domingo, 14 de febrero de 2021

Inundación. Reflexión sobre el amor. Francisco Huertas Hernández. 2000

Inundación
Reflexión sobre el amor
Francisco Huertas Hernández. 2000

"L'important c'est d'aimer" (1975). Andrzej Żuławski
Servais Mont (Fabio Testi) & Nadine Chevalier (Romy Schneider)
Película francesa. Una desesperada historia de amour fou triangular entre una actriz fracasada, Nadine -que filma películas pornográficas para sobrevivir-, un fotógrafo, Servais -que se siente atraído irresistiblemente por la actriz, hasta el punto de financiarle una película-, y el marido de Nadine, Jacques (Jacques Dutronc), coleccionista de fotografías de estrellas de cine, y tan enamorado de su mujer como fatalista. Nadine ama profundamente a Jacques, pero se siente imantada por el bello fotógrafo. 
Una historia de amor sufriente -amor por inundación- basada en la novela "The American Night" de Christopher Frank, en la que Romy Schneider realizó una interpretación portentosa. La película de su vida. Dutronc, conmovedor. Testi impresionante, a pesar de ser actor limitado. Klaus Kinski, Claude Dauphin, Roger Blin, Gabrielle Doulcet, Michel Robin o Guy Alcalde son secundarios de lujo. 

El amor es un sentimiento que posee al ser humano, pero que no puede ser poseído más que en la ternura o la compañía. Platón en "Fedro" lo comparó con una locura divina (Afrodita y Eros). Consumirse por el amor, la pasión, el fuego que se alimenta de lo que destruye. El amor es fuego que ilumina, calienta y destruye. Platón entendió que ese fuego-impulso irracional solo se apacigua en la contemplación de la Belleza espiritual de las ideas.

 Alguien hace tiempo escribió un verso malo del que estaba orgulloso: “Después de ti no hubo ni siquiera el diluvio”. Lo más penoso de este verso es ese artículo delante de palabra tan fundamental. Suprimiendo el artículo mejora, pero no lo suficiente. La idea es simple: la persona amada deja un hueco tan gigantesco que ni el diluvio universal podría anegarlo. Nada ni nadie llenará la pérdida del amor.

 A pesar de que aquel viejo amigo era torpe en la lírica, la metáfora que subyacía era un arquetipo universal: la inundación, de la que el diluvio representa su máxima plasmación.

 La metáfora de la inundación es una de las metáforas del triunfo del agua sobre la tierra, de su poder y su misterio.

 El agua es el elemento primordial, el elemento del que surge la vida, pero es también su furia la que destruye esa vida: es la inundación.

 Agua y amor tienen una secreta afinidad. En poesía coinciden con frecuencia.

 El amor es una inundación del corazón por parte de la mujer amada. El amor es como una tormenta que derriba todo a su paso. La pasión queda bien representada por la furia de la tempestad y el erotismo de la lluvia, palabra, que, al menos, en español, rebosa sensualidad: esos fonemas difíciles y concupiscentes: la “ll”, la “v”.

 La cosecha por inundación, como el caso de las crecidas del Nilo, es otro ejemplo del poder vital del agua. Así, el amor crece por inundación de pasión, de sentimiento, de plenitud de deseo. Y el mismo acto sexual es también un ejemplo de inundación.

 Todo parece vivo por efecto de la inundación, aun cuando ésta también arrase sin piedad.

 La inundación es un fenómeno desbordante, imprevisto y fatal, pero hay vidas que sólo sobreviven a golpe de inundaciones.

La inundación es un ejemplo del exceso, y una amenaza para quienes la vida es contención y miseria. La inundación desestabiliza, pone en peligro el orden cobarde de los hipócritas y calculadores.

 Vivir a golpes de agua, de océano. Vivir de inundación en inundación, sobreviviendo a las embestidas de cada diluvio, y, luego, a la ternura de cada arco iris. Tras la inundación, el arco iris. Aquellas personas a las que la vida arrastra con sus poderosas aguas, que han naufragado en mil tormentas, que han sobrevivido a mil diluvios, que han vivido el horror y la fuente de la vida con valentía, mirando al cielo a cara descubierta, aquellos seres que han perdido todo tras cada inundación, arrebatados por la vida, las pasiones y la lucha, y que vuelven siempre con más fuerza a desafiar la inundación, aquellos seres son mis semejantes, son mis hermanos.


Francisco Huertas Hernández
Noviembre. 2000

2 comentarios:

Unknown dijo...

Peliculón. Demasiado dura. El texto que has escrito describe el amor como verdadera locura

Anónimo dijo...

Vi esa película en la tele y me impactó