sábado, 21 de marzo de 2020

El cine y la vida. Francisco Huertas Hernández. Para "Aula de Cine". IES Las Salinas. San Fernando (Cádiz). Encargo de Estrella Millán Sanjuán


El cine y la vida
Francisco Huertas Hernández
Para "Aula de Cine". IES Las Salinas. San Fernando (Cádiz)
Encargo de Estrella Millán Sanjuán



"La Passion de Jeanne d'Arc" (1928). Carl Theodor Dreyer
Maria Falconetti (Jeanne d'Arc)
Esa mirada de Maria Falconetti supone un salto en la expresión emocional de lo inefable. El cine mudo -o mejor, silente- tuvo esa necesidad: transfigurar el rostro para suplir la palabra. La comunicación emocional directa

 Con las películas somos capaces de vivir otras vidas. Ningún arte, excepto la literatura -quizás con más fuerza, al potenciar la imaginación del lector- lo había conseguido. La música es la misma voluntad de vivir despojada de individualidad, en su misma esencia, dijo Schopenhauer. La alegría pura o el dolor quintaesenciado. Así que el cine llegó como un entretenimiento para las clases populares, y, en un principio, nadie pensó que eso fuera arte ni por asomo. Ver a los trabajadores saliendo de una fábrica, o un tren que se aproxima a los espectadores y parece que va a salir de la pantalla, eso no era algo elevado. 

"L'Arrivée d'un train en gare de La Ciotat" (1896). Louis Lumière

 Georges Méliès tampoco podría compararse con Jules VerneLuciano de Samósata en el siglo II. Era ingenioso, divertido, y nada más.

"Le Voyage dans la Lune" (1902). Georges Méliès
Una imagen universal de la historia del cine: el cohete espacial que impacta en el ojo de la Luna
Pero aún el cine no ha calado en las emociones más poderosas del ser humano

 Pero el cine venía reclamando el mismo territorio anímico que el resto de las artes: la emoción. El cinematógrafo, un  aparato que proyecta imágenes fijas de manera continua sobre una pantalla creando una sensación de movimiento, podía reflejar no solo la actividad externa de los cuerpos y sus gestos, la naturaleza en su devenir y el ajetreo de lo dispuesto por los humanos en sus ciudades y sus máquinas, sino que también podía plasmar el tempo interno de los afectos.

"L'Arroseur arrosé" (1895/1896). Louis Lumière
Un regador regado. Es una metáfora del espectador que se ve a sí mismo observado desde la pantalla por los fantasmas del celuloide

 Quizás los primeros cineastas no eran conscientes de este poder, fascinados por el movimiento externo. 

"Les pyramides (vue générale)" (1897). Alexandre Promio

 Pero la vida humana es antes que sensación o intelecto, emoción. El bebé humano antes experimenta el vínculo psicosomático con la madre que desarrolla sus sentidos visual y auditivo. Nacemos ciegos pero lloramos. Y el poder de la razón requiere un penoso desarrollo de maduración sináptica y de cuantiosos estímulos externos hasta alcanzar la autoconciencia y la conciencia moral.

 En eso el cine caminó rápido. Ya no bastaba sorprender, asustar al espectador, había que conmoverlo en su más íntima raíz, en el hontanar mismo de los afectos. Aunque el melodrama de origen folletinesco literario y teatral fuera el punto de partida se hizo necesario encontrar un lenguaje visual propio. El nuevo medio podría despertar emociones en el público con la puesta en escena, con el montaje, con la angulación, y con los planos. Una imagen icónica de esto es la de Maria Falconetti como Jeanne d'Arc en el film de Carl Theodor Dreyer.

"La Passion de Jeanne d'Arc" (1928). Carl Theodor Dreyer
Maria Falconetti (Jeanne d'Arc)
Trailer

 En la búsqueda de trascender la imagen los directores, con el auxilio necesario de los actores, guionistas y resto del equipo técnico, combinaron la luz y el sonido, con diferentes aprehensiones del espacio y del movimiento. Solo la respuesta del espectador podría medir ese intento: convertir los fenómenos pasajeros espacio-temporales en pasiones del receptor. Y ya sabemos que son los procesos de identificación y proyección los que nos permiten ser afectados por lo emocional. Necesitamos ponernos en la piel del protagonista para sentir nuestra propia vida, que, en lo que dura la proyección, es la suya, la de los personajes.

