jueves, 11 de noviembre de 2021

R. Descartes. Control de aprendizaje. Preguntas de repaso y consolidación. 2º Bachillerato - Historia de la Filosofía. Profesor: Francisco Huertas Hernández

René Descartes. Control de aprendizaje
Preguntas de repaso y consolidación
Historia de la Filosofía - 2º Bachillerato
Profesor: Francisco Huertas Hernández

"Discours de la méthode pour bien conduire sa raison & chercher la vérité dans les sciences, plus
la Dioptrique,
les Météores,
la Géométrie
qui sont des essais de cette méthode"
À Leyde
De l'Imprimerie de Ian Maire
1637
Avec Privilège
Primera edición sin el nombre del autor (que se negó a que apareciera) del "Discurso del método para conducir bien su razón y buscar la verdad en las ciencias, más la Dióptrica, los Meteoros y la Geometría que son los ensayos de este método" impresa en Leyden (Holanda) en 1637.
El "Discurso del Método" está dividido en seis partes más una Introducción: 1) Autobiografía intelectual y necesidad de un nuevo saber; 2) Las cuatro reglas del método (evidencia, análisis, síntesis, enumeración); 3) Moral provisional y sus cuatro máximas; 4) Metafísica (cogito, existencia de Dios y del mundo); 5) Física y Medicina; 6) Reflexiones sobre la investigación científica y su divulgación.

Podéis leer la Introducción y Primera Parte del "Discours de la Méthode" (bilingüe: español-francés) comentada e ilustrada en mi artículo de Acorazado Cinéfilo

 Para comprender mejor la filosofía racionalista del pensador francés René Descartes (Renatus Cartesius) (1596-1650) iréis respondiendo a estas preguntas de repaso y consolidación.

Franz Hals (1582-1666): "Portret van René Descartes". 1649
Musée du Louvre. Paris
Tableau. Oil on canvas
El retrato más famoso de René Descartes pintado durante su estancia en Holanda por uno de sus más grandes pintores. Destaca la mirada penetrante

René Descartes (1596-1650) fue el filósofo que dio origen a la filosofía moderna. Su vida osciló entre la búsqueda de la verdad por medio de la razón y el temor a que esta tarea fuera perseguida por la Iglesia, como ocurrió con su contemporáneo Galileo Galilei (1564-1642). Por ese motivo pasó muchos años viviendo en Holanda. Había recibido una esmerada educación en el colegio jesuita de La Flèche, en Francia, pero nunca encontró seguridad en la enseñanza escolástica propia de la época, para la que la autoridad de Aristóteles y de la Biblia tenía preferencia a un saber fundamentado en la evidencia. Y Descartes creía que la evidencia -el conocimiento indudable- tenía su modelo en la geometría. Por ello su tarea sería llevar el método racional de la geometría -que parte de la intuición (conocimiento inmediato) de los axiomas para luego llegar a la demostración de los teoremas- a la filosofía. Estaba firmemente convencido que el conocimiento era posible, y debía ser absolutamente cierto, al modo matemático, rechazando todo conocimiento probable como dudoso. De ahí, que fuera la duda metódica el comienzo de su investigación, ya que pretendía llegar a un primer principio que fuera indudable, y, por tanto, fundamento de esa nueva ciencia universal. Lo encontró: fue el cogito, el pensamiento que se hace evidente para quien duda, o sea, piensa. Y ésta es la intuición de que pensar es existir, la única manera inmediata de captar la existencia como actividad de un yo mental ("Cogito, ergo sum", o en el original francés: "Je pense, donc je suis"). El problema es que ese descubrimiento sólo tiene validez para el que se conoce pensando (solipsismo), o sea, es el descubrimiento de la existencia propia, pero quedan sin descubrir las otras posibles existencias: los demás, Dios, el mundo. Para ello Descartes tendrá que recurrir a las ideas innatas que se descubren como contenido de ese yo pensante, esa "cosa pensante" ("res cogitans"). Y ahí aparece la idea de un ser perfectísimo, que para ser absolutamente perfecto habrá de existir (argumento ontológico de demostración de la existencia de Dios, de S. Anselmo de Canterbury, siglo XI). De la veracidad de Dios (pues no sería perfecto si mintiera o engañara) deduce la verdad de lo que vemos: el mundo externo

 Control de Aprendizaje. Sesión 1. René Descartes

1- Explica qué pasó con la Filosofía Antigua (griega y romana) tras la muerte de Platón en 347 aC.

2- Explica la Filosofía Medieval y sus tres etapas

3- Explica la Filosofía Moderna desde el Renacimiento hasta el racionalismo cartesiano


La Haye-Descartes (Indre-et-Loire) France
Maison où naquit René Descartes - Casa natal de René Descartes
Carte Postale. 1913

La Haye-Descartes (Indre-et-Loire) France
Hôtel de Ville. Place Descartes
Carte Postale. 1908
Localidad en la que nació el filósofo, que cambió su nombre para añadir el del pensador francés

"René Descartes né dans cette maison le 31 mars 1596 a été baptisé le 3 avril dans l'église Saint Georges de La Haye - Société Archéologique de Touraine. 1873"
"René Descartes nació en esta casa el 31 de marzo de 1596. Fue bautizado el 3 de abril en la iglesia Saint Georges de La Haye - Sociedad arqueológica de Touraine. 1873"

Adrien Baillet (La Neuville-en-Hez, Oise, 13 juin 1649 - Paris, 21 janvier 1706)
Premier biographe de René Descartes en 1691: "Vie de Descartes"
Adrien Baillet (1649-1706) fue el primer biógrafo de René Descartes. En 1691 apareció su "Vida de Descartes"

Adrien Baillet: "Vie de Monsieur Descartes"
La Petite Vermillon
La primera biografía del pensador francés apareció en 1691



Casa que habitó René Descartes durante sus estancias en París entre 1644 y 1648
N° 14 de la rue Rollin. Paris 5e
"La Mémoire des lieux.
Ici a vécu René Descartes (1596-1650). Établi aux Pays-Bas, le philosophe français habita cette maison lors de ses séjours parisiens de 1644, 1647 et 1648.
«Me tenant comme je suis, un pied dans un pays et l'autre en un autre, je trouve ma condition très heureuse, en ce qu'elle est libre» (Lettre à la princesse Élisabeth de Bohême, Paris, 1648)
Cette plaque a été apposée en 1987, à l'occasion du 350e anniversaire du Discours de la Méthode"
Francisco Huertas Hernández ante la placa de la casa de Descartes. París. Junio 2015
Foto de Inma Arriero Doblado

Control de Aprendizaje. Sesión 2. René Descartes

4- Breve biografía de René Descartes

5- Obras principales de Descartes, señalando año y contenido

6- ¿Qué enseñanzas recibió Descartes en su juventud y cómo reaccionó ante ellas?


Descartes en 3 minutos


Collège Henri-IV de La Flèche (1604-1762). La Flèche (Sarthe). France
En 1603, Enrique IV fundó el Real Colegio de La Flèche cuya dirección se confió a los Jesuitas. En este colegio estudia el celebérrimo filósofo francés René Descartes, donde recibe formación aristotélica y escolástica entre 1606 y 1614. Allí surgió su atracción e interés por las matemáticas.
Entre los alumnos famosos del Colegio se cuentan: Marin Mersenne (1588-1648), filósofo, físico y matemático que mantuvo correspondencia con Descartes; Antoine François Prévost, abad Prévost (1697-1763), escritor, autor de la novela "Manon Lescaut"; David Hume (1711-1776), filósofo escocés, permaneció allí entre 1735 y 1737.
Los jesuitas fueron expulsados en 1762 y el colegio pasó a ser una escuela de cadetes en 1764, preparatoria para la Escuela Militar de París. En 1808, Napoleón instaló allí el Pritaneo Militar, una de las academias militares más prestigiosas de Francia
(Wikipedia et al.)

Leamos al propio René Descartes en la Primera Parte del "Discurso del Método" (1637) recordando sus años de formación en el Colegio de La Flèche:

"Desde la niñez, fui criado en el estudio de las letras y, como me aseguraban que por medio de ellas se podía adquirir un conocimiento claro y seguro de todo cuanto es útil para la vida, sentía yo un vivísimo deseo de aprenderlas. Pero tan pronto como hube terminado el curso de los estudios, cuyo remate suele dar ingreso en el número de los hombres doctos, cambié por completo de opinión, Pues me embargaban tantas dudas y errores, que me parecía que, procurando instruirme, no había conseguido más provecho que el de descubrir cada vez mejor mi ignorancia. Y, sin embargo, estaba en una de las más famosas escuelas de Europa, en donde pensaba yo que debía haber hombres sabios, si los hay en algún lugar de la tierra. Allí había aprendido todo lo que los demás aprendían; y no contento aún con las ciencias que nos enseñaban, recorrí cuantos libros pudieron caer en mis manos, referentes a las ciencias que se consideran como las más curiosas y raras. Conocía, además, los juicios que se hacían de mi persona, y no veía que se me estimase en menos que a mis condiscípulos, entre los cuales algunos había ya destinados a ocupar los puestos que dejaran vacantes nuestros maestros. Por último, parecíame nuestro siglo tan floreciente y fértil en buenos ingenios, como haya sido cualquiera de los precedentes. Por todo lo cual, me tomaba la libertad de juzgar a los demás por mí mismo y de pensar que no había en el mundo doctrina alguna como la que se me había prometido anteriormente"

 "No dejaba por eso de estimar en mucho los ejercicios que se hacen en las escuelas. Sabía que las lenguas que en ellas se aprenden son necesarias para la inteligencia de los libros antiguos; que la gentileza de las fábulas despierta el ingenio; que las acciones memorables, que cuentan las historias, lo elevan y que, leídas con discreción, ayudan a formar el juicio; que la lectura de todos los buenos libros es como una conversación con los mejores ingenios de los pasados siglos, que los han compuesto, y hasta una conversación estudiada, en la que no nos descubren sino lo más selecto de sus pensamientos; que la elocuencia posee fuerzas y bellezas incomparables; que la poesía tiene delicadezas y suavidades que arrebatan; que en las matemáticas hay sutilísimas invenciones que pueden ser de mucho servicio, tanto para satisfacer a los curiosos, como para facilitar las artes todas y disminuir el trabajo de los hombres; que los escritos, que tratan de las costumbres, encierran varias enseñanzas y exhortaciones a la virtud, todas muy útiles; que la teología enseña a ganar el cielo; que la filosofía proporciona medios para hablar con verosimilitud de todas las cosas y recomendarse a la admiración de los menos sabios; que la jurisprudencia, la medicina y demás ciencias honran y enriquecen a quienes las cultivan; y, por último, que es bien haberlas recorrido todas, aun las más supersticiosas y las más falsas, para conocer su justo valor y no dejarse engañar por ellas"

René Descartes: "Discours de la méthode". I (1637)

Control de Aprendizaje. Sesión 3. René Descartes

7- a) ¿Qué nueva ciencia se desarrolla en la época de Descartes desde el siglo XVI? b) ¿Con qué choca este nuevo saber científico?; c) ¿En qué se basa esta nueva ciencia (Nuova Scienza)?

8- ¿Qué rama de las matemáticas descubrió (creó) René Descartes? ¿En qué consiste?

9- ¿Qué ciencia toma como modelo (le inspira) el filósofo francés para su nuevo método? ¿Por qué?

Tabla comparativa de la Física (Astronomía) Geocéntrica (Aristóteles, Ptolomeo) y la Física (Astronomía) Heliocéntrica (Copérnico, Kepler, Galileo, Newton)

La revolución científica de los siglos XVI-XVII marca el paso de la Ciencia y Filosofía de la Edad Media a la Ciencia y Filosofía de la Edad Moderna. Comprender el Universo, la Naturaleza, desde la observación y las matemáticas (razón), sin el sometimiento al Principio de Autoridad (Biblia, Aristóteles) representa la nueva mentalidad en la que la Ciencia choca con la Iglesia.
Desde el Renacimiento, el antropocentrismo humanista sustituye al teocentrismo de la escolástica

La Revolución de Copérnico es el título con el que suele conocerse a la revolución científica que se produce en Europa Occidental, representada en la astronomía por el paso del tradicional sistema ptolemaico geocéntrico al innovador sistema copernicano heliocéntrico, iniciada en el siglo XVI por el astrónomo prusiano Nicolás Copérnico (Niklas Koppernigk) (1473-1543) con la publicación de su libro "De revolutionibus orbium coelestium" (Sobre los giros de los cuerpos celestes), publicado en 1543, el año de su muerte, para evitar la persecución de la Iglesia (Inquisición)

Galileo Galilei (1564-1642) fue el físico, astrónomo y filósofo italiano que desarrolló y comprobó empíricamente el modelo heliocéntrico de Copérnico usando el telescopio, que también inventó (la Luna tenía cráteres, así que su irregularidad desmiente la idea aristotélica de la Luna como cuerpo perfecto formado por éter. También descubrió cuatro satélites de Júpiter, por lo que la Tierra deja de ser el centro del Universo en torno a la cual giran todos los cuerpos celestes como sostenía la Astronomía de Ptolomeo-Aristóteles). 
La introducción del método experimental en la física es su aportación más importante, junto con su consideración de que el universo está "escrito en caracteres matemáticos", es decir, está ordenado, y puede ser estudiado con cálculos matemáticos.


