debate. Podemos cambiar de ideas, pero no de creencias. En "Demonios", basada en la realidad de Nechayev, los poseídos no podían elegir, se veían conminados a actos contrarios a la humanidad para salvar sus ideas. Se arrojaron al precipicio como los cerdos.
Los individuos de la generación de los padres, son responsables por su inacción y sus veleidades europeístas, del desorden moral que se apoderó de sus hijos. El europeizar Rusia fue el gran proyecto de Pedro I, el Grande (Пётр Великий) (1672-1725), que levantó en el norte del país la nueva capital, inspirada en Venecia o Amsterdam. Stepán Trofímovich Verhovénsky, es un hijo espiritual de este reformismo europeísta y es el hilo inicial de la novela "Бѣсы". Celebra con un "¡hurra!" el decreto de Emancipación de los Siervos de 1861. Habiendo viajado con Várvara Petrovna Stavroguina desde la ciudad provinciana sin nombre, donde viven, a Petersburgo a sondear las nuevas ideas, recibían en la casa de ésta a los jóvenes liberales:
"Allí se charlaba de la abolición de la censura y la refoma de la ortografía, de la sustitución del alfabeto ruso por el latino, del destierro de Fulano de Tal ocurrido el día antes, de algún escándalo en las galerías donde estaban las tiendas de lujo, de la conveniencia de desmembrar Rusia en comarcas étnicas con libre organización federal, de la abolición del ejército y la marina, de la restauración de Polonia hasta el Dnieper, de reforma agraria y propaganda revolucionaria, de la abolición de la herencia, la familia, los hijos y el clero, de los derechos de la mujer, de la casa de Krayevsky, cuya suntuosidad nunca se le perdonará a Krayevsky, etc., etc. Er evidente que en esta caterva de gentes nuevas había muchos pícaros, pero también, sin duda, muchas personas honradas, más aún, encantadoras, no obstante las sorprendentes diferencias de carácter. Las honradas eran más incomprensibles que las perversas y groseras, pero nadie sabía quién manipulaba a quién"
(Говорили об уничтожении цензуры и буквы ъ, о заменении русских букв латинскими, о вчерашней ссылке такого-то, о каком-то скандале в Пассаже, о полезности раздробления России по народностям с вольною федеративною связью, об уничтожении армии и флота, о восстановлении Польши по Днепр, о крестьянской реформе и прокламациях, об уничтожении наследства, семейства, детей и священников, о правах женщины, о доме Краевского, которого никто и никогда не мог простить господину Краевскому, и пр., и пр. Ясно было, что в этом сброде новых людей много мошенников, но несомненно было, что много и честных, весьма даже привлекательных лиц, несмотря на некоторые все-таки удивительные оттенки. Честные были гораздо непонятнее бесчестных и грубых; но неизвестно было, кто у кого в руках)
Me detengo en este párrafo, denso como toda la novela, y premonitorio de lo que sería Rusia, a través de la URSS y de la Federación Rusa actual. El europeísmo exalta derechos individuales, loables quizás, pero, en el caso de Rusia, tendentes a debilitar su idiosincrasia. Por supuesto, en la enumeración caótica de proyectos destructivos -liberales o revolucionarios, da igual- se apuntan claramente la fragmentación de la nación rusa (¡cuán terrible y actual suena esa propuesta de la Gran Polonia en tierras de Novo Rossiya!), la supresión de su alfabeto y la eliminación de los valores tradicionales propios, siempre en beneficio de unos ideales surgidos en Francia e Inglaterra que universalizaban la dominación burguesa capitalista -colonialista e imperialista- bajo la coartada de las libertades. El humor de Dostoyevsky reproduce con exactitud la amalgama grotesca de envidias y murmuraciones de salón del gran mundo con las serias ideas disolventes europeas.
El enemigo de estos "demonios" ideológicos europeístas (liberalismo, socialismos utópicos, nihilismo, ateísmo) sufridos por los países periféricos -España, Rusia- y causa de su sentimiento de inferioridad fue el sentimiento nacional y el amor a la cultura y el pueblo. La "eslavofilia" surgió como reacción al europeísmo artificial impuesto a Rusia por Pedro I y Catalina, reivindicando la lengua rusa -frente al francés usado por las clases altas-, la religión ortodoxa y las costumbres del campesino ruso. La importancia sagrada de Aleksandr Pushkin no se debe sólo a haber fundado la literatura rusa y a su genio universal sintetizando todas las literaturas foráneas poniéndolas al servicio del folclore y la lengua oral propia, sino a haber combatido al primer teórico del europeísmo, Pyotr Chaadayev, que, en sus "Cartas filosóficas" sobre Rusia, vertió acusaciones sobre el atraso ruso y su inferioridad en el concierto de las naciones. Pushkin respondió con una firme defensa de Rusia y sus valores. Aunque fue una carta privada, más tarde llegó a ser el centro mismo de la "eslavofilia": el destino providencial único de Rusia, según Pushkin, era servir de reconciliación entre Oriente y Occidente, y salvar a la humanidad mediante su fe ortodoxa. Dostoyevsky asumió plenamente esta idea, como expuso en su famoso discurso en honor de Aleksandr Pushkin, durante la inauguración de su monumento en Moscú en junio de 1880: el sublime poeta era un fenómeno profético del espíritu ruso, capaz de sintetizar lo universal humano a través de la sensibilidad popular rusa.
