viernes, 15 de diciembre de 2023

"Los animales viven para vivir, pero el ser humano vive para no morir" (Zara Gevorgyan). Última conversación filosófica en clase con una alumna, antes de jubilarme. Educación en Valores Cívicos y Éticos. 4º ESO C. 14-12-2023. Profesor: Francisco Huertas Hernández. IES Dr. Balmis. Alicante

"Los animales viven para vivir, pero el ser humano vive para no morir" (Zara Gevorgyan). Última conversación filosófica en clase con una alumna, antes de jubilarme
Asignatura: Educación en Valores Cívicos y Éticos. 4º ESO C
Jueves 14 de diciembre de 2023
Profesor: Francisco Huertas Hernández
IES Dr. Balmis. Alicante


Puerto Pesquero
Alicante
7 de junio 2020
Fotografía: Francisco Huertas Hernández


 "Los animales viven para vivir, pero el ser humano vive para no morir", dijo la alumna de 4º ESO C Zara Gevorgyan el jueves 14 de diciembre de 2023. Fue, quizás, la última conversación filosófica en clase con una alumna, antes de jubilarme. Los otros habían salido de excursión a una piscina. En el aula apenas éramos cinco. Intentar reconstruir el pensamiento de Zara nos obliga a seguir, primero sus argumentos e intuiciones, y, luego, el pensamiento de otros filósofos y los conocimientos de las ciencias sobre el tema: la conciencia animal y su posible experiencia de la muerte

 Zara meditaba que los animales piensan poco, pero el ser humano, piensa mucho, y su pensamiento no tiene límite. Esto nos perjudica. "¿Por qué pensamos tanto?", preguntaba Zara, pero ella no podía dejar de pensar en esto. "¡Pero Zara, tú estás pensando, al decirme todo esto!", reflexioné. "¿Vivimos para pensar, y pensando intentamos olvidar la muerte?", inquirí. "Eso es nuestra vida: ¿un vivir pensando, para no pensar en la muerte?", proseguí. Y ese pensamiento que nos lleva a hacer proyectos, a tener "todo lo que ahora tenemos", añadió Zara, nos diferencia de los animales, que, como no han pensado -continuó Zara- no han creado ni religión ni política, que son las causas de las guerras. Los animales luchan por la supervivencia, por la reproducción, pero no hacen estas guerras devastadoras que la especie humana padece desde el inicio de la sociedad.

 Hasta aquí un breve resumen de esta conversación improvisada en un aula casi vacía. Tenemos que aprovechar las pocas oportunidades que se presentan para pensar. Yo comparto la idea heideggeriana (Das Sein zum Tode) de que el ser humano vive para no morir: se procura lo necesario para que su existencia continúe, incluso creyéndose involuntariamente "inmortal", al negar la muerte como una realidad presente y constitutiva.

 Michel de Montaigne (1533-1592), en su Ensayo XX nos descubrió como seres que viven muriendo, pero olvidamos tan triste condición:

"Es la condición de vuestra creación, la muerte es parte de vosotros: huís de vosotros mismos. Este vuestro ser del que gozáis pertenece por igual a la muerte que a la vida. El primer día de vuestro nacimiento os encamina tanto a vivir como a morir.

Prima, quae vitam dedit, hora carpsit
Nascentes morimur, finisque ab origine pendet

 Todo lo que vivís se lo robáis a la vida, es a expensas suyas. La continua obra de vuestra vida es la construcción de la muerte. Estáis en la muerte mientras estáis en la vida"

 
 El pensamiento pesimista del Barroco español hereda esta concepción efímera y fatua de la vida humana. Francisco de Quevedo (1580-1645) en "La cuna y la sepultura", ofrece un amargo panorama de la vida humana:

"Es, pues, la vida un dolor en que se empieza el de la muerte, que dura mientras dura ella. Considéralo como el plazo que ponen al jornalero, que no tiene descanso desde que empieza, sino es cuando acaba. A la par empiezas a nacer y a morir, y no es en tu mano detener las horas; y si fueras cuerdo, no lo habías de desear; y si fueras bueno, no lo habías de temer. Antes empiezas a morir que sepas qué cosa es vida, y vives sin gustar della, porque se anticipan las lágrimas a la razón"

 
 Zara, al insistir, en esa visión del ser humano como un ser "que vive para no morir", observa la cualidad del pensamiento como un "velo" que oculta la muerte, y la acción humana como una conducta de "negación" de la muerte.

 
 Baltasar Gracián (1601-1658), en la línea de Quevedo, escribió en "El Criticón". Tercera Parte: “En el invierno de la vejez”. Crisi Undézima: “La suegra de la Vida”:

"Muere el hombre cuando había de començar a vivir, cuando más persona, cuando ya sabio y prudente, lleno de noticias y experiencias, sazonado y hecho, colmado de perfecciones, cuando era de más utilidad y autoridad a su casa y a su patria: assí que nace bestia y muere muy persona. Pero no se ha de dezir que murió agora, sino que acabó de morir, cuando no es otro el vivir que un ir cada día muriendo. ¡Oh ley por todas partes terrible de la muerte!"