La leyenda cuenta que Galileo pronunció en voz baja "Eppur si muove" (Y, sin embargo, se mueve) refiriéndose al movimiento de traslación de la Tierra. Salvó su vida de la hoguera, y no se arrepintió de sus ideas

Justus Sustermans: "Ritratto di Galileo Galilei" (1636)
Galleria degli Uffizi. Firenze

Galileo escribió estas palabras -de influencia pitagórico-platónica- sobre la estructura matemática del Cosmos:

«La filosofia è scritta in questo grandissimo libro che continuamente ci sta aperto innanzi a gli occhi (io dico l'universo), ma non si può intendere se prima non s'impara a intender la lingua, e conoscer i caratteri, ne' quali è scritto. Egli è scritto in lingua matematica, e i caratteri son triangoli, cerchi, ed altre figure geometriche, senza i quali mezzi è impossibile a intenderne umanamente parola; senza questi è un aggirarsi vanamente per un oscuro laberinto»

(La filosofía está escrita en este gran libro que está continuamente abierto ante nuestros ojos (digo el universo), pero no se puede entender a menos que se aprenda primero a entender el idioma y conocer los caracteres en los que está escrito. Está escrito en lenguaje matemático, y los caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin lo cual es imposible entender humanamente una palabra de ellos; sin estos es un vano deambular por un laberinto oscuro)

Galileo Galilei: "Il Saggiatore". Cap. VI (1623)

Control de Aprendizaje. Sesión 4. René Descartes

10- Descartes desarrolla un nuevo método para la filosofía. ¿Qué significa la palabra método? (https://www.bachilleratocinefilo.com/2019/07/vocabulario-historia-de-la-filosofia.html)

11- Explica las 4 reglas del método cartesiano

12- Resume el texto siguiente que contiene la explicación de las reglas del método, en la Segunda Parte del "Discurso del método":

"(...) Pero como hombre que tiene que andar solo y en la oscuridad, resolví ir tan despacio y emplear tanta circunspección en todo, que, a trueque de adelantar poco, me guardaría al menos muy bien de tropezar y caer. E incluso no quise empezar a deshacerme por completo de ninguna de las opiniones que pudieron antaño deslizarse en mi creencia, sin haber sido introducidas por la razón, hasta después de pasar buen tiempo dedicado al proyecto de la obra que iba a emprender, buscando el verdadero método para llegar al conocimiento de todas las cosas de que mi espíritu fuera capaz.

Había estudiado un poco, cuando era más joven, de las partes de la filosofía, la lógica, y de las matemáticas, el análisis de los geómetras y el álgebra, tres artes o ciencias que debían, al parecer, contribuir algo a mi propósito. Pero cuando las examiné, hube de notar que, en lo tocante a la lógica, sus silogismos y la mayor parte de las demás instrucciones que da, más sirven para explicar a otros las cosas ya sabidas o incluso, como el arte de Lulio, para hablar sin juicio de las ignoradas, que para aprenderlas. Y si bien contiene, en verdad, muchos, muy buenos y verdaderos preceptos, hay, sin embargo, mezclados con ellos, tantos otros nocivos o superfluos, que separarlos es casi tan difícil como sacar una Diana o una Minerva de un bloque de mármol sin desbastar. Luego, en lo tocante al análisis de los antiguos y al álgebra de los modernos, aparte de que no se refieren sino a muy abstractas materias, que no parecen ser de ningún uso, el primero está siempre tan constreñido a considerar las figuras, que no puede ejercitar el entendimiento sin cansar grandemente la imaginación; y en la segunda, tanto se han sujetado sus cultivadores a ciertas reglas y a ciertas cifras, que han hecho de ella un arte confuso y oscuro, bueno para enredar el ingenio, en lugar de una ciencia que lo cultive. Por todo lo cual, pensé que había que buscar algún otro método que juntase las ventajas de esos tres, excluyendo sus defectos.

Y como la multitud de leyes sirve muy a menudo de disculpa a los vicios, siendo un Estado mucho mejor regido cuando hay pocas, pero muy estrictamente observadas, así también, en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me bastarían los cuatro siguientes, supuesto que tomase una firme y constante resolución de no dejar de observarlos una vez siquiera:

Fue el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mí espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda.

El segundo, dividir cada una de las dificultades, que examinare, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.

El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.

Y el último, hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada.

Esas largas series de trabadas razones muy simples y fáciles, que los geómetras acostumbran emplear, para llegar a sus más difíciles demostraciones, habíanme dado ocasión de imaginar que todas las cosas, de que el hombre puede adquirir conocimiento, se siguen unas a otras en igual manera, y que, con sólo abstenerse de admitir como verdadera una que no lo sea y guardar siempre el orden necesario para deducirlas unas de otras, no puede haber ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté, que no se llegue a alcanzar y descubrir. Y no me cansé mucho en buscar por cuáles era preciso comenzar, pues ya sabía que por las más simples y fáciles de conocer; y considerando que, entre todos los que hasta ahora han investigado la verdad en las ciencias, sólo los matemáticos han podido encontrar algunas demostraciones, esto es, algunas razones ciertas y evidentes, no dudaba de que había que empezar por las mismas que ellos han examinado, aun cuando no esperaba sacar de aquí ninguna otra utilidad, sino acostumbrar mi espíritu a saciarse de verdades y a no contentarse con falsas razones. Mas no por eso concebí el propósito de procurar aprender todas las ciencias particulares denominadas comúnmente matemáticas, y viendo que, aunque sus objetos son diferentes, todas, sin embargo, coinciden en que no consideran sino las varias relaciones o proporciones que se encuentran en los tales objetos, pensé que más valía limitarse a examinar esas proporciones en general, suponiéndolas solo en aquellos asuntos que sirviesen para hacerme más fácil su conocimiento y hasta no sujetándolas a ellos de ninguna manera, para poder después aplicarlas tanto más libremente a todos los demás a que pudieran convenir. Luego advertí que, para conocerlas, tendría a veces necesidad de considerar cada una de ellas en particular, y otras veces, tan solo retener o comprender varias juntas, y pensé que, para considerarlas mejor en particular, debía suponerlas en líneas, porque no encontraba nada más simple y que más distintamente pudiera yo representar a mi imaginación y mis sentidos; pero que, para retener o comprender varias juntas, era necesario que las explicase en algunas cifras, las más cortas que fuera posible; y que, por este medio, tomaba lo mejor que hay en el análisis geométrico y en el álgebra, y corregía así todos los defectos de una por el otro.

Y, efectivamente, me atrevo a decir que la exacta observación de los pocos preceptos por mí elegidos, me dio tanta facilidad para desenmarañar todas las cuestiones de que tratan esas dos ciencias, que en dos o tres meses que empleé en examinarlas, habiendo comenzado por las más simples y generales, y siendo cada verdad que encontraba una regla que me servía luego para encontrar otras, no sólo conseguí resolver varias cuestiones, que antes había considerado como muy difíciles, sino que hasta me pareció también, hacia el final, que, incluso en las que ignoraba, podría determinar por qué medios y hasta dónde era posible resolverlas. En lo cual, acaso no me acusaréis de excesiva vanidad si consideráis que, supuesto que no hay sino una verdad en cada cosa, el que la encuentra sabe todo lo que se puede saber de ella; y que, por ejemplo, un niño que sabe aritmética y hace una suma conforme a las reglas, puede estar seguro de haber hallado, acerca de la suma que examinaba, todo cuanto el humano ingenio pueda hallar; porque al fin y al cabo el método que ensena a seguir el orden verdadero y a recontar exactamente las circunstancias todas de lo que se busca, contiene todo lo que confiere certidumbre a las reglas de la aritmética.

Pero lo que más contento me daba en este método era que, con él, tenía la seguridad de emplear mi razón en todo, si no perfectamente, por lo menos lo mejor que fuera en mi poder. Sin contar con que, aplicándolo, sentía que mi espíritu se iba acostumbrando poco a poco a concebir los objetos con mayor claridad y distinción y que, no habiéndolo sujetado a ninguna materia particular, prometíame aplicarlo con igual fruto a las dificultades de las otras ciencias, como lo había hecho a las del álgebra. No por eso me atreví a empezar luego a examinar todas las que se presentaban, pues eso mismo fuera contrario al orden que el método prescribe; pero habiendo advertido que los principios de las ciencias tenían que estar todos tomados de la filosofía, en la que aun no hallaba ninguno que fuera cierto, pensé que ante todo era preciso procurar establecer algunos de esta clase y, siendo esto la cosa más importante del mundo y en la que son más de temer la precipitación y la prevención, creí que no debía acometer la empresa antes de haber llegado a más madura edad que la de veintitrés años, que entonces tenía, y de haber dedicado buen espacio de tiempo a prepararme, desarraigando de mi espíritu todas las malas opiniones a que había dado entrada antes de aquel tiempo, haciendo también acopio de experiencias varias, que fueran después la materia de mis razonamientos y, por último, ejercitándome sin cesar en el método que me había prescrito, para afianzarlo mejor en mi espíritu"

René Descartes: "Discours de la méthode". II (1637). Traducción de Manuel García Morente. Espasa-Calpe. Madrid. 1954

Las 4 Reglas del Método cartesiano:
1- Evidencia. 2- Análisis. 3- Síntesis. 4-Enumeración

¿Cuáles son las 4 Reglas del Método de Descartes? ¿Sabías que las planteó para pensar mejor?
Adictos a la Filosofía

Control de Aprendizaje. Sesión 5. René Descartes

13- a) ¿Cuál es la relación entre duda y certeza en la filosofía cartesiana? b) ¿qué niveles abarca la duda cartesiana?; c) ¿por qué la duda metódica de Descartes no es una duda escéptica? (https://www.bachilleratocinefilo.com/2019/07/vocabulario-historia-de-la-filosofia.html)

14- a) ¿Cómo termina la duda cartesiana?; b) Explica en qué consiste la primera certeza que descubre: el cogito

15- Resume el siguiente texto de la Cuarta Parte del "Discurso del Método":

"Así, puesto que los sentidos nos engañan, a las veces, quise suponer que no hay cosa alguna que sea tal y como ellos nos la presentan en la imaginación; y puesto que hay hombres que yerran al razonar, aun acerca de los más simples asuntos de geometría, y cometen paralogismos, juzgué que yo estaba tan expuesto al error como otro cualquiera, y rechacé como falsas todas las razones que anteriormente había tenido por demostrativas; y, en fin, considerando que todos los pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden también ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea verdadero, resolví fingir que todas las cosas, que hasta entonces habían entrado en mi espíritu, no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. Pero advertí luego que, queriendo yo pensar, de esa suerte, que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esta verdad: «yo pienso, luego soy», era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando"

(Ainsi, à cause que nos sens nous trompent quelquefois, je voulus supposer qu’il n’y avoit aucune chose qui fût telle qu’ils nous la font imaginer; et parcequ’il y a des hommes qui se méprennent en raisonnant, même touchant les plus simples matières de géométrie, et y font des paralogismes, jugeant que j’étois sujet à faillir autant qu’aucun autre, je rejetai comme fausses toutes les raisons que j’avois prises auparavant pour démonstrations; et enfin, considérant que toutes les mêmes pensées que nous avons étant éveillés nous peuvent aussi venir quand nous dormons, sans qu’il y en ait aucune pour lors qui soit vraie, je me résolus de feindre que toutes les choses qui m’étoient jamais entrées en l’esprit n’étoient non plus vraies que les illusions de mes songes. Mais aussitôt après je pris garde que, pendant que je voulois ainsi penser que tout étoit faux, il falloit nécessairement que moi qui le pensois fusse quelque chose; et remarquant que cette vérité, je pense, donc je suis, étoit si ferme et si assurée, que toutes les plus extravagantes suppositions des sceptiques n’étoient pas capables de l’ébranler, je jugeai que je pouvois la recevoir sans scrupule pour le premier principe de la philosophie que je cherchois)

René Descartes: "Discours de la méthode". IV (1637). Traducción de Manuel García Morente. Espasa-Calpe. Madrid. 1954

Control de Aprendizaje. Sesión 6. René Descartes

16- El primer nivel de la duda es la desconfianza de los sentidos. Según Descartes no podemos confiar en lo que alguna vez nos engañó. Explícalo según el vídeo de abajo y pon un ejemplo de la duda sensible

17- El segundo nivel de la duda es la imposibilidad de distinguir clara y distintamente cuando estamos despiertos (vigilia) y cuando estamos dormidos (sueño). Explícalo según el vídeo de abajo y pon un ejemplo

18- El tercer nivel de la duda es que, o Dios nos engaña porque es todopoderoso, incluso en las verdades matemáticas, o puede existir un Genio Malvado que me confunde en todo, incluso en las verdades matemáticas. Explícalo según el vídeo de abajo

Niveles de la duda metódica cartesiana (según las "Meditaciones Metafísicas")
1- Duda sensible
2- Duda de la realidad (cómo distinguir el sueño de la vigilia)
3- Duda hiperbólica (Genio Maligno)

La duda metódica según René Descartes
Explicación muy clara y completa
Por Tuercas y Tornillos

Audio: El filósofo Darío Sztajnszrajber (1968) explica el cogito cartesiano: "Pienso, luego existo"
Se opone a la interpretación del "pienso" como "causa" de la "existencia".
El "pensar" me hace ser consciente (autoconsciente) de que existo. El pensamiento es el camino de mi reconocimiento como existente: yo existo; porque existo, pienso; y ¿cómo me doy cuenta que existo? Porque estoy pensando

Control de Aprendizaje. Sesión 7. René Descartes

19-20-21- Resume este texto (solo usando el texto): los 3 niveles de la duda en las "Meditaciones Metafísicas": Primera Meditación (Texto de René Descartes)

"Meditaciones metafísicas"
Primera meditación
De las cosas que se pueden poner en duda

 "Hace ya algún tiempo que me di cuenta de que, desde mi infancia, había tenido por verdaderas numerosas opiniones falsas, y que lo construido posteriormente sobre principios tan poco firmes no podía dejar de ser altamente dudoso e incierto; de modo que debía emprender seriamente por una vez en mi vida la tarea de deshacerme de todas las opiniones que había tomado hasta entonces por verdaderas, y comenzar completamente de nuevo, desde los cimientos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias. Pero, pareciéndome demasiado grande esta empresa, esperé a haber alcanzado una edad que fuese lo suficientemente madura como para no poder esperar otra después de ella que fuese más propicia para ejecutarla; lo que me ha hecho diferirla tanto que en adelante creería cometer una falta si encima emplease en deliberar el tiempo que me queda para actuar. Ahora, pues, que mi espíritu está libre de toda preocupación, y que me he procurado un reposo tranquilo en una apacible soledad, me aplicaré seriamente y con libertad a destruir de un modo general todas mis antiguas opiniones.