Stepán Trofímovich, elegido por Dostoyevsky para mostrar los ideales europeístas tibios de la década del cuarenta, ataca sin piedad el "eslavismo": "se mostró desde luego conforme con la inutilidad y comicidad de la palabra patria", el "nacionalismo" ruso le era detestable, un engendro inspirado en ideas -y la lengua- alemanas, fruto de un pasatiempo de ociosos, porque lo que se necesitaba era trabajar más... y lo decía un tipo que no había trabajado de verdad en toda su vida.
Es difícil leer "Demonios" en estos días -2026 o cualquier otro año es lo mismo- y no sentir un escalofrío, y no tanto porque el conflicto ideológico no ha quedado resuelto como se ve en la débil política rusa frente al Occidente rusófobo, sino porque, más allá, de la pugna de ideas, hay un sufrimiento metafísico, el de la separación del hombre de lo trascendente, de Dios. Dostoyevsky, supo mejor que nadie, plasmar ese diálogo hiriente del alma con Dios, con la ausencia de Dios, y el destino de la Madre Rusia, cuya grandeza, riqueza y genio, fueron motivo de odio y envidia a lo largo de los siglos...
Francisco Huertas Hernández
12 de marzo de 2026
Bibliografía:
1. Frank, Joseph: "Dostoievski. El manto del profeta. 1871-1881". FCE. México. 2010

6 comentarios:
Wow. Brillante
Gracias amigos lectores
A pesar de la propaganda rusófoba unánime de todos los medios occidentales, los que no han leído a los autores rusos, y, sobre todo, a cuatro -Pushkin, Gogol, Dostoyevsky, Tolstoi- no entienden como los gobiernos rusos todos están contaminados por ese sentimiento de inferioridad y papanatismo proeuropeo. Todos. Lamentablemente, también hoy.
Este resumen de la IA Perplexity es muy espeso y cargado de datos, quizás debido a la imperfección de mi artículo y su riqueza de ideas: "El artículo analiza el conflicto generacional en Demonios (1872) de Dostoyevski como una lucha entre voluntades e ideas destructivas de la juventud y valores conservadores de los mayores, inspirado en hechos reales como el asesinato de Ivánov por Necháyev. El autor, Francisco Huertas Hernández, vincula esta tensión al fondo teológico del título —los "demonios" del Evangelio de Lucas que poseen y llevan a la perdición—, rechazando un maniqueísmo simple y destacando la polifonía dialogante de los personajes, donde el diálogo sufriente aspira a la redención.
Conflicto Generacional
La novela refleja la disputa entre la generación de 1840 (europeísta, utópica, liberal moderada) y la de 1860 (nihilista, radical, atea), con raíces en la modernidad occidental: secularización, burguesía, Revolución Industrial y Revolución Francesa, que generan individualismo codicioso y nihilismo. Dostoyevski, exiliado por sus ideas petrashevskianas, ve el mal importado de Europa como amenaza para Rusia, plasmado en personajes como Stepán Verjovénsky (pasivo, sentimental, anti-eslavófilo) y su hijo Pyotr (revolucionario violento), o Várvara Stavróguina y su hijo Nikolái.
Individuos e Ideas
Los personajes son "poseídos" por ideas que se convierten en creencias irracionales (sensu Ortega y Gasset), esclavizándolos y llevándolos al precipicio como los cerdos del Evangelio; la generación anterior es responsable por su inacción europeísta. Se cita a Joseph Frank para explicar cómo los ideales hegelianos y utópicos de los padres radicalizan en materialismo feuerbachiano y utilitarismo benthamita en los hijos, motivando actos inhumanos para preservar las doctrinas.
