miércoles, 17 de febrero de 2021
Trabajo Psicopatología. Guía. Psicología. 1º Bachillerato. Profesor: Francisco Huertas Hernández. 2014
martes, 16 de febrero de 2021
Comentarios libres René Descartes. Roser Caravaca & otros alumnos. Historia de la Filosofía. 2º Bachillerato. 2020-2021. IES Dr. Balmis. Alicante. Profesor: Francisco Huertas Hernández
Vocabulario Griego Filosofía. Francisco Huertas Hernández. 2011
lunes, 15 de febrero de 2021
Si el amor es... Diario de Palencia. 1993. Francisco Huertas Hernández
domingo, 14 de febrero de 2021
Inundación. Reflexión sobre el amor. Francisco Huertas Hernández. 2000
A pesar de que aquel viejo amigo era torpe en la lírica, la metáfora que subyacía era un arquetipo universal: la inundación, de la que el diluvio representa su máxima plasmación.
La metáfora de la inundación es una de las metáforas del triunfo del agua sobre la tierra, de su poder y su misterio.
El agua es el elemento primordial, el elemento del que surge la vida, pero es también su furia la que destruye esa vida: es la inundación.
Agua y amor tienen una secreta afinidad. En poesía coinciden con frecuencia.
El amor es una inundación del corazón por parte de la mujer amada. El amor es como una tormenta que derriba todo a su paso. La pasión queda bien representada por la furia de la tempestad y el erotismo de la lluvia, palabra, que, al menos, en español, rebosa sensualidad: esos fonemas difíciles y concupiscentes: la “ll”, la “v”.
La cosecha por inundación, como el caso de las crecidas del Nilo, es otro ejemplo del poder vital del agua. Así, el amor crece por inundación de pasión, de sentimiento, de plenitud de deseo. Y el mismo acto sexual es también un ejemplo de inundación.
Todo parece vivo por efecto de la inundación, aun cuando ésta también arrase sin piedad.
La inundación es un fenómeno desbordante, imprevisto y fatal, pero hay vidas que sólo sobreviven a golpe de inundaciones.
La inundación es un ejemplo del exceso, y una amenaza para quienes la vida es contención y miseria. La inundación desestabiliza, pone en peligro el orden cobarde de los hipócritas y calculadores.
Vivir a golpes de agua, de océano. Vivir de inundación en inundación, sobreviviendo a las embestidas de cada diluvio, y, luego, a la ternura de cada arco iris. Tras la inundación, el arco iris. Aquellas personas a las que la vida arrastra con sus poderosas aguas, que han naufragado en mil tormentas, que han sobrevivido a mil diluvios, que han vivido el horror y la fuente de la vida con valentía, mirando al cielo a cara descubierta, aquellos seres que han perdido todo tras cada inundación, arrebatados por la vida, las pasiones y la lucha, y que vuelven siempre con más fuerza a desafiar la inundación, aquellos seres son mis semejantes, son mis hermanos.
sábado, 13 de febrero de 2021
Cínicos. Diógenes & Hiparquía. Vídeos. Teoría. Francisco Huertas Hernández
2. El nombre de la escuela procede de κύων (kyon), perro, dado que se conformaban con una vida austera. Eran la secta del perro.
3. El ideal cínico fue la autarquía (αὐτάρκεια), la autosuficiencia y la independencia respecto a los demás.
4. El derecho a la palabra (parresía, παρρησία), o sea, “decirlo todo”, hablar libremente, y a la libertad de acción (anaideia, ἀναίδεια), o sea, “desvergüenza, provocación”, fueron los valores de conducta de los cínicos. Para alcanzar este objetivo se requería un desprecio total del placer, una renuncia al placer. Y, por otro lado, una revalorización del ejercicio y la fatiga, capaces de templar el espíritu liberándolo de las necesidades superfluas.
5. De todo ello dan cuenta las anécdotas que se cuentan de la vida de Diógenes el cínico: a) un día mientras Diógenes tomaba el sol, se le acercó Alejandro Magno (gran admirador suyo) y le dijo: “Pídeme lo que quieras y te lo daré”. Y Diógenes respondió: “No me hagas sombra; aparta del sol”; b) vivió en un tonel; c) paseaba en pleno día por la calle con una lámpara encendida. Le preguntaron por qué. Respondió: “Busco un hombre”; d) Le preguntaron cuál era el animal más venenoso, y respondió: «Entre los feroces, el maldiciente; entre los domésticos, el adulador»; e) En cierta ocasión estando cenando en casa de un rico ateniense que le pide que no escupa en su casa, fue Diógenes y le escupió en la cara añadiendo que no había encontrado otro sitio más sucio donde escupir.
6. El cinismo tuvo se expresión literaria en la diatriba (διατριβή), que es una evolución del diálogo socrático. Es un discurso escrito u oral en el que se injuria o censura a alguien o algo.
viernes, 12 de febrero de 2021
Otros nombres. No hay nombrar después del amor. Francisco Huertas Hernández. 2001. Texto filosófico-literario
Llega
un momento en la vida en el que los nombres ya no traen nada: ni almas, ni
historias, ni razones. Después de la infancia,
del amor verdadero, de los amigos de cuando la vida tenía que hacerse,
inventarse, o así creíamos, todo lo nuevo está gastado, da igual el nombre que
lleve grabado: la historia sigue, pero
nuestra vida está anclada en otro puerto, un dique de recuerdos y nombres cuya
sola evocación nos hace estremecer; nombres sagrados que merecen veneración y
silencio. Ninguna sombra de las tantas que encontramos luego a nuestro paso
tiene derecho a interferir en ese espacio. Después
del amor ya no hay nombres. Los otros nombres son onomatopeyas. Son ráfagas
de viento. Recibimos los nombres de
niños para poseer la vida, y, cuando ésta nos evita, nos esquiva, los nombres
caen al suelo, como máscaras después de carnaval, muertos, inútiles. ¡Qué
importa que el mundo tenga otros nombres si ya no nos pertenecen! ¡Qué importan
esos otros nombres cuando el nuestro está gastado! Hastío de hombres y mujeres que visten el
traje de la multitud indiferente, que nos son presentados en el ocaso y entre
sombras, cuando nuestra vida ya nombró
con vehemencia y desmesura las letras del corazón que nos acogió, de las
almas que crecieron a nuestro lado. ¡Qué me importa a mí que haya otros
después! Ellos no tienen derecho a
entrar en mi memoria: su sola presencia, con la etiqueta en la mano, con el
collar en el cuello, nombres que no nombran, me saca de quicio. Sólo el amor, sólo la amistad, sólo las
almas que nos acogieron merecen ser nombradas. El resto que permanezca en
silencio. No. No vengáis a mí con otros nombres, inverosímiles, manidos,
ridículos. No quiero oír ninguno más.
