 
 ¿Saben los animales lo que es la muerte? ¿Tienen conciencia de ella? La etología ha observado posibles comportamientos de duelo en elefantes, delfines y primates. La investigadora Susana Monzó, autora de "La zarigüeya de Schrödinger. Cómo viven y entienden la muerte los animales", comienza considerando que para comprender la muerte ha de tenerse un "concepto" de ella, que distinga, al menos, dos aspectos: a) entender que un individuo que está muerto, antes estuvo vivo, y es el mismo; b) que este suceso de morir es irreversible. Pero como los animales no hablan, y solamente usan señales no verbales, no podemos acceder a su mente. Este problema de la inaccesibilidad de la mente, frente a la conducta observable, es uno de los grandes problemas de la psicología. La antropomorfización (proyección de ideas humanas en el resto de seres) nos hace creer que el hecho de la muerte es altamente complejo. Yo, por ejemplo, no "entendí" (sentí) la muerte hasta los siete años, y eso produjo un trauma que no he superado: la tanatofobia. Los humanos temen, piensan y niegan la muerte, y, al mismo tiempo, rinden culto a los muertos, a través de duelos y ritos funerarios, que, antropológicamente, tienen el valor de marcar la diferencia entre humanos y animales. El Homo naledi, hace 335000 años, ya enterraba a sus muertos

  Antonio J. Osuna-Mascaró, de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, plantea que los animales puedan comprender la muerte al margen del duelo. El problema es que, aunque grandes primates, cetáceos, elefantes, cuervos o roedores parezcan comprender la muerte de otros miembros, quizás no sean conscientes de que ellos mismos van a morir. Algo, que como he dicho, tampoco entiende un niño pequeño, engañado por los padres con mitos como el "largo viaje" o el "sueño". Es comprender la "nada", el "no-ser", lo que permite entender la muerte propia y vivirla con infinita angustia. En estas últimas semanas de mi vida como profesor, y en conversaciones con alumnos de 2º ESO a 4º ESO, me he visto sorprendido por el interés que tenían -algunos- en la "nada". ¿Los animales pueden entender la "nada"? Que un niño pequeño llore por la muerte de un familiar (duelo) no implica que entienda la "nada", es decir, la "muerte". Yo sólo lo hice a los 7 años en Medina del Campo, cuando rezaba por la noche con mi abuela, al acostarme. Un día las palabras de las oraciones se revelaron impotentes ante la angustia de la "nada". Ahí entendí la muerte. Yo estaba condenado a la aniquilación en la nada

 
 No hay que borrar toda diferencia ontológica con nuestros hermanos animales, de la misma manera que hemos vivido durante siglos un "especismo" antropocéntrico inhumano (inmoral) con los animales. Los perros "huelen" literalmente la muerte de su amo, porque su olfato adelanta a nuestra percepción y razonamiento. No porque tengan poderes naturales mágicos o comprendan la nada. La voz del hombre se apaga y su olor corporal cambia. Esto sí lo perciben los perros.


 Zara introdujo una idea genial: la muerte y el pensamiento están emparentados en el humano, mientras que la vida y la ausencia de razón/lenguaje lo están en los animales. Esa afirmación redundante de que "los animales viven para vivir" no es banal. Es increíblemente profunda, porque el instinto está al servicio de la vida, pero la razón no. La razón está al servicio de la verdad

 
 Terminaré con una hermosa cita de Vladimir Jankélévitch (1903-1985) en su libro "La mort", capítulo "Le mystère de la mort et le phénomène de la mort":

"Alors pourquoi la mort de quelqu`un est-elle toujours une sorte de scandale?  Pourquoi cet événement si normal éveille-t-il chez eux qui en sont les témoins autant de curiosité et d`horreurDepuis qu`il y a des hommes, et qui meurent, comment le mortel n`est-il pas encore habitué à cet événement naturel et pourtant toujours accidentel?  Pourquoi est-il étonné chaque fois qu`un vivant disparaît, étonné comme si pareil événement arrivait pour la première fois?  Et de fait, “tout le monde est le premier à mourir”, comme dit Ionesco. La toujours nouvelle banalité de chaque mort n`est pas sans analogie avec la très ancienne nouveauté de l`amour, avec la très vieille jeunesse de tout amour: l`amour est toujours neuf pour ceux qui le vivent, et qui prononcent en effet les mots mille fois depuis la naissance du monde qu`un homme disait la parole d`amour à une femme, comme si ce printemps était le tout premier printemps et ce matin le tout premier matin"

(Entonces, ¿por qué la muerte de alguien es siempre un escándalo? ¿Por qué un acontecimiento tan normal despierta tanta curiosidad y horror en quienes lo presencian? Desde que existen los hombres, y los hombres mueren, ¿cómo es que los mortales no se han acostumbrado todavía a este acontecimiento natural y, sin embargo, siempre accidental? ¿Por qué se asombra cada vez que desaparece una persona viva, se asombra como si tal acontecimiento se produjera por primera vez?  Y en efecto, como dice Ionesco, "todo el mundo es el primero en morir". La banalidad siempre nueva de cada muerte no carece de analogía con la antiquísima novedad del amor, con la antiquísima juventud de todo amor: el amor es siempre nuevo para quien lo vive, y que de hecho ha pronunciado mil veces, desde el nacimiento del mundo, la palabra de amor de un hombre a una mujer, como si esta primavera fuera la primera y esta mañana la única)

Francisco Huertas Hernández
Viernes, 15 de diciembre de 2023

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Felicitemos a Zara y al profesor por este aporte

Francisco dijo...

Gracias lector

Anónimo dijo...

La vida y la muerte,dos grandes desconocidas.venimos al mundo a un mundo desconocido y al morir marchamos a otro espacio desconocido, porque temer a la muerte? Nos educan pará un mañana ,tienes que destacar,triunfar, llegar lejos en la vida,nos enseñaron a vivir"pero nunca nos dijeron que todo tiene un final la muerte.Esa que con el paso de los años aceptamos como una salvación a nuestras miseras vidas, a nuestra vejez y enfermedades.si venimos a la vida a lo desconocido porque temerla.Y si los animales la presienten .

Anónimo dijo...

No necesariamente por tu olor siempre sé dijo que cuándo un perro ahuya, está anunciando la muerte de alguien cercano

Francisco dijo...

Gracias lector o lectora

Francisco dijo...

Gracias lector o lectora