 Pero, para cumplir tal designio, no será necesario probar que son todas falsas, lo que quizá nunca conseguiría; sino que, del mismo modo que la razón me persuade ya de que debo impedirme dar crédito a las cosas que no son enteramente ciertas e indudables, con el mismo empeño que pondría ante aquellas que nos parecen manifiestamente falsas, el menor motivo para dudar que encontrara en ellas serviría para hacérmelas rechazar todas. Y por eso no es necesario que las examine particularmente una a una, lo que sería un trabajo infinito; sino que, ya que la ruina de los cimientos entraña necesariamente la de todo el edificio, me concentraré primero en los principios sobre los que todas mis antiguas opiniones se habían fundado.

 Todo lo que hasta el presente he tenido como lo más verdadero y seguro lo he aprendido de los sentidos o por los sentidos: ahora bien, a veces he experimentado que esos sentidos eran engañosos, y es prudente no fiarse nunca por completo de quienes nos han engañado una vez.

 Pero, aunque los sentidos nos engañen a veces, en lo referente a cosas poco perceptibles y muy alejadas, hay quizá muchas otras de las que no se puede razonablemente dudar, aunque las conozcamos a través de ellos: por ejemplo, de que estoy aquí, sentado cerca del fuego, vestido con una bata, sosteniendo este papel entre mis manos, y otras cosas de esta naturaleza. ¿Y cómo podría negar que estas manos y este cuerpo sean míos, si no es quizás igualándome a esos insensatos cuyo cerebro está de tal modo turbado y ofuscado por los negros vapores de la bilis, que aseguran constantemente que son reyes, cuando son muy pobres; que están vestidos de oro y de púrpura, cuando están completamente desnudos; o que se imaginan ser un cántaro, o tener un cuerpo de vidrio?. ¿Pero qué? Ellos están locos, y no sería yo menos extravagante si me guiase por sus ejemplos.

 No obstante, tengo aquí que considerar que soy hombre y, en consecuencia, que tengo costumbre de dormir y de representarme en mis sueños las mismas cosas, o algunas menos verosímiles, que esos insensatos cuando están despiertos. ¿Cuántas veces he soñado, durante la noche, que estaba en este lugar, que estaba vestido, que estaba cerca del fuego, aunque estuviese completamente desnudo en mi cama? Me parece ahora que no miro este papel con ojos somnolientos; que esta cabeza que muevo no está adormilada; que extiendo esta mano intencionadamente y con un propósito deliberado, y que la siento: lo que ocurre en un sueño, sin embargo, no parece ser tan claro ni tan distinto como todo esto. Pero, pensándolo cuidadosamente, recuerdo haber sido a menudo engañado, mientras dormía, por semejantes ilusiones. Y deteniéndome en este pensamiento, veo tan manifiestamente que no hay indicios concluyentes, ni señales suficientemente seguras por las que se pueda distinguir claramente la vigilia del sueño, que me quedo totalmente asombrado; y mi asombro es tal, que es casi capaz de persuadirme de que duermo.

 Supongamos ahora, pues, que estamos dormidos, y que todas esas particularidades, a saber: que abrimos los ojos, que movemos la cabeza, que extendemos las manos, y cosas semejantes, no son más que falsas ilusiones; y pensemos que quizás nuestras manos, y todo nuestro cuerpo, no sean tales como los vemos. No obstante, hay que confesar al menos que las cosas que se nos representan en el sueño son como cuadros y pinturas, que no pueden estar hechas más que a semejanza de algo real y verdadero; y que así, al menos, esas cosas generales, a saber: los ojos, la cabeza, las manos, y todo el resto del cuerpo, no son cosas imaginarias, sino verdaderas y existentes. Así, ciertamente, los pintores, incluso cuando se emplean con el mayor artificio en representar sirenas y sátiros mediante formas extrañas y extraordinarias, no les pueden atribuir, sin embargo, formas y naturalezas completamente nuevas; simplemente hacen una cierta mezcla y composición con los miembros de diversos animales; o bien, si acaso su imaginación fuera lo suficientemente extravagante como para inventar algo nuevo, tal que jamás hubiéramos visto nada semejante, y que así su obra nos representara algo puramente fingido y absolutamente falso, al menos es cierto que los colores que lo componen serían verdaderos. Y por la misma razón, aunque esas cosas generales, a saber, los ojos, la cabeza, las manos, y otras semejantes, pudieran ser imaginarias, es preciso sin embargo confesar que hay cosas todavía más simples y más universales que son verdaderas y existentes; de cuya mezcla, al igual que de la de algunos colores verdaderos, están formadas todas las imágenes de las cosas que residen en nuestro pensamiento, sean verdaderas y reales, o bien fingidas y fantásticas.

 De ese tipo de cosas es la naturaleza corporal en general, y su extensión; como lo es la figura de las cosas extensas, su cantidad o magnitud, y su número; y el lugar en el que están, el tiempo que mide su duración, y otras semejantes.

 Por ello, no será, quizás, errónea nuestra conclusión si decimos que la física, la astronomía, la medicina y todas las demás ciencias que dependen de la consideración de cosas compuestas son altamente dudosas e inciertas; mientras que la aritmética, la geometría, y las demás ciencias de esta naturaleza, que sólo tratan de cosas muy simples y generales, sin preocuparse mucho de si se dan o no en la naturaleza, contienen algo de cierto e indudable. Pues, tanto si estoy despierto como si duermo, 2 y 3 sumarán siempre cinco, y el cuadrado nunca tendrá más de cuatro lados; y no parece posible que verdades tan manifiestas puedan ser sospechosas de ninguna falsedad o incertidumbre.

 No obstante, hace mucho tiempo que tengo en mi mente cierta opinión según la cual hay un Dios que todo lo puede, y por quien he sido creado y producido tal como soy. Pero ¿quién podría asegurarme que ese Dios no ha hecho que no exista ninguna tierra, ningún cielo, ningún cuerpo extenso, ninguna figura, ninguna magnitud, ningún lugar, y que sin embargo yo tenga la percepción de todas esas cosas, y que todo eso no me parezca que exista de otro modo que yo lo veo? E incluso, como juzgo que a veces los demás se equivocan, aun en las cosas que creen saber con mayor certeza, podría ocurrir que hubiera querido que yo me equivoque cada vez que sumo 2 y 3, o cuento los lados de un cuadrado, o considero cualquier cosa aún más fácil, si es que podemos imaginar algo más fácil que eso. Pero quizás Dios no ha querido que fuese engañado de tal modo, ya que es llamado soberano bien. Sin embargo, si eso repugnara a su bondad, el haberme hecho tal que me equivocase siempre, parecería también serle contrario el permitir que me equivocara a veces, de lo que sin embargo no puedo dudar que lo permite.

 (...) Supondré que hay, pues, no un verdadero Dios, que es la soberana fuente de verdad, sino un cierto genio malvado, no menos astuto y engañador que poderoso, que ha empleado toda su industria en engañarme. Pensaré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y todas las cosas exteriores que vemos no son más que ilusiones y engaños, de los que se sirve para sorprender mi credulidad. Me consideraré a mí mismo como carente de manos, de ojos, de carne, de sangre, como carente de sentidos, pero creyendo falsamente tener todas estas cosas. Permaneceré obstinadamente ligado a este pensamiento; y si, de este modo, no está en mi poder alcanzar el conocimiento de verdad alguna, al menos estará en mi poder suspender el juicio. Por ello, evitaré cuidadosamente admitir en mi creencia ninguna falsedad, y prepararé tan bien a mi mente para todas las astucias de ese gran engañador que, por poderoso y astuto que sea, jamás podrá imponerme nada. Pero este propósito es duro y trabajoso, y una cierta pereza me arrastra insensiblemente hacia el curso de mi vida cotidiana. Y al igual que un esclavo que gozara en el sueño de una libertad imaginaria, cuando comienza a sospechar que su libertad no es más que un sueño, teme ser despertado, y conspira con esas ilusiones agradables para permanecer más tiempo engañado por ellas, así yo regreso insensiblemente, por mí mismo, a mis antiguas opiniones, y temo despertar de este sopor por miedo a que las laboriosas vigilias que sucedan a la tranquilidad de este reposo, en lugar de aportarme algo de luz en el conocimiento de la verdad, no sean suficientes para aclarar las tinieblas de las dificultades que acaban de suscitarse..."

René Descartes: "Meditaciones Metafísicas, en las que se demuestran la existencia de Dios y la inmortalidad del alma" (Meditationes de prima philosophia, in qua Dei existentia et animæ immortalitas demonstrantur). Primera Meditación: De las cosas que se pueden poner en duda (1641)
Según la versión de José María Fouce, para "La Filosofía en el Bachillerato". Se sigue la traducción francesa de 1647, del duque de Luynes, que fue revisada y corregida por Descartes, quien introdujo variaciones sobre su propia versión latina de París de 1641, "para aclarar su propio pensamiento", según el testimonio de Baillet, biógrafo de Descartes

Control de Aprendizaje. Sesión 8. René Descartes

22- Explica el cambio de significado de la palabra "idea" entre el realismo platónico de la Filosofía Antigua y el idealismo cartesiano de la Filosofía Moderna

23- a) ¿Por qué el cogito conduce el solipsismo?; b) ¿Qué es el solipsismo?

24- Explica los tres tipos de ideas según René Descartes, y qué relación tienen con la sensibilidad (sentidos), la imaginación y el entendimiento (razón) y usa citas para cada una del siguiente texto de las "Meditaciones Metafísicas": Tercera Meditación 

"Meditaciones metafísicas"
Tercera meditación
De Dios, que existe

"Ahora, por lo que respecta a las ideas, si se las considera sólo en sí mismas y no se las relaciona con ninguna otra cosa, no pueden, propiamente hablando, ser falsas; ya que, sea que imagine una cabra o una quimera, no es menos cierto que imagino tanto a la una como a la otra. Tampoco hay que temer que se pueda encontrar falsedad en las voluntades o en las afecciones; ya que, aunque pueda desear cosas malas, o incluso cosas que no ocurrieran nunca, de todos modos no es por ello menos verdadero que las deseo. Así, ya no quedan más que los juicios, en los que debo estar alerta cuidadosamente para no equivocarme. Ahora bien, el principal error y el más ordinario que se puede encontrar en ellos consiste en que juzgue que las ideas que están en mí son semejantes o conformes a las cosas que están fuera de mí; pues, ciertamente, si considerara las ideas sólo como ciertos modos o formas de mi pensamiento, sin querer relacionarlas con ninguna otra cosa exterior, apenas podrían darme ocasión de equivocarme.

Ahora bien, de todas estas ideas, unas parecen haber nacido conmigo, otras, serme ajenas y venir de fuera, y las demás, haber sido construidas e inventadas por mí mismo. Pues, aunque tenga la facultad de concebir eso que en general llamamos una cosa, o una verdad, o un pensamiento, me parece que eso no lo tengo en absoluto de ninguna otra parte que de mi propia naturaleza; pero si oigo, ahora, algún ruido, si veo el sol, si siento el calor, hasta el presente he juzgado que esas sensaciones procedían de algunas cosas que existían fuera de mi; y, en fin, me parece que las sirenas, los hipogrifos y todas las demás quimeras semejantes son ficciones e invenciones de mi mente. Pero también, quizá, pueda persuadirme de que todas las ideas son del género de las que llamo adventicias, y que proceden de fuera, o bien que todas han nacido conmigo, o bien que todas han sido fabricadas por mí; pues todavía no he descubierto claramente su origen.