 Puedo decir que en momentos graves de mi vida he sentido más gracias a las películas que habían creado una red de afectos disponibles para cuando se presentara la ocasión. ¡Cuántos de nosotros descubrimos el amor con la película "Jeremy"! Siempre el arte educó y formó nuestras pasiones. El "Werther" de Goethe enseñó una manera de amar en el romanticismo, y la poesía de Bécquer modeló un tipo de amor hecho de suspiros.

"Jeremy" (1973). Arthur Barron
 "The Hourglass song" (Lee Holdridge)

Johann Wolfgang von Goethe: "Die Leiden des jungen Werthers" (1774)
"Las penas del joven Werther". La novela del amor juvenil y desesperado que forjó el ideal del romanticismo
Ilustración

 El cine, como arte, es la escuela de las emociones. Por eso es una necesidad tan acuciante como el aire y el agua.


Francisco Huertas Hernández
Alicante. 21 de marzo de 2020


7 comentarios:

ACORAZADO CINÉFILO dijo...

Recibí este encargo de mi amiga Estrella. Como ella (y toda su familia) es una colaboradora asidua del ACORAZADO CINÉFILO y de mi grupo CINÉFILOS DEL MUNDO (Facebook) he escrito este pequeño artículo con gran placer. La conexión de arte y emoción me parece fundamental, a pesar de que la relación entra arte (obra de arte) y forma ha sido la que se ha impuesto en la crítica y la historia del arte. Podemos decir que la forma es objetiva y la emoción del receptor subjetiva. Que esa es la causa de prescindir de la segunda como objeto de análisis estético. Pero decía Estrella hace unos días que reconoce a Hitchcock como maestro pero prefiere un cine más emocional, una Larisa Shepitko digamos.
Espero que este breve escrito sea del agrado de los lectores de AULA CINE en el IES LAS SALINAS de San Fernando. Amo el cine. Esas tres palabras lo dicen todo: al cine se llega a través de la emoción

Estrella dijo...

Gracias, Francisco Huertas Hernández, por compartirme este texto tan bonito. El cine empezó como mero instrumento de captación de la realidad, pero poco a poco se fue convirtiendo en arte, pero, como dices tú, debe ser un promotor de la EMOCIÓN. Como decía Eisenstein, El Greco fue el primer cineasta, sí, puede ser, pero el cine permite la profundidad de campo, el movimiento, la sucesión de escenas. Y también incluye la música y la literatura para crear obras sublimes cuando están en buenas manos.
Demuestras en este escrito tu forma de ver el cine, la pasión que te mueve, cómo te ha influido en el descubrimiento de sensaciones vitales. De nuevo, muchas gracias, un detalle. Lo publicaré en cuanto pueda.
Estrella Millán.

Anónimo dijo...

Enhorabuena a ambos. Soís magníficos profesores, entregados de verdad. Totalmente de acuerdo en lo de las emociones. El cine es todo eso. No permitamos que se convierta en mercancía.

Anónimo dijo...

Os pongo un fragmento sobre al arte de la Obra Ateismo estético de D. Antonio García-Trevijano Forte, el mayor y casi único opositor al franquismo.
Además de crear excelentes expresiones de lo bello y lo sublime, el arte nos da también una impresionante y duradera lección de humanismo. Pues modifica el medio ambiente cultural donde respira socialmente la vida humana, no solo para hacerla más agradable y placentera, lo que sería bastante para justificarlo en un mundo de dolor y miserias, sino incluso más inteligible y cooperadora.

Ateísmo Estético

Antonio García-Trevijano Forte

ACORAZADO CINÉFILO dijo...

Si eres Laura, muchas gracias por este texto

Anónimo dijo...

Perdona Francisco que no he puesto mi nombre. Soy Manuela Pilar Millán SAnjuán. He puesto dos comentarios pero como no me deja comentar con mi nombre, lo pongo anónimo pero normalmente firmo y se me ha pasado. Enhorabuena de nuevo

Angy Álvarez dijo...

A las que somos muy racionales, el cine permite no divorciar la mente del cuerpo al conectar con tus sentimientos más íntimos y tal vez, desconocidos. Somos seres narrativos y nos contamos la vida en forma de historias, y qué mágico el momento de, cuando las palabras no alcanzan para expresar lo que hay en tu alma, y de repente lo ves, los escuchas, lo siente reflejado en la pantalla.
Cuando quieres odiar para no lastimarte pero no puedes porque sólo amas. Es precisamente ese momento catártico que estás queriendo evitar durante mucho tiempo, pero la pantalla te lo muestra en la propia historia del protagonista y es entonces cuando sobrevives en los actos de los demás y sólo a través de ellos te los permites sentir.
Gracias Francisco por tan bonito texto.