domingo, 8 de noviembre de 2020

Fotografía (Boceto filosófico-literario). Año 2002. Francisco Huertas Hernández


Fotografía (Boceto filosófico-literario) Año 2002
Francisco Huertas Hernández

Un yo contra el espejo a través de la cámara en un día aciago. Domingo 2 de diciembre de 2018. Fue en Londres, en Candem donde compré esa chaqueta mod y esa camisa, en enero de ese año. Pero el hombre no es más que una sucesión de espejos. En los que se mira al despertar y al acostarse, al encerrarse para sus necesidades diarias, en las fiestas y los lutos. Jorge Luis Borges pudo escribir clarividente: "Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres". Jacques Lacan habló del "stade du miroir" entre los 6 y los 18 meses en que el niño descubre su yo a través de su cuerpo en el espejo. Lewis Carroll en "Through the Looking-Glass, and What Alice Found There" cuenta la entrada de Alicia en el mundo fantástico a través de un espejo de su casa. Un mundo invertido que probará la lógica de la niña. 
Pero las cámaras fotográficas son otro espejo incómodo de nuestra identidad vulnerable. La dismorfofobia, ahora llamada trastorno dismórfico corporal (TDC) es un trastorno obsesivo que abomina del propio cuerpo representado en la imagen fotográfica, videográfica o del humilde espejo. 
Sea como fuere esta fotografía me resulta tan extraña como las sensaciones que aquel día viví, y complementa a la perfección (o mejor, a la imperfección, que de eso se trata) el texto del 2002 que aquí os dejo

Si queremos desconocer a alguien lo mejor es mirar su fotografía. La extrañeza que el fotografiado experimenta ante su imagen en el papel no puede ser casual. Nadie suele asombrarse ante el espejo, al menos, ante los espejos cotidianos del baño, el ascensor y los escaparates, y, sin embargo, el estupor nos invade ante nuestra sombra fotográfica. No es un espejo la cámara pues. El terror incluso que muchas personas sienten cuando se ven en papel revelado tiene su raíz en el rechazo a que los demás sólo conozcan esa abominable imagen en la que no nos reconocemos en absoluto. La fotografía quizá nos devuelve el conocimiento distorsionado que los otros tienen de nosotros, y, esto, resulta insoportable.

 Cuando la gente comenta lo bien que estamos en el daguerrotipo y nosotros sentimos que allí hay otro, un desconocido, comprendemos que nuestro reconocimiento corporal es más psicológico que físico. Somos conciencia que actúa a través de un cuerpo, y la fotografía muestra sólo ese cuerpo, que no es nuestro yo, sino una vivienda del alma o un cartero de los deseos.

 El rechazo ante nuestra imagen fotográfica confirma entonces el dualismo cuerpo-mente, y nos corrobora como sujetos que se autoreconocen solamente en el plano psíquico…    

Francisco Huertas Hernández 
Julio de 2002

9 comentarios:

Unknown dijo...

Este texto es muy sincero. Algún dolor hay escondido

Elena Beatriz Viterbo dijo...

Me parece precioso eso que dices de que nuestro cuerpo en definitiva solo es la vivienda del alma, nunca lo había visto así, me parece magnífico. Buen texto.

Unknown dijo...

Gracias Elena. Eso ya lo decían los pitagóricos y el gran Platón

Estrella Millán Sanjuán dijo...

Me ha gustado mucho el texto. Es verdad que mucha gente expresa su disconformidad ante su imagen en una foto. Dices tú que somos alma que no se reconoce en ese cuerpo. Eso ocurre cuando nos hacemos mayores, tengo familiares que no se reconocen en las fotos ya ancianos y me dicen que si piensan en ellos, es con el rostro y cuerpo de la mediana edad. Nos idealizamos.
Como siempre, el paso del tiempo es lo que nos angustia.
El cuerpo será solo una vivienda para el alma, como dices tú. Pero si esa vivienda no tiene goteras y goza de buena estructura, influye en la felicidad de ésta. Somos una dualidad fusionada. Y me refiero a la salud.

MARCELO dijo...

NO TE CANSES

No te canses
no te dejes venir los años encima
no permitas que se te empañen los ojos
no dejes que las flores se derritan
y si te has de dejar llevar
por un viento helado
escribe sobre una ola de pesares
hasta que se trasformen en mariposas
“Los gusanos del alma no me arrastraran”.

Marcelo López

Mary Doval dijo...

Se solía decir que el retrato era la imagen del alma de una persona, así también lo es la fotografía, nos muestra rasgos del carácter fe una persona,incluso algunos que se tratan de esconder en muestra vida cotidiana y que sin poder evitarlo fluyen en una instantánea, simplemente hay que saber mirar!¡
Enhorabuena, muy interesante como siempre!¡

Mary Doval dijo...

Se solía decir que el retrato pictórico era la imagen del alma de una persona, así también lo es la fotografía, nos muestra rasgos del carácter de una persona,incluso algunos que se tratan de esconder en muestra vida cotidiana y que sin poder evitarlo fluyen en una instantánea, simplemente hay que saber mirar!¡
Enhorabuena, muy interesante como siempre!¡

ACORAZADO CINÉFILO dijo...

Esa fotografía es aciaga porque certifica el momento exacto del final de mi felicidad

ACORAZADO CINÉFILO dijo...

¡Qué valiente fui al hacerme esa foto ese día! ¡Y al publicarla! En todo caso, el texto anterior que la acompaña reflexiona poéticamente sobre los límites de la representación. El yo derrotado, y esperanzado aún (no como ahora), de esa "imagen/representación" no puede sentirse, porque el cuerpo solo es un parachoques del alma, del yo. Bien dice Octavio Paz que sin el alma el amor no es posible. Porque el amor es un sentir de almas que se encuentran atraídas fatalmente por cuerpos "animados" (poseídos por el "alma", plenos de "movimiento" y "vida" por estar habitados por un "alma")