Y lo más importante que tengo que hacer en este momento es considerar, respecto a las que me parece que proceden de objetos que se encuentran fuera de mí, cuáles son las razones que me obligan a creerlas semejantes a tales objetos. La primera de ellas es que me parece que eso me lo enseña la naturaleza; y la segunda, que experimento en mí mismo que esas ideas no dependen en absoluto de mi voluntad, ya que a menudo se presentan a mí a pesar de mí, como ahora que, ya lo quiera, ya no lo quiera, siento calor, y por esta causa me persuado de que esa sensación, o bien esa idea de calor, es producida en mí por una cosa diferente de mí, a saber: por el calor del fuego cerca del cual me encuentro. Y no veo nada que me parezca más razonable que juzgar que esta cosa externa envíe e imprima en mí su semejanza"

René Descartes: "Meditaciones Metafísicas, en las que se demuestran la existencia de Dios y la inmortalidad del alma" (Meditationes de prima philosophia, in qua Dei existentia et animæ immortalitas demonstrantur). Tercera Meditación: De Dios, que existe (1641)
Según la versión de José María Fouce, para "La Filosofía en el Bachillerato". Se sigue la traducción francesa de 1647, del duque de Luynes, que fue revisada y corregida por Descartes, quien introdujo variaciones sobre su propia versión latina de París de 1641, "para aclarar su propio pensamiento", según el testimonio de Baillet, biógrafo de Descartes

Control de Aprendizaje. Sesión 9. René Descartes

25- Tras descubrir la primera certeza (cogito: existo pensando), Descartes sale de la duda metódica, pero aparece el problema del solipsismo. ¿Puedo demostrar con certeza que hay algo aparte de mi mente? ¿Cuál es la idea innata que encuentra el autor en su mente?

26- Hay tres argumentos para demostrar (racionalmente) la existencia de Dios. Explícalos

27- Resume el siguiente texto con los argumentos de la existencia de Dios del "Discurso del Método. IV":

"Reflexioné después que, puesto que yo dudaba, no era mi ser del todo perfecto, pues advertía claramente que hay mayor perfección en conocer que en dudar, y tra­té entonces de indagar por dónde había yo aprendido a pensar en algo más perfecto que yo; y conocí evidente­mente que debía de ser por alguna naturaleza que fuese efectivamente más perfecta. En lo que se refiere a los pen­samientos que tenía acerca de muchas cosas exteriores a mí, como son el cielo, la tierra, la luz, el calor y otras mil, no me preocupaba mucho el saber de dónde procedían, porque, no viendo en esos pensamientos nada que me pareciese superior a mí, podía pensar que si eran verda­deros dependían de mi naturaleza en cuanto que ésta posee alguna perfección, y si no lo eran procedían de la nada, es decir, que estaban en mí por lo defectuoso que yo era. Mas no podía suceder lo mismo con la idea de un ser más perfecto que mi ser; pues era cosa manifiesta­mente imposible que tal idea procediese de la nada, y por ser igualmente repugnante que lo más perfecto sea consecuencia y dependa de lo menos perfecto que pensar que de la nada provenga algo, no podía tampoco proce­der de mí mismo. De suerte que era preciso que hubiera sido puesto en mí por una naturaleza que fuera verda­deramente más perfecta que yo y que poseyera todas las perfecciones de las que yo pudiera tener alguna idea, o lo que es igual, para decirlo en una palabra, que fuese Dios. A lo cual añadía que toda vez que yo conocía algu­nas perfecciones que me faltaban no era yo el único ser que existía (usaré aquí libremente, si parece bien, de los términos de la Escuela), sino que era absolutamente ne­cesario que hubiere otro ser más perfecto, de quien yo dependiese y de quien hubiese adquirido todo cuanto poseía. Pues si hubiera sido yo solo e independientemen­te de todo otro, de tal suerte que de mí mismo procediese lo poco que participaba del Ser perfecto, hubiera podido tener por mí mismo también, por idéntica razón, todo lo demás que sabía que me faltaba, y ser infinito, eterno, inmutable, omnisciente, omnipotente, poseer, en suma, todas las perfecciones que advertía que existen en Dios. Pues, según los razonamientos que acabo de ha­cer, para conocer la naturaleza de Dios, en cuanto la mía era capaz de ello, me bastaba considerar si era o no una perfección poseer las cosas de que en mí hallaba alguna idea, y seguro estaba de que ninguna de las que denota­ban alguna imperfección estaba en él, mas sí todas las res­tantes. Y así notaba que la duda, la inconstancia, la triste­za y otras cosas semejantes, no podían estar en Dios, puesto que yo me hubiera alegrado de verme libre de ellas. Tenía yo, además de esto, ideas de muchas cosas sensibles y corporales, pues aun suponiendo que soñaba y que todo lo que veía e imaginaba era falso, no podía ne­gar, sin embargo, que tales ideas estuvieran verdadera­mente en mi pensamiento. Pero habiendo conocido en mí muy claramente que la naturaleza inteligente es dis­tinta de la corporal y teniendo en cuenta que toda com­posición denota dependencia y que la dependencia es manifiestamente un defecto, deduje que no podría ser una perfección en Dios componerse de estas dos naturalezas y que, por tanto, Dios no era compuesto. En cambio, si en el mundo había cuerpos, o bien algunas inteligencias u otras naturalezas que no fuesen completamente perfectas, su ser debía depender del poder divino, de manera que sin él no podrían subsistir ni un solo momento.

 Quise indagar luego otras verdades, y habiéndome propuesto considerar el objeto de los geómetras, al que concebía como un cuerpo continuo o un espacio indefinidamente extenso en longitud, anchura y altura o profundidad, divisible en varias partes que pueden tener varias figuras y tamaños, y ser movidas o traspuestas de muchas maneras, pues los geómetras suponen todo es en su objeto, repasé algunas de sus demostraciones más sencillas, y habiendo advertido que esa gran certeza que todo el mundo atribuye a tales demostraciones se funda tan sólo en que se conciben de un modo evidente según la regla antes dicha, advertí también que no había nada en ellas que me garantizasen la existencia de su objeto; por que, por ejemplo, veía muy bien que, suponiendo un triángulo, era necesario que sus tres ángulos fueran iguales a dos rectos, mas no por eso veía nada que me asegu­rase que en el mundo hubiera triángulo alguno. En cam­bio, si volvía a examinar la idea que tenía de un Ser perfecto, hallaba que la existencia estaba comprendida en ella del mismo modo como en la idea de un triángulo se comprende que sus tres ángulos sean iguales a dos rectos, o, en la de una esfera, el que todas sus partes sean equidis­tantes de su centro, y hasta con más evidencia aún; y que, por consiguiente, es por lo menos tan cierto que Dios, que es un Ser perfecto, es o existe, como lo pueda ser cualquier demostración de geometría.                        

 Pero si hay muchos que están persuadidos de que es difí­cil conocer lo que sea Dios, y aun lo que sea el alma, es por­que no elevan nunca su espíritu por encima de las cosas sen­sibles y están tan acostumbrados a considerarlo todo con la imaginación, que es un modo de pensar particular para las cosas materiales, que lo que no es imaginable les parece ininteligible. […]

 Finalmente, si aún hay hombres a quienes las razones que he presentado no han convencido de la existencia de Dios y del alma, quiero que sepan que todas las demás co­sas que acaso crean más seguras -por ejemplo, que tienen un cuerpo, que hay astros y una tierra y otras semejan­tes- son, sin embargo, menos ciertas. Porque si bien te­nemos una seguridad moral de esas cosas tan grande que parece que, a menos de ser un extravagante, no puede nadie ponerlas en duda, sin embargo, cuando se trata de una certidumbre metafísica no se puede negar, a no ser perdiendo la razón, que no sea bastante motivo, para no estar totalmente seguro, el haber notado que podemos asimismo imaginar en sueños que tenemos otro cuerpo y vemos otros astros y otra tierra sin que ello sea cierto, pues ¿cómo sabremos que los pensamientos que se nos ocurren durante el sueño son más falsos que los demás si con frecuencia no son menos vivos y precisos? Y por mu­cho que lo estudien los mejores ingenios, no creo que puedan dar ninguna razón suficiente para desvanecer esta duda sin suponer previamente la existencia de Dios"

René Descartes: "Discours de la méthode". IV (1637). Traducción de Risieri Frondizi. Alianza Editorial. Madrid. 2006

Control de Aprendizaje. Sesión 10. René Descartes

28- La existencia de Dios es la segunda certeza -tras la existencia de mi mente (cogito)-. Se ha demostrado a partir de la idea de Dios, y se convierte en el criterio de verdad, ¿por qué?

29- ¿Cómo demuestra Descartes la existencia del mundo externo (tercera certeza)?

30- Hasta ahora se ha demostrado la existencia de tres sustancias: primero el alma o mente, luego Dios, y, finalmente, el mundo. Explica brevemente el proceso de intuición y demostración de estas tres sustancias



Teoría de la sustancia en René Descartes

Control de Aprendizaje. Sesión 11. René Descartes

31- Descartes descubre que "yo soy una sustancia cuya esencia es pensar". a) ¿Qué significa la palabra "sustancia"?
Usa el vocabulario: 

32- Explica las dos sustancias finitas (res cogitans, res extensa) y la sustancia infinita (res infinita) señalando cuál es la única sustancia en sentido estricto, y por qué las otras son así llamadas

33- ¿Qué relación hay entre sustancia, atributo y modo? Señala los distintos atributos y modos de cada sustancia

Control de Aprendizaje. Sesión 12. René Descartes

34- Resume este video de la filosofía cartesiana: René Descartes para principiantes: "Pienso, luego existo", por Nicolás Olszevicki (Filo News)


35- El error. ¿Cómo es posible que yo me equivoque si Dios es veraz? Explica de manera personal las 3 causas del error (juicio falso que se toma por verdadero) según René Descartes (I.27. Tema)

36- Lo que hay que saber (Explícalo con tus palabras, como he hecho yo aquí): 

 Según Descartes tenemos muy pocas ideas claras y distintas, o sea, evidentes. Todas por intuición (conocimiento simple). Estas ideas evidentes (pensamiento, perfección, extensión, libertad...) nunca proceden de los sentidos, ni de la imaginación, sino del entendimiento o razón. Descartes desprecia la memoria, porque la evidencia tiene que ser presente, no pasada. Sin embargo para afirmar o negar algo tenemos que realizar un juicio, y aquí es donde interviene la voluntad, que es la facultad (mental) de juzgar. Somos libres de rechazar ideas claras y distintas (prevención) y de aceptar ideas oscuras y confusas (precipitación). Por esto hay personas que caen en el error. Cuando hemos unido varias intuiciones (ideas simples) -que, previamente, hemos obtenido dividiendo (análisis) el problema o tarea-, ordenándolas (síntesis) de las más sencillas a las menos sencillas, obtenemos nuevo conocimiento. Esto se llama deducción (conocimiento nuevo derivado de conocimiento previo). Así funcionan las Matemáticas, y las Ciencias. Pero de nada sirve todo esto si no tengo certeza de la existencia de mí y del mundo. Y para hallar esa certeza existencial debo poner en duda todo. Cuando hallo una certeza indudable, esto es, que dudo (soy un ser o sustancia que piensa), y encontrando en mí la idea de perfección (Dios), incluyo como perfección la veracidad (Dios no miente), que prueba la existencia del mundo externo, fuera de mis ideas. Y este mundo es una sustancia o realidad espacial, es decir, extensa (longitud, anchura, profundidad), por tanto, medible, es decir, la naturaleza se reduce a medida matemática. Prueba así la existencia de una ciencia de la naturaleza introducida por Galileo: la Física matemática. El mundo ha quedado dividido en dos sustancias contrarias (dualismo metafísico): yo, cuyo atributo es pensar; y la materia, cuyo atributo es ser extensa. Pero ambos hemos sido creados por el Ser Perfecto e Infinito, pues tanto mi pensamiento como la materia somos imperfectos y finitos

(Nota importante: si has entendido todo esto y lo has explicado con tus palabras, ya dominas la filosofía cartesiana en el nivel A2)

Control de Aprendizaje. Sesión 13. René Descartes

37- Desarrollemos el dualismo metafísico. En primer lugar, el estudio de la naturaleza o sustancia extensa, desde la perspectiva del Mecanicismo (J.28-32): a) ¿Qué es el Mecanicismo? (Vocabulario: https://www.bachilleratocinefilo.com/2019/07/vocabulario-historia-de-la-filosofia.html)
b) Como el Mecanicismo es la teoría que concibe el universo material como una máquina en movimiento, explica cómo se introduce el movimiento (cantidad de movimiento) en el universo, que Descartes expone en su libro "Tratado del mundo y de la luz" (1664)

38- Siguiendo a Galileo el pensador francés distingue en la materia o sustancia extensa cualidades primarias y secundarias. Explica qué son

39- El mundo (res extensa) está sometido a leyes físicas que explican su movimiento. Explica las 3 leyes del movimiento (mecánicas) según René Descartes (inercia, movimiento rectilíneo, conservación del movimiento)

Control de Aprendizaje. Sesión 14. René Descartes

40- Seguimos con el dualismo metafísico, pero ahora vamos a estudiar la única sustancia compuesta, el ser humano (dualismo antropológico), en el que se unen la sustancia pensante (mente) y la sustancia extensa (cuerpo). Primero abordaremos el ser humano como cuerpo y su explicación mecanicista.
a) ¿Cuál es la explicación de la vida del cuerpo en la filosofía o ciencia cartesiana? (K. 33-34)
b) Explica este mecanicista y antiaristotélico texto del libro "Tratado del hombre" (1664) sobre la vida y movimientos del cuerpo humano:

"Deseo que consideréis, después de esto (...) que todas las funciones que yo he atribuido a esta máquina, como la digestión de los alimentos, el latido del corazón y de las arterias, el sustento y crecimiento de los miembros, la respiración, la vigilia y el sueño; la recepción de la luz, de los sonidos, olores, sabores, del calor y todas las otras cualidades, en los órganos de los sentidos externos; la impresión de sus ideas en el órgano del sentido común y de la imaginación, la retención o huella de estas ideas en la memoria, los movimientos interiores de los apetitos y las pasiones (...), deseo, digo, que consideréis que estas funciones se siguen todas naturalmente en esta máquina, de la sola disposición de sus órganos, ni más ni menos que los movimientos de un reloj, u otro autómata, de la de sus contrapesos y sus engranajes; de suerte que no es necesario en absoluto concebir en ella (esta máquina corporal) ninguna otra alma vegetativa, ni sensitiva, ni ningún otro principio de movimiento y de vida, que su sangre y sus espíritus (animales) (partículas), agitados por el calor del fuego que arde continuamente en su corazón, y que no es en absoluto de otra naturaleza que todos los fuegos que hay en los cuerpos inanimados"

 (Je désire que vous considériez, après cela, […] que toutes les fonctions que j'ai attribuées à cette machine, comme la digestion des viandes, le battement du cœur et des artères, la nourriture et la croissance des membres, la respiration, la veille et le sommeil; la réception de la lumière, des sons, des odeurs, des goûts, de la chaleur et de telles autres qualités, dans les organes des sens extérieurs; l'impression de leurs idées dans l'organe du sens commun et de l'imagination, la rétention ou l'empreinte de ces idées dans la mémoire, les mouvements intérieurs des appétits et des passions […] je désire, dis-je, que vous considériez que ces fonctions suivent toutes naturellement en cette machine, de la seule disposition de ses organes, ni plus ni moins que font les mouvements d'une horloge, ou autre automate, de celle de ses contrepoids et de ses roues; en sorte qu'il ne faut point à leur occasion concevoir en elle aucune autre âme végétative, ni sensitive, ni aucun autre principe de mouvement et de vie, que son sang et ses esprits (animaux), agités par la chaleur du feu qui brûle continuellement dans son cœur, et qui n'est point d'autre nature que tous les feux qui sont dans les corps inanimés)

René Descartes: "Traité de l'homme". 1664. Traducción al español de Francisco Huertas Hernández

René Descartes: "L'Homme de René Descartes et un Traitté de la formation du foetus du mesme autheur, avec les remarques de Louys de La Forge,... sur le Traitté de l'homme de René Descartes et sur les figures par luy inventées"
Chez Charles Angot. Librairie Iuré. Rue Saint Jacques, au Lion d'Or. Paris. MDCLXIV
Avec privilége du Roy

Obra inacabada, y publicada tras la muerte del autor, donde expone su concepción mecanicista del ser humano

René Descartes: "L'Homme de René Descartes et un Traitté de la formation du foetus du mesme autheur, avec les remarques de Louys de La Forge,... sur le Traitté de l'homme de René Descartes et sur les figures par luy inventées"

Dibujo realizado por el propio Descartes y su explicación mecánica de como las pequeñas partes del fuego actúan sobre la piel del pie del niño por contacto, y se transmiten por las partículas (llamadas por el autor "espíritus animales") que circulan (movimiento) por los nervios (filets) hasta el cerebro, donde se produce la sensación de dolor

41- a) Existe una leyenda sobre la muñeca autómata de Descartes, que construyó tras la muerte de su hija Francine a los 5 años. Una historia romántica de final truculento narrada espléndidamente en este video. Resúmelo, y relaciónalo con el mecanicismo antropológico cartesiano

La historia de la muñeca autómata de Descartes: Francine

b) Explica el mecanicismo antropológico en la escena del autómata de la película italiana "Cartesius" (1974) de Roberto Rossellini, protagonizada por Ugo Cardea como René Descartes. No olvides la comparación entre máquinas, animales y cuerpos humanos

"Cartesius" (1974). Roberto Rossellini
Ugo Cardea como René Descartes
Escena del autómata de esta admirable película italiana del gran genio del cine Rossellini

42- a) ¿Cómo se relacionan el alma (res cogitans) y el cuerpo (res extensa) en esa sustancia compuesta que es el ser humano? (K.36)
b) ¿Qué procesos mentales (res cogitans) se explican por la actuación de esta glándula, que recibe el movimiento de las partículas (espíritus animales) del cuerpo (res extensa)? (K.36)

René Descartes: "L'Homme de René Descartes et un Traitté de la formation du foetus du mesme autheur, avec les remarques de Louys de La Forge,... sur le Traitté de l'homme de René Descartes et sur les figures par luy inventées"

Dibujo realizado por el propio Descartes y su explicación mecánica de como los movimientos de los miembros y sus ideas pueden ser causados, bien desde el cuerpo en la mente (sensación, imaginación, memoria), o bien desde la mente en el cuerpo (movimiento voluntario, lenguaje), pasando siempre por el punto de interconexión de las dos sustancias independientes: la glándula H (glande H), llamada pineal

Control de Aprendizaje. Sesión 15. René Descartes

43- Seguimos con el dualismo antropológico cartesiano. a) ¿Qué son las pasiones según Descartes? (K.35) b) ¿Cuál es su relación con el alma o mente? (K.35)

44- Explica este texto psicológico sobre las pasiones "simples y primarias" en el ser humano, de "Las pasiones del alma" (1649), último libro publicado en vida del autor:

"Art. 69. Hay sólo seis pasiones primarias.
Mas el número de las simples y primarias no es muy grande. Pues, examinando todas las que he enumerado, es fácil observar que sólo hay seis que lo sean, a saber: la admiración, el amor, el odio, el deseo, la alegría y la tristeza; y que todas las demás son compuestas de algunas de estas seis, o son especies de las mismas"

(Art. 69. Qu’il n’y a que six passions primitives.
Mais le nombre de celles qui sont simples et primitives n’est pas fort grand. Car, en faisant une revue sur toutes celles que j’ai dénombrées, on peut aisément remarquer qu’il n’y en a que six qui soient telles; à savoir: l’admiration, l’amour, la haine, le désir, la joie et la tristesse; et que toutes les autres sont composées de quelques-unes de ces six, ou bien en sont des espèces)

René Descartes: "Les Passions de l'âme". Article 69. Paris. 1649

Las seis pasiones primitivas (admiración, amor, odio, deseo, alegría, tristeza) en las expresiones faciales. La doble dimensión de las emociones -psíquica y somática- da la razón al sabio Descartes.
Por ejemplo: La neurociencia y la psicología actualmente nos explican que la tristeza es la emoción natural del organismo ante la pérdida.
Hay otras emociones perturbadoras como la desesperanza, la depresión y el duelo. Llevan a que la persona tienda a aislarse y a no buscar ayuda.
Las señales faciales y corporales de la tristeza son las cejas levantadas, labios que se estiran y se arquean, posición del cuerpo y comisuras de la boca hacia abajo.
La tristeza lleva al reposo, la desactivación y la producción de ciertas hormonas (prolactina) que alivian el dolor. También hay una reducción de ciertas hormonas como la serotonina -produce depresión- o la oxitocina.
La función adaptiva de la tristeza es la recuperación de energía, tras situaciones donde ha habido un gran gasto energético

René Descartes: "Les passions de l'âme"
par René Descartes
À Amsterdam par Louis Elzevier
et se vendent à Paris,
chez Henry Le Gras
1650
El tratado de las pasiones (sentimientos y emociones) de Descartes es un libro de psicología y de ética en el que se explica la actuación conjunta del alma (voluntad libre y pensamiento) y del cuerpo (músculos, nervios, venas, arterias, y "esprits animaux" que son las microscópicas partículas materiales que recorren el cuerpo transmitiendo la información del cuerpo al alma, y del alma al cuerpo) comunicados por la glándula H (llamada pineal) en el cerebro. Las pasiones son estados del alma (anímicos) que tienen su origen en el cuerpo (en la acción de esos "espíritus animales"). El dominio de las pasiones por parte de la mente (voluntad y pensamiento) nos hará felices 

45- Como sabes, el mecanicismo cartesiano solo afecta al cuerpo, porque la libertad es lo propio del alma humana (y, obviamente, de Dios, cuya omnipotencia es libertad absoluta)
a) Explica qué es la voluntad según el pensador francés (K.37); b) Explica qué es la libertad en Descartes (K.37-39); c) Analiza qué relación tiene la libertad con la voluntad y el entendimiento (K.39)

Control de Aprendizaje. Sesión 16. René Descartes

46- Mecanicismo cartesiano. El autor francés sostiene que los animales carecen de res cogitans. Explícalo (K.41)

47- Resume con tus palabras este famoso texto de la Quinta Parte del "Discurso del método" sobre los animales (como máquinas: "animaux-machines") y su diferencia respecto a los seres humanos:

"Y aquí me extendí particularmente, haciendo ver que si hubiese máquinas tales que tuviesen los órganos y figura exterior de un mono o de otro cualquiera animal, desprovisto de razón, no habría medio alguno que nos permitiera conocer que no son en todo de igual naturaleza que esos animales; mientras que si las hubiera que semejasen a nuestros cuerpos e imitasen nuestras acciones, cuanto fuere moralmente posible, siempre tendríamos dos medios muy ciertos para reconocer que no por eso son hombres verdaderos; y es el primero, que nunca podrían hacer uso de palabras ni otros signos, componiéndolos, como hacemos nosotros, para declarar nuestros pensamientos a los demás, pues si bien se puede concebir que una máquina esté de tal modo hecha, que profiera palabras, y hasta que las profiera a propósito de acciones corporales que causen alguna alteración en sus órganos, como, verbi gratia, si se la toca en una parte, que pregunte lo que se quiere decirle, y si en otra, que grite que se le hace daño, y otras cosas por el mismo estilo, sin embargo, no se concibe que ordene en varios modos las palabras para contestar al sentido de todo lo que en su presencia se diga, como pueden hacerlo aun los más estúpidos de entre los hombres; y es el segundo que, aun cuando hicieran varias cosas tan bien y acaso mejor que ninguno de nosotros, no dejarían de fallar en otras, por donde se descubriría que no obran por conocimiento, sino sólo por la disposición de sus órganos, pues mientras que la razón es un instrumento universal, que puede servir en todas las coyunturas, esos órganos, en cambio, necesitan una particular disposición para cada acción particular; por donde sucede que es moralmente imposible que haya tantas y tan varias disposiciones en una máquina, que puedan hacerla obrar en todas las ocurrencias de la vida de la manera como la razón nos hace obrar a nosotros. Ahora bien: por esos dos medios puede conocerse también la diferencia que hay entre los hombres y las bestias, pues es cosa muy de notar que no hay hombre, por estúpido y embobado que esté, sin exceptuar los locos, que no sea capaz de arreglar un conjunto de varias palabras y componer un discurso que dé a entender sus pensamientos; y, por el contrario, no hay animal, por perfecto y felizmente dotado que sea, que pueda hacer otro tanto. Lo cual no sucede porque a los animales les falten órganos, pues vemos que las urracas y los loros pueden proferir, como nosotros, palabras, y, sin embargo, no pueden, como nosotros, hablar, es decir, dar fe de que piensan lo que dicen; en cambio los hombres que, habiendo nacido sordos y mudos, están privados de los órganos, que a los otros sirven para hablar, suelen inventar por sí mismos unos signos, por donde se declaran a los que, viviendo con ellos, han conseguido aprender su lengua. Y esto no sólo prueba que las bestias tienen menos razón que los hombres, sino que no tienen ninguna; pues ya se ve que basta muy poca para saber hablar; y supuesto que se advierten desigualdades entre los animales de una misma especie, como entre los hombres, siendo unos más fáciles de adiestrar que otros, no es de creer que un mono o un loro, que fuese de los más perfectos en su especie, no igualara a un niño de los más estúpidos, o, por lo menos, a un niño cuyo cerebro estuviera turbado, si no fuera que su alma es de naturaleza totalmente diferente de la nuestra. Y no deben confundirse las palabras con los movimientos naturales que delatan las pasiones, los cuales pueden ser imitados por las máquinas tan bien como por los animales, ni debe pensarse, como pensaron algunos antiguos, que las bestias hablan, aunque nosotros no comprendemos su lengua; pues si eso fuera verdad, puesto que poseen varios órganos parecidos a los nuestros, podrían darse a entender de nosotros como de sus semejantes. Es también muy notable cosa que, aun cuando hay varios animales que demuestran más industria que nosotros en algunas de sus acciones, sin embargo, vemos que esos mismos no demuestran ninguna en muchas otras; de suerte que eso que hacen mejor que nosotros no prueba que tengan ingenio, pues, en ese caso, tendrían más que ninguno de nosotros y harían mejor que nosotros todas las demás cosas, sino más bien prueba que no tienen ninguno y que es la naturaleza la que en ellos obra, por la disposición de sus órganos, como vemos que un reloj, compuesto sólo de ruedas y resortes, puede contar las horas y medir el tiempo más exactamente que nosotros con toda nuestra prudencia"

(Et je m'étais ici particulièrement arrêté à faire voir que s'il y avait de telles machines qui eussent les organes et la figure extérieure d'un singe ou de quelque autre animal sans raison, nous n'aurions aucun moyen pour reconnaître qu'elles ne seraient pas en tout de même nature que ces animaux; au lieu que s'il y en avait qui eussent la ressemblance de nos corps, et imitassent autant nos actions que moralement il serait possible, nous aurions toujours deux moyens très certains pour reconnaître qu'elles ne seraient point pour cela de vrais hommes, dont le premier est que jamais elles ne pourraient user de paroles ni d'autres signes en les composant, comme nous faisons pour déclarer aux autres nos pensées. Car on peut bien concevoir qu'une machine soit tellement faite qu'elle profère des paroles, et même quelle en profère quelques unes à propos des actions corporelles qui causeront quelque changement en ses organes, comme, si on la touche en quelque endroit, qu'elle demande ce qu'on lui veut dire; si en un autre, qu'elle crie qu'on lui fait mal, et choses semblables; mais non pas qu'elle les arrange diversement pour répondre au sens de tout ce qui se dira en sa présence, ainsi que les hommes les plus hébétés peuvent faire. Et le second est que, bien qu'elles fissent plusieurs choses aussi bien ou peut-être mieux qu'aucun de nous, elles manqueraient infailliblement en quelques autres, par lesquelles on découvrirait qu'elles n'agiraient pas par connaissance, mais seulement par la disposition de leurs organes. Car, au lieu que la raison est un instrument universel qui peut servir en toutes sortes de rencontres, ces organes ont besoin de quelque particulière disposition pour chaque action particulière; d'où vient qu'il est moralement impossible qu'il y en ait assez de divers en une machine pour la faire agir en toutes les occurrences de la vie de même façon que notre raison nous fait agir.
Or, par ces deux mêmes moyens, on peut aussi connaître la différence qui est entre les hommes et les bêtes. Car c'est une chose bien remarquable qu'il n'y a point d'hommes si hébétés et si stupides, sans en excepter même les insensés, qu'ils ne soient capables d'arranger ensemble diverses paroles, et d'en composer un discours par lequel ils fassent entendre leurs pensées; et qu'au contraire il n'y a point d'autre animal, tant parfait et tant heureusement né qu'il puisse être, qui fasse le semblable. Ce qui n'arrive pas de ce qu'ils ont faute d'organes. Car on voit que les pies et les perroquets peuvent proférer des paroles ainsi que nous, et toutefois ne peuvent parler ainsi que nous, c'est-à-dire en témoignant qu'ils pensent ce qu'ils disent; au lieu que les hommes qui étant nés sourds et muets sont privés des organes qui servent aux autres pour parler, autant ou plus que les bêtes, ont coutume d'inventer d'eux-mêmes quelques signes, par lesquels ils se font entendre à ceux qui étant ordinairement avec eux ont loisir d'apprendre leur langue. Et ceci ne témoigne pas seulement que les bêtes ont moins de raison que les hommes, mais qu'elles n'en ont point du tout. Car on voit qu'il n'en faut que fort peu pour savoir parler; et d'autant qu'on remarque de l'inégalité entre les animaux d'une même espèce, aussi bien qu'entre les hommes, et que les uns sont plus aisés à dresser que les autres, il n'est pas croyable qu'un singe ou un perroquet qui serait des plus parfaits de son espèce n'égalât en cela un enfant des plus stupides, ou du moins un enfant qui aurait le cerveau troublé, si leur âme n'était d'une nature toute différente de la nôtre. Et on ne doit pas confondre les paroles avec les mouvements naturels, qui témoignent les passions, et peuvent être imités par des machines aussi bien que par les animaux; ni penser, comme quelques anciens, que les bêtes parlent, bien que nous n'entendions pas leur langage. Car s'il était vrai, puisqu'elles ont plusieurs organes qui se rapportent aux nôtres, elles pourraient aussi bien se faire entendre à nous qu'à leurs semblables. C'est aussi une chose fort remarquable que, bien qu'il y ait plusieurs animaux qui témoignent plus d'industrie que nous en quelques unes de leurs actions, on voit toutefois que les mêmes n'en témoignent point du tout en beaucoup d'autres: de façon que ce qu'ils font mieux que nous ne prouve pas qu'ils ont de l'esprit, car à ce compte ils en auraient plus qu'aucun de nous et feraient mieux en toute autre chose; mais plutôt qu'ils n'en ont point, et que c'est la nature qui agit en eux selon la disposition de leurs organes: ainsi qu'on voit qu'un horloge, qui n'est composé que de roues et de ressorts, peut compter les heures et mesurer le temps plus justement que nous avec toute notre prudence)

René Descartes: "Discours de la méthode". V (1637). Traducción de Manuel García Morente

Pato mecánico. Autómata
Entonces, ¿qué quiso decir Descartes cuando dijo que "los animales son máquinas"?
El término que Descartes utiliza principalmente es "autómata". Herramientas hechas por el hombre, objetos que pueden moverse y dar la impresión de estar parcialmente vivos, gracias a un mecanismo físico en su interior.
Según Descartes, el alma (mente) es exclusiva de los humanos. Los animales son máquinas biológicas, poco más que autómatas hechos por el hombre, sin mentes y sin "mundo interior".
Como tal, los animales carecen de voluntad y pensamiento.
Los animales-máquina sin mente, por ejemplo, tampoco sienten dolor. Simplemente fingen sentir dolor debido a su naturaleza física. Entonces, así como no tenemos ninguna obligación moral con un pato mecánico hecho por el hombre, no tenemos ninguna obligación moral con los animales.
¿Podemos realmente tratar a los animales como "autómatas"? ¿Podemos verlos como máquinas indoloras?

Jirafas mecánicas

48- Redacción personal. Para introducirnos en el tema de la ética cartesiana, os pido una reflexión personal sobre la incompatibilidad entre su teoría mecanicista de los animales máquinas y la defensa (antiespecista y biocéntrica) de los derechos de los animales como seres capaces de sufrir. Descartes y Bentham son los dos representantes de estas posturas antagónicas

Control de Aprendizaje. Sesión 17. René Descartes

49- Moral provisional. En la Tercera Parte del "Discurso del método" se exponen cuatro máximas de conducta antes de conseguir la certeza: a) Explica si la moralidad depende del alma o del cuerpo (L.42); b) ¿por qué consiste en la impasibilidad (ἀπάθεια, apatheia: palabra griega usada por el estoicismo que designa el estado mental alcanzado por una persona libre de pasiones o alteraciones emocionales)? (L.42); c) ¿Cómo actuar cuando nada es seguro? ¿por qué es necesario una moral provisional? (L.43)

50- Explica brevemente las cuatro máximas de la moral provisional (Morale par provision, ou provisoire) (L.45)

51- Resume el siguiente texto de las máximas de la moral provisional de la Tercera Parte del "Discurso del método" cartesiano:

"Y en fin, como no es bastante, antes de comenzar a reconstruir el alojamiento que se habita, con derribarlo y hacer provisión de materiales y arquitectos, o ejercitarse uno mismo en la arquitectura y además de esto haber trazado cuidadosamente el diseño, sino que también hay que haberse provisto de alguna otra habitación, en donde se pueda estar alojado cómodamente durante el tiempo en que se trabajará; así, a fin de no permanecer irresoluto en mis acciones, mientras la razón me obligara a serlo en mis juicios, y no dejar de vivir desde ese momento lo más felizmente que pudiese, hice mía una moral provisional que no consistía sino en tres o cuatro máximas, de la que quiero gustosamente haceros partícipes.

La primera era obedecer las leyes y las costumbres de mi país, conservando con constancia la religión en la que Dios me ha concedido la gracia de ser instruido desde mi infancia, y rigiéndome en todo lo demás con arreglo a las opiniones más moderadas y más alejadas del exceso que fuesen comúnmente aprobadas en la práctica por los más sensatos de aquellos con quienes tendría que vivir. Pues, comenzando ya a no contar para nada con las mías propias, a causa de que quería someterlas todas a nuevo examen, estaba seguro de no poder hacer nada mejor que seguir las de los más sensatos. Y aun cuando haya tal vez tan sensatos entre los persas o los chinos como entre nosotros, me parecía que lo más útil era acomodarme a aquellos con quienes tendría que vivir; y que, para saber cuáles eran verdaderamente sus opiniones, debía estar atento más bien a lo que practicaban que a lo que decían, no sólo porque dada la corrupción de nuestras costumbres hay pocas personas que deseen decir todo lo que creen, sino también porque muchas lo ignoran ellas mismas; pues el acto del pensamiento por el cual uno cree una cosa, al ser diferente de aquel por el cual uno conoce que se la cree, se halla a menudo el uno sin el otro. Y entre varias opiniones igualmente aprobadas, no escogía sino las más moderadas: tanto porque son siempre las más cómodas para la práctica, y verosímilmente las mejores, ya que todo exceso suele ser malo, como también a fin de desviarme menos del verdadero camino, en caso de que fallase, si, habiendo escogido uno de los extremos, hubiese sido el otro el que debiera seguirse. Y en particular, colocaba entre los excesos todas las promesas por las que se cercena algo de la propia libertad. No es que yo desaprobase las leyes que, para remediar la inconstancia de los espíritus débiles cuando se tiene algún designio bueno, o incluso para la seguridad del comercio cuando el designio es indiferente, permiten que se hagan votos o contratos que obligan a perseverar, sino que, porque no veía en el mundo ninguna cosa que permaneciera siempre en el mismo estado, y porque, en lo que a mí se refiere en particular, me proponía perfeccionar más y más mis juicios, y no hacerlos peor, hubiera creído cometer una grave falta contra el buen sentido si, al aprobar por entonces alguna cosa, me hubiese obligado a tomarla por buena también después, cuando hubiese cesado de serlo o cuando hubiese cesado de estimarla como tal.

Mi segunda máxima era ser en mis acciones lo más firme y lo más resuelto que pudiese, y no seguir con menos constancia las opiniones más dudosas, una vez que me hubiese determinado, que si hubiesen sido muy seguras. Imitando en esto a los viajeros que, encontrándose extraviados en algún bosque no deben vagar errantes dando vueltas, de un lado para otro, ni aún menos detenerse en un lugar, sino caminar siempre lo más recto que puedan hacia un mismo lado, y no cambiar el rumbo por débiles razones, aún cuando no haya sido tal vez sino sólo el azar el que les haya determinado a escogerlo, pues, de esa manera, si no llegan precisamente a donde desean, al menos acabarán por llegar finalmente a alguna parte, en donde probablemente estarán mejor que en medio de un bosque. Y así, puesto que a menudo las acciones de la vida no admiten ninguna demora es una verdad muy cierta que, cuando no está en nuestro poder discernir las mejores opiniones, debemos seguir las ms probables; y también, que aunque no advirtamos más probabilidad en unas que en otras, debemos, sin embargo, decidirnos por algunas, y considerarlas después no como dudosas, en cuanto que se refieren a la práctica, sino como muy verdaderas y muy ciertas, porque la razón que nos ha determinado a seguirlas se descubre como tal. Y esto tuvo el poder de librarme desde entonces de todos los arrepentimientos y remordimientos que suelen agitar las conciencias de esos espíritus débiles y vacilantes que, sin constancia, se dejan arrastrar a practicar como buenas las cosas que después juzgan malas.

Mi tercera máxima era procurar siempre vencerme a mí mismo antes que a la fortuna, y modificar mis deseos antes que el orden del mundo; y, generalmente, acostumbrarme a creer que no hay nada que esté enteramente en nuestro poder sino nuestros pensamientos, de suerte que después de haber obrado lo mejor que hemos podido, en lo tocante a las cosas exteriores, todo lo que nos falta para conseguir el éxito es para nosotros absolutamente imposible. Y esto por sí solo me parecía bastante para impedirme desear nada en lo porvenir que no pudiese conseguir y, de ese modo, lograr estar satisfecho. Pues no tendiendo naturalmente nuestra voluntad a desear sino las cosas que nuestro entendimiento le representa de alguna manera como posibles, es seguro que, si consideramos todos los bienes que están fuera de nosotros como igualmente alejados de nuestro poder, no tendremos ningún pesar por carecer de los que parecen debidos a nuestro nacimiento, cuando nos veamos privados de ellos sin culpa nuestra como no lo tenemos por no poseer los reinos de la China o de Méjico; y haciendo, como suele decirse, de la necesidad virtud, no sentiremos mayores deseos de estar sanos, estando enfermos, o de estar libres, estando en prisión, de los que ahora sentimos de tener cuerpos de una materia tan poco corruptible como los diamantes o alas para volar como los pájaros. Pero confieso que es necesario un largo ejercicio y una meditación frecuentemente reiterada para acostumbrarse a mirar con este sesgo todas las cosas; y creo que es principalmente en esto en lo que consistía el secreto de aquellos filósofos, que pudieron en otro tiempo sustraerse al imperio de la fortuna y, a pesar de los sufrimientos y la pobreza, rivalizar en felicidad con sus dioses. Pues, ocupándose sin descanso en considerar los límites que les estaban prescritos por la naturaleza, se persuadían tan perfectamente de que nada estaba en su poder sino sus pensamientos, que esto sólo era suficiente para impedirles tener algún afecto hacia otras cosas; y disponían de esos pensamientos tan absolutamente, que tenían en esto alguna razón para considerarse más ricos y más poderosos y más libres y más felices que cualquiera de los otros hombres que, no teniendo esta filosofía, por mucho que les haya favorecido la naturaleza y la fortuna, no disponen jamás, como aquellos, de todo lo que quieren.