Europa vs. Rusia
El europeísmo (de Pedro el Grande a los liberales de salón) propone destruir tradiciones rusas —alfabeto, familia, Iglesia, ejército— en favor de fragmentación federal y derechos individuales, enmascarando imperialismo capitalista. Frente a él surge la eslavofilia (Pushkin contra Chaadayev), defendiendo la fe ortodoxa, el pueblo ruso y el destino providencial de Rusia como reconciliadora universal, idea que Dostoyevski exalta en su discurso de 1880; Nietzsche ofrece un contrapunto con su nihilismo activo/pasivo, superado por la voluntad de poder, pero ajeno a la salvación cristiana dostoyevskiana.
El texto cierra con un escalofrío actual (2026): el conflicto ideológico persiste en la rusofobia occidental, pero trasciende a un sufrimiento metafísico por la ausencia de Dios, sin proselitismo gracias a la polifonía bajtiniana"
Aquí tenemos el resumen de la IA Gemini. Veamos si es más claro: "Este es un resumen amplio y estructurado del análisis de Francisco Huertas Hernández sobre la obra "Los Demonios" (1872) de Fiódor Dostoyevski, centrado en el choque entre generaciones, ideologías y la tensión entre Rusia y Occidente.
1. El Conflicto Generacional: Conservación vs. Destrucción
El artículo plantea que la lucha generacional es, en esencia, una lucha de voluntades. Mientras los mayores buscan conservar, los jóvenes buscan destruir para forjar una identidad propia.
La metáfora bíblica: El título hace referencia al pasaje de San Lucas sobre los cerdos que, poseídos por demonios, se lanzan al abismo. Para Dostoyevski, estos "demonios" son las ideas radicales que consumen al ser humano.
Evolución vertical: A diferencia de la novela de aprendizaje tradicional, los personajes de Dostoyevski no evolucionan horizontalmente en el tiempo, sino verticalmente a través del diálogo y el sufrimiento, buscando la redención en la escucha del otro.
2. El Origen del Mal: Occidente y la Modernidad
Huertas destaca que para Dostoyevski el mal es una importación europea. El autor, que en su juventud fue radical y estuvo frente a un pelotón de fusilamiento, terminó rechazando las ideas occidentales por considerarlas una amenaza.
La Modernidad como ruptura: El ascenso de la burguesía, el capitalismo y la Revolución Industrial generaron un individualismo basado en la codicia, oponiéndose a la fraternidad cristiana.
El Nihilismo: Es el último eslabón de esta cadena. Mientras en Nietzsche el nihilismo puede ser una fase hacia la creación (superhombre), en Dostoyevski es una enfermedad espiritual que solo se sana mediante la fe y el amor a Dios.
3. Padres e Hijos: De la Idea a la Posesión
El análisis divide a los protagonistas según su contexto histórico:
Generación de 1840 (Los Padres): Representada por Stepán Verjovénsky. Son intelectuales liberales, "europeístas tibios", sentimentales y perezosos. Aunque bienintencionados, su coqueteo con el idealismo alemán y el socialismo utópico sembró la semilla del desorden.
Generación de 1860 (Los Hijos): Representada por Pyotr Verjovénsky y Nikolái Stavróguin. Radicalizaron las ideas de sus padres, convirtiéndolas en "egoísmo racional", ateísmo y utilitarismo.
Ideas vs. Creencias: Citando a Ortega y Gasset, el autor explica que estos personajes ya no "tienen" ideas, sino que "están" en ellas. Son poseídos por sus ideologías (convertidas en creencias irracionales), lo que los obliga a cometer actos inhumanos para salvar su dogma.
4. Rusia frente a Europa: La Identidad en Juego
El artículo subraya que el proyecto de "europeizar" Rusia (iniciado por Pedro el Grande) buscaba debilitar la idiosincrasia rusa.
La propuesta destructiva: En los salones de la novela se discute la abolición de la familia, la propiedad, la religión e incluso la sustitución del alfabeto cirílico por el latino.
Eslavofilia y Resistencia: Como reacción, surge la defensa de los valores tradicionales: la lengua rusa, la fe ortodoxa y el campesinado. Dostoyevski, siguiendo a Pushkin, ve en Rusia un destino providencial: ser la reconciliación entre Oriente y Occidente y salvar a la humanidad a través de su espiritualidad única.
Conclusión
El texto de Huertas Hernández concluye que leer "Los Demonios" hoy sigue provocando escalofríos. La novela no es solo un panfleto político, sino una "polifonía" metafísica donde se muestra el sufrimiento del hombre al separarse de lo trascendente. La tragedia de los personajes es la de los cerdos del Evangelio: poseídos por "ideas-creencias" ajenas a su tierra, terminan arrojándose al precipicio."
Magnífico resumen. Felicidades robot inhumano IA Gemini de Google, que crea rusofobia constantemente
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