En fin, como conclusión de esta moral, se me ocurrió examinar una tras otra las diversas ocupaciones que tienen los hombres en esta vida para procurar escoger la mejor; y sin que quiera decir nada de las de los demás, pensé que no podía hacer nada mejor que continuar en la misma que tenía, es decir, emplear toda mi vida en cultivar mi razón y avanzar, tanto cuanto pudiese, en el conocimiento de la verdad siguiendo el método que me había prescrito. Había experimentado tan extremadas satisfacciones desde que había comenzado a servirme de este método, que no creía que pudieran recibirse más gratas e inocentes en esta vida; y descubriendo todos los días por medio de él algunas verdades que me parecían bastante importantes y habitualmente ignoradas por los otros hombres, la satisfacción que obtenía llenaba de tal manera mi espíritu que todo lo restante no me afectaba. Además, las tres máximas precedentes no estaban fundadas sino sobre el propósito que tenía de continuar instruyéndome; pues habiéndonos dado Dios a cada uno alguna luz para distinguir lo verdadero de lo falso, no hubiese creído que debía contentarme con las opiniones de los demás un solo momento, de no haberme propuesto emplear mi propio juicio para examinarlas cuando fuera el tiempo; y no hubiese podido librarme de todo escrúpulo, al seguirlas, si no hubiese esperado no perder por ello ninguna ocasión de encontrar mejores, caso de que las hubiese. Y por último, no habría sabido limitar mis deseos ni estar contento si no hubiese seguido un camino por el cual, pensando tener segura la adquisición de todos los conocimientos de que fuera capaz, pensase al mismo tiempo adquirir, del mismo modo, todos los verdaderos bienes que estuviesen en mi poder; tanto más cuanto que, no determinándose nuestra voluntad a seguir o evitar cosa alguna, sino porque nuestro entendimiento se la representa como buena o mala, es suficiente juzgar bien para obrar bien, y juzgar lo mejor que se pueda, para obrar también todo lo mejor que se pueda, es decir, para adquirir todas las virtudes y conjuntamente todos los demás bienes que puedan lograrse; y cuando se tiene la seguridad de que eso es así, no se puede por menos de estar contento.

Después de así haberme afirmado en estas máximas, y haberlas puesto aparte con las verdades de la fe, que siempre han sido las primeras en mi creencia, juzgué que de todo el resto de mis opiniones podía libremente comenzar a deshacerme. Y como esperaba conseguirlo mejor conversando con los hombres que quedándome por más tiempo encerrado en la habitación ante la estufa en donde había tenido todos esos pensamientos, aún cuando el invierno no hubiera acabado del todo, proseguí mi viaje. Y en los nueve años siguientes no hice otra cosa sino ir de acá para allá por el mundo, esforzándome por ser más espectador que actor en todas las comedias que se representan en él; y reflexionando de manera particular en cada materia sobre aquello que podía volverla sospechosa y dar ocasión a equivocarnos, desarraigaba de mi espíritu, durante ese tiempo, todos los errores que habían podido deslizarse con anterioridad"

(Et enfin, comme ce n’est pas assez, avant de commencer à rebâtir le logis où on demeure, que de l’abattre, et de faire provision de matériaux et d’architectes, ou s’exercer soi-même à l’architecture, et outre cela d’en avoir soigneusement tracé de dessin, mais qu’il faut aussi s’être pourvu de quelque autre où on puisse être logé commodément pendant le temps qu’on y travaillera; ainsi, afin que je ne demeurasse point irrésolu en mes actions, pendant que la raison m’obligeroit de l’être en mes jugements, et que je ne laissasse pas de vivre dès lors le plus heureusement que je pourrois, je me formai une morale par provision, qui ne consistoit qu’en trois ou quatre maximes dont je veux bien vous faire part.

La première étoit d’obéir aux lois et aux coutumes de mon pays, retenant constamment la religion en laquelle Dieu m’a fait la grâce d’être instruit dès mon enfance, et me gouvernant en toute autre chose suivant les opinions les plus modérées et les plus éloignées de l’excès qui fussent communément reçues en pratique par les mieux sensés de ceux avec lesquels j’aurois à vivre. Car, commençant dès lors à ne compter pour rien les miennes propres, à cause que je les voulois remettre toutes à l’examen, j’étois assuré de ne pouvoir mieux que de suivre celles des mieux sensés. Et encore qu’il y en ait peut-être d’aussi bien sensés parmi les Perses ou les Chinois que parmi nous, il me sembloit que le plus utile étoit de me régler selon ceux avec lesquels j’aurois à vivre; et que, pour savoir quelles étoient véritablement leurs opinions, je devois plutôt prendre garde à ce qu’ils pratiquoient qu’à ce qu’ils disoient, non seulement à cause qu’en la corruption de nos mœurs il y a peu de gens qui veuillent dire tout ce qu’ils croient, mais aussi à cause que plusieurs l’ignorent eux-mêmes; car l’action de la pensée par laquelle on croit une chose étant différente de celle par laquelle on connoît qu’on la croit, elles sont souvent l’une sans l’autre. Et, entre plusieurs opinions également reçues, je ne choisissois que les plus modérées, tant à cause que ce sont toujours les plus commodes pour la pratique, et vraisemblablement les meilleures, tous excès ayant coutume d’être mauvais, comme aussi afin de me détourner moins du vrai chemin, en cas que je faillisse, que si, ayant choisi l’un des extrêmes, c’eût été l’autre qu’il eût fallu suivre. Et particulièrement je mettois entre les excès toutes les promesses par lesquelles on retranche quelque chose de sa liberté; non que je désapprouvasse les lois, qui, pour remédier à l’inconstance des esprits foibles, permettent, lorsqu’on a quelque bon dessein, ou même, pour la sûreté du commerce, quelque dessein qui n’est qu’indifférent, qu’on fasse des vœux ou des contrats qui obligent à y persévérer : mais à cause que je ne voyois au monde aucune chose qui demeurât toujours en même état, et que, pour mon particulier, je me promettois de perfectionner de plus en plus mes jugements, et non point de les rendre pires, j’eusse pensé commettre une grande faute contre le bon sens, si, pourceque j’approuvois alors quelque chose, je me fusse obligé de la prendre pour bonne encore après, lorsqu’elle auroit peut-être cessé de l’être, ou que j’aurois cessé de l’estimer telle.

Ma seconde maxime étoit d’être le plus ferme et le plus résolu en mes actions que je pourrois, et de ne suivre pas moins constamment les opinions les plus douteuses lorsque je m’y serois une fois déterminé, que si elles eussent été très assurées: imitant en ceci les voyageurs, qui, se trouvant égarés en quelque forêt, ne doivent pas errer en tournoyant tantôt d’un côté tantôt d’un autre, ni encore moins s’arrêter en une place, mais marcher toujours le plus droit qu’ils peuvent vers un même côté, et ne le changer point pour de foibles raisons, encore que ce n’ait peut-être été au commencement que le hasard seul qui les ait déterminés à le choisir; car, par ce moyen, s’ils ne vont justement où ils désirent, ils arriveront au moins à la fin quelque part où vraisemblablement ils seront mieux que dans le milieu d’une forêt. Et ainsi les actions de la vie ne souffrant souvent aucun délai, c’est une vérité très certaine que, lorsqu’il n’est pas en notre pouvoir de discerner les plus vraies opinions, nous devons suivre les plus probables; et même qu’encore que nous ne remarquions point davantage de probabilité aux unes qu’aux autres, nous devons néanmoins nous déterminer à quelques unes, et les considérer après, non plus comme douteuses en tant qu’elles se rapportent à la pratique, mais comme très vraies et très certaines, à cause que la raison qui nous y a fait déterminer se trouve telle. Et ceci fut capable dès lors de me délivrer de tous les repentirs et les remords qui ont coutume d’agiter les consciences de ces esprits foibles et chancelants qui se laissent aller inconstamment à pratiquer comme bonnes les choses qu’ils jugent après être mauvaises.

Ma troisième maxime étoit de tâcher toujours plutôt à me vaincre que la fortune, et à changer mes désirs que l’ordre du monde, et généralement de m’accoutumer à croire qu’il n’y a rien qui soit entièrement en notre pouvoir que nos pensées, en sorte qu’après que nous avons fait notre mieux touchant les choses qui nous sont extérieures, tout ce qui manque de nous réussir est au regard de nous absolument impossible. Et ceci seul me sembloit être suffisant pour m’empêcher de rien désirer à l’avenir que je n’acquisse, et ainsi pour me rendre content; car notre volonté ne se portant naturellement à désirer que les choses que notre entendement lui représente en quelque façon comme possibles, il est certain que si nous considérons tous les biens qui sont hors de nous comme également éloignés de notre pouvoir, nous n’aurons pas plus de regret de manquer de ceux qui semblent être dus à notre naissance, lorsque nous en serons privés sans notre faute, que nous avons de ne posséder pas les royaumes de la Chine ou de Mexique; et que faisant, comme on dit, de nécessité vertu, nous ne désirerons pas davantage d’être sains étant malades, ou d’être libres étant en prison, que nous faisons maintenant d’avoir des corps d’une matière aussi peu corruptible que les diamants, ou des ailes pour voler comme les oiseaux. Mais j’avoue qu’il est besoin d’un long exercice, et d’une méditation souvent réitérée, pour s’accoutumer à regarder de ce biais toutes les choses; et je crois que c’est principalement en ceci que consistoit le secret de ces philosophes qui ont pu autrefois se soustraire de l’empire de la fortune, et, malgré les douleurs et la pauvreté, disputer de la félicité avec leurs dieux. Car, s’occupant sans cesse à considérer les bornes qui leur étoient prescrites par la nature, ils se persuadoient si parfaitement que rien n’étoit en leur pouvoir que leurs pensées, que cela seul étoit suffisant pour les empêcher d’avoir aucune affection pour d’autres choses; et ils disposoient d’elles si absolument qu’ils avoient en cela quelque raison de s’estimer plus riches et plus puissants et plus libres et plus heureux qu’aucun des autres hommes, qui, n’ayant point cette philosophie, tant favorisés de la nature et de la fortune qu’ils puissent être, ne disposent jamais ainsi de tout ce qu’ils veulent.

Enfin, pour conclusion de cette morale, je m’avisai de faire une revue sur les diverses occupations qu’ont les hommes en cette vie, pour tâcher à faire choix de la meilleure; et, sans que je veuille rien dire de celles des autres, je pensai que je ne pouvois mieux que de continuer en celle-là même où je me trouvois, c’est-à-dire que d’employer toute ma vie à cultiver ma raison, et m’avancer autant que je pourrois en la connoissance de la vérité, suivant la méthode que je m’étois prescrite. J’avois éprouvé de si extrêmes contentements depuis que j’avois commencé à me servir de cette méthode, que je ne croyois pas qu’on en pût recevoir de plus doux ni de plus innocents en cette vie; et découvrant tous les jours par son moyen quelques vérités qui me sembloient assez importantes et communément ignorées des autres hommes, la satisfaction que j’en avois remplissoit tellement mon esprit que tout le reste ne me touchoit point. Outre que les trois maximes précédentes n’étoient fondées que sur le dessein que j’avois de continuer à m’instruire: car Dieu nous ayant donné à chacun quelque lumière pour discerner le vrai d’avec le faux, je n’eusse pas cru me devoir contenter des opinions d’autrui un seul moment, si je ne me fusse proposé d’employer mon propre jugement à les examiner lorsqu’il seroit temps; et je n’eusse su m’exempter de scrupule en les suivant, si je n’eusse espéré de ne perdre pour cela aucune occasion d’en trouver de meilleures en cas qu’il y en eût ; et enfin, je n’eusse su borner mes désirs ni être content, si je n’eusse suivi un chemin par lequel, pensant être assuré de l’acquisition de toutes les connoissances dont je serois capable, je le pensois être par même moyen de celle de tous les vrais biens qui seroient jamais en mon pouvoir; d’autant que, notre volonté ne se portant à suivre ni à fuir aucune chose que selon que notre entendement la lui représente bonne ou mauvaise, il suffit de bien juger pour bien faire, et de juger le mieux qu’on puisse pour faire aussi tout son mieux, c’est-à-dire pour acquérir toutes les vertus, et ensemble tous les autres biens qu’on puisse acquérir ; et lorsqu’on est certain que cela est, on ne sauroit manquer d’être content.

Après m’être ainsi assuré de ces maximes, et les avoir mises à part avec les vérités de la foi, qui ont toujours été les premières en ma créance, je jugeai que pour tout le reste de mes opinions je pouvois librement entreprendre de m’en défaire. Et d’autant que j’espérois en pouvoir mieux venir à bout en conversant avec les hommes qu’en demeurant plus long-temps renfermé dans le poêle où j’avois eu toutes ces pensées, l’hiver n’étoit pas encore bien achevé que je me remis à voyager. Et en toutes les neuf années suivantes je ne fis autre chose que rouler çà et là dans le monde, tâchant d’y être spectateur plutôt qu’acteur en toutes les comédies qui s’y jouent; et, faisant particulièrement réflexion en chaque matière sur ce qui la pouvoit rendre suspecte et nous donner occasion de nous méprendre, je déracinois cependant de mon esprit toutes les erreurs qui s’y étoient pu glisser auparavant)

René Descartes: "Discours de la méthode". III. 1637

Control de Aprendizaje. Sesión 18. René Descartes

52- Acabaremos de estudiar la teoría metafísica cartesiana con un importantísimo texto del prólogo de su libro "Principios de la filosofía" (1647). Explica la imagen del árbol

René Descartes: L'image de l'arbre (imagen del árbol)
"Así toda la filosofía es como un árbol, cuyas raíces son la metafísica, el tronco es la física, y las ramas que salen de este tronco son todas las otras ciencias, que se reducen a tres principales; a saber: la medicina, la mecánica y la moral"
(Lettre-Préface. "Principes de la philosophie")
Image: GGP. Lycée Ella Fitzgerald

Esquema general de la filosofía cartesiana

53- Valoración personal de la filosofía cartesiana y su importancia posterior (M.46)

EXÁMENES DE ACCESO A LA UNIVERSIDAD (PAU)

Control de Aprendizaje. Sesión 19. René Descartes

54- Examen de Acceso a la Universidad. Junio (Ordinaria) 2018. Descartes. "Discurso del método". I. El buen sentido o razón: a) Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura expositiva o argumentativa desarrollada por el autor; b) Define el término "buen sentido o razón" partiendo de la información que ofrece el texto y complétala con los conocimientos que tengas de la filosofía del autor; c) Redacción: Concepto de sustancia y tipos. La pregunta cuarta no la hacemos en nuestro examen y se prepara solo para los que se examinan en la PAU


Control de Aprendizaje. Sesión 20. René Descartes

55- Examen de Acceso a la Universidad. Julio (Extraordinaria) 2015. Descartes. "Discurso del método". II. Reglas del método: a) Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura expositiva o argumentativa desarrollada por el autor; b) Define el término "duda" partiendo de la información que ofrece el texto y complétala con los conocimientos que tengas de la filosofía del autor; c) Redacción: Argumentos demostrativos de la existencia de Dios y del mundo. La pregunta cuarta no la hacemos en nuestro examen y se prepara solo para los que se examinan en la PAU


Control de Aprendizaje. Sesión 21. René Descartes

56- Examen de Acceso a la Universidad. Julio (Extraordinaria) 2014. Descartes. "Discurso del método". III. Moral provisional: a) Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura expositiva o argumentativa desarrollada por el autor; b) Define el término "moral provisional" partiendo de la información que ofrece el texto y complétala con los conocimientos que tengas de la filosofía del autor; c) Redacción: Dualismo antropológico. Mecanicismo y Libertad. La pregunta cuarta no la hacemos en nuestro examen y se prepara solo para los que se examinan en la PAU


Control de Aprendizaje. Sesión 22. René Descartes

57- Examen de Acceso a la Universidad. Septiembre (Extraordinaria) 2011. Descartes. "Discurso del método". IV. Duda & Cogito: a) Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura expositiva o argumentativa desarrollada por el autor; b) Define el término "duda y paralogismos" partiendo de la información que ofrece el texto y complétala con los conocimientos que tengas de la filosofía del autor; c) Redacción: Dualismo antropológico. Mecanicismo y Libertad. La pregunta cuarta no la hacemos en nuestro examen y se prepara solo para los que se examinan en la PAU


Control de Aprendizaje. Sesión 23. René Descartes

58- Examen de Acceso a la Universidad. Julio (Extraordinaria) 2013. Descartes. "Discurso del método". IV. Sueño, evidencia & Dios: a) Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura expositiva o argumentativa desarrollada por el autor; b) Define el término "razónpartiendo de la información que ofrece el texto y complétala con los conocimientos que tengas de la filosofía del autor; c) Redacción: Método cartesiano: ideal matemático de certeza, duda metódica y criterio de verdad. La pregunta cuarta no la hacemos en nuestro examen y se prepara solo para los que se examinan en la PAU


28 comentarios:

Anónimo dijo...

Promete esta nueva publicación

Anónimo dijo...

Excelente blog,aunque se han perdido algunos viejos métodos de comunicación,ahora todo es online ��

Anónimo dijo...

Wow flipé nueva secsión promete muxo muxo

Anónimo dijo...

Wuola tt como pega el verde

ACORAZADO CINÉFILO dijo...

Enseñar filosofía es, según Kant, enseñar a filosofar. Y para ello el pensamiento cartesiano es modélico porque desarrolló un método sencillo para encontrar la certeza (conocimiento indudable) y ampliar nuestro saber acerca de las cosas.
Tengo la suerte de hacer lo que me gusta: hablar, pensar y crear. Parece raro decir esto, pero las palabras encierran verdad y belleza. La fase primera en que el profesor explica es hermosa, porque uno va volando impulsado por el pensamiento de los grandes clásicos. Y, no obstante, es la fase segunda, en la que el estudiante asimila y expresa esas teorías, y habla y crea pensando nuevos caminos. Los caminos que el profesor descubre con emoción: nuevas conclusiones, acercamientos, horizontes jóvenes para los maestros antiguos. Entonces es cuando el docente siente el entusiasmo del pensamiento que revive como una nueva primavera...

Anónimo dijo...

Bárbaro. Viste?

Jorge Nogueroles dijo...

Un hombre de pocas lecturas que inauguró una nueva época para el pensamiento de occidente. Sencillo, cabal y escrupuloso en su obsesiva búsqueda por una certeza inconcusa. El nacimiento del sujeto moderno: el yo, el cogito. Para unos claro y distinto, para otros ya escindido, enajenado y atravesado por la duda ya desde su mismo nacimiento. De su pensamiento, me quedo con la brillante metáfora de la filosofía como un árbol: la metafísica es la raíz (¿y el sustrato del que se nutre?), la física el tronco, y la moral, la mecánica y la medicina, las ramas.

Unknown dijo...

Muy bueno el blog de Descartes, éxitos para usted Profesor Francisco Hernández Huertas y para todos sus alumnos, les mando un saludo desde Yapeyu Corrientes cuna del Libertador San Martín.Republica Argentina.

ACORAZADO CINÉFILO dijo...

Gracias a nuestros lectores en Argentina. Abrazos

Zuly Chávez dijo...

Sin duda alguna, excelente trabajo profesor de filosofía. Le saludo desde Puebla, México.

Rosana Ruiz dijo...

Muy buena la públicación. Saludos para todos desde Canelones, Uruguay

Zulmira Mendes da Silva dijo...

Magnífico trabalho do Grande filósofo, matemático e pensador René Descartes!
Que seus alunos saibam usufruir dessa vasta pesquisa e saibam valorizar seu empenho! Parabéns, Francisco Huertas Hernández!
De Campo Belo, Minas Gerais, Brasil.

Unknown dijo...

Ojalá tuviera un profesor como vos, súper didáctico el Blog y la explicación, siempre es un placer leerte.
Humildemente de Buenos Aires, Argentina

RR&BA

Marilú dijo...

La Filosofía como un inherente principio del pensamiento humano, nos abre la posibilidad de ejercer los conceptos, parte de nuestra existencia. Por tanto, trascendemos, trascendiendo; ejercemos la bondad, la belleza, la justicia, en acciones, convirtiendo los verbos en gerundios... Más que amor a la Filosofía, saber amar. Muchas gracias profesor Francisco, usted nos da luces en el camino con sus valiosas aportaciones.

Francisco dijo...

Gracias Zuly. Un abrazo

Francisco dijo...

Gracias Rosana. Pronto seremos colegas en la enseñanza

Francisco dijo...

Obrigado Zulmira. Que sorte que você nos leu no Brasil. Francisco

Francisco dijo...

Gracias amigos porteños. Lo que más me gusta de ustedes en relación con René Descartes es el respeto por la pronunciación de su nombre. No soporto la pronunciación españolizada. Abrazo. Francisco

Francisco dijo...

Gracias amiga Marilú. Que este elogio venga de una profesora de Filosofía de la universidad es emocionante. Pronto nos vemos en Guadalajara, esa hermosa metrópolis de Jalisco, en México. Abrazo. Francisco

Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Laura dijo...


Yo sugeriría a aquellos que les gusten los retos satisfactorios, que lean, estudien, piensen, mediten, comparen y se internen en Descartes. Todo en él es un reto satisfactorio.
Colosal trabajo el de Francisco Huertas en este post, como siempre.

Estic llegint aquest post, dosificant-me'l per poder gaudir i amarar-me molt més i millor del seu treball sobre el gran Descartes, i l'esència d'aquests dos grans homes.

Salutacions des de Barcelona.

ACORAZADO CINÉFILO dijo...

Moltes gràcies amiga Laura. Com sempre, són les teves paraules un estímul per continuar investigant i divulgant el pensament

Cecilia Peixoto dijo...

É sempre um grande prazer participar desse blog, com assuntos variados, bem escritos e interessantíssimos. Um Feliz 2022 para a equipe, em especial ao caro Francisco.
Comentando do Rio de Janeiro, Brasil.

ACORAZADO CINÉFILO dijo...

Obrigada, amiga Cecilia. A filosofia cartesiana busca a certeza, como todos nós buscamos a certeza da saúde, do amor e da felicidade

Aitana dijo...

Buenísima publicación, muy completa. A todo el que este pensando en acercarse a la filosofía le animo encarecidamente a hacerlo, abre tus horizontes y ayuda a plantearte por qué la realidad es de una u otra manera, por qué las cosas suceden de una forma u otra y nos enseña por qué como sociedad tenemos los valores que tenemos actualmente. Os daréis cuenta de cómo estáis condicionados por el entorno, y este entorno por los pensadores que han venido antes de nosotros. Y, en esta historia de la razón, Descartes es una pieza esencial, un filósofo que da paso a la modernidad y sin el cual la realidad no sería como la conocemos. Nuevamente, excelente publicación, este blog nunca decepciona.

ACORAZADO CINÉFILO dijo...

Gracias Aitana. Ojalá ese espíritu de búsqueda de la verdad y de la felicidad que te impulsó a estudiar Filosofía en la universidad se propagara en nuestros alumnos del presente

El Novel Eterno dijo...

Curioso Blog.

Personalmente mi opinión de Descartes ha cambiado mucho en los últimos años.
Me parece curioso comprobar que pese a ser un escéptico Descartes halla tratado dar unas reglas y métodos para hallar razón y certeza.

Páginas como estas dan gusto, ojalá existieran más de este tipo (soy Andrés de 2 de Bachillerato Francisco.)

MARCELO dijo...

Descartes “Control de aprendizaje”
Hoy día, el discurso para conducir la razón y buscar la verdad en las ciencias debería zurcirse al plano ético, todo lo que abarca al conjunto humano de los intereses y atributos que deberían dejar constancia de una moral que pase por encima de beneficios, ya no religiosos porque han sido superados por las utilidades monetarias y apuntan a un interés global del poder. Como en una colonia de abejas, cada uno tendrá su función, alineados por una tecnología avalada por la ciencia, pero mantenida por una autoridad inherente al poder social de unos pocos, no hay reyes ni papas hoy día, hay poderosos que han ocupado el sillón de los dioses, y los esclavos están infectados de un lenguaje visual que perfila hacia un confort que no es tal, porque acrecienta una siesta intelectual. La proyección hacia una modernidad centrada en la libertad ha sido cegada por una falsa concepción de la realidad, alentada por juegos que desnaturalizan al espíritu y aseguran que tanto la psiquis como la apetencia por la movilidad queden sujetas a órdenes de ordenador y doctrinas hospitalarias.
En este siglo la búsqueda de la razón no es cuestionada por la iglesia, los medios de comunicación persiguen a quien piensa, lo demonizan, dando vuelta cualquier discurso con frases sin sentido y cuando alguien se detiene a valorar estas frases las cambian tan rápido que quien las lee pierde la noción de principio, cae en un vacío existencial que se sustenta con el segmento rápido y como un espectador de juegos romanos solo se deja llevar por la sangre y los gritos. El racionalismo y el conocimiento se han bifurcado, en un mundo global donde la única religión que priva por sobre todas es la del poder, un poder que se hace encarnado en la población, moviéndolos como marionetas que persiguen una carnada intrascendente. La trascendencia no vale de nada en el mundo de las auditorías digitales.
Contrario al racionalismo el empirismo está ciego, la experiencia no importa más que la noticia del día y la percepción es solo un mundo de sensaciones armadas por un ordenador para entretener a la masa.
Descartes enciende su conciencia con una habitación, un fuego y tres sueños, parece un renglón surrealista, pero es algo que debela una cierta luz en medio de la oscuridad. Del sueño se sale a la vida y qué busca la realidad sino una forma matemática.
Dudar de uno mismo, como se duda de la realidad después de haber soñado. ¿El sueño no será una realidad?
La duda y la falta de exaltación personal le transforman en una especie de hombre oriental, el budismo duda también de todo, no pretende ser profesor, ni dictar cátedra, cosa que desprende un ego por encima del pensar. Pensar es existir, demostrar el ego es destruir la pureza del pensamiento. Ser, sin ser algo más que una duda razonable.

Sobre la mecánica humana, tratar de realizar el milagro de la vida puede ser algo tan necesario como iluminar un camino en medio de la oscuridad absoluta, y de eso trata un proyecto increíble. Después de que la hija de Descartes muere, este intenta construir un autómata con rostro de porcelana y cuerpo mecánico, un robot que transmitiera todo lo que él había perdido, acaso otra hija, pero mecánica, más tosca, pero querible.
Entonces, existe algo que no se puede deshacer, como los recuerdos, estos hacen vivir de cierta manera algo que hoy ya no tenemos. Pensar antes de existir es un juego que refuerza la idea de equilibrio, sin este, solo seríamos marionetas de la arbitraria brutalidad que está contenida en cada célula, solo en el momento de la claridad surge la razón. Controlar a ese ser brutal que se esconde bajo páginas de ideas es el paradigma de la vida, porque sin un control existe entonces un descontrol y lamentablemente necesitamos un control de aprendizaje. Una muleta de la cual desprendernos en cuanto la razón sea lo suficientemente fuerte como para seguir sola.




Marcelo López


Punta